"Entonces la ballena se posesionó del mundo entero y,
reina de la Creación , dejó su estela..."
Herman Melville, Moby Dick
Aldana tomó el teléfono y marcó el celular de Emilia. Luego de un par de timbrazos la
voz de su mujer la atendió.
- Hola... - Aldana se sentó en el sillón y acarició suavemente su panza.
- Ey, ¿Qué hacías? - levantó la remera y observó como estaba empezando a tomar forma.
- Hola mi vida... estaba por cambiarme, en un rato salgo - se escuchó el ruido
de una puerta y que alguien saludaba. - ¿Estás bien?
- Sip... solo quería escucharte, te fuiste temprano hoy.
- Tenía una operación - Aldana jugó con su ombligo y cruzó las piernas. - ¿Y
el bebé?
- Bien... estaba mirando que ya se está notando más... o sea, se nota que estoy
embarazada y no comida. Jeje.
- Jajaja... aishhh te amo. ¿Me esperas para almorzar?
- Sip... ahora veo que hago... - se levantó y caminó hasta la cocina.
- Ok... en un rato estoy en casa. Besotes...
- Beso, te amo.
Aldana cortó la comunicación y sacó de la heladera el pollo, unas cebollas y un pimiento
rojo.
Puso todo sobre la mesada y comenzó a preparar la comida.
Luego de sellar las presas de pollo agregó bastante cebolla, el pimiento y un poco de
condimento. Esperó que todo se hiciera y en otra olla hirvió arroz.
Dejó que todo se cocinara y dándole un último vistazo se lavó las manos y encaminó hacia
la sala. Seleccionó en la computadora una de las carpetas de audio y un compilado de
música melódica empezó a sonar.
Ordenó un poco la casa deteniéndose a ver las fotos que adornaban las paredes. Recordó
cuando ambas ordenaron sus fotos en carpetas iguales y seleccionaron algunas para
enmarcarlas y darle un poco de vida a las paredes desnudas. Se quedó observando la
primera foto juntas, sacada en una de las excursiones por la provincia de Mendoza.
Sonrió ante el recuerdo y su mano acarició dulcemente su vientre.
- ¿Sabés una cosa, bebé?... me enamoré de tu mamá desde el primer momento que la vi.
Cuando se conectó al chat y me mando la cámara. - su mano siguió acariciando la suave
piel y sus ojos no se alejaron del retrato. - Es hermosa... ya la vas a conocer...
Cuanto había cambiado su vida desde ese chat....
Movió la comida y apagó la hornalla y esperó que el arroz se terminara de hacer, lo
estaba revolviendo un poco cuando se quedó escuchando el tema que ahora sonaba Si no
estás(Chenoa) y sonrió, era uno de los primero que le había mandando a Emi por mail,
cuando aun estaban separadas.
Ese tema significaba mucho... era resumido en una canción todo lo que Emilia era para
ella.
Quitó la olla del fuego y puso el arroz a escurrir.
Se escuchó el ascensor y la llave en la puerta.
Emilia entró y dejó su bolso en una silla antes de saludar a su mujer. Un nuevo tema
había comenzado y Emi sonrió al reconocerlo.
- Hola... - un beso en los labios antes de abrazarla. Luego de separarse metió la mano
dentro del bolso y sacó una tableta de chocolate.
- Hola, mmm... que rico... gracias - dijo dándole un beso. Volvió a abrazarla y al
oído le susurró. - Escucha...
Se quedaron abrazadas lo que duró el tema y se le llenaron los ojos de lágrimas por el
recuerdo de esos viejos temas.
Emi se separó y paso la mano por encima de la remera.
- ¿A ver esa panza?... - Emi se alejó un poco y la miró.
Aldana se giró y ciñó la remera sobre su vientre. La sonrisa de Emilia lo dijo todo.
- Siii... ya se nota... - la volvió a abrazar. - Te amo, te amo.... - la llenó de besos
y luego se paró en seco frunciendo el ceño con cara de preocupada preguntó - ¿Aun sigues
con nauseas?
- Nop... bah por lo menos ayer y hoy no me dieron... ya estoy poco más de tres meses...
es hora que se acaben... - dijo algo angustiada.
- Jaja... ya van a pasar... - enredó sus dedos en el oscuro cabello - Ah... el jueves
tenemos la eco... hace un rato saqué el turno.
- Buenísimo... - rodeó el cuerpo de su mujer y empezó a caminar hacia atrás rumbo a la
cocina. - Tengo mucho deseo de ver al bebé...
- Igual yo. Me muero por conocerlo. - sonrió. - Aunque en este momento me muero por
comer... Tengo hambre...
- Y nosotros...
La comida estaba casi lista y empezaron a preparar la mesa.
Emi sacó la bebida y Aldana sirvió un poco de pollo con arroz en cada plato.
Comieron tranquilas y luego de limpiar la cocina se acostaron a descansar un rato.
Aldana ya estaba acostada cuando Emilia salió del baño, el mes de diciembre venía
caluroso y al llegar a la cama se quitó la bata para acostarse desnuda. Aldana se puso
de costado y dejó que su mujer se acomodara.
- Mmm... te extrañé. - anunció Emi alzando la cabeza para mirar el rostro de Aldana,
sus ojos estaban cerrados y levantó la mano para acariciarla.
- Yo más... - dijo mirándola un segundo para volver a cerrar los ojos. Se concentró en
disfrutar los mimos que estaba recibiendo y deseó pasar el resto del día así... - Mmm...
- gimió cuando Emilia pasó su lengua por su garganta y se le puso la piel de gallina.
Abrió los ojos y se perdió en la mirada oscura de su mujer. - Bésame...
Emilia hizo presión para que Aldana quedara de espalda en la cama y se puso a media
sobre su cuerpo. La miró un rato y acarició su rostro. Bajando por su cuello hasta
llegar a tocar un pecho hinchado y sensible, metió la mano por debajo de la remera y la
acarició.
Su rostro bajó hasta tocar los labios húmedos y comenzaron a besarse.
Aldana sentía el deseo formarse en su cuerpo y se acrecentaba con cada caricia y roce
por parte de su mujer. Su mano acarició la espalda de Emilia y bajó hasta su cintura
haciendo presión para sentir los roces que se formaba con los movimientos descontrolados
de Emilia.
Emilia se separó un momento para dejar que su mujer se quitara la ropa y así poder
sentir a pleno su cuerpo.
Pasaron un buen rato amándose y se le pusieron los nudillos blancos al aferrar las
sábanas cuando alcanzó la cima. Emi cayó rendida sobre su cuerpo y tomó aire inspirando
profundamente.
- Mmm... Dios... - gimió y la abrazó cuando no pudo retener el intenso orgasmo que
nuevamente explotó en su cuerpo.
- Shhh... tranquila... - la sentía temblar en forma descontrolada y la apretó
consciente del estado en que Aldana se encontraba. - Ya cielo... tranquila - la observó -
¿Estás bien?
- Mmmm... si...
Podía ver las gotas de sudor que cubría su frente y de forma muy lenta las retiró.
Aldana abrió los ojos una vez que su corazón recuperó su ritmo normal y miró a Emilia
con una sonrisa.
Ésta se quitó de encima, se acomodó a su lado y acaricio el vientre caliente y húmedo.
- Te amo mi vida... - sus ojos recorrieron el cuerpo y se apretó más a ella.
- Te amo Emi... - inspiró. - Wow, fue intenso - sonrió, se puso de costado y la abrazó.
- Hacia rato que no lo hacíamos así.
- Lo sé... es que... - se frotó la cara y sonrió.
- Jaja, te amo.
La abrazó fuerte y Emilia pasó su pierna por la cadera de su mujer y se pegó a ella.
Comenzaron a besarse y a acariciarse, pero sin llegar a más...
*****
Paula entró corriendo a la casa y Laika la siguió por detrás. Entró en la cocina y se
abrazó llorando a su madre.
Gabrielle en un momento se asustó al verle las manitos manchadas de sangre pero luego de
revisarla se dio cuenta que solo tenía un raspón en su rodilla derecha producto de la
caída con su bicicleta.
Hacía unos días que estaba aprendiendo a andar sin las ruedas de apoyo y esta era una de
sus tantas caídas.
- Ya hija... que no es tan grave - Gabrielle limpió con un paño y aplicó una curita
en la pequeña herida. - Mirá ya está...
- Quiero las que tiene al Pato Lucas... - gimió la pequeña, al ver que su madre le
había puesto una bandita de color piel - Esta no quieroooo...
- Está bien, espera que las busco... quédate acá y no te muevas - dijo sentándola
arriba de la mesa. Fue hasta el baño y buscó la caja con las curitas para niños.
- Mami ¿y la Tata? - preguntó mientras se quitaba la otra bandita y miraba la lastimadura
con recelo - Quiero que venga...
- Está con mami en la lancha haciendo unas filmaciones. - la volvió a cubrir y tomó a
su hija en brazos.
- Ufa... ya no juega conmigo... - hizo un puchero con sus labios y abrazó a su madre.
- Dale enana... - la tomó de la mano y le acarició el cabello rubio. - ¿Y no querés
jugar conmigo?
Dana asomó la cabeza y miró alrededor, divisó a unos metros la lancha y nadó rápidamente
hasta allí, Xena se acercó hasta la escalerilla y le tendió una mano para que subiera.
La joven dejó la cámara, se quitó la máscara y el respirador. Su madre la ayudó con el
equipo y le bajó el cierre del traje de neopreno.
- Uff... me cansé - exclamó mientras tomaba una toalla y se secaba la cara.
- Está muy picado el mar, deberíamos volver. - dijo Xena mirando el agua y las olas
que se formaban.
- Si, igual filmé un montón... ya estoy cansada mamá. - se quitó el traje y se puso una
bermuda y una musculosa.
- Ok, levanta la escalera y el ancla. Nos vamos.
Xena encendió el motor y regresaron a la costa, metió la lancha en su lugar y bajaron
los equipos y los trajes.
Dana cargó todo detrás de la camioneta y esperó a su madre dentro de la misma.
Seleccionó una emisora local y se sorprendió cuando dieron la noticia de que habían
hallado un animal varado en la costa.
Rápidamente bajó del vehículo y le hizo seña a su madre.
- Má... rápido, debemos irnos... - Xena se preocupó y corrió a su encuentro.
- ¿Qué sucede?
