Renuncias: Xena y Gabrielle, son propiedad de Renaissance Pictures y Estudios Universal.
Género: Uber. Así que la historia me pertenece por completo.
Clasificación: sub/alt. Esta historia está de acuerdo con el subtexto por lo tanto contiene escena de amor y de sexo entre dos mujeres. Si eres menor de 18 años o en tu país esto no está permitido, por favor no sigas... quiero seguir conservando mi libertad por muchos años más...
Dedicatoria: Este fanfic va dedicado a la persona que llena mi vida de amor y felicidad, esa con la cual aprendí lo que es amar y ser amada. Para vos K, Te Amo Con El Alma.
También se lo dedico a mis amigos, familia, a ustedes mis amigos del Msn y a todos lo que leen FF.
Aclaración: Todos los lugares aquí mencionados existen. Y forman parte de mi querida Argentina, así que junta un poco de dinero y ven a conocerlo, te aseguro que no te arrepentirás...
Pues... este relato nació después de la insistencia amig@s xenites, quienes me han alentado a que continúe con la historia de Xena, Gabrielle, Dana y Paula... espero que les guste.
¡¡¡Atención!!!: Para entender el relato deberías leer primero "Franca Austral"...
Comentarios: saludos o lo que quieras decirme, hazlo a mi mail: valxegab@hotmail.com

Abril 2005


CACERÍA DE BALLENAS

Autora: Valeria XG

Tercera parte

"Entonces la ballena se posesionó del mundo entero y,
reina de la Creación , dejó su estela..."

Herman Melville, Moby Dick

El barco estaba siendo guiado por manos expertas y siguiendo a un grupo de delfines residentes en la bahía. Xena timoneaba el mediano transporte mientras que sus hijas miraban asombradas los animales. Gabrielle salió a cubierta con la comida y le hizo seña a su esposa que ya almorzarían.

- Dana... baja el ancla, vamos a almorzar. - la adolescente corrió hasta la parte donde se hallaba el ancla y accionó el mecanismo.
- Listo má. Paula vení a comer... - Dana se sentó en el piso de madera lustrosa y tomó una de las bandejas.
- Pero quiero ver a los delfines... no quiero comer - protestó la pequeña.
- Paula a comer... - el tono de Xena la hizo bajar la vista y caminar ofuscada hacia ellas.
- Ufa... - protestó.

Era domingo y el día estaba caluroso y despejado, habían decidido ir a navegar y pasar el día juntas... o más que nada con las niñas. El trabajo había aumentado y las investigaciones les consumía tiempo para estar con ellas. Ya estaba por comenzar la segunda quincena de febrero y no se habían tomado vacaciones.

El verano había sido bastante agotador por la suma de problemas en las investigaciones y por el conflicto ballenero que según su amiga en Buenos Aires estaba siendo resuelto en manos de los altos gobernantes. Había hablado con ella en la noche anterior y las noticias parecían buenas.

Gabrielle miró a sus hijas y luego a Xena, sintió una sonrisa formarse en sus labios y suspiró. Le gustaba pasar el tiempo así. Todas juntas. Sus hijas crecían a pasos agigantados y tanto ella como Xena no querían perderse por nada del mundo la evolución de cada una de ellas. Aunque muchas veces fracasaban por no poder darle todo el tiempo merecido. Sus trabajos las consumían.

Dana paseó la vista por la caras de sus madres y vio el cansancio en sus ojos. La adolescente sabía lo duro que era trabajar en la fundación, ella misma lo hacía, más por hobbie que por necesidad. Aunque nunca había pedido dinero por sacar las fotos y catalogar los animales, sus madres le daban un pequeño sueldo. Que ella destinaba para sus gastos, aunque nunca le faltaba nada. Gabrielle le daba los gusto en todo y ni que hablar de su madre. Era su vida...

Giró su cabeza y los ojitos extrañamente azules hoy se perdían en el horizonte. Ya se imaginaba lo que su pequeña hermana estaría pensando y comenzó a reír. Alargó su mano hasta agarrarle una mejilla roja por el sol y ver como sus ojitos se volvían hacia ella encontrando ese amor que le era brindado sin tapujos. Paula sonrió y dejó al descubierto una dentadura semi completa, varios agujeritos estaban siendo remplazados por dientes blancos y nuevos, dándole ese toque de dulzura y picardía al rostro de su hermanita.

Su mente volaba en el momento que sintió la caricia en su mejilla. Sabía que era el tacto de su hermana. Giró su rostro y la miró sonriéndole. Simplemente no podía dejar de hacerlo cuando la miraba. Podía reconocer en una simple caricia el amor que le tenía.
Miró la bandeja ahora vacía que descansaba en sus piernitas desnudas y se sonrojó. Había dicho que no quería comer. Aunque en realidad tenía mucha hambre... pero también quería ver los delfines. Levantó la mirada y miró a su mamá Gabrielle. Sus ojos verdes la miraban concentrada y sintió un calorcito en el corazón cuando su mamá le arrojó un beso.

Su mamá Xena también le demostraba cuanto la quería, siempre la tomaba en brazos o la llevaba cargando en la espalda. Todos los días le traía algo, ya fuese dulces o juguetes. No podía negar que la mimaban, la consentían. Más que nada su hermana, que la llevaba a todos lados.

Paula se levantó y salió corriendo metiéndose en la parte cubierta. Y volvió a salir con una hoja en la mano.

- Es para las tres - extendió sus bracitos y Xena tomó el papel - Lo hice en la casa de Julieta...

Julieta era la hija de Juan Cruz, el médico que había logrado el milagro que era Paula. Además era amiga inseparable de Dana y Paula de Tommy el hijo menor.

Xena tomó el papel y Dana se puso de su lado para ver que era. En el papel había un dibujo de cuatro personas tomadas de la mano.
Se podía distinguir perfectamente quien era quien porque además llevaba escrito los nombres debajo de cada figura.
Todo estaba encerrado en un gran corazón. Arriba del mismo había escrito algo que a las tres las lleno de orgullo. En letras grandes estaba escrito "MI FAMILIA". Los colores brillantes y la prolijidad propia de una niña de seis años daban belleza a ese dibujo.

Gabrielle extendió sus brazos para tomar el cuerpito de su bebé y la llenó de besos. Las tres mujeres estaban emocionadas y se lo manifestaron en forma de besos y abrazos.

Xena le indicó a Dana que se colocara entre sus piernas y abrazó a Gabrielle. Las cuatros se quedaron disfrutando el resto del día. Sintiendo el amor que reinaba en el aire... y en cada uno de los corazones. Familia... eso era lo que eran... desde hacía ocho años.

*****

Emilia entró al departamento cuando amanecía. Caminó hasta la cocina, dejando a su paso la mochila y una bolsa sobre el sillón.
Encendió la luz de la cocina y vio que todo estaba ordenado, fue hasta la heladera y se sirvió algo de beber. Miró el reloj de la pared y vio que eran las seis pasadas. La maldita guardia... estaba cansada.

Caminó hasta el cuarto y abrió la puerta suavemente. Un suspiro salió de su boca al ver la figura de Aldana acostada.
Se quitó los zapatos y se acostó a su lado. Le acarició el rostro y una inspiración se sintió en el silencio del cuarto.

Unos ojos marrones se abrieron y enfocaron guiñando por la falta de luz. Emilia se extendió y prendió el velador de la mesa de luz.
Aldana sonrió y miró la hora, frunció el ceño y Emi entendió.

- Hola... salí antes. - explicó.
- Mm, que bueno... te extrañé mucho. - abrió sus brazos y dejó que Emi se acomodara en ella, pero luego reflexionó. - Emi... mejor quítate la ropa y ya te acuestas.
- Mmm... nooo, no me quiero mover.- protestó.
- Dale amor... - la movió y Emilia se levantó protestando. Se quitó la camisa y desabrochó el pantalón.
- Auuu, tengo que ir al baño... - se quejó y desapareció cerrando la puerta.
- Dale, dale... que acá te espero.

Tardó un rato y Aldana se preocupo un poco, pensando que podría haberse quedado dormida en el baño. La puerta se volvió a abrir y reveló a una Emilia con el cabello húmedo y una bata de toalla cubriendo su cuerpo. Se sentía el aroma del jabón en el ambiente y una sonrisa se formó en el rostro de Aldana.

Se quitó la bata y se metió en la cama. Enseguida su cuerpo desnudo se acopló al suyo también desnudo y un suspiro de satisfacción escapó de sus labios. Emi abrió los ojos y observó el rostro adormilado de Aldana y sonrió. La abrazó con fuerza cerrando los ojos para sentir la caricia que había comenzado a recorrerla.

Las manos de Aldana masajeaban, acariciaban los músculos de la espalda de Emilia haciendo que se relajara.

- Sabés cielo... me gustaría que nos tomásemos una semana o dos... estamos agotadas.
- Mmm.. estaría genial... en la clínica me dieron las vacaciones... o sea me dijeron que tengo catorce días...
- Buenísimo... - Aldana bajó sus labios hasta besar la frente de su amor y la estrecho más.

El sueño y el calor de sus cuerpos las fue venciendo hasta llevarlas a un mundo de sueños.

El sol ya entraba por la ventana cuando Aldana abrió sus ojos. Estaba boca abajo en la cama y a su costado podía sentir el cuerpo cálido de Emilia. Levantó la cabeza y trató de enfocar sus ojos para ver la hora, imposible, protestó y estiró la mano para tomar sus lentes. Ahora si... era cerca de las diez y suspiró. Ya era viernes y no tenía mucho que hacer en la oficina. Así que iría a la tarde. Se quitó los lentes y disfrutó de unos minutos más en la cama.

Se levantó y pasó por el baño antes de dirigirse a la cocina para poner en marcha un nutritivo desayuno. Su piel expuesta se erizó al sentir el frío de la heladera y se estremeció. Sacó la leche, la margarina y el dulce.

Puso a calentar el café y esperó que las tostadas se hiciesen. Cargó todo en una bandeja y caminó nuevamente rumbo al cuarto.
Abrió la puerta y depositó la bandeja en la mesa junto a la ventana. Corrió la cortina y dejó que la luz del sol bañara la espalda desnuda de Emilia. Se subió a la cama y empezó a besarla. Emi despertó y una sonrisa se formó en su rostro al sentir los besos en su columna desde la cintura hasta el cuello, haciendo que la piel se erizase en donde quedaba rastros de humedad.

Los besos continuaron por el cuerpo de Emilia y sintió una suave presión cuando Aldana dejo caer su peso suavemente sobre su espalda.
Un gemido escapó de su boca y sintió una risa muy cerca. Podía sentir el roce de la bata en la sensible piel y murmuró su petición, Aldana se arrodilló con el cuerpo de su novia entre las piernas y se quitó la bata. Se inclinó sobre el cuerpo de Emi y la sintió estremecerse cuando sus pechos le rozaron la espalda.

Los besos pasaron de ser gentiles a excitantes. Las manos de Aldana masajeaban los músculos y acariciaban de forma muy sugerente haciendo que la excitación se acrecentara.
La presión el ambos cuerpos se hacía notoria y la respiración se aceleraba rápidamente.

Emilia logró girar su cuerpo cuando sintió que ya no aguantaría los estímulos y gimió al sentir un roce directo cuando Aldana se acomodó entre sus piernas. Sus ojos se abrieron y dejó de respirar al ver la mezcla de amor y deseo reflejados en los ojos de su mujer.

Dirigió sus manos a las caderas de Aldana y presionó hacia ella haciendo que el roce se hiciera pleno. Juntas comenzaron a moverse y a disfrutar de este viaje.
Aldana podía sentir como el calor las iba invadiendo y el sudor las cubría. Emilia aprovechó su rato de cordura para disfrutar de la piel de Aldana besándola, excitándola, sus manos resbalaban por su espalda y tocaban ese punto clave que solo ella conocía, sintiendo como los temblores la recorrían.

La agradable presión que se estaba formando en el cuerpo más grande casi la sacó del mundo cuando se vio acrecentado al máximo cuando sintió que Emilia se abandonaba a la misma sensación.

Casi dejó de respirar al sentir como el cuerpo de Aldana comenzaba a temblar y los suaves murmullos de rendición le indicaron que la necesitaba.
En segundos su cuerpo cubría completamente al de Aldana y mientras notaba como su cuerpo aun estaba en la misma fase las manos de Aldana se aferraban a ella en busca de refugio.

Podía sentir el corazón en sus oídos, la respiración agitada y los músculos en fase líquida. Podía sentir el peso de Emilia manteniéndola en sitio y unos susurros calmándola.
Abrió los ojos despacio y se encontró con la mirada del amor de su vida...

- ¿Estás bien?- Preguntó Emi desde su posición. Sus dedos le acariciaron el rostro y un beso fue depositado en ellos.
- Mmm... sip.. Dios... fue muy...- se sonrojó... aun lo hacía...
- ¿Intenso?- Aldana asintió y una sonrisa apareció en su cara.- ya lo creo que fue... me duele todo.
- Lo siento...- sus manos se enredaron en el cabello de Emilia y le rascó la cabeza.- ¿Sabías que Te Amo?
- Mmm, no sé... nunca me lo decís- dijo en tono serio, pero el brillo en sus ojos no pudo ocultar su mentira.
- Mirá vos... ¿así que nunca te lo digo? - Aldana la rodeó son sus brazos y giró poniéndose a medias sobre el cuerpo de su mujer. La miró a los ojos y muy cerca de sus labios susurró- TE AMO... Te Amo... te amo... - y ambas se fundieron el un nuevo beso...
- Te amo, cielo... - respondió.

Las caricias comenzaron nuevamente y el desayuno fue olvidado... hasta más tarde.

*****

La puerta de la casa se abrió y Laika entró corriendo seguida de Paula, la perra bóxer comenzó a ladrar y la niña le llenó el recipiente con agua limpia y fresca.

- ¡¡Mamá!! - exclamó la niña y subió la escalera- ¿Mami?

Fue hasta el cuarto de sus madres y abrió la puerta.

- ¿Má?- llamó.
- En el baño, Pau - vino la contestación.

La niña ingresó en el cuarto de baño y se encontró con su madre sumergida en el agua. Se arrodilló al lado de la bañadera y la miró.
Gabrielle la miró y sonrió.

- ¿Dónde andabas que estás tan sucia? - extendió una mano mojada para limpiarle el rostro lleno de tierra.
- Afuera, jugando con Laika... lo que pasa es que me caí- dijo bajando la mirada.
- No habrás estado en la playa ¿no? - Gabrielle se incorporó en la bañara y la miró fijamente.
- Es que se me fue la pelota... y... y .. Laika sin querer me empujó y me caí...
- Paula que te hemos dicho de bajar a la playa sola... - el tono era rudo. - Lo sabes bien...
- Mami... estaba lejos del agua... - sus ojitos se llenaron de lágrimas y sorbió el llanto. - ¿me perdonás?
- Pau, no es cuestión de pedir o no perdón cielo... quiero que lo comprendas... hija la playa es peligrosa...
- Pero... - sus lágrimas caían por sus mejillas y levantó sus ojitos para mirar el rostro compungido de su mamá... así lo comprendió.- Lo siento... no volveré a la playa sola.
- Sabes que mamá te ama, Pau y me muero si te llega a pasar algo... - vio como su hija se largaba a llorar y la tomó en brazos - Dale, sacate esa ropa sucia y metete conmigo.

Rápidamente se deshizo de su short y remera y se metió en la bañera con su mamá. Gabrielle tomó el jabón y comenzó a limpiar el cuerpito de su hija. Paula la abrazó y se acomodó sobre su cuerpo. El agua estaba tibia y las cubría lo suficiente. Paula apoyó su cabeza en su pecho y apoyó su manito sobre un seno desnudo. Cerró sus ojos y se concentró en el único sonido capaz de calmar sus temores.
Las manos de su mamá la acariciaban despacio, se conectaban a través de esas simples caricias. El sonido de su corazón la transportaba, la relajaba.

Gabrielle observó el pequeño cuerpo acurrucado en ella y sintió su corazón latir muy fuerte. Era verdad, se moriría si algo le llegase a pasar... era su vida... parte de su cuerpo, parte de su alma.


Xena entró en el camino y guió el auto hasta la cochera. Dana bajó de él y abrió la reja para que su madre pudiese estacionar. Bajó su mochila y las bolsas del super y esperó a que la alta mujer se uniese a ella.

Entraron a la casa y el rico aroma las recibió, ambas se dirigieron a la cocina y saludaron. Paula estaba dibujando y Gabrielle preparaba la ensalada. Xena se acercó la rodeó con los brazos.

- Te extrañé - murmuró Gabrielle giró su rostro y se besaron.
- Yo también. Que tal estuvo todo.
- La verdad que bien, ha llegado un informe desde la Secretaría. Parece que los japoneses se van a tener que ir.
- ¿De verdad? - Gabrielle puso la lechuga en un bols y agregó el tomate. Dana se acercó para darle un beso.
- Perdón má... la enana, se me colgó y no me soltaba. - Gabrielle le sonrió y la besó.
- ¿Hablaste con las chicas? - Xena empezó a sacar la bebida y los aderezos.
- No... ¿por? - Gabrielle sacó del horno la carne y comenzó a cortarla - A lavarse la manos.
- Porque Aldana me mandó un mail y me dijo que pensaban viajar. - Xena se enjuagó las manos y ayudó con la carne.

Las cuatro mujeres estaban cenando y se reían de la travesía que había vivido Dana junto a sus amigos. Paula la miró fijamente y luego se empezó a reír.
Las tres se quedaron mirándola y la niña paró. Volvió a mirar a Dana y sonriendo le dijo.

- Ese chico te gusta, hermanita... - Dana abrió sus ojos azules y carraspeó.
- ¿Y qué te dice que me gusta enana? - Xena y Gabrielle se miraron divertidas.
- Mmm, será que no parás de hablar de él... - Paula corrió hasta el teléfono que sonaba y se lo alcanzó a Xena.
- Hola... - una sonrisa se formo al reconocer la vos de Gisela. - Hola Gi...
- Hola Xena, ¿cómo anda todo por allá?
- Bien, todo genial... ¿querés hablar con tu prima?
- Sip... besos.

Xena le pasó el aparato a Gabrielle y siguió comiendo. Las niñas aun discutían y Xena les hizo un gesto para que hiciesen silencio.

- Hola primita!!! - saludó Gabrielle... - ¿Cómo andas?
- Bien Gab... todo tranquilo... quería saber de vos. Hace mucho que no hablamos.
- Es verdad... y cuéntame como va esa panza.
- Bien, creciendo mucho...
- ¿Entras en el sexto mes, no?... - Gabrielle tomó un poco de ensalada y se la metió en la boca.
- Si, ya sabemos que es... adiviná...
- De verdad... a ver espera. - Gab corrió el teléfono y miró las demás. - adivinen que va a tener Gisela.
- NENA!!!- gritaron a coro las pequeñas.
- Varón... - dijo Xena.
- Pues acá las niñas dicen que nena y Xen y yo que es varón.
- Pues ganaron las niñas... es una nena.
- En serio uyy que lindo. Ahora tienen la pareja. Que bueno - se alegró Gabrielle, por otra parte las niñas festejaban su triunfo.

Dana terminó de limpiar los platos y subió a su cuarto. Se quitó la ropa y se metió a bañar. Al terminar se envolvió en un toallón y se tiró en la cama al tiempo que encendía en televisor.

Pasó un buen rato mirando una serie hasta que el sonido de la puerta la distrajo.

Gabrielle entró al cuarto y se sentó en la cama. La miró largo rato y sonrió.

- ¿Querés que lo hablemos?

Unos penetrantes ojos azules la miraron. Dana se levantó y tomó una remera larga y se la puso. Sus movimientos eran nerviosos y comenzó a dar vueltas por el cuarto. Se paró frente a la ventana y miró la luna que se reflejaba en el mar calmo.

- No sé que me pasa... - siguió con su mirada en la nada. Apoyó su mano en el vidrio.
- Dana... hija... - Gabrielle se acercó a ella y apoyó la mano en su hombro, la sintió temblar.- Puedes confiar en mí.
- Lo sé, mamá... - se volteó para mirarla a los ojos. - Hay algo extraño en mí... no lo entiendo. - Gabrielle continuó mirándola a los ojos. - Anoche estuve con Tomás... salimos a caminar por la playa, mientras los chicos estaban en el fogón... Me besó...

Gabrielle la tomó de la mano y la llevó hasta la cama. Se sentaron y contra la pared y ambas miraron la luna. Dana tomó la mano de su madre y suspiró.

- No sentí nada, mamá - apoyó la cabeza en su hombro y cerró los ojos. - No sentí esas cosquillas que todo el mundo describe... ¿Por que no las sentí?... si él me gusta... me siento bien a su lado.
- Puede que te guste cielo... pero no haya química. - Gabrielle se sentó con las piernas cruzadas frente a ella - Pero tal vez es pronto... o quizás él no sepa besar... - bromeó.
- Má... si que lo hace... - confesó - Tal vez soy yo la que no lo sabe hacer...
- Creo cielo que es pronto... ve despacio... disfruta el momento y ya veras que todo sale bien.
- Má... ¿puede ser que haya estado nerviosa? - Dana se rascó una ceja y la enarcó cuando Gabrielle se rió. - ¿Qué?
- Eres tan igual a tu madre... - le acarició el rostro. - Si debe de haber sido eso... o muy ansiosa.- reflexionó.
- Mmm, puede... porque la verdad tenía unos nervios - se estrujó el estómago.

Gabrielle comenzó a reírse y la abrazó.

- ¿Sabés qué má?... me acuerdo cuando era chiquita y me hacías dormir... siempre me sentí protegida en tus brazos.
- Oh... Dana... te quiero enana... - se acomodó a su lado y la abrazó. Se quedó un rato acariciándole el largo cabello hasta que sintió que la respiración se hizo más lenta. - Te quiero Hija... - susurró.

Tomó una manta y la arropó. Apagó la televisión dejando el cuarto a la luz de la luna y cerró la puerta. Caminó hasta el cuarto de la más pequeña de la casa y entró. La niña estaba profundamente dormida abrazada al oso que alguna vez había pertenecido a su hermana.
Le acomodó las mantas y la besó. El cabello rubio y largo se extendía por la almohada y su carita relajada era de un angelito. Gabrielle meneó la cabeza al ver a su hija reír en sueños y trató de imaginar que podría estar soñando, imposible, Paula poseía una gran imaginación.
Salió del cuarto y fue hasta su habitación.

Xena estaba acostada y miraba la tele. Gabrielle se acercó e inclinándose la besó en los labios. Sintió como era rodeada por largos brazos y era jalada hasta quedar sobre su cuerpo. Comenzaron a besarse y las caricias eran más urgentes. Xena levantó la remara hasta sacarla del cuerpo de Gabrielle y besó la piel expuesta de la garganta. Un gemido quedó atravesado en la garganta cuando le tomó el pecho y lo masajeó haciéndole sentir miles de cosas.

Pasaron un buen rato amándose.

Cuando sus cuerpos estaban saciados de una manera indescriptible ambas se acurrucaron una en brazo de la otra y dejaron que el sopor las adormeciera.

*****

Emi golpeó la puerta del despacho de Aldana y entró al escuchar la invitación. Aldana estaba parada frente al gran escritorio y ordenaba unos papeles en unas carpetas antes de meterlos en su bolso. Levantó la mirada al tiempo que acomodaba sus lentes sobre el puente de su nariz. Emilia rodeó el mueble y se acercó para darle un beso en los labios.

- Holis... - saludó, mientras tomaba una fotografía de ambas haciéndola recordar el primer encuentro y el modo que había sido sacada. - Me gusta esta foto...
- ¿Mmm? - Aldana miró dicho objeto y sonrió.- Sip... esta buena, me encantó ese lugar... podríamos volver algún día...
- Aja, tantos encuentros allí que ahora que estamos juntas lo hemos dejamos abandonado... - dejó el portarretrato en la mesa y la abrazó. - ¿Lista?
- Si, sólo déjame que mande unos mails y nos vamos.- Aldana entró a su cuenta y envió unos mails que estaban guardados, cerró sesión y miró a su mujer.- ¿Quieres revisar antes de irnos por si el cuñado mandó algo? - dijo riendo.
- Dale... te voy a dar a vos cuñado... - Emilia se sentó en sus piernas y tecleo su nombre y contraseña. Sintió que era tomada de la cintura y que un beso era depositado en su espalda.
- ¿Y...? - preguntó Aldana sin mirar la pantalla.
- Sip, me mando dos presentaciones y también te las mando a vos... - se giró a medias y la miró.
- Lo sé... están buenas, miralas... - le palmeó la cadera y esto hizo que Emilia se levantara. - Déjame que termine de guardar esto - señaló unas carpetas - mientras terminas de ver eso.
- Okis... es verdad están buenas... - dijo riendo. Una de las presentaciones era en broma cosa que causo gracia en Emi.
- ¿A que hora sale el vuelo?... - Aldana cerró el armario con llave y se sentó en el borde del escritorio observando a su mujer. Emi levantó la vista hacia ella y le sonrió.
- A las 9:45 de la mañana. Tenemos tiempo, ya hice las valijas y hay comida preparada. Así que llegamos, comemos y a dormir, hay que estar temprano en el aeropuerto. ¿Ok?... - el tono que utilizó en el Ok le dejaba en claro que esta noche...
- Aishhhh... ok, ok... ya capto. - Emilia comenzó a reír con fuerza y meneó la cabeza en negación.
- ¡¡¡Diosssss sos terribleeeee!!!!- exclamó.

La mañana estaba algo calurosa, el cielo nublado y una amenazante lluvia a punto de caer no opacaba la felicidad de realizar el tan esperado viaje.

Se ajustaron los cinturones y prestaron suma atención a las indicaciones de vuelo. Aldana estaba del lado de la ventanilla y miró por un segundo el rostro de Emilia antes de dirigir sus ojos a las pequeñas boquillas que suministraban aire fresco para dirigirla de lleno a su rostro.

Realmente no le disgustaba viajar en avión, pero tampoco era algo que le encantaba, prefería ir en bus, en tren o en auto... pero la comodidad horaria hacia que valiese la pena. Dos horas en vez de dieciocho era buen precio...

Emilia miró el accionar de su mujer y sonrió, sabía que no le gustaba para nada eso de estar encerrada, pero eran apenas dos horas de viaje así que estaba todo bien. Tomó una de sus manos y la estrechó. Aldana la miró y dejó ver una sonrisa plena y cómplice a tiempo que se ruborizaba.

El viaje fue cómodo y rápido. No habían terminado de ascender cuando ya debían bajar para alcanzar la pista Madrynense.

Caminaron por el pasillo que las llevaba a las valijas y sonrieron cuando unos grititos corearon sus nombres.
Allí estaban, sus amigas había ido a buscarlas y la pequeña daba saltitos al verlas. Esperaron un momento hasta que tomaron sus respectivas cargas y se dirigieron hacia el salón.

Enseguida se vieron rodeadas de abrazos y sus mejillas se sonrosaron al sentir la cantidad de besos por parte de la criatura.

- ¡¡¡Hola!!! - Gabrielle rodeó ambos cuerpos y las estrechó.- Que bueno que vinieron...
- Mmm, siii, ya necesitábamos las vacaciones - Emilia tomó la mano de la pequeña y saludó a Dana que esperaba su turno.
- Hola Dana... como has crecido nena...
- Holis... sip... mami me dice lo mismo... ¿tanto se me nota? - Aldana asintió mientras tomaba la mano de Emilia.
- ¿Y Xena? - preguntó cuando salían del lugar.
- En la oficina... ahora pasamos a recogerla...
- A joya... - Gabrielle se quedó mirándola y sonrió.-
- No se te quita lo porteño, ¿verdad?...
- Jaja, yo no hablo porteño... tengo algunas palabras... veo que a ti sí se te ha ido... - contraatacó.
- Mmm, pues después de vivir ocho años aquí... ¿y a ti Emi?... - miró a la otra mujer que llevaba a Paula en el regazo.
- ¿A mi? - reflexionó. - Llevo dos años viviendo en Buenos Aires... algo se me debe de haber pegado...
- Jaja, recuerdo cuando discutíamos por el Ya... jaja...
- Aishhh, si lo recuerdo - Emi meneó la cabeza.
- Yo no digo Ia... digo Ya... - Aldana imitó la voz de Emilia...
- Pero era verdad!!
- Lo sé amor... solo que a mi oído suena diferente...

Pasaron por la oficina y Aldana bajó para ir a buscar a su amiga. Tardaron unos minutos en volver y todas se dirigieron hacia la casa en la playa.

Una semana había pasado desde que la pareja había llegado a Pto Madryn, los días habían estado hermosos y los habían disfrutado a pleno, los momento en que Xena y Gabrielle eran requeridas para alguna investigación de urgencia ellas se quedaban a disfrutar de la playa o simplemente paseaban por la ciudad.

Esta noche había decidido salir a cenar todas a un buen restaurante.

Dana estaba ayudando a Paula a cambiarse cuando escuchó risas en su cuarto. Ella había dejado que la pareja se instalara en él mientras que ella lo compartiría con su hermana. Se sintió sonrojar por el pensamiento y sonrió. Estaba acostumbrada a las muestra de afecto entre sus madres... pero...

Sintió que la puerta de su cuarto se abría y que sus amigas bajaban la escalera. Unas manitos frías le acariciaron el rostro sonrojado y bajó sus ojos azules para encontrarse con otros muy parecidos. Sonrió y acabó de ponerle el vestido.

Cuando bajó Aldana salía de la cocina con un vaso de jugo y Emilia charlaba animadamente con Gabrielle. Aldana la miró a los ojos y sintió la mirada penetrante y fuerte en sus pupila, sin pensarlo desvió la mirada hacia sus manos notando que las mejillas empezaba a arder. Cuando volvió a mirarla Aldana se reía enarcando una ceja demasiado igual a la de su madre. Ironía del destino.

Se sentó en unos de los sillones y terminó de acomodar su bolso. El celular estaba cargado, la agenda y la billetera también lo estaban.

Había quedado con sus amigas salir después de la cena, así que sintió esos nerviecitos en el estómago al pensar que saldría con Tomás.

Habían empezado una pequeña relación, de mutuo acuerdo habían quedado en conocerse y ver que era lo que sentían, sin presiones, aunque ya no había dudas... se gustaban y esta noche había decidido dar el paso.


- Y Dan... ¿Qué me cuentas de tu vida? - Aldana se había arrodillado a su lado y la miraba sonriendo. - ¿Algún chico por allí que traigas muerto?
- Jajaj... pues... no se si muerto Al... pero estamos bien...
- Uy... que bueno. ¿Y es lindo? - Emilia levantó la mirada al escuchar eso y Aldana le sonrió.
- Sip... es alto, moreno... me gusta.
- Joya... me alegro por vos... y que dicen... - hizo un gesto con la cabeza señalando a Xena que iba bajando la escalera.
- Esta todo bien con ellas... pero no dejan de darme consejos... sobre todo mamá.
- Es lógico Dana... yo lo haría... además con lo celosa que soy... - dijo riendo.
- ¿Te gustaría tener un bebé, Al? - la morena mujer se removió y bajó la mirada. Reflexionó un momento y luego volvió a mirar los ojos celestes de la adolescente.
- Sí... Dan... me encantaría... pero... - volvió a bajar la mirada.
- Dana... vení un segundo.

Xena había estado escuchando la conversación y decidió interferir antes de que la adolescente siguiera con sus preguntas, Dana se acercó a su madre y asintió. Aldana se sentó en el sillón que había dejado la adolescente y miró hacia la ventana. Emilia notó el cambio en su mujer y enseguida fue a su lado. Pasó sus manos por los hombros y la abrazó.

- ¿Estás bien? - murmuró al oído. Le dio un beso en la mejilla y la estrecho más.
- Sí, cielo... es que...
- Lo sé... ya amor... vas a ver que todo sale bien.

Gabrielle se dio cuenta de la situación y decidió que era tiempo de salir. Tomó sus cosas y la llave de la camioneta y le hizo seña a Emilia para marchar.

- Vamos... - Aldana tomó aire y suspiró. Cerró los ojos y se concentro en que todo el tratamiento que hacia varios meses seguía para poder concebir daría frutos muy pronto.
- Vamos... - tomó la mano de Emilia y la apretó.

Subieron a la camioneta y se dirigieron hacia el restaurante elegido.

Cuando llegaron se encontraron con tres mesas finamente preparadas para ellas y se dispusieron a pasar una noche inolvidable. El lugar estaba instalado en la playa y la estructura estaba formada por grandes ventanales de vidrio. Desde donde ellas estaban ubicadas se veía el océano que estaba calmo. Algunas luces de las embarcaciones en el horizonte se confundían con las estrellas en el cielo.

Un cielo totalmente despejado. El clima era agradable, soplaba una brisa fresca propia de la última quincena de febrero... en una cuidad ubicada al sur del continente era raro que ya no hiciese algo de frío, aunque todavía quedaba un mes más para disfrutar el verano.

Pidieron platos diferentes para probar un poco de todo. Bebieron vino y gaseosas y los postres eran aun más variado que las comidas.
La sobremesa se extendió por casi dos horas y se tocaron diversos temas... desde personales como laborales. Estos últimos relacionados con el conflicto por la caza de las ballenas.

- Así que antes de venir, me llegó el informe de que los japoneses tienen vedada la caza científica en territorio argentino y en el Santuario - comentó Aldana.
- Que bien... me alegro tanto... - Xena se acomodó en la silla y se rascó la mandíbula. - La verdad que nos tenía con los pelos de punta aquí. Ya el museo y las demás instituciones de conservación no sabían que hacer. Me estaban volviendo loca...
- Nos... - agregó Gabrielle. Dana asintió.
- Bueno por lo menos obtuvimos una respuesta por parte del gobierno.
- Así parece... - Emilia se excusó y caminó hasta el baño, seguida de Paula que le urgía ir también.

Pasaron un rato charlando de todo un poco hasta que sonó el celular de la adolescente y anunció que debía marcharse. El auto de Tomás había estacionado cerca de la entrada y la esperaba.

Las cuatro mujeres mayores le desearon suerte y Xena le recordó que se cuidara y que no cometiera ninguna locura.
Dana giró los ojos y asintió. Todas empezaron a reírse y se marcho.

*****

Xena se despertó al sentir pasos en la escalera y se levantó. Abrió la puerta muy despacio y salió, Dana estaba por entrar al cuarto cuando sintió una presencia.
Giró y se encontró con la figura de su madre que cerraba la puerta del cuarto. Sonrió y volvió sobre sus pasos.

- Hola...- susurró.
- Hola... ¿cómo te fue?- tomó la mano de su hija y sonrió.
- Vamos abajo y te cuento... aunque te digo que muy bien. - le guiñó un ojo azul y Xena giró los suyos...
- Oh... nooooo- gimió.
- Jajja...- se carcajeó y se tapó la boca para evitar seguir, ante la cara de horror que había puesto su madre- Ya mamá...

Dana puso el agua a calentar y tomó dos tazas agregándole un saquito de té a cada una y una cucharita sobre el plato. Dejó que el agua hirviera y la colocó con cuidado en las tazas.
Sacó unas galletas dulces y las sirvió junto con el té.

- Así que fuimos a bailar...- Dana se sentó sobre una de sus largas piernas y estrujo con la cuchara el saquito de té antes de agregarle el azúcar.
- Pero todo bien ¿entonces?- Xena sorbió de la taza y sonrió al ver la sonrisa en la cara de su hija.
- Si mami... quedamos en intentarlo... sabías que decidió quedarse en Madryn... -Xena enarcó una de sus cejas en interrogación. - una parte para estar conmigo y la otra... pues parece que su abuelo no anda muy bien y quiere ayudarlo...
- Que bien... me alegro entonces Dan... - Xena tomó la mano de su hija y la apretó. Dana se levantó de su asiento y la abrazó. - Má... metí la pata hoy ¿verdad?.
- ¿Hoy?..., ¿cuándo?- Xena la miró.
- Con Aldana... realmente no sabía...
- Lo se hija..., en realidad nosotras tampoco... nos lo dijo hace unos días...
- ¿Pero por qué no puede tener bebes?- Dana se sentó en su silla y le prestó atención a la explicación que le dio su madre.- Ahh... ¿y que hay de Juan Cruz? ¿No puede ayudarla? - Terminó su té y se levantó para enjuagar la taza.
- Tiene que ir a verlo en la semana... espero que todo salga bien...
- Sip... yo también lo deseo.

*****

El sol empezaba asomarse cuando Aldana abrió sus ojos. Sintió un escalofrío recorrerla y un nudo se formó en su estómago. Casi no había podido dormir. Los nervios la estaba consumiendo y soltó un suspiro. Emilia estaba acoplada a su cuerpo y se sobresaltó cuando el aire de los pulmones de Aldana la abandonó de forma violenta. Abrió sus ojos y encontró el rostro compungido de su mujer.

Le acarició el estómago de forma lenta y se mordió el labio mientras veía como las lágrimas escapaban de los ojos oscuros de su amante.

Sin meditarlo se puso sobre el cuerpo más grande y la estrecho con fuerza. Se sentía impotente, no sabía que hacer, sólo más que abrazarla y decirles que todo saldría bien.

Aldana se aferró con fuerza al cuerpo más menudo y largó el sollozo. Se maldijo mentalmente por ser tan débil. Pero así se sentía con ella, siempre había sido así... por más que se prometía no llorar, siempre fracasaba... odiaba llorar pero era la única forma de sacar la angustia acumulada.

Lloró en silencio por sus miedos y cuando ya se había quedado sin lágrimas aflojó el abrazo.

Emilia se había quedado allí, solamente sintiendo y sosteniendo a Aldana. Sintió como el abrazo se aflojaba y levantó su cabeza para mirarla. Le susurró cuanto la amaba y lo feliz que la hacía. Le recordó que tenía que estar tranquila y que debía confiar en que todo saldría bien.

Cuando ambas mujeres bajaron a desayunar la familia ya estaba levantada. Xena y Gabrielle se apresuraron en hacer el desayuno para ellas, pero Emilia las paró. Empezó a prepararlo ella misma como le gustaba a Aldana y de su bolsillo sacó los medicamentos que su pareja tomaba a diario, sirvió un poco de jugo y le alcanzó el vaso y las pastillas. Aldana sonrió ante el gesto y tragó las dosis.


Ya era pasada las tres de la tarde cuando ambas mujeres llegaron a la clínica. Luego de anunciarse esperaron a que el médico las atendiese.

Pasó algo así como media hora antes de que Juan Cruz las hiciese pasar.

El médico tomó su tiempo en revisar los estudios e imágenes, Aldana estaba cada vez más nerviosa y se notaba por como se acomodaba el cabello y la forma de sonarse los dedos.

Emilia tomó una de las manos y la miró de forma severa, debía actuar de esa manera. Aunque ella estaba tan o más nerviosa que su mujer.

Juan Cruz levantó la mirada de los papeles y las observó. Notó cierto parecido y las manos fuertemente entrelazadas, vagó la mirada en una y en la otra y suspiró.

- Bueno señoritas... - se acomodó en el sillón y entrelazó sus dedos sobre el escritorio. - Mmm, Aldana lo que tienes es sumamente complicado...
- Dios... - exclamó y sintió en sus ojos el escozor de unas lágrimas. Bajó la mirada y su mano fue apretada con fuerza.- eso quiere decir que...
- Eso quiere decir que es un caso complicado pero... no imposible. - sonrió. - Quiero que te hagas unos estudios y me vengas a ver en cuanto lo tengas.- garabateó unas palabras en un papel y lo entregó. - Tengo tu historia... ya se más o menos que hacer, pero necesito estudios recientes... ¿comprendes?
- Claro... pero no nos queda mucho tiempo...- Aldana miró a Emilia... le restaba una semana antes de partir. - Emilia tiene que regresar al trabajo la semana que viene...
- Mmm, ok... Déjenme que arregle para los estudios. Esperen.
- Gracias...- respondieron.

El médico se levanto y desapareció por la puerta. Las lágrimas cayeron por fin y Aldana se vio rodeada enseguida por los brazos de Emilia.

- Todo va a salir bien, solcito... - le susurró.
- Tengo miedo... y ¿si no puedo?... que vamos a hacer Emi...- su rostro afligido le partió el corazón a la mujer mayor.
- No te preocupes vida... vas a poder... hay que tener fe...
- Dios... por favor ayudame...- rezó en silencio mientras que abrazaba a Emilia.

Unos días después Aldana salía del consultorio con un nuevo tratamiento a seguir. Tenía que seguirlo por lo menos un año a fin de desentoxicar su cuerpo de tantas hormonas que le habían sido administradas para tratar su problema. Juan Cruz la citó nuevamente en unos seis meses para realizarle nuevos estudios.

Si el tratamiento funcionaba como él esperaba tal vez el próximo año podrían intentar la búsqueda de un bebé.

La pareja salió sumamente feliz de la clínica y de la mano se dirigieron calle abajo, aquella que la llevaría rumbo a la playa.

Continuará...


Indice Fan Fiction

Página Principal