En la frontera esperaba sentada sobre el jeep, ya agotada del día que había tenido,
repasó su horario y volvió a suspirar, a su lado el General Cuturrufo con los ojos
cerrados y las manos cruzadas, era un hombre mayor con el pelo encanecido y las líneas
de expresión marcadas en su cara, lo conocía desde niña en las cenas familiares, su
padre y él eran bueno amigos, lo contempló otro rato tratando de entender la mente de
este hombre, tan difícil como la de cualquier ser humano, miró sus manos enfundadas en
guantes blancos de ceremonia y se dió cuenta por primera vez lo lejos que estaba
llegando en su vida, pero al mismo tiempo lo vacía que estaba.
Quizá en media hora más...
"La incertidumbre mata verdad, ministra" el chofer.
"Así es, sargento" mirando al hombre.
"Avril." El general volvió a su realidad. "A veces se hacen esperar para darse
importancia, hay que tener diplomacia y más cuando hay rencillas antiguas entre los países"
sus ojos color caramelo apaciguan su semblante frío.
"As, no me agrada esto, nadie sabe que estamos aquí, tan solo el Presidente y la
Ministra del Exterior, que es una arpía" el general no se sorprendió de las palabras de
la ministra al contrario estaba de acuerdo.
"La Ministra del Exterior es una mujer firme algo pasional y fría, me extraño que no
viniera con nosotros pero de seguro estará esperándonos." Esto último puso de mal humor
a Avril.
Una gran nube de humo al horizonte, Avril, el General Cuturrufo, y el sargento en
formación, una comitiva de cinco camionetas negras se acercaban a toda velocidad.
"Parece que tienen prisas, y son más que nosotros..."
"Calma, si demuestras miedo te devorarán viva, has como si su llegada no fuera mas que
una simple coincidencia y serán tuyos." Era lo mismo que le decía su padre a sus hermanos.
Respiró, arregló su ropa.
De las camionetas bajaron una veintenas de uniformados con rifles, circundando a dos
hombres altos uno moreno y rasgos duros de ojos penetrantes, con traje negro pulcro,
casi el 1.90 mt. de altura el Ministro Guerrero, el otro un poco mas bajo pero aun así
temible con su uniforme militar, el General Barros, Avril los reconoció a ambos y tuvo
la sensación de que éste no sería uno de sus mejores días.
"Ministra Amsung, General Cuturrufo" el hombre mas alto los saludó con una siniestra
sonrisa.
"Ministro Guerrero, General Barros, bienvenidos a Ivora."
Avril saludó, sabía que a ambos hombres les resultaba molesto que una mujer ocupara
aquel puesto de Ministra de Defensa, pero le dió un placer al ver el rostro constipado
y resignado de sus invitados.
"Ministro Guerrero, General Barros" el General Cuturrufo extendió su mano que fue
recibida por ambos hombres.
"Ministra Amsung" el General Barros saludó a la ministra con un gesto severo y
displicente, "General Cuturrufo." Ambos hombres como un desafío no se quitaron los ojos
de encima.
"Qué opina, General?" Avril notaba el ambiente tenso.
"Bueno, quieren impresionar, nada nuevo si se trata del general Barros, y ese Guerrero
solo es un muñeco que es manejado, están en nuestro territorio y se sienten amenazados."
El general solo le sonrió.
"Entonces con la Ministra de Exterior pensaran que les haremos la guerra" suspiró
apesadumbrada.
"Ellos buscaran hasta la mas mínima excusa para una guerra civil, no te extrañes si la
cena es la causa" el general dejo descansar sus manos en los muslos. "Me estoy haciendo
viejo para estos trotes."
"Ya conoce el General Barros?"
"Por supuesto, desde años, me temo que los motivos de su nombramiento es el mismo que el
del ministro, hay que tener cuidado, el Presidente lo sabe pero no quiere una guerra,
Mácula su país no esta en una buena situación, y el nuestro no esta preparado para algo
así" Avril comprendió por que el secreto.
"Hay que limar asperezas, conozco al Ministro Guerrero, y deja mucho que desear, y
comprendo, nadie esta preparado para una guerra." Las camionetas los seguían de cerca.
"Ministra, que gusto verla aquí." La mujer contemplo por un momento al hombre, ya estaba
exasperada y lo menos que quería era comenzar una charla con aquel tipo tan desagradable.
"Muy bien, Secretario Del Gatto" con una sonrisa sórdida le apretó la mano mas de lo
necesario. "Con su permiso" se retiro.
"Que mujer."
"Ni lo menciones, tiene a la mayoría de las comitivas vueltas locas, y no es para menos,
habías visto a una mujer como esa."
"Si, solo en películas, no existen mujeres como ella en la vida real."
"Elena" un hombre alto y de aspecto cansado, la mujer se compadeció de él.
"Si, señor Presidente" el hombre sonrió.
"Tenemos una gran disputa" cansado "me temo que no hay otra salida..."
"No diga eso, es una estupidez estar peleando por algo que paso hace tanto tiempo y mas
encima una guerra que nosotros ganamos, acaso quieren que de nuevo les demos una paliza
y nos quedemos con el resto de su país." La mujer con furia en los ojos.
"Por eso te designé Ministra del Exterior, tu forma para resolver los problemas es única,
pero no es la solución, no es una potencia pero tiene a su favor a la mayoría de nuestros
vecinos Mens, Barino y Kirie, y eso no es bueno, lo único que espero son soluciones, la
Ministra de Defensa tiene buen sentido para tratar con ellos..."
"Con tal que no se la coman viva, no parece ser una mujer muy firme, mas bien parece una
niña jugando a la guerra..." al hombre no le fue difícil darse cuenta que había ciertas
dificultades con la otra ministra.
"Algún problema con Avril" una mueca se dibujó en la cara de la mujer.
"No, tan solo que es..."
"Linda" el Presidente sonrió. "Y tiene carácter, conocí a su padre y es como él, puede
dar una apariencia distinta pero sabe manejar las situaciones, en eso se parece a ti"
sonriendo mas ampliamente.
"Linda no es la palabra precisa, inocente" murmuró.
"Parece que llegaron" los pocos que se encontraban en la sala guardaron silencio,
expectantes hacia la puerta.
Con la copa a mitad de camino, sus ojos grises se encontraron con una suave verdes
claros, ya se conocían, Elena trató de evitar esa necesidad que tenía de mirarla y
convencerse que aquella mujer ocupaba el puesto que deseaba, a pesar de no estar
disgustada del todo por ser Ministra del Exterior, la verdadera acción estaba en ser
Ministro de Defensa, Elena conocía a la mayoría de los Generales y Coroneles y tenía
mejor llegada con ellos que con los Secretarios y Ministros del Exterior, estar
discutiendo de las posibilidades del próximo embarque de frutas o minerales, prefería
las reuniones de límites fronterizos o discusiones políticas las frentas con los vecinos,
pero cada vez que eso sucedía se encontraba con la Ministra de Defensa; ambas asumieron
el puesto casi al mismo tiempo, llevaban casi dos años y medio, se encontraban a cada
momento y si era verdad que al principio la Ministra de Defensa trato de hacer amistad
con Elena ambas terminaron discutiendo sobre política exterior y con mucho desacuerdos
y con una futura amistad arruinada.
"Buenas tarde señor Presidente" Avril sonrió al hombre. "Viene con nosotros el Ministro
de Defensa Enso Guerrero y el General Heliodoro Barros de Mácula."
"Como estuvo el viaje" por la expresión del rostro de la mujer. "Ya veo, el Ministro del
Exterior se encuentra aquí, la reunión comenzará después del almuerzo" le comentó a
Avril.
Avril tomó una copa y se retiró un poco, mientras el Presidente recibía a sus visitantes,
notó la presencia de Elena cuando pasó por su lado a saludar a los recien llegados, no
pudo evitar sonreír.
"Elena, que gusto verte aquí" el general Cuturrufo le extendió la mano.
"Cómo está todo" el hombre hizo una mueca de disgusto.