- Vayamos hasta Punta Lomas... hallaron una ballena varada... aun está viva.
- Pero... - Xena dudó y se rascó una ceja.
- Pero má, dale... - sus ojos celestes se clavaron en otros iguales y sonrió.
- Hay veces que dudo si de verdad no eres hija de Gabrielle... - rió.
- Jajaj, es que tanto tiempo se me ha pegado. - la abrazó.
- Sip... por eso mismo ahora llamala y avísale.
Recorrieron unos kilómetros hacia el sur de la provincia de Chubut, el camino era de
ripio y desértico, típico de la zona, llegaron hasta un barranco y se dieron cuenta que
la noticia había juntado a varios integrantes de la fuerzas y un grupo de ayudantes
voluntarios. Se acercaron rápidamente y observaron la escena, Dana encendió la cámara y
comenzó a filmar.
Un grupo de personas cargaba baldes de agua y la descargaba sobre el animal. Otros tantos
cavaban pozos a los costados con el fin de poder mantener húmedo al animal.
Xena se acercó al que parecía ser el jefe del operativo y se presentó.
- Buenos días, señor - el hombre se giró y la miró un momento, luego sonrió.
- Xena... me parecía raro que tú y la damita no estuvieran acá... ¿donde anda la niña?...
- ¿Qué tal Oscar?... Dana está por allá filmando... - señaló - ¿Qué ha ocurrido? -
caminaron hasta la costa donde se encontraba el animal.
- Ocurrió hace unas horas... un grupo de pescadores la hallaron.
- Mmm, es una ballena joven - Xena sacó su celular y marcó el número de su casa - Hola...
hola mi vida... pasame con mami...
- Hola... - Xena vio que Dana se acercaba y la tomó del hombro para caminar con
ella.
- Gab... una ballena varada en Punta Lomas... aun está viva.
- Ohh... ¿Quieres que vaya?
- Mmm, no seria mala idea... - Xena miró a su hija a los ojos y sonrió cuando Dana
también lo hizo. - Trae a Paula... quiero que participe de esto...
- Ok ya salimos... dime exactamente donde estás...
El auto de Gabrielle se estacionó junto a la camioneta de su esposa y bajó, Paula se
abrochó la campera ya que en la orilla del mar hacia algo de frío. Bajó por la arena
tomada de la mano su madre y corrió cuando vio a su hermana al lado de la ballena.
- ¡¡¡Tataaaaa!!! - gritó, Dana se giró hacia la aguda voz y extendió sus brazos.
- Hola enana... - alzó la vista para ver a Gabrielle y la saludó con la mano antes de
rodear a su hermana - Mmm, ¿quieres ayudarme a mantener húmeda a la ballena?
- Siiii... - la niña, tomó un balde y lo vertió sobre la piel callosa y agrietada del
animal. Paula caminó despacio observando al animal y se detuvo justo frente a su ojo...
Dana observó a su pequeña hermana y se le cortó la respiración cuando la vio acercarse
al gran animal y abrazarla. En ese mismo momento la ballena soltó un leve gemido y todos
los presentes observaron la escena. Dana tomó su cámara de video y comenzó a filmar y un
cronista de un medio local retrató a la pequeña y a la ballena.
Una lágrima rodó por la mejilla de la pequeña y cayó sobre la piel oscura, un nuevo
gemido y un leve movimiento alertaron del peligro. Gabrielle tomó la mano de su pequeña
hija y la alejó un poco del animal.
Los ojitos verde azulados levemente oscurecidos se encontraron con unos de color ámbar y
se fusionaron. Sellando un lazo más allá de lo explicable y racional.
La gente de prefectura había cavado un camino que conducía al mar y ataron alrededor de
la cola del animal unas gruesas sogas hechas con mangueras de bomberos, para no dañar la
piel sensible de la ballena.
Solo faltaba esperar que la marea hiciese su trabajo y ayudara al remolcador a jalar al
animal hacia su mundo... el agua.
Dos horas más tarde cuando el sol escondía sus brazos en el lejano horizonte el
remolcador hizo el primer intento. Aunque fue en vano, el animal estaba demasiado
agotado como para ayudar. Decidieron esperar un poco hasta que la marea estuviese a
pleno para intentar nuevamente.
Xena y Gabrielle se sentían inútiles al no saber que hacer. Habían participado en varios
rescates pero éste era el más complejo de todos.
Paula no se había movido ni un segundo y apenas se la veía sentada en la arena
arrebujada en una gran manta. Su vocecita reverberaba en el viento y a oídos de los
mayores solo llegaban historias absurdas de hadas y princesas.
La niña volvió a alejarse cuando se intentó hacer un nuevo movimiento para poder sacarla
y unas lágrimas corrieron sus mejillas redondeadas al ver que era inútil.
En un acto reflejo se quitó la manta y corrió para abrazar al animal y decirle unas
palabras. Un sonido agudo sonó en el viento proveniente de alta mar y Paula sonrió.
Nadie supo que fue lo que ocurrió pero en segundos el animal comenzó a agitarse y a
ondear la arena compacta produciendo los primeros movimientos. El remolcador comenzó a
avanzar lentamente mar adentro llevando la preciada carga hacia la salvación.
Paula sonrió y volvió a ubicarse entre sus madres tomando las manos de cada una y sonrió
cuando el agua salada mojó en forma constante la piel del oscuro animal.
Los primeros movimientos de la ballena en el agua fueron torpes e involuntarios. Su
cuerpo entumecido fue despertando lentamente y al cabo de un rato la ballena nadaba al
lado del remolcador. Un grupo de buzos se sumergieron y lograron quitar las amarras de
la cola y observaron como el animal nadaba hacia su libertad.
Paula comenzó a aplaudir y junto a ella se unieron el resto de las personas que habían
participado del rescate.
Dana cortó la cámara y corrió a abrazar a la pequeña. Xena y Gabrielle abrazaron a sus
hijas y emprendieron el viaje de regreso hacia la casa.
Paula dirigió una última mirada hacia el horizonte y sonrió cómplice al ver una gran
aleta caudal a lo lejos... allá donde el sol se escondía dejando colores exóticos en un
cielo despejado y llenos de estrellas.
*****
Aldana llegó hasta la clínica y se dirigió hasta el cuarto piso donde estaban los
quirófanos.
Se acercó a la recepcionista para preguntar por su mujer.
La mujer sonrió al reconocerla.
- Hola niña, ¿Esperas a Emilia? - preguntó mientras rodeaba el escritorio y la
estrechaba.
- Hola Martha... sí, vine a buscarla.
- Ahh, aun esta en una operación, ¿por qué no la esperas? - se acercó hasta la máquina
de hacer cafés y le ofreció su favorito... se extrañó cuando Aldana rechazó su tan amado
capuchino.
- Gracias, tengo que acabarme esto - mostró su botella de agua y puso cara de asco.
- ¿Y eso? - preguntó extrañada - ¿Tienes que hacerte algún estudio?
- No precisamente... - sonrió - Una ecografía.
- Una ecografía... - Martha la miró y luego de un momento todo encajó... - No me digas...
¿Estás esperando un bebé?
- Sip - se sentaron en uno de los sillones y charlaron de la nueva noticia.
- Que mala Emi, ¡¡no me dijo nada!!
- Es que aun no se lo hemos dicho a nadie... - la defendió.
- Ahh ok, si es eso, está bien...
Las puertas del quirófano se abrieron y un grupo de médicos, enfermeras y demás personal
salió. Emi estaba vestida con un ambo verde y sonrió al verla. Saludó a sus compañeros y
fue a su encuentro.
- Hola.
- Ey... ¿hace mucho que estás? - sacó dos anillos de su bolsillo y se los puso. Uno de
plata y el otro de oro. El primero era el de su compromiso con Aldana y el otro tenía
grabado la inicial del nombre de su novia.
- Más o menos media hora, me quedé charlando con Martha - señaló a la mujer que estaba
atendiendo a un matrimonio en la recepción.
- ¿Cómo vas con eso? - señalo la botella de agua.
- Dos litros con ésta... necesito un baño - anunció afligida.
- Jajajaj... - Emilia se inclinó un poco y de manera rápida pero eficaz beso a Aldana
en los labios. - Te amo cielo.
- Yo más vida... vamos, ya casi es hora.
- Déjame que me cambie y vamos....
La sala de ecografía era pequeña y provista sólo de lo necesario. Aldana estaba acostada
en la camilla y Emilia se sentó a su lado.
La encargada de hacer la ecografía entró con la historia clínica en la mano y sonrió al
reconocer a Emilia...
- Hola chicas...
- Hola saludaron - Aldana se levantó la remera y desabrochó el pantalón bajándolo un
poco.
- Mmm, hace un mes te hiciste la primera eco... - miró la planilla - El bebé estaba
bien... ok, veamos como ha crecido el pequeñín.
La mujer tomó el gel y se rió cuando Aldana se quejó porque estaba demasiado frío.
Aplicó una cantidad en el vientre y encendió el ecógrafo.
Emilia se había ubicado en la cabecera de la camilla y entrelazó los dedos en la mano de
su mujer.
La imagen era difusa y el sonido acelerado del corazón se escuchó en la sala. Los
movimientos del aparato en su vientre se hicieron delicados y con un poco de presión en
la parte baja se pudo distinguir algo.
Aldana apretó la mano que sostenía y sonrió cuando su pequeño bebé apareció en la
pantalla.
- Allí está... - señaló en el monitor - Mmm... ahora lo mediremos... - la mujer tecleó
unos caracteres y una pequeña hoja salió impresa...
- Es muy chiquito - anunció Aldana...
- Si... aun lo es... pero miren ya está tomando forma... - movió el aparato hacia el
otro costado y se quedó observando - En realidad... están tomando forma...
- ¿Están? - preguntó sorprendida Emilia - ¿Son dos?... - Aldana la miró con los ojos
muy abiertos y apretó la mano.
- Sip... acabo de descubrir que hay otro embrión... mmm... y es más pequeño...
- Pero en la otra eco no salió nada... - comentó Aldana emocionada. Se podía escuchar
el latido uniforme y unos pequeños movimientos.
- Lo sé, pero a veces sucede... - se giró y las miró sonriendo - Felicidades chicas...
van a tener mellizos....
- Dios... no lo puedo creer... - Emilia abrazó a Aldana y le susurró cuanto la amaba.
