"Entonces la ballena se posesionó del mundo entero y,
reina de la Creación , dejó su estela..."
Herman Melville, Moby Dick
Seis meses después de la última consulta, Aldana y Emilia volvían a pisar suelo
patagónico.
El aire estaba frío y el cielo totalmente cubierto por pesadas nubes. Ya corría el mes
de Agosto y el invierno en el sur de la Argentina se hacía notar.
Dana la esperaba en el aeropuerto y juntas tomaron un taxi hasta la Fundación.
Recorrieron los pasillos hasta llegar a la oficina que pertenecía a Xena.
Dana golpeó la puerta del despacho y las tres mujeres entraron cuando recibieron la
invitación.
- ¡¡¡Hola!!! - Xena rodeó el escritorio y la estrechó en un abrazo.- ¿Cansadas?
- Hola... no, fue un viaje rápido... - la pareja tomó asiento y Dana fue en busca de
café- ¿Y Gabby?
- Está en Rawson, fue a hacer un informe, parece que encontraron una tonina overa
muerta en la costa de Playa Unión.
- Auch... ¿es raro no?- Aldana se quitó la campera y se arregló el cuello de su camisa.
- Na, pero como no hay nada que hacer, nos llamaron.- Xena hizo un mohín con sus
labios y rió.- ¿Ustedes cómo están?
- Bien... trabajando mucho...- la puerta se abrió y Dana ingresó con una bandeja con
tres tazas de cafés y una de chocolate caliente.- Gracias - Emilia aceptó su taza y
bebió un sorbo. - Esta semana fue bastante movida en la clínica, muchas urgencias.
- Mmm, ¿sigues con el curso para instrumentar el área veterinaria?
- Si... aunque no es muy complicado, lo hago dos veces por semana.
- Que bueno... ¿má a que hora vamos a casa?- Dana se apoyó en la pared mientras bebía
de su jarro.
- Mmm, como en unas horas... ¿Por?
- Porque hay que ir a buscar a Paula a lo de los abuelos y pensaba si las chicas
querrían ir...
- Claro... igual yo tengo unas cosas que hacer... puedo pasarlas a buscarlas en unas
horitas...
Xena tomó el teléfono y llamó a la casa de sus padres. Le dijo que la pareja iría a
visitarlos.
Se despidieron por un rato y Aldana tomó los bolsos, se subieron a un taxi y Dana le
dio la dirección de la casa de sus abuelos.
Cruzaron la ciudad y llegaron a la casa. Es una de las tantas que conserva la
estructura galesa de antaño. Techos bajos y colores claros...
La puerta les fue abierta por la dueña de la casa y se sintió emocionada de volver a
ver a la pareja.
Sara estaba al tanto del tratamiento que Aldana estaba siguiendo y todas las noches
rezaba porque encontraran la pronta solución al problema.
Aldana y Emilia entraron a la casa tomadas de la mano y dejaron sus bolsos cerca de la
puerta.
Se sentaron en los sillones del comedor y esperaroncon gusto el café ofrecido.
- ¡¡Holaaaa!! - el grito llegó desde la escalera donde bajaba una niña muy alegre.
- Hola enana... - Paula se arrojó a los brazos de Emilia y la beso en la mejilla. -
Ey... estás más grande... ¿a ver esos dientes?
Paula mostró su dentadura completa y blanca. Su nariz se arrugó de igual manera que lo
hacia la de Gabrielle y un rubor cubrió levemente su rostro blanco.
- Sos hermosa enana - Aldana la miró un momento y sintió miles de sensaciones
recorrerla.
- Jeje - Paula se colgó del cuello de Aldana y la miró a los ojos.
El silencio se adueñó del lugar y Emilia tomó la mano de Aldana para apretarla
suavemente. Paula la abrazó más fuerte y se sentó a su lado.
- Bueno chicas... cuéntenme como les va en el trabajo. - Sara sirvió tres tazas de
cafés y le dio a la niña un vaso de yogurt con cereales.
- Por ahora todo va bien... lo japoneses no han vuelto a molestar así que el tema de
las ballenas esta resuelto...
- Que bueno, me alegro tanto... no se imaginan como estaba mi hija... - Dijo
agarrándose la cabeza.- ¿Y vos Emi?... ¿en la clínica todo bien?
- Si... por ahora... - dejo la taza en la mesita y se acomodó cruzándose de brazos.-
Por suerte el director es buena gente... cosa que dudaba de los de la Capital... - dijo
riendo...
- Ey... que yo soy de la capital...- se defendió Aldana.
- Jaja... lo seeee, sólo era para enojarte un poco. -Aldana la miró y con un mohín en
su boca se levantó.
- ¿Sara podría pasar al baño?
- Claro hija... ya sabes donde está.
Aldana se perdió en el pasillo que la llevaría al baño y Sara volvió a mirar a Emilia
que no había quitado la vista del cuerpo de su mujer. Paula corrió detrás de ella y se
escuchó la puerta que era su cuarto.
Sara se acercó a Emilia y la tomó de la mano. Emilia entendió el gesto y sonrió.
- ¿Cuándo tienen cita con Juan Cruz.? - Emi suspiró y miró hacia el pasillo.
- Mañana... estamos muy nerviosas - confesó.
- Lo sé, nena... - Sara rodeó con sus brazos el cuerpo de Emilia - Todo saldrá bien...
es un buen médico... Paulita lo acredita. - sonrió.
- Dios... esto es muy importante para las dos...
- Ya lo creo. Tengan fe...
Aldana enjuagó su cara y tomó la toalla que colgaba a su derecha, se secó el resto del
agua y fijó sus ojos en el espejo. Estaba nerviosa, sentía miles de cosas que no sabia
como definir.
Había pasado seis meses desde la última consulta y el tratamiento había sido seguido al
pié de la letra. El día de mañana era decisivo para su futuro.
Tenía miedo... estaba aterrada. Dobló por la mitad la toalla y la colgó en su lugar.
Volvió a ver su reflejo y meneó la cabeza en negación. Sintió como las lágrimas se
formaban y apretó los dientes con fuerza para no ceder.
Emilia se levantó y caminó por el pasillo, llegó hasta la puerta del baño y su puño la
golpeó dos veces. Giró el picaporte y entró, Aldana estaba parada frente al espejo, su
cabeza cabizbaja y sus dedos sujetan con fuerza la pileta. Emi la rodeó con sus brazos
y apoyó la cabeza en su espalda.
- Te amo cielo... - Aldana enderezó su cuerpo y tomó las manos que rodeaban su pecho
estrechándola más - Todo va a salir bien Al... ya vas a ver.
- Tengo miedo Emi... Dios... tengo mucho miedo- el llanto se hizo más fuerte y se giró
para poder sentir más a pleno el abrazo de su mujer.
- Ya lo sé amor... pero lo lograremos... - Emi la tomó del rostro y la miró a los ojos.-
Te amo más que a nada en el mundo. - en sus ojos habían lágrimas y sorbió para
retenerlas.- Te amo - susurró.
*****
- Hola... ¿Cómo va todo por allá? - Gabrielle acomodó el celular en manos libres y la
voz clara de su esposa la saludó.
- Ey... hola... todo bien por acá.
- Buenísimo - sonrió. Guió su auto en una curva y puso el señalizador para sobrepasar
un camión.
- Llegaron las chicas, fue Dana a buscarlas.
- Ahhh cierto... - La ruta estaba tranquila y el sol del mediodía apenas calentaba. -
¿Están ahí?- preguntó .
- Naa, les dije que fueran a lo de mamá... - guiñó sus ojos cuando un rayo de
sol le dio en las pupilas y sacó del bolso sus lentes oscuros.
- Ah, ok... estoy a cincuenta kilómetros... ¿paso a buscarte?
- Dale... mmm, ¿Gab?
- ¿Qué?
- Te amo… y te extraño.
- Yo mucho más... te amo mi vida...
- Ahora nos vemos.