"Traen una extensa comitiva y parecen cautos, ya conoces al General Barros, bueno pero
cómo están las cosas aquí?" consultó el hombre mirándola de reojo.
"El Presidente parece algo tenso, esta reunión tiene muchos conflictos y grandes, y como
se portó la princesita" con cierto sarcasmo.
El general alzo una ceja. "Y eso es por?"
"No se quebró una uña."
"Elena, no es justo, es una gran mujer, deberías conocerla y cambiarías de opinión
respecto a ella, cuanto llevan juntas en el ministerio, dos o tres años y son puros
roces y frentas, dale una oportunidad, es una buena chica, las conozco a ambas desde
que son unas niñas y me sorprende que se lleven tan mal" regañó el general.
"Bueno debe ser por qué nunca tuvimos la oportunidad de llevarnos, recuerdas que
estábamos en el exilio" murmuró con los dientes apretados.
"Avril paso por lo mismo, estuvo en el exilio, recuerdas lo que decía tu padre sobre
hay que estar unidos porque separados serán derrocados, en estos momentos se necesita al
país unido, empezando por los ministros hacia abajo."
"No pidas milagros" sus ojos coincidieron con los del Presidente "con permiso Gerardo,
el Presidente me necesita" dejó su copa en una bandeja de uno de los meseros, fue hacia
el Presidente que conversaba con el Ministro de Defensa y el General Barros.
Todos reunidos en el salón para el almuerzo, al menos una docena personas eran los
comensales, sentados según su rango, Elena se sentó frente a Avril, se miraron un
instante y se evitaron de inmediato.
En el segundo plato, Elena notó algo extraño, uno de los camareros hizo una seña a su
compañero, no fue la única que lo vio, antes de que sucediera, uno de los hombre
extrajo un revolver y apuntó hacia el Presidente, fue en cuestión de segundo, Avril
cayó al suelo sujetando al Presidente, los guardaespalda de los respectivos ministros y
del Presidente saltaron de inmediato, pero no contaron con que los camareros y cocineros
estaban armados y con chalecos antibalas; Elena resguardó al ministro de Mens, bajo la
mesa y lo que encontró no fue nada bueno, el Presidente estaba unas sillas mas allá con
Avril, que apenas podía sostenerse sentada, estaba herida en un brazo.
"Quédese aquí, no se mueva" le dijo al hombre que estaba aterrado.
"Se encuentra bien, Presidente" al acercarse a gatas por debajo de la mesa y la
confusión de piernas.
"Si, pero la Ministra Amsung está herida" estaba blanco del susto.
"Se encuentra bien?" Preguntó Elena.
"Si, no es nada" apretando los dientes y aferrando el brazo con firmeza.
"Déjeme ver" la tomó con cuidado, y a primera vista la bala había atravesado el brazo de
lado a lado, por el hueso "bien, tenemos que salir de aquí" fue lo primero que dijo.
"No podemos poner en riesgo la vida del Presidente, no escucha los disparos, están sobre
nuestras cabezas, este es el lugar mas seguro que tenemos..." apretando los dientes.
Caían a su lado hombres, Elena reconoció a varios guardaespaldas y al General Cuturrufo
caer junto a ellos, era sujetada firmemente por el Presidente y el Ministro de Mens, sus
lágrimas corrían por sus ojos, la furia se apoderaba de su ser.
Unos quince minutos de tiroteo antes de que dejaran de disparar, los camareros dieron
vuelta la mesa, Elena furiosa se lanzo contra ellos...
Negro, y no recordar nada mas.
"Elena" desde muy lejos una voz, un dolor punzante en la base de la cabeza. "Elena,
despierta."
Al abrir los ojos se encontró con los del Presidente maniatado junto a ella, se
encontraba sentada junto a él, ella también se encontraba maniatada, frente a ella se
encontraba Avril, muy pálida como muerta.
"Estas bien" el Presidente parecía asustado.
"Si, donde estamos" el dolor le escocía y le costaba pensar.
"No lo sé, nos subieron a este camión" calló un momento "mataron al Ministro de Mácula,
al Secretario del Exterior, al General Cuturrufo, al General de Mens, al Ministro y el
General de Barino y el General de Kirei, solo están vivos tu, Avril, el general de
Mácula, el Ministro de Mens y yo.
La visión Elena se hizo un poco mas clara y pudo ver a los otros cuatro, sus costados
aun vestidos de camareros a sus secuestradores.
"Silencio, o les volaré los sesos" apuntó a la cabeza del Presidente.
Elena comenzaba a preocuparse sin querer por Avril, calculaba que llevaban mas de dos
horas de camino y no sabía cuanto había estado inconsciente, la mujer estaba perdiendo
mucha sangre y si no era atendida podría morir.
El camión se detuvo y les vendaron los ojos antes de bajar, apenas Elena tuvo los pies
en la tierra unas oleadas de náuseas se apoderaron de su cuerpo, con dificultad se
mantuvo en pie.
Más allá Avril, a duras penas se sostenía sobre sus piernas, por primera vez prefería
que acabara ya, el dolor de su brazo era insoportable, no sabía como aun seguía con
vida.
"Qué haremos con los otros" una voz grave.
"Mátalos" el estómago de Elena se contrajo.
"Hínquense!" fueron tirados a la fuerza al suelo, mas allá Elena sentía como el Ministro
de Mens rezaba, entre llantos. Un disparo y la voz del hombre cesó.
Sintió en su nuca una fría punta, este era su fin, era mejor que terminará de una vez...
"Si la matas no tendrás con que negociar, mas rehenes tengas mejor te irá" Avril se armó
de valor, algo le decía que debía intervenir, sabía que esto podía costarle la vida.
El hombre la miró, Avril sentía los ojos potentes del secuestrador.
"Tiene razón, además es la Ministra del Exterior, de algo nos puede servir, llévalos a
las celdas ponlos separados.
De un tirón fueron alzados a punta de pistola, Elena fue tirada a una habitación, cayó
sobre ella Avril, estaban al parecer solas.
"Gracias" murmuró Elena.
"No tiene que darlas" se enderezó, pero volvió a caer sobre Elena. "Tener los ojos
vendados es terrible" Elena suspiró un momento y en eso estaba deacuerdo.
"Tiene razón" miró a la mujer. "Esto no habría sucedido si a alguien no se le hubiera
ocurrido una reunión secreta" de mala forma.
"No fue mi culpa, fueron las exigencias del General de Mácula" con los labios tensos,
"ahora dirá que todo esto es mi culpa" con resentimiento.
"Quien discutió con el General de Mácula en la última reunión de Limpieza Continental
sobre las tribus indígenas" aun mas fría.
"Encuentra justo que se elimine gente solo por su procedencia" con la misma frialdad.
"Claro que no, pero sé guardar mis sentimientos frente a los enemigos, una cumbre no es
el mejor lugar para una discusión de intereses personales sino estatales..."
"Entonces... ay" apretó su cabeza contra el hombro de Elena.
"Silencio o yo mismo las calló" Elena agudizó el oído, era una voz de detrás de la
puerta.
"Esta bien" preocupada.
"No me diga que esta preocupada por mí" con sarcasmo.
"Voy a quitarle la venda de los ojos" murmuró al oído "me parece que estamos en una
habitación sin ventanas y eso es una ventaja y desventaja al mismo tiempo...
"Y como se supone que me va a quitar la venda si tiene las manos atadas..." 'quizá el
golpe en la cabeza le afecto' pensó Avril.
"Hay una forma, ahora bien, hable para poder ubicarla" como respuesta, un resoplido.
Lo último que deseaba Avril era hablar, el dolor del brazo la estaba matando y aun mas
estar encerrada con aquella mujer que apenas soportaba.
"Tiene algún plan para que podamos escapar" murmuró y al instante sintió un suave
aliento sobre su cara, se paralizo "que esta haciendo" sus labios se rozaron sin querer
al hablar.
