La tranquilidad de la noche fue interrumpida por la presencia de una mujer en el
interior del bosque. Sus pisadas no mostraban seguridad, ni decisión como en ocasiones
anteriores, ahora su caminar lo hacía meditabundamente y sus pies casi eran arrastrados
sobre el piso entre cada pequeño paso que sus largas piernas lograban realizar. Asistía
a ese lugar con frecuencia sobre todo cuando necesitaba despejar su mente y liberar su
alma al estar en contacto con ese hábitat, pero esta ocasión era diferente, no había en
su mirada esa calidez de hace tiempo, ni esa alegría azul en su mirada, mirada que
ahora parecía tener un dejo de tristeza y gran desesperanza.
Las pisadas se detuvieron justo enfrente de un gran árbol, la joven colocó suavemente
los finos dedos de su mano sobre la superficie áspera del tronco, esa era la forma de
comunicarse en aquel lugar, sin palabras, hablando solo con el lenguaje del alma
transmitido algunas veces con una mirada, algunas otras con una caricia, pero todo,
absolutamente todo hecho con el corazón. Ante este acto la naturaleza de inmediato le
respondió enviándole un ligero viento que no solo acarició su piel, sino que consiguió
penetrar en lo más profundo de su ser, tratando así, de aliviar un poco su penar.
Levantó su mirada azul hacia lo alto del árbol en señal de agradecimiento y una hoja se
desprendió de alguna rama posándose sobre la nariz de la joven morena, fue entonces que
ella comprendió que no debía estar triste y sonrió dulcemente sin poder evitar que
rodara una lágrima por su mejilla, aquello fue la señal y dentro del bosque un fuerte
viento movió con furia las copas de todos los árboles, logrando arrancar aquella
lágrima de su piel. Incluso podía escucharse el movimiento del agua de una pequeña
cascada que se encontraba a pocos metros de ahí, provocado por el mismo viento. Ella no
comprendió el por qué de aquella ofuscación... la hora había llegado.
Fue en ese momento en que la joven mujer sintió la presencia de alguien más y sus
sentidos se alertaron instintivamente, ella trató de percibir donde estaría aquella
persona tan inoportuna, sobre todo en esos momentos de intimidad con el bosque, sin
embargo no le fue posible. Podía sentir su cercanía, mas no así escuchar su respiración,
ni mucho menos sus pisadas sobre la hojarasca. Siligiosamente se dio medía vuelta y lo
que vio la dejó pasmada puesto que no había sentido el momento en que aquella silueta
se colocara justo detrás de ella.
Intentó ver de quien se trataba, pero una capucha oscura que cubría aquel rostro se lo
impidió, así como una manta del mismo color envolvía su cuerpo. Inconscientemente se
puso en guardia, pero pronto entendió que no sería necesario porque curiosamente y
contrario a lo que ella esperaba, la energía que brotaba de su adversario no era
agresiva, más bien le era familiar, le inspiraba confianza y le complementaba en todos
sentidos.
-¿Q... quién eres?
No respondió, tan solo unas manos suaves y blancas salieron de la túnica oscura
dirigiéndose hacia la capucha que cubría el rostro que tanto le intrigaba y lentamente
se fue despojando de ella dejando tras de sí una imagen angelical.
La pupilas azules que ya estaban dilatadas debido a la oscuridad del lugar, se
expandieron aun más tratando de capturar por completo aquellas facciones, aquella mirada
y aquellos cabellos de hilos dorados que se movían a la par del viento, sentía que a
aquel hermoso ángel ya lo había visto antes, más no recordaba donde. El manto cayó por
completo al suelo, dejando ver una fuente intensa de luz tan blanca y pura que la alta
mujer no pudo más que cerrar sus ojos para abrirlos una vez más después de que se
acostumbrara a ese halo de luz casi divino.
Inesperadamente comenzaron a llegar una serie de sonidos distorsionados en forma de eco,
que poco a poco tomaron forma y sentido en los oídos de la morena.
-P...pero, ¿Qué es todo esto?
"Yo no soy de aquí, llévame contigo..."
"... pero para eso somos los amigos, para apoyarnos cuando existen problemas..."
"... Te amo..."
Aquellas palabras resonaron en su mente una y otra vez. El movimiento de sus ojos
mostraban su impaciencia por recordar donde fue que las había escuchado, cuando al fin
pareció haberlo hecho, sintió como una gran emoción se apoderaba de su ser dejándola
sin fuerza alguna en sus piernas. Clavó su mirada en los ojos verdes de la angelical
mujer que se encontraba frente a ella, motivo suficiente para que en el interior de su
pecho se encendiera una llama que no solo podría quemarla por dentro sino también sería
capaz de incendiar el bosque entero.
-Tú eres...
La imagen comenzó a alejarse en el horizonte hasta que su luz se confundiera con una
estrella más del firmamento.
-... ELLA, tú eres ELLA.
En ese momento, la mujer morena comenzó a elevarse en el aire, su cuerpo se evaporó
hasta convertirse en un hálito azul que a la velocidad de la luz viajó hasta donde se
había perdido la imagen de su doncella.