La comunicación fue cortada y una sonrisa se instaló en el rostro. Pasó el cambio y su
pié presionó el acelerador, la ventanilla estaba abierta y el aire peinaba su cabello
rubio.
Giró el volante guiando el auto hacia la ruta que la llevaría hacia la fundación.
El mar estaba algo furioso, había viento y se podían ver las olas que rompían en el
acantilado, el sol se reflejaba en las turbulentas aguas y creaba efectos de colores.
Xena había subido a la terraza una vez que había colgado el teléfono. Hacía mucho tiempo
que no contemplaba el espectáculo marino de esa forma.
Antes... pasaba horas en esos acantilados pensando... pero desde hacia ocho años
todo había sido diferente. Si lo hacía era para no perder la costumbre.
Sus brazos reposaron sobre la baranda y recargó el peso de su tronco en ellos. El viento
removía su cabello largo y azabache y sus dedos acomodaron sus lentes oscuros sobre el
puente de la nariz. Se perdió en sus pensamientos.
Unas manos pequeñas rodearon su cintura y el cálido cuerpo de su esposa se acopló al
suyo. Se quedaron un momento así, solamente disfrutando la cercanía.
Gabrielle había llegado a la oficina y no había hallado a Xena. Con una sonrisa subió
hasta la azotea y allí la encontró. Sabía que su esposa venía a veces a reflexionar.
Ella misma lo había hecho un par de veces, cuando las cosas no andaban del todo bien.
Se apoyó en la puerta y dejó pasar un momento antes de acercarse.
Recorrió el espacio que las separaba y la abrazó.
- ¿Estás bien?
- Si... sólo pensaba...
Se giró y quitándose los lentes, la miró... una sonrisa se formó en el rostro de
Gabrielle cuando su mano le acarició la mejilla y luego se enredó en su cabello.
Una brisa fría pasó entre ellas y Gabrielle se estremeció, Xena la acercó a su cuerpo y
empezó a reír. El abrazo se prolongó lo suficiente para que el calor de la mujer más
alta se instalara en el cuerpo más pequeño.
- Entremos... se está poniendo frío.
- Mmm, me quedaría toda la vida así...- Gabrielle se arrebujó en el pecho de su esposa
y suspiró.
- No hay nada que te lo impida, cielo - depositó un beso en la cabeza rubia y
Gabrielle la miró con una sonrisa en los labios.
- Jaja... aishhhh....- la tomó de la cara y la de puntas de pié la besó.- Vamos a
buscar a las niñas y a nuestras amigas.
*****
La oscuridad la estaba poniendo nerviosa, se dio vuelta en la cama y fijó su mirada en
la ventana del cuarto. Apenas divisó algunas estrellas en el cielo oscuro. Tomó aire y
lo retuvo un momento antes de exhalar, se frotó la cara con su mano izquierda y tomó su
celular... 4:30 am... Dios...
Se giró nuevamente y acercó su cuerpo al de Emilia, podía sentir su calidez. La
necesitaba... necesitaba sentir su fortaleza.
- Emi... - susurró. - Emi, amor... - Aldana se acercó más y le acarició la espalda.
- Mmm... ¿Qué? - Emilia se sobresaltó e intentó encender la luz.- ¿Estás bien?
- No... no la prendas... estoy bien.- pasó sus brazos alrededor del cuerpo mas chico y
la jaló- Sólo necesito sentirte.
- Te amo Al...
Emi ya sabía lo que eso significaba. Ese sentirte en esos momentos solo
significaba su cuerpo sobre ella, significaba sentir el peso de su cuerpo, un lugar
donde aferrarse cuando estaba al límite.
Emilia se colocó sobre ella, encajando cada parte de su cuerpo con el de Aldana, sus
manos tomaron el rostro de su mujer y en la casi oscuridad sus miradas se encontraron,
se fusionaron.
Aldana comenzó a respirar más entrecortado y las manos se aferraron a su cuerpo. Ambas
se fundieron en un abrazo que lentamente se fue transformando en llanto y nervios.
Ambas se consolaron y descargaron sus miedos. Aldana descargó sus preocupaciones en la
persona que más amaba y confiaba.
El sol apenas había comenzado a salir cuando ambas pudieron relajarse y tras el
agotamiento emocional ambas se quedaron dormidas una en brazos de la otra.
Un golpe en la puerta la despertó. El sol se reflejó en unos iris oscuros y gimió.
Aspiró el aroma de su amante y de forma muy despacio se quitó de encima del cuerpo de
Aldana provocando la protesta de la misma antes de acomodarse de lado y seguir con su
sueño reparador.
Emilia tomó la camisa de Aldana y se la puso. Caminó descalza por el piso alfombrado
del cuarto de la adolescente y abrió la puerta.
- Hola...- susurró.
- Buen día... el desayuno ya casi está - Gabrielle estaba vestida con su pijama, una
bata y tenía el cabello algo alborotado, reprimió un bostezo y sonrió.- Xena y yo
entramos en unas horas a trabajar.
- Ah... ok. mmm... - Emi miró sobre su hombro y se encontró con los ojos de Aldana
clavados en el techo... suspiró.- En un ratito bajamos.
- Ok... tranquilas.
Gabrielle bajó lentamente las escaleras y entró en la cocina, Xena estaba apoyada en la
mesada y levantó sus ojos al verla entrar, una sonrisa se formó en sus labios y se
balanceó sobre sus pies.
- Buen día... mmm, que cara Gab...- se acercó a su esposa y la observó.
- La verdad no me siento bien... - estiró sus brazos y rodeó el cuerpo de Xena.
- ¿Qué te sucede? - la alta mujer se sentó en una silla y dejó que Gabrielle se
situara sobre ella.
- Hace unos días que estoy con dolores de cabeza y la espalada me está matando.
- Hay que ir al médico, no puedes estar así.
- Si lo sé amor, ya saqué turno, en la tarde tengo la consulta. - la abrazó y dejo que
su cara se escondiera en el cuello. Se quedó disfrutando de la sensación de sentir las
manos grandes y fuertes acariciar su espalda aliviando su malestar.- Mmm... que bien se
siente.
- ¿Sí? - Xena sonrió y le dio un beso. - Te amo, lo sabias ¿verdad?
- No... nunca me lo dices.
Xena la quedó mirando y un brillo cruzó su mirada. Gabrielle levantó la cabeza y se
perdió en ella, se acercó un poco y se besaron. Gabrielle retuvo el aliento cuando la
lengua suave y húmeda rozó su labio dejando una rara sensación allí.
Comenzó a acariciarle la mejilla y enredó sus dedos en la larga cabellera negra y
profundizó en el beso. Podía sentir las suaves caricias que Xena le brindaba y fue
consciente del calor que se propagaba por todo su cuerpo.
El beso se fue haciendo más lento y pausado a medida que necesitaban oxigenarse,
Gabrielle abrió sus ojos y se concentró en los azules de Xena, sintió la paz en ellos y
sonrió.
Tomó aire y lo exhaló sonrojándose un poco. Esta situación siempre la sonrojaba, podían
pasar años tras años y siempre los besos de Xena la afectarían de la misma forma.
Xena miró el rostro sonrojado de Gabrielle y meneó la cabeza. Un impulso y volvió a
besarla dejándolas nuevamente sin aliento. El asalto fue recompensado con un sonrojo
aun mayor por parte de la rubia y una larga inspiración.
Sus miradas estaban fusionadas y no necesitaban las palabras para expresarse los
sentimientos. Azul y verde unidos, mezclados, hecho uno solo en nombre del amor.
*****
El agua cayó con fuerza sobre su piel enjuagando el resto de jabón. Cerró la ducha y
corrió la cortina, el cuarto de baño estaba totalmente cubierto de vapor y pasó su mano
por el espejo para revelar la imagen difusa de su rostro. Tomó de su bolso un frasco de
colonia y lo aplicó sobre su piel aun húmeda, se secó y se envolvió en el toallón.
