Capítulo I
Un Duro Encuentro
A las afueras de la gran ciudad de París se encontraba el Internado de San George para
señoritas el cual era considerado uno de los más prestigiados de toda Francia, en el se
enseñaba a las jovencitas futuras esposas de ricos jóvenes empresarios a comportarse
como unas verdaderas damas de sociedad, se les enseñaba música, arte, cocina, tejido,
literatura, matemáticas básicas, historia universal, danza, equitación y jardinería
básica; también había materias exclusivas para las chicas que tenían vocación de
servicio a Dios y estas eran religión, latín (era la única escuela que enseñaba a las
mujeres esta materia) y lo básico de medicina. Todas las que asistían a esa escuela se
esmeraban por convertirse en verdaderas damas de sociedad algunas ya se hallaban
comprometidas incluso desde el mismo día de su nacimiento, otras en cambio estudiaban
con el firme deseo de convertirse en mujeres santas y devotas de Dios como era el caso
de Jeanne, quien soñaba con ser monja desde muy pequeña. El Internado poseía un jardín
que era más bien un pequeño bosque que rodeaba la escuela era tan grande que incluso
había varias colinas y un pequeño lago rodeado de hermosos árboles y flores multicolores
al cual por supuesto no tenían acceso las estudiantes; existían cuatro capillas y la
Iglesia donde se llevaba a cabo la graduación de las Damas de Sociedad; el edificio
donde se hallaban los dormitorios no era muy grande y por ello se disponía de dos
jovencitas por habitación. El comedor era enorme con mesas comunes y se servia el
desayuno a las 7:00 am, el almuerzo era a las 12:00 pm y la comida a las 3:00 pm la
merienda era a las 6:00 pm y la cena a las 7:30 pm. Todos los días se celebraban dos
misas una por la mañana a las 6:00 am y por la tarde a las 2:00 pm, el sistema era
rigurosamente católico y era manejado por monjas solo había un padre el cual ya estaba
entrado en años y casi siempre se dormía en el confesionario.
Para Jeanne Gefoym la vida del internado era maravillosa, ella era la segunda hija de
Jean Pierre Gefoym un empresario si bien no tan importante era lo suficientemente
significativo como para que su hija fuera educada en ese Internado, él como su esposa
sabían las intenciones de su hija para convertirse en monja y estaban de acuerdo con
ella, sin embargo su padre le hizo prometer que si un día él la necesitaba ella tendría
que aceptar por esposo a quién él eligiera por el bien económico de la familia a lo cual
un poco renuente Jeanne terminó por aceptar y era por ello que todas las noches rezaba
a la Virgen y a Dios para que su padre siempre triunfara en sus negocios y así ella
poder dedicarse a lo que más amaba... la religión. Jeanne compartía la habitación con
otra chica la cual era de delicada salud, eran buenas amigas y ambas tenían el mismo
objetivo llegar a ser monjas para con el tiempo llegar a ser Madres superiores, sin
embargo un día la joven de ojos verdes y de precioso cabello rubio dorado, se quedó sin
su mejor amiga ya que un día simplemente un lujoso automóvil fue por Camille y esta al
despedirse de su rubia amiga le informó que debido a su precaria salud sería trasladada
a otro país que tenía un clima un poco más cálido y también le dijo que había escuchado
que al día siguiente le presentarían una nueva chica que sería su compañera de cuarto y
no solo eso, era además la hija de un importantísimo hombre de negocios así que ella
debía mostrar una educación intachable para con la chica que sería su nueva compañera.
Al día siguiente Jeanne se levantó muy temprano tenía ganas de rezar se vistió con su
uniforme el cual constaba de una blusa de manga larga de un blanco inmaculado que
llevaba bajo el cuello una mascada azul oscuro la cual tenía que ir perfectamente atada,
un suéter bordado a mano también en azul oscuro con botones dorados y una falda del
mismo color que llegaba hasta los tobillos, calcetas blancas y zapatos de planta baja
negros; recogió su cabello en una hermosa trenza dorada y salió de su habitación;
mientras Jeanne caminaba rumbo a la capilla observó a un hombre de aproximadamente
cuarenta y tantos años según sus cálculos que hablaba acaloradamente con una joven
mujer de piel blanca, ojos azules como zafiros de cabello tan largo como el de ella
pero que a diferencia del suyo ese era negro con brillos azulosos, la joven le gritaba
que no quería estar ahí y el hombre le dió un bofetadón que le hizo volver el rostro,
Jeanne se quedó impactada al ver la escena deteniendo su paso y mirando asombrada a la
joven que solo se llevó la mano a la mejilla y levantando el rostro miró de forma
retadora a su padre.
- ¡Harás lo que yo diga! - fueron las palabras de aquel hombre quien acomodándose la
corbata miró a su hija seriamente - si no lo haces por mí hazlo al menos por tu madre -
la chica al escuchar esa última palabra se quedó helada en su sitio mirando hacia la
nada, el hombre se acomodó su fino sombrero y dándole una última mirada a su hija se
retiró, al hacerlo pasó a un lado de Jeanne - ¿No te han enseñado que es de mala
educación espiar a la gente? - dijo aquel hombre sin detenerse a escuchar la respuesta
de la joven.
- Yo... yo... - titubeó Jeanne - lo siento - dijo con voz queda solo para ella ya que
aquel hombre no la escuchó - Jeanne miró en dirección de la chica pero esta ya se había
ido... ¿dónde estaba? Ella no tenía la respuesta y se dió cuenta de que era mejor
seguir su camino.
Jeanne llegó a la capilla y como siempre esta se hallaba vacía a aquella hora de la
mañana, eso la hacía sentirse a gusto sentía que estaba en comunicación con Dios y que
este oía sus ruegos, se postro frente a la imagen de Cristo y comenzó a orar. Habían
pasado solo unos minutos cuando.
- Pierdes tu tiempo - una voz profunda pero femenina le hizo volver el rostro un poco
asustada - él no te escuchará... no lo hará.
- ¿Có... mo?... - preguntó un poco extrañada Jeanne sin levantarse.
- No pierdas tu tiempo... - repitió la chica de los ojos azules - él no contestará tus
ruegos - miró la imagen de Cristo y cerrando los ojos se recargó en la puerta de madera
que daba paso a la entrada de esa capilla.
- Eso... eso - dijo Jeanne levantándose - no es verdad - le sonrió a la chica pero
esta tenía sus ojos cerrados - él escucha todos nuestros ruegos y cuida de nosotras y de
nuestras familias - al hablar de Jesús la cara de Jeanne se iluminaba - nos protege y
nos da sabiduría - la chica de los ojos azules frunció el entrecejo mientras Jeanne
continuaba hablando.
- ¡No digas estupideces! - le gritó la chica de cabello negro abriendo sus hermosos
ojos azules y mirando fríamente a una asustada Jeanne - ¡no digas tonterías! - empezó a
caminar lentamente hacia la asustada joven - él no escucha tus ruegos... por más que
ruegues, supliques, llores - dijo con voz triste y enfadada a la vez - ... prometas...
él simplemente ignora tus suplicas... ¿por qué?... ¿puedes decirme por qué? - La chica
de los ojos azules estaba a solo unos pasos de Jeanne mirándola sin expresión en su
rostro pero mostrando en esos fríos ojos azules un coraje y tristeza infinitos - Puedes
decirme ¿por qué?... - volvió a preguntar la chica.
- Yo... - instintivamente Jeanne dio un paso hacia atrás - yo...
