Una joven rubia, de unos 14 o 15 años, corría sin parar por el bosque, intentando
alcanzar a una de sus amigas, tenía pánico de lo que pudiera pasar, necesitaba hablar
con la responsable de lo ocurrido, desde hacía unas semanas su amiga Poli, había
cambiado, transformándose en una persona un poco desequilibrada, incomprendida, nadie
entendía por que era así, salvo Mery, era la única que la entendía y era su única amiga
que la apoyaba y estaba con ella todo el tiempo, pero esta vez se la adelantó, corrió
más que ella y tenía que hacer algo, para que no ocurrieses nada malo. Llegó al colegio
de chicas, se estaban entrenado para un partido de fútbol, empezó a gritar como loca, el
nombre de su segunda amiga y responsable de todo, su voz era temerosa, ésta al verla de
esa forma dejó el balón que le pasaron a un lado, ya se esperaba lo peor, empezó a
preocuparse.
--Tory... es... Poli...-dijo intentando recuperar aliento, por la carrrera.
--¿Dónde está?
Preguntó Tory preocupada, quería hablar con Poli, sintió como su alma se destrozaba,
recordando los últimos acontecimientos, el sufrimiento, el negar a un amor puro, que
solamente le había traído felicidad, el renunciarse a ella misma. Un grito la sobrecogió,
parándose en seco su corazón, Mery y ella miraron como todas las demás hacia el tejado
del edificio de las habitaciones del este, donde ellas compartían habitación con la
otra implicada, Poli. Ésta estaba en el tejado, con una cinta en la cabeza, con una
sudadera gris, parecía desquiciada, tenia los brazos extendidos en forma de crucifixión,
en su brazo derecho su único amigo fiel en aquellas semanas, lo único que la ataba a la
razón, un águila que ya estaba curado de su ala rota. Miraba a todas con desprecio y
odio, y Poli empezó a hablar en prosa, un poema que le rondaba la cabeza desde hacía
días, parecía que quería llorar, pero su orgullo no la dejó, aceptó el hecho de estar
sola, de perder el amor de su vida, a quien amaba con todo su corazón y su alma, por
quién haría cualquier cosa, pero la crueldad de la juventud la había hecho llegar a ese
límite, nadie salvo Mery la había aceptado como era, fue la única que estuvo con ella
en sus peores momentos, pero aunque la doliese dejarla sola, no tenía de otra, todas la
miraban de forma de superioridad, todas se burlaban de ella, nadie la comprendía, ni
siquiera sus profesoras, nadie, estaba sola. Incluso su madre biológica no quería saber
de ella, todo fue una suma de cosas que ya no podía aguantar.
--Es hora de volar.
Dijo preparándose para lanzarse desde el tejado, su águila extendió las alas, preparado
para volar, para alejarse de ahí, del odio, de las envidias, de todo en sí y Poli
quería alejarse con él. Tory horrorizada, comprendiendo su error en ese preciso instante,
gritó desesperada el nombre de su amiga, se dió la vuelta y se abrazó a Mery, ésta se
le volcó el corazón, todas las chicas gritaban que no lo hiciera, pero ya era tarde, el
águila hecho a volar por fin, Tory empezó a llorar sin tregua, Mery no se movía, vió
como el águila se alejaba, como pasaba por su alrededor, y seguía volando lejos de todas
las niñas estúpidas que habían destrozado a su amiga, como tratando de burlarse de ellas.
Tory al notar que el corazón de su amiga Mery bombeaba perfectamente, la miró
desconcentrada, que cosa más horrorosa, no sentía pánico, sus ojos reflejaban alivio,
tranquilidad, las lágrimas no salieron, solo tenía una gran sonrisa, Tory no entendió,
su amiga le hizo una señal con las cejas para que se diera la vuelta y viera lo que
ella contemplaba con felicidad, al darse la vuelta la joven, su corazón se paró y de
seguido se desmayó sin más, Mery la cogió, y gritó a su directora para que la ayudaran.
Lo que habían visto era que alguien apareció de la nada y había agarrado a Poli del
brazo, al parecer la otra persona iba vestida de militar, vestimenta de camuflaje, al
parecer tenía una cuerda en su cintura, y aunque Poli le decía que tenia que volar que
la soltara, la otra persona no hacía caso de nada, una vez que la tenía bien agarrada
con una cuerda, empezó a descender poco a poco por la pared, hasta llegar al suelo, todo
el mundo empezó a aplaudir la heroicidad como locas, nadie hubiera pensado hacer eso
por nadie, ni siquiera por Poli, la joven en cuestión era morena, de ojos azules como
el acero, de una gran estatura, 1'79 m.
Cuando estuvo en el suelo, la directora molesta se le acercó, percatándose, que al
intento de coger a Poli, la cuerda la había hecho una gran llaga en su mano derecha,
pero no decía nada, no se quejaba o lloraba, simplemente estaba seria, mirando a su
alrededor contemplando todo con algo de desprecio, miró fijamente a los ojos de la
directora del colegio, ésta parecía sorprendida, preocupada y algo molesta, no le
gustaban los escándalos.
--Polin, serás castigada.
--Deja a la chica, ya bastante ha tenido con el salto.- parecía burlona.
--Ya sé defenderme sola.- saltó molesta Poli.
--¡Me es igual!, otro escándalo y se lo diré a tus padres, no hay más remedio.- dijo muy
enfadada.
--¡¡¡Venga jefa!!! Es joven, y tu también lo fuiste, seguro que has cometido tus errores,
solo déjamela a mí, tía.- saltó algo maliciosa.
--¿¿¿Tía???.- preguntó sorprendida, pues ambas no se parecían en nada.
--Kendra Harrison más tarde hablaremos, ahora Poli...
--Debería ir a la enfermería, ¿no cree directora?
Apareció otra mujer detrás de ellas, era rubia de ojos esmeralda, que quiso la
reparación a Harrison y a la misma Poli, parecía que se había tensado la morena.
--Como a la otra joven, las dos deberían estar en la enfermería ya, si no seria una
mala imagen para el colegio.- le puntualizó la mujer.
--Bueno no queremos eso, esta bien, por hoy pasa Poli. Señorita Harrison ya conoce donde
esta la enfermería, encárgate que Poli no se marche o haga alguna locura más.- dijo
apura.
Fue hacía Tory para saber su estado, Mery le dijo que estaba bien, solo se sobrecogió
por el susto, pero no más, así que entre la hermana de Tory y ella la llevaron a la
enfermería, junto a la mujer rubia, de no llegaría a unos 24 años, su estatura era
pequeña, 1'60m, parecía que tenía mucho interés en la morena, pues no dejaba de mirarla
de reojo con una gran sonrisa, la directora gritó a las demás chicas que siguieran con
lo suyo, que no había pasado nada, no iba a aceptar una revolución ni nada parecido,
trataría que sus respectivos padres no se enterasen, ni mucho menos que las niñas se
volvieran cotillas.
Poli miró a la morena, ésta no se movía, la tenia aún sujeta por la cuenta y de su brazo
izquierdo con la mano herida, sintió la humedad de la sangre, la miró a la cara
intentando descifrar lo que pensaba.
--Tu también deberías ir a la enfermería.
--¿Por?.- la miró directamente a los ojos, a la defensiva.
--Lo digo por tu mano, estas sangrando.- le señaló la herida y su brazo lleno de la
sangre que se salía.
--Tienes razón, ahora vamos, aunque deberíamos primero quitarnos la cuerda.- empezó a
desatarse.
--Ok, bueno yo soy Poli.- extendió la mano cuando estaba liberada.
--Y yo Kendra, aunque todo el mundo me llama Harrison.
--¿Cómo sabes donde esta la enfermería?.- preguntó curiosa y a la vez temerosa.
--Ya te lo contaré con más calma, ahora lo primero es curar la herida y saber si tu
amiga esta bien.
--¿Quién?
No tuvo respuesta, pues en realidad no se había percatado de que Tory se desmayara, ni
que la llevasen también a la enfermería y que posiblemente se la encontraría ahí, todas
las chicas la miraban temerosa y aquello le empezó a gustar, que la temieran y mucho,
como si creyeran que estaba loca y que sería capaz de cualquier cosa, Harrison se
percató de su repentina vanidad, dejó caer su mano buena en su hombro derecho para que
dejara aquel juego de superioridad, en realidad trataba de calmarla, siguieron caminando
por toda la estancia hasta llegar a la enfermería, encontrándose a Mery y a la rubia
otra vez, Poli se sorprendió ver a su amiga ahí, y más a la hermana pesadilla de su ex
todo, vio como la miraba con desprecio, la odiaba.
--Todo es culpa tuya.- la inculpó.
--¿Qué he echo?.- parecía una niña buena, pero vio entonces a Tory en la cama con los
ojos cerrados.- Tory...- suspiro culpable.- ¿Qué la pasa?.- empezó a preocuparse.
--Nada, tu tranquila, ahora te toca a ti.- miró a la morena, esta hizo adelantar a la
joven, parecía que no quisiera que la tocara nadie, salvo Poli.- De acuerdo. Tú primero
jovencita, has organizado un gran revuelo, le dije a le directora que teníamos que
hablar.- decía amistosa mientras la observada, para ver que nada tenia mal, salvo unos
cortes por las tejas.
--¿Para qué?.- preguntó extrañada, porque nunca la había visto, hasta ahora.
--Soy la psicóloga del colegio.
--Aparte de médico.- salto burlona la morena.
--Esto solo es provisional, pues la enfermera tiene hoy el día libre, además tengo un
cursillo de primeros auxilios, ¿ahora puedo mirar tu mano?.- dijo temerosa, la morena
dió un paso hacia atrás, como tratando de guardar las distancias.
--Ya me la curaré yo.
La tensión se podía cortar con un cuchillo, la morena fue al botiquín a coger unas
gasas y unas vendas, aparte de un desinfectante para la cura, sabía que aquello la iba
a doler, pero no quería que la rubia la tocara, trataba de no acercarse a ella por
alguna razón, Poli se percató de aquello, tal vez tenía algo que ocultar, o simplemente
no era muy sociable, la miró de arriba a abajo, percatándose de cómo iba vestida,
realmente era extraña, parecía una auténtica militar, miró sus hombros y tenía unas
estrellas de grado de sargento, también se fijó en la rubia, que la miraba con pena,
parecía que aquellas pequeñas palabras frías, la sentaron mal, pues no la miraba para
nada, ni siquiera cuando escuchó un gruñido de parte de la morena. Mery la miraba
atenta sus ojos reflejaban felicidad y algo de enfado, aparte de tristeza, los ojos de
Poli siguieron, para encontrase con la niña pequeña, que odiaba tanto, por la cual su
vida se jodio tanto.
--¿Tiene que estar ella aquí?.
--Mi hermana esta aquí, así que no la voy a dejar sola para que la intentes violar otra
vez.- saltó con desagrado.
--¿Qué yo hice qué...?.- sorprendida, casi se queda sin respiración.
--Lo que escuchas, mi hermana me lo explicó todo, tú la acosabas y como la distes pena,
aceptó todo, salvo hace unas semanas que té pille.- la inculpaba.
--¡¡¡¡¡Ya vasta!!!!!. Lárgate mocosa de las narices.- gritó molesta y muy seria la morena.
--¿Qué...?.- se hacía la sorprendida--¿Tu no sabes a quién hablas así?
--No lo sé, ni lo quiero saber. Lo único que quiero es no escuchar tu irritante voz de
una jodida vez.- la gritó realmente furiosa, sus músculos se tensaron y estaba cara a
cara con la pequeña, aunque la diferencia de altura era evidente.
--Ya vale, mira tu hermana no estará sola, yo estaré aquí, además Poli esta bien, así
que no se quedara, no enfurezcas más al ogro.- decía dulcemente y burlona al final la
rubia psicóloga, la guiñó un ojo.