"Lo siento" murmuró, subiendo para acercarse a los ojos de la mujer, con los dientes
tomó la tela que los cubría y tiró de ella con fuerza pero no cedió "tengo que acercarme
mas, no se mueva" sus cuerpos estuvieron a poca distancia tomó de nuevo la tela, jalando
con mayor fuerza, Avril estaba débil, y con el empujón cayó hacia atras con Elena sobre
ella.
Al abrir los ojos vio a Elena sobre ella con un pedazo de tela negra en la boca, no
podía pararse al tener las manos atadas y perder el equilibrio, Elena murmuró algo que
fue inentendible.
"Lo siento" escupió la tela "mierda" con los dientes apretados, no podía enderezarse.
"Espere un momento, quíteme la venda de los ojos" se acercó mas ella, Avril sintió que
algo le ardía en el estómago y que este no era el momento para sentir esas cosas raras,
vió como el rostro de la mujer se acercaba cada vez más al suyo, no pudo evitar fijarse
en los labios gruesos y sonrojados, una huella de sangre a un costado y sin entender por
qué, los rozó como antes lo hizo Elena, ambas mujeres quedaron heladas.
"Lo siento" en un hilo de voz "esta aun muy arriba, lo siento" por alguna extraña razón
que no venia al caso, cerró sus propios ojos y subió el rostro de la mujer tocando con
los propios la suave piel hasta llegar al límite de la tela, la agarró con firmeza con
los dientes y jaló con fuerza, dejó a la vista sus ojos a medias.
"Solo un poco mas vale" se acercó a ella, sus alientos chocaban, Elena podía sentir el
latir acelerado de Avril contra su propio pecho "se encuentra bien" murmuró.
Avril no supo por que pero tembló al sentir la vibración de las palabras sobre su
cuello. "No hable" respirando con dificultad, concentrada al máximo en lo que estaba
haciendo.
Elena podía ver como Avril jalaba la tela de los ojos hasta que la sacó por completo,
algo le dijo que hubiera sido mejor que se quedara con la venda en los ojos, era la
primera vez que estaba tan cerca de la Ministra de Defensa, las palabras se atoraron en
la garganta.
"Tenía razón, no hay ventanas, solo esa puerta, esa cama y esa silla, que vamos hacer"
respirando con dificultad sobre los ojos de Elena.
"Bien" la miró "ahora que podemos ver hay que buscar la forma de desatarnos, lo primero
que debo hacer es sentarme" se giró y cayó de costado, luchando con las cuerdas, pero al
intentarlo sentía que las sogas atravesaban su carne sin ningún resultado. "Puede
morder las soga?"
Avril miró las manos de Elena y luego su espalda "acérquese" vio como el cuerpo de la
mujer tambaleaba un poco al acercarse, tuvo las manos junto a su boca, pescó un extremo
y lo tiró, pero sin ningún resultado, volvió a tirar y tirar.
"Como sigue su brazo" buscaba un tema para conversar.
"No me duele tanto, parece que ya no tengo brazo" volvió a tirar de la soga.
"No es gracioso, puede perder el brazo."
"En estos momentos, me preocupa mas el bienestar del Presidente" murmuró, por sin la
soga cedía.
"Un poco mas..." murmuró "a mi también me preocupa el Presidente, pero por usted"
soltándose con fuerza de las sogas ahora sueltas.
"De mí, que puede pasarme" vio la mirada de Elena y sabía perfectamente lo que quería
decir.
"Soltaré sus sogas, hay que revisar esa herida" tomó de los hombros a Avril y la colocó
sentada, sus manos trabajaron rápidamente sobre las ataduras en unos minutos las soltó.
"Esta libre, quítese la chaqueta para ver la herida" Elena la ayudo a quitarse la
chaqueta, la herida que pensaba que había atravesado el brazo solo atravesó el músculo
de lado a lado, aun así era grave "tendré que poner un torniquete o habrá gangrena"
buscó en los bolsillo de la chaqueta y el pantalón, y no encontró nada, se quitó la
chaqueta y rasgó la blusa de seda lila pálido, la tira la amarró un palmo mas arriba de
la herida.
"Gracias" con los ojos débiles la quedo mirando "tiene unos ojos preciosos" murmuró sin
darse cuenta.
"Son de mi padre" mirándola, un agudo dolor en su cabeza la hizo cerrar los ojos con
fuerza.
"La golpearon con mucha fuerza esos animales, pensé que estaría muerta" se acercó.
"Déjeme ver" no era una herida muy profunda, pero había abundante sangre. "No parece
profundo, pero hay que limpiarla o se infectará" la blusa en la espalda estaba empapada
de sangre.
"No hay tiempo para eso" se colocó de pie. "Puede levantarse" le consultó, le extendió
la mano, Avril no aguardó mucho y fue izada. "Mire, se que no nos llevamos muy bien.
Pero vamos a tener que trabajar juntas para salir de esto" la conducía hacia la cama.
"Y tiene una idea de cómo salir de aquí" mirándola mas de cerca.
"No, ni siquiera sé donde estamos, y si el Presidente sigue con vida" miró hacia la
puerta y notó una garita en la parte de arriba. Las orillas de las paredes, todo lo que
tenían que fuera útil, no había cámaras de seguridad y las paredes eran de adobe, tomó
la silla, y comprobó el peso, no era tan ligera, antes de que Avril abriera la boca
para preguntar que hacia con la silla, la estrelló contra la pared, rompiéndola en
varios pedazos.
"Qué se supone que haremos con una silla rota?" Elena la miró evaluándola.
"He de imaginarme que nunca hizo el servicio militar..." Avril negó con la cabeza "y
como se supone que es Ministra de Defensa..." tomó las patas de la silla que ahora eran
armas mortales, filosas como cuchillas. "Esto es lo que haremos".
"Muy bien perras, es hora de la fiesta" la puerta se abría de un portazo y un hombre
que Avril reconoció como el cocinero "y dónde esta la otra" tomando del brazo de Avril.
"Detrás de ti cariño" y con una de las estacas lo atravesó, se quitó el cinturón y se
lo ató al cuello presionando hasta que no volvió a moverse. "Estas bien" sudando, era
la primera vez que mataba a alguien.
"Esta muerto." Pálida y temerosa.
"Si" buscó en las ropas. "Aquí esta" tomó la pistola y un cuchillo, "vamos tenemos que
salir de aquí, antes de que se den cuenta" la tomó de la mano.
Avril no podía moverse, no era la primera vez que veía matar a alguien, estaba aterrada,
lo único que supo fue que una mano firme tomó la suya y la sacó de aquel lugar que a
cada momento se volvía mas oscuro que antes. Corrían por un pasillo extenso sin llegar
a ningún lado, no había puertas ni ventanas solo el camino hacia delante... esa mano
fuerte la hacia correr mas y mas rápido cada vez que sus piernas no resistían.
Elena soltó sin querer a Avril que tropezó con la alfombra arrancándola.
"Esta bien" se paró en seco, mas allá pasos, venian corriendo tras ellas.
"Por allá... no pueden estar lejos..."
"Malditas perras..."
"Qué vamos hacer ahora?" el rostro de Avril era una mascara de terror.
Algo llamó la atención en el suelo a Elena, se dió cuenta que era su única salida, tomó
del brazo a Avril y todo se volvió negro.
Era como tubo largo y negro, con una sustancia viscosa en las paredes, los brazos de
Avril se acomodaron en su cuello. Evitaron gritar, tenían mas velocidad y mas oscuro se
volvía, de pronto estaban en el aire y un golpe seco.
Elena suspiró, miró a su alrededor sin ver nada, el suelo era viscoso y húmedo.
"Dónde estamos" una voz desde su cuello.
"No lo sé y espero que ellos tampoco lo sepan" trató de levantarse pero su cuerpo hacia
peso muerto con el de Avril. "Tiene alguna herida" consultó.
"No... yo solo, estoy asustada" reconoció.
"Igual yo, pero tenemos que saber como salir de aquí, vamos arriba" la tomó del brazo.
Caminaron un largo trecho antes de llegar "el camino sigue... estamos en un pasadizo,
es como un calabozo." Terminó.
