"Entonces la ballena se posesionó del mundo entero y,
reina de la Creación , dejó su estela..."
Herman Melville, Moby Dick
Aldana se movió en la cama, suspiró y se acomodó nuevamente en la espalda de Emilia
pasando su brazo por la cintura y pegándose a ella. Su reloj biológico le indicó que era
hora de levantarse y gruñó antes de abrir los ojos. Solo un ratito más - pensó.
Pero nada pudo hacer cuando la alarma del reloj mecánico le recordó que tenía una hora
para vestirse, desayunar y partir hacia la oficina.
El pitido era agudo y taladrante. Estiró su brazo y apagó el molesto ruido. Emilia se
rió cuando Aldana maldijo dicho aparato y se carcajeó cuando una ola de berrinche azotó
a su novia.
Se giró y abrazó el cuerpo enfurecido y empezó a acariciarla. Le encantaba ese lado
infantil de Aldana y más por la mañana.
- Desearía quedarme haciendo fiaca todo el bendito día... pero no... tengo que
levantarme e ir a la.... oficina. - Aldana se giró para mirar a Emilia y se encontró con
una sonrisa y en segundos sus labios estaban sellados por un beso.
- A ver si puedo hacer que cambies de opinión... - susurró sobre sus labios.
Emilia se sentó en la cama y la miró un momento. Los ojos de Aldana estaban a medio
abrir... o a medio cerrar... y tenía un leve sonrojo, le pasó suavemente su mano por la
cara haciendo que los oscuros ojos se cerrasen por completo y bajo su cara hasta volver
a sentir la suavidad de los labios bajo los suyos. La besó consciente que no serían
capaz de llegar más lejos, pero con el efecto necesario para domar a la fierecilla que
azotaba el humor por las mañanas de su joven compañera de vida.
Un gemido de satisfacción salió de Aldana y abrazó a Emilia haciendo la suficiente
fuerza para que se tumbara sobre ella, podía sentir en su cuerpo el proporcionado peso
de Emi y eso le gustaba. Sentía cada parte en contacto con su piel y los pequeños
temblores que se producían en él en concordancia con los suyos.
Emilia lentamente se separó y la miró a los ojos, aun estaban cerrados y una sonrisa
bailaba en los rozados labios. Los párpados se abrieron lentamente y brillaron de deseo.
La sonrisa se hizo más grande y meneó la cabeza en señal de derrota.
- No sé como consigues hacerlo, pero eres capaz de calmarme en segundos.
- Mmm, pues... será que no me gusta verte en gruñona.
- Ok, ok... capto la indirecta. - Aldana pasó sus manos por las costillas desnudas de
Emilia y empezó a hacerle cosquillas. Aldana se retorció sobre ella y chilló porque la
liberase, pero entre tanto revuelco acabó bajo el cuerpo de Aldana, la cual aprovechó
para torturarla un poco más hasta quedar rendida a su lado.
- ¡Eres MALA! - acusó una vez que su respiración se acompasó.
- Mmm, sip... ¡¡¡pero me encanta!!! - giró su cuerpo hasta situarlo a medias sobre Emi
y la observó. - Me gusta escucharte reír. - confesó.
- Jaja... lo sé... lo sé muuy bien. - Emilia la abrazó con fuerza y se quedaron un
momento así, solamente disfrutando el momento.
- Debo ducharme... - se levantó y observó el cuerpo desnudo de Emilia una sonrisa se
formó en su cara, y agitó los dedos de sus manos provocando que Emilia saltara fuera de
la cama... - Sabía yo que ibas a acompañarme en la ducha.
- Aishhhh... ¿qué voy a hacer contigo? - preguntó mientras se acercaba a ella.
- ¿Amarme?... - preguntó sonriente.
- Mm, pues eso ya lo hago, voy a tener que buscar otra cosa. - reflexionó mientras se
dirigían rumbo al baño.
- Jajaja... - la carcajada de Aldana resonó por todo el cuarto.
*****
Xena entró en la oficina y contestó el teléfono que sonaba, la voz cansina de Roberto
indicaba que algo malo sucedía.
La alta mujer dejó su maletín sobre la pulida madera de la mesa de trabajo y se sentó
escuchando atentamente, una risa demasiado conocida retumbó en el pasillo y la pequeña
figura de Gabrielle entró en el despacho. Frunció el ceño al mirar a su esposa y se
acercó.
Xena colgó el teléfono y suspiró.
- Encontraron dos cachorros muertos mar adentro. Y el cuerpo de un ejemplar agonizando. -
los ojos de Gabrielle se abrieron más de lo normal y se sentó en la butaca digiriendo la
información.
- Oh Dios... ¿Qué vamos a hacer?... Xena... - susurró.
- No lo sé, ya no sé que más hacer - la alta mujer se paró y caminó hasta la ventana,
sus ojos casi transparente se llenaron de lágrimas e inspiró para calmar su cuerpo. Se
giró y encaró a su chiquilla. - No sé que hacer...
- Llamemos a Aldana, ella tal vez pueda ayudarnos. - Gabrielle tomó el teléfono y
marcó el número.
- Necesito estar sola un momento...
Xena salió de la oficina y se escuchó ruidos en el cuarto próximo. Gabrielle esperaba
ser atendida y se sentó mientras una música suave y relajante llenaba sus oídos. Sus
pensamientos pasearon de recuerdo en recuerdo y de cómo ellos la llenaba, recuerdos
vividos junto a su amante en esas aguas, cuidando e investigando esas asombrosas
criaturas... y ahora... reflexionó.
- Hola Gab. - La voz de Aldana la sacó de su remembranza y suspiró.
- Hola... estamos en problemas amiga... - simplemente anunció.
- Lo sé, estoy trabajando en ello. - la rubia mujer apenas sonrió y se arrebujó
en el asiento de pana sintiendo el suave perfume de Xena en él. - Gab, es un problema
gordo... ya es a nivel nacional...
- Mmm, ¿Si? - Gabrielle parpadeó en sorpresa. - Espera... - apretó unos números y
esperó. Un teléfono sonó cerca y la voz de Xena se alzó por sobre el aire. - Xen, Aldana
en la línea dos, haremos conferencia.
- Okey - esperó un momento y la suave voz de la porteña saludó desde el otro
lado de la línea. - Hola Al... sip lo sé... es todo una mierda... no sé que hacer
amiga, esto me supera.
Estuvieron hablando por lo menos media hora de lo que podían o no hacer, las tres
quedaron satisfechas con los planes y proyectos que intentarían poner en marcha para
parar esta catástrofe.
- Desearía poder ayudarte más de cerca, pero no puedo Xena, creo que sería mejor que
luche desde aquí. - Aldana suspiró y levantó la vista del monitor y sonrió al ver entrar
a Emilia a su despacho.
- Hola cielo... - susurró, sentándose frente a ella.
- Acaba de llegar. Ja, parece que la has llamado con la mente. - Sonrió y se sonrojó
un poco. - Está bien, se lo diré. Besos chicas... saludos a las niñas. - puso el
auricular sobre el teléfono y se frotó la oreja.
- ¿Todo bien? - Emilia se levantó y se inclinó por sobre el escritorio al igual que su
novia y se besaron.
- Mmm, me encanta cuando apareces en los momentos que más te necesito. - le acarició
la mejilla y la besó nuevamente. - Problemas... lo mismo desde hace unas semanas.
- Auu, ¿todavía eso? - Emi se acomodó en la silla y le dio a Aldana un paquete. - Te
traje esto, espero que tengas hambre.
- Mmm, delicioso... sip, tengo hambre... estuve ocupada y aun no almorcé.
- Contame que está pasando.
Aldana empezó a relatarle los últimos acontecimientos sobre la Cacería de las Ballenas,
mientras engullía el arroz salteado con pequeñas trocitos de carne. Sorbió un poco de
jugo natural y se estiró en el asiento sintiéndose realmente satisfecha. Pasaron casi
hora y media charlando y discutiendo como deberían afrontar el problema las tres
especialista. Emilia, estaba empapada de información por ósmosis, era la pasión de su
pareja, por lo tanto, había acabado por gustarle también.
*****
Xena conducía delante y Gabrielle la seguía con su auto, se habían encontrado en la
casa de Ester y una vez que habían recogido a Paula se dirigían a la casa. Dana se había
quedado en casa de unas amigas a pasar el fin de semana pero se encontrarían el sábado
en la playa para bucear.
Xena sospechaba que había algo más en esas salidas de amigas y meneó la cabeza al tiempo
que miraba por el espejo. Paula estaba sentada en el asiento trasero y el rostro serio
de su esposa denotaba concentración o tal vez algo más. Un guiño de luces y dirigió el
auto hacia la banquina. Se detuvo a pocos metros y bajó.
Gabrielle estaba pálida y su frente algo sudorosa. Abrió la puerta de su auto y se
precipitó fuera al tiempo que su estómago se revelaba contra ella. Paula gritó y
llorisqueó.
Xena corrió a su lado y la miró preocupada.
Una vez compuesta Gabrielle se sentó y suspiró.
- ¿Qué te sucede? - preguntó.
- No me siento bien... - pasó su mano por su frente y notó que estaba algo caliente. -
No creo que pueda seguir conduciendo. - su cuerpo comenzó a temblar.
- Mami... mamita ¿que tienes? - Paula se acercó al cuerpo de su madre y la abrazó por
la espalda.
- Estoy bien belleza, solo tengo el estómago malo. - Miró a Xena. Ésta solo pudo
sonreír... más allá de la preocupación que tenía.
- ¿Te pondrás bien? - los pequeños ojitos verdosos se llenaron de lágrimas y sorbió.
- Si Pau, mami se pondrá bien, cuando lleguemos a casa le prepararemos un rico té...
anda pásate a la camioneta. Ve con ella. - indicó a Gabrielle.
Xena cerró el auto y enganchó una lanza entre ambos vehículos. Se subió a la camioneta
y condujo en la noche llevando a remolque el auto color gris.