Abrió la puerta de baño y caminó por el cuarto secándose el oscuro cabello. Se dirigió
a la ventana y miró el paisaje que allí se extendía. La habitación de Dana estaba
orientada hacia la playa y podían observar el lento oleaje. Al ser aguas poco profundas
no había tantas olas como en las playas del centro.
A lo lejos se podía apreciar algunas ballenas, ya estaban en el mes de agosto y la
mayoría de los ejemplares estaban pariendo sus crías y éste lugar era el más propicio
para tal milagro. Más allá se podía ver el cortejo que realizaban los machos, saltos,
volteretas y juegos era lo más normal en esta especie.
La puerta del cuarto se abrió y Emilia entró ella se había bañado primero y cambiado
con unos jeans y una polera de color negra. Su look era demasiado casual y Aldana
sonrió.
Se habían acostumbrado a los trajes y pantalones de vestir debido a sus trabajos que
era raro verla de esa manera, le recordaba a la antigua Emilia... o a la antigua Aldana,
según miró la ropa que estaba sobre la cama.
- Holita... - Emilia se acercó y la abrazó pegando su frente a la de Aldana. - Mmm...
que rico olor.
- Es el de siempre... - Aldana la rodeó con los brazos y la besó en la nariz, para
luego bajar a la boca.- Mmm... te amo solcito.
- Yo más... mucho más...- miró por encima del hombro de Aldana y fijó la vista en el
paisaje.- Es re lindo... hay tanta paz.
- Sip... me gusta mucho este lugar. - se giró y ambas observaron la playa. - ¿Querés
ir a caminar y llevamos a la perra?
- Dale... y sacamos algunas fotos... quiero sacarte fotos. - Aldana giró sus ojos y
rió.
- Mientras que no sean como las del Valle en Mendoza... - Emilia comenzó a reírse y
negó.
- Naaaa de esas ya tengo bastante.
- Mejor me cambio antes de que tomes la cámara... - un brillo cruzó por los ojos de
Emilia a tiempo que sonreía plenamente...
Se colocó la ropa interior y una remera de mangas larga color negra y escote en V,
abrochó el jeans y el cinturón y se calzó las zapatillas, balanceó su cuerpo de un pie
al otro para acomodar su vestimenta y tomó el cepillo.
- Esperá - la detuvo Emilia - Yo lo hago.
Aldana se sentó en la cama y Emi se paró entre sus piernas, comenzó a desenredar el
cabello y sonrió cuando Aldana cerró sus ojos, sabía que le resultaba algo sumamente
placentero a su mujer, se tomó unos minutos para peinarla y cuando estuvo lista le dejó
un beso en los labios.
Unos ojos marrones oscuros se abrieron lentamente y se perdieron en otros iguales.
Emilia dejó el cepillo en la cama y acarició el rostro, un nuevo beso depositado en los
labios algo resecos y un suspiro.
Aldana rodeó su cintura y la atrajo más a su cuerpo. Sus labios se separaron y hundió
su cara en el cuerpo de Emilia. Sintió como era acariciada y volvió a suspirar
calentándole la piel del estómago.
- Dale bajemos...
- Mmm, me quedaría toda la vida así...
*****
Xena entró a la casa de Sara y le entregó las bolsas, habían quedado en cenar todos en
la noche y de acuerdo con Gabrielle había ido a hacer las compras. Paula cargaba otras
dos bolsas y luego de dejarlas en la cocina se sentó en el sofá.
Sara ordenó las cosas que iría en la heladera y recibió de manos de su hija una taza de
café recién hecho. Madre e hija se miraron y Sara notó algo raro en Xena.
Se acercó y puso su mano libre en el antebrazo de la alta mujer.
Unos ojos azules la miraron un momento y luego la mirada cayó al suelo.
- Estoy preocupada por Gabrielle, mamá.- confesó.
- ¿Preocupada? - Sara se extrañó y esperó.
- Sí... hoy tenía cita con el médico. Está con los dolores en la espalda y en la
cabeza.
- Ahhh, pero no te preocupes Xen, debe de ser alguna contractura... tal vez le den
algún antiflamatorio y alguna sesión de masajes.
- Eso espero...
- Si hija, ya verás... además Gabrielle es una chica muy sana, pero así también anda
mucho y con la enana... - rió
- Jaja, si Paula está todo el tiempo colgada de nosotras.
- Y ¿las chicas?
- Están en casa, a la tarde tienen la consulta...- Xena torció su boca y suspiró.
- Parece complicado el caso, ¿no?
- Sí que lo es... - afirmó Xena antes de beber el resto de su café.- Va a ser algo
largo y van a necesitar mucha suerte.
- Ayer cuando estaban acá, se las veía nerviosas y en especial a Aldana sumamente
angustiada...
- Emilia creo que es más fuerte... o por lo menos trata de serlo porque sabe que a
Aldana no soporta verla mal.- sonrió con nostalgia - Como nos pasa a Gab y a mí.
Xena se despidió y salió hacia la oficina.
Llegó al edificio y se dirigió a la sala de investigación, allí estaban algunos
estudiantes y profesores intercambiando opiniones, observó el debate que se había
producido y discrepó alguna que otra diferencia con ambos grupos.
Hacía un par de meses que se armaban esos tipos de clases y la mayoría las había
presenciado, asi que ya no les resultaba raro a ninguna persona encontrar a la elegante
e inteligente mujer en el lugar.
Había pasado una dos horas cuando el último tema del día había finalizado, saludó a los
profesores y a los alumnos y se dirigió hacia su oficina. Abrió la puerta y se encontró
con Dana sentada en su silla usando la pc.
- Hola mamá... perdón por usar tu compu, pero Gab no está y la oficina está cerrada.
Necesitaba algo para el cole.
- Tranquila, ¿qué necesitas? - se quitó la chaqueta y la colgó en el perchero. Rodeó
el escritorio y se inclinó para observar la pantalla.
- Mmm, más que nada necesito información sobre la Revolución Rusa, Stalin, Lenin y
todo eso...- tomó el libro que tenia sobre las piernas y lo alzó- ¡¡¡Esto no tiene
nadaaaaa!!!
- Jaja.- rió Xena - Aguante la Internet ¿no?
- Por supuesto mami... - tecleó velozmente en el buscador y ambas comenzaron a resumir
la información que aparecía.- sabes lo voy a guardar en mi correo y cuando llegue a
casa lo paso a la carpeta. Tengo que ir con Laura y Jorgelina a la casa de Vanesa para
hacer un trabajo...
Xena se había sentado en la silla frente al escritorio y observaba a su hija de ese lado
del escritorio. No podía negar la belleza de su primogénita además de lo crecida
que estaba, tanto físicamente como a nivel intelectual.
- ¿Y con tu chico cómo vas? - Xena se sonó los dedos de la mano y acomodó el puño de
su manga derecha.
- Bien... el martes vamos a cumplir seis meses... - miró a su madre y sonrió- Todo un
logro ¿verdad?
- Jajajja... mmm, no lo sé... me gusta, se ve que te quiere muchísimo.
- Y yo a él... me hace sentir bien... - se ruborizó.
- Me alegro Dana... ¿por qué no le dices que venga a cenar con nosotros esta noche?...
así le hace compañía a tu abuelo... somos todas mujeres... jejeej- rió con sorna.
- Jaja, ok, ahora lo llamo y le aviso.
La puerta se abrió y Xena se giró para ver entrar a Gabrielle, traía una bolsa en la
mano y la cartera colgada al hombro sobre el tapado de paño negro.
Exhaló y dejó las cosas en la silla al lado de la morena mujer.
- Buenas... ¿me extrañaron?. - se agachó suavemente y beso a su esposa para luego
dirigirse a paso lento hasta Dana y besarla.
- ¡¿Ey qué te ocurre, por qué caminas así?!. - Xena se levantó y se apoyó en el
escritorio.
