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ODA A UN TIRANO
Por Nictea
Tres meses, son ya tres meses y mi dolor es igual al del primer día después de tu muerte,
Xena. Sin ti, todo es más difícil.
Tu persona y tu ignorancia,
siempre unidas de la mano;
tú, que robas la esperanza
con un puñal inhumano:
cuando seas capaz de ver
y observar cuanto se mece,
el dolor en mi pecho arder
y el amor que en mi alma crece,
sabrás que no hay lugar,
por tranquilo que éste sea,
donde yo encuentre la paz
donde allí yo en paz me vea.
Pues, ¿qué es ser libre entre rejas
si la llave que ha de abrirlas,
junto al temor y la pena,
en tu mano yace, eterna?
Has subido a una colina,
caminado con quien sueña,
sobre un valle al que domina
y la has sentido tu dueña.
¿Y con qué sueña, preguntas?
Un mundo bajo su yugo,
otra vida como tantas:
atada el alma en su nudo.
Mas no habrán de ver tus ojos
sino un prístino amor latente
que ha pasado ajeno a otros
y ahora se hace patente.
Y yo avanzo mientras siento
que no habré nunca de llorar
pues es semejante el viento
a lo que llaman libertad.
Y es ese aire la fuerza,
que acompaña a mi destino,
la que franqueará las puertas
a lo largo del camino.
Puertas que detrás esconden
la más grata recompensa.
La voz, como yo, hay quien pierde;
otros vengan mi conciencia.
La lluvia no es siempre amarga;
la luz en exceso ciega;
¿dónde queda la belleza
si su opuesto no existiera?
Y si algo has de aprender,
en tu afán por conquistar,
es que habrás de perecer,
pues siempre hay a quien amar.
Gabrielle.
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