- Te amo mi vida.... - la médica sonrió ante la muestra de cariño y emoción de la
pareja. - ¿Están bien, verdad?
- Si, muy bien... mírenlos. En este primer bebé se pueden ver las manitos....
Lo que más se podía distinguir en la pantalla era el rápido latir de dos pequeños
corazones. Movimientos involuntarios eran captados con el ecógrafo, Aldana se quedó
observando el rostro de su mujer y sonrió con ternura cuando una lágrima corrió por su
mejilla. Su mirada estaba clavada en la pequeña pantalla y sus ojos observaban con
admiración a sus bebés.
Ya había pasado el primer trimestre y los bebés estaban en perfectas condiciones... el
más pequeño se ubicaba por detrás del primero, ese era el motivo que la doctora le había
dado una vez examinó la ecografía. Por recomendación de la obstetra Aldana debía
extremar sus cuidados, como evitar levantar peso o movimientos bruscos hasta alcanzar
los cuatro meses de gestación. Siendo que el segundo bebé era más pequeño.
Aldana seguiría trabajando en la Fundación mientras analizaba la posibilidad de
trasladarse a un lugar más tranquilo que la capital. Esta oportunidad había sido
propuesta por la Secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales la semana anterior,
pero aun no se lo había informado a Emilia... decidió que hoy era un buen momento.
Habían recibido una muy buena noticia al enterarse que serian madres de mellizos y
conociendo la afición de Emilia por los lugares tranquilos... tal vez era una buena idea
trasladarse.
Emilia sostuvo la puerta de la cafetería para que Aldana pasara y la recibió el suave
pero penetrante olor a café recién molido. Señaló una mesa que daba a un gran ventanal y
tomó de los hombros a Aldana para dirigirla hasta el lugar. Se sentaron una frente a la
otra y sonrió cuando una mesera se acercó a tomar el pedido.
- Mmm, para mí... café con leche... y unas masas... - pidió Emilia, se pasó la mano por
el pelo oscuro y se quitó los lentes para ponerlos sobre la mesa.
- ¿Y la señora? - preguntó una vez que dejó de escribir.
- Mm, tráeme un té y un poco de leche... para cortarlo. Y... miró hacia donde estaban
las facturas y los bollos y señaló - Y... esa tarta que hay allí, ¿qué es... manzana?
- Si... tarta de manzana... ¿una porción?...
- Si... para compartir. - miró a Emilia y sonrió.
- Enseguida...
La mesera se retiró y Aldana miró un momento por la ventana antes de dirigir sus ojos
oscuros al rostro de su mujer... se inclinó apoyando los codos en la mesa y observo el
lugar, hasta regresar a Emilia... se la veía cansada y sus ojos estaba más pequeños...
señal de estar agotada.
- Ya nos vamos a casa cielo... - le dijo mientras la tomaba de la mano y entrelazaba
los dedos.
- Está bien... solo me arde la vista. - miró a la mesa de al lado donde una pareja
estaba riendo y se le formó una sonrisa...
- Emi... tengo algo que decirte... - Aldana se puso seria y Emilia la quedó mirando por
un momento tratando de descifrar que sería. - Estoy embarazada...
La mujer cerró los ojos y se empezó a reír mientras se mordía el labio y negaba con la
cabeza. Aldana se unió a la risa y le apretó la mano.
- Mmm, ahhh... no sé, no sé, no me quieras hacer responsable de tus noches de juerga... -
dijo señalándola con el dedo.
- Auuu y yo que pensé que te gustaría... y bué... me tendré que buscar otra chichi que
me quiera... - dijo haciendo un pucherito... sabía que eso podría con su mujer y se puso
contenta cuando Emilia extendió su mano y atrapó sus labios.
- Estás loca... - dijo mirándola y sonriéndole.
La moza volvió con el pedido y puso las cosas de acuerdo como habían sido encargadas,
dejó el ticket con el importe y se retiró.
Las dos tomaron el mismo paquete de azúcar y sus miradas se fusionaron.
- Te amo Emi... - abrió el paquete y lo volcó en la taza de su mujer.
- Yo mucho más... - sonrió - Bueno que era eso que me tenias que decir...
- Mmm, ¿recuerdas cuando me reuní con los de la Secretaría? - Emilia asintió mientras
removía el café. - Bueno, me llamaron para hacerme una propuesta... - hizo una pausa
para beber un poco de té.
- ¿Una propuesta? - frunció el ceño y esperó.
- Aja... de trabajo... para hacerme cargo de otra fundación de recursos y medio ambiente...
pero no acá...
- Mmm, ¿qué querés decir con "no acá", acá en la capital? - Aldana asintió.-
¿Y dónde?
- En San Martín de los Andes... - Emilia abrió los ojos sin poder creerlo.
- ¿En serio?, pero... ¿cómo y para cuándo es?... - miles de preguntas bombardeaban su
cabeza y se alegró de la noticia.
- Digamos que el trabajo es el mismo que hago acá solo que orientado al área
cordillerana y a la protección de las especies de allí... fácil.., el sueldo es casi el
doble y pues tendría que contestar entes de fin de año... para estar allí a fines de las
vacaciones.
Emilia se quedó pensando que sería de su trabajo... había conseguido un buen empleo
después de tanto buscar y estaba cómoda con el trato y el puesto en la clínica. Pero
también deseaba salir de la jungla de cemento, como llamaban a la capital.
Buenos Aires era una ciudad bella, pero extremadamente ruidosa y atestada de gente.
Ella se había criado en lugares tranquilos, ciudades pequeñas y había sido todo un
cambio instalarse en la gran ciudad... pero allí estaba su novia, había hecho el
sacrificio aun deseando instalarse en un lugar tranquilo, un lugar rodeado de verde,
cerca de la naturaleza y no amurallado de edificios y contaminación.
Aldana miró a Emilia sumida en sus pensamientos, sabía del deseo de su mujer por
instalarse en un lugar así... y esta era su oportunidad de hacerle realidad su sueño. Su
mirada recorrió el rostro pensativo y sonrió al ver la sonrisa que se formaba
inconsciente en los labios de Emilia.
Su mano fue a parar a su panza y se frotó la barriga un poco más abultada y se dio
cuenta que ella también lo deseaba. Desea que sus hijos nacieran en un lugar limpio...
sin tanto humo y San Martín era un lugar bellísimo, aunque sólo lo conocía por fotos, no
lo dudaba.
Tenían menos de un mes para decidirse pero Aldana sabía que no necesitarían pensarlo
mucho, era lo que soñaban... miró a Emilia y la tomó de la mano. Pensó en el destino de
Emilia y sonrió, conocía a alguien que les podría dar una mano... tal vez... si lograba
ubicarlo...
- Creo que deberías aceptar el puesto, amor...
- También lo creo Em... hay buenas clínicas allí, va ser fácil. Conozco a alguien...
- Mmm... y a lo mejor en la clínica me den una mano... hay buenos médicos.
- Sí, quiero que seamos felices y podamos criar a los bebés en un lugar bonito... -
Emilia apretó la mano y asintió.
- Soy feliz, Al...
Terminaron de tomar la merienda y salieron del bar tomadas del brazo. Emilia ingresó al
garaje donde había estacionado su auto y lo sacó frenando en la entrada del mismo para
que Aldana subiera.
Al llegar al semáforo. Sintió que unos dedos cálidos le rozaban la piel de la mejilla y
se volvió para encontrarse con la mirada brillante de su mujer, se inclinó para dejar
que la besara y frotó su cara en la de Aldana cuando se separaron. Su mano libre se
apoyó con delicadeza en el vientre de la morena mujer y lo acarició lentamente sintiendo
el calor del mismo. Ya estaba deseando verlos crecer y sentirlos mover.
El semáforo cambió a verde y se irguió en su asiento. Pasó el cambio y sumamente feliz
se dirigieron a la casa.
*****
Paula bajó corriendo del auto y golpeó la puerta de la casa de su abuela. Y comenzó a
agitar una hoja del periódico donde había salido su foto junto a un informe sobre el
rescate.
Sara tomó a la niña en brazos y la besó. Gabrielle cerró el auto y caminó por la vereda
hasta acercarse a la mujer.
Habían sido invitadas a almorzar y esperaban que Xena y Dana llegasen de la oficina.
Sara cerró la puerta y pasaron a la cocina donde la mujer estaba cocinando unas ricas
pastas.
- ¿Así que mi niña estuvo en su primer rescate y salió en la tapa del diario? -
acarició el rostro sonrojado y regresó a mover la salsa.
- Si abu... era muy grande... pero sabes que... estaba asustada. - dijo convencida.
- ¿Si? ¿y tú cómo lo sabes? - preguntó mirándola a los ojos.
- Porque lo sentí acá... - se tocó el pecho.
- Sos una persona muy especial Paulita. - su abuela se agachó y le besó la cabeza
rubia.
- Je... - rió la niña un poco avergonzada. - Voy con el abuelo.
Gabrielle se sentó en una de las altas sillas y apoyó la espalda en la pared. Observó
como Sara cocinaba y su mente viajó a los días en que su madre lo hacia.
Sara desvió la mirada a la extrañadamente silenciosa Gabrielle y frunció el seño al verla
sumida en sus cavilaciones.
- ¿Quieres hablar de ello? - la voz suave de la mujer saco a la rubia de sus pensamientos
y parpadeó.
- ¿Cómo? - preguntó algo turbada.
- Si quieres charlar de eso que hace que tus ojitos dejen de brillar.
- Mmm, no es nada Sara... son solo recuerdos de infancia.
- Mmm, eso es mucho hija... ¿extrañas a tus padres verdad? - se acercó y tomó sus manos.
- ¿Cuanto hace que no los ves?
- Mmm, casi un año... en el invierno no pudieron viajar porque mi madre estaba enferma...
y la verdad que los extraño. - reflexionó.
- Lo sé querida... pero a lo mejor pueden venir para las fiestas... - opinó.
- Sip... tenía ganas de que mi familia y amigos vengan...
- Buena idea. - el timbre de la puerta sonó y Gabrielle se ofreció a abrir la puerta.
- Yo voy Sara... - se bajó de la banqueta y caminó un par de pasos antes de detenerse
y volver. - Gracias - Sara se vio envuelta en un par de brazos delgados pero relativamente
fuertes.
Gabrielle abrió la puerta y sonrió al encontrar a su esposa e hija.
- Hola llegaron... - abrazó a la adolescente y se estiró para besar a su mujer.