- Lo ves no puedes decirme nada siquiera - la chica avanzó un par de pasos más y en un
rápido movimiento tomó a Jeanne firmemente por la cintura mirándola fijamente a los ojos -
podría... - dijo aquella chica mirando fríamente a Jeanne - ...hacerte mucho daño - una
fría sonrisa cruzó el lindo rostro de la joven de ojos de hielo y atrajo el pequeño
cuerpo de aquella chica hacia sí pero sin llegar a tocarlo con su propio cuerpo - ...
podría... - soltó una mano de la cintura de la chica rubia y llevándola al rostro de
Jeanne y le acarició la mejilla con el envés - podría... lastimar tu lindo rostro, así
que empieza a rezar para que no lo haga ya veremos si Cristo te ayuda.
- ¿Qu... qué?... ¿por... qué? - Jeanne abrió grandemente sus ojos mientras observaba
como aquella chica levantaba poco a poco la mano, Jeanne sabía que aquella chica hablaba
en serio, solo fue capaz de cerrar los ojos con fuerza y mientras su cuerpo temblaba
oró porque aquella chica no le hiciera daño.
- Señorita Sarah ¡qué esta haciendo? - Una voz hizo que la chica de ojos de hielo
soltara a su pequeña presa - ¿señorita Sarah? - volvió a preguntar una de las monjas
mientras miraba la sonrisa de fastidió que le obsequiaba Sarah y el rostro pálido de
Jeanne quien miraba con alivio a la monja, al no haber respuesta de parte de Sarah la
monja se acercó a ellas - Señorita Sarah la Madre Superiora la espera va a presentarla
después de la misa así que vaya con ella ya que quiere hablar con usted - la voz de la
monja plagada de un tono imperativo provocó una mueca de disgusto de parte de Sarah
quien se volvió rápidamente a ver a Jeanne y le sonrió de manera estoica.
- Fue suerte... solo eso - dijo en voz queda Sarah - la próxima vez no la tendrás -
Sarah lo dijo en tono amenazante.
- He escuchado eso señorita Sarah así que absténganse de tocar a la señorita Jeanne ¿ha
entendido? - Sarah la miró con gesto de fastidio y se encaminó rumbo a la entrada de la
capilla - ¿Es que no me ha escuchado señorita Sarah? - preguntó levantando la voz
aquella monja.
- Ya la he escuchado hermana - dijo Sarah levantando la mano derecha y sin voltear a
verla.
- ¿Estas bien Jeanne? - preguntó la monja mirando el aún pálido rostro de la joven
estudiante.
- Sí, sí hermana... gracias - dijo Jeanne tragando un poco de saliva.
- Anda no te preocupes informaré de esto a la Madre Superiora.
- No, no hermana, no es necesario.
- Pero ella te amenazó.
- Estoy segura que lo dijo solo en broma... creo que... solo quería asustarme...
"tu lindo rostro" - las palabras de Sarah volvieron por un segundo a su mente -
por favor hermana Marie prometa que no lo dirá a nadie, por favor.
- ¿Estas segura? - preguntó la hermana mostrando preocupación.
- Sí hermana no ha pasado nada, estoy bien ¿no es así?... - le sonrió a la hermana -
el Señor me ha protegido.
- De acuerdo - le sonrió y antes de salir ambas se santiguaron frente a la Imagen de
Cristo y tomaron rumbo a la Iglesia en donde se llevaría la misa de las 6:00 am.
*****
Después de misa la Madre Superiora presentó a Sarah Reimyn hija del rico y exitoso
empresario Olivier Reimyn, se escuchó un murmuro generalizado al ver a la alta chica
vestida con el uniforme correspondiente.
- Escuché que ya había estado aquí pero que por su comportamiento fue expulsada.
- Yo he escuchado que no cree en Dios.
- Sé que tienen un carácter casi endemoniado.
- No sé quién es ella pero por lo que escucho no es una buena persona.
- "¿Será cierto todo ello?" - se preguntó Jeanne mirando la figura de alta
chica cuya mirada estaba muy lejos de ese lugar.
Los murmullos eran cada vez más elevados.
- ¡A callar señoritas! Que las damas de sociedad no se rebajan a cuchichear como si
fueran... - la madre no terminó la frase cuando ya todas habían guardado silencio - muy
bien, recuerden siempre guardar la compostura y ahora como siempre salgan primero las
de la primera fila y vayan directo a sus respectivos salones de clases.
Todas las chicas se fueron levantando en orden y salieron tal y como les había dicho la
hermana, era una costumbre que ya todas ellas tenían por sabido. La Madre Superiora
miró directamente a los ojos a Sarah y le obsequio una sincera sonrisa.
- Sarah espero que este tiempo que has pasado fuera del Internado te haya servido de
algo y ahora estés dispuesta a comportarte de una manera correcta; después de la cena
ven a mi oficina y te llevaré personalmente a tu nueva habitación. Tu equipaje ya está
en ella, por la noche antes de dormir podrás arreglarlo.
- Sí, Madre - Sarah sonrió y de la manera más elegante pidió permiso para retirarse a
clases.
Mientras salía fuera de la Iglesia su rostro se fue tornando serio, duro, un velo de
indiferencia cubrió sus lindos ojos azules.
*****
La clase de Historia Universal era una de las favoritas de Jeanne, siempre ponía
especial atención a la hermana Isabelle quien tenía un maravilloso don para la
recitación, sin embargo ese día su verde mirada se hallaba posada sobre la espalda de la
joven Sarah quien miraba a través del ventanal hacia la lejanía, Jeanne pudo observar el
dolor y melancolía expresado en los ojos de la chica de negra cabellera gracias al
reflejo del ventanal, y se preguntó ¿por qué esa chica se hallaba tan triste?... de una
u otra forma quería averiguarlo, sentía una enorme necesidad de ayudarle a sanar sus
heridas.
- "Tu lindo rostro" - las palabras de Sarah volvieron a su mente otra vez y un
leve rubor cubrió sus blancas mejillas, desasiéndose de ese pensamiento regresó su
atención a la clase, pero cada cinco minutos sus ojos vagaban hacia el lugar que ocupaba
Sarah.
La clase terminó y como siempre entre cada clase se les otorgaba a las estudiantes 20
minutos para sus oraciones las cuales podían realizar en la capilla o bien en los
alrededores del pequeño bosque sin llegar al lago. Sarah se adentró al pequeño bosque y
Jeanne le siguió no muy de cerca, la luz del sol se filtraba por las ramas de los
árboles y una leve brisa acariciaba el rostro de la joven rubia. En un momento
determinado Jeanne perdió de vista a Sarah se quedó un momento de pie viendo hacia todas
las direcciones pero simplemente no podía verla, decidió entonces seguir de frente pero...
- ¿Por qué estas siguiéndome? - la voz firme y grave de Sarah se escuchó en derredor
de Jeanne.
- ¿Eh?... - Jeanne miró en todas direcciones pero no vio a nadie.
- ¿No vas a responder? - preguntó Sarah mirando a Jeanne con fastidio.
- ¿Dó... dónde estas? - preguntó la joven rubia.
- ¿Acaso importa? - respondió Sarah sin dejar de ver a la chica de verdes ojos, sin
embargo esta vez Jeanne distinguió claramente de donde provenía esa voz y levantando la
vista... pudo observar a Sarah de pie recargada en el tronco de un árbol pero se hallaba
sobre una de las ramas superiores.
- ¿Qué, qué haces allá arriba? - preguntó preocupada.
- Eso a ti no te importa - volvió el rostro a un lado para no ver a Jeanne - y mejor
responde ¿por qué me estas siguiendo?... ¿te envió acaso la Madre Superiora para que me
vigilaras? - frunciendo el ceño Sarah volvió a mirar a la joven que mostraba gran
preocupación en sus ojos verdes.
- ¿Por qué haces eso?... Ba... ja... baja de ahí antes de que te caigas y te hagas
daño.
- ¿Hacerme daño?, ¿bromeas? - la joven de fría mirada soltó una franca risotada - he
hecho esto toda mi vida así que no me subestimes niña tonta - Sarah sonrió displicente.
- Por favor, baja... yo... nadie me ha enviado - suplico Jeanne llevándose la Biblia
al pecho y sujetándola con fuerza.
- ¿Esa es la Biblia? - Sarah sonrió de forma estoica mientras con rápidos movimientos
bajaba del árbol.
Jeanne no respondió tenía el alma a punto de salirse de su cuerpo por la preocupación de
que esa chica inconsciente fuera a lastimarse.
- ¡Oh!, ¿no me digas que quieres convertirte en monja? - dijo Sarah bufonamente
mientras se acercaba a pasos lentos hasta quedar frente a Jeanne.
- Yo... - dijo Jeanne un poco más calmada - yo, sí - sonrió de forma radiante - sí,
ese es mi deseo convertirme en Monja y servir a nuestro señor Jesús.
- Huuuummmm... ¿y no se te hace que no tienes pinta de monja? - miró indiferente a la
chica rubia, sosteniéndole la barbilla con su mano.
- ¿Cómo? "¿es qué acaso se debe de tener cierto aspecto para ser monja?" -
pensó Jeanne.
- En cualquier caso, eso no me importa - dijo a alta chica mirando el rubor que cubría
las blancas mejillas de Jeanne - solo responde la miró fríamente - ¿Por qué me seguías? -
una vez más frunció el entrecejo.
- Yo... - Jeanne tragó saliva antes de responder - yo solo... solo quería saber ¿por
qué estas tan triste? - en los ojos verdes de la chica se mostró una sincera preocupación.
- ¡Qué? - Sarah soltó la barbilla de la otra chica y le miró extrañada - no sé de que
estas hablando - Sarah cerró las manos formando puños y apretándolos con fuerza -
escúchame bien niña no necesito nada de ti ¡entendiste?... así es que quiero que esta
sea la primera y última vez que me sigas ¡te ha quedado claro? - Le lanzó a la joven
rubia una mirada llena de odio y de desprecio.
A lo lejos se escuchó la campana de la Iglesia que indicaba a las alumnas regresar a sus
respectivos salones de clase ya que estas estaban apunto de comenzar. Sarah caminó de
regreso a los edificios escolares al pasar junto a Jeanne...
- Así que tu me buscaste De motu proprio(1)... que estupidez - dijo por lo
bajo la joven de obscuros cabellos, dejando perpleja a Jeanne.
- "Sabe Latín" - pensó la joven de verdes ojos - "¿también querrá ser monja?"
- ¡Y por cierto! - dijo Sarah alzando un poco la voz - ¡no quiero que me mires en
clases! - y sin detenerse siguió su camino.
- ¿Cómo?... ¿cómo supo que yo...? - sintió calor en sus mejillas y un poco confundida
empezó su marcha rumbo a su clase.
*****
Después de la oración correspondiente a las alumnas les fue servida la cena, aún sin
desearlo Jeanne no podía dejar de mirar en dirección de Sarah que se hallaba sentada al
final de la mesa, su manera de tomar los alimentos era sin duda elegantísima, incluso
Jeanne nunca podría comportarse de esa manera, sintiendo la mirada de esos ojos verdes
Sarah levantó la mirada y miró fijamente a la joven rubia, ésta de inmediato bajó la
mirada sumamente apenada, no entendía muy bien el porque esa chica le odiaba tanto,
¿qué le había hecho ella para que se comportara de esa forma?, no tenía la respuesta,
haciendo un gran esfuerzo dejó de mirar a Sarah y siguió en sus propias cavilaciones.
- Demos Gracias a Dios y ahora dispongámonos a ir cada cual a su respectivo dormitorio -
indicó la Madre Superiora dando el permiso para que las alumnas se retiraran.
Al escuchar la palabra dormitorio Jeanne recordó de golpe que tendría una nueva
compañera de cuarto, "¿acaso sería ella?" pensó la joven rubia mientras miraba
en dirección de Sarah, sin embargo esta tenía la mirada posada en el gran vitral que
adornaba el comedor y cuyo tema era la crucifixión de Cristo. Llegó el turno de Jeanne
para salir del comedor, bajó la mirada y salió un poco apesadumbrada; caminó por los
pasillos semi-iluminados del edificio que ocupaban como dormitorios; las chicas que
caminaban delante de ella platicaban amenamente mientras ella caminaba sola, extrañaba
a Camille, ella la comprendía y tenían mucho en común pero su amiga ya no estaba más
con ella y eso... eso la hacia sentir...
"Si estuvieras aquí Camille, todo sería distinto, en estos momentos platicaríamos de
cualquier cosa, de la Virgen María, de Cristo o tal vez de los Santos Apóstoles, tu me
sonreirías diciéndome que irías a los lugares más remotos de la tierra para cuidar de
los enfermos y enseñar la palabra de Dios, pero ahora, ahora que no estas, realmente me
siento sola"; llegué a mi habitación, tras abrir la pesada puerta de madera me
dispuse a efectuar mi ritual de siempre; primero dejaría mis libretas y la Biblia sobre
mi pequeño escritorio hecho de caoba, después retiraría el rosario de mi cuello el cual
era un regalo que mi abuela me dió antes de morir y lo dejaría dentro de la pequeña caja
de madera de cedro con incrustaciones de plata que papá me regaló hace algunos meses
cuando entre en este internado. Después... llamaron a la puerta con leves golpeteos.
- Adelante - dije mientras la puerta se abría lentamente.
- Jeanne - esa era la voz de la Madre Superiora - ¿podemos pasar? - preguntó
afablemente.
- Por supuesto Madre Superiora - hice una leve reverencia ante ella mientras entraba
seguida de Sor Marie y de... Sarah - No me había percatado pero a un lado de la cama
que antes solía ocupar Camille se hallaban unas maletas ¿cómo es que no las había visto?
- La señorita Sarah Reimyn será tu nueva compañera de cuarto - miré a Sarah quien no
solo me ignoró, sino que parecía cansada y fastidiada de tanto protocolo - quiero que le
hagas sentir cómoda y espero que se lleven bien, como buenas hermanas - ante el último
comentario de la Madre Superiora pude percibir de parte de Sarah una estoica sonrisa
que apenas afloró en sus labios - Muy bien, continuó la Madre Superiora les dejamos
solas para que se conozcan - la Madre Superiora salió del cuarto junto con Sor Marie
quien me miró un poco preocupada pero a mi parecer mi sonrisa le tranquilizó un poco,
miró de reojo a Sarah quien tomó una maleta y la abrió concentrándose en su contenido.
La puerta se cerró dejando en el aire una atmósfera de tensión entre mi nueva compañera
de cuarto y yo, ¿qué debía hacer? ¿le saludaría? ¿me ofrecería cortésmente a ayudarle?
¿le debía a caso dejar en paz?... simplemente no sabía que era lo que debía hacer me
quedé de píe mirándola mientras ella continuaba sacando algunas prendas de ropa y las
dejaba sobre la cama.
- ¿No tienes otra cosa mejor que hacer que estar mirándome? - La voz profunda y grave
de Sarah me tomó por sorpresa.
- ¿Có... mo...? - instintivamente di un paso hacia atrás cuando ella se irguió y me
miró con tedio.
- Deja de estar mirándome monja no quiero ni siquiera notar tu presencia en esta
habitación ¿has entendido? - su voz plagada de imperialismo se me antojo como una orden
que debía seguir al pie de la letra.
No dije nada me di la vuelta y me acerqué a mi cama me senté a la orilla de la misma y
seguí con mi habitual rutina; estaba por quitarme la blusa pero por un momento me sentí
incómoda, esa era la primera vez que me desvestiría frente a Sarah, sentí el rubor
cubrir mis mejillas... ¿qué debía hacer? ¿permanecer de espaldas a ella para ponerme mi
ropa de dormir o bien entrar en el cuarto de baño para cambiarme?... quizás ¿sentarme
frente a mi escritorio y repasar las lecciones del día de hoy?... no sabía que hacer así
que me quedé sentada de espaldas a ella no sé por cuanto rato; la frescura del viento
agito mis cabello ligeramente, volverme vi a Sarah de pie frente a la ventana abierta
que daba al balcón, vestía unos pantalones negros, camisa masculina de mangas largas en
el mismo color y unas botas negras de piel, su cabeza se hallaba adornada por una boina
negra francesa, se veía indudablemente impactante, pero ¿qué es lo que esa chica iba a
hacer?
- Apaga las luces - me dijo en tono imperativo, por un momento me quede en mi lugar
sin salir de mi sorpresa por verla vestida así - ¿No me escuchaste? - me preguntó al
tiempo que volvía poco a poco su rostro hasta mirarme con esos ojos de hielo - te he
dicho - continuó - que apagues las luces.
- S... sí - fue lo único que atine a decir mientras hacia lo que ella me indicaba.
- ¿Aún siguen pasando a checar que estemos en cama a media noche? - preguntó
regresando su mirada al frente.
- Sí - le respondí mirando sus espaldas.
- Bueno en ese caso ya verás la forma de que no descubran que no estoy en la
habitación.
- ¿Cómo?... - en ese momento tomando impulso comenzó una corta carrera hasta el balcón
antes de llegar a las balaustras dio un salto y con una habilidad felina se aferró a la
rama de un árbol subió sobre ella y siguió su camino sujetándose a la perfección para
no caer, lo hizo de manera tan rápida que en poco tiempo la perdí de vista.
Cuando tomé conciencia de lo que estaba sucediendo me entraron unos nervios espantosos,
esa chica se había escapado de la habitación y encima de todo tenía que ver la forma de
que no se dieran cuenta de ello, cerré la ventana pero no le puse seguro sabía que esa
chica al regresar si es que lo hacia entraría de misma forma en la que salió, a un lado
de mi cama estaba un viejo reloj que marcaba las 10:45 de la noche... ¿es qué tanto
tiempo había pasado desde que esa chica entró en la habitación?, no había tiempo para
esas preguntas miré en derredor pensado en que hacer, sin embargo no se me ocurría nada
tenía poco tiempo para cambiarme de ropa e ingeniármelas para hacer que pareciese que
Sarah estaba dentro de la habitación... los nervios no me dejaban pensar muy bien, por
más que miraba y miraba no se me ocurría que hacer, caminé por la habitación de un lado
a otro durante un rato, volví a mirar el reloj y ahora marcaban las 11:25, sentí que el
corazón se me salía del pecho por la fuerza con que latía, muy bien, muy bien, ¿qué
podía hacer?, seguía sin la respuesta me acerqué a mi cama y me tiré sobre ella boca
abajo, sin duda no había otra salida, tendría que decir la verdad y decirle a Sor Anne
o a Sor Catherine que Sarah había escapado... hundí mi rostro en la almohada porque
tenía verdaderas ganas de llorar, fue entonces cuando me percaté de que podía usar su
almohada y la mía para aparentar que ella estuviese durmiendo. ¡Sí!, esa era la solución,
rápidamente tomé mi almohada y me acerqué a su cama para llevar a cabo mi idea, después
de aproximadamente 15 minutos quedé satisfecha de la forma en que había quedado todo,
sí, se veía muy real. Y ahora era mi turno, me desvestí lo más rápidamente posible y
después de ponerme mi ropa de dormir y hacer mis oraciones me metí en la cama... tenía
miedo, ¿qué sucedería si alguna de las hermanas se daba cuenta de que Sarah no estaba?...
yo sería cómplice directamente de ella por no dar aviso desde el momento en que salió,
si se daban cuenta seguramente llamarían a mi padre y tal vez hasta me expulsasen del
Internado, con mil miedos recorriendo mi mente esperé a que apareciera alguna de las
hermanas... por fin pasada la media noche escuché como la puerta se abría lentamente,
cubrí mi cabeza con las cobijas y me preparé para lo peor, los segundos me parecían
horas, el corazón me latía con tal fuerza que sentí que se me saldría del pecho,
esperaba que de un momento a otro la hermana tocara mi hombro para darle explicaciones...
no obstante, par mi sorpresa solo escuché cuando la puerta se cerró, tras unos
instantes saqué la cabeza de entre las cobijas y me percaté de que la habitación seguía
a obscuras y de que ya todo había pasado, la hermana creyó que Sarah estaba durmiendo...
ese pensamiento me hizo soltar un gran suspiro de alivio y sentí que mi corazón volvía
a tranquilizarse, coloqué mis manos debajo de mi cabeza y me quedé observando el techo,
la mente la tenía vacía de cualquier pensamiento, por el momento todo estaba bien ahora
solo me quedaba esperar a que Sarah volviera... Sarah... ¿por qué actuaba de esa forma?...
¿por qué su padre la había golpeado de esa forma?... ¿por qué me dijo que Dios no
escucha mis súplicas?... ¿por qué?... ¿por qué esa mirada tan triste?... ¿por qué esa
rabia en sus ojos?... de tanto pensar me fui quedando dormida.
Un ruido hizo que me despertará, de momento me atemoricé, pero rápidamente me vino a la
mente lo que había ocurrido hacia a penas unas horas. Volví el rostro a un lado y
contemplé a Sarah quien se encontraba cerrando la ventana por entre las cortinas se
filtraba la luz de la luna iluminando tenuemente la habitación. Por un segundo me
enfadé mucho y haciendo acopio de coraje me levanté de la cama y me planté frente a la
alta chica, a pesar de su altura comparada con la mía no me intimidé y levantando el
rostro le miré directo a esos ojos fríos como el mismo hielo.
- ¿Qué quieres? - me preguntó frunciendo el ceño.
- ¿Estas loca? - le espeté molesta pero sin levantar la voz - ¿cómo se te ocurre salir
de esa forma? ¿y si te hubiesen descubierto?...
- Pero no lo hicieron ¿verdad? - respondió secamente mientras me daba la espalada.
- ... ¡? ... Sí lo se, pero ¿qué hubiera pasado si lo hubieran descubierto? ¿por qué
actúas así? ¿por qué haces eso? ¿qué sucede contigo?... ¿qué hubiera pasado conmigo si
algo hubiera salido mal?... ¿por qué...