- Me revisó el médico y me dijo que tengo un pinzamiento en la columna, en dos de las
vértebras, tengo que hacerme kinesiología y tomar unos medicamentos.
- Pero por qué má...
- Me dijo que puede ser por varias cosas, pero más que nada algún esfuerzo.- explicó.
Hablaron del tratamiento que debía seguir. En un momento Xena salió de la oficina luego
de que una de las secretaria la llamara.
- Ahh... mami... llamó Ale dijo que tal vez venían en el verano con Ari y tooda la
familia. Parece que van a hacer coincidir las vacaciones de todos.
- ¡¡Que bueno!! - Gabrielle se sentó y descansó la espalda en el respaldo. - ¿Y Paula?
- En la casa de la abuela.
- Ok... y de las chicas se sabe algo. - Dana negó. - Eso me tiene un poco nerviosa
también.
- A todos, yo creo.
Xena regresó con un sobre y se lo entregó a Gabrielle la rubia mujer lo abrió y
comenzó a leer el contenido.
*****
Emilia estacionó el auto de Gabrielle en el garaje de la clínica y ambas mujeres bajaron.
Caminaron por la vereda tomadas de la mano e ingresaron al lugar. Aldana sacó un papel y
lo entregó a la secretaria, luego de verificar los datos, las hizo subir hasta el
tercer piso donde el medico la atendería.
La sala de espera estaba pintada de color claro y una franja color azul dividía la
pared a lo largo, los asientos eran cómodos y de color azul oscuro. Ambas se sentaron y
Emilia tomó una revista ojeándola pero realmente sin mirarla.
Pasaron unos diez minutos hasta que la puerta se abrió y una pareja se despidió del
médico, ella estaba embarazada y se acariciaba la panza con suavidad.
Aldana la miró y sonrió, sintió que la tomaban de la mano y cerró los ojos. Al abrirlos
dirigió su mirada a la única persona que le podía dar la paz en ese momento.
Emilia notó el temblor en el cuerpo de su mujer y le sonrió. Se acercó y la beso en los
labios.
En el momento que se separaban se escuchó en la sala el apellido Quiroz. Ambas
retuvieron el aliento y sus miradas se fusionaron una vez más.
Era la hora...
Juan Cruz miró los resultados de los últimos estudios de Aldana, los niveles hormonales
estaban dentro de los normales y el tratamiento había sido seguido al pie de la letra.
Le pidió que se hiciera unos últimos estudios que incluían una ecografía y un test de
fertilidad y luego hablarían de las opciones.
- Quiero que me traigas estos resultados lo antes posible, así podemos hablar del
próximo paso.
- Muy bien doctor... - Aldana tomó las órdenes y las leyó. - ¿Usted cree que podamos
intentarlo pronto?...
- Todo depende de los resultados. - el médico miró a la pareja y pudo distinguir el
nerviosismo y la duda en ellas, debía tranquilizarlas de alguna manera - Pero... yo
creo que sí - dijo con una sonrisa.
Ambas mujeres se miraron y apretaron sus manos, que no se habían soltado en toda la
consulta, y sonrieron con esperanzas.
Se despidieron y luego de sacar los turnos correspondientes, dejaron el lugar.
Al salir Aldana dejo salir un suspiro, ese que había retenido en casi toda la consulta,
el alivio la recorrió entera, la confirmación de que el tratamiento hormonal había
salido bien les daba nuevas esperanzas.
Emilia se giró y la abrazó, la miró a los ojos y lentamente se fue acercando para
besarla. Allí en medio de la calle, a plena luz del día. Sin miedos, sin vergüenza.
La gente que pasaba miraban la escena pero ninguno se atrevía a cuestionar o decir
palabra alguna.
Cuando se separaron había lágrimas en sus ojos, que rodaron despacio por las mejillas.
Tomadas de la mano caminaron hasta el auto y emprendieron camino hacia la casa de la
playa, debían prepararse para la cena de la noche...
*****
Paula bajó corriendo las escaleras y se tiró sobre Aldana que estaba sentada en el
sillón. Dana le gritó desde el piso superior para que subiera a bañarse y ella con una
mueca de disgusto la ignoró.
Emilia estaba en la cocina y entró a la sala con dos tazas de café caliente y le dió
una a Aldana, un nuevo grito se escuchó y una vez más Paula la ignoró. La pareja empezó
a reír y la pequeña se les unió, unos pasos se escucharon en la escalera las tres se
pusieron serias al ver bajar a Dana totalmente ofuscada con la pequeña. Xena bajó
también y regañó a la niña.
- Dale Paula andá a bañarte que hay que ir a cenar.
- No quiero, ya me bañé hoy...
- ¿Sí?... mirá vos y decime ¿no tuviste gimnasia en el colegio?
- Si...
- Entonces dale sucia... que debes estar toda transpirada.- Paula se olió las axilas
y comenzó a reírse.
- Jeje, tengo olor a chivo...
- Dale enana, que te acompaño. - Aldana se levantó y tomó de la mano a la pequeña y
juntas subieron.
Se cruzaron en la escalera con Gabrielle, quien recién terminaba su ducha y se estaba
secando el cabello. Fue hasta la cocina y se sirvió un vaso de agua para ingerir uno de
los analgésicos.
- ¿Te hace efecto?- preguntó Emilia al entrar a la cocina.
- Sí, la verdad que son milagrosos... me dolía como el demonio, pero por suerte.
- Me imagino. - lavó las tazas y las puso a escurrir.
- ¿Cuándo tienen los turnos? - Gabrielle se sentó y mordió una galleta salada.
- La ecografía y los análisis dentro de dos días... solo espero que salgan bien...
- Va a salir bien...
- No puedo más... me hace mal verla así.
- Yo te entiendo Emi... se que es durísimo anhelar algo y que cueste horrores poder
hacerlo realidad... y más si es un hijo. - Gabrielle se levantó y se acercó para
abrazarla - Pero ya verás que lo lograran, cuando menos te los esperes estarás
levantándote a las tres de la mañana para cambiar pañales...
- Jaja, con lo dormilona que soy... Aishhhh.
La llegada a la casa de Sara la hicieron en la camioneta, la cual Xena la guardó en le
garaje.
Al entrar a la casa se podía sentir el aroma a comida casera.
Emilia y Paula se ocuparon de ordenar la mesa mientras que Gabrielle y Aldana hacían
las ensaladas y Xena ayudaba a su madre.
Dana estaba con su abuelo jugando una partida de ajedrez cuando tocaron el timbre.
- ¡¡¡Yo voy!!! - gritó mientras caminaba hacia la puerta. La abrió y sonrió al ver a
Tomás parado en el umbral con un ramo de rosas rojas y otro surtido y en equilibrio una
botella de vino tinto. - Hola...
- Hola... - le ofreció el ramo de rosas - Para ti - y alzó el otro - Mmm, y éste es
para... - se rascó la cabeza y se ruborizó- No me alcanzó para cada una - se puso aun
más colorado y Dana comenzó a reírse, lo abrazó y le dio un beso en los labios.
- Gracias, son hermosas... supongo que el vino es para mi abuelo.
- Jeje, sí...
Lo tomó de la mano y fueron hasta el comedor donde curiosamente estaban todos reunidos
y expectantes.
- Bueno familia... les presento a Tomás...
- Buenas noches...
Cada uno lo fue saludando y haciéndolo sentir como en casa.
- Ha traído flores para las mujeres de la casa y el vino para vos abuelo...
- ¿Y para mi? - preguntó Paula desde los brazos de su madre.
- Paula... no seas mal educada.- La regañó Gabrielle.
- Está bien señora... y para la princesita de la casa he traído...- metió la mano en
el bolsillo de la campera y sacó una barra de chocolate - El más rico chocolate para
comer mientras miramos dibujitos, ¿Qué te parece?
- ¡¡¡Genial!!!
- Jajajjaja....- fue el sonido unánime en la sala.
*****
La velada se extendió hasta altas horas de la noche. Luego del postre se sentaron en la
sala a disfrutar de un café y masas que Sara había comprado para acompañar.
Dana y Tomás se retiraron cerca de la medianoche ya que irían a bailar con sus amigos.
Emilia regresó del baño y se sentó al lado de Aldana quien tenía a Paula sobre sus
piernas, sus ojitos verdosos luchaban por mantenerse abiertos pero luego de varias
caricias por la mujer cedieron llevándola a un buen sueño. La niña se removió en los
brazos de Aldana y se acomodó para dormir.
Emi observó la escena y abrazó a su mujer. Xena y Gabrielle se miraron y sonrieron.
- Parece que Dana está muy enamorada ¿no?- comentó Sara.
- Así es... y se ve que Tomás también...
- ¡¡¡Pobre estaba re nervioso!!! - rió Aldana.
- Y no es para menos, fue su primera cena familiar... jeje- Xena meneó las cejas y
comenzaron a reír.
- Me hizo acordar cuando Al conoció a mi papá y a mis hermanos.
- Ay noooooo... no me lo recuerdes... - se sonrojó - No sabía que hacer o decir, menos
mal que estaba tu amiga y la madre que ya las conocía, uff zafé por ese lado. ¡¡Pero
igual!!
- Pero fue re lindo verte ahí re perdida.
- ¡¡Que mala!! Y lo disfrutabas... sos re mala gente.
Emilia la rodeó con sus brazos y la apretó.
- Pero me cobré la que me hiciste con tu papá...- miró a los que estaba allí sentados
y rió - me dejó sola ahí... y ella probando su equipo de música y yo ahí solita con mi
suegrito. - hizo un puchero y se acercó más al cuerpo de su mujer.
- A Gabrielle no le fue más fácil... - comenzó Sara, la mencionada se sonrojó y se
rascó la cabeza.- Recuerdo verla caminado hacia nosotros con la niña y quedarse
paradita al lado de Xena con una cara de asustada. Me gustó desde el principio... me
pareció una gran persona desde el momento en que sus miradas se cruzaron. Y lo confirmé
al verla con Dana...
- Gracias Sara. - Gabrielle tomó la mano de la mujer mayor y la apretó fuerte. - Fue
muy importante tener su apoyo...
- Lo sé querida... lo sé.
La charla se extendió hasta más tarde y luego del último café decidieron marcharse.
Subieron a la camioneta y volvieron a la casa en la playa. Dana había acordado que se
quedaría a dormir en la casa de los abuelos así que irían a buscarla en la tarde del
sábado.
Aldana y Emilia subieron al cuarto luego de dar las buenas noches y se acostaron
rendidas de un largo día.
Xena llevó a niña a su habitación mientras que Gabrielle se encargaba de las luces y de
dejar con comida y agua a la perra.
Subió la escalera y se dirigió hacia el cuarto. Prendió la luz del velador y se giró
cuando Xena abrió la puerta.
- Ey... ¿estás cansada? - Xena se acercó y le acarició el cabello antes de besarla.
- Un poco... - Gabrielle se sentó en la cama y comenzó a sacarse las botas - Deja que
te ayude.
La morena tomó la pierna de Gabrielle y deslizó el cierre de su bota derecha. Luego
continuó con la izquierda y subió las manos por el pantalón hasta llegar a la cadera,
a esa altura su cara estaba muy cerca de los labios de Gabrielle quien no perdió tiempo
y la besó.
Xena tumbó lentamente el cuerpo más pequeño sobre la cama y de forma suave pero
persistente comenzó a recorrerla con sus labios.
Gabrielle cerró sus ojos al sentir las caricias de su esposa y retuvo el aliento cuando
su camisa fue quitada, dedos largos recorrieron cada palmo de su piel haciéndola
temblar. Xena se perdió en los ojos verdes cuando sus miradas coincidieron y bajo para
besarla.
Gabrielle intentó recuperar el aliento luego de alcanzar la cima pero se encontró con
una nueva oleada de placer, cuando un leve movimiento hizo que su mente se volviera a
nublar. Se aferró al cuerpo más grande que estaba parcialmente sobre ella y escondió su
cara en el cuello de su amor. Se abandonó a la sensación y cuando se hubo recuperado
comenzó su exploración.
Se sentó sobre las caderas de Xena y sus manos acariciaron la suave piel debajo de sus
dedos. La sintió erizarse cuando sus uñas la rozaron casi sin notarlo. Xena arqueó su
espalda y se apretó más al cuerpo de Gabrielle, comenzó a mover las caderas acorde el
ritmo que la rubia mujer imponía e inhaló con fuerza cuando uno de sus pechos era
atendido por una boca anhelante.
Los gemidos se hacían cada vez más reveladores y Gabrielle comenzó a mover sus caderas
más rápidamente, sentía que su orgasmo y el de Xena no tardarían en llegar. Se
concentró en el rostro apenas iluminado por el pequeño velador y pudo apreciar algunas
gotas de sudor.
Sus miradas se cruzaron y Xena se aferró a su cadera antes de abrazarla con fuerza para
dejarse llevar.
Gabrielle cayó rendida sobre el cuerpo de Xena y así se quedó disfrutando el placer que
estaba sintiendo. Luego de unos minutos se acomodó al lado de la mujer más grande y la
abrazó.
- Te amo Xen...- la morena se giró y dejó que Gabrielle se acomodara en su pecho.
- Yo también mi vida.
Gabrielle levantó la cabeza desde su posición y miró a Xena por un largo rato. Ambas se
tomaron esos minutos para observarse y deleitarse. La rubia mujer volvió a acomodarse
en el pecho de su esposa y soltó un suspiro.
- Me haces muy feliz...- la abrazó más fuerte y cerró sus ojos.
Xena se quedó pensando en las palabras de Gabrielle y sonrió. Feliz... Sí que lo
eran. Una sonrisa se instaló en le rostro y lentamente cerró sus ojos.
*****
El día había amanecido despejado, corría una suave brisa que aun obligaba a llevar
abrigo pero por lo menos el sol calentaba lo suficiente para alegrar la mañana.
Aldana estaba sentada en la playa, se había levantado temprano y luego de vestirse
decidió salir a caminar.
Estaba nerviosa y emocionada. Sus últimos estudios habían dado bien y hoy sería el gran
día.
Sus ojos iban y venían acompañando el suave oleaje. Sonrió al ver el cuerpo de una
ballena y su cachorro muy cerca de la costa.
Recogió sus piernas cerca del pecho y las rodeó con sus brazos. Tomó una piedra de las
miles que formaban el suelo y la observó. Era una locura lo que estaba por hacer, pero
cerró los ojos, pidió un deseo y arrojó la piedra al mar.
Estuvo un rato cavilando en sus pensamientos hasta que sintió unos pasos acercándose.
Emilia había despertado encontrándose sola en la habitación. Luego de ponerse una camisa
corrió la cortina que cubría la ventana y observó el paisaje. No le llevó mucho tiempo
hallar a su prometida. Allí estaba sentada en la playa. Apenas era un bulto pero sabía
que era ella, se cambió y bajó.
Era un día importante. Sentía unas cosquillas en el estómago y una ansiedad poca veces
sentida.
Bajó lentamente las escaleras y se dirigió hacia la cocina, el café ya había sido
preparado por Gabrielle que bebía tranquilamente en la cocina.
- Hola.. buen día. - Emi tomó dos tazas y sirvió café en ellas.
- Hola... y ¿Aldana?
- Está afuera, en la playa... pensando.
Gabrielle la miró un momento y sonrió. No había palabras, sabía por lo que Aldana estaba
pasando.
- Voy a buscarla. - tomó las dos tazas y salió.
Caminó por la playa un momento hasta que la figura de su mujer se hizo más clara.
Frunció el ceño al verla arrojar algo al agua y una mueca se formó en sus labios. Bebió
un trago del dulce café y llegó al lado de su compañera.
Se agachó detrás de ella dejando las tazas en el suelo pedregoso y la rodeó con sus
brazos.
- Holita...
- Ey... - Aldana giró el rostro para recibir su beso.
- ¿Estas bien? - besó la mejilla de su novia y luego bajo al cuello y le dio un
pequeño mordisco.
- Sip, sólo estaba pensando un rato. - miró los ojos oscuros y sonrió con vergüenza -
Estoy un poco nerviosa.
- Yo también... tomá el café - dijo pasándole la taza una vez que se acomodo a su lado.
- Pasó una ballena con una cría... re curiosa - desvió el tema y Emilia entendió.
- ¿Si? - Emi observó el rostro de Aldana y pudo ver la fascinación por esos animales.-
¿Qué hacía?
- Mmm, sacaba la cabeza y empezó a observar... me gustó...
Pasaron un rato charlando y haciéndose mimos. Emi se acostó en la playa y apoyó la
cabeza en las piernas de Aldana. Sus dedos comenzaron a recorrer el rostro suavemente.
Acarició su frente pasando por la nariz y terminó en sus labios. Emi abrió su boca y
capturo el dedo.
- Auuu... - rezongó, he hizo un pucherito con sus labios.
- Jajaja... ¿Vamos?... tengo frío.
Caminaron lentamente tomadas de la mano de regreso a la casa. Al entrar sintieron el
calor de hogar y cerraron los ojos para disfrutar la sensación.
Luego de ordenar la casa Xena y Gabrielle llevaron a la niña al colegio y alcanzaron a
Dana a la casa de unas compañeras.
Aldana y Emilia se quedaron puesto que la cita era a la tarde.
Aldana se concentró en abrocharse los últimos botones de la camisa negra para luego
ceñir el cinturón de cuero al pantalón de vestir. Tomó el saco y la cartera. Una última
mirada al espejo y un suspiro.
Laika levantó las orejas cuando se escucharon pasos en la escalera. La morena mujer bajó
despacio los escalones y acarició la cabeza de la perra que rápidamente se había
acercado a ella moviendo su rabo.
- ¿Qué pasa Laika?- preguntó sonriendo.
La perra emitió un ladrido y comenzó a saltar.
- No, no... a la playa ahora no... ahora me tengo que ir. - se dirigió a la cocina y
se enjuagó las manos. Emilia apareció detrás de ella y la rodeó con los brazos.
- ¿Estás lista?- un beso en el cuello.
- Sí y no. Pero dale vamos. - se acercó para darle un beso y hacerle cosquillas. - Te
toca manejar- sentenció lanzándole las llaves.
- Tramposa...
Emilia tomó sus cosas y salió detrás de Aldana, enganchó su brazo al de su mujer y
caminaron hasta el garaje.
*****
Gabrielle entró en la oficina de Xena con una taza en las manos. Se sentó en la silla
de invitados y tomó un clip de la mesa para luego desarmarlo y volver a armarlo. Xena
observó el nervioso movimiento y sonrió.
- Tranquila Gab... Vas a ver que todo sale bien. - ojos verdes la miraron algo
asustados y Xena comprendió lo que necesitaba.
- Es que no puedo evitarlo... sé por lo que van a pasar...
- Yo también lo comprendo... estuve ahí... ¿recuerdas?- dijo con una mueca.
- Sí, lo siento. - Xena se levantó y rodeó el escritorio para arrodillarse al lado de
su mujer.- esperemos la llamada de Emilia... - un suspiro.
- Ok... - Gabrielle se agachó un poco y abrazó a su esposa.- Mmm... te quiero...
- Yo también te quiero Gabby... y de nuevo gracias por darme a Paula.
Gabrielle sonrió y sus ojos se iluminaron. Xena siempre hacia eso... siempre le
agradecía por el milagro de su hija.
- Gracias a ti también por Dana... es una niña maravillosa...
Dana ingresó a la fundación pasada las tres de la tarde. Subió los escalones que la
llevaría a la oficina de sus madres y al llegar a la puerta del despacho golpeó
suavemente la madera pulida. Una voz grave se escucho del otro lado y abrió.
Xena levantó la vista del teclado y sonrió a su hija. Dana dejó la mochila a un costado
del escritorio y se estiró levemente para saludar a su madre con un beso. Se sentó en
la silla libre cruzándose de piernas.
- ¿Como te ha ido? - preguntó la morena mujer.
- Bien, hoy entregamos el bendito trabajo. Espero que lo corrija rápido. - su estómago
hizo un ruido extraño y se sonrojó.
- ¿Tienes hambre?
- Si, no comí... pasé por lo de José a ver si había alguna inmersión y me quedé...
- Con Tomás... - la interrumpió Xena alzando una ceja.
- Noooo... Tomás tenía clases así que me quede con José charlando. Por eso no comí. -
corrigió.
- Ah... perdón... bueno yo tampoco almorcé así que vamos.
- ¿Y mamá?- preguntó mientras se colocaba la mochila al hombro.
- Está en la Caleta... en unas horas viene.
- ¿Y de las chicas se sabe algo?
- No... aun no han llamado. Eso lleva tiempo.
Xena tomó su abrigo y se lo puso, cerró la puerta con llave y juntas se dirigieron a la
cafetería.
Gabrielle bajó de la camioneta y se arrebujó en su abrigo, el viento soplaba fuerte en
la Caleta, un grupo de investigadores habían llamado a la fundación requiriendo su ayuda
con un posible varamiento de una orca.
Estaban realizando una filmación para la Nat Geo cuando se encontraron con una pequeña
orca en dificultades.
- Hola soy Gabrielle González de la Fundación Franca Austral...
- Un gusto, mi nombre es Enrique Castagnino de la Nat Geo, jefe de la tripulación -
señaló a un grupo de ocho personas.
- Me puede describir lo sucedido - Gabrielle comenzó a caminar rumbo al cuerpo del
animal. El alto sujeto enseguida se puso a la par y comenzó a relatar los hechos.
- Nosotros estábamos embarcados cuando apareció un grupo de aproximadamente seis u
ocho orcas, se ven que están acostumbradas a las embarcaciones.
- Mmm, debe de ser el grupo Alfa, - el hombre la miró sin entender - Es un grupo de
orcas residentes, o sea que viven en la Caleta.
- Pues parecían muy confiadas, se han acercado a mis buzos...
Llegaron hasta donde estaba el cuerpo del animal, luego de comprobar su deceso
Gabrielle tomó su celular y se comunicó con la prefectura para realizar todas las
investigaciones.
La mujer se extrañó que el animal muerto fuese solamente una cría, aparentemente de un
mes... era sospechoso ya que las orcas tienen un alto nivel de supervivencia.
Realizó un informe y esperó que la prefectura y los investigadores llegasen para
realizar las investigaciones.
Su mirada se perdió en un horizonte algo gris, y su mente la trasportó a sus primeras
investigaciones. Regresó la mirada al animal y lamentó la pérdida. Las orcas eran uno
de los animales preferidos, le parecían sumamente inteligentes y elegantes.
Generalmente viajaban en grandes grupos, la mayoría eran familias.
Gabrielle divisó un par de aletas en el horizonte y meneó la cabeza.
Un Jeep color claro estacionó al lado de su auto y un hombre vestido con camisa y
pantalón color marrón muy claro, bajo del mismo y se acercó hasta ella tendiéndole su
mano derecha.
- Roberto Bubas... - Gabrielle sonrió al reconocerlo.
- Gabrielle González - la mirada oscura del hombre se perdió en los verdes de
Gabrielle y asintió... la recordaba.
- Eres de la Fundación ¿verdad? - Gab asintió.
- Lo esperaba... - señaló el cuerpo del animal y hacia allí se dirigieron.
Roberto Bubas es un reconocido guarda fauna del país, está instalado en Punta Norte.
