Casi dos semanas, y Mico estaba sentada en su escritorio con una pluma y una hoja de
papel, dándole vueltas al mismo asunto una y otra vez, los siete números vagaban en su
cabeza, recordó la sonrisa suave acompañada por el delicado y dulce aroma de la muchacha,
su cuerpo aferrado al suyo, estos catorce días habían sido realmente largo, casi eternos,
después de lo que pasó en el pasillo y ver aquellos aterrados ojos verde azulados, por
qué las cosas debían complicarse tanto, echó un vistazo en su caja, hasta arriba de
informes, la de Sebastián estaba casi vacía, se le ocurrió poner algunos de los suyos
en la de su compañero, con descaro lanzó cinco, aun así su bandeja seguía rebosante.
Sebastián de un golpe entró en la sala con dos café y unas donut, unas galletas rellenas
de crema de chocolate y un jugo de naranja, su cara sonriente se esfumó al ver la
bandeja.
"Que cara dura eres Alicante" dejo el café y el jugo de naranja en la mesa de Mico,
amontonó lo suyo en su propia mesa, colocó sus manos en la cadera con un ritmo que Mico
ya conocía y le causó algo de risa.
"Qué" tomando el jugo de naranja.
"Espero una explicación" frunciendo el ceño, y fingiendo estar molesto.
"Sobre" bebió de un sorbo el jugo de naranja, "te dije café con leche" se paró y fue a
la sala de frigo, sin mayor importancia abrió una gaveta y salieron unas piernas, luego
la de abajo, y unas cuantas provisiones aparecieron, saco una botella de leche
descremada y sin lactosa, con paso paciente fue hasta su escritorio, Sebastián seguía
con su postura. "Ah, Seba, somos amigos, además no tienes nada que hacer" vertió la
leche sobre el café "te vendrá bien, mira te di a envenenamiento, muerte súbita, y otros
tres sin causa aparente, diviértete" colocó sus pies en el escritorio...
"Hey, esta bien siempre me haces lo mismo Mico" se relajó después de todo Mico siempre
hacia lo mismo y que tanto ya no quería discutir siempre perdía "bueno, y que pasó con
esa chica, como se llamaba, Cecilia, Lia...
Mico lo quedó mirando, Sebastián ya había dado de baja casi la media docena de donut, y
ahora abría el paquete de galleta crema-chocolate. "Gia, su nombre es Gia" el rostro de
Sebastián se contrajo en una sonrisa maliciosa. "Y no he sabido nada."
"Pero no tienes su número, ese no es su número, sabes no te entiendo" tomó la primera
ficha. "A trabajar" se colocó la bata verde, con el café en la mano, las galletas en la
otra y la ficha debajo del brazo.
"No es buena idea llamarla" lo quedó mirando. "Me das unas de esas, y tienes razón hay
que trabajar o se van a pudrir" tomó la bata del perchero.
"Claro" ofreció.
"Gracias" se metió la galleta, no entendía como a Sebastián le gustaban estas cosas.
"Bueno sabes después de todo la causa fue la fractura de las costillas por en RPI, que
atravesaron los pulmones, diafragma, estómago..."
"No fue por el RPI, fue por el choque, no vez la marca del cinturón, por cierto
revisaste la toxicidad..."
"Nop" echó un vistazo a la ficha "que lista eres, sobredosis, de todas formas ya estaba
muerto... pero quién rayos conducía" mirando a los otros cuerpos.
"Déjame adivinar" la docena de camillas cubiertas de sabanas verdes. "Este" indicó al de
su derecha.
"Al menos usaban cinturón" con sarcasmo. "Después de meterse toda esa cosa, y pasarse
una luz roja."
"Ja, bueno y que haces esta noche, sales con Ana" rajando el abdómen de su primer
paciente y evaluando lo que veía.
"No, estoy saliendo con Morales" cerró al primero y lo metió en una de las gavetas,
tomó otra de las fichas le echó un vistazo. "Qué era, una autobús" tiró de la sábana.
"Mierda, son unos pendejos" se quitó los guantes y fue por unos nuevos.
"Morales, la misma Morales, genial, pensé que te gustaba mas lindas y menos mandonas
sabelotodo" si esto era posible los doctores de urgencia los habían destrozado mas "son
unos niños" lo cerró "pérdida de materia gris... pero también coca en su sangre..."
"Morales, pero si es cool, deberías verla bailar, es sexy" tocó el abdomen. "Rayos está
blando" con desagrado fue hasta la bandeja de instrumentos "está molido por dentro" fue
lo primero que dijo, el bisturí en la mano y listo para cortar.
"Déjalo para el último no quiero ensuciar mi zapatillas" cerrando a su paciente y
anotando en la ficha.
"Claro" colocó la ficha sobre el chico que no debía tener mas de quince años.
Después de un largo día de trabajo, con casi quince autopsias, Mico podía decir que
estaba libre, pero no tenía muchas ganas de volver a casa y después de todo le apetecía
quedarse haciendo ronda nocturna.