- ¡Basta! - me tapó la boca con su mano e inclinándose un poco sobre mi rostro me miró
detenidamente se veía realmente molesta y en ese momento me arrepentí de haberme levantado,
su aliento estaba levemente plagado de alcohol. ¡Encima de todo había bebido? - Desde
que llegué a este lugar - continuó hablando sin dejar de mirarme - me has estado
molestando con tus preguntas. ¿Por qué? ¿Por que? ¿Por qué? ¿Por qué? eso es lo único
que sale de tu boca... ahora yo te voy a preguntar - ¿Quién rayos te crees tu para
estarme molestando de esa forma?... ¿Por qué siempre me estas preguntando por qué? ¿qué
quieres de mi?... ¿qué es lo que buscas?... ¿por qué me sigues? - retiro su mano de mi
boca, instintivamente di un paso hacia atrás pero ella me sujetó de la cintura con
firmeza y acercó su rostro demasiado al mío sin dejar de clavar sus pupilas sobre las
mías.
- Y... o... yyo... - tragué saliva - yyo... - me quedé sin palabras, solo era
conciente de esos ojos que me examinaban inflexiblemente... ante eso y por la presión
que había vivido hacia unas horas sentí que todo se obscurecía de golpe frente a mí.
La sostuve entre mis brazos, debí haberle causado una gran impresión y es por ello que
debió desmayarse, eso era lo único que me faltaba, ahora debía llevarla a su cama...
pude levantarla con facilidad era pequeña y no pesaba demasiado, la deposité en medio de
su cama y me senté a su lado. Por un momento me preocupé, ¿qué haría si algo le había
ocurrido?... ¡maldición!, pero ¿por qué esta tonta tenía que estarme molestando?... ese
pensamiento no me tranquilizó, seguí observando a la chica, no me había percatado de
que tenía un hermoso rostro, parecía casi un ángel... si tan solo supiera mantener la
boca cerrada lo parecería a todo momento. Me levanté de la cama y le cubrí, esperaba
que se encontrara bien, fui por su almohada y se la acomodé, después de mirarla por un
rato, decidí no volver a entablar ningún tipo de conversación con ella haría de cuenta
que no existía, eso era lo mejor y lo que buscaba para mí de todas aquellas que se
encontraban en ese Internado.
*****
El sonido de la campana que anunciaba la misa de la mañana me despertó, abrí los ojos
lentamente, me dolía levemente la cabeza, por un momento permanecí sin moverme intentaba
recordar lo sucedido... tras unos instantes recordé todo lo que había pasado la noche
anterior y me senté rápidamente sobre la cama, Sarah estaba aun durmiendo su rostro
denotaba tranquilidad, al verla así con esa paz en su rostro se me hacia difícil creer
que fuera esa chica de mirada impasible y llena de tristeza. Me pregunté si debía
despertarla... tras dudar unos segundos, tomando fuerza me acerqué a ella y le toqué
levemente el hombro, momentos después abrió perezosamente sus grandes ojos, al mirarme
me dio la espalda.
- ¿Qué quieres monja? - me preguntó sin emoción en su voz.
- La misa comenzará en quince minutos - le dije un poco tímida.
- ¿Te he pedido que me despertaras? - me preguntó de forma indiferente.
- No - le respondí cabizbaja.
- Entonces déjame en paz monja, no quiero que me vuelvas a dirigir la palabra
¿entendiste?
- ¿Por... qué?... - pregunté tristemente.
- ¿De nuevo lo mismo Monja? - esta vez su voz tenía un tono definitivo.
No le respondí, recordé levemente lo ocurrido la noche anterior y supe que debía dejar
las cosas así, comencé mi habitual rutina de las mañanas y al terminar tomé mis libretas
y salí de la habitación mirando una última vez a Sarah quien parecía seguir durmiendo.
*****
La mañana estaba un poco fría sin duda el invierno se estaba anunciando ya; dentro de
medio año estaría cursando mi segundo año en el Internado y con ello al final del mismo
empezaría mi noviciado, miré hacia el cielo estaba nublado tanto como mi propio
raciocinio, suspiré intencionalmente mientras miraba las hojas de los árboles caer
sobre el estrecho camino que me conducía a la Iglesia, la campana de ésta volvió a
sonar indicando que ya faltaban cinco minutos para que la misa empezara, delante de mi
iban varias chicas, lamentaba el hecho de no haber hecho amigas desde el principio pero
Camille... me bastaba ella compaginaba muy bien conmigo, pero sin ella me sentía como
en un mundo extraño y ahora con Sarah y su comportamiento hacia mí... huuuummmm...
volví a suspirar cuando una triste hoja amarillenta fue arrancada de su sutil rama por
el frío viento cayendo sobre mi cabeza.
- Parece ser que no te ha ido bien con tu nueva compañera de cuarto ¿no es así
señorita Jeanne?
- ¿Cómo? - volví el rostro para ver de donde provenía esa voz.
- Déjame quitarte esa hoja - Caroline se acercó extendió su mano y con gentileza me
retiró la hoja, se me quedó viendo por un momento y luego me sonrió.
- Gracias señorita Caroline - le agradecí sonriéndole.
Caroline era la hija de un exitoso empresario dedicado a la Industria Textil en Estados
Unidos, ella estaba ya en su tercer año del Internado y al graduarse de este mismo se
casaría con un pariente suyo con lo cual se aseguraría el patrimonio económico de su
familia, tenia una mirada color avellana limpia y sincera, la conocí el primer día que
llegué al Internado, como era mi primer día me perdí dentro de las Instalaciones y
terminé en el lado oeste lugar en el que únicamente se hallan las doncellas de tercer
año, ella al verme supo inmediatamente que estaba perdida y sin pedir su ayuda se
ofreció a llevarme personalmente al lado Sur que es el que me correspondía, de ahí en
adelante siempre que me encontraba con ella me regalaba una dulce sonrisa.
- ¿Es verdad que te ha tocado ser la compañera de cuarto de la señorita Sarah Reymin? -
me preguntó tornándose su rostro un tanto serio.
- Sí, es verdad - dije bajando la cabeza.
- Ya veo... esperaba que solo fuera un rumor - su voz pareció triste - ¿no te ha ido
bien verdad? - preguntó mientras levantaba mi rostro con su mano.
- Yo... creo que es mejor que sigamos, la misa va a dar comienzo.
- Tienes razón - me dijo y seguimos caminando - ¿sabes? - puso una mano sobre mi
hombro - no debes desanimarte, yo conocí a la Señorita Sarah el año pasado y puedo
decirte que era una chica muy gentil y amable - creo que debí poner una cara muy graciosa
ya que ella se rió - quita es cara lo que te digo es en serio pero - su sonrisa se
esfumó - sucedió algo que... no debió haber pasado y todo ello trajo como consecuencia
su expulsión del Internado... muchas chicas afirmaban que jamás volvería pero su padre
es muy influyente además sé de buena fuente que el capital que aporta al Internado es
muy importante, es por ello que la han vuelto a aceptar a pesar de que ya vamos a la
mitad del año.
- Pero si dice usted que era amable... es que... ¿por qué entonces?... no... no sé no
puedo creerlo.
- Lo era - sonrió amargamente.
- Pero entonces ¿que sucedió para que cambiara tan radicalmente? - sentí cierta
ansiedad en mi propia voz al enterarme de que su comportamiento no había sido así desde
siempre.
- No es propio de mi parte contar esa parte de su vida porque no me corresponde, lo
lamento solo espero que tengas la fuerza suficiente como para no tratar de involucrarte
en la vida pasada de la Señorita Sarah ya que si ella lo hubiera querido ya hubiese
entablado amistad contigo.