- Si... terminamos temprano hoy... - Xena dejó su maletín en la silla y se agachó para
tomar en brazos a su pequeña.
- Hola mi princesita... ¿qué estabas haciendo? - preguntó mirándola a los ojos.
- Estaba con el abuelo en el jardín, mostrándole el diario y... y... le contaba como
habíamos salvado a la ballena... - Paula tomó un mechón del largo cabello de su madre y
lo enroscó en su dedito. - Tata... quiero jugar con vos... - dijo haciendo una mueca de
tristeza.
- Mm, vení acá enana... - la alzó - Hagamos una cosa... mientras yo me doy una ducha
vos me contás un cuento ¿Dale?
- Bueno está bien... pero desde que estás con tu novio y con mamá en el barco casi no
jugás conmigo... - la tomó de la mano y la arrastró hacia el baño.
Dana miró a sus madres y giró los ojos ante la clara muestra de celos de su pequeña
hermana. La pareja solo se limitó a sonreír.
- Mmm Xe... estaba pensando en llamar a las chicas y a mis padres para que vengan en
las fiestas.
- Es una buena idea amor... - la morena mujer pasó sus largos brazos alrededor de la
cintura de la más pequeña y la alzó. - Te noto triste Gab... ¿qué te ocurre?
- Nada amor, solo estoy un poco sensible... - Gabrielle tomó el rostro entre sus manos
y bajó su cara hasta rozar sus labios con los de su esposa. - Vamos con tu mamá.
- Mmm... en este momento preferiría estar en otro lado... - dijo con la voz algo ronca
y sus ojos ligeramente oscurecidos.
- Mmm guerrera... a ver como te enfrentas a esta batalla... - sonrió con malicia.
- Aaarhhhgggg - gruñó.
El almuerzo transcurrió agradable. Las pastas era la especialidad de Sara y la comida
preferida de Gabrielle y Paula. Xena y Dana eran más fanáticas de las carnes en todas
sus cocciones, para ellas si la comida no tenia algún tipo de carne en sus ingredientes
no era comida.
En la tarde Tomás pasó a buscar a Dana y la parejita se sorprendió cuando Paula quiso
que la llevaran. Tomás comprendió los celos de la pequeña ya que el tenía dos hermanas
más chicas, aunque vivían en Buenos Aires y hacia unos meses que no las veía... las
extrañaba... en un arrebato de ternura tomó a la pequeña y la subió a los hombros. Pasó
un brazo por los hombros de Dana y se alejaron caminando rumbo a la playa.
Paula corría de un lado al otro tratando de esquivar los dedos de Tomás que amenazaban
con hacerle cosquillas. Dana se había sentado en la arena compacta y observaba la
interacción entre los dos.
La niña se acercó corriendo y se refugió en sus brazos pero al instante ambas
descubrieron que había sido una mala idea.
Tomás cayó sobre ellas y las aprisionó haciéndoles cosquillas. La risa reverberó por
toda la playa y terminaron abrazados formando una gran bola humana tratando de ver quien
de los tres le ganaba al otro en esa guerra de cosquillas.
Desde lo alto de la rambla dos personas se alejaban tomadas de las manos, habían
decidido salir a dar una vuelta a solas cuando se encontraron con el espectáculo en la
playa. Sabían que Tomás amaba a su hija, pero en esta interacción se dieron cuenta que
no solo era correspondido por la adolescente, sino que ahora también se había ganado el
corazón de la integrante más pequeña de la familia.
Era maravilloso ver como día tras días sus hijas crecían, maduraban y se integraba a la
sociedad de forma única. Todo sucedía deprisa, sin tiempo a nada. Todo pasaba allí...
delante de sus ojos.
El par de huellas que se iban formando en la arena, pronto se desvanecía con el suave
oleaje... más no aquellas que estaban grabadas a fuego en sus almas.
Xena y Gabrielle se miraron y al mismo tiempo dos palabra brotaron de dos bocas unidas
en un beso. Dos palabras con un sentido tácito e implacable.
- Te Amo...
- Te Amo...
*****
El calor se hacía sentir en la ciudad. Era más de las tres de la tarde cuando Aldana
terminó de organizar los papeles en su oficina.
El trabajo en la fundación había disminuido un poco ya que era época de vacaciones.
Sabía que le quedaba menos de mes y medio para mudarse a donde sería su nuevo hogar.
La morena mujer giró el asiento hacia el gran ventanal y levantó un poco su camisa para
exponer su panza al sol de la tarde.
Acarició la piel algo tirante y recorrió con sus dedos una línea vertical parcialmente
oscura que la dividía. Era increíble, ya estaba en la mitad del cuarto mes y podía
sentir los movimientos de sus pequeños. La sensación era indescriptible.
Cerró los ojos y su mente se trasladó al momento en que los había sentido moverse por
primera vez.
No hacía mucho, solo un par de semanas, cuando habían decidido pasar un día en un lugar
tranquilo. Habían preparado unas viandas y luego de tomar el tren terminaron bajo un
árbol en su lugar preferido.
El agua estaba a centímetros y Emilia estaba apoyada en un árbol y Aldana se había
situado entre sus piernas. Sus manos estaban entrelazadas sobre su vientre y lo
acariciaban lentamente mientras compartían un momento de relativa intimidad.
- Me gusta estar así... - la voz de Emilia llegó de forma suave.- ¿Vos estás bien?...
¿cómoda?
- Si... me siento bien y si nos quedamos...
- ¿Sentiste? - interrumpió Emilia acariciando la zona baja del vientre de Aldana y
abrió los ojos cuando volvió a sentirlo. - Se está moviendo, amor
- Siii... mmm... - Aldana guió la mano más al centro y presionó - Ahí... ¿lo sentís?
- Wow... no puedo creerlo... - sus ojos se llenaron de lagrimas y estrechó a su mujer. -
Te amo mi vida...
- Y yo a vos... - sonrió cuando volvió a sentir el movimiento y guió nuevamente la
mano de su mujer.
Una sonrisa se formó en sus labios y acarició el lado izquierdo cuando su bebé se movió.
Siempre estaban más activos cuando el sol bañaba su hogar.
Era una sensación exquisita sentir esas pequeñas patadas en su panza y jugar con ellos.
- Y pensar que tu fuiste más vago... - dirigió la mirada hacia abajo mientras
presionaba el área - Y ahora eres el que más te mueves... saben... me estoy muriendo
por conocerlos... y se que mamá Emilia también... ya verán las cosas que les ha
comprado... - sonrió al escuchar que la puerta se abría y reconoció los pasos de su
mujer.
- Ey... hola... - dijo suavemente.
- Hola... - sus labios se encontraron en un beso dulce y tierno. - Te extrañábamos. -
anunció.
- Yo más... - Emilia se arrodilló frente a ella y se inclinó para besar la panza. -
Hola mis bebés... mmm... ¿cómo se está allí adentro?.
Aldana acarició el cabello de Emilia y le sonrió. Uno de los bebés se movió y eso hizo
que sus sonrisas se agrandasen.
- Te lo dije amor... ya empiezan a reconocerte...
- Naaa, aun es muy pronto... - negó. Pero eso quedó trunco cuando esta vez el
movimiento vino de ambos lados del vientre.
- Créeme Emi... cada vez que les hablás se mueven. - la miró seria. - Eres su mamá, te
conocen... conocen tu voz, tus caricias.
- Que bueno... ya quiero verlos... - su caricia era suave y relajante.
- Yo también... me muero por saber como son... - torció su boca - Y que son....
- Jaja paciencia amor... paciencia.
Emilia cubrió la panza y le dio la mano para ayudarla a levantarse.
- Vamos a casa... ya es viernes y necesitas descansar.
- Si... y necesito un baño... hace calor...
*****
El paisaje se veía demasiado desolador. Corría el mes de abril y el frío se hacía notar
en la cordillera. Los picos nevados y las ráfagas de aire frío contrastaban con la
calidez de la casa.
El gran ventanal estaba ubicado de cara a las montañas y se podía apreciar la entrada
del sol. El cielo tenia mezcla de naranjas y rojos. El fuego crepitaba en la chimenea y
el suave olor a chocolate impregnaba la sala.
El sillón blanco de cuero había sido ubicado frente al ventanal y Aldana estaba
recostada en él. Sus pies descalzos descansaba sobre uno de los apoyabrazos y su cabeza
en el otro extremo.
Estaba vestida con un pantalón pijama y una camiseta. Levantó la vista cuando Emilia
entró con dos tazas y se arrodilló a su lado.
Aldana se incorporó y cruzó las piernas dejándole un hueco a su novia.
Bebió un sorbo de su bebida y sonrió. Tomó rápidamente una de las manos de Emilia y la
puso sobre su vientre.
Era increíble lo inquietos que eran sus pequeños.
Ya estaba en el séptimo mes y su panza crecía día tras día. La última ecografía había
revelado unos bebés sanos y en pleno desarrollo. Aunque los mellizos se habían puesto
de acuerdo con ocultar sus partes íntimas alargando así la espera para conocer sus sexos.
- Mmm, para mi que son dos varones... - anunció Aldana acariciando uno de los costados.
- Naaa... ya vas a ver que son nenas... - Emilia bebió de su taza y se acomodó en el
sillón. - Aunque me encantaría que sean uno y uno.
- Siiii así tengo dos de una sola vez - rió la morena.
- Jaja... mmm... estás bonita... - Aldana torció la cabeza y la miró alzando sus cejas.
- ¿Y eso? - Emilia se encogió de hombros.
- Nada, me gustas... me haces feliz... y te veo bonita.
Aldana tomó las tazas y las dejó en el suelo, luego estiró su mano y tomó la de Emilia.
Jaló firmemente hasta hacerla quedar arrodillada en el sillón una sonrisa se formó en
sus labios y la miró a los ojos.
Emilia bajó lentamente hasta sus labios y la besó. Sus dedos se enredaron en el cabello
oscuro y presionó para hondar más en su boca. En segundos se vio rodeada por sus brazos.
Se acomodó en el sillón y un suspiro escapó de su boca cuando sintió las manos colarse
por debajo de su remera.
La piel de su cuello era suave y ligeramente perfumada. Emilia aspiró el aroma de su
mujer y bajó las manos por el cuerpo que ahora estaba tendido en el sillón.
