Capítulo I
Reflejando una gran luz va por la carretera un bellisimo "Mercedes" color silver. Dentro,
una pequeña discusión se llevaba a cabo entre dos mujeres.
- Dije que no quería saber nada de historias intrigantes, te dije que me había cansado
de viajar. No quiero seguir trabajando de día y de noche sin lograr el respeto de la
gente.
- Tú tienes el respeto de la gente... - un alzado tono de voz la interrumpe.
Lanzando un periódico sobre las piernas de la otra mujer.
- Carly!!!!! te parece esto la estima y el respeto de la gente?
En un cotidiano como primera página la foto de la encolerizada mujer con un encabezado
en letras enormes "PERIODISTA DE POCO PRECIO? LAS HISTORIAS DE FANTASMAS ABURREN".
- Naia! cariño, no interesa lo que escriban, lo importante es que lo hagan, estás en
este mundo desde hace un año y medio apenas, no puedes pretender tanto.
- Es cierto, pero...
- Pero nada Naia, no quiero seguir discutiendo, has ya logrado demasiado de mi, con
cada reportaje tuyo te he dado la primera página y el tema central de los últimos 8
meses... - en tono molesto - no quiero escuchar más berrinches tuyos. Has entendido?
- Estoy cansada, tienes razón - en tono irónico - terminemos aquí.
Mjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjj...! una fuerte frenada del auto manda a Naia contra el
parabrisas. Unos exitantes pero endiabolizados ojos marrones la miran como queriendo
traspasarla con la mirada.
- Escucha, - la prende con la mano derecha, del rostro acercandola hacia sí - yo! te
creé yo te lleve a... - le tira el mismo periódico en el pecho - estos primeros planos,
y tú me perteneces. Quiero que te quede claro que conmigo no terminarás nunca!. - se
acerca y suavemente le dá un beso en la frente.
Naia no respondió en ese momento pero ella sabía que las cosas no andaban bien. Se miró
en el espejo retrovisor y vió que sus bellísimos ojos azules como el cielo dejaban
escapar una pequeña lágrima que rápidamente secó con sus manos. Se dijo a sí misma -
me he prometido de no hacerlo nunca más y lo lograré, no lloraré otra vez por tí,
Carly.
La carretera llegaba a su fin, y las dos mujeres continuaban en un siliencio sepulcral.
Carly frenó nuevamente a unos metros de una reja enorme y aparentemente pesante, llevó
una de sus manos a su cabeza retirando un mechón de cabellos de su rostro, agachó por
un momento su cabeza y suspirando dijo:
- Naia, soy una hiena en mi trabajo, sé que siempre quiero más y a veces me valgo de
todo para lograrlo; pero... - Carly alzó la cabeza y se acercó a Naia colocando su brazo
sobre el hombro de la misma y le susurraba frente a frente. - ... la revista de mi padre
está por recibir un premio como mejor revista en el Género del Misterio, y esto sucedió
únicamente gracias a tí.
Carly posó sus manos sobre las piernas de Naia y poco a poco se inclinó hasta reposar
su cabeza. Parecía tan tierna en ese momento, como un pequeño minino que ruega caricias.
- No... me... convencerás Carly, no me puedes encasillar en un tipo de literatura que
no me gusta.
Carly que parecía pacífica no se alzaba; pero poco a poco sus uñas tomaban vida y se
incrustaban en una de las piernas de la morena.
- He dicho que me perteneces y por tanto harás lo que yo diga...
Sus ojos enrojecían y su rostro se llenaba de sangre que en combinación con sus rubios
y largos cabellos la hacían parecer un demonio.
Naia reaccionó, no como la rubia lo esperaba, simplemente decidió aguantar el dolor
alargó su mano abriendo la puerta del auto, saltó fuera y en tono muy seguro le
respondió.
- La agresividad que antes me gustaba tanto en tí, no la soporto más, no lograrás nada
de mí. Será esta, la última historia de fantasmas que escribiré para tí y para cualquier
otro. Después de presentada mi renuncia, no quiero verte más nunca.
Con pasó decidido Naia cojió una maleta de dentro el auto y continuó su camino a pie.
Carly mientras tanto se repuso y arrancó dirigiendose hacia la reja, ambas mujeres llegaron
delante de tan grande casa que provocó en ellas un escalofrío que les recorría toda la
espalda.
Eran las 19 horas y el sol aún no se ocultaba, desde una grande ventana la luz del día
se despedía, y un dulce rostro se reflejaba sobre el vidrio, rostro que antento veía la
llegada de dos hermosas mujeres, ninguna más bella de la otra, ninguna menos bella de
la otra, dos tipos distintos que entraban a un lugar desconocido.