- Entiendo - dije un tanto apenada por mi ansiosa actitud.
Nos separamos al llegar a la puerta de la Iglesia, sus amigas le esperaban y yo debía
tomar mi lugar de siempre, ¿sería cierto lo que decía Caroline? ¿sería posible que
Sarah alguna vez hubiera sido amable y gentil?, al recordar la noche anterior no me
pareció que esa descripción encajara con ella, la misa dió inicio sin embargo esta vez
no le presté atención a las palabras del Sacerdote, mi mente se hallaba muy lejos del
lugar en el que me encontraba.
*****
- Señorita Sarah no debería estar aquí - la voz de Sor Marie se me antojo demasiado
molesta.
- No tengo intenciones de presentarme a misa nunca más - respondí en tono definitivo
cubrí mi cabeza con las sábanas.
- Es requisito indispensable presentarse a misa todos los días para poder permanecer
en este Internado y eso es algo que usted ya debe saber.
- Lo sé y no me interesa hermana - le dejé ver por el tono que utilicé, que sus
palabras no me importaban en lo más mínimo.
- Eso lo tendrá que discutir con la Madre Superiora, por ahora debe salir de la cama y
alistarse para las clases.
- Lo haré cuando me venga en gana hacerlo.
- ¡Señorita Sarah!.
Noté por el tono de su voz su exasperación pero poco me importó seguí dentro de mi
pequeño refugio al menos ahí nadie me haría daño, la puerta se cerró y pude asomar de
nuevo la cabeza, ¡por fin se había ido!, era una monja realmente exasperante; sabía que
ya no podría dormir así que me levanté sin ningún ánimo después de ordenar mi uniforme,
me metí al cuarto de baño llené la tina y me sumergí dentro del agua caliente, estaba
deliciosa, me relajé por completo que bien se sentía, que bien, suspiré hondamente
mientras recordaba mi primer año en este Internado... fue hace justamente un año cuando
todo sucedió... suspiré de nuevo al recordarla... a ella... a mi mejor y única amiga...
Pauline... Pauline...
Capítulo II
Recuerdos
- Dominus vobiscum(2) Ite misa est(3) - fueron las palabras del viejo sacerdote.
Poco a poco las chicas fueron saliendo de la Iglesia, el sol comenzaba a entibiar el
ambiente, una joven de segundo grado caminaba delante de Jeanne rodeada por un grupito
de chicas de primer año.
- Por favor señorita Julieta cuéntenos lo que sabe acerca de la nueva estudiante, por
favor - rogaban las chicas.
Julieta se sintió la persona más importante del lugar, ella sabía que sin duda tendría
la atención de aquellas chicas, pues era bien conocido que ella sabía todo de lo que
acontecía en ese Internado, elevando la cabeza y sonriendo con mal disimulado ego habló.
- Muy bien si eso es lo que quieren les contaré lo que sé acerca de la señorita Sarah
Reimyn, pero por el momento tenemos que ir al comedor y después a clases así que les
pediré que se reúnan conmigo detrás del aula de música en el primer periodo de descanso.
Así que si me disculpan - dijo cortésmente la joven pelirroja de tez blanquecina.
Las chicas se despidieron cortésmente mientras se sonreían las unas a las otras.
- La señorita Sarah es semejante a un enigma - dijo una de ellas.
- Sí, desearía saber que sucedió para que la expulsaran - dijo otra.
- Tuvo que ser algo muy importante sin duda alguna - dijo una tercera.
- Sea como sea lo sabremos en el primer periodo de descanso - dijo otra chica
acomodándose sus anteojos.
Jeanne escuchó todo aquello, si bien el comportamiento de sus compañeras le era muy
molesto por el hecho de inmiscuirse en la vida privada de otra persona, su parte curiosa
le animaba también a ser participe como oyente de ese relato; sin embargo su conciencia
le reprochaba a su vez ese pensamiento, mientras caminaba rumbo al comedor miró hacia
ambos lados del jardín, se deleitó con el canto de los pajarillos que volaban juguetones
de un árbol a otro, miró hacia el piso y pudo ver la cantidad de hojas verde amarillentas
que habían caído, otras ya estaban totalmente amarillas y crepitaban a cada paso que
ella daba, miró hacia el cielo y recordó por un segundo el enfrentamiento nocturno que
tuvo con su "compañera de habitación", un leve estremecimiento se apoderó de ella al
recordar aquellos fríos ojos azules que la miraron con tanto detenimiento, sin desearlo
tragó saliva y el primer toque de campana que indicaba que el desayuno estaba por
servirse le devolvió a la realidad y con ello apresuró el paso para no llegar tarde.
Por otro lado Sarah se hallaba ya en el comedor, una vez más con la mirada puesta sobre
el vitral que mostraba la crucifixión de Cristo, para mala suerte de Jeanne ya la
mayoría de los lugares se hallaban ocupados y el único que vio vacío era el que se
situaba delante de Sarah, sintiendo que las piernas le temblaban un poco se acercó poco
a poco hasta llegar a su asiento, miró a Sarah pero esta ni siquiera le vió, su mirada
seguía posada sobre el ventanal que se iba iluminando cada vez más conforme los rayos
del sol caían sobre él. Por acto reflejo Jeanne miró hacia el ventanal, ¿qué miraba en
el Sarah? ¿Por qué se veía tan triste?, se preguntaba la joven rubia. Un grupo de monjas
y novicias comenzaron a servir los alimentos, Jeanne apartó la mirada del vitral y
agradeció a una de las jóvenes novicias que dejó delante de ella un plato de sopa
caliente y pan, se sintió bien al ver ese hábito, ella pronto lo usaría y eso emocionó
su corazón. Cuando todas las alumnas tuvieron su comida delante de ellas, la Madre
Superiora se levantó de su asiento y mandó a las alumnas bajar la cabeza y entrelazar
sus manos para dar gracias al señor por los alimentos. Como siempre todas las jóvenes
obedecieron, después de decir Amén Jeanne levantó la vista y se dió cuenta de que Sarah
seguía mirando el vitral y por lo tanto no había prestado atención a la oración, eso
motivo aún más su curiosidad sobre el por qué de ese comportamiento... así que sin
dudarlo ya sabía lo que haría en el primer período de descanso. Sarah sin mirar a Jeanne
comenzó a comer de una manera tan elegante y parsimoniosa que a la joven rubia se le
antojo que esa era la manera en la que una verdadera dama debía comportase en la mesa,
sin darse cuenta ella dejó de comer e incluso sus propios modales comparándolos con los
de Sarah se le antojaban burdos y toscos, se sintió apenada y trató de imitar el buen
comportamiento de la enigmática joven.
*****
Las primeras clases terminaron y el primer período de descanso llegó, Jeanne salió
rápidamente de su clase de costura y sin perder demasiado tiempo llegó a la parte
posterior del salón de música Julieta ya se encontraba sentada en medio de aquellas
jovencitas que le miraban con ansiedad, sentándose sin hacer ruido detrás de unos
arbustos Jeanne se dispuso a escuchar. Mientras tanto Julieta se aclaraba la garganta y
miraba con satisfacción la forma en la que la miraban las demás chicas, de manera
ansiosa y casi con un ruego de suplica en sus rostros.
- Muy bien, como saben yo soy ya de segundo grado de tal forma que entre a este
Internado casi al mismo tiempo que la señorita Sarah.
- ¿Casi al mismo tiempo? - preguntó la chica de los anteojos.