Acarició un pecho hinchado y su pierna se coló entre otras dos haciendo presión. Aldana
gimió cuando sintió el estímulo y sus manos se anclaron en la espalda de Emilia.
Una lengua húmeda la acarició desde el centro mismo de su pecho y descendió lentamente
por su vientre abultado y rígido.
- Te amo Emi... - un susurró cruzó la sala - Mmm... así... despacio.
Las manos de Emilia estaban a cada lado del vientre de su mujer y comenzó a acariciarlo
cuando su boca fue más allá.
La respiración de Aldana era fatigosa y de repente se detuvo cuando alcanzó la cima.
Sintió que su cuerpo estaba en llamas y tomó las manos de Emilia para que la abrazara y
se relajó al sentir el calor sobre su piel.
Abrió los ojos y descubrió que el cielo estaba oscuro. Sintió un escalofrió en la
espalda y se removió incómoda. Una mano descendió por su piel y acomodó la manta
cubriéndola hasta los hombros.
Habían acabado en la cama y Aldana se giró para mirar a Emilia. Se acomodó de costado al
tiempo que volvía a sentir los dedos tibios acariciar su piel.
- Hola... - se acercó y puso su cara muy cerca de la de Emilia.
- Hola... - susurró y cubrió la distancia.
- Mmm...
Las manos de Aldana recorrieron el cuerpo de Emilia con urgencia y su lengua se metió en
su boca. Jugó un rato allí y sintió que Emilia se apretaba más a ella, la mano derecha
de Aldana rozó un muslo demasiado sensible y jugó en la zona hasta llegar a donde más
la necesitaba.
- Mmm - gimió al sentir los dedos jugar en su cuerpo.
- Te amo Emi... te deseo tanto... - en un movimiento Emilia estaba sentada sobre su
pelvis y sus movimientos eran suaves.
Aldana sintió las manos recorrerla y cerró los ojos. Las suyas fueron a parar a las
caderas de Emilia y la guiaron lentamente.
Los movimientos se hicieron más frenéticos y Emilia cayó sobre su cuerpo. Sus
respiraciones estaban aceleradas, el sudor cubría sus cuerpos satisfechos y las caricias
parecían no tener fin. Emi giró su rostro y se encontró con el rostro tranquilo de su
mujer.
Un suspiro salió de su boca y se acomodó en la cama.
Aldana sentía su cuerpo flojo y tembloroso. Se frotó la cara e intentó respirar con
tranquilidad. Sintió la mirada de su mujer y volteó a verla y una sonrisa se formó en
sus labios, extendió su brazo para que se acomodase y cubrió sus cuerpos. Sentía el
contacto suave sobre su vientre y dejó que eso la relajara.
Su último pensamiento conciente se produjo con el leve movimiento de sus bebés y una
sonrisa se formó en sus labios cuando escuchó el susurro de Emilia...
- Te amo.
*****
- ¡¡Pero te dije que era una locura Tomás!!
- Pero...
- Pero nada... fue una estupidez... te podrías haber matado. Me asustaste idiota...
- Dana... perdoname... no fue mi intención asustarte... Ya linda... mírame no me pasó
nada.
Dana se giró y observó a su novio. El muchacho tenía la ropa rasgada y algunos cortes en
uno de sus costados, en su brazo derecho y su rodilla izquierda le dolía horrores.
Intentó disimularlo pero...
Hacía un par de meses que se había comprado una moto y había entrado en unas competencias
locales. Nunca le había ocurrido nada... hasta ahora, cuando en un sobrepaso
perdió el equilibrio y derrapó sobre la grava.
Dana estaba observando la carrera cuando vio que se caía. Corrió hasta su lado y su
histeria brotó al verlo ahí tirado.
- No quiero que hagas más esas cosas... no me gusta que andes a dos mil por hora con
esa cosa.
- Pero no fue nada Dan...
- No me importa... no quiero estar preocupada por que te suceda algo.
El médico de la competencia se había acercado pero él chico lo había rechazado, sabiendo
que era más importante su relación que su revisión.
Tomás caminó un par de metros y levantó su motocross y volvió al lado de su novia. En el
camino recogió el casco y lo miró con los ojos muy abierto, el mismo presentaba una
rajadura por el impacto que le hizo sentir un gran escalofrío. Eso estuvo cerca...
meditó.
Llegó hasta Dana y la tomó de la mano le dolía todo el cuerpo y los rayones en su piel
escocían.
La gente que estaba mirando el espectáculo lo saludó aplaudiéndolo y Tomás levantó el
casco en señal de triunfo. Sintió sobre sí la mirada penetrante de su novia y volvió su
rostro.
En sus ojos celestes habían lágrimas y notaba como luchaba por mantenerse calmada.
Había sido un estúpido... había arriesgado su vida y lo peor de todo la había hecho
sufrir.
Detuvo la marcha y apretó la mano de la adolescente.
- Dan... nena... - la miró a los ojos y luego bajó la cabeza. - Lo siento... no quise
asustarte... no pensé que podría pasarme algo...
- No quiero que corras más... no quiero que te ocurra nada malo... - una lágrima rodó
por su mejilla y unos dedos morenos la retuvieron.
- Te amo...
- Yo también te amo y me hace mierda pensar que te puede pasar algo...
Tomás dejó la moto y el casco y abrió sus brazos para recibir el moldeado cuerpo de la
adolescente. Se mordió el labio cuando sus dedos rozaron la lastimadura pero no dijo
nada. No merecía quejarse... sabía bien que se lo había buscado.
Luego de unos minutos se separaron y emprendieron nuevamente la marcha.
- Vamos a la fundación... allí hay un botiquín. - el le sonrió y se agacho para darle
un beso en los labios. - Pero en cuanto te quejes te juro Tomás que te meto alcohol puro...
- dijo enojada.
- Gracias... - su sonrisa se hizo más grande y la estrechó contra su cuerpo.
Xena abrió la puerta de su oficina y apoyó su bolso en el costado del escritorio antes
de quitarse el grueso abrigo y dejarlo en el perchero. Luego se desplomó en el asiento
de cuerpo y descargó su cabeza entre sus manos.
Dejó que su cuerpo se calmara y contó hasta mil antes de actuar.
Gabrielle la había oído llegar y se asomó por la puerta. Enseguida supo que las
negociaciones no habían salido muy bien y esperó.
Xena levantó la vista cuando sintió un movimiento en la habitación y se encontró con la
mirada cautelosa de su mujer.
- Hola... - se reclinó en el asiento y cruzó sus brazos en el pecho.
- ¿No hubo acuerdo? - preguntó una vez que se sentó.
- No... los malditos quieren tener el control de las aguas nuevamente y que se los
deje cazar en el Santuario...
- Otra vez con esa historia. - una sonrisa cínica por parte de la morena.- Me parecía
raro que se quedaran tan tranquilos...
- Y no solo ellos, ahora se sumaron los noruegos...
- Y que vamos a hacer...
- ¿¿Nosotras?? - Gabrielle asintió. - Nada Gab... eso ya es problema del gobierno...
la fundación no puede hacer nada. Solo esperar que salgan bien los acuerdos de protección
de las especies.
- ¿Se vienen tiempos complicados no?
- Si... muy...
Dana entró al edificio con su novio tomados de la mano y subieron las escaleras. Golpeó
la puerta de la oficina de su madre y entró cuando le otorgaron el permiso.
Gabrielle se alarmó cuando vi al chico todo magullado, enseguida se acercó y lo revisó.
Dana lo ayudó a sentarse y salió para buscar el botiquín.
- ¿Qué te pasó? - Xena rodeó el escritorio y ayudó a Gabrielle revisando las otras
heridas.
- Me caí con la moto... pero iba ganando... - dijo algo cortado. Se sonrojó y bajó la
mirada. - La asusté...
Gabrielle y Xena cruzaron miradas y sonrieron. Dana ingresó en la oficina y organizó las
cosas sobre el escritorio.
Sus madres la dejaron actuar y se quedaron observando la interacción entre ambos
adolescentes y la preocupación mutua por el bienestar.
Xena abrazó a su esposa y le susurró su aprobación.
Su hija había crecido y mucho. Ya no era la niña que se acurrucaba en esos viajes. Su
cuerpo estaba estilizado y era bella. El muchacho era bien parecido y resolvieron que
juntos hacían una buena pareja.
Dana terminó de curar las heridas de su novio y sus ojos se encontraron. Una pequeña
sonrisa por parte de él y Dana meneó la cabeza. Se estiró y le regaló un beso.
Se incorporó y se encontró con la mirada de su madre. Sintió que se sonrojaba y una
sonrisa tímida asomó en su boca.
- Ok... vamos a comer... - Xena tomó su campera y la cartera.
- Ya vengo, voy a ver si encuentro algo para que te pongas.
- Gracias Gabrielle. - Tomas tomó su camiseta arruinada y la estrujó. - Gracias por
atenderme.
Salieron de la oficina y subieron a la camioneta de Xena. Tomás miró su motocicleta y
luego a Dana. Pasó su mano por sus hombros y la estrechó.
- Te prometo que mañana la pongo en venta.
Dana lo miró y le acarició la mejilla. Apoyó su cabeza en su hombro y asintió. Una
sonrisa apareció en su rostro y encontró la mirada de Xena en el espejo retrovisor.
Pasaron por la casa de Sara y recogieron a Paula. Juntos fueron a almorzar. Con la
reunión y la competencia ninguno de los integrantes había probado bocado alguno.
- ¿Y qué piensan hacer mañana? - preguntó Dana a sus madres.
- Además de acomodar la casa y limpiar un poco... nada más ¿por qué? - contestó
Gabrielle antes de llevarse su bebida a la boca.
- Mmm, quería que fuésemos al centro cultural. Hay una exposición y estaría bueno ir.
- ¿Exposición de...? - preguntó Xena.
- Pues... - miró a Tomás y sonrió - De mis fotografías... gané el concurso... - las
dos mujeres se quedaron mirándola y cuando cayeron a la cuenta empezaron a felicitarla.
- ¡¡¡No lo puedo creer!!! - gritó Gabrielle antes de abrazarla. - Te felicito mi vida....
- Gracias mamá... - recibió el abrazo de Xena y luego sintió que una manito tomaba la
suya.
- Te felicito Tata... - Paula se acercó y le dio un beso antes de abrazarla.
- Gracias enana... así que mañana a las tres de la tarde es la exposición. Hay
trabajos de fotografía, videos y algunas pinturas... Mariana también ganó, mamá. -
anunció.