La morena gruñó, enseñando sus dientes, como si fuera un animal salvaje, Poli y Mery
estaban en un estado de shok, no entendían nada, como dos personas eran tan diferentes
y a la vez era como si se conocieran de años, sabía la rubia como tratar a Harrison,
para que ésta no intentara arrancar la cabeza a la cría de cuajo, esa idea se le pasó a
las dos amigas por la cabeza, haciéndolas sonreír desmesuradamente, contenieron sus
risas por si acaso la ira de la morena iba a ir contra ellas, la joven se marchó
resignada, no antes de mirar amenazadora a Poli, desapareciendo por la puerta de la
enfermería, Harrison suspiró aliviada, aquella niña se le podía catalogar como una
espina irritante que no había forma de quitarse.
--En fin, señorita Harrison puede encargarse de que Polin vaya a su habitación y que
descanse, mañana me gustaría tener una reunión con ella y quisiera que estuviera
descansada.
--¿Qué quiere, que haga de niñera?.- preguntó asqueada.
--Porque lo haga un día no la pasara nada.- saltó burlona, sin quitar la sonrisa de su
cara.- ¡Por cierto!
--¡Que!
--Debería llevársela al ala sur.- la sugirió.
--Ni de coña.- dijo tajante Harrison.
--¿Me va a quitar mi habitación? ¿¿¿¿este... va a dejar sola a Mery????.- decía entre
molesta y preocupada, nadie la había apartado de aquella habitación en años.
--Solo por hoy. Mery se tendrá que quedar aquí con Victoria, para que cuando se
despierte se encuentre a alguien familiar y no me gustaría que tu estuvieras sola.-
decía tierna.
--Bueno, por una noche no pasará nada.- dijo aceptando la nueva situación.
--Te tendré que acompañar a por tus cosas para esta noche.- también contestó de igual
forma Harrison.
Las dos se alejaron como dos buenas amigas, aunque la diferencia de edad era evidente,
era como si tuvieran cosas en común, el corazón de Poli estaba en la enfermería,
mientras que el pensamiento de la morena también, divagaba en los recuerdos, suspirando
con cada cosa que sus ojos se quedaran mirando, según iba por los pasillos del colegio,
llegaron al edificio este, donde Tory, Poli y Mery tenían la habitación más grande y en
la parte superior, cosa que le molestó a la morena tener que subir tantas escaleras y
aguantar las miradas curiosas, que ya empezaban a ser irritantes, aquello siempre la
molestaban, que todo el mundo la mirase, no le gustaba llamar la atención, al conseguir
las cosas para pasar la noche en el edificio del sur, bajaron las escaleras corriendo,
cosa que le divirtió a las dos mucho, al llegar a la puerta principal se encontraron a
la directora de bruces, las dos se miraban como niñas buenas, inocentes de aquello que
parecía les estaba acusando la directora con la mirada.
--Compórtarse señorita, no están en la calle, están...
--En un colegio interno de señoritas de bien.- saltó burlona la morena.
--Harrison mañana tendremos una larga charla, para terminar los papeles de contrato.
Mientras tanto tendrás que comportarte, y vestir bien, ¿Entendido Kendra?.- dijo severa.
--¡¡¡¡Sí señor!!!!
La hizo un saludo militar, cogió a Poli del brazo y las dos salieron corriendo de ahí,
no quería tener otra charla con ella, sabía que por la mañana tenía que terminar de
firmar su contrato para entrar a trabajar en ese colegio, pero hoy no era un buen
momento para recordárselo, para el pequeño trabajo que iba a tener, la cantidad de
normas y papeles que tenía que firmar, la tenían algo molesta, llegaron al edificio sur,
el de los profesores, Poli nunca había entrado ahí, era algo tétrico, parecía que la
oscuridad se había apoderado del edificio, Poli temerosa caminaba al lado de Kendra, se
agarró a su brazo, pasando la puerta principal, no la soltó, hasta que llegaron a la
habitación de la morena, era igual que la de Poli, en la parte superior, subiendo las
escaleras, pero en está ocasión no había más habitaciones, solo una enorme sala de unos
90m cuadrados, con mesa de billar, de dardos, una televisión, un ordenador, una batería,
una guitarra eléctrica con su amplificador, las paredes eran de madera, como si
ocultaran las paredes, aunque Poli determinó que si tenía la mesa de billar, la
televisión, y los instrumentos de música, esto haría mucho ruido, así que en realidad
las pareces parecían insonorizadas con algo, y luego para que quedara bien, se le puso
las tablas de madera, tenía dos camas muy amplias, de matrimonio, una estaba desecha y
la otra estaba impecable, perfecta. Harrison puso en esa las cosas de Poli, caminó un
poco más y se tiró encima de la otra, cogió un mando, y encendió la televisión, la
joven la miraba de reojo, apenas se conocían y ya tenían que dormir en la misma
habitación, pero eso no la llamaba la atención, sino que fuera tan misteriosa y
reservada, aparte de poco habladora, cuando Poli terminó de prepararse se fijó en el
cuarto de baño y fue directa, para vestirse más cómoda el pijama, la morena no hacía
nada, ningún gesto, para cualquiera en esa situación ya estarían conociéndose, o
simplemente hablar por lo que había echo, o por que quería tirarse, o cualquier cosa,
Poli solamente quería que la preguntara, no aguantaba mucho eso, el silencio incomodo,
con el pijama ya puesto, salió del baño se sentó en la cama mirando atentamente a la
otra, ésta tenia su mano derecha tras la nuca, y estaba aún vestida con su ropa, parecía
que no tuviera gana de cambiarse. La morena sentía las miradas intensas y se la quedó
mirando fijamente, suspiró resignada.
--Polilla, deberías dormir.- sugirió.
--¿Cómo?.- saltó perpleja.
--Que deberías dormir, mañana tendrás que hablar con la psicóloga y por la tarde te
esperare para correr.
--No preguntaba eso, como sabes ese mote.- nadie desde hacia mucho la llamaba de esa
forma.
--¿Qué he dicho?.- sabía bien lo que había dicho, pero no quería aceptar su error.
--Polilla, desde que tenía 10 años, nadie me ha vuelto a llamar así, ¿cómo lo sabes tu?
--Determino que Poli será de Polilla, ¿no?
--Tú eres la sobrina de la directora, ¿no?, y que yo recuerde solo conozco a una persona
que me llamaba así, era mi mejor amiga Ken. ¡¡¡Joder!!!, Ken de Kendra, tú...- parecía
que no se lo creía, pues hacía como 7 años que no la había vuelto a ver.
--¡Bravo!.- se levantó y fue hacía ella aplaudiendo.- ¿Ahora quieres el peluche o más
tarde?.- se burló.
--¿Por qué no me has dicho quien eras?
--Poli sinceramente no me agrada que nadie me conozca, y como tu has dicho, desde que
tenías 10 años, no nos hemos vuelto a ver, así que tu me dirás, no creía que me
reconocieras y ahora a la cama jovencita, mañana tienes muchas cosas que explicar y
mucho trabajo.
--Pero...
No pudo seguir con la conversación, pues la morena se dió la vuelta y se fue a la
ventana que daba al este, en dirección a las habitaciones de las jóvenes, sacó de su
bolsillo de los pantalones un paquete de cigarrillos y se sacó uno, al rato Poli estaba
a su lado, y le quitó otro, ambas miraban al vacío, como tratando de no pensar en nada
para no tener que hablar de secretos, aunque Poli perdía en ese caso, pues no sabía que
Kendra conocía toda la historia desde hacía un mes, la había observado durante todo el
tiempo, vió el cambio de las dos jóvenes, las estúpidas niñas incordiando a la joven,
el cambio de Tory, y lo que su amiga no vió, su ataque de llorera después de haber
estado con su supuesto novio, y que justamente al día siguiente lo dejó, pero parecía
que éste no lo había aceptado, pues cuando Poli le retó, el joven decía a sus amigos
que era su novia, que cosas tenían los jóvenes de ahí, le habían dejado porque no le
amaban y sin embargo éste decía a todos que aún estaban juntos. Cuando Kendra vió que
Poli hirió al joven y ésta corrió para alejarse, diciendo que era el momento de volar,
la morena se lo temió todo, así que la siguió, y cuando vió que subía los últimos
peldaños de la escalera que daban al tejado, fue con prudencia detrás de ella, hasta
que empezó a escucharla, divagar, entonces con sumo cuidado abrió la puerta y se la
quedó mirando, y en lo que Poli hablaba, y a lo lejos escuchaba los gritos de la joven
Mery, Kendra estaba preparando la cuerda que había cogido para hacer una escalada por
un árbol para observar el paisaje, que en aquel momento le venía muy bien, se dijo la
morena, que menos mal que no perdió la cuerda en el trayectoria de seguir a Poli, ésta
no se había percatado de su presencia y de ahí que Kendra se hizo la herida en la mano,
pues no pensó en ponerse los guantes cuando Poli ya estaba a punto de saltar, fueron
sus impulsos de cogerla lo que le hizo olvidar los guantes y desprotegerse la mano, con
un brazo la cogió y la mano que sostuvo la cuerda fue la que llevó todo el peso y el
daño, pero eso no la importaba a la morena, lo que le importaba era que tal vez Poli
podría hacer otra locura más y si ella no estaba. Conocía a la joven desde pequeña,
desde que llegó al colegio y se perdió una vez en el bosque cercano, la pobre lloraba y
lloraba, el peor día no fue aquel, sino enterarse que era adoptada a los 14 años, fue
un golpe duro, pero desde entonces no la volvió a ver, aunque Poli solamente la
recordaba hasta los 10 años, en realidad ella siempre estaba ahí, observándola desde la
lejanía, era como si tratara de proteger, como si fuera su hermana pequeña, los fin de
semanas siempre se quedaba en el colegio y era cuando Kendra tenía libre, pues ésta
estaba en el ejército desde los 18, bueno en realidad desde que dejó el colegio de su
tía, se reclutó, pues según sus pensamientos del pasado necesitaba alejarse de todo lo
que la doliera el corazón y el alma, y desde hacia tiempo no volvía, siempre entre
sombras, pero si era cierto que desde hacia 3 años no vigiló a Poli, pues estuvo en
muchas misiones, aparte de que en el ejército terminó una carrera de profesora, y los
últimos años los pasó adiestrando a los nuevos reclutas, sin dejarle tiempo para ver a
su tía o a la misma pequeña Poli.
Pero hacía unos meses se marchó del ejército, pues ya tenía lo que quería, aparte de
que su tía le había comentado los últimos rumores y cosas que ocurrían en el colegio
prestigioso de chicas, escuchó lo que nunca pensó Kendra, su propia tía, la gran
directora la pidió ayuda desesperadamente, necesitaba a alguien para que hubiera orden
y quien mejor que una licenciada Sargento de los paracaistas. Ambas se miraron y
decidieron irse a la cama pronto, Poli realmente necesitaba descansar, después de lo
que había hecho y lo que tendría que hacer.
Ya por la mañana, ni siquiera el sol se había asomado por la ventana, alguien movía a
Poli, ésta en cambio no se movía para nada, solo pedía un rato más, que no era su hora
de levantarse, de repente sintió como tiraban de la manta, seguido de mover el colchón
hacia arriba y tirándola al suelo, escucho unas risas, perezosamente abrió los ojos
para ver a Kendra ya vestida esperándola para ir a correr, su mirada era perversa y
amenazadora, era como con tan solo mirarla ya la estuviera ordenando a que se vistiera
para irse con ella, fue corriendo a recoger su ropa, ya no le preocupaba que la morena
la viera vestirse, estaba tan cansada que no le importaba, miró de reojo el reloj de la
mesita de su cama y marcaba las 6 de la mañana, se sorprendió, pero no hizo nada, más
que seguir a Kendra en su paseo por el bosque, a esa hora aún el sol no aparecía, era
casi el alba, estuvieron corriendo y corriendo, cuando Poli creía que ya era el momento
de llegar a la habitación, Kendra daba la vuelta y otra vez al bosque, era como si
tratara de cansarla de que no pensara en nada, de que olvidara todo, que tan solo la
odiara, y realmente eso último lo estaba consiguiendo la morena, la odiaba por haberla
salvado, por hacerla correr por la mañana durante 2 horas, la odiaba por todo y de
repente se percató que Tory estaba aún en la enfermería, y que necesitaba verla, también
se percató que la mano de la morena estaba empapada de sangre, sus vendas estaban muy
manchadas, como si no le hubiera cerrado la herida, así tendría una razón para ir a la
enfermería, pero como hablar con una persona que no había pronunciado palabra alguna en
toda la caminata, la miró seria, luego cogió con cuidado su mano para enseñarla lo que
la pasaba, Kendra resignada suspiró, asintió la cabeza en forma afirmativa y las dos
fueron a la enfermería sin pronunciar palabras, al llegar encontraron a una Mery
dormida en una silla, guardando a Tory, ésta estaba despierta mirándola con ternura,
como tratando de agradecerle el haberse quedado toda la noche con ella, Poli se acercó
temerosa, mientras Kendra cogía las vendas y otra vez trataba de hacerse la cura sola,
mientras no perdía el ojo a las dos jóvenes.