- Sí - dijo Julieta - pues las inscripciones habían terminado una semana antes de que
la señorita Sarah ingresara a este colegio - las demás chicas abrieron los ojos
sorprendidas - ustedes sabrán que el padre de la señorita Sarah es un empresario muy
importante así que con su influencia logró hacer que aceptaran a su hija a pesar de ya
haber iniciado las clases, sin embargo los dormitorios estaban repletos y para ese
entonces el padre de la señorita Sarah vivía junto con su familia en Alemania, por lo
que era imposible que toda la familia se mudara a París solo para que su hija estuviera
en este internado el cual sabrán que es el mejor de toda Europa - las chicas asintieron
sin dejar de mirar a Julieta - pues bien el padre de la señorita Sarah presionó al
comité del colegio para que aceptaran a su hija, sin embargo el problema era el
hospedaje, pero a los pocos días se notificó que el padre de la señorita Rose una
alumna de segundo grado que era la compañera de cuarto de la señorita Pauline, perdió su
empresa y con ello la señorita Rose debió dejar el Internado, supe que hablaron con el
señor Reimyn y este no vió inconveniente en que su hija compartiera la habitación con
una alumna de segundo grado. Fue así que la señorita Reimyn entró en este Internado,
sus modales, su manera de caminar, sus estudios y la forma de comunicarse ante los demás
es por demás admirable, cosa que no ha perdido si se dan cuenta de ello, era y es sin
duda una excelente dama de sociedad, la señorita Pauline estaba a meses de empezar su
noviciado y se hizo muy buena amiga de la señorita Sarah, se les veía juntas en la
Iglesia rezando, caminando por los jardines, en la biblioteca, en fin baste decir que
eran amigas inseparables, la señorita Sarah siempre estaba alegre y sonriente - ante ese
comentario tanto Jeanne como las demás chicas abrieron enormemente los ojos - todo
mundo pensábamos que sin duda la señorita Sarah seguiría los pasos hacia el noviciado
como la señorita Pauline, sin embargo cerca de inicios del invierno el padre de la
señorita Pauline hizo un mal negocio que lo llevó al borde de la ruina, se rumorea que
Pauline pudo haber salvado a su padre de la ruina si se hubiera casado con un amigo de
su padre el cual ya tenía sus años encima que le prometió al padre de Pauline salvar a
su empresa si le daba a su hija en matrimonio, desesperado el padre de Pauline vino a
buscar a su hija y este le contó lo sucedido pero se dice que con temple su hija rechazó
la propuesta de su padre y este se encolerizó y le dijo a su hija que no importara que
dijera se casaría con su amigo, pero puedo decirles que para todas las que la conocíamos
ella deseaba con todo su ser convertirse en monja así que le pidió ayuda a su amiga
Sarah y esa noche ambas huyeron; la maestras se presentaron con nostras pidiendo
información sobre el posible paradero de las fugitivas y fue una sorpresa para nosotras
saber que la señorita Pauline padecía de una enfermedad, sus pulmones eran débiles y no
podía hacer grandes esfuerzos, sí, fue toda una sorpresa - asentó Julieta cerrando los
ojos como si recordara ese ayer - porque a pesar de su pálido rostro se mostraba siempre
alegre y feliz, casi estoy segura que incluso Sarah no sabía tampoco de la enfermedad
que padecía su amiga, pero esa noche que huyeron se desató la más espantosa de las
tormentas invernales de ese año, las encontraron cinco días después dentro de una
capilla abandonada, Pauline estaba en brazos de Sarah cuando la policía las halló, se
dice que... - Julieta abrió los ojos y tras una ligera pausa continuó - ... tenía poco
tiempo de haber muerto, ambas estaban debajo de la cruz de nuestro señor y Sarah oraba
una y otra vez sin dejar de llorar.
- Veo que en verdad la señorita Pauline deseaba ser monja tanto que se ocultó en esa
capilla para estar más cerca de Dios - dijo trémula una de las chicas.
- Sí, su devoción fue más fuerte que la obligación con su familia - murmuró apenas
audible otra chica que enjugaba un par de lágrimas.
Jeanne se había quedado sorprendida, ante tal relato. Se preguntó si sería esa la causa
de la tristeza en los ojos de su "compañera" de cuarto.
- Me pregunto - la voz firme y profunda de Sarah se dejó escuchar - ¿quién es peor? -
todas la chicas incluyendo a Julieta se le quedaron viendo mientras Sarah caminaba a un
lado de ellas - Si la que platica cosas que no son de su incumbencia - miró de soslayo
a Julieta quien se ruborizó en segundos - o bien... - caminó un poco más y miró a
Jeanne quien le miró con los ojos muy abiertos - aquella que escucha cosas escondida
como si se tratase de una delincuente - Sarah volvió su mirada al frente y siguió su
camino dejando a todas las chicas perplejas ante sus comentarios y a Jeanne con un
amargo sabor en la boca.
Sarah se había alejado ya, cuando Jeanne al sentir unos pasos cerca de su arbusto logró
escabullirse antes de que aquellas chicas pudieran verla. Caminó hasta llegar a una de
las capillas y entró en ella para pedir perdón por haberse inmiscuido en la vida de
Sarah, se puso de rodillas ante la imagen de Cristo y sacando su Rosario comenzó a orar.
- Será posible que tengas el descaro de rezar después de escuchar de labios de esa
entrometida parte de mí muy personal vida - La voz de Sarah llenó el lugar haciendo que
Jeanne volviera el rostro hacia la puerta.
- Sarah - musitó la joven rubia mientras veía como ésta se acercaba a ella.
- ¿Qué es lo que pasa contigo monja?... ¿por qué te interesa tanto mi vida?... - al
estar frente a Jeanne la tomó con fuerza por su ropa obligándola a levantarse de un solo
tirón - Dime ¿por qué tanto interés en mí? - los ojos azules de Sarah le miraban con
furia.
- Por favor - suplicó Jeanne - me... las... timas - posó sus manos sobre las de Sarah.
- No te soltaré hasta que me digas por qué tanto interés en mi - acercó más su rostro
al de Jeanne tanto que incluso respirar era difícil.
- Por... fa... vor - volvió a suplicar Jeanne.
- Te he dicho que no hasta que me respondas el por qué tanto interés en mí... - Sarah
la examinó unos instantes detenidamente - ... ¿será que te gustó monja? - una irónica
sonrisa se dibujo en los labios de Sarah - ¿es eso?... ¿tanto te gusto que no puedes
estar sin saber de mi?... apuesto - acercó su boca a los labios entreabiertos de Jeanne -
a que te mueres por que te de un beso.
- No... por... fa... vor - Jeanne volvió a suplicar y esta vez sus ojos dejaron
escapar las lágrimas que ya no podían contener más.
Sarah miró de reojo el rosario que Jeanne tenía en su mano, era hermoso, hecho de oro
de un buen kilataje sin duda, aventó a un lado a la temblorosa joven de ojos verdes y
en un rápido movimiento le arrancó el rosario de las manos, Jeanne cayó al suelo
lastimándose la muñeca derecha. Con un gesto de dolor miró a Sarah quien examinaba la
cruz del rosario el cual tenía en cada una de las esquinas que conformaban la cruz un
pequeño rubí incrustado y un zafiro en el centro de la misma.
- ¡Vaya! - dijo Sarah sonriendo ante las posibilidades que le aportaba ese rosario -
monja creo que perdonaré tu intromisión en mi vida privada quedándome con esta joyita.