- En pintura seguro... es muy buena.
- Si... - Tomás tomó en brazos a la niña y le acomodó el cabello.- Dana me mostró
algunos de sus dibujos, me gusta mucho el que les hizo a ellas.
- ¿El de la playa? - curioseó la pequeña.
- Sí... ese que están de pequeñas - sacó de su bolsillo unos billetes y lo puso en la
bandeja de la cuenta. - Yo las invito.
- Noooo.. no te preocupes yo pago.
- Xena por favor. - la miró a los ojos y le sonrió. - Quiero hacerlo.
- Está bien... - aceptó - Y por cierto esa foto se la sacó Gabby el día del cumpleaños
de Paula. Y Mariana la vio en el álbum y me la pidió para hacer un mural. - informó.
Gabrielle entró en la casa y se quitó la campera arrojándola sobre uno de los sillones
y estiró los brazos. Xena cerró la puerta y se acercó a su mujer abrazándola por la
espalda. Descansó su cara en su hombro y le regaló un beso. Gabrielle giró despacio y
pasó los brazos por el cuello. Sintió que la rodeaba y que la estrechaba y se permitió
relajar.
- Mmm... sabes... me gusta mucho Tomás - dijo en un suspiro.
- Mmm, sí... y Dana se siente muy cómodo con él. Se quieren...
Gabrielle levantó la vista y se concentró en ella. Deslizó su mano por la mejilla de su
esposa y se acercó para besarla.
- Creo que nuestra familia es la mejor.
- No lo dudo amor. Te amo princesa...
Subieron al cuarto y juntas entraron en la ducha... entre besos y caricias se relajaron.
Luego se acostaron y Gabrielle se acomodó a medias sobre el cuerpo de su esposa.
Era tarde cuando sintió la puerta de entrada y risas en la sala. Xena se levantó y bajó
las escaleras. Ajustó el cinturón de la bata y caminó descalza.
Dana estaba conectando la alarma cuando vio a su madre bajar la escalera. Paula estaba
sentada al pié de la misma acariciando a Laika y giró cuando sintió los pasos de su
madre.
- Ey - saludó Xena - ¿Ya cenaron?
- Si, en la casa de Tomás... ya nos íbamos a acostar.
- Bueno, entonces nos vemos mañana. - comenzó a subir la escalera - No hagan ruido.
- Ok - Dana apagó la luz y luego fue a la cocina. - Hasta mañana má. - susurró.
- Má... - la llamó a Xena.
- ¿Qué bebé? - la niña subió las escaleras y estiró sus brazos.
- Te quiero.
Xena se acostó y sonrió... estaba orgullosa de su familia. Se puso de lado y pasó su
largo brazo por la espalda desnuda de Gabrielle. Cerró sus ojos y lentamente se durmió.
*****
Emilia se despertó cuando sintió la puerta del baño cerrarse. Se acomodó en la cama y
abrazó su almohada. Miró el reloj y éste marcaba algo más de las cuatro de la madrugada.
Cerró sus ojos y estiró su cuerpo en la cama. Volvió a girar quedando de espalda y pensó
en todo lo que le estaba sucediendo.
Faltaba poco para que sus bebés nacieran, apenas unas dos semanas según el obstetra
había programado la cesárea.
El cuarto ya estaba terminado y solo faltaba colgar los carteles con los nombres de los
bebés. Aun no sabían que eran, bah, en realidad no habían querido saberlo, preferían la
emoción del momento.
Juntas habían trabajado en la habitación. Habían elegido colores claros, neutros. La
habitación estaba ubicada de una manera que se podía apreciar el paisaje de las montañas
nevadas y el lago desde el gran ventanal.
Debajo de la ventana estaban enfrentadas dos mecedoras y en una de las paredes un placard
lleno de ropa, accesorios.
Las cunas de madera natural estaban juntas, el día anterior habían terminado de armarla,
solo faltaba colocarles la ropa de cama, aunque estaban llenas de osos y muñecos.
Había quedado linda, las paredes de color lila muy suave estaban adornadas con cuadros
y algunas figuras de animales.
La puerta del baño se abrió sacando a Emilia de sus cavilaciones y miró a su mujer. Su
cuerpo había cambiado, la encontraba bella y su sonrisa se hizo más grande cuando se fue
acercando.... abrió la cama cuando llegó hasta ella y la cubrió una vez dentro.
Aldana se quedó de espalda y tomó aire.
- ¿Estás bien? - dijo suavemente.
- Si... necesitaba ir al baño. - se acomodó cerca de Emilia y sonrió - Tus hijos están
inquietos esta noche... casi no he dormido.
Emilia se estiró y encendió la luz. Miró el rostro cansado de su mujer y le acarició el
cabello.
- ¿Querés que te prepare algo?...
- No... - tomó la mano de su amor y la puso sobre su vientre. - Haceme mimos. Mmmhgg...
- se quejó.
- Uhh eso si que fue fuerte - sintió como su bebé se movía y acarició la panza. -
¿Mejor?
- Mmm... - murmuró.
Pasó un rato hasta que notó la respiración acompasada de Aldana y que los movimientos
disminuían. Parecía que sus bebés habían decidido darle algo de descanso. Emi se acopló
al cuerpo de Aldana y dejó su mano en el vientre.
La mañana las encontró entrelazadas. Aldana estaba de costado igual que Emilia y sus
piernas enredadas. Piel con piel unidas.
Una inspiración brusca resonó en la habitación cuando el sonido agudo de la alarma marcó
las siete de la mañana.
Aldana abrió los ojos y se encontró con el rostro aun dormido de su mujer. Acomodó las
mantas y pasó su brazo por el cuerpo de Emi rodeándola. La mujer se acurrucó en los
brazos cálidos y pasó el suyo por la cintura de Aldana.
Frotó su nariz en el hombro, abrió sus ojos y los enfocó guiñando en la penumbra.
- Hola... - su voz sonó algo pastosa y chasqueó la lengua.
- Ey... linda lata te di. Perdón. - bajo su cara hasta rozar sus labios en la frente
de Emilia al besarla.
- Está bien cielo... no te sentías cómoda... pero no te preocupes ya falta poco. - la
abrazó pegándose bien y luego se separó cuando la invadió la pereza. - Mmmm... - se
estiró en la cama.
Aldana la observó y deslizó su mano desde la base de la garganta hasta el ombligo una
vez que terminó de estirarse. Le encantaba ese momento. El despertar a su lado y
acariciarla.
Emi se levantó y se metió en el baño. Aldana se puso de espalda y acarició su panza
cuando sintió que uno de los bebés se movía.
- ¿Ya estás despierto? - dijo mirando su estómago. - Mmm, no te muevas tanto que vas a
despertar a tu hermano o hermana.
- Mmm, estas charlando con los bebés. - Emi salió del baño secándose el cabello y
caminó hasta la cama.
- Sip, le estaba diciendo que no se mueva tanto que iba a despertar a su hermano. -
Emilia gateó en la cama y quitó la sábana descubriendo su cuerpo y empezó a besarle la
panza haciendo presión al sentir los movimientos.
- Hola mis niños... mami se va a trabajar y los veo en un rato, ¿si?... - acarició la
panza y volvió a besarla. - Estén tranquilos... así mami descansa.
Besó a Aldana antes de salir y se cerró bien la campera cuando la azotó el aire frío.
Aldana la observó desde la ventana y una vez que se subió al auto regresó a la cama.
Sabía que tenía que leer algunos informes pero estaba agotada. Cerró sus ojos y se
durmió.
El médico le dio una última indicación y así concluyó la intervención. Estaba cansada
había pasado tres horas parada en una operación compleja y al fin había terminado.
Era la segunda en el día y aun le faltaba dos más...
Era lo que se llamaba... Un día largo....
Su mente regresó al inicio de su mañana. Le gustaba despertarse y abrazarse a su mujer.
Era relajante y la ponía de buen humor. Abrochó su camisa y la metió dentro del pantalón.
Se calzó los zapatos y se miró al espejo. Era increíble como su vida iba a cambiar en
unos días.
Tomó sus cosas y salió de la clínica. Dirigió su auto hasta la avenida y estacionó en
una de las calles laterales. Tomó la cartera y el abrigo y caminó. Paseó por el centro
de la ciudad y se detuvo frente a una vidriera. Entró en el negocio y miró cada una de
las cosas que le ofrecían.
Luego de pagar volvió hasta el auto y arrancó. En el camino compró unas flores y ahora
si regresó.
Aldana estaba en la sala frente a la pc imprimiendo unos informes y se quedó quieta un
momento cuando sintió una punzada en la parte baja de su vientre. Era la tercera que
sentía en lo que iba en el día. El dolor disminuyó y respiró hondo. Su médico le había
dicho que era normal que tuviese algunas contracciones esporádicas pero esto ya empezaba
a preocuparla.
Emilia entró a la casa y se encontró con Aldana de espalda a ella. Caminó despacio y la
abrazó cuando llegó a su lado. Le presentó el ramos de flores y luego le dio dos bolsas.
- Hola... - la besó en la mejilla y luego bajó a su cuello.
- Holis... gracias... - tomó las flores las olió... le encantaban las fresias. - Mmm
¿y esto?
- Un regalo para los bebés... - Emi rodeó a su mujer y se sentó en el escritorio. -
Espero que te guste.
Aldana abrió los regalos y sacó dos conjuntos pequeños, uno de color verde manzana y el
otro de un amarillo claro. Se rió al ver el tamaño.
- Son re chiquitos... - se levantó la remera y acomodó las prendas - Me encantan.
- Mmm, quedate así - Emi corrió hasta la habitación y tomó de uno de los cajones la
maquina de fotos. Regresó a la sala y se puso frente a Aldana - Mmm... a ver... -
acomodó el lente y disparó.
- ¿Ya está? No me dejaste acomodarme...
- Lo sé solo que quería esa así al natural... ahora si acomódate como quieras.
Aldana se acostó en el sillón y dejó que su mujer la retratara.
- Mmm, Emi... hoy tuve unas contracciones... - la mujer bajó la cámara y la miró con
los ojos abiertos.
- ¿Qué? - se agachó y puso sus manos en la panza. - ¿Cómo que sentiste contracciones?
- Sí pero tranqui... fueron tres en lo que va del día.
- Al... - miró la hora - Por qué no vamos a la clínica que te revisen... me parece que
son muchas para ser normales...