Y así, viajando años luz de distancia se detuvo en un bello hogar donde comenzó a tomar
forma física justo dentro de la morada donde una joven rubia que dormía plácidamente, la
observó minuciosamente y con mucha ternura acarició su mejilla, la joven rubia despertó
al momento, desde ya hace mucho tiempo sentía que una energía llegaba a ella
invadiéndola por completo, llenándola por dentro y por fuera, conquistando su corazón y
haciéndola sentir vacía cada vez que despertaba y se encontraba sola... esta ocasión es
diferente, ahora esta delante de ella una mujer que mas que mujer es un ángel, un
hermoso ángel de ojos azules tan profundos que la observan con gran devoción, en este
momento solo podía saber una cosa y eso era que ya no estaría sola nunca más.
La alta mujer le extendió su mano, invitándola a salir de donde estaba, sin pensarlo la
pequeña la tomó y salió de su lecho, al contacto supo lo que sintió desde el primer
momento en que la vio: ella era su eterna compañera.
Antes de salir tomaron la sábana blanca que estaba en la cama de la joven rubia y
emprendieron camino, a dónde... ni siquiera lo sabía, simplemente se dejó llevar, lo
único de lo que estaba segura en ese momento era de que al estar con ella, todo,
absolutamente TODO estaba bien.
Caminaron, ¿cuánto? Que importaba, en realidad ni siquiera ellas tenían noción del
tiempo, y es que en ese instante el tiempo dejó de existir, solo eran ella dos,
reunidas nuevamente después de una larga vida separadas.
Por fin llegaron a su destino, a un bello bosque, el mismo bosque donde comenzó todo. La
alta mujer tomó entre sus manos las de la pequeña jovencita de ojos verdes y depositó un
dulce beso en sus delicados dedos, la miró fijamente y esto provocó un ligero rubor en
la rubia. La soltó por un instante y acomodó la sábana blanca sobre el césped, encendió
alguna velas alrededor de aquella sábana y la forma en que lo hacia parecía ser que las
orientaba perfectamente con los astros, una vez terminada su labor, se dirigió hacia su
amada, la tomó tiernamente entre sus brazos y la recostó sobre aquel lugar que con tanto
amor había preparado.
Colocó su hermosísimo cuerpo sobre el frágil y pequeño cuerpo de la rubia, mirándola a
los ojos y sosteniéndose sobre sus propios codos colocados sobre la manta blanca
acercaron lentamente sus labios, temblaron al primer roce, unieron sus labios al mismo
tiempo que sus cuerpos se adhirieron y fue tal aquel contacto que parecería que sus
cuerpos estaban hechos el uno para el otro, esperando el momento en que se pudieran
unir de nuevo, ansiosos el uno del otro.
Apartaron sus labios por un momento, y los azules ojos examinaron el cuerpecillo de su
amada el cual temblaba, al principio creyó que era a causa del frío, así que acomodó
perfectamente el suyo sobre el de ella, pero eso hizo que temblara aun más, lo que
provocó una leve sonrisa en sus labios al saber que no temblaba precisamente por el frío
así que ávidamente dirigió sus labios al cuello de su amante, lo mordió ligeramente, se
escuchó un gemido y una mano se posó sobre sus oscuros cabellos deslizándose suavemente
por su espalda hasta detenerse en su estrecha cintura.
Los labios que minutos antes se posaran sobre el cuello de la rubia comenzaron a bajar,
pero una mano se lo impidió... levantó su mirada asustada al creer que la había
ofendido, sin embargo comprendió de que se trataba de un juego, así que insistió
nuevamente y colocó su pierna en el aquel sitio bendito y lo que logró despertar la
serpiente sagrada de la espalda de su amada... quisieron decirse cuanto se amaban, mas
no pronunciaron palabra alguna, no era necesario, no entre ellas, no en ese lugar... SU
LUGAR, tan solo eran miradas, con sus almas y cuerpos desnudos.
Aquel ritual de amor continuo desde suaves miradas hasta ardientes caricias, suspiros
profundos, dulces gemidos, hasta que por fin en un doble suspiro que se hizo uno solo,
indicó que la unión había sido perfecta y un torrente de sensaciones indescriptibles
sacudieron frenéticamente sus cuerpos y dos pequeños volcanes ardientes de pasión se
hicieron estallar unánimemente logrando que el afluente de lava al rojo vivo que de sus
cuerpos brotaba fuese capaz de derretir todo lo que a su paso tocaba, haciendo crecer
incluso al fuego de las velas las cuales parecían comprender lo que en esos momentos
estaba pasando en el corazón, en el alma y en el cuerpo de aquel par de amantes.
En ese preciso instante se comenzó a escuchar una música celestial digna de ser tocada
por querubines y serafines, ambas abrieron sus ojos y observaron a su alrededor para
darse cuenta de que miles de hadas tocaban el arpa desde lo alto de los árboles, y
angelillos con la lira las acompañaban, voces de divinos querubines completaban aquel
espectáculo, poniéndole un hermoso fin los serafines que tomados de los bordes de la
sábana blanca lograban elevarlas por los cielos.
La llama de las velas se encendieron de tal forma que lograron envolverlas por completo,
transformando sus cuerpos que fusionados formaron un bello vaho de siete colores que se
disiparon en el infinito en busca de otro mundo con nuevas misiones que cumplir, con
nuevos retos y obstáculos que vencer para hacer triunfar donde quiera que se encuentren,
a aquel amor que las ha unido desde el principio de todo: desde la creación.
FIN