Gabrielle entró a la casa y se dirigió a la habitación, se quitó la ropa y se dio una
ducha rápida. Se colocó el pijama de algodón y se acostó.
Paula entró en el cuarto seguida de Xena, quien cargaba una bandeja con dos tazas de té
y un jarro con leche caliente. Las tres se acomodaron en la gran cama y tomaron las
infusiones mientras charlaban de banalidades.
Paula fue la primera en quedarse dormida al calor de sus madres y la siguió Gabrielle.
Algo exhausta por la visita nuevamente al baño.
Xena tardó lo suyo en dormirse pero al final se rindió.
El sol entró a pleno por la ventana y ojitos verdes se abrieron curiosos. Sintió en su
pequeño estómago el peso extra y levantó la cabeza para mirar. Sonrió satisfecha al
encontrar las manos de sus mamás unidas y apoyó sus manitos sobre las mismas. Sintió
como se le cerraban nuevamente los ojitos y como se rendía al sueño. Xena abrió
lentamente los ojos y se encontró con otros verdes mirando a su pequeña. Sus ojos
enfocaron en ella y vio como Gabrielle sonreía. Le guiñó un ojo celeste y entrelazó sus
dedos en la mano más pequeña.
- Te amo Xena - susurró.
- Yo mucho más. - Xena se acercó un poco más a las dos y susurró. - ¿Cómo te sientes?
- Bien... me siento bien, en serio. - Gabrielle soltó la mano y se puso de espalda
mirando la blancura del techo. - He estado un poco nerviosa... por todo lo que está
pasando. Se juntó todo... - confesó.
- Lo sé... pero tranquila amor, va a salir bien. Solo confiemos ....
La habitación quedó en silencio por un momento y solo la respiración de las tres se
escuchaba, Gabrielle giró su rostro para mirar a la pequeña que se quejó en sueños.
Gabrielle abrazó a su hija y se acercó a su esposa. Se miraron por largo rato hasta que
Xena no aguantó la tentación y se acercó para besarla.
Pasaron un rato así hasta que Paula se removió y finalmente despertó.
- Hora de empezar el día - dijeron a coro se miraron un momento y comenzaron a reír al
coincidir sus pensamientos.
*****
El despacho del secretario de Medio Ambiente estaba pulcramente cuidado, una secretaria
volvió a entrar y anunció que pronto sería atendida, ofreció algo de beber y se retiró
dejándola sola.
Los ojos marrones vagaron por el cuarto y se depositaron sobre un enorme póster en la
pared izquierda. Observó la majestuosa cola de una ballena y en un bello atardecer.
Que irónico - pensó.
La puerta del cuarto se abrió y un hombre de unos sesenta años entró. Su cuerpo algo
pasado de peso enfundado en un traje de color gris oscuro con su correspondiente camisa
blanca y corbata a tono y una barba blanca cuidada al igual que su pelo. Daba la imagen
de ser un buen hombre y sobre todo justo... eso espero - volvió a pensar Aldana.
Luego de las presentaciones formales y de desarrollar el tema a tratar ambos se dieron
cuenta de la importancia del problema.
Aldana planteó el proyecto ideado junto a la pareja días atrás y el secretario quedó
conforme con lo propuesto. Juntos hicieron modificaciones en algunos puntos y el
secretario se comprometió a presentarlo ante al Presidente.
- Bueno Señorita Quiroz, espere noticias pronto... igualmente manténgame informado
ante cualquier cambio o hallazgo.
- No lo dude Señor Jiménez.... fue un placer. - Ambos estrecharon sus manos y Aldana
se retiró con nuevas esperanzas.
La morena mujer subió a su auto y se fijo la hora... viendo que no faltaba mucho para la
salida de Emilia decidió pasar a buscarla.
Condujo por la avenida un par de minutos hasta llegar a la clínica, metió el auto en el
estacionamiento y bajó. Llegó hasta el mostrador y preguntó por Emilia. Le informaron
que aun estaba en una operación pero que no tardaría demasiado en salir. Ya casi habían
finalizado.
Esperó cerca de media hora hasta que la puerta se abriera y Emilia saliera aun con la
ropa de cirugía y le dedicara una gran sonrisa. Se acercó hasta Aldana que estaba
sentada en unos de los sillones y la besó rápidamente.
- Hola cielo... esperame que en cinco minutos salgo, voy a cambiarme...
- Dale, acá te espero.
Aldana se levantó y la acompaño hasta las escaleras, Emilia subió a cambiarse y la
morena mujer se dirigió a la máquina de café eligiendo un capuchino. Se volvió a sentar
en el blanco sillón y esperó.
- Así que eso es lo que me dijo el secretario, esperemos tener suerte y que el
Presidente se ponga en campaña para arreglar el problema.
- Seguro que sí, amor. No creo que le convenga ponerse en contra varias empresas
ambientalistas y menos a la secretaría. - Emilia se quitó los zapatos y se frotó los
pies.
- Estás cansada... ahora cuando lleguemos te duchas y te acostás un rato hasta que
esté la cena.
- Mm, suena tentador, pero prefiero no hacerlo porque sino no me levanto más...