Una delgada rubia de piel bronceada y armonioso caminar, junto a una altísima morena de
cabellera larga y brillante mirada intimidante y físico atlético, provocaban una pícara
sonrisa en aquella extraña imagen reflejada en la ventana.
- Buenas noches! señorita Benson, soy Arthur el dueño del caserón; esperabamos con
ansia su llegada y no menos la de la señorita D'urx - le da la mano a la morena - ...
sus historias en este pueblo son muy leídas, todos conocemos su genialidad.
- Gracias, señor???????...
- Valzer, Arthur Valzer; y ahora si ustedes me lo permiten quisiera mostrarles sus
habitaciones durante su estancia en esta casa. Siganme por favor.
Arthur Valzer era un hombre alto de hermosa cabellera negra y ligeramente rizada, cuerpo
atlético y encantadora sonrisa. Caminaba a paso fuerte por delante de las periodistas
haciendo un tour por una fría y oscura casa que parecía ser aterrorizante.
Subieron las escalas que llevaban al segundo piso, y Naia se permitió tiritar en tono
alto, el cual hizo girar a Arthur y Carly.
- Estás bien? - preguntó Carly.
Habían apenas pasado a la altura de la puerta más cuidada de la casa, eran de un marrón
espectacular que opacaba el resto de la casa.
- Si, estoy bien, sólo sentí un frío penetrante, extraño pero no importa ya.
- Hipersensible, señorita D'urx? - dijo Valzer.
- No Arthur, sólo creo que tantas historias de fantasmas me están carcomiendo el
cerebro. Y según parece lo harán aún.
La casa sombría como ninguna mostraba en su diseño puertas de recamaras a modo de hotel
pero con una distribución más espaciosa, ya que cada puerta daba a habitaciones grandes
que quien sabe que tenían en su interior.
Continuaron a caminar un largo trayecto que parecía no terminar, hasta que Arthur Valzer
se detuvo en seco.
- Esta habitación es para la señorita Benson.
Abrió la puerta dejando ver una bella estanza con decoración barroca. Dió las llaves de
la habitación a Carly y continuó a caminar unos pasos más. Del otro lado del pasadizo
abrió otra puerta, dejando ver una habitación un poco más contemporánea que incluso era
decorada con un televisor grande y un equipo stereo.
- Se preguntará señorita D'urx, por qué esta habitación es mas equipada?; pués la
respuesta es que la hemos preparado para dejarlas trabajar en toda la comodidad que
necesitan. Adelante se acomode por favor.
De puerta a puerta las miradas de las dos mujeres se entrecruzaron, y al mismo tiempo
se acercaron a Valzer mirando fijamente al final del corredor.
- Pertenece a alguien en especial? - dijo Naia.
- No es que crea mucho en esas cosas pero esa puerta provoca vibraciones extrañas. -
complementó Carly.
- En este pueblo está prohibido ser curioso, señoritas, la curiosidad ha matado a
tantos - acercándose y en voz muy baja - ... y no es sólo un modo de decirlo.
Naia y Carly entraron en sus respectivas habitaciones y se dispusieron a organizar sus
pertenencias, todo parecía calmado, aunque si la tranquilidad era en lo último en que
las periodistas podrían pensar.
Carly arreglaba sus cosas cuando de pronto se sintió observada por una fuerte mirada,
pensó:
- No interesa, si no volteo tal vez haga de cuenta que no la he visto y se irá.
- Carly!!! - entonces la rubia tuvo que voltear fingiendose asombrada. - me vas a
explicar que misterio rodea esta casa y al parecer todo este pueblo?
- Naia, la verdad es que para empezar, ni siquiera yo lo sé. Papá prometió explicármelo
después de llegadas a este lugar. Y segundo, pensé que tu visita a mi habitación tenía
otra razón más importante.
Carly se acercó poco a poco a Naia, melosa como una gata y entrecruzó sus brazos sobre
los hombros de Naia que evidentemente era más alta y aparentemente más fuerte. Naia no
se inmutaba pero la rubia usando muy bien sus labios la besa sobre el cuello provocando
un ligero cosquilleo en el estómago de la morena.
- Carly, detente. Estoy cansada de estas salidas tuyas. Contigo no se puede hablar en
serio.
Pero la rubia no se detiene y lentamente trajina a Naia en la habitación. La morena es
consciente de estar aún molesta con Carly pero se deja llevar por la excitación del
momento, sus manos parecen cobrar vida mientras la boca de la rubia se mueve ágilmente
en torno su cuello. Los movimientos empiezan a ser más fuertes y...