--Buenos días Tory.- dijo pausadamente.
--Poli.- saltó aliviada, teniendo unas enormes ganas de abrazarla, pero se contuvo-Yo
pensé que...- se le hizo un nudo en la garganta, no podía pronunciar palabra.
--Que ya estaba muerta, en si lo estoy, la señorita Harrison me ha hecho correr durante
2 horas esta mañana.- trataba de calmarla.
--¡Vaya que pronto te has levantado!.- se rió.
--En realidad me han tirado de la cama.- se burló mirando a Kendra, ésta gruñó.
--Es la medicina de Harrison.- saltó burlona la rubia de ojos esmeralda, detrás de ellas.
--Que susto, ¿y usted es?.- preguntó Tory algo incómoda.
--Soy Tara Benson, ¡usp!, perdona me suena el móvil.- cogió su celular del bolso y
contestó a la llamada--¡Que sí...!, pero estoy en mi nuevo trabajo, Piter déjame en paz
de una vez, ya hablamos.- colgó el celular ante las atentas miradas extrañadas, incluso
la morena dejó lo que estaba haciendo para intentar a que vino esa pequeña discusión-
Bueno chicas será mejor prepararse para las clases, así que cada cual a vestirse, ¿vale?.-
Trataba de que la dejaran de mirar, miró a la morena que parecía que tratase de saber lo
que la pasaba, miró su mano y aún sangraba, se acercó a ella muy seria, fue como si la
llamada la hubiera dado valor de repente, decidida le iba a curar esa herida a Harrison
le gustase o no, la morena se apartó un poco, sabiendo lo que quería la rubia.
--Debería mirar tu herida.
--Te dije ayer que no, y te lo vuelvo a re...
--Te voy a ayudar quieras o no, ya no tienes 17 años Kendra, déjate por una jodida vez
ayudarte.- saltó realmente molesta.
La morena se quedó perpleja, extendió la mano delante de la rubia para que la curase la
herida, la joven empezó la cura con sumo cuidado, escuchando ligeros gruñidos por parte
de la más alta, las tres chicas estaban algo extrañadas, no entendían el comportamiento
de una ni de la otra, era como si se conocieran, pero a la vez, como si nunca se
hubieran visto, teniendo ternura en la voz y en sus miradas, pero a la vez enojo y
rencor, la directora apareció de repente, y la morena retiró la mano en suspiro, ya
estaba con el nuevo vendaje, no necesitaba más, le hizo una señal con la cabeza a Poli
y ésta se marchó con ella, para darse una ducha y arreglarse para las clases, la
directora se extrañó por toda la situación, pero lo primero era lo primero, quería saber
como estaba Victoria.
--Señorita Benson como se encuentra la desmayada, ¿señorita Benson?
--Bien directora, muy bien, hoy podrá ir a clase.- salto rápida y animada.
--Podría hacerme un favor, hoy debo irme al médico, a hacerme una revisión, podría
decirle a Harrison que de la clase de literatura y poesía por mi.
--¿¿¿¿Harrison????.- salto extrañada.
--Sí, cuando era joven era la única asignatura que le gustaba, aunque tenía madera para
todas las demás, la única que tenía sentimiento era con esa, en fin, díselo cuando la
vea, nos veremos a la noche.
--¿Estará toda la noche fuera?
--No, lo que pasa es que ya que por la tardes no hay clases, pues aprovecho y voy a
visitar a unas viejas amigas, sabiendo que usted y Harrison están aquí nada malo pasara.
No dijo nada más pues se había marchado por donde había entrado, sin darle tiempo a
Benson a reaccionar, cómo ella podía dejarle tanta responsabilidad a dos recién llegadas,
Mery y Tory estaban de la misma forma, nunca habían visto a la directora tan alegre,
parecía otra persona, como si alguien le hubiera apoderado de su cuerpo, cambió
radicalmente de la noche a la mañana, pero Tory en realidad estaba pensando en otra cosa,
en Poli, necesitaba hablarle, decirle muchas cosas, decirle que... necesitaba hablar con
ella de algunas cosas, sobre todo de lo último sucedido, pues considerándolo, realmente
Poli estaba loca, para tirarse desde el tejado, por no aceptar que ella ya no..., que
ellas no..., de repente las palabras no llegaban, no podía decir nada, al final se
levantó con ayuda de Mery, las dos se fueron a su habitación tranquilamente, nadie
había aún despiertas, salvo el jardinero, que las miró algo extrañado, al llegar a la
habitación Tory se quedó unos minutos en la puerta, era como si no pudiera entrar, se
armó de valor y entró, Poli no estaba y su cajón estaba abierto, lo miró por encima,
faltaba algo de ropa, se sentó en la cama de ésta, suspiró y se tapó la cara, y de
repente empezó a llorar, Mery la observaba apenada, sabía que estaba mal, que no podría
afrontar nada sola, se acercó a ella y la abrazó, Tory empezó a desahogarse todo lo que
podía, aquel abrazo la gratificó, fue calmándose poco a poco, dejando de llorar, Mery
la miró.
--Tendríais que hablar las dos.
--No Mery, tiene que ser así, es mejor para las dos.
--Si no habláis, puede que ocurran más desgracias.
--Por favor Mery no me digas lo que tengo que hacer, ¿vale?, solamente queda un mes más
para las vacaciones, solo eso, podré aguantarlo y luego...
--¿Y luego qué?
--Luego me iré con mi madre a Italia, y cuando empiece las clases en la universidad todo
esto solo será un sueño, que olvidaré poco a poco.
--Es tu vida Tory, yo no puedo decir nada.
Se levantó y fue a uno de sus cajones para coger el uniforme del colegio y vestirse,
pues sabía que dentro de poco tendrían que ir a clase, las dos amigas no se hablaron en
todo la mañana, las dos estaban entretenidas con las clases y los estudios, en el
desayuno ninguna vió a Poli y menos aún a la señorita Harrison, habían desaparecido,
aunque Poli hubiera estado en las clases junto a Tory, apenas la miraba, ésta trataba
de buscar su mirada, pero la otra era como si pasara olímpicamente de que la observara,
fue la hora de la comida y de repente Mery y Tory vieron a Poli sentada sola, como había
pasado en las últimas semanas, nadie se quería sentar con ella, Mery miró a Tory como
tratando pedir permiso, ésta asintió con la cabeza para decirle que podría ir junto a su
amiga en común, cuando la joven fue acercándose, las demás chicas la observaban lo que
iba a hacer, sentarse con la loca de Poli, pero no le importaba las miradas acusadoras y
amenazadoras de su alrededor, solamente quería saber como estaba su amiga, porque apenas
hablaba con ella, sabía la razón de no hablar con Tory, pero ella siempre estaba con
ella, no era responsable de nada, e incluso fue su padrino en el combate con espada con
el supuesto novio de Victoria. Se sentó enfrente, ésta la miró extrañada, pero siguió
comiendo, las demás chicas las miraban curiosas y la hermana de Tory les lanzó un papel,
que lo cogió Poli al vuelo, abriéndolo y leyendo lo que ponía.
"Engañarás a todas menos a mi, eres una lesbiana, eres un asco, conseguiré que te
echen de aquí"
Mery cogió el papel para leerlo también, al hacerlo fulminó con la mirada a la hermana
pequeña de Tory, quería pegarle, destrozarla, por su culpa un amor que ella consideraba
noble y puro había desaparecido sin más, por las tonterías de niñatas mocosas, que no
tenían otra cosa que incordiar y molestar a su amiga, la niña en sí, volvió a escribir
otra nota y la volvió a lanzar, quedándose pálida, pues esta vez no fue Poli quien la
cogió al vuelo sino Kendra, abrió el papel leyendo.
"Ya tienes nueva novia, ¿intentarás abusar de ella como con mi hermana?".
Harrison la miró seriamente, sus ojos se volvieron como dagas afiladas, congelando el
corazón de la cría, ya se esperaba lo peor, pero no hizo nada más, se acercó a Poli y
le dijo algo al oído, de seguido la joven miró a Mery, como tratando de que la
acompañara y así lo hizo, la siguió detrás de Harrison, ya habían terminado de comer,
así que tenían como 1 hora libre, todo fue observado por Tory y aquello la molestó por
alguna extraña razón, una extraña se compaginaba perfectamente con su Poli, era como si
tuviera celos, realmente estaba celosa de ésa Harrison. Benson la miró, sabía por lo que
pasaba, sabía que sus ojos estaban reflejando una verdad cantada, celos, celos por
Kendra y Poli, celos de amor, de envidia, de todo lo que la juventud conllevaba, pero
no quiso comentar nada, solamente esperaría, no solo ésta tenía que hablar con Poli,
sino también con la causante de todo mal, con Victoria, quería conocer las dos versiones,
informarse completamente y conseguir así una solución para las dos jóvenes.
En el campo de fútbol, Kendra, Mery y Poli estaban tiradas mirando el cielo, relajadas,
como si nada en el mundo le importara, en realidad era una clase de Harrison, el
calmarse para la llegada de otras horas de estudios, pues era solamente eso lo que
quería y lo había conseguido, Poli después de correr no pensaba más que en estudiar, era
como si su mente estuviera cansada para nada más y ahora mirar el cielo, era parte de
su medicina, la calma, el no importarle lo que digan de ella.
--Bueno chicas ahora os tocara clase conmigo.
--¿De qué?.- preguntó Poli sin saber nada.
--Literatura y poesía.- saltó alegre Mery.
--Yo paso, la poesía me dió dolores de cabeza, aparte de otras cosas.
--Poli créeme hay que afrontar la vida y poco a poco lo estas haciendo, además me tienes
que dar una oportunidad, no soy la directora, pero puedo dar esa clase.- saltó alegre.
Aunque pareciera mentira, Poli consideró que era la primera vez que escuchaba a Kendra
hablar de esa forma, nunca antes recordó tener tanta alegría y sobre todo tener una
conversación más allá de unos gruñidos y dos palabras de desagrado, la joven empezó a
recordar lo bien que se lo pasaba con la morena, las cosas que la enseñaba, todo en sí,
recordando que para ella, Harrison era como una hermana mayor, alguien que siempre se
preocupaba de ella, que nunca se olvidaba de su cumpleaños y de navidad, siempre tenía
un regalo sobre su cama, o cuando ésta no estaba siempre llegaba un paquete con su
regalo, cosas sin importancia, pero que para Poli tenían un gran valor, a nadie le había
contado sobre Kendra, en realidad en 7 años creyó que solamente era un sueño, una idea
infantil por tener a alguien que se preocupara por ella, hasta que llego Tory, quien la
devolvió la calma, la alegría y las esperazas por vivir, desde entonces no volvió a
tener más regalos de Kendra, pues su único regalo era Tory, su amor, simplemente amor.
Las tres escucharon la campana y se levantaron de la hierva, sacudieron su ropa y
caminaron en dirección a las clases, Benson no apartó su mirada de Harrison, era como si
estuviera embrujada, como si una parte de ella necesitara verla para tener un buen día,
en la aula, Kendra junto a Poli estaban hablando animadamente sobre los poemas y libros
que les gustaban, poco a poco iban entrando las demás alumnas, quedándose sorprendidas
al verlas así, Tory notaba como le hervía la sangre por dentro, nunca Poli se comportaba
de esa forma salvo con ella y con Mery, pero ésta no era una amenaza, mientras que la
señorita Harrison si podría serlo, Tory se percató que se estaba incomodando por esa
situación que ella misma se buscó, de repente se veía apartada de Poli y no por que ella
lo hubiera querido sino por una extraña. Una vez todas sentadas nadie dijo nada,
solamente miraban a Poli amenazadoramente, de echo nadie se sentó a su lado, ni a la
derecha y a la izquierda, cosa que molestó a Harrison.
--¿Señorita Victoria le importaría ponerse junto a Pauline?.- más que pregunta era una
orden.
Tory sintió todas las miradas de las chicas, que trataban de decirle que no obedeciera,
a Poli le empezaba a gustar la situación, iba a tener a la persona a quien amaba al lado
suyo aunque solo fuera por unas horas, la tendría cerca suyo y con eso se iba a
conformar, Kendra empezó a observar a cada una de las chicas, que no la miraban, seguían
mirando a las dos chicas y hablaban en tono bajo entre ellas.
--¿Bueno señoritas me van a decir de que hablan, o empiezo la clase ya?
De repente todas miraron a Harrison algo molestas, ésta se estaba riendo de ellas por
dentro, no se acordaba de cómo eran las niñas, pero la vaga memoria que tenía la hacia
ver que no habían cambiado las generaciones, seguían siendo cotillas, modositas,
coquetas y sobre todo unas harpías como sus respectivas madres, la única por excelencia
que podía salvarse de la clase era Poli, que ni siquiera miraba de reojo a Tory, al
contrario que ésta, no podía estar ni un instante sin mirarla, como tratando de recordar
su rostro.
--Bien chicas, ¿qué es poesía?
--¿Qué es poesía?.- preguntó extrañada una de las chicas.
--Sí... ¿qué es poesía?, ¿Poli?.- la miró fijamente.
--Poesía es un conjunto de palabras...
--No, el termino del diccionario de poesía no quiero, ¿Victoria?
--¿Pues qué quiere saber en sí?.- la contestó secamente.
--Bien, veo que la directora no ha inculcado esto. ¿Qué es poesía?, la poesía podemos
decir que para cada una tiene una diferente opinión, pero en total siempre refleja los
sentimientos de la persona quien lo escriba.- dijo con los ojos cerrados.
--Eso es una tontería.- saltó molesta una de las chicas.
--¿Por qué?.- contesto molesta, abriendo los ojos desmesuradamente, causando pánico a las
chicas.
--Porque es una tontería nadie hoy en día escribe poesía para nadie, salvo las locas
como Poli.- la miró inculpándola.
--Bien, señoritas, dar las gracias a su compañera por darles deberes que quiero que
estén terminados para dentro de 10 minutos.
--¿¿¿¿Qué....????.- dijeron todas a la vez, salvo Poli y Tory, que era como si la guerra
contra Harrison no era de su incumbencia, pues de repente Poli sintió como una mano
temerosa se posaba en su pierna derecha.
--Lo que han escuchado, me gustaría que escribieran un poema diciendo en rima, si puede
ser o si es el caso de no, pues que haga referencia a la tontería, o a un sentimiento
de culpabilidad, empiecen por favor.
Ordenó sentándose en su mesa más cómoda, con sus piernas sobre ésta y cogiendo de su
cartera un libro y se puso a leerlo tranquilamente, mientras dejaba su reloj con alarma
sobre la mesa, todas miraron con odio a la joven que había abierto la boca, ahora todas
tenían que escribir algo ilógico como locas, como la misma Poli, ésta empezó a sentir un
gran cosquilleo en su estómago, como el primer día que vio a Tory, pero ambas se
pusieron manos a la obra con la poesía, todas miraban apuradas el reloj, dentro de unos
minutos ya iba a preguntar la señorita Harrison, 3... 2... 1... 0
--¿Bueno chicas, ya está?.- preguntó maliciosamente.
--Yo si.- saltó Poli ante las miradas sorprendidas de todas las chicas.
--Así me gusta Poli, por fin una hace lo que se le pide.- saltó animada, Tory sintió que
su corazón era apuñalado.- ¡Adelante, dila!.
--Si estar enamorada es estar loca, entonces quiero estar loca. Si también es
estar ciega pues ciega estaré, para no pensar en la distancia que nos separa. Locura y
ceguera son los síntomas del amor, pues yo os diré que estoy loca y ciega de amor por
vos. Porque sentir esto es lo más próximo al cielo vendito.
--¡¡¡¡Guao!!!!, me ha gustado, aunque se parece más a una cita, pero esta genial, muy
bien Poli tienes una nota alta, ¡sigue así!. Para las demás que sepan que para la
próxima clase me gustaría tener sobre mi mesa 3 poemas, haciendo referencia, al amor, a
la soledad y sobre todo al sentimiento que en estos momentos sus ojos están reflejando
ahora hacia mi.
Todas se quedaron en blanco, las había observado mientras estaba leyendo o en realidad
no estaba leyendo y era una trampa para que ellas se sintieran seguras y así expresar su
odio por unos minutos, Tory y Poli se rieron de ellas por dentro, las había calado a
todas en unos minutos, Victoria empezaba a entender que era Kendra para Poli, una
hermana mayor, solamente eso, alguien que la protegía delante de las mocosas y que le
encantaba su misión, la hora pasó y con ella la clase, tenía otra clase más y más tarde
entrenamiento, Poli con la esgrima y Tory con el fútbol, Mery se las encontró cuando
éstas iban a la habitación para cambiarse, era como en los viejos tiempos, las dos
estaban bien, alegres, como si nada hubiera pasado, pero cuando Poli quiso marcharse se
encontró de bruces a la hermana de Victoria.
--Sabia que ibas a estar aquí.
--Normal, es mi habitación.- dijo burlona Poli.
--Aléjate de mi hermana.- la amenazó.
--Jovencita no sabe que a las habitaciones de las mayores no se entra si no son invitadas,
y que supone una falta muy grave, por muy hermana que haya por aquí.- salto seriamente y
algo molesta Benson.- Fuera.- ordenó, la niña salió corriendo.- Poli te quiero ver en una
hora en mi despacho y después tu Victoria.- dijo saliendo por la puerta tranquilamente.
Las dos jóvenes se miraron algo extrañadas, incluso Mery que estaba en un tercer plano,
se estaba quedando de piedra, no solo había escuchado que la nueva señorita Harrison
defendía a Poli de todas, si no que visto lo visto, también la señorita Benson las
defendía a las dos, era como si pareciera que ambas se estaban reflejando en Poli y
Tory, como si ocultaran algo, Mery quería investigar y solamente conocía una persona
que llevaba más de 15 años trabajando ahí, para que conociera todos sus secretos, la
curiosidad mató al gato, pero como Mery antes se llamaba ratita, ese dicho no la
afectaba, vio como sus amigas se alejaban reflejando en sus ojos tristeza, cada cual
tomó su camino, como Mery y la jardinería, al llegar ya estaba preparada con su ropa y
sus guantes para ayudar a su amigo, después de unos minutos callados, este notó a la
joven algo mas callada que de costumbre.
--Venga dispara.
--¿Qué?
--Que tienes algo en tu cabecita y te mueres de ganas por preguntar.
--Bueno sí, ¿conoces a las señoritas Harrison y Benson?
--Ah, ¿así que es cierto?, han vuelto.- suspiró pensativo.
--¿Han estudiado aquí?
--Hace mucho, en realidad Harrison se ha criado en este colegio, la directora es su tía.
--¡Vaya!, en realidad las dos se parecen.- rió inocente.
--Benson, pues que yo recuerde ella era muy joven, ahora creo que tiene 24 años, ya es
una auténtica profesora, tiene 3 años menos que Kendra, ocurrieron muchas cosas por aquí,
si te sorprende lo que ha pasado con tu amiga, imagínate lo que podría pasar aquí hace
7 años.- dijo sin pensar en las consecuencias.
--¿Qué cosa paso?.- preguntó curiosa Mery.
--Mira yo no soy un cotilla.- trataba de esquivarla mientras plantaba algunas plantas.
--Venga, por favor, dímelo, no me dejes con las ganas de saber más, me has enganchado
como una novela negra.- le guiñó un ojo inocente, realmente se moría de ganas de conocer
la historia.
--Mira Mery, yo no te he contado nada, tu no sabes donde ha salido esa historia,
¿entiendes?.
--Si.- dijo aceptando, haciendo una cruz en sus labios, como tratando de guardar el
secreto.
--Veras pasó hace 7 años, nadie lo supo hasta entonces, Kendra y Tara eran amigas, pero
yo por mi lado, al igual que la directora sospechábamos que había algo más, pues la
joven Benson de 17 años por aquel entonces, algunos fines de semanas no se iba con sus
padres, decía que estaba muy a gusto aquí y que tenía deberes que hacer muy importantes,
pero en realidad se quedaba, porque Kendra ese fin de semana estaba.- paró de repente.
--Sigue, ¿qué paso?.- dijo ansiosa.
--Kendra tenía 18 años cuando entró en el ejército, decía que necesitaba mucha
disciplina y ya la ves, ahora es una auténtica Sargento, pero tu no quieres saber lo
del ejército, ¿verdad?. Te interesa más conocer la historias de ellas, bueno, eran
amigas, al menos para todos los ojos, en realidad las dos sentían algo muy fuerte, que
empezó como algo inocente pasando a algo más serio, que yo recuerde solamente estuvieron
un mes.
--¿Un mes?
--Sí, el mes que obligaron los superiores de Harrison que tuviera un descanso. Piénsalo
por un momento, nunca estaban tanto tiempo juntas, lo que pensaban era solamente afecto,
en realidad era amor, puro y pasional. Los señores Benson estaban algo molestos porque
su hija no volvía, encima eran vacaciones, pero a ésta no le importó, hasta que llegó
el día terrible.- dijo seriamente, como recordando todo el pasado.
--¿Y qué paso?.- ya estaba muy metida en la historia para que la dejaran a medias.
--Pues... que a las dos las pillaron en el cobertizo besándose, alegaron que solamente
practicaban para besar a los chicos, los Benson lo aceptaron, pero no estaban muy
convincidos. Al paso ellas tenían más cuidado, hasta que un chico, el actual marido de
Tara las vio y se lo dijo a sus padres, los Benson reclamaron que echaran a Kendra, pero
como esta no estudiaba y no era profesora no podían hacer nada, solo quedaba una semana
de campamento, a Harrison la llamaron para que se incorporara al ejército otra vez y no
se volvieron a ver, hasta ahora, pobre Kendra.- suspiró apenado.
--¿Pobre por qué?
--Por que realmente estaba enamorada, nunca volvió a sentir ese sentimiento y para no
pensar en nada ni nadie, se volcó en su trabajo, al parecer la dieron la posibilidad de
hacer una carrera así que hizo magisterio, para volver aquí cuando ya no pudiera
renovar más el contrato del ejército, ¡ya ves!, ella que odiaba a los profesores al
final se convirtió en uno.
--¿Y Tara?, digo la señorita Benson.
--Pues ella... hizo psicología y ya la ves, volvió al lugar donde fue feliz durante unos
instantes, como Harrison. ¡Pero una cosa!, ¿por qué dices señorita Benson?, si ella esta
casada y su apellido es Mc'Lambe.
Se quedó pensativo y entendiendo lo que pasaba, no quiso comentarle nada más a la joven,
pues con todo lo que la dijo ya tenía información suficiente para entenderlas, Mery se
puso manos a la obra con la jardinería, pues mientras hablaban lo habían dejado todo,
aparte de que no dejaban de mirar a su alrededor, para que nadie más supiera la historia
de Benson y Harrison.
La hora pasó y Poli ya estaba en la oficina de Benson, estaba impaciente, en realidad
no le agradaban los psicólogos, consideraba que estaban locos, pero lo soportaría
durante unos minutos, luego se marcharía a correr para despejarse y por último se
metería en la cama a descansar, pero dudaba si ese día también tenía que dormir con
Harrison o no.
--Perdona por tardar, pero tenía que arreglar unos papeles.
--No pasa nada, así he podido contemplar la decoración de su oficina.
--¡Me encanta!, no pierdas el bueno humor, ¿vale?.- saltó risueña.
--¿¿¿Bueno qué quiere de mi???.- fue directa.
--Bueno conocernos, que me cuentes todos tus problemas, ¿ya sabes?, las cosas normales
que se dicen a los psicólogos.- le sonreía.
--Vale, mi madre me dio en adopción, mis padres adoptivos son buenos, mi madre verdadera
no quiere saber de mi, y... ¡ha sí!, casi me tiro del tejado.- dijo sarcásticamente
levantándose del sillón.
--¡Siéntate!.- ordenó molesta-Esos acontecimientos de tu vida me lo sé, ahora lo que me
gustaría saber es por qué te ibas a tirar.
--Son cosas de jóvenes.- dijo de igual forma.
--¡Mira!, tienes que estar aquí decirme todo y ya esta, solo es eso.- volvió a su estado
de dulce.
--¿Y si no quiero contar nada?
--Pues tendremos que decirles a tus padres lo que ha pasado, eso incluye rumores y
ciertos nombres que supongo no quieres que sepan.- volvió a ser sería.
--Haga lo que quiera, no me importa nada.
Se levantó del sillón y salió por la puerta encontrándose a Tory de frente, ésta se
asustó un poco, pero se calmo cuando vio que era Poli, que estaba muy enfadada, ambas se
miraron, pero al final Poli se marchó dejando a la otra desconcentrada, vio como
desaparecía por los pasillos, suspiró resignada y entró a la oficina, Benson estaba de
espaldas, parecía decepcionada, estaba con el teléfono y hablaba como si quisiera
contener algunas lágrimas.
--Kevin déjame en paz, ¿vale?. Todo terminó. ¿Por qué insistes?. No, fuiste tú quien se
fue con otra y luego pidió el divorcio, y no querías nada que te atara. Te recuerdo que
me distes la custodia completa de nuestros hijos, que firmaste un documento eximiendo
toda responsabilidad paterna, Adiós Kevin.- se dio la vuelta y se encontró a Tory
perpleja, algo desconcentrada.- Podrías llamar antes de entrar.- dijo realmente enfadada.
--Si quiere me voy.- dijo molesta por sus palabras, dando la vuelta y dirigiéndose a la
puerta.
--Lo siento.- dijo casi en un susurro, con los ojos cerrados.- Perdona, pero es que estoy
bajo mucha presión. ¡Bueno ahora te toca a ti!
--¿Poli se ha marchado, le ha dicho algo?.- preguntó curiosa.
--¿Algo interesante me tenia que decir?.- dijo risueña.
--No nada.- trato de esquivar-¿Qué quiere de mi?
--Pues lo mismo que Poli antes de irse, conoceros. Conocer toda la historia por la cual
Poli se quería tirar del tejado, es un asunto muy grave, pero que el colegio ha querido
no decir a la policía, ni a los padres, como solamente le queda a Poli unas cuantas
semanas, pues no quieren hacer un escándalo por una tontería.
--Poli se quiso tirar, ¡eso no es una tontería!.- saltó molesta.
--¿Y por qué quería tirarse?.- Tory no se dió cuenta que había caído completamente en la
trampa de Tara, para descubrir la verdad que nadie quería comentar.
--Porque ella y... ¡espera!, no voy a caer.- dijo tajante sentándose en el sillón.
--Bien, has sido lista, pero va en serio me gustaría saber por qué, toda esta locura,
nadie comenta nada, nadie quiere hablarme, y no comprendo.
--Es por mi madre, si ella se enterase podría demandar al colegio.
--¡Ah, eso!, el prestigio del colegio no se puede manchar.- decía con sarcasmo.- ¿¿¿Pero
qué cosa tu madre no puede saber????.- volvió a ser directa.
--Lo siento, pero no le voy a contestar.
--Vale, es justo. Yo te diré que tengo un pequeño informe no oficial de la directora,
contándome ciertos encuentros entre dos jóvenes y por lo cual una de ellas cambio su
comportamiento de rebelde y buena estudiante, a casi locura, no prestando nada de
atención a sus clases, haciendo algunas escenas incómodas para algunas alumnas, ¿quieres
que siga, o ya conoces la historia?
--No, ya me la sé, por que lo he vivido en primera persona.
--Bien, me gustaría saber todo y cuando digo todo es todo, ¿cuándo, por qué, cómo?.- Tory
movió la cabeza en forma negativa.- Vale, yo voy diciendo y tu mueves la cabeza.- Tory
aceptó.- ¿Poli te quitó el novio?.- Negó Tory- ¿Tu a ella?.- Volvió a negar- ¿Ella sentía
algo por ti?- confirmó- ¿Estabais juntas?- volvió a confirmar- Ya entiendo la gravedad,
nadie sabia que las dos estabais juntas- confirmó- Y os pillaron- confirmó-Y tú para que
tu madre no sepa nada, la negaste.- confirmó otra vez Tory- Y para quitar sospechas
saliste con un chico, que a la vez Poli os vio, de ahí su cambio y quererse tirar del
tejado.- Tara estaba sería, encajando todas las piezas.
--¿Cómo lo a sabido?.- los ojos de Victoria se abrieron de par en par, pues había sabido
todo con unas simples palabras y movimientos de cabeza.
--No hay que ser una experta, para saber que es lo que os pasa. Las dos habéis
encontrado un sentimiento extraño, intenso, nada tiene comparación y sin embargo tú has
intentado estar con un chico para comprobar si sentías lo mismo, y de repente te has
dado cuenta que aunque el chico sea muy guapo y todo en general, no es lo mismo que
sientes por Poli, ¿o me equivoco?
--Pero si nadie ha sabido nada y tu lo has sabido ahora.
--La directora me decía con pequeñas palabras lo que pasaba sin darme detalles, por si
acaso yo iba a hacer una locura o poner el grito en el cielo.
--¡Vaya!, ¿y por qué el grito en el cielo?.- pregunto curiosa.
--No sois las primeras chicas que les pasa eso, hace mucho tiempo ya paso.- dijo dándose
la vuelta, mirando a la ventana.
--¿Qué paso?.- estaba intrigada.
--Pues que una se confundió, perdió lo que más amaba en toda su vida, arruinó dos vidas
en un instante.- decía entre pena y seria.
--¿Qué me quiere decir con eso?
--Que a veces debemos aceptar lo que la vida nos da y que si renunciamos a ello, durante
toda nuestra vida lo estaremos lamentando.
--Yo no puedo lamentar nada, por que yo no me he querido tirar del tejado como Poli.
--¿Entonces por qué te desmayaste?, tu rostro era de pánico, de temor por perder a una
persona que significa mucho para ti. Cuando fui a tu habitación tu rostro hablaba por
si solo, era como si necesitaras hablar con Poli y te molesto que tu hermana apareciera.
Por que en el fondo estas harta de dar una imagen a todo el mundo de niña buena, que lo
único diferente para ti y te daba ganas de hacer todo era ella, si me equivoco dímelo.-
puntualizo.
--Tiene razón en algo.- dijo seria.
--¿Así, en qué?
--En que se equivoca.
Tajantemente se levanto del sillón Victoria, ante el rostro atónito de Benson, parecía
dolida, muy dolida, ya sabia lo que la pasaba, había dado diana en todo, pero la joven
nunca lo reconocería por miedo a todos, a lo que dirán, a su familia, a todo.
--Una última cosa Victoria.-dijo en voz alta, haciendo que ésta se parase en seco.
--¿El qué?.- pregunto asqueada.
--¿Si supuestamente me equivoco, por qué razón sigues en este colegio?
--No la entiendo.
--Es muy claro de entender. No te agrada nada, los estudios solamente te da lo
suficiente para tu carrera, ni siquiera tienes metas y sin embargo pudiendo elegir a
los 13 años otro colegio, decidiste seguir aquí. ¡Es algo gracioso!, algunas de tus
amigas se fueron a otro colegio y tú te quedaste, ya puedes marcharte.
Ordenó sentándose en su asiento y dándose la vuelta, se quedo pensativa, dejando a
Victoria perpleja, aquello no lo sabia nadie salvo la directora y sus padres, era cierto
que a los 13 años sus mejores amigas por aquel entonces se marcharon a un colegio y
ella pudo decidir irse, pero se quedo por alguien especial, se quedo con lo único bueno
que tenía, sin importarla sus malas notas, pues ella siempre estaba ahí para ayudarla,
gruñó molesta y se marchó del despacho con pasos firmes, quiso despejarse un poco y
salió a la calle, encontrándose a Mery tranquilamente trabajando con la jardinería, se
acercó a ella mirando para todos los lados.
--Poli no está.- dijo de espaldas Mery.
--Como puedes creer que...
--Porque cada paso que das es pausado, lo cual quiere decir que miras a todos los lados
esperando encontrarla. ¿Qué tal con la psicóloga?, Poli dice que es un engreída
impertinente.
--No esta equivocada, se cree que sabe de todo.
--Te pareces a ella.- dijo burlona.
--¿Cómo...?.- gritó sorprendida.
--Pues eso, te pareces a ella en todo.
--Te equivocas, no nos parecemos en nada.
--Familia con dinero, madre molesta, un amor inesperado y al final toda una vida de
alegría perdida por hacer lo contrario a tu corazón. ¡Sois iguales!
--Estas loca, no nos parecemos en nada, ella es estúpida, es engreída y es...- decía
herida, bastante molesta por la confesión de su amiga, que la miraba sorprendida.
--Si vuelvo a escuchar algo encontrad de mi, tal vez debería replantearme el no tener
más sesiones contigo.- saltó Tara detrás de ellas, algo maliciosamente.
--Este... yo... vamos... quería... decir...- parecía que las palabras fallaban.
--Tranquila. ¿Quieres pasear conmigo?.- más que pregunta era una orden.
Mery se sorprendió, pero continuo con sus cosas, las otras dos se marcharon de ahí,
decidieron caminar por el bosque cercano, respirar aire profundo, hablar con alguien de
ciertas cosas que tal vez la harían comprender su situación y aceptarse a si misma.
No muy lejos de ahí, en un edificio que hacia de anfiteatro y sala de entrenamiento,
era la hora de esgrima, otra vez, Poli estaba tranquilamente preparándose para entrenar
con su profesor, pero al parecer no había nadie, desde los estúpidos rumores nadie,
salvo su profesor, quería estar a su lado por si acaso las contagiaba, alguien la
observaba desde la distancia como practicaba cada estocada, cada movimiento, después de
un buen rato, el profesor se marchó para atender una llamada de su móvil, dejando a
Poli sola, con la misteriosa mirada encima de ella, ésta muy molesta quería saber quien
era.
--¿Quién anda ahí?
--Deberías relajarte un poco más, toda vía eres joven para estar estresada.- saltó
burlona Harrison.
--¿Qué quieres de mi?, ya hablé con la psicóloga, no necesito a nadie más que me de la
brasa.
--Veras, has conseguido en unos segundos, tu y Tory, lo que yo en años no he conseguido.-
seguía con intriga, le empezaba a gustar el juego.
--¿El qué?
--Que Benson me llamara, debes saber que ella y yo hace años que no nos hablamos.
--¿Por qué?.- estaba curiosa.
--Hace tiempo, aunque no lo creas me enamoré, como tu lo estas de Tory.
--¿Y?, me vas a contar un cuento a mis años o qué.
--Cállate y escucha. El amor es ciego, loco, apasionado, pero a veces tememos el
conocerlo, incluso cuando lo tenemos lo alejamos de nuestro lado, por miedo a todo. Yo
fui como tú al principio, estaba con alguien inigualable, sentía que volaba, nadie se
había adentrado en mi corazón como ella.
--¿¿¿Ella???
--Sí, ella. Sigo o me vas a interrumpir.
--No continua, por favor.- se sentía a gusto por escuchar las palabras de alguien que
había pasado por lo mismo que ella.
--Un buen día nos pillaron y le dijimos a mi tía, que estábamos practicando para cuando
ella estuviera con un chico, mi tía no se convenció mucho y me echó gran bronca, pasaron
unas semanas y estuvimos un mes juntas, pero sus padres aparecieron, mi mundo se
derrumbó, pues ellos venían con un chico con el cual se casó.
--¿¿¿No te dolió???
--¡Claro que me dolió!, pero en aquel momento ella no quiso decir la verdad y casi
enloquecí, desapareciendo completamente. Si había guardias en mi ejército, las pedía,
estudiaba como loca, todo para olvidarla. ¿Y sabes lo peor?
--¿El qué?
--Pues que me tiré de un avión y cuando mi reloj daba señal de que tenia que abrir el
paracaídas lo ignoré, y como magia recordé todo, los momentos que nos veíamos, la
primera vez que nos besamos, todo en general pasó por mi mente y recordé una cosa.
--¿Cuál?.- preguntó curiosa.
--Que no había intentado vivir, para conseguir todo y así demostrarle que podíamos
estar juntas sin problemas, porque todo al final se resuelve, con el dinero.
--¿Y qué tiene que ver conmigo toda esa historia?
--¿No escuchas a veces, verdad?, pues deja a Tory un tiempo de margen, se leer las
miradas y ella te ama, pero por su familia no lo dirá, tu solamente espera.- decía
sincera.
--¿Y qué gano yo?.- saltó molesta.
--Vivir.
La dijo lentamente dejándola pensativa, Kendra cogió una espada y le indicó que
practicara con ella, Poli aceptó el reto y ambas tranquilamente con sus pensamientos en
debidas personas, empezaron a practicar.
Más lejos de ahí, en un camino otras dos estaban caminado sin hablarse, solamente
miraban a su alrededor haciendo memoria a su pasado, pero una tenia que hacer a la otra
comprender el sentido de la vida y del amor, para que no cometiera el peor delito de su
vida, apartar a la persona a quien amaba con todo su corazón y alma.
--Tal vez piensas que no sé por lo que pasas y te digo que te equivocas. Se lo que es el
amor juvenil, solo tengo 24 años y ya tengo una niña de 5 años y un niño de 4. ¿Te
crees que has destrozado tu vida por un sentimiento raro?, pues yo te digo que yo
destroce mi vida por pensar eso, por dejarme llevar por el qué dirán de mi, mi familia,
mis amigas, todo el mundo en general y como ves estoy donde destroce mi vida.
--¿Qué quieres decir?
--Pues que yo estudie aquí, en el maravilloso colegio de señoritas y me enamore, pero
lo rechacé, rechacé ser feliz para toda mi vida por cobarde, al final hice lo que mi
madre me dijo, casarme con el chico que ella quería y ya has escuchado la conversación
que tuve con él por teléfono.
--Yo no escuché nada.- decía inocente.
--Sé que lo escuchaste, al final no funcionó, él se marchó con otra, dejándome sola con
mis hijos, según él, no quería responsabilidades para su nueva mujer. Llevamos 1 año
separados y hace unas semanas que tenemos el divorcio, así que cuando me llamaron para
ser psicóloga aquí lo acepté con los ojos cerrados.
--¿Porque estaba la señorita Harrison?.- disparó maliciosamente.
--Veo que las coges al vuelo. Pero no sabía que estaba aquí también, de echo si lo
hubiera sabido no hubiera aceptado el contrato.- dijo seria en susurro.
--¿Por qué?, no decías que eras feliz aquí.- curiosa.
--Lo fui, también Kendra, pero cuando haces daño a alguien siempre deseas que no este a
tu lado.- decía apenada desde lo más profundo de su corazón.
--Entonces no nos parecemos.- contestó molesta.
--Más de lo que piensas.
--¡¡¡Mira!!!, Poli y yo solamente éramos amigas, y lo que hacíamos estaba mal.
--Eso crees, pero en el fondo te mueres por besarla, por acariciarla, porque se pierda
en tu mirada. ¡Y no me mientas!, ella es tu mundo, incluso te diría que solamente
quieres que Kendra desaparezca de al lado de Poli.- saltó burlona las últimas palabras.
--¿Y qué debo temer de Kendra y Poli?.- dijo con indiferencia.
--Pues que se líen.- saltó animada.
--¡¡¡¡¡¿Qué...?!!!!!- gritó molesta y con algo de pánico.
--Lo ves, ja. Te molesta que te diga eso, no soportarías verla con otra y menos aún con
Kendra.
--Es muy mayor para Poli.
--Ella me lleva 3 años y cuando se siente algo no es importante la edad.
--Pero Poli no... vamos ella no...
--¿Qué no estaría con ella por despecho o te sería infiel con ella?.- le gustaba ponerla
en un aprieto, pero la joven caía en el engaño.
--Paulina no seria capaz de hacerme eso.- saltó molesta.
--¿Lo ves?. Solo aceptarías a Poli contigo, son celos, pero también inseguridad, ¿por
qué no hablas con ella?
--No.
--¿Por qué?
--Porque esta mal, ella y yo somos chicas y no...
--Mira ante el amor puro no puedes hacer nada, ¿vale?, será mejor que hablen y que
intenten estar juntas otra vez. Créeme Tory, si no lo haces te arrepentirás toda la vida.
--¿¿¿¿Y por qué no lo haces tu con Kendra????.- dijo furiosa.
--Porque ella no quiere saber de mi.
Saltó apenada continuando su camino, pensando que se moría de ganas de tener la
oportunidad que tenia Tory y Poli, sin responsabilidades, ¿pero ella?, sería una carga
para Kendra, le hizo mucho daño en el pasado y no lo olvidaría nunca, al menos ella
nunca lo olvido, ver su cara el día que la dijo que se iba a casar y que no había nada
que la hiciera cambiar de parecer, tenía que casarse, pues estaba embarazada y su madre
la obligó, no había de otra. Desde entonces no supo más de Harrison, nunca más se puso
en contacto con ella, ni la vio, ni la llamó, desapareció completamente de la faz de la
tierra y por ello Tara se enfadaba con ella misma, por no haber luchado por lo que
quería, por lo que amaba, por la persona que la hubiera echo feliz, pero ahora no había
vuelta atrás, había que aceptar lo que le tocaba, si tenía que aguantar las caras de
enfado y de pocos amigos de Kendra lo aguantaría, pues solo tenía el consuelo de verla
todos los días, Tory siguió su camino por otro lado, sola, con sus pensamientos,
repasando lo que le había dicho Tara y lo que quería con lo que tenía que hacer, amor o
razón, dos cosas que nunca se pueden ajuntar.
La noche llegaba y la hora de dormir también, la directora volvió y aceptó que solamente
esa noche Poli la pasara en su antigua habitación, pero al día siguiente tendría otro
cuarto hasta que terminara las clases, Harrison se preguntaba donde estaba Benson, pues
ella tenia que hablar de las jóvenes, aunque viendo a Poli su energía contra ella en
las envestidas de su espada, consideró que tal vez la joven no se desahogó con la
psicóloga, cosa graciosa, una persona que intenta ayudar a los demás, cuando no se podía
ayudar, pero Kendra estaba preocupada, pues no la había visto en la tarde, pero tal vez
lo que quería Tara sería esquivarla, por que en realidad no le importaba saber porque
estaba ahí, una vez terminado de escuchar a su tía, la directora, decidió marcharse a
su habitación para despejarse tranquilamente de todo.
Poli antes de ir a su habitación estuvo pensando todo, intentando aceptar ciertas cosas,
y arreglar sus pensamientos, tal vez Kendra tenia razón, Tory necesitaba un tiempo para
que se diera cuenta de lo que había perdido por hacer lo que todo el mundo quiere de
ella, por lo mucho que la amaba se lo daría y ella misma no aria ninguna locura más.
En la habitación de Harrison, ésta abrió la puerta y de seguido la cerró con cerrojo
para que nadie la molestara, necesitaba alejarse de todo, tener un momento para ella,
hablar con Poli e intentar que ésta comprendiera algunas cosas le hicieron a ella misma
pensar, fue caminado, parecía que le pesaba una tonelada las piernas, pues apenas podía
levantarlas para llegar a la cama, se dejó caer sobre ella, cerrando los ojos.
--Tara.- suspiró cariñosamente.
--Se te ve cansada.
Dijo una voz familiar entre las sombras, Kendra rápidamente se levantó de la cama,
quedándose de pié, mirando hacia el lugar que escuchó la voz, empezó a escuchar unos
paso, ésta empezó a culparse por no encender la luz y asegurarse de que no había nadie,
de repente escuchó el sonido del interruptor de la luz de la mesa del billar, dando
claridad a los ojos de Kendra descubriendo a Tara mirándola algo triste, aquello fue un
chorro de agua fría sobre el corazón de Harrison.
--¿¿¿Qué haces aquí???.- intentaba mostrarse indiferente, pero dentro suyo estaba
animada.
--Pues estuve hablando con Tory, caminamos bastante y mientras la hablaba pensaba que
lindo sería tener 17 años otra vez.- seguía en la distancia, subida en el billar.
--Y yo hable con Poli, ¿y?.- quería saber a que venia aquel juego.
--¿Pues... no crees cada una se parece a uno de nosotras?.- preguntó curiosa.
--Tienes razón, Tory es igual a ti, destrozando a la persona que supuestamente ama.-
trató de ser hiriente.
--Vale.- se bajó de la mesa del billar y se dirigió a la puerta.- No pensaba que fueras
cruel.
--¿Y cómo quieres que sea?, tu me dejaste, me abandonaste por el chico que le gusta a tu
madre, ¿te recuerdo tus palabras?
--No tienes que ser así, Kendra me estas haciendo daño.- parecía que iba a llorar.
--¿Qué te estoy haciendo daño, y el que me hiciste tú?, lloré, quise morirme, porque
tus palabras fueron; "todo ha sido un error, lo que hacíamos estaba mal".- sus palabras
eran serias y penetrantes, tanto que podrían congelar toda la habitación, quería
desquitarse.- Y lo peor era que aún así, pensaba que me amabas, que solamente era porque
nos pillaron, pero no... te vi con aquel gilipoyas, me destrozaste. Solamente quería que
la tierra me tragara y peor fue el día de tu boda, ir para escuchar el "Sí, quiero".
--¿¿¿¿¿Estuviste en mi boda?????.- preguntó sorprendida.
--Mi tía estaba invitada, y yo tuve que llevarla.- se acercó lentamente a ella.- Estabas
hermosa.- le acarició la mejilla derecha y al tacto suspiró Tara.- No te merecía, te vi
radiante.- decía pausadamente, como recordando todo, su voz parecía quebrase.
--Él...- un dedo tapo su boca.
--Yo no te merecía y lo acepté. Cuando vine ya sabia que estabas, pero no pensaba verte
en ciertas circunstancias.
--¿Sabías que estaba aquí?.- notaba como el aire no llegaban a sus pulmones.
--Si... y por respeto le pedí a mi tía que no te lo comentara, porque si decidías irte
por mi, entonces sería yo la que se marchara, pues tu te mereces este trabajo.
Apartó la mano, porque si seguía con el contacto no podría aguantar sus ganas
irrefrenables de besarla, de probar esos labios que considero durante mucho tiempo
prohibidos, de repente sus manos empezaron a temblar, su corazón viajaba a una gran
velocidad, como un coche de carreras sin freno, la tenía ahí, enfrente, en su habitación,
con la puerta cerrada, nadie sabría lo que hubiera pasado ahí, salvo ellas y si Tara no
quería eso, ella estaba casada, no podía destrozar el vida que tenia, sabía bien que
había sido madre, tenía dos preciosos hijos, pues su tía se los enseñó en unas fotos.
Pero su corazón se paró en seco, pues Tara tenía sujeta su cara con ambas manos y se
estaba acercando peligrosamente a sus labios, escuchaba y sentía como su respiración
era acelerada, como anhelando besarla, la miró a los ojos fijamente como pidiendo
permiso, Kendra la agarró de la cintura acercándola más a su cuerpo y ambas se unieron
en un beso cálido, tierno, deseado durante años, olvidando todo lo que habían pasado,
olvidando todo en general, el cuello de Kendra estaba rodeado por los brazos de Tara, y
las manos de ésta, la atraían más aún a ella, sintiendo como el cuerpo que más deseaba
estaba pegado a ella, sintiendo como su pecho subía y bajaba a un ritmo acelerado, sus
lenguas en una danza que conocían bien, pero aunque Kendra la necesitara más alla de un
beso, aunque la amara, conocía la realidad y ésa solo era un momento, se apartó
lentamente de Tara, ésta se quedó perpleja, todo iba bien, parecía que todo estaba
aclarado.
--Tara no.- dijo a duras penas.
--¿Por qué?.- preguntó extraña.
--Tu estas casada, por favor vete, no quiero que destroces tu vida normal.- abrió la
puerta y le señalo la salida.
--Pero Kendra...
--No Tara, será mejor así.
Cerró la puerta cuando ésta salió, apoyó su frente en la puerta y unas lágrimas
traicioneras descendieron por su rostro hasta caer en el suelo, aguantó un sollozo, se
dió la vuelta pegando la espalda en la puerta y empezó a caerse hasta quedar en el suelo
sentada, cubriendo con sus manos el rostro, tratando de aguantar sus gritos de
sufrimientos, como aquellos que tuvo una vez en el pasado, no quería que Tara la
escuchara como sufría por un amor que nunca olvidó, pero alguna de las dos tenía que ser
fuerte y mejor ser ella que Tara, pues perdería mucho.
Mientras en la habitación de unas jóvenes, la más pequeña estaba ya dormida, había
acabado agotada por el trabajo de jardinería, otras dos llegaban de sus largas caminatas
y se encontraron en la escalera, no se querían mirar, subieron calladas, manteniendo una
distancia prudente entre ellas, cuando llegaron a su habitación se dispusieron a dormir,
aunque el sueño no llegaba para dos cabezas con sus pensamientos a flote, deseosos de
salir, una de las jóvenes se armó de valor y se levantó de su cama, se trataba de Tory,
fue a la otra cama y se quedó de rodillas mirando a Poli, ésta la sentía, pero no quiso
darse la vuelta, hasta que notó que le acariciaban la espalda, entonces se dió la vuelta
lentamente, encontrándose a unos ojos suplicantes y unos labios bastante cerca, que
rozaron tímidamente los suyos, pero como no tuvieron respuesta, Tory estaba
desilusionada; cambiando completamente a feliz su rostro, al tener dos manos en su cara
que la atraían a esos labios que ya había probado y que hacia días que notaba su
ausencia, su deseo creció acompañado de caricias que conocían sus cuerpos, amándose como
nunca hasta ahora se habían amado, entregándose como dos amantes perdidos en la pasión.
Tímidamente una inocente sonreía bajo las mantas, al escuchar los suspiros y gemidos de
sus dos amigas, estaba feliz de saber que estaban juntas, al menos esa noche, aunque un
profundo temor la invadió, pues qué pasaría al día siguiente, no volverían a estar
juntas o sí, lo que si tenía claro Mery era que nadie se iba a oponer a ése amor puro y
de eso se encargaría ella, aunque la insultaran, ella creía en ese amor y lucharía por
sus amigas.
El sol llegaba otra vez al colegio de señoritas, en el edificio de los profesores una
morena ya estaba vestida para hacer footing como cada mañana, suspiró recordando lo de
la anterior noche y necesitaba correr para despejarse de todo, ahora no era momento
para acordarse de penas ni de amores perdidos, encontrados otra vez, solo esperaba que
Poli le hubiera echo caso y le diera tiempo a su amiga, para que aceptara y pasara lo
que pasara debía entenderla, no se percató que también una rubia la seguía desde hacía
rato, sentía como alguien la acechaba de cerca, sus sentidos estaba agudizados y se paró
en un árbol grande, para protegerse y así hacerle una emboscada a la persona que iba
detrás de ella, cual fue su sorpresa al intentar asustar a la otra persona, cuando
descubrió que se trataba de Tara, ésta se cayó al suelo por la impresión, la morena se
acercó a ella y le extendió tímidamente la mano para ayudarla a levantarse del suelo,
dejándola a escasos centímetros de su cuerpo, pero sin soltar su mano, sintiendo su
tacto cálido y suave, escuchando su respiración acelerada.
--No deberías ir sola por el bosque, no sabes lo que te puedes encontrar.- dijo
seriamente Kendra.
--Te buscaba a ti.- contestó tímidamente, pero en susurro.
--¿No te quedo claro lo de a noche?.- inculpó.
--Necesitaba verte.- parecía suplicante.
--¿Por qué?
--Te necesito.
--Tara, tu y yo...- unos dedos taparon sus labios, como ella ya hizo la noche anterior.
--No necesito que te comportes como mi madre, ahora lo que quiero es que me escuches tu
a mi. Se que en el pasado te hice daño y sé que no querrás quedarte junto a mi, pero si
te marchas de aquí este colegio perderá a una gran profesora.
--Si yo no soy...
--Sé que lo eres, sabes dar clases mejor que tu tía, cuando se trata de poesía, lo
sientes aquí.- descendió su mano hasta el corazón- Y no me gustaría que te marcharas por
mi culpa, si hace falta la que se marche seré yo.- sentenció.
--Tara no puedes abandonar lo que tanto te ha costado conseguir, yo estoy aquí por
enchufe de mi tía, pero tu vale, aunque sea como psicóloga.
--Una psicóloga que no sabes como tratar a dos chicas enamoradas, que tiene que hacerles
ver que lo que sienten es mentira, ¡ya ves que psicóloga soy!.- dijo molesta.
--¿A qué te refieres?.- no entendía lo que quería confesarle.
--Pues que... los padres de Victoria pidieron al colegio que me contrataran, sino
dejarían de dar dinero al colegio, para que su hija dejara de estar con quien estuviese
y tratara de ser más sociable con su madre.
--¿Cómo?, no te entiendo.
--Ellos no sabían que ellas estaban juntas hasta que su hija menor les dijo lo que
pasaba, así que su idea es simple...- parecía horrorizada- Si Tory no cambia de idea con
respecto a Poli, puede que la ingresen en un centro, para tratar su supuesta enfermedad.
--Pero lo que me dices es una locura, vamos, ¿cómo pueden?.- incompresible.
--Y yo en lugar de remediarlo, lo que he hecho ha sido que Tory aceptara lo que sentía a
pesar de las consecuencias.- le confesó.
--Sigo sin entenderte, ¿qué has hecho?.- la miró a los ojos muy fría.
--Pues que si ella sentía realmente amor, pues que no lo dejara de un lado. Como hice yo
en el pasado, porque se arrepentiría, no pensé en ese momento en nada, no me acordé lo
que pasaría si ellas...
--¿Tara sabes lo que has hecho?, las cosas no son así, ellas no son...
--¿Como nosotras?, lo se, pero Kendra no podía ver como le pasaba como a mi, ella sufría
como lo hice en el pasado, sabía lo que la iba a pasar si negaba lo que sentía.- decía
entre sollozos, tratando de confesar algo que con una simple mirada se descubría.
--Tara no se trata de ti y de mi, ellas pueden perder mucho.
--¿Yo no perdí?.- la encaró.
--¿Qué perdiste?, te quedaste con un chico rico, tienes una familia. Ellas en cambio no
tienen nada con lo que puedan...
--Te perdí a ti, pensé que me comprenderías...
Kendra la besó tiernamente, sin pensar en nada, solo al escuchar aquellas palabras no
pudo refrenar su impulso de besarla, había dicho unas palabras mágicas, que la había
perdido y según como lo dijo lo lamentaba, estaba ahí no solo para comentarle lo que le
pasaría a Tory, sino también para intentar confesarle lo que sentía durante mucho tiempo,
separándose lentamente de sus labios, Kendra volvió a mirarla como la anterior noche,
pero esta vez Tara se aferró a su cuerpo sabiendo que la soltaría y la dejaría ahí otra
vez con la palabra en la boca.
--No volveré a perderte Kendra, no quiero, te amo demasiado para perderte ahora que te
tengo.
--¿Y tu marido y tus hijos?.- aquellas palabras le dolía mucho pronunciarlas.
--Mis hijos bien, gracias.- saltó risueña, extrañando a Kendra- Y mi marido un gilipoyas,
que me dejó por otra, llevo mucho tiempo tratando de buscarte para decírtelo, para
decirte que te amo y que actualmente estoy libre, solo para ti Kendra.- dijo suavemente,
esperando una reacción negativa por parte de la morena.
--Es algo raro.- dijo sin más.
--¿El qué?.- preguntó curiosa la rubia.
--Pues que una psicóloga este loca, es muy raro.- se burló, atrayéndola más a su cuerpo
y besando sus labios.- ¿Podrías tratarme?
--¿Por qué, qué tienes?.- la soltó y la miró preocupada.
--Estoy loca de amor, necesitaría la mejor psicóloga.- le guiñó un ojo muy seductiva.
--Cuando quieras.- se agarradó a su cuello y volvió a besarla, se separó ligeramente de
ella con algo de preocupación la miró a los ojos.- ¿Y qué vamos a hacer con respecto a
las chicas?
--Bueno, lo primero sería saber hasta que punto tus palabras han llegado y más tarde
buscar la mejor solución para ambas, ¿te parece?.- preguntó inocente.
--Me gusta la idea, aunque será mejor que nos soltemos para ir a verlas, ¿no?
Kendra comprendió lo que quería decir, ya que sus manos habían tomado vida propia y la
tenia bien sujeta por la cintura para que no se le volviera a escapar, como una niña
buena la fue soltando, pero no antes de regalarle un beso muy tierno, en compensación
por los años de tardanza, ambas no podían quitar sus grandes sonrisas, siguieron
caminado tranquilamente hacia el edificio de las habitaciones de las chicas,
encontrándose a una directora algo molesta, entre ambas había una separación prudente,
al ver también a los padres de Victoria y a los Paulina, ya se estaban temiendo lo peor,
la hermana de Tory estaba ahí algo contenta por la situación, la tía de Kendra parecía
que quería acuchillarla con la mirada, pero recibió la misma respuesta por parte de su
sobrina, nadie, ni siquiera su tía le iba a ganar en una batalla de miradas amenazadoras.
--Señoritas Benson y Harrison, ¿pueden explicarnos, por qué la habitación de dos jóvenes
está cerrada?.- preguntó la directora Vaugh.
--Yo acabo de llegar de correr, no se de que me están hablando.- saltó indiferente
Kendra.
--¿Señorita Benson?
--Yo he estado caminando tranquilamente, me he encontrado con Harrison y estoy tan
perdida como ella.- dijo inocente.
--Deberían de saberlo, la puerta de la habitación de mi hermana Victoria está cerrada,
he ido como cada mañana a despertarla y no se habría la puerta.- saltó la joven Moller.
--Eso no viene al caso ahora hija.- dijo un tono molesto su madre.
--¿Disculpa... ha vuelto a ir a una zona prohibida a las menores?.- inculpó Tara.
--Yo...
--¿Eso qué tiene que ver?, mi hija esta encerrada con esa depravada.- saltó la madre a
la defensiva.
--En realidad tiene mucho que ver.- puntualizó la directora Vaugh.- Según el reglamento
las jóvenes pequeñas no pueden entrar en las habitación de las mayores, a no ser que les
hayan dado permiso previo.
--¿Esta llamando a mi hija de cotilla?
--No, la acusa de incumplimiento del reglamento, eso es un castigo de deberes. Debería
saber señorita Moller que el reglamento es acto tanto para mayores como para pequeñas,
aunque sus padres estén presentes, usted ha incumplido una regla muy importante.- dijo
seriamente Kendra, por dentro disfrutaba de eso.
--Pero es la habitación de mi hermana.- se defendió Allison.
--Eso es cierto.- animó su madre.
--Señora Moller, sé que es su hija, pero la trajo aquí para que supiera comportarse como
una señorita y nos ha demostrado que de eso carece mucho.- decía fríamente Kendra.
--Lo que quiere decir la señorita Harrison, es que su hija, aunque su hermana viva en
ésa habitación no puede entrar, pues le pertenece al grupo de las mayores, sin reglas no
se puede tener control y mucho menos disciplina.- puntualizó la directora, orgullosa por
su sobrina.
--Bien, ahora ya esta aclarado un error de mi hija pequeña, ya la castigaran, ahora me
gustaría ver a mi otra hija. ¿Doctora Benson que estado tiene mi hija?.- miró
directamente a Tara.
--Su hija está en perfecto estado, no necesita ingresarla en ninguna parte.
--No le importara que tenga otra opinión, ¿verdad?
--¿Ingresarla a dónde?.- pedía explicaciones la directora Vaugh.
--Al parecer quieren llevarse a Victoria a un centro para arreglarle la cabeza, ¿no?.-
comentó Kendra molesta.
--No exactamente, pero casi, mi hija esta confundida y me gustaría que estuviera bien,
se ve que aquí no podrá curarse si sigue al lado de esa loca.
--¡¡¡Oiga, ésa loca es mi hija!!!.- gritó la madre de Poli ofendida.
--Es adoptada, que se espera de las hijas que no conocen a sus madres verdades y sobre
todo cuando éstas las abandonan.- saltó indiferente.
--Vuelva a decir una cosa más sobre Poli y olvidaré que es una señora, y me importa una
mierda que este su marido presente, la cogeré del pelo y a rrastras la echaré de mi
colegio.- amenazó Kendra a escasos centímetros de su cara, su voz era penetrante que
casi heló todo el cuerpo de la madre de Tory.
--¿¿¿Cariño no vas a hacer nada al respecto???.- trató de buscar ayuda.
--No cariño, ella tiene razón, deja a la chica en paz.
--¿No te importa tu hija?, siempre la dejas hacer lo que quiera.- le inculpó.
--¡¡¡Estoy harto que nos manipules a los dos!!!, deja a mi hija Tory en paz, ¿qué pasa
si esta enamorada de ésa chica?
--Todo pasa, es algo incorrecto.
--Señora Moller, el amor no es algo incorrecto, es a pasional, loco y ciego, el amor es
todas las cosas maravillosas de la vida que nos rodea.- saltó la directora Vaugh.
--¿Nadie piensa ayudarme?
--Yo mamá, están todos locos, parece que Poli les ha convencido, ésta loca casi se tira
del tejado.- informó Allison.
--¿Mi hija casi se tira del tejado?.- saltó asustada la madre de Poli.
--Si señora Oster y todo gracias a esa mocosa, y a la estupidez de la sociedad de que
miran con mala cara a dos personas enamoradas, por el simple echo de ser del mismo sexo.-
dijo Tara realmente molesta.
--No pensé que Poli pudiera estar enamorada.- dijo comprensible su madre.
--¡¡¡Están todos locos!!!.- exagerada gritó la madre de Tory.
--Le encarecía con respecto que se marchara civilizadamente, ¡si puede!, de aquí.- le
ordenó Kendra.
--¡Usted no tiene autoridad!
--Si la tiene.- saltó molesta la directora.
--¿Así, qué autoridad tiene?
--Es la encargada de la seguridad del colegio y también es la profesora de física,
aparte de literatura y poesía.- dijo furiosa la directora Vaugh, nadie salvo ella, se
podía meter con su sobrina.
--Será mejor marcharse cariño.- dijo su marido avergonzado por la escena que estaba
haciendo su mujer.
--Yo no me voy hasta que mi hija no aparezca.
--¡Vete al coche!.- gritó ordenando, su mujer se sorprendió, pero obedeció, cuando
estaba alejándose, se dió la vuelta y encaró a Kendra.-Bien, señorita Harrison podrá
encargarse de que mi hija reciba esto.- le entregó un sobre, lo cual, lo cogió
desconfiada Kendra, el hombre no soltó el sobre y se acercó a ella para tener un poco
de intimidad.- También dígale a mi hija que sea feliz y que no se preocupe por su madre.
Kendra se sorprendió, pero asintió con la cabeza confirmándole que se lo haría saber a
la joven en cuando pudiera, vieron como se alejaban los padres de Victoria, Allison iba
detrás de ellos tratando de comprender por que no hacían nada al respecto, toda la
escena la habían observado dos amantes desde la ventana, Victoria se aferró a Poli con
fuerza en el abrazo que mantenían durante todo el tiempo, desde que su hermana llamó
por la puerta exigiendo entrar, Mery estaba orgullosa de haber contribuído, pues había
sido ella quien cerró la puerta con una silla, encajándola en el pomo de la puerta, para
que ésta no se abriera y así que sus amigas no fueran descubiertas otra vez. Tara miró
hacia arriba viendo tres sombras en la ventana, dando por echo que las jóvenes habían
estado escuchando todo el ajetreo, pero por otra parte estaba curiosa, por saber que
habían hablado en secreto el padre de Tory y Kendra, observó como ésta escondía algo en
el bolsillo de su chaqueta, los padres de Poli estaban aún ahí, tratando de comprender
toda la situación.
--¿Qué va a pasar ahora?.- preguntó la madre.
--Su hija esta bien, no la sucede nada, solamente estuvo bajo una gran tensión estas
semanas y no pudo aguantar más.- intentaba aclarar Tara.
--¿Y sobre lo de... vamos que ella y la otra chica son...?.- No le salían las palabras
adecuadas.
--Su hija se ha enamorado de una persona y es feliz, como ha comprendido el señor Moller.-
ayudó un poco en la aclaración Kendra.
--Bueno, entonces no hay más que hablar, dígale a mi hija Poli que la esperamos para
estas vacaciones y que la entendemos, vamos que no la inculpamos, no vamos a
comportarnos como la madre de Victoria.- se burló, ocasionando unas risas en toda la
tensión, fue agradable.
--Usted tranquila señora Oster, su hija estará bien cuidada.- la consoló la directora.
También los padres de Poli se marcharon, pero estos más animados, pues en conclusión se
sentían orgullosos de su hija, por tratar de conseguir lo que amaba, la directora Vaugh
echó una mirada acusadora a Kendra, ésta simplemente sonrió inocente, Tara miró la
escena y se rió por dentro, sabiendo que su amiga se había metido en un lío, por haber
abusado de su autoridad, aparte por no informarla de lo que había pasado, pero cuando
miró a la directora se quedó de piedra, pues la estaba acusando también de todo lo
sucedido, por no haberle dicho por adelantado lo que los señores Moller, o mejor aún, la
señora Moller tenía pensado hacer con su hija después de su informe, agachó la cabeza
avergonzada.
--Bueno señoritas espero que arreglen algunas cosas.- las dos asintieron con la cabeza y
se disponían entrar al edificio.- ¡Por cierto!.- se pararon en seco temiéndose lo peor.-
Me alegra verlas de nuevo juntas, hacen buena pareja.
Les guiñó un ojo pícara y se marchó, dejándolas perplejas, nadie sabía nada, como podía
haberlo descubierto, si ellas mismas no sabían si estaban o no juntas, como era posible
que la directora lo supiera, Kendra miró la cara de Tara y se echó a reír a carcajada
suelta, no podía parar, ésta se estaba quedando blanca, con la boca abierta, tratando
de comprender de que se reía la morena, Kendra pasó un brazo por sus hombros y la
atrajo a su cuerpo para darle un abrazo tierno.
--¿Creo que nos han descubierto?, incluso antes que nosotras mismas.
Tara comprendió su risa después de esas palabras y ambas fueron subiendo las escaleras
riéndose, estaban triunfantes por sus logros, llegaron a la puerta y llamó, esperando
respuesta, pero nada, al parecer las jóvenes no querían abrir por miedo de que fueran
otras personas.
--Chicas abrir de una vez o me enfado.- les advirtió Kendra muy seria, pero sin quitar
la sonrisa de su rostro.
Mery fue quien abrió la puerta, después de quitar la silla atrancada, sacó la cabeza
para cerciorarse de que solamente eran ellas, abrió del todo la puerta dejándolas pasar,
las dos mujeres pasaron muy serias, Mery cerró tras ellas la puerta otra vez y esperó
la bronca junto a sus amigas, como tratando de protegerlas, Kendra por dentro estaba
disfrutando de la situación, de repente la pequeña Mery se había convertido en una
princesa valiente, Tara estuvo rato aguantando las risas, pero al encontrar la mirada
de la morena las dos estallaron de risas, tirándose juntas en la cama de Tory, por no
aguantar su piernas su peso, no dejaron de reír, incluso estaban llorando, dejando a
tres chicas perplejas, tratando de comprender lo que pasaba, aunque la risa era
contagiosa y al final cedieron a las risas también, después de varios minutos
desahogándose, Kendra empezó a recuperar el aire poco a poco, miró directamente a Poli.
--Bueno de parte de tus padres, que te esperan en las vacaciones.
--¿En serio, después de saber...?
--Si, al parecer lo único importante es que seas feliz.- contestó Tara risueña.
--Y Tory ésto me ha dado tu padre.- le extendió el sobre.- Y que seas feliz, aparte de
que no te preocupes por tu madre, que el señor Moller se encargara de ella, ¿vale?.-
dijo Kendra tratando hacerla comprender.
--¿Nos estas diciendo que...- saltó ingenua Mery.
--Que ambas pueden hacer su vida normal, que nadie se va a oponer.- terminó Tara.
--¿Pero cómo?, no puede ser, ¿así sin más?.- aún incrédula Poli.
--Mi madre habrá hecho gran escándalo, ¿no?.- preguntó tímidamente Tory.
--Solo un poco.- dijo burlona Kendra.- Ahora lo importante es que las dos seáis felices.
Victoria abrió lentamente el sobre de su padre, había gran cantidad de dinero y unos
pasajes para dos, donde el destino era ir con Poli a plantar árboles, tenían un
alojamiento para las dos, con todo pagado, empezó a dar brincos como loca, se lanzó a
los brazos de Poli, ésta estaba sorprendida y algo extrañada, pero no iba a renunciar
un abrazo de su amor, aunque sentía curiosidad, pues Tory dejó de abrazarla y se puso a
leer una hija que también tenia el sobre:
Hagas lo que hagas hija, no dejaré de quererte, no se si es verdad lo que tu
hermana nos comentó, pero a mi me es igual, mientras seas feliz, te comunico que no te
irás con tu madre a Italia como tenia pensado, porque se bien que a ti no te apetecía,
según tu directora me comentó algo sobre plantar unos árboles, me informé y te compré
los pasajes y preparé todo para tu estancia junto a tu amiga, si aún seguís siendo
amigas, claro. Te quiero Victoria y trata de que tu madre no te manipule, ¿vale?, un
beso.
--¿Bueno chicas que les apetece hacer?.- preguntó animada Kendra.
--¿¿¿Una fiesta entre nosotras???.- dijo tímidamente Mery.
--¡¡¡Vale!!!, sube la música Poli, vamos a ser las envidias de todas.- dijo contenta al
fin Tory.
Poli preparó su midicadena con una buena marcha, las 5 empezaron a bailar al ritmo de
rock and roll, como locas, haciendo una gran escandalera, pero felices al fin, unas por
recuperar un amor del pasado y otras por ser por fin libres, por poder ser ellas mismas
sin dar explicaciones a nadie, simplemente con su amor y la aceptación de sus padres,
aunque Poli ganaba en eso, su madre adoptiva también la había aceptado como era, pues la
quería mucho. Kendra bailaba bien pegada a Tara, ya por fin era feliz y nadie se iba a
interponer entre ellas, ni entre las que parecía sus clones, pues ambas se parecían
entre sí. Desde lejos la directora Vaugh junto a su amiga y profesora, miraban las
sombras bailar como locas, ambas se miraron felices.
--¿Crees que hemos echo bien?.- preguntó la profesora preocupada.
--Kendra se merece ser feliz por una vez, ha luchado mucho.- contestó orgullosa.
--¿Y las chicas?
--Es como si la historia se repitiera, a las cuatro les pasó lo mismo, la única
diferencia, ha sido que Poli y Tory tenían la misma edad, y eso fue lo que desencadenó
el intento de suicidio de Poli, mientras que en el pasado Kendra tuvo que asumir a sus
20 años, haberse enamorado de una chica de 17, he intentar olvidarla.
--Pero no lo consiguió.- puntualizó.
--Cuando el amor es puro y dos almas gemelas se encuentran nadie se puede entrometer.
--Aunque a veces la razón suele ganar al corazón.
--Lo sé, pero el amor suele traspasar todas las barreras cuando dos almas gemelas se
encuentran después de tanto tiempo.
Las dos mujeres brindaron con sus copas de champán, contentas al fin, porque todo
saliera como esperaban, que dos amantes volvieran a estar juntas y que dos enamoradas
supieran que podían estar juntas si se lo proponían de todo corazón y alma.
Porque el amor, es apasionado, loco, son todas las cosas que nos rodean, traspasando
todas las barreras.
Fin