- Naaa... amor, en serio. - tomó las manos y se las llevó a la boca. - Te prometo que
si me siento mal... vamos... ok...
- Está bien... - besó a su novia en la boca y soltó un suspiro cuando su lengua la
rozó y no pudo resistirse. - Mmm, te amo...
- Te amo... - Aldana tiró de Emilia hasta ponerla a medias sobre ella y bajó su boca
para besarla. - Y te deseo mucho.
- Yo también amor... pero... - intentó separarse.
- Shh tranquila... estoy bien... veni...
Aldana abrazó a su mujer y comenzaron a besarse. Necesitaba esos momentos de tranquilidad
y cerró los ojos cuando Emilia comenzó a besar su cuello y su mano le acariciaba la
cintura. Y rió cuando le corrió un escalofrío al rozarla con las uñas.
Era relajante besarse y sentir el calor del cuerpo de la persona amada... deseada.
Emilia se separó y la quedó mirando a los ojos. Lentamente se volvió a acercar y dejó su
nariz pegada a la de su compañera.
- Me haces muy feliz... - susurró.
Una sonrisa limpia y genuina apareció ante ella y al segundo se vio rodeada por los
brazos de Aldana y estrechada con fuerza contra su cuerpo.
- Te amo... te amo... te amo...
*****
- Llamó Emilia... dice que los bebés están por nacer...
*****
Gabrielle estaba armando las valijas mientras Paula miraba el ir y venir de su madre y
casi se mareó cuando comenzó a buscar algo que no hallaba.
Salió del cuarto y bajó lentamente las escaleras y se sentó en los últimos escalones.
Levantó la vista cuando la puerta se abrió y su madre y hermana entraron algo alteradas
habían ido hasta la cochera a poner en marcha el auto y guardar algunas cosas.
Habían recibido el llamado de Emilia cerca de las 6 de la mañana y todo había sido un
caos desde entonces.
Laika ladró en busca de atención y la niña se levantó para rellenar el comedero. Tomó un
puñado de alimento y se los dio uno a uno mientras pensaba.
Se aburrió de que la perra la lamiera queriendo más y se sentó en le sillón para mirar
televisión. Puso Cartoon Network y los dibujitos comenzaron a correr. Dana bajó las
escaleras con un bolso al hombro y su teléfono celular en su oído. Era obvio que estaba
hablando con Tomás. Se sentó a su lado y le acarició el cabello antes de seguir con la
charla.
El aeropuerto estaba casi desértico. Solo los empresarios abordaban vuelos de cabotaje
los días martes. Aunque estaban en temporada de turismo, casi todos llegaban en auto y
micro ómnibus.
La pareja se sentó junta y Dana acompañó a su hermana.
El tiempo era bueno y se ajustaron los cinturones cuando el avión comenzó a carretear
por la pista. En unos minutos estaban surcando el aire patagónico rumbo a un gran
acontecimiento.
*****
Martes 6 de junio
La nieve caía lentamente en livianos copos. La temperatura había disminuido durante la
noche y en cielo estrellado se podía apreciar las constelaciones.
El vidrio estaba algo empañado debido a la temperatura cálida de la casa. Todos los
ambientes estaban en plena oscuridad y el reloj de la sala marcaba pasadas las tres de
la mañana.
Aldana se removió algo inquieta en la cama y se acomodó de costado. El cuerpo de su
mujer estaba boca abajo y su brazo rodeaba el vientre abultado y tibio.
Un suspiro cruzó la habitación y un par de ojos oscuros se cerraron con fuerza ante el
movimiento brusco de uno de sus bebés. Cambió nuevamente de posición y se frotó el lado
izquierdo de su panza justo donde había recibido la patada.
Emilia abrió sus ojos y se acomodó de costado. Observó en la penumbra el cuerpo de
Aldana y pasó su mano acariciándola... tratándola de calmar.
- ¿Qué pasa Al... te sentís mal? - Emi estiró su brazo y encendió la lámpara.
- Mmm, no sé que pasa... están inquietos y tengo dolores acá. - se señaló la parte
baja de vientre. - Voy al baño.
Aldana se levantó y cuando llegó a la puerta se detuvo.
- Oh... oh... ¿Emi?
- ¿Qué? - Emilia giró para mirarla y abrió los ojos cuando descubrió un charco de agua
a los pies de su mujer. - Hay que ir a la clínica.
- Mmm... Ay... - Aldana se tomó el vientre y cerró los ojos cuando una fuerte punzada
la azotó.
Emilia saltó de la cama y corrió a ayudarla.
Los nervios corrían por su cuerpo y casi gritó de pura frustración al no poder arrancar
el auto. Un poco de paciencia y el motor bramó con furia.
Tomó la calle desértica a las cuatro y media de la madrugada y dirigió el auto hacia la
clínica. Miró a Aldana y la tomó de la mano cuando comenzó una nueva contracción.
- Tranquila amor... - le acarició la panza y la notó dura. - respirá...
- Mmm... auuuu... - Aldana inhalaba y exhalaba con regularidad y soltó un suspiro
cuando dejó de sentir los fuertes dolores. - Dios...
- ¿Mejor? - Aldana asintió y le regaló una sonrisa.
- Mmm... me parecía raro esas contracciones... pero si falta semana y media.
- Se adelantaron amor... - giró a la derecha y redujo la marcha ya que la ruta estaba
asfaltada y ésta tenía algo de nieve.
- Mmm... si... parece que sabían que no pude comprarte nada... - Emilia frunció el
ceño y se quedó pensando. Un rubor cubrió las mejillas y se empezó a reír. Giró el
rostro un momento y se encontró con la mirada más dulce y tímida que le había conocido
a Aldana. - Feliz Aniversario Amor.
Emilia detuvo la marcha y se inclinó para besar a su mujer.
- Feliz Aniversario - la besó en la boca y acarició la barriga. Sintió que la panza se
ponía dura de nuevo señal de una nueva contracción y esperó hasta que se le pasara para
retomar la marcha. - Vamos a tener a esos bebés...
Emilia saludó a la recepcionista y pidió que llamaran al médico que atendía a Aldana.
Los residentes acomodaron a la mujer en un cuarto y empezaron a monitorear a los latidos
fetales. El obstetra de turno revisó a Aldana y determinó que era hora de tener a los
bebés. La ruptura de una de las bolsas había acelerado el parto.
Solo había que esperar que llegase el Doctor Lamadrid médico que atendía a Aldana. El
hombre era una eminencia y el ser más dulce y bueno que habían conocido jamás. Aunque ya
estaba entrado en años, aun seguía ejerciendo la medicina.
La sala de cirugía estaba preparada y esperaba ser usada.
Aldana estaba acostada y respiraba con dificultad. Sus manos aferraban con fuerza las
barras mientras intentaba no pujar ya que su cuerpo la instaba a hacerlo. Una enfermera
le ayudaba a superar le momento mientras esperaba que Emilia entrara por la puerta.
- ¿Dónde está Emilia? - preguntó jadeando una vez que se recuperó.
- Tranquila Al... está haciendo los papeles. Ya viene.
- Mmm... auuuu... - inspiró con fuerza cuando sintió que se estaba formando una nueva
contracción.
Emilia corrió por el pasillo hasta llegar al cuarto y entró en el momento que Aldana
luchaba por superar el dolor. Se sentó a su lado y la tomó de la mano.
- Tranquila mi amor... respira.
- Mmmhhssss... auuuu - Aldana abrió sus ojos y se concentró en le rostro de su mujer -
Necesito que... que... me... abraces... - pidió.
Aldana se sentó en la cama y dejó que Emilia se pusiera entre sus pierna abrazándola y
frotando la espalda y la cintura. Sentía como el cuerpo de Aldana temblaba y se relajaba
cuando el dolor iba cediendo.
Una hora había pasado cuando llegó el médico. Aldana estaba sentada en una de las sillas
y tenía el cuerpo sobre la cama mientras Emilia le hacía masajes en la espalda.
- Hola chicas... siento la tardanza... - se acercó a la cama y miró la planilla. -
¿Cómo te sentís?
- Bien... pero cada vez son más fuertes... ya quiero que nazcan. - Aldana levantó la
vista y lo miró suplicante.
- Bueno yo estoy listo... - sonrió - No hay que esperar más...
- Eso quiere decir...
- Eso quiere decir que nos vamos a quirófano a traer a esos dos hermosos bebés... -
sonrió. - Déjenme que arregle todo y enseguida las mando a buscar.
- Auuuu... Emiiii... - Emilia la abrazó. Y asintió al médico.
Eran cerca de las siete de la mañana cuando Aldana ingresó a la sala de parto. Emilia
entró con ella y se sintió rara. No era la primera vez que estaba allí... pero... Dios...
estaban por nacer sus hijos y las lágrimas se formaron en sus ojos. Se pasó la mano
secándoselas y sorbió. Aldana la miró y sonrió, agitó los dedos de la mano izquierda
para que se la tomara y se puso nerviosa cuando alzaron la tela que impedía ver el
procedimiento.
Unos diez minutos más tarde el médico entró vestido de celeste y su rostro estaba
cubierto. Miró a Emilia que estaba vestida igual y le preguntó si quería participar de
la cesárea.
- No... estoy demasiado nerviosa... - se frotó las manos y miró a Aldana. Notó el
nerviosismo en su mujer y se agachó para rozar sus labios. - Te amo solcito.
- Yo tam... bien... - se le cortó la voz y se quejó cuando la movieron a la otra
camilla, conectaron las vías y los monitores.
Al cabo de unos segundos podía sentir el cuerpo cansado por el efecto de la anestesia,
como así los murmullos y el ruido del instrumental. Emilia observó el procedimiento y se
le detuvo la respiración cuando el médico anunció que ya comenzaría la intervención.
Luego de varias ordenes anunció que ya veía al primero de los bebés...
- Bueno mamá... aquí viene el primero... mmm... ahora vas a sentir presión... - unos
movimientos bruscos pero controlados y el sonido de un llanto se escucho en la sala...
- Es un varón... tenemos un pequeño varón...
Emilia se tapó la boca y no reprimió el llanto cuando vio a su bebé por primera vez. El
médico lo sostenía por encima de la tela y Aldana se emocionó al verlo. Era tan pequeño
y estaba cubierto de sangre. Estaba tranquilo pero comenzó a llorar cuando el médico lo
palmeó.
Enseguida se lo pasó a una enfermera y procedió a sacar al segundo bebé.
- Aldana... ahora vas a sentir más presión que con el anterior... aguanta un poco...
- Esta... bien...
Miró hacia la izquierda y pudo apreciar como limpiaban y atendían a su primer hijo.
- Emi... ¿está bien? - Emilia se levantó y miró al pequeño. Una enfermera le pasó una
tijera y le indicó donde cortar. - Hola bebé... - dijo cuando la miró y tomó su manito.
Las enfermeras le indicaron que enseguida se lo darían, solo comprobarían que estuviese
bien.
Aldana cerró los ojos cuando sintió eso que el médico le había dicho y Emilia se acercó
a su mujer para tomarla de la mano y la estrechó cuando en unos segundos otro llanto se
unió al del primero.
- Acá viene... succión por favor... mmm éste es más pequeño... - miró a Emilia y asintió
- Ya estamos... es una niña... tenemos una hermosa niña, mira Emi...
La pequeña estaba llorando se notaba que era más pequeña que su hermano y enseguida una
enfermera la llevó para asearla y suministrarle oxigeno puesto que había tragado un poco
de líquido.
La pareja se preocupó pero enseguida fueron calmadas por el médico diciéndoles que la
bebé se encontraba en perfectas condiciones, al igual que su mellizo.
Emilia se abrazó a Aldana y largó el llanto contenido, estaban felices...
- Te amo... te amo tanto. - susurró Emilia.
- Te amo Emi...
El médico se encargó de Aldana y la enfermera llamó a Emilia para que conociera a sus
hijos.
Tomó una tijera y la ofreció. Con manos temblorosas Emilia cortó el cordón de la pequeña.
Y los acarició a ambos suavemente.
- Te felicito Emi... son hermosos. - Juliana una de sus compañeras la felicitó y le
entregó al pequeño envuelto en una sábana blanca con vivos azules. - Aquí tienes a tu
hijo... ahora Sabrina te lleva a la niña...
- Gracias... - tomó a su bebé y sintió una fuerte emoción al abrazarlo por primera vez.
Caminó hasta al lado de Aldana y se lo mostró.
- Hola mi belleza... - lo puso sobre su pecho y la ayudó a sostenerlo. - Dios... es
hermoso... - las lágrimas corrían por su rostro y sorbió. Besó por primera vez a su
nene y lo abrazó - Hola cosita linda...
Emilia sujetó a la pequeña que no había dejado de llorar y la besó. Aldana levantó la
vista y la observó. La imagen quedó grabada en la mente.
Cuando Emilia le habló suavemente a su hija, descubrió que la pequeña había dejado de
llorar. Apenas unos quejidos salían en reconocimiento y se dio cuenta que nada la había
hecho más feliz que éste momento.
Emilia puso a la niña del otro lado en el pecho de Aldana y la abrazó...
- Gracias Al... gracias por hacerme tan feliz...
- Te amo...
Todavía quedaba mucho camino por recorrer... pero ahora ambas sabían que nada importaba...
no habría impedimento alguno mientras que lo hiciesen juntos... en familia.
Porque eso eran... una gran familia.
*****
La puerta del cuarto se abrió y dos enfermeras entraron con las cunas donde traían a sus
bebés, las pusieron al lado de la cama y luego de felicitarlas se retiraron.
Emilia se levantó de su asiento y rodeó la cama. Se quedó mirando a los bebés y los
encontró hermosos.
Tomó al pequeño y lo observó. Su piel era rosada y tenía gran cantidad de cabello.
Sonrió al verlo parecido a Aldana y lo llenó de besos antes de pasárselo.
- Hola mi cielo... - Aldana lo miró detenidamente grabando cada parte de su piel, su
olor... sus gestos. - Es tan chiquito... Emi...
- Si... igual que ella... - dijo mientras le daba a la niña - Se parecen... aunque
ella no tiene tanto cabello. Son hermosos.
- Mmm... y huelen rico... y su piel es tan suave... - miró a su mujer. - Te amo Emilia...
- Yo mucho más mi vida.
- Ahora que ya sabemos que son... tenemos que ponerles un nombre...
Emilia sonrió al escuchar los nombres que Aldana había elegido y sus ojos se llenaron
de lágrimas y la abrazó. Un beso en los labios la dejo sin aire y el suave quejido de
sus hijos la hizo detener.
Joaquín y Martina Quiroz Díaz habían nacido el día martes 6 de junio a las 8:35 am y
8:42 am respectivamente y su peso había sido de 2,600 y 1,900 Kg. Su estado era
saludable y no necesitaban atención post parto.
*****
La puerta fue abierta y sonrieron a ver una cabecita rubia asomarse. Aldana estaba
mirando al pequeño cuando sus amigas ingresaron en la habitación. Paula caminó
lentamente hasta donde estaba Emilia con la niña en brazos y abrazó.
- Hola... - Gabrielle se le dio un beso a Aldana y observó al niño. - Es una
preciosidad Al... - felicitó.
- Gracias por venir... - susurró.
- No hables Al... tranquila después charlaremos lo necesario - Xena tomó a la niña que
le ofrecía Emilia y sonrió al verla. - Es más chiquita ¿no?
- Si... pesó 1,900 pero el médico nos dijo que esta perfecta. Igual que Joaquín. - se
sentó en la cama y acarició la cabeza del pequeño.
- ¿Y la bebé como se llama, Emi? - preguntó Dana que estaba al lado de Gabrielle.
- Martina... - Emi tomó al niño de los brazos de Aldana y se lo dio a Gabrielle. Miró
a Aldana y sonrió. - A ver como se portan con sus madrinas... - anunció.
La pareja alzó la vista y se les llenaron los ojos de lágrimas.
- Gracias... chicas... es muy importante para nosotras esto. - Xena miró a Paula y le
hizo un gesto. La niña le entregó unas bolsas y dio la vuelta a la cama para ver al
bebé.
- Má... quiero verlo... - levantó sus brazos - ¿Me alzas Tata? - miró al niño y luego
sus ojitos claros observaron a la nena. - ¡Son iguales! - exclamó. Haciendo reír a las
mujeres.
Aldana y Emilia abrieron los regalos y se emocionaron al ver la ropa. Dos conjuntos de
color blanco con un osito y un perrito en el pecho y un juego de sábanas para cada uno.
Regalo de Sara y Antonio.
- Te los manda la abuela - dijo Dana.
- Gracias chicas...
- ¿Y cuando tienes el alta? - preguntó Gabrielle antes de pasarle el niño a Dana. -
Despacio con la cabeza.
- En dos días... a lo mejor el jueves o el viernes...
Aldana se mantenía callada por orden del médico. Y gimió cuando la herida tironeó al
acomodarse.
El sol calentaba el ambiente y el cielo estaba despejado aunque hacia mucho frío.
Emilia encendió el motor y tomó la ruta que las llevaría a la casa. Observó el rostro
de Aldana y sonrió al encontrarse con sus ojos.
- ¿Lista para ir a casa?
- Siempre... - se inclinó lentamente y suspiró cuando sus labios se encontraron. - Te
amo.
- Yo más...
Puso la marcha y miró por el espejo a sus hijos... eran pequeños y casi no se veían.
Era viernes al mediodía cuando salieron de la clínica para ir por primera vez a su hogar
cerca de las montañas como una verdadera familia.
*****
El océano se pierde en el horizonte... y parece que el cielo se quiere unir en él. Un
grupo de ballenas se desliza majestuosamente por el agua tranquila y sueltan vapores al
respirar.
En la playa dos parejas están sentadas en la arena viendo a sus hijos jugar.
Dana lleva de la mano al pequeño Joaquín y sus pasos vacilantes se apresuran al ver un
par de brazos que lo esperan abiertos.
Paula ayuda a Martina en la difícil empresa de aprender a caminar. Quien imita a su
hermano al ver a su mamá Aldana arrodillada frente a ella, esperándola.
- Dale gordita... veni con mami - la anima. - se tambalea pero no pierde el paso.
Suelta una carcajada algo nerviosa y gira para ver a su hermano. Se apresura para
alcanzarlo pero no llega. Él ya está en brazos de Emilia.
- Bien... mi amor... así se hace - lo festeja Emilia y mira a su niña cuando llega a
los brazos de Aldana. - Así se hace mi reina...
Todos comienzan a aplaudir ante el logro y festejan llenándolos de besos y mimos.
Las caritas redondas de los pequeños esbozan una sonrisas capaz de enamorar a cualquiera,
Joaquín toma la cara de Emilia y se acerca para besarla. Martina está acurrucada en el
pecho de Aldana y balbucea palabras inteligibles que hace que su hermano la mire. Ella
le regala una sonrisa y el pequeño le estira su mano.
Un año... ya pronto los mellis cumplirán su primer año.
Xena y Gabrielle están sentadas al lado de la pareja y abrazan con fuerza a Paula. Dana
está más allá junto a Tomás... mirando la inmensidad.
Se acercan y comienzan a tomar fotografías y se ríen al ver como los bebés intentan
mantenerse en pié y con pasos vacilantes caminan alrededor de sus madres.
Joaquín a logrado alcanzar a su hermana y la tiene abrazada, Xena aprovecha la situación
para retratarlos. El sol ya está entrando en el mar y caminan despacio hacia la casa.
La noche está avanzada y en la casa reina el silencio. En uno de los cuartos se pueden
ver a Emilia y Aldana abrazadas a sus pequeños. Joaquín ha pasados su pierna por encima
de la de su hermana y sus manos están unidas. Las respiraciones están acompasadas,
unidas...
Xena sale del baño y sale al pasillo para ver a sus hijas. Dana está contra la pared
presa del abrazo de su hermana. Sonríe y cierra la puerta despacio para regresar a su
cuarto.
Gabrielle esta dormida y se acuesta a su lado, enseguida siente como se acurruca a su
lado y pasa un brazo alrededor de ella.
Unos ojos celestes parpadean cansinos hasta cerrarse por fin... Sabe que mañana le
espera un día largo... hay dos cumpleaños que celebrar... son sus ahijados que
festejaran su primer año de vida.
Está feliz... sabe por todo lo que han pasado sus amigas para llegar a formar su familia...
sí... una gran familia...
Cada una de ellas tiene una familia... familias no convencionales... pero... familias
al fin... con el mismo amor... la misma entrega y los mismos sueños...
FIN