"Es decir que no tiene salida..." agudizando la vista.
"Eso aun no lo sé, tenemos que descansar, buscar un lugar seco, y quizá algo de comer
y con que limpiar nuestras heridas" murmuró.
"Tengo los pies mojados" murmuró Avril.
"Si, aquí hay agua" se agachó, noto que el suelo era de piedra y tierra. "Estamos en un
subterráneo, el único lugar que tiene este tipo de cuevas subterráneas es la frontera
con Mens, no estamos muy lejos de Ivora, conozco esta zona vamos" la animó a caminar.
"Elena, siga usted, yo ya no puedo mas, me torcí el tobillo y..."
"Va a seguir llorando como niña..." algo molesta.
"Disculpe, pero usted me trajo hasta aquí."
"Si no se hubiera caído no estaríamos en este enrollo."
"No es tan solo mi culpa, yo no maté a un hombre."
"Que por cierto la iba a matar."
"Gracias por nada..."
"Muy bien si quiere se queda aquí..."
"Váyase, déjeme en paz de una vez..."
Elena dio media vuelta y siguió caminando mas molesta aun, no había dado una veintena de
pasos cuando se devolvió sobre ellos, era increíble se tragó el orgullo.
"Qué esta haciendo, suélteme..." Elena tomó a Avril en los brazos como si no pesará nada.
"Bien será mejor que guarde silencio o nos descubrirán con esos gritos que da, no puedo
dejarla aquí a que muera, sea como sea estamos en esto y debemos salir juntas el
Presidente cuenta con nosotras." Elena sonrió al imaginarse la expresión de la cara de
la mujer.
"Bájeme, puedo caminar..." la empujó.
"Y que no se torció un tobillo..."
"No importa, puedo caminar..."
"Como usted quiera..." Elena le lanzó una mirada furiosa, la dejó en el suelo antes
"entonces sígame si puede caminar... odiosa..."
"Lo mismo pienso de usted" Avril estuvo segura de que estuvo apunto de recibir una
bofetada por aquello.
"Cuanto mas tenemos que seguir, estoy cansada."
"Supervivencia... eso es lo que hacen los militares..."
"Bueno y como se supone que vamos a sobrevivir sin nada..."
"Pues ya llegamos a la salida..."
Avril abrió los ojos al ver el final del túnel y una débil luz al final, hubiera querido
correr, pero sus piernas estaban muy cansadas...
"Bien, si estamos en la frontera de Mens... pero no conozco este lugar... creo que es el
norte de Ivora pero esta zona no me suena" dijo al final mirando la extensa vegetación
del lugar...
"Hace frío verdad" tocándose los hombros.
"Sip, estamos en la cordillera, y esta oscureciendo pronto habrán grados bajo cero,
vamos tenemos que alejarnos" Elena tomó el mando.
"Estamos en medio de la nada, estamos heridas... con un montón de locos detrás de
nosotras... con el Presidente de nuestro país... el General de otro y usted piensa que
ellos no conocen este lugar mejor..."
"Shhhh" colocó uno de sus dedos en los labios "si, si, si, si, si, no" Avril la quedó
mirando como si el golpe que recibió la Ministra del Exterior la hubiera dejado medio
loca...
"De que habla..."
"Bueno ellos no conocen esta área, ni siquiera son de Mens, son terroristas del Medio
Oriente, apenas conocen esta área." Muy segura de si misma.
"Esta muy segura de sí misma."
"Mire, sé de que estoy hablando y ya reconocí la zona..."
"Pero acaba de decir que no sabía donde estabamos..."
"Si.. pero ahora lo sé, vamos"....
"Qué es esto?" una nave estrellada en medio de la nada.
"Un Air Lan que se estrelló en esta zona por la década del 70 no hubo sobrevivientes y
la gente no suele venir a esta zona a menos quieran que los cuatreros te descuarticen..."
sonriendo. "Y estamos bastante lejos de la casona y ellos no saben donde estamos..."
"Y que hay en el avión..."
"De todo, medicinas, una radio que espero que funcione... y ropa seca vamos."
"Bien, quítese la blusa" Avril la quedó mirando como helada. "Vamos somos mujeres y
tengo que curar esa herida antes que se infecte mas..."
"Esas cosas están vencidas?"
"Por supuesto que no... al menos no todas..."
Ayudó a Avril a quitarse la blusa, se sorprendió de lo delgada que era y lo blanca que
parecía a la luz del fuego. Quitó la sangre con unas gasas y tequila. "Voy a coser y
esto le va a doler, beba aminorará el dolor." Le dio tequila el primer sorbo lo escupió
después de toser un par de veces bebió casi media botella.
"Sabe, siempre tuve la idea de que eras una arpía... como sabes hacer tantas cosas,
Elena Alvear" con una risita nerviosa.
Elena cruzó su brazo por el abdomen de la mujer. "Bueno hay muchas cosas que no sabes de
mi" le susurró al oído apretándola con firmeza contra su cuerpo "muerde mi cinturón" le
pasó el cuero.
"Estas loca, mataste a un hombre con esa cosa... no puede doler tanto" tomó con su mano
el extenso brazo.
"Muy bien como quieras Avril." Con la aguja lista dio la primera puntada, no alcanzó a
gritar y se desplomó en los brazos de la mujer. "Si no lo necesitabas".
"Rayos mi cabeza, que sucedió" se levantó se dio cuenta que no llevaba nada puesto de
la cintura hacia arriba. "Dios" miró a su lado y ahí estaba aquella mujer que ni si
quiera conocía lo suficiente, se cubrió con la chaqueta de Elena y esperó a que
despertará. Verla dormir era extraño, desde lejos siempre la vio como una mujer fría
inasequible como en otro mundo, a pesar que trabajaban en el mismo lugar y se veían con
habitualidad en las cumbres eran muy pocas las palabras que habían cruzado, ahora la
tenía a unos centímetros de distancia y era como si toda su vida hubiera esperado esto,
contempló el rostro sereno y plácido de la durmiente, como saldrían de eso, además ambas
estaban heridas y recordó algo, no la había oído quejarse ninguna vez por el golpe que
recibió al contrarío era como si nada le hubiera pasado, su rostro bronceado natural
estaba algo pálido, extendió su mano para tocarle la cara y estaba algo fría.
"Estoy viva si eso quiere saber" abrió un ojo y sonrió.
Avril molesta por ser descubierta "bueno solo quería saber si estaba viva... pero ahora
que lo sé preferiría que estuviera muerta..."
Elena lucía su mejor sonrisa. "No me diga estaba preocupada por mí, bueno después de lo
de anoche no es raro" los colores se le subieron al rostro.
"De que habla... que pasó anoche..." un temor comenzó a nacer en su pecho.
"Bueno, me dijo que le caía bien y que me admiraba y le gustaba mi forma de ser... y se
desmayo en mis brazo, no recuerda nada de eso..."
"Debería..."
"Bueno después de tomar media botella de tequila añejo que mas puedo pedir que una
resaca terrible" le volvió a sonreir. "Quítese la chaqueta" Avril abrió los ojos al
máximo. "Necesito ver como va la sutura" se colocó frente a ella "y como va la vida
familiar, es casada."
Avril lo menos que quería era tratar su vida íntima frente a una desconocida y que mas
encima le estaba viendo los pechos.
"Viuda y no tengo hijos" la mano de Elena la rozó por el costado. "Y usted..."
"Anoche me tuteabas o era la influencia del alcohol" el rostro de Avril se sonrojó
furiosamente. "Como estamos en esta situación que tal si dejamos las formalidades, y me
dices Elena, y no, no soy casada, me gusta mi vida sin influencias..."
"Que edad tienes" no supo por qué pregunto aquello, solo era el hecho que necesitaba saber.
"Qué edad tengo, 40 y tu" Avril la quedó mirando no aparentaba esa edad.
"37 los cumplí hace poco..."
"Somos jóvenes para integrar el gabinete no lo crees."
"Me gradué muy joven de la universidad, ante de los quince ya ejercía medicina en
Londres allí me casé, pero mi esposo murió a los dos años."