... de pronto un fuerte rumor las saca del extasis, y cuando se levantan para ver lo
sucedido, cerca a la puerta encuentrar un florero roto, florero no visto antes en esa
habitación; sienten el sonido de alguien que corre por el pasillo.
Ambas mujeres salen a ver quien es pero aunque si el sonido continúa, no ven a nadie.
Se percatan que los pasos parecen dirigirse con rumbo a la primera puerta a canto a las
escalas, aquella hermosa puerta que causaba escalofríos a Naia.
Se miran una a la otra, pero las reacciones no son las mismas; Naia decide ir en busca
de aquel sonido que tanto la inquietaba. En tanto la rubia la sostiene fuertemente del
brazo tratando de halarla hacia si.
- Qué haces, dónde vas?
- Escusa, somos periodistas o no? Esta casa es el punto primordial de la nueva
historia para tu padre, me trajiste para trabajar, verdad? entonces permiteme hacerlo.
Carly fulminaba con la mirada a la morena, pero su actitud de miedo no cambió.
Naia había escrito ya tantas historias sobrenaturales, eso le daba una ventaja ante
Carly, pues no siempre investigaban juntas los nuevos misterios. Era exactamente eso lo
que le daba fastidio a la morena, que el trabajo pesante le tocaba siempre a ella.
Era fuerte y no tan sensible como su compañera, pero tenía miedo y no se explicaba el
porque. La rubia sentía alguna extraña energía que le obligaba a mantenerse lontana de
aquella puerta y aún más sentía una energía que la obligaba a alejarse de Naia, quién
había comenzado su rumbo.
Llegó delante de la puerta y un sonido le hizo entender que la puerta se abría sola,
mas cuando quiso entrar una gruesa voz la sacó de su encanto y a toda prisa cerró de un
golpe.
- Si yo fuera usted no entraría, señorita D'urx. Ella no la dejaría salir nunca más.
- Ella!... Quién es, ella? - dijo Naia.
- Mire, las cosas en esta casa son secretos que se tienen muy bien conservados desde
hace tantas décadas. Contentese con saber que no se debe acercar a esta habitación.
Carly se acercaba cada vez más intentando escuchar la conversación pero Valzer, calló
bruscamente y dirigiendose a la rubia dijo:
- Si realmente desea conservarla, es mejor que la lleve fuera de esta casa. Con
permiso. - Arthur Valzer se aleja lentamente dejando intriga y asombro entre las dos
mujeres.
- Qué misterio encierra esta casa y por qué parece afectar más a Naia que a mi?.
Capítulo II
De un momento a otro la melodía del celular sacó fuera del asombro a las dos mujeres,
que se habían quedado pensando en las palabras de Valzer.
- Carly, cariño. Pensé que me llamarías.
- Sí... papá... yo... disculpa.
- Si tesoro, no te preocupes por eso. Hace cuánto llegaron?
- No lo sé papá. Realmente no me he dado cuenta pero será hace una hora o un poco más.
- Uhmmm. Entoces me explicas por favor, cual es la razón tan grande que te llevó a ese
pueblecito?.
- Ehhh!!!!!!!... Papá, no me siento bien para hablar en estos momentos. Puedo llamarte
más tarde?
Carly cortó la conversación rápidamente, sin darse cuenta que Naia no prestaba atención
a su conversación si no que se había quedado fijando los ojos en aquella puerta.
- Naia?... Naia... Hey Naia!!!!!!!!!!!!!!!!
La morena volteó la vista, pero parecía no estar en el lugar, parecía en otro mundo, su
mirada ahora se dirijía a los ojos de Carly pero realmente no la estaba mirando.
Carly desesperada comenzó a alzar cada vez más el tono de voz, y sarandeaba a la morena,
como queriéndola despertar.
- Basta, basta! estoy aqui, no necesitas gritar para hacerte sentir, suéltame me haces
daño - dijo la morena sin siquiera inmutarse, sus movimientos parecían lentos y sus
actitudes eran como la de una persona drogada.
Se giró rumbo a su habitación a paso muy lento y sin decir nada más.
- Que por qué grito? que te hago daño?... Estas bromeando - Carly la seguía por detrás
sin dejar de hablar - me estas dejando hablar sola como si fuera loca, que rayos tienes.
Naia respóndeme, estoy hablando contigo, responde.
Llegando a la habitación Naia entró sin cerrar la puerta, dejando libre paso a la rubia.
Entró casi corriendo y en un extraño movimiento se lanzó sobre la cama, cogió su
almohada y la puso debajo de su mentón diciendo para sí misma:
- He visto sin abrir la puerta, los ojos más bellos de este mundo... He soñado y estaba
despierta... he muerto y aún estoy viva. No sé hasta cuando quiera seguir así.
- La luz de esa puerta te ha dañado el cerebro. Despierta.
- Carly! Eran verdes, eran bellos, eran... eran... eran dos luceros.
Carly lentamete se arrodilló acercándose al rostro de Naia que yacía sobre la cama y
vió que de uno de sus ojos caía una lágrima que con mucho amor, sorpresa y temor, quiso
limpiar. Inclinó su cabeza y se dejó andar, besó la lágrima y se sintió morir. Pues ese
gesto le había hecho entender que se estaba enamorando cada vez más de una persona que
no le pertenecía...
El día pasó en un extraño clima, pues Naia se comportaba de modo nunca antes visto por
la rubia. Era lejana y respondía poco a sus preguntas, parecía no interesarle más irse
rápidamente del pueblo.
Carly llamó a la puerta, dándose cuenta que Naia había pasado casi toda la tarde en su
habitación, no le apetecía comer y no le interesaba salir.
Cuando Carly entró, encontró a la morena sentada a un escritorio dibujando algo, parecía
muy concentrada en lo que hacía cuando de pronto cayó desmayada sobre su diseño.
- Naia, Naia... - la rubia intentaba despertarla sin resultado aparente - amor
despierta te lo ruego.
Y cuantas cosas pasaban por su cabeza, recuerdos que ella había cancelado de su mente,
aquellos terribles momentos que tanto la hicieron sufrir. Naia en su aparente desmayo,
había desconectado su cuerpo y su alma en dos entes distintos que existían separados.
Imágenes de personas que conoció, también personas que lastimó, todos transitaban
rápidamente delante suyo, y poco a poco las imágenes más recientes se movían lentamente
pero sin detenerse.
Reconoció entre todo aquella puerta que nunca llegó a abrir, reconoció la luz que la
había cegado en ese momento, y una borrosa figura se hizo cada vez más clara.
Ella era de baja estatura, sus cabellos rubios como el sol, provocaban el resplandor, y
delante a Naia se detuvieron esos bellísimos ojos que la habían llevado fuera de este
mundo.
- Te he encontrado!... - extendió su mano invitando a la morena a tomarla. - Has
vuelto a mí.
De pronto! esa dulce expresión se convertía en un horrible rostro diabólico que
semejaba al de un demonio, que con grave y aterrorizante voz le decía:
- ... no regresarás nunca más. Te he encontrado y ahora seraaaaaaaas mia para
siemmmmmpre - y reía diabólicamente.
Naia reaccionó de un salto y lo primero que vió fué el rostro de preocupación de Carly
que la tenía entre sus brazos y dulcemente la acariciaba y la sostenía.
- Hey! que pasó? Terminaste tu viaje?. Vamos! no te preocupes, ahora estás aqui,
conmigo, no te dejaré ir.
Naia se alzó levemente y abrazó a Carly como queriendo ahogar en ella todos sus temores.
Se miraron cara a cara y el deseo de fundirse en un beso se hizo cada vez más grande.
La escritora no lo podía negar, aunque si sentía una suerte de odio por Carly, la
atracción parecía estar aún presente. Se besaban casi apasionadamente, y la morena
aferraba con fuerza a la rubia.
Sssssshpooom! un fuerte sonido las separó; asustadas se giraron a ver lo que sucedía.
La ventana de la habitación se había cerrado con tanta fuerza que rompió uno de los
vidrios que lo conformaban.
- Espera... - dijo Naia mientras se acercaba a la ventana - llámame paranoica, pero el
viento sopla hacia dentro, la ventana se debería abrir no cerrar.
- Naia, logras dejar de lado los misterios por un momento?
Carly la cojió de la mano y la atrajo hacia si. Rodeó sus brazos en torno a su cuello y
la besó, Naia correspondió al beso, intentando olvidarse de todo lo sucedido en el día.
Se deslizaron suavemente sobre la cama, Carly posó sus piernas una a cada lado de las
caderas de Naia, sus labios jugaban con la piel de la morena mientras las manos de Naia
exploraban toda la espalda de la rubia, tanto hasta llegar donde la espalda pierde su
nombre, se desnudaron en cuerpo y alma y se entregaron la una a la otra. Naia provocó
en Carly un placer tan grande que la hizo ahogar un grito en la garganta. Se
reincorporó y se acomodó al lado de la rubia. Carly, exhausta y jadeante dejó salir de
sus labios palabras que nunca antes había dicho:
- Te amo Naia! - y cansada y embriagada de placer, se quedó dormida en los brazos de
la fuerte morena.
Las amantes duermen sobre su lecho con una paz aparente, sin percatarse que desde fuera
de la ventana dos bellísimos ojos verdes las observan llenos de rabia.
Continuará...