Ubicado precisamente en la parte norte de la Península de Valdés
Hombre robusto de unos cuarenta y tantos años, barba oscura y rostro quemado por las
largas puestas de sol...
Roberto se hizo conocido por un hecho particular... nadar con las orcas...
Muchos lo tildan de inconsciente y otros tantos de loco... la cosa es que este hombre
se sienta en la pedregosa playa de Punta Norte, saca de un bolsillo una armónica de la
cual surgen acordes suaves y melodías sentidas.
Espera... un rato más tarde se divisa cuanto aletas altas, majestuosas... oscuras y
allí están sus amigas...
Roberto ha bautizado a cada una de sus orcas, las reconoces y las ama. Lleva un informe
de cada ejemplar, en el país es el que más sabe de ellas y su catalogo es extenso.
Gabrielle no se sorprende de que el hombre reconozca el animal. Le confirma la edad
aproximada y a que grupo pertenece.
La tarde llega a su fin y la luz es escasa. No hay nada que se pueda hacer en el lugar
así que el jefe de prefectura realiza los últimos papeleos.
- Gabrielle... me gustaría que estuvieses presente en la autopsia - el hombre le
extendió unos papeles.- La haremos mañana en la tarde... tenemos otras en la mañana.
- Si allí estaré... mmm, tengo una amiga que está realizando un curso... ¿podría
llevarla? - sus ojos verdes brillaron y el canoso jefe sonrió.
- Claro... no hay problema. - estrecharon sus manos y el hombre partió hacia la ciudad
con el animal.
Roberto y Gabrielle se quedaron un momento en el lugar sintiendo la paz del mismo.
- Escucha... - susurró.
- ¿Qué es? - Gabrielle ladeó la cabeza e intentó agudizar sus sentidos.
A lo lejos se escuchaban chasquidos y sonidos agudos. Rápidamente fueron tomando forma
de canción que le hizo erizar la piel...
Roberto sacó del bolsillo de la camisa su armónica y empezó a tocar unos simples
acordes... los chasquidos y sonidos se hicieron más audibles y el hombre se acercó al
agua. Unos minutos después tres aletas aparecieron a menos de cien metros y avanzaron
hasta estar a metros de su amigo. Roberto ingresó al agua y caminó hasta hacer contacto
con ellas.
Una familia había perdido a uno de los suyos y realizaban un conmovedor duelo. Una
canción de adiós... una canción para el recuerdo.
Ojos verdes observaron llenos de lágrimas, mientras el sol iba escondiendo sus brazos
en el horizonte...
*****
Aldana se acomodó la chaqueta y tomó la mano de Emilia antes de caminar hacia el
consultorio.
Habían tenido que esperar más de tres horas, ya que se había presentado una urgencia y
el especializado médico había tenido que intervenir.
Juan Cruz ofreció asiento a las dos mujeres y él mismo se sentó en el cómodo sillón
después de largas horas.
Tomó la ficha médica de Aldana y la ojeó recordando detalles.
- Bueno amigas... - una sonrisa se formó en sus labios - Ha llegado el gran día...
- Si... el gran día... - otra sonrisa por parte de Aldana y un apretón en su mano.
- Bien... - leyó la última hoja y asintió - Ya han decidido el método, solo falta
hacerlo... - miró cada uno de los rostros, se levantó, rodeó el escritorio y se paró
entre las dos, puso una mano en cada hombro y con voz confiable hablo. - ¿Están listas?
- Si... - Emilia miró a su mujer y luego al médico - Sí, estamos listas.
Juan Cruz salió del cuarto y ambas mujeres se quedaron solas. Aldana se levantó y
caminó por el mismo. Emilia la observó desde su posición y se mordió el labio a tiempo
que inhalaba.
- Estoy temblando - confesó Aldana alzando una mano para que Emilia la mirara.
- Es normal cielo... yo también lo estoy... - alzó su mano y esperó que Aldana la
tomara - Veni, sentate...- la morena mujer ocupó de nuevo su lugar y se inclinó hacia
delante dejando que Emilia la rodeara con sus brazos. - Tranquila, va a salir bien...
- Lo sé... pero...
Sus palabras fueron interrumpidas con el nuevo ingreso del médico. Junto a él venía una
enfermera.
- ¿Listas? - preguntó una vez más.
- Si...
- Ok, entonces Aldana ve con Cristina, ella te ayudará a prepararte y te llevará a la
sala.
- Está bien. - se giró y miró a Emilia, sus ojos se fusionaron en segundos y Emi le
sonrió. Aldana sin perder tiempo se inclinó levemente para rozar sus labios.
- Te veo en un ratito... Te amo... - susurró.
- Te amo...
El médico, la enfermera y Aldana se alejaron por el largo pasillo. Emilia quedó sola
allí, los nervios la recorrían y sintió que las lágrimas se acumulaban en sus ojos.
Pasaron unos minutos y su mente se había perdido en recuerdos.
Sintió que alguien la tomaba del hombro y se giró para encontrarse con la enfermera.
- ¿Pasa algo? - dijo algo preocupada.
- No... tranquila... vine a buscarte.- sonrió - Te esperan.
- Ahhh... me asusté. - se sonrojó levemente.
- Jaja, tu novia ya está preparada.
La sala era pequeña, y como en toda la clínica, reinaba el blanco y el azul.
Cuando entró se encontró a su mujer acostada en una camilla y por indicación de la
enfermera se sentó a su lado. Enseguida tomó su mano y entrelazaron los dedos.
- ¿Estás bien? - preguntó.
- Sip...
- Ok... ¿sabias que te amo?
- ¿¿En serio??... - bromeó Aldana...
- Na, en realidad no... pero algo tenia que decirte...- rió.
- Aishhh... - apretó su mano.
El médico entró junto a la enfermera y se paró frente a una mesa donde había varios
instrumentos, tomó un par de guantes y se los colocó. Se giró y miró a ambas mujeres.
- Bueno chicas. -sonrió. - Yo ya estoy listo. - dijo algo en broma.
- Mmm... ok... yo también...- anunció Aldana.
- Jaja... vamos a hacer un hermoso bebé.
Se sentó en su lugar y esperó un momento a que la enfermera le acercara los instrumentos
y comenzó con la inseminación.
Aldana sintió una molestia y cerró los ojos con fuerza. Emi le apretó la mano y le
acarició la frente.
Juan Cruz sintió la respuesta y paró un momento para mirar a su paciente. Con voz tenue
le habló.
- Aldana... se que es molesto, aguanta unos minutos más... ya casi termino.
- Está bien...
Giró su rostro hasta perderse en los ojos de su mujer y sonrió. Emilia extendió su mano
y le secó una lágrima solitaria y se acercó para besarla.
Juan Cruz retiró lentamente la jeringa encargada de la difícil labor y palmeó el costado
de la pierna de Aldana.
Emilia lo miró y entendió que ya todo había acabado.
Volvió su rostro hacia su mujer y una sonrisa se instaló en sus labios.
- Ya está... - anunció el médico a tiempo que cubría a Aldana.
La morena mujer tapó su cara al escuchar las palabras y sus ojos se llenaron de
lágrimas. Emilia vio la reacción y enseguida la abrazó.
Mientras que su rostro era igualmente surcado por lágrimas de felicidad.
- Dios... - susurró.- Te amo mi vida...
- Te amo Al...
Los profesionales observaron la escena y decidieron dejarlas solas un momento.
- Aldana... quédate un momento acostada, Cristina vendrá a avisarte cuando te puedes
vestir... Descansa un momento.
- Mmm, gracias... - sorbió el llanto. - ¿Qué pasa ahora?
- Hablaremos en el consultorio... - asintieron- Las veo al rato.
La puerta del cuarto se cerró y quedaron a solas. Emi acomodó la silla cerca de Aldana
y se miraron un momento.
Ambas sonrieron y dejaron escapar unas lágrimas, Emi se inclinó y dejó descansar su
cabeza en el estómago de su mujer.
- ¿Estás bien?- preguntó mientras sentía como Aldana le acariciaba el rostro.
- Si, ¿y vos?- sonrió.
- Si... aunque no me gustó nada quedarme en el cuarto sola...
- Jaja. - rió - Me imagino, pensé que venías conmigo...
- No me dijeron nada...
-
Se quedaron mirando un rato y las caricias comenzaron despacio.
- Te amo Al.
- Yo más cielo... - se acercaron y comenzaron a besarse.
El sol ya había desaparecido en el horizonte cuando ambas mujeres se retiraron de la
Clínica. Luego de recibir consejos sobre como cuidarse.
*****
Xena escuchó el sonido ronco del auto y salió al porche a recibirlas. Dana estaba
mirando TV en la sala y corrió detrás de su madre. Emilia estacionó el auto frente a la
casa y dejó que Aldana bajara. Siguió por el camino hasta meterlo en el garaje y
alcanzó a su mujer que estaba esperándola.
- Ey, nos tenían preocupadas... - exclamó Dana desde la escalerilla.
- Se atrasaron en la clínica... - dijo con una mueca. Aldana caminaba lento y con
cuidado.
- ¿Cómo salió todo? - preguntó Xena una vez que entraron a la casa.
- Bien... tengo que hacer reposo unos días y esperar...
- Ok... porque no subes directamente así no tienes que hacer doble viaje. Deben de
estar cansadas.
- Gracias, si... es agotador... Y ¿Pau?
- Se quedó con Sara...
- Ahhh... ok, me parecía raro que no viniera a saludarnos- dijo Emilia riendo.
Aldana y Emilia subieron hasta el cuarto y una vez dentro Aldana comenzó a quitarse la
ropa.
- Oye... no tengo sueño.. pero si cansancio en el cuerpo... porque no les dices que
cenemos acá... algo rápido.
- Ok... ahora les digo...
Aldana se quedó en el cuarto cambiándose y Emilia bajó nuevamente.
- Hola...- saludó a Gabrielle que parecía que recién llegaba.
- Hola... ¿cómo les fue?...
- Bien, bien, Al está arriba... dice que si quieren que comamos en el cuarto... no
tiene sueño..- dijo con una sonrisa.
- Ahh, ok... justo estábamos preparando unos sándwich. - Xena sacó una bandeja y
empezó a colocar unos vasos.
- Ok, las ayudo- Dana sacó de la heladera lo necesario y se puso a lavar unas hojas de
lechuga.
- Yo aprovecho para saludarla... - Gabrielle subió las escaleras y a mitad de camino
se detuvo...- ¿Emi?
- ¿Queu? - asomó su cabeza por la puerta vaivén.
- Tengo un trabajo para ti... si quieres... una autopsia, necesitan a una
instrumentista.
- ¿Mmm?... suena bien... ahora hablamos...
*****
Gabrielle salió del baño y se acostó junto a su mujer.
Estaba agotada y gimió cuando su cuerpo se relajó en la cama blanda, tenía frió y se
acercó más al cuerpo de Xena quien inmediatamente la rodeó con sus largos brazos.
La morena comenzó a masajear la columna de su esposa y sintió que un suspiro le
calentaba el pecho. Sonrió y estiró el brazo para apagar el velador, dejando la
habitación solo a la luz de la luna. La rubia comenzó a contarle lo que había sido de
su larga tarde. Ambas se quedaron pensando que podría haber provocado las muertes de
esos animales.
Xena recordó el episodio de la tonina en Playa Unión y un delfín oscuro en las costas
de la reserva de Punta Tombo. Algo raro estaba ocurriendo.
- Tenemos que estar atentas Gabrielle... algo esta ocurriendo.
- Lo se amor... por eso llamé a Roberto... y contacté a Prefectura y al área de
investigación. Mañana realizaremos varios informes y creo que lo de la Prefec saldrán a
patrullar algunos barcos.
- Mmm, la mayoría de los animales eran crías... hay algo que las está afectando.
- Sip... no llegan a los tres meses...- Gabrielle estrecho más el abrazo y sonrió, su
espalda dolía menos - Mmm, tienes las mejores manos para hacer masajes...
- ¿Si?... mira vos... y yo que creí que eran muy grandes y torpes...
- Jaja, naaaa lo que menos son... es torpes... - levantó la cabeza y miró a su mujer
con una sonrisa picara y le guiñó un ojo verde...
- Gabrielle... - meneo la cabeza y luego la besó.
Sabían que no llegarían a más... había sido un dia demasiado agotador y ambas se
acomodaron una en brazo de la otra para descansar.
*****
Emilia despertó en la mitad de la noche y guiñó los ojos, estaba sola en la cama y
frunció el ceño.
Tomó el despertador de la mesa de luz y observó... 5:27am. Miró la puerta del
baño y pudo distinguir un haz de luz por debajo.
- ¿Al? - su voz sonó ronca y se aclaró la garganta. - ¿Aldana? ¿Estas bien?
El silencio reinó en el cuarto, y luego de un momento se escuchó el agua correr y la
puerta del baño que era abierta...
- ¿Estas bien? - Aldana asintió.
- Si...- un suspiro - oh... nooo - sus ojos se abrieron y tapándose la boca nuevamente
se metió en el baño.
- ¡Ey!
Emilia se levantó y corrió hasta el cuarto, se encontró con su mujer con la cabeza
metida en el inodoro y se acercó para abrazarla.
Una nueva náusea la hizo gemir y se sintió aliviada al sentir las manos de Emilia en su
espalda.
Emi tomó la bata que colgaba del perchero y se la puso.
Esperó hasta que su mujer se sintiera mejor y la ayudó a sentarse en el borde de la
bañadera. Tomó un paño y lo humedeció antes de pasarlo por el rostro sudoroso de Aldana.
En sus ojos habían lágrimas y en su mano izquierda apretaba con fuerza una tableta
blanca.
Emilia observó la mano que lentamente se extendía hacia ella y regresó a los ojos de su
mujer... que ahora dejaban salir esas lágrimas.
Con manos temblorosas tomó la tableta y dejó salir el llanto cuando se dio cuenta que
dos líneas rojas adornaban el centro de la misma.
- Iba a ser una sorpresa...- dijo Aldana entre llanto...- Pero siempre te despiertas
cuando no debes...
- Jajaj... - rió Emilia mientras se acercaba para rodearla - Te amo mi vida... te amo
tanto...
- Yo también cielo... - su cuerpo temblaba. Y la felicidad no cabía en ella. - Vamos a
tener un bebé, Emi...- dijo entre sollozos.
- ¡¡¡Sí!!!... no lo puedo creer... te amo. Aldana...te amo.
La pareja se acostó nuevamente y Emilia rodeó con su brazo derecho el cuerpo de Aldana.
Sus ojos se encontraron y una sonrisa se formó en sus labios.
Aldana tomó la mano de su mujer y entrelazó los dedos antes de apoyarla en su vientre.
Emilia alzó su cuerpo y besó a su mujer en los labios. Enseguida se sintió rodeada por
los brazos de Aldana y gimió cuando la mordió levemente, notando una sonrisa bajo su
boca.
Cuatro semanas había pasado desde su viaje, hacia tres que habían regresado a la Capital
y ya habían perdido las esperanzas cuando se encontraron la noticia.
Aldana cerró sus ojos y se dejó guiar hacia los brazos de Morfeo luego de esos minutos
de entrega. Emilia tardó un poco más en hacerlo. Se quedó mirándola dormir. Acarició su
cuerpo lentamente y una lágrima rodó por su cara al llegar al estómago de su mujer.
Había sido una lucha muy fuerte, meses de tratamientos, estudios y pruebas. Pero allí
estaba... rindiendo sus frutos...
Emilia se acomodó en la cama y dejó su mano apoyada en el vientre de Aldana. Suspiró y
con una sonrisa cerró sus ojos.
Continuará...