"Trágico, lo siento..."
"No fue su culpa."
"Lo sé, pero lo siento."
"Y cual es su historia, como sabe hacer tantas cosas, es increíble."
"Bueno, estuve en la Marina, en una Escuela Militar, antes de entrar a la universidad y
ahí aprendí la mayoría de las cosas que sé, mi padre era militar y no tenía hermanos así
que se concentraba mucho en mi educación... hasta que volvimos a Ivora hace 15 años,
cuatro de los cuales estoy en el gabinete. Si esa es mi historia."
"Debe hacer mucho ejercicio para tener ese físico, a mí apenas me alcanza el tiempo, y
eso que no tengo que viajar tanto como la Ministra de Exterior..."
"Soy muy ordenada con mis horarios y se hacerme el tiempo, bien la herida no esta mal,
pero te recomiendo que no hagas fuerzas y permanece acostada por hoy día yo veré que
podemos comer."
"Y su cabeza cómo esta?" Elena sonrió.
"Muy bien, necesitaba dormir estoy como nueva..."
"No te creo..."
"Enserio..."
"Sip, me deja verla..."
"Bueno si es médico, con tal que no me mate..."
"Bromista..."
Abrochó la chaqueta que le quedaba bastante grande, "lo que quisiera es darme un baño,
estoy toda pegajosa y huelo muy mal..." tocó con gentileza la zona herida "parece que
también necesitas puntada, no es muy profunda, me sorprende que se mantenga en pie,
dónde dejó la aguja, si no tienes inconveniente lo haré."
"Bien, allí esta."
"Aún queda tequila..."
"Tiene miedo..."
"No, solo no quiero que se vaya a desmayar al ver la sangre" le sonrió.
"Graciosa, tome" le alcanzó la botella, Elena le dio dos tragos, apoyó las manos en las
rodillas, cerró los ojos con firmeza.
"Estoy lista" sintió como la aguja entraba en su piel una y otra vez, cada vez que la
aguja entraba en su piel, apretaba mas los dedos quedando los nudillos blancos.
"Veinte puntos, debió doler" con las manos en los hombros desnudos.
"He tenido peores" sonriendo. "Sabes por estos lugares hay termas quizá con suerte
encontremos alguna..."
"Estas loca, apenas si podemos sostenernos en pie y estas pensando en salir a explorar...
no sabemos si están detrás de nosotras o si el Presidente aun sigue con vida."
"Calma, el Presidente esta con vida, lo necesitan, y no están detrás de nosotras, mira
descansa iré a ver lo que encuentro, tranquila, soy de hierro no recuerdas..."
"Me vas a dejar sola."
Elena la quedó mirando con las cejas levantadas "miedo? La Ministra de Defensa tiene
miedo..."
"Te puede pasar algo..."
"Estas preocupada por mi, que linda."
"Ingrata..."
"Luego nos vemos..." Dejó sola a Avril, se aseguró de que la puerta de latón quedará
bien asegurada y fue una locura salir en mangas de camisa al frío, recorrió unos cuantos
metros y encontró lo que buscaba, más allá nacía una de las montañas mas altas que
dividían la frontera de Ivora y Mens, unas cuevas y en su interior descubrió unas termas,
"esto si es suerte."
"Y bien, encontraste lo que andabas buscando o solo pescaste un resfriado" con ironía.
"Si y no, como te sientes" se acercó sentándose a su lado.
"Bien, algo mareada pero bien, ya sabes como esto, te meten una bala y es... hey espera
que haces..."
"Cambiar de escondite, mas seguro, vamos afírmate" la tomó sin mayores problemas.
"Y a dónde vamos."
"A una cueva, no necesitaremos fuego, son termas y eso nos mantendrá cómodas hasta que
tenga un plan mejor."
"Esto es delicioso" dijo con voz suave "por que no viene a bañarse" Elena la quedó
mirando por un momento.
"Bueno, en realidad necesito un baño" comenzó a quitarse la ropa, Avril bajó la vista
algo contrariada, los sentimiento se arremolinaron en el pecho, "que sucede tienes
algún problema con la desnudez" sonrió al ver lo contrariada que parecía.
"No solo... yo... no acostumbro a bañarme con desconocidas" fijó los ojos en el cuerpo
de la mujer.
"Lo mismo digo, pero ya estamos entrando en confianza" quedó a un lado de Avril con el
agua hasta el cuello. "Si, tienes razón esta deliciosa" murmuró, tomó un poco de aire y
se sumergió, pasó un buen rato antes de que saliera a flote de un salto. Quedó mirando
a la otra mujer "procura que tu herida no se moje" se acercó hasta ella, estuvieron a
un palmo de distancia, 'que demonios me pasa' tocó el rostro de Avril con la punta de
los dedos "creo que estoy loca" murmuró, trago con dificultad "es mejor que salgas del
agua, o puedes enfermar" la voz le temblaba sentía la respiración de Avril en su cuello.
"Me encuentro muy bien, por que no se ha casado nunca" estaban muy cerca.
"No he encontrado lo que busco" volvió acariciar el rostro, esta vez Avril cerró los
ojos.
"Y que buscas" respirando sobre la mano de Elena.
"Sal del agua" Elena con su límite ya sobrepasado.
"Qué te pasa... solo trato de ser amable, de conocerte y tu solo me rechazas, que
ocultas Elena Alvear, a que tienes miedo, a aceptarte a ti misma..." Avril agarró del
brazo a la mujer. "Respondeme..."
"No es tu asunto, sal del agua" la rechazó, volvió a sumergirse.
Avril salió del agua resentida con Elena, por fin empezaba a conocerla, le parecía
fascinante, pero no entendía por que se cerraba de esa forma, se colocó la chaqueta de
Elena, pues tenía frío, la observó un momento mientras nadaba.
Desde el agua Elena seguía de reojo a Avril, molesta consigo misma por lo que estuvo
apunto de hacer, una locura, apenas conocía a esa mujer y estuvo apunto de besarla, en
que estaba pensando... pero eso no importaba... estuvo tan cerca que pudo sentirlo, el
perfume de su piel... de su cuerpo... no podía ser y menos con ella.
"Ponte esto, estarás caliente" le dio una camisa blanca larga y transparente "la
encontré con las demás cosas" le mostró unas cajas.
"De dónde sacaste todo esto" asombrada.
"Este lugar lo usan como guarida" se colocó una de las camisas "tendré que limpiar la
herida" se acercó.
Avril cerró los ojos esperó a que Elena le descubriera el brazo y lo curara, sus ojos
coincidieron lentamente, algo le dijo en su interior que era ahora o nunca, sus rostros
a unos centímetros, con decisión rozó los labios de Elena, antes que ella se diera
cuanta de lo que hacia.
"Pero qué haces" empujó a Avril hacia atrás "estas loca." Elena se paró de un salto.
"Solo quería agradecer" avergonzada.
"Agradecer... besándome, que tienes en la cabeza, por que crees que tengo ganas de
besarte" Elena la miró con repugnancia.
Avril no comprendía nada, si Elena había comenzado todo aquello de tocarse y mirarse,
cuando estuvieron en la celda, Elena la besó, por qué ahora reaccionaba como si fuera
una pervertida.
"Lo siento, pensé que..."
"Qué, acaso me gusta esto" la tomó por la cintura "no vale la pena seguir con esta
conversación" tomó una bolsa "come algo" se levantó y la dejó sola.
Avril permanecía acostada de costado, un escozor en su brazo la mantenía despierta en
otro mundo, ardía en fiebre, se sentía que estaba sola en aquel lugar oscuro, húmedo y
caluroso, no podía ponerse de pie, se sentía atada al suelo... recordó la celda... acaso
aun seguía ahí, no entendía lo que pasaba... unas manos la afirmaban, quería resistirse
pero no tenía fuerza, era mas fuerte que ella...
'Bien Elena, estas sola en esto, no es nada bueno, la radio no funciona, queda poca
comida, y Avril esta cada vez mas débil, no puedo abandonar el refugio... moriría sin mi,
y hasta el momento no soy de ninguna ayuda...' miró a la mujer que estaba tendida entre
frazadas.
No sabía cuanto tiempo había pasado, solo era conciente del punzante dolor de cabeza que
la atravesaba, antes de abrir los ojos, notó que estaba apoyada sobre algo blando,
cómodo, cálido, que respiraba, algo vivo, abrió con cuidado los ojos y fue conciente de
que estaba recostada sobre el pecho de Elena, que subía y bajaba con ritmo pausado. Era
el aroma natural lo que la invadía lentamente y no comprendía pero no quería levantarse
de aquel sitio. El brazo aun le dolía pero no tanto como el cuerpo, volvió a cerrar los
ojos y concentrarse en la respiración de Elena, recordó la discusión que habían tenido
y no entendía a esta mujer, si ella la había seducido primero por que actuaba como si
todo estuviera mal.
"Estas despierta" una voz en su oído.
"Si, cuanto tiempo ha pasado" incorporándose un poco sobre su brazo bueno.
"Un par de noches, me tenías muy preocupada, has tenido fiebre todo el tiempo, pensé"
aguantó un momento.
"No pasa nada, soy una chica fuerte" sonriendo débilmente. "Tengo algo de hambre, lo
siento" Elena le sonrió, la acomodó con cuidado. "Que pasa" Elena le acarició el rostro.
"Me tenías muy preocupada, sea como sea estamos juntas en esto y no es de compañeras
dejarse solas" la mirada de Elena era diferente, era como cariñosa.
"Así que tenias miedo" sonriendo.
"Sip" acarició la punta de la nariz.
Avril la quedó mirando confundida "Que... que paso."
"Nada, solo te cuide y me..." acarició nuevamente la nariz "esto es difícil, estamos
solas y necesitamos la una de la otra, al menos hasta que salgamos de aquí... por
enésima vez hagamos una tregua, solo hasta que salgamos, sé que es difícil pero, lo que
suceda aquí solo quedará entre nosotras esta bien" aun mas cerca, Elena se perdía en los
ojos verde lino de Avril.
Avril no podía creer lo que escuchaba, y la petición... asistió suavemente.
"Bien, descansa, iré por algo de comer" se levantó y desapareció de su vista, Avril
volvió a cerrar los ojos y se relajo.
"Quieres tomar un baño?" al despertar y encontrar a Elena cerca de ella.
"Bueno" sonriéndole... "Esto parece un sueño, es tan raro."
"Si puede ser."
"No te volverás a enojar por lo del otro día" consultó al entrar al agua.
"Por qué" entraba junto a ella.
"Por el beso" Elena alzo una ceja.
"Si pasa algo, no lo hablaremos fuera si salimos de aquí con vida, entendido, esta en
juego nuestra carrera y no sería justo para ninguna de las dos..." Avril asintió, Elena
se acercó hasta su cara. "No pienses en nada" colocó sus manos alrededor de la cara de
Avril y la fue acercando a ella "no tengas miedo" la tocó suave. La besó en la nariz
bajando por el rostro hasta unir sus labios en un lento beso. "Tranquila, no pasa nada"
suspiró, abrió los ojos y se encontró con los ojos claros de Avril. "Estas bien."
"Crees que debamos seguir adelante" sin poder quitar los ojos del rostro de Elena.
"Eso depende de ambas" tomó las manos de Avril, "no podemos salir, hay una ventisca, no
esperaba que sucediera estamos atrapadas aquí" apretó los dientes "lo siento".
"Cuando pasó eso" confundida.
"Hace dos días, después que tuvieras fiebre, pensé que te perdía" murmuro.
"Cómo saldremos de aquí?"
"Aun no lo sé."
"Tenemos oportunidad" guardó silencio esperando una respuesta.
"No lo sé, hay comida como para un par de semanas, quizás si la temperatura no baja...
"Confió en ti" le sonrió. "Siempre tomas decisiones correctas, eres capaz de llevarlo a
cabo, no te conozco lo suficiente pero sé que puedo confiar en ti" apoyó su cabeza en el
hombro.
"Gracias" sonrió, "vamos o te resfriarás."
"Será de día o de noche" sentada junto al fuego .
"Noche, cuarto día" acomodada a su lado "tienes frío" le cruzó el brazo por los hombros.
"Antes lo habías hecho con otra mujer" la quedó mirando.
"A qué viene esa pregunta."
"Bueno, yo no..."
"Ha eso, si."
"Y que se siente..."
"Mira, solo fue un beso" la quedó mirando. "Nada mas que eso entre nosotras."
"Lo sé."
Se acercó un poco al rostro, "tuve temor que salieras mas dañada en el tiroteo, me
asusté mucho al verte caer y tu sangre... no sé lo que me pasó, fue extraño."
"Me sentí igual cuando te golpearon y quedaste inconsciente... que nos sucede" se abrazó
al cuerpo de Elena.
"Que nena eres" le acarició el cabello.
"No soy niña, soy una mujer" esperando la respuesta de Elena.
"Eso lo puedo ver." En voz baja.
"La ventisca ya esta pasando, tenemos por lo menos un par de días mas antes de poder
salir de este agujero" asomada a la entrada de la cueva.
"En que piensas" mirando la silueta a contra luz.
"En que han pasado varios días" casi en un murmullo, "algo pasó" se instaló junto a ella.
"Qué sabes sobre la seguridad del Presidente" Avril se concentró.
"Te refieres a los instrumentos."
"Si, el Presidente siempre lleva consigo un rastreador satelital, a estas alturas ya lo
deben haber rastreado" mirando la fogata, "un operativo de rescate, las fuerzas
especiales tienen infiltrados, esto no fue un golpe de suerte, alguien debe estar dentro
para pasar la información, ya sea de nuestro país o alguno de los otros comensales."
"Mataron a todos, a excepción del general de Mácula, el Presidente tu y yo, quien puede
ser el contacto."
"Me sorprende Avril, no les costó nada deshacerse de alguno de ellos, es mejor no tener
testigos... si son como supongo terroristas de Medio Oriente para ellos morir es solo un
paso a la siguiente vida..."
"Así que crees que ya rescataron al Presidente."
"Es eso, o."
"O, qué?" no necesitó que Elena terminara su frase para comprender lo que quería decir
con eso. "No puede ser, tu que crees."
"Qué en cuanto pase ese viento helado bajaremos" con voz firme. "Cómo sigue tu brazo?"
consultó por enésima vez. "Qué es lo gracioso?"
"Bueno que te la has pasado pendiente de mi brazo" Elena hizo una mueca.
"Me preocupa que tiene de malo eso."
"Bueno, pues cada vez que te pregunto por tu cabeza me respondes con evasivas, eso no es
justo" con el ceño fruncido.
"Quizás sea que a mi no me atravesó una bala de lado a lado..."
"Y crees que esa pistola no te removió el cerebro... no me extrañaría..."
"Oh, por favor, relájate, estoy bien."
"Al igual que yo, no me duele nada" se levantó como valiente.
"Ya, dime que tipo de médico eres."
"A que te refieres, a donde ejercí o cuanto ejercí."
"Ambas."
"Umm, haber en Londres casi 10 años, luego volví a Ivora, ejercí cinco años en un
hospital público antes de que iniciara carrera en la política."
"Es decir 15 años como médico y 3 como político y los otros 3 que pasó con ellos."
"Me dediqué a mis padres, a descansar y caminar por la playa, necesitaba descansar"
sonriendo.
"Me parece bien." Avril notó que Elena se llevaba de un lado hacia otro como si buscara
algo.
"Y que haces en tu tiempo libre..."
"Tengo tiempo libre..." sonriendo, "correr y dormir, pero casi no tengo tiempo libre,
me la paso viajando y con reuniones" murmuró.
"Que haces."
"Estoy cerrando o nos congelaremos" la quedó mirando. "Tengo que revisarte el brazo"
Avril extendió el brazo para que Elena lo viera con calma, la herida estaba sana y sin
muestra de infección.
"Cuando fue la última vez" no pudo evitar preguntar.
Elena quedó pasmada mirándola. "Hace mucho y tu" tocando con gentileza el brazo.
"Solo con mi esposo" con un leve temblor.
Elena la contempló por un momento, y se olvidó de todo lo que cerraba su mente y que le
prohibía cualquier acercamiento, acomodó el desarreglado cabello rubio de la mujer,
acercó unos almohadones de lana, los colocó en la espalda de Avril, la recostó sobre
ellos, su respiración intensa sobre el cuello de Avril, ya no había vuelta atrás,
sentada de costado frente a Avril, sus manos en los costados, relamió sus labios, poco
a poco se unieron en un beso profundo...
"Por aquí hay humo" Elena dió un salto al escuchar las voces, tomó el arma y se puso en
guardia, el latón caía y una decena de hombres camuflados entraban arma en mano.
"Ministra Alvear?" Elena no reconocía a ninguno de esos hombre...
"Aquí están, las encontramos" el hombre se quitó la máscara, Elena quedó helada, era
Roberto, un viejo amigo.
"Roberto" lo abrazó. "El Presidente como esta."
"Con vida, lo rescatamos hace mas de una semana, las estabamos buscando, como están."
"La Ministra Amsung fue herida en el brazo, ha tenido fiebre todo este tiempo, hay que
llevarla a un centro asistencial lo antes posible por una presunta infección..."
"Y tu como estas, no tienes buen semblante..."
"No es nada solo un rasguño, hay que sacar a Avril de aquí, en que han venido."
"Helicóptero, nos esta esperando en las afueras, iré por una camilla."
Elena fue hasta donde se encontraba Avril. "Todo esta bien, el Presidente esta sano y
salvo, y te llevaran a un hospital tienen que atender tu brazo..."
"Y tu?
"Qué hay conmigo" suspiró molesta. "Estoy bien, tengo asuntos de los que debo encargarme,
ahora tienes que procurar descansar."
Avril la quedó mirando. "Entonces ya no nos volveremos a ver" Elena trató de ignorar
aquel punzante malestar en el estómago.
"Pero si nos vemos siempre en el gabinete y en las cumbres..."
"Me refiero a esto, no podemos dejarlo así..."
"Mira, no hay tiempo para hablar aquí, además acordamos no discutir esto, lo que pasó,
pasó nada mas y no influye en nada, así que no discutas mas y olvida todo lo que pasó
aquí" Avril no comprendía como una persona podía ser tan dispar, hace tan solo unos
minutos antes la estaba besando y ahora debía olvidar todo... como si nada ocurrió.
Avril no estaba conforme y se negó absolutamente.
"Tenemos que conversar, es importante, al menos para mi lo es, Elena no puedes hacerme
esto..."
Los soldados subieron a Avril a la camilla. "Elena" con los ojos llorosos.
Observó como se llevaban a Avril, esto le dolía pero sabía que era la correcto, no
podían mezclar las cosas.
"Bien vamos, hay que tomar el toro por las astas, reúnanme con el Presidente" Elena
desapareció en la masa verde musgo de los soldados, tenía claro que nada de ahora en
adelante sería sencillo, las normas de seguridad habían sido violadas una decenas de
hombres importantes fueron asesinados sin contar a los guardespaldas ni a las comitivas,
era una misión secreta, debía descubrir como se infiltró la información.
Dos meses después de la masacre de la convención de IMaMeK, las cosas seguían igual de
confusas, los gobiernos se culpaban los unos a los otros, y nadie se atribuía los actos
terroristas; la relación con los vecinos de Ivora se volvió insostenible a causa de las
muertes, Ivora estaba sola contra las otras regiones del continente.
"Por fin un día tranquilo" se tiró sobre el sofá mostaza de la sala. Suspiró mirando el
techo blanco de la habitación, estos dos meses fueron terribles, se la pasaba de
entrevista y reunión con altos mandatarios defendiendo la actitud de su país, cosa que
no resultaba muy bien. "Mensajes" en un susurro.
"Tiene 6 mensajes:
-'Elena, soy Pedro, necesito que se comunique con Rodríguez, que tenga buena tarde'
Elena miró la contestadora y suspiró, anotó mentalmente llamar a Rodríguez, quizá era un
asunto de la finca.
-'Ministra, habla Gynna, tengo su agenda para las próximas dos semanas, se la enviaré
por mail, que pase buena tarde'.
Gynna, su secretaria...
-'Habla Armando' Elena dió un salto, era el presidente, 'la próxima semana hay una
reunión, necesito que acompañes a la Ministra de Defensa, tengo la impresión que tendrán
que declarar en el Tribunal Internacional, preferí informarte primero, esto se hará
público en un par de días mas, ya le avisé a la Ministra de Defensa y esta de acuerdo,
sería bueno que se reúnan a cenar y discutan la situación, bueno que pases una buena
tarde.
Elena se sentó perturbada, sabía que esto sucedería pero no tan pronto.
-'Elena, cuando se supone que vendras a visitarnos, han pasado tres meses de tu última
visita, que poca consideración tienes con tu pobre, desvalida, anciana madre' Elena
miró la máquina suspiró exasperada, 'quiero que me llames... no has contestado ninguno
de mis mensajes que piensas quieres matar a tu pobre madre... Elena se que estas ahí...
le das entrevista a todos los canales y eres incapaz de llamarme...' piiiiiiiiiiiiiiiiiiii
"Gracias al cielo..."
-'Elena no me cortes el teléfono en que piensa soy tu madre' Elena cortó el mensajes
antes que llegara el final.
-'Umm, hola, Elena, lo siento Ministra Alvear, el Presidente me comunicó la reunión en
el Tribunal Internacional, le parece si cenamos el viernes en mi casa, dejaré mi
dirección con su secretaria, que tenga buenas tardes, adios.'
Elena quedó con la boca abierta, solo dos veces había vuelto a ver a Avril desde el
incidente, en su interior su corazón quería escapar y apenas se contenía al verla, tan
solo un par de palabras que habían cruzado un 'hola' y un 'adiós' Elena se sentía en ese
aspecto miserable, deseaba poder decir algo mas, ella misma se había censurado, lo que
pasó en aquellas termas pasó y nada debía importar; no podía sacarse de la cabeza a esa
mujer pensaba todo el día en ella, y lo mas terrible eran las noches, sabía que no era
necesario que dejara la dirección con la secretaria pues ella ya sabía donde vivía y
muchas veces pasó la noche mirando la décima octava ventana del edificio donde vivía
Avril, ahora era invitada a cenar a su casa.
Tomó el teléfono, y buscó la llamada y sonrió con indulgencia, antes de darse cuenta de
lo que hacia marco el buscador, una, dos, tres, cuatro...
"Hola."
'Que digo...'
"Hola, quién llama."
"He, hola Avril como esta" con un hilo de voz.
"Elena, quiero decir Ministra Alvear" en un hilo de voz.
"La llamaba por..."
"Le parece bien el viernes o antes, estoy libre toda esta semana en la tarde, si gusta
puede ser mañana mismo" Avril se golpeó con la mano.
"Bueno mañana esta bien, en su casa, a que hora, las 7:00 pm, esta bien, estaré a esa
hora, si la dirección, si la anotó..." murmuró perturbada.
"Si, nos vemos mañana, que pase buena noche, disculpe."
"Si dígame."
"Cómo debo llamarla, Ministra?"
"Elena."
"Bien, nos vemos mañana, Elena."
"Hasta mañana Avril."
"Que le sucede, anda de un humor muy raro, esta como feliz" Felipe desde su escritorio.
"Cállate, Felipe, la jefa esta feliz, es mejor así que cuando anda de malas pulgas"
sonriendo dejó caer otro montón de documentos por archivar.
"Oh, Gynna, por el amor de Dios, que tienes contra mi... tanto trabajo..."
"Que flojo eres, somos el departamento que tiene mas trabajo hay que adelantar lo mas
posible..."
"Demente..."
"Te escuché..."