- Podemos cenar en la cama, viendo alguna peli. Creo que algo puedo improvisar.
- Jajaj, ¿y si comemos salchichas con puré? - rió Emilia.
- No te olvidas jamás de eso, ¿verdad?... - Aldana se sonrojó y dobló a la derecha,
tomando la calle que las llevaría a la casa. - Además de los nervios de verte por
primera vez, yo no podía ni pensar en que quería comer. Fue lo primero que se me ocurrió. -
Se encogió de hombros.
- Lo sé amor, sabes que me gusta pelearte... - se acercó un poco y aprovechando que
estaban paradas en un semáforo la besó.
- Si, sé que te gusta pelearme, pero eres mala - hizo pucherito con sus labios y con
eso se ganó una buena tanda de besos. Aldana sabía que contra eso Emi no iba a resistirse.
Sabía el efecto que sus pucheros tenía sobre su novia. - Mmm...
- Te amo tanto cielo... - sus ojos se encontraron y se fusionaron por un breve lapso,
el ruido de la bocina hizo reaccionar a la pareja a que siguiesen por el camino que las
llevaría a casa.
*****
Dana entró en la casa y se dirigió a la cocina, abrió la heladera y sacó una jarra con
jugo de naranja, sirvió un poco en un vaso largo y la volvió a guardar.
Caminó por la sala bebiendo el contenido y se dirigió hacia la escalera que la llevaría
a su cuarto. Había decidido volver a casa, era sábado a la noche y sus madres aun no
habían llegado. Tomó el teléfono y llamó al celular de Xena. La voz de la morena sonó
alegre y le avisó que ya estaban yendo para la casa.
Bajó nuevamente y se sentó en la sala a ver TV. Cambió los canales hasta encontrar su
serie favorita. Se relajó en el sillón y sus ojos celeste viajaban de un lado al otro a
medida que iba leyendo los subtítulos. Su celular sonó y con una mano contestó. Una
sonrisa se formó de inmediato al reconocer la voz de Tomás. Estuvieron hablando un buen
rato y su humor cambió rotundamente.
Había sido un mal día pero por suerte terminaría bien.
Escuchó el suave roncar del motor de la camioneta y salió a recibirlas.
- Hola... ¿En qué ayudo? - abrió la puerta y empezó a sacar las bolsas con los
alimentos. Gabrielle se acercó y le dio un beso.
- ¿Qué pasó que estás en casa? - le alcanzó una mochila a Paula y tomó el resto de las
bolsas.
- Nada má, solo que las chicas querían ir a Punta Tombo y la verdad no tenia ganas...
- ¿Estás segura que sólo es eso? - su madre se había acercado a ellas y traía los
tanques de oxigeno que había comprado.
- Aja, bah... además me estaban cargando y no me aguanté... - Xena se extrañó...
- ¿Cargando? ¿Y eso?...
- Ya sabes mami... con Tomás... - bajó la mirada algo avergonzada.
- Ahhh... ya me parecía que ese chico era algo más que amigo...
- No... es que... - miró la cara sonriente de la pareja y suspiró - bueno... aun no
somos nada... sólo nos estamos conociendo má.
- Está bien, pero ten cuidado Dana... ya sabes a que me refiero...
- Aishh ¡mamá! - se les subieron todos los colores al rostro y sintió que las mejillas
le quemaban.
- Nada de MAMÁ... - Gabrielle se había sumado al consejo y se acercó más a su hija. -
Te amamos Dá...
- Lo sé... es que me da pena...
Entraron a la casa y Xena se encargó de preparar la cena, las niñas se fueron a duchar
y Gabrielle se ocupó de ordenar las cosas que habían comprado.
La computadora sonó al recibir un nuevo mensaje y Xena se acercó para leerlo. Aldana le
había mandado un mail diciéndole que se conectaran al Msn que tenía noticias.
Así lo hizo, se conectó a su cuenta de Msn y empezó una conferencia.
Aldana se había terminado de duchar y se había cambiado con unos jeans azules y una
musculosa negra, iba descalza y el pelo húmedo le caía a los costado de la cara. Emilia
aun estaba en la ducha y aprovechó para contactarse con sus amigas.
Conectó la cámara y se río con ganas al ver a la pequeña Paula en la imagen de la cámara
de su amiga.
Saludó y comenzó la charla con ellas.
Emilia estaba en la ducha y tarareaba una canción que pasaba en la radio. La música
inundaba el cuarto y se quedó pensando en la letra de la misma.
Terminó de enjuagarse en cabello y pasó a lavarse el cuerpo. La puerta se abrió y Aldana
entró para usar el espejo un momento.
- Amor, están conectadas las chicas, les estoy comentando la reunión de hoy. - corrió
un poco la cortina y miró a Emi con los ojos cerrados enjuagándose la cara. Una sonrisa
traviesa cruzó el rostro de Aldana y metió la mano para pasar dos dedos a lo largo del
torso de su mujer. Desde la base de la garganta hasta...
- Mmm - gimió al sentir la suavidad de los dedos recorrerla. Abrió los ojos y la miró
un segundo antes de que la caricia se hiciese más íntima y la obligase a cerrar los ojos
para disfrutarla.
- ¿Te dije alguna vez que sos hermosa? - Emilia se inclinó lo suficiente para que sus
labios hicieran contacto y disfrutaron del beso un breve momento. - Te amo Emi.
- Yo te amo más... - se miraron un rato. Y de repente la piel de Emilia se erizó.
- Ya... termínate de bañar y encuéntrame en la sala. Hablaremos un ratito con las
chicas y cenamos.
Un par de besos más y Aldana se retiró cerrando la puerta. Tomó una larga inspiración y
se dirigió nuevamente hacia la sala para chatear con sus amigas.
Unos diez minutos habían pasado cuando Emilia apareció en la sala, se había cambiado con
unos jeans y una remera gris. En su mano llevaba el peine y se sentó al lado de Aldana y
saludó a sus amigas a través de la cámara.
Estuvieron hablando hasta más de las nueve de la noche. Emi había seguido la charla por
parte de las dos y Aldana había estado cocinando unas empanadas, las puso en una fuente
y armó una bandeja que llevó al cuarto. Agarró la jarra con jugo de la heladera y sirvió
en dos grandes vasos térmicos.
- ¿Amor que peli querés ver? - preguntó desde el cuarto.
- No sé... ¿qué dan en la tele?... - Emilia había terminado de bajar un par de cosas
de la net y estaba apagando la pc. Caminó hasta el cuarto y se sentó en la cama.
- Van a dar una con Angelina... - guiñó un ojos y rió.
- Mmmmm, vamos a verla. - Sonrió con picardía.
- Aishh... ya dije yo que me tenía que comprar lentes de contacto y ponerme colágeno en
los labios - alzó las manos al techo y protestó.
- Jajaja - se puso de rodillas en la cama y gateó hasta estar a la altura de Aldana
que aun permanecía de pié cambiando los canales. - Ven aquí...
La tomó de la mano libre y la atrajo hacia ella, su rostro quedó a centímetros pero no
la besó. Se miraron un momentos y Aldana se pasó la lengua por los labios haciendo que
estos se tornasen de un rojo oscuro. Demasiado tentador para no probarlos.
Aldana la rodeó con sus brazos y la apretó. Emilia se acercó a su boca y le pasó la
lengua de forma lenta y tortuosa. Los mordió un poco notando como la respiración de su
pareja se hacía cada vez más rápida y sintió las manos colarse por debajo de la remera
e ir levantándola lentamente.
Se separó lo suficiente para dejar que la prenda fuera quitada e hizo lo mismo con la
musculosa negra. Se miraron un momento y Emilia se situó en la mitad de la cama...
esperándola.
Aldana se quitó el resto de la ropa y ayudó Emilia a sacarse el pantalón. Gateó hasta
ponerse a su lado y gimió cuando Emi la tomó de los hombros para que se situara sobre
ella. Se acomodó conciente de no lastimarla y sonrió cuando sus ojos coincidieron.
Comenzaron a besarse y a sentir la piel de cada una bajo sus manos. La boca de Aldana
iba descendiendo por el cuerpo de Emilia hasta llegar a sus senos, se entretuvo unos
minutos besándolos y amándolos antes de continuar su recorrido. Podía sentir la
respiración acelerada de su mujer y las manos jugando en su espalda. Mordió la piel que
rodeaba el ombligo y un gemido se escuchó cuando su lengua se introdujo en él.
Sus labios jugaron por su cuerpo y cuando Emilia se acercaba al límite Aldana subió para
besarla, dejó que sus caderas siguiesen el ritmo impuesto por Emi y se sintió morir
cuando el cuerpo más pequeño explotó en una placentera liberación.
Su propio cuerpo empezó a temblar cuando la sintió llegar y ambas se abrazaron con
fuerza. Disfrutando la sensación.
Sus cuerpos estaban cubiertos de sudor y la respiración agitada.
Cuando Aldana abrió los ojos se encontró con la mirada dulce y tierna de Emilia. Su
rostro sonrojado y pequeñas gotas de sudor sobre su labio. La abrazó y besó despacio su
boca.
- Te amo tanto mi vida - Emilia suspiró y la empujó para que se acostara en la cama.
Se sentó sobre ella y comenzó a acariciarla. Bajó a su boca y muy despacio susurró.
- Te amo... te amo...
*****
Gabrielle estaba boca abajo, su cuerpo desnudo apenas cubierto con la blanca sábana,
dormitaba luego de una buena sesión de mimos por parte de su esposa. Xena se había
levantado a buscar algo que beber y entró al cuarto.
Se acostó al lado de la rubia mujer y pasó un dedo a lo largo de la columna. Enseguida
la piel de Gabrielle se erizó y giró para ver a su amante. La poca luz que había en el
cuarto se reflejaba en los ojos azules y una sonrisa se formó en su cara.
Elevó su mano y acarició la mejilla de la morena, pasó a través de sus labios y siguió
bajando, sus dedos se metieron por debajo de la camisa que cubría el cuerpo, Xena alzó
una ceja cuando los curiosos dedos tocaron su pecho e inmediatamente se cerraron al
sentir el estímulo en el mismo. Gabby continuó con su recorrido y llegó a los botones
que mantenían la tela unida, ocultando el perfecto cuerpo. Los fue desprendiendo uno a
uno y se pasó la lengua por los labios al abrir la camisa, exponiendo ante sus ojos la
deliciosa desnudez de su amante.
Se incorporó y fue directamente al cuello de la morena, besándolo y aplicando pequeños
mordiscos dejando imperceptibles marcas en la morena piel.
- Oh... cielos... - Xena se acomodó en la cama y dejó que su pequeña la amara.
- Te quiero Xen...
Gabrielle empezó su exploración haciendo que la respiración de Xena se acelerase con
cada beso y caricia. Dejó que su boca reconociera cada palmo de la morena piel y el
sabor inundó su boca cuando decidió brindarle más placer.
Xena se tomó con fuerza de las sábanas y elevó sus caderas al sentir la suavidad de los
labios de Gabrielle.
Ahogó un gemido y se saltó un latido cuando la corrió el orgasmo.
Su cuerpo comenzó a sacudirse y la mente se le nubló, aun podía sentir los labios de
Gabrielle en su cuerpo, las caricias tranquilizadoras y la voz muy cerca. Se acurrucó
muy cerca y soltó el aire que tenía guardado en los pulmones.
Abrió los ojos y vio que el sol ya estaba en lo alto. Giró su rostro para encontrarse
con el de Gabrielle a pocos centímetros. Se puso de costado y admiró la belleza de su
mujer. Acomodó unos pocos mechones que le obstruían la vista y se rió cuando la pequeña
mujer hizo un mohín algo molesta. Cada día que pasaba la iba amando más si eso era
posible... aunque no creería... ya habían superado varios record en decirse cuando se
amaban y ya no hallaban más palabras para expresar tanto sentimiento.
Xena suspiró y giró su rostro para ver que ya era cerca de las diez de la mañana. Estaba
tan a gusto. Era domingo y se podía dar el lujo de dormir hasta tarde... aunque
pensándolo mejor, después de la nochecita que había tenido junto a su mujer no era raro
que despertase tan tarde.
Escuchó la puerta de una de las habitaciones y decidió levantarse.
Se duchó rápidamente y se colocó una musculosa blanca y un short negro. Bajó las
escaleras y se encontró con Dana en la cocina.
- Buen día cielo. - Saludó a su primogénita.
- Hola mami, ¿café?. - Xena asintió y le fue puesta delante una taza humeante a la
cual le agregó azúcar y un chorrito de leche.
- ¿Y tu hermana? - Dana se sentó frente a ella y empezó a preparar unas tostadas con
manteca y dulce.
- La dejé durmiendo... mami... aun sigue con las pesadillas... anoche se pasó a mi
cama nuevamente.
- Voy a tener que llevarla al médico... hablaré con Gabby después.
- Má, quería pedirte permiso para ir con Tomás a bucear... ya sabes con su abuelo
también... van las chicas y unos amigos de él... - bajó la vista y se frotó las manos.
- ¿Bucear a donde? - interrogó Xena.
- A la Caleta... sabes José compró unos nuevos equipos y los quiere probar, ¿me dejas
ir? - ojos celestes se alzaron y se perdieron en otros iguales. Xena observó a su
adolescente hija y suspiró... que más puedo hacer... pensó.
- Está bien, pero mantiene el celular prendido, te cuidas, y ya sabes Dan...
- Lo sé mamita... gracias... y gracias por cuidarme tanto... - Dana se levantó de su
silla y se acercó a su madre. Xena acomodó a su hija en sus piernas y la besó en la
mejilla. - Creo que voy a despertar a Paula. Ya es tarde.
- Aja... ve, que voy por Gabrielle.
- No se puede negar que son madre e hija ¿verdad? - Dana abrazó por el cuello a Xena y
se quedó un momento así.
- Nop, no se puede negar... - palmeó la cadera de su hija y juntas subieron las
escaleras.
Aldana despertó y observó la espalda de Emilia, le gustaba eso de despertarse antes para
poder observarla dormir, ver la paz en su respirar, imaginar lo que estuviera soñando
guiándose solamente por los pequeños movimientos en el rostro.
Se acercó al cuerpo y le pasó un brazo por la cintura y apoyó su rostro en la espalda.
Sentía el calor en su piel y el lento respirar. Su mente viajó en el tiempo y recordó
los viajes realizados por las dos para poder verse. Eran visitas de días pero vividos a
pleno. Cuanto esfuerzo realizado, cuantas lágrimas derramadas en el regreso. Días de
angustias y llantos. Pero nada de eso opacaba la felicidad vivida en esas cortas semanas.
Los encuentros, las caricias y los besos sabían diferentes en cada uno de ellos.
Emilia despertó y sintió el brazo de Aldana rodeando su cintura, el firme peso en su
espalda y sonrió. Sabía que estaría pensando su nena... cada vez que la
encontraba así, estaba pensando en lo que fue sus vidas antes de estar juntas... Emilia
miró hacia la ventana y el sol estaba brillando alto, debía de ser cerca del mediodía...
pero como era domingo no se preocupó. Inspiró y chasqueó la lengua.
- Ey ¿estás bien? - preguntó aun en la misma posición. Pudo sentir que algo tibio le
recorría la espalda y un ruido la hizo cerrar los ojos. - Al... amor... estamos juntas.
- Lo sé vida... - Aldana sorbió el llanto y se secó las lágrimas. Emi giró y la abrazó.
Aldana se acomodó entre los brazos apoyando la cabeza en el hombro de su mujer.
- No quiero que llores... - le secó una lágrima errante y le acarició el rostro.
- No se porque me sucede... aun... - se calló. No podía darle explicaciones a sus
sentimientos.
- Ya amor... tranquila. - Emilia la abrazó fuerte y dejó que su nena descargara
todo lo que sentía.
Aldana estaba jugando con los dedos de Emi y entrelazó sus manos y la miró. Sintió que
se sonrojaba y sonrió.
Emi empezó a reírse y la besó.
- Nunca cambies - declaró.
- Te amo Emi...
- Dale, vamos a cambiarnos y salgamos a algún lugar.
- Mmm, tengo ganas de ir al Tigre...
- Bueno vamos.
Se levantaron y prepararon lo necesario para pasar el día al aire libre. Tomaron el tren
que las llevaría hasta allí.
Decidieron dejar el auto por lo engorroso de estacionar en esa zona. Además le hacía
recordar cosas vividas juntas.
Llegaron al lugar a la margen del río y pasaron el puente. Caminaron un buen rato hasta
encontrar un lugar tranquilo y sin mucha gente. Tendieron una manta y disfrutaron del
día, veían pasar varias lanchas de pasajeros y se reían de aquellos que remaban solos o
acompañados.
Ya el sol se ocultaba en el horizonte cuando tomaron el tren de regreso. Sus cuerpos
estaban cansados y sofocados, había hecho calor en Buenos Aires y se sentía aún siendo
más de las ocho de la noche.
Llegaron a la casa y empezaron a reír, ambas estaban sudorosas y cansadas, habían
caminado por la rivera y paseado por los puestos de artesanías.
Emilia dejó la mochila en el suelo y se sentó en el sofá, mientras que Aldana se perdía
por el pasillo.
Un suspiro de satisfacción salió de su boca y se relajó en el cómodo asiento. Cerró los
ojos un momento y se frotó el rostro.
Aldana regresó a la sala y se sentó a su lado, se quitó los lentes y los enganchó en su
remera. Su cara estaba sonrojada por el sudor y se sacó las zapatillas.
- Estoy muerta... - Emilia la miró y en su rostro se dibujó una sonrisa.
- Yo estoy igual, me duelen los pies... - se levantó y tomó nuevamente la mochila -
Voy a bañarme.
- Quieres cenar acá o comemos algo por ahí... podemos llamar a las chicas... aun es
temprano.
- Mmm, dale. Te espero en la ducha... - se giró y la miró directamente a los ojos. -
No tardes.
Aldana sintió como la sangre comenzaba a fluir rápidamente por sus arterias calentándole
así la piel. Tomó el teléfono y se comunicó con sus amigas.
Encendió el equipo y la suave música empezó a sonar por el departamento. Fue hasta el
cuarto, se quitó la ropa y regresó por el pasillo entrando en el cuarto de baño.
*****
Dana bajó del automóvil y saludó. Se acomodó sobre su hombro izquierdo un bolso y tomó
en su mano su equipo de buceo. Vio como el automóvil color rojo se alejaba por el camino
pedregoso, giró y caminó hasta la entrada de la casa. Sacó sus llaves y antes de entrar
miró al cielo estrellado y una sonrisa iluminó su joven rostro.
Metió la llave en la cerradura y entró. La sala estaba iluminada y escuchó voces en la
cocina, dejó el bolso y el equipo al lado de la mesa y caminó hasta la cocina.
Xena estaba sentada contra la pared, Gabrielle estaba parada apoyada contra la mesada
de mármol y bebía de su taza blanca. Ambas reían y sus ojos estaban brillosos.
- Holita... ¿qué hacen? - un beso a cada una y se sentó al lado de su madre.
- Nada, estábamos recordando... - Gabrielle se acercó y la abrazó - me acordaba de
cuando vine con las chicas... de lo chiquita que eras, de todo lo que sentí cuando las
conocí...
- Esa noche en el micro... - concluyó Dana... - siempre me ha gustado la historia... -
Sonrió y entrelazó su mano con las de sus madres.
- Eras tan chiquita. - Xena apretó su mano y miró a Gabrielle - No podía creer como
congeniaron... era increíble...
Estaban charlando cuando entró Paula con su pijama y su oso bajo el brazo. Dana la alzó
y la niña se acomodó en sus brazos.
- Hola enana... - su manito tomó la de su hermana y se aferró con fuerza. - ¿Qué
sucede?
- Nada... te extrañé hoy... ¿por qué no me llevaste a nadar contigo? - sus ojitos
verdes azulados estaban oscurecidos y la miraban concentrada a su hermana mayor.
- Aishh enana, también te extrañé... pero no podía llevarte. Iba con mis amigos... era
peligroso.
- Pero yo quería... - su carita se entristeció un poco y se bajó de la falda de su
hermana. - está bien... - se quedó parada mirándola. Una lágrima surgió de su ojito
derecho y se la quitó rápidamente.
- Nooo... no Pau no me hagas esto princesita... sabes muy bien que sos mi solcito...
La tomó nuevamente en brazos y la abrazó fuerte. Se levantó y salió con ella de la
cocina. Xena y Gabrielle se miraron y sonrieron... era obvio que la chiquilla estaba
celosa por las salidas de su hermana.
Era un cambio rotundo para ellas. Dana estaba creciendo y eso a su hermana le costaba
asimilar. Paula se había pegado a su hermana desde el primer momento. Habían compartido
muchísimas cosas juntas, aunque la pequeña no superaba los seis años.
Si querían encontrar a Paula... debían buscar a Dana, y seguramente allí estaría la
pequeña. Esta relación se había afianzado más una vez que ambas madres comenzaron a
trabajar más tiempo en las investigaciones.
Y ahora eso estaba cambiando...
Dana ya era adolescente y Paula aun una niña.
Gabrielle se sentó frente a Xena y la tomó de la mano. Sus ojos se fusionaron y un
suspiro salió de su boca a tiempo que la morena mujer reía.
- Están creciendo cielo... - Xena acarició el rostro de su esposa y ésta se volvió
para darle un beso en la palma. - Vamos a dormir.
- ¿Dana habrá cenado? - Gabrielle se levantó y fue hasta la escalera. - ¿Dana cenaste? -
preguntó desde allí.
- Sí mamá... comimos todos juntos en lo de José, después Tomás me trajo hasta acá. -
Dana se había acercado a la baranda y le hablaba a Gabrielle desde allí.
- Ahhh... - La rubia mujer se frotó la frente y suspiró.
- En un momento bajo... déjame terminar un asunto aquí arriba... con cierta enana
celosa... - Sonrió.
- Está bien... ¿acuéstala si, cielo? - pidió.
- Claro má. Ahora bajo.
Gabrielle entró nuevamente en la cocina, se dirigió a la heladera y tomó la leche.
Sirviendo una buena cantidad en un hervidor, el cuál puso a calentar.
Xena se levantó y rodeó la cintura de Gabrielle y apoyó su cabeza en el hombro más bajo.
- ¿Te dije que sos hermosa? - Xena le dio un beso en la mejilla y la estrechó posando
sus manos en el estómago.
- Despacio amor... - se quejó - Estoy sensible. - Tomó un par de tazas y agregó un
poco de chocolate en polvo. Sirvió la leche que ya estaba caliente y la mezcló. Dana
entró en la cocina y se acercó a la pareja.
- Y bien... - Sonrió. - ¿Quién va a ser la primera? - Tomó su taza y bebió, mirando a
sus madres. Una sonrisa se formó en sus labios.
- ¿Cómo la pasaste? - preguntó Xena mientras se sentaba en una cómoda silla y dejaba
que Gabrielle se acomodase en su falda.
- Simplemente... ¡Genial! - exclamó. - Xena arqueó una ceja y Dana la imitó.
- Mamiiiii... - dijo riendo - Es verdad... fuimos a la Caleta, José estrenó nuevo
material, que por cierto es MUY BUENO - dijo moviendo las manos. - Después estuvimos en
la playa...
- Dana... - Interrumpió Gabrielle con una sonrisa.
- Aishhh 'ta bien... - dijo girando los ojos. - Me gusta... es simpático, bueno,
divertido... - se quedó pensando un poco y lentamente se fue sonrojando - Y besa lindo. -
Xena que estaba bebiendo en ese momento escupió el contenido y salpicó a Gabrielle.
- Arrrggg... ¡Xena! - Dana se mordía el labio para no sucumbir a la carcajada al ver
el rostro descompuesto de su madre.
- Discúlpame Gabrielle - se volvió a su hija. - Mmm Dan... ya... te... ha... mmm -
tartamudeó.
- ¿Besado?... - la miró un momento y ahí si que no pudo contenerse... - Jajá jajá... -
se compuso y miró a sus madres... sus caras de incógnita la pudo. - No, no me ha besado...
aun - agregó.
- ¿Entonces? - preguntó Xena.
- Ay mami... es que quería ver tu reacción y la verdad ha valido la pena... - dijo
riendo. Se levantó y se acercó a la pareja. - Ustedes saben que las amo... ¿verdad? -
asintieron. - No se preocupen... cuando suceda... ya se van a enterar... pero por ahora
estamos bien así... es pronto.
Xena y Gabrielle se miraron y la miraron un rubor cubría sus rostros y el de Dana era
bien disimulado por la risa. Besó a cada una y se despidió yéndose a acostar.
En unos minutos Gabrielle y Xena la sucedieron en igual misión. El día siguiente
propinaba ser largo y tortuoso.
Continuará...