- No... por favor - dijo Jeanne reflejando en el rostro el dolor que sentía en su
mano.
- ¿Noooo? - dijo Sarah mirando irónicamente a Jeanne quien no dejaba de llorar - bien
monja si quieres tu alhajita tendrás que venir a buscarla ¿entendiste? - Sarah le dio la
espalda y comenzó a caminar de manera tranquila rumbo a la salida de la capilla.
- Espera... por favor - imploró Jeanne levantándose con dificultad. Pero Sarah no le
prestó atención.
Jeanne se percató de que no solo se había lastimado la muñeca sino que también le dolía
uno de sus tobillos, sin embargo no podía permitir que Sarah se quedara con su posesión
sentimental más valiosa, así que armándose de fuerza y valor siguió tras los pasos de
Sarah.
El campaneo que indicaba que comenzaría la siguiente clase se escuchó por todo el
colegio, las jóvenes iban rumbo a su salón de clases mientras que Jeanne iba en
dirección contraria cojeando un poco y sosteniéndose su mano derecha mientras era vista
con interrogación por las demás alumnas; Jeanne sabía que sin duda Sarah no iría a
clases el reto fue demasiado claro, si quería recuperar su rosario ella misma tendría
que buscarlo, siguió caminando internándose en el gran jardín de la escuela, miraba en
derredor de ella y sobre los árboles pues ya sabía que sin duda ese era el lugar
favorito de Sarah para estar, después de un tiempo de estar buscando, un rayo de sol
dio directo en sus ojos, cubriéndose el rostro con una mano pudo ver a Sarah sentada en
la rama de un alto árbol recargada de espaldas al tronco.
- Así que viniste monja ¿eh? Veo que no eres solo una niña llorona sino que tienes
valor - sonrió de medio lado mientras elevaba el rosario y lo examinaba una vez más -
bonito rosario - continuó - monja, sin duda es muy valioso yo le calculo un mínimo de
mil francos sino es que hasta más - sonrió al ver los reflejos que las piedras preciosas
emitían con los rayos del sol.
- ¡Regrésame mi rosario! - exclamó por primera vez Jeanne con verdadero enojo.
- Si lo quieres monja ven por el - le miró directamente con una mueca de burla en el
rostro - si eres capaz de subir por el hasta aquí te lo regresaré.
- Lo prometes - dijo Jeanne mirando por primera vez con real enfado a su "compañera"
de cuarto.
- De acuerdo monja - dijo con fastidio Sarah - lo prometo.
Jeanne examinó con cuidado las posibilidades que tendría de escalar ese árbol con las
heridas que tenía, sin duda no le sería absolutamente nada fácil ya que ella jamás en
su vida había hecho algo así. Sin embargo no se amedrentó a como diera lugar tenía que
recuperar ese rosario y no se detendría ante nada para conseguirlo.
Jeanne empezó su lento escalar el cual le costo un sin fin de caídas, mientras Sarah le
miraba divertida recordó a su amiga Pauline...
- ¿Sarah? ¿dónde estas Sarah? - la voz melódica de Pauline regresó una vez más a sus
oídos.
- Aquí Pauline, ¡ven es divertido! - la voz de Sarah estaba plagada de entusiasmo.
- ¿Sarah? - Pauline llegó a un claro del jardín y miró a todas partes al elevar la
vista hacia arriba vio a Sarah de pie sobre las ramas de un árbol.
- ¿Qué haces allá arriba Sarah Reimyn? - preguntó Pauline colocando sus manos sobre su
cintura.
- Anda Pauline sube es divertido.
- ¿Te has puesto a pensar cuanto me dolería si cayeras y te lastimaras?
- No sucederá, esto lo hago desde que era pequeña, ven - te ayudaré a subir hasta aquí.
Pauline sonrió al ver la felicidad que radiaba en el rostro de su joven amiga.
- No creo que sea buena idea Sarah - dijo Pauline cuando de unos cuantos pasos Sarah
llegó hasta ella y le tomó la mano.
- Anda desde allá arriba se puede ver el lago - Sarah sonrió - se ve hermoso, ven
quiero que lo veamos juntas, por favor.
- Esta bien Sarah vamos - el rostro de Sarah se vio iluminado, sonrió enormemente y
apresuró a Pauline para ayudarla a subir.
Después de varios intentos Pauline logró subir con ayuda de Sarah a la parte más alta
del árbol ambas se sentaron y vieron a lo lejos el lago se veía hermoso a pesar de ser
un día nublado, las flores que crecían a los alrededores del mismo le daban un toque
casi artístico como si de un paisaje dibujado por el más sensitivo de los artistas se
tratase. Pauline recargó la cabeza en el hombro de Sarah.
- Tenías razón es sin duda un paisaje realmente hermoso - dijo Pauline soltando un
profundo suspiro.
- Sí lo es - dijo Sarah mientras pasaba su brazo alrededor de los hombros de su amiga.
Sarah regresó de sus recuerdos al escuchar el grito de Jeanne y a tiempo estuvo de
sostenerla de su antebrazo antes de que esta cayera al suelo desde la elevada altura en
la que se encontraban.
- ¡Demo... nios... mon...ja! ¡có... mo... pe... sas! - dijo Sarah con dificultad
mientras sostenía a Jeanne - pon tu pie sobre el tronco... del árbol... y con tu ma...
no li... bre alcanza esa rama... que es... ta a un... la... do de ti - Jeanne hizo como
Sarah le indicó - ahora voy a jalarte... tra... ta de im... pul... sar...te... ¡ahora
monja! - Sarah tiró de ella con fuerza y Jeanne se impulso.
Cuando Jeanne abrió los ojos se encontraba sobre Sarah a centímetros de su rostro quien
aún mantenía sus ojos cerrados, cuando se dio cuenta de la cercanía que tenía con la
joven que ahora la abrazaba intentó impulsarse hacia atrás pero Sarah la sujetó con
firmeza impidiéndole moverse.
- Quédate quieta - dijo Sarah abriendo los ojos y fijándolos en el verde mar que tenía
delante de ella - o nos caeremos las dos ¿has entendido?
Jeanne solo asentó con la cabeza.
Ambas se quedaron por unos instantes mirándose a los ojos, Sarah continuaba abrazando a
Jeanne, el canto de los pajarillos era lo único que se escuchaba y el leve rumor que el
viento provocaba al pasar por entre las amarillentas hojas de los árboles, de pronto la
voz de Sor Marie llamándolas se escuchó no muy lejos, Sarah al ver que los labios de
Jeanne se entreabrían para decir algo la atrajo de golpe hacia así atrapando la boca de
la chica rubia con la suya, Jeanne se ruborizó al máximo y abrió enormemente los ojos,
Sarah miraba de reojo hacia abajo, cuando vio pasar a Sor Marie junto con otra monja
abrazó más fuerte a Jeanne para evitar que esa chica hiciera algún movimiento que las
descubriera. Sor Marie las llamó nuevamente pero al no obtener respuesta siguió
caminando de largo junto con la otra monja, al ver que ya el peligro había pasado
relajó su abrazo sobre la chica que tenia entre sus brazos. Jeanne se separó de los
labios de Sarah y de inmediato le dió una gran bofetada que hizo incluso que los
pajarillos que se hallaban posados en las ramas superiores volaran con gran estrépito.
Continuará...
*************************
(1) De motu proprio: por propia iniciativa.
(2) Dominus vobiscum: el señor este con vosostras.
(3) Ite misa est: Idos la misa ha terminado.