Miró el reloj las 6:30 pm, echó un vistazo a la mesa todo listo, aun faltaba media hora,
fue hasta su dormitorio, frente al espejo se tomó el cabello y lo volvió a soltar, se
retocó los labios con una delicado tono rosa, algo hacia falta, tomó la botellita de
perfume, Dune de Christian Dior, se colocó en el cuello, a sus fosas nasales llegó una
esencia de madera de roble, frutas secas y flores, cerró sus ojos sin comprender por qué
se estaba comportando de esa forma, evaluó su ropa, y era la primera vez que usaba jens
y blusa con encaje para recibir a una Ministra para cenar, que pensaría Elena de su ropa,
algo la hacia arreglarse como una quinceañera en su primera cita.
Sonó el citófono, pero ya eran las 7:00 pm, tan rápido pasó la hora.
"Hola, si suba" con una sonrisa en los labios, tomó nerviosa los cojines para volver a
acomodarlos.
El timbre de la puerta sonó, Avril respiró profundamente, tomó el pomo y lo giró.
"Hola, buenas tardes, llega temprano" quedó helada mirándola, la iba a saludar.
"Adentro" cerró la puerta tras ellas y fue como una conexión eléctrica.
Elena, le entregó un ramillete de violetas y una botella de vino carmesí, un sentimiento
irregular las cruzó, era extraño estar así, tan cerca y no poder actuar.
"Gracias" susurró perdiéndose el los cristalinos ojos de Elena. "Quieres beber algo
antes de cenar."
"Si, es buena idea" confundida. Avril le alcanzó una copa de vino blanco.
"Hice lasaña en salsa blanca" Avril se perdió por donde debía estar la cocina.
"Necesitas ayuda" ambas se miraron un momento.
"Gracias."
"Esto se ve muy bien, sabrá bien?" con picardía.
"Hey, pasé todo el día cocinando para ti" le sonrió en forma angelical.
"En serio, gracias, hace mucho que nadie cocina para mi, sin contar mi nana, y el
cocinero, bueno debe estar bueno."
"Tienes alguna idea a que se refiere el Tribunal Internacional?" sentándose al frente de
Elena.
"Bueno, es como un tribunal común y corriente seremos como los testigos, tendremos que
declarar todo lo que sucedió... bueno cierto tipo de cosas no deberemos decir como..."
miró de reojo a Avril, "como cosas personales y que nos metería en líos y bueno debemos
mantener en secreto" Avril bajó la vista. "Lo siento."
"No lo sientas tienes razón, esta bueno" con el tenedor a medio camino.
Elena miró su comida. "Esta bueno, no sé lo que me pasa, estas malditas emociones"
apretando los dientes.
"Es una cuestión de piel?" esperaba la respuesta.
"Eso parece" siendo honesta.
"Bueno, no hay nada que perder en ese caso, no vinculemos los sentimientos solo la piel."
Elena sonrió. "Deberíamos estar tratando la reunión, pero aquí estamos hablando sobre
nuestra vida sexual."
Avril se atragantó apenas respiraba.
"Cuidado" dejó el tenedor en el plato vacío. "Esto estaba muy bueno realmente, cocinas
muy bien Avy."
"Como me llamaste."
"Avy, es lindo, mas vino" sirvió en la copa vacía.
"Avy, nunca nadie me había puesto un apelativo" mirándola. "Gracias."
"Nos veremos en dos semanas mas, en el mismo vuelo y en el hotel... unos cuantos días..."
Elena dejaba los cubiertos sobre el plato y cruzó sus manos.
"Ya te vas, hay postre, pie de fresas" Avril se apresuró en decir, lo último que quería
era que Elena se fuera tan pronto.
"Y tu lo hiciste" Avril asintió. "Wuau, eres una pequeña maravilla..."
"Me dices pequeña." Avril arrugó las cejas, sacaba un fenomenal pie de fresa.
"Bajita, quiero probar ese exquisito pastel."
"Claro."
"Esto esta buenísimo..."
"Te gustan las cosas dulces..."
"Si."
"Si o si."
"Si pero no tan si..."
"Quieres mas pastel."
"No debería, pero esto esta muy bueno, donde aprendiste a cocinar."
"Con mi madre."
"Son una familia numerosa."
"Cinco hermanos, la única mujer, soy la cuarta." Avril con una media sonrisa llena de
sarcasmo.
"Había que competir verdad."
"No es fácil."
"Yo soy hija única, creo que lo dije antes."
"Si. Sin competencia."
"En realidad tenia que ser yo misma. Te ayudo a retirar la mesa, ya terminamos y sería
muy mal educado de mi parte si te dejo todo tirado."
"Bueno, tengo lava vajilla, nada complicado, metes todo en la máquina y listo comodidad
completa" Elena no pudo evitar darse por enterada de lo linda que Avril se veía, algo en
ella la hizo abrazarla despacio por detrás, Avril correspondió y se recostó en su hombro.
Así pasaron largo rato antes de volver a la realidad, Elena sabía que al día siguiente
la esperaban pendientes en su gabinete y un viaje a Asia Menor, abrazó con mayor fuerza
a la mujer sin querer dejarla ir, la besó con ternura en la base del cuello, aspirando
aquel perfume que la estaba volviendo loca.
"Mañana va ha ser un día pesado, tengo problemas con el Ministro de Siria y una visita
a Asia Menor, por lo menos volveré hasta dentro de dos semanas" Elena esperó a que Avril
dijese algo, solo como respuesta las manos de la mujer presionaron contra sus antebrazos.
"Puedo ir contigo?" Con una sutileza que la sorprendió.
"Sip, pero tendríamos... ummm, podríamos..."
Avril se colgó de su cuello, "es imposible verdad, Elena tienes que irte?" Elena sabía
que no podía quedarse, que al día siguiente tenía un viaje pendiente, la abrazó con
fuerza, la tomó por la cintura y la besó, apenas podía contener la respiración, tomaba
con firmeza la cintura de la mujer, una fuerte corriente la atravesó al sentir las manos
de Avril en su cabello, besó una y otra vez los labios, el rostro, la nariz, los ojos,
el cabello... su largo cuello, su exquisito perfume.
"Bien, estoy bien" apoyó su cabeza sobre el pecho de la mujer morena. "Sonará tonto pero
ha sido un martirio estos dos meses sin verte y mas solo cruzar unas cuantas palabras,
Elena te necesito" se colgó del cuello de Elena, la besó en el cuello. "Elena" murmuraba
en la clavícula.
Elena dió una mirada al dormitorio de rubia, la tentación era demasiado encadecente algo
comenzaba a encenderla en su interior, los suaves y cálidos besos que Avril depositaba
sobre su cuello la harían sucumbir mas temprano que tarde. "Estas segura" murmuró en su
oído.
Avril sonrió suave su respuesta fue un largo beso, lentamente llegaron a la habitación,
su mano se perdía por su sedoso cabello dorado.
Las preocupaciones se quedaban afuera de la habitación, con una gentileza única quedaban
en la cama de enredon blanco; los delicados dedos de Avril se perdían por el interior de
la camisa, los botones cedían poco a poco, sus labios no se despegaban.
Elena dio un salto que casi cae de la cama, "puto teléfono" Avril la quedó mirando Elena
con aparato la furia salía por sus ojos, tanta que quizá lo rompería.
"No vas a contestar" Avril acomodándose la blusa.
Elena suspiró de mala gana, lo abrió para que el estridente sonido del pequeño móvil ya
no llenara la habitación. "Alo" ladró. "Que" casi gritando.
"Pero no puede esperar para mañana" su mandíbula se apretaba con ira. "Bien, iré
enseguida." Miró a Avril. "Hubo un problemas en el consulado" con rabia tiró el móvil
contra la pared y lo hizo añicos. "No te veré hasta dentro de dos semanas que voy ha
hacer" a su altura.
"Te quiero" Elena la abrazo sin responder nada.
En su auto ya no podía mas, a mas 150 por hora, mataría a Felipe, lo descuatizaría...
Fin