"Estas loca" bebiendo una lata de soda. "Llama a esa chica y verás que quiere salir
contigo, te lo digo yo, somos amigos o no" Sebastián sin ningún descaro se quitó los
pantalones verdes y se colocaba sus jeans gastado.
"Lo dice quien hace un par de noches apostaba por quedarse en ronda, como te cambian las
faldas" sonriendo "tengo un montón de papeleo, y" miró la hoja de papel. "No creo que
sea buena idea..." la puerta se abrió, ambos la quedaron mirando, una cabellera
pelirroja apareció, Appel vestía con ropa informal, con una sonrisa se acercó a
Sebastián y le dio un beso en los labios. "Me voy con mis pacientes, esto si da náuseas."
"Hola, Alicante" como si no la hubiera visto.
"Se queda en ronda" dijo Sebastián colocando gel en su pelo.
"Ronda, entonces podrás subir y saludar a tu amiga" Appel sin darse cuenta de lo lento
que reaccionó Mico. "La chica del otro día, la que llevaste a urgencias, volvió, tuvo
otra crisis y esta en observación y..." Mico de lo rápido que votó la silla y salió
corriendo como alma que lleva el diablo. "Esta mucho tiempo aquí" murmuró.
"Deja es así de rara, y dónde vamos, que tal si comemos en mi departamento" con una
mueca en los labios.
"Ok, pero chino" tomando la camiseta de Sebastián.
"Oh si, esta va ha ser mi noche" cogió la chaqueta del perchero y se fue arrastrado por
la chica, al menos para Sebastián iba a ser una buena noche.
Mico dio golpes al botón del ascensor y aun seguía en el piso nueve, y no bajaba,
maldijo y se decidió por las escaleras, las subió de dos en dos, de tres hasta de cuatro,
urgencia estaba en el primer piso y la morgue en el subterráneo, sin embargo para entrar
a urgencia debía subir hasta el tercer piso y tomar el ascensor, la mente de Mico iba en
que vería a Gia y que estaba de nuevo en urgencia, su preocupación aumentó, Gia seguía
igual o había empeorado, si estaba en urgencias era por que estaba peor, y el ascensor
parecía que no avanzaba nada que estaba parado en mitad de los piso, y la gente que no
dejaba de subir o bajar, Mico con la presión al límite, por fin el primer piso, salió
corriendo, tropezando con todo el mundo, fue hasta informaciones y no había nadie,
típico, miró a su alrededor y Mike salía del box cubierto de sangre y vomito.
"He pero que nos ha traído la corriente, buscas trabajo, estas aburrida o..." Mico no
tenía tiempo que perder con este tonto.
"Al menos los míos no me vomitan o escupen, sabes donde esta Eric" Mike levantó una ceja,
metió las manos en la bata y lo meditó.
"Veamos, veamos, tiene libre, esta Jerry, pero no sé donde esta, a quien buscas, te
puedo ayudar" Mico casi se lo come. "UY estas molesta, vale, que tal un café y una cita"
"Puedo hacerlo sola" le dio con el brazo.
"Un café" sonriendo.
Mico lo quedó mirando como si fuera la cosa mas aburrida del mundo, no tenía tiempo para
malgastarlo con este perdedor.
"Box dos" murmuró. "Genial" la vio como desaparecía hacia la derecha. "Yo aquí y sin
nada que hacer, uy" una ficha le dió en el estómago. "Jefa" una mujer bastante alta con
el pelo oscuro recogido en una cola, lentes de montura al aire detrás unos ojos café
oscuros que no se iban con juegos, escuchó a Mike y no le pareció bien que uno de sus
residentes estuviera desocupado.
"Mccalister, sin nada que hacer, box nueve infección urinaria, que se divierta" la
doctora Luna dejó a Mike estupefacto, lo que menos quería era una infección urinaria.
Mico se detuvo justo en la puerta, miró por la ventanilla, suspiró, no estaba sola, su
madre le hacia compañía, estaba muy pálida, su corazón por poco se detuvo, pensó en
entrar pero que diría, es día Gia salió corriendo y tenía miedo, miedo de ella, de lo
que vio, como lo explicaría, era tan difícil de comprender, rozó la puerta con los dedos
y ya estaba decidida no entraría.
"Hola, doctora Alicante" un muchacho negro con cara de niño listo, abrió de golpe, antes
de poder moverse, vio las manos de la madre de Gia sobre sus brazos saludándola y
besando sus mejillas y la empujó al interior.
"Ya preguntaba por usted doctora" la sonrisa delicada de la mujer. "Gia tuvo una recaída,
un resfriado, mi pequeña tomó la quimioterapia, es una de las consecuencias" la mujer
sentándose a un lado de la chica "esta durmiendo, el doctor le dió un sedante" acarició
los cabellos rubios de la frente.
Mico tomó la ficha, le echó un vistazo, la estaba atendiendo Vortex, su sistema
inmunológico estaba muy bajo, la quimio aun no daba resultados. "El doctor Vortex, es un
buen doctor" dejó la ficha en su lugar, se acercó a la chica que dormía. "Se pondrá bien."
Era observada por la madre de Gia sin darse cuenta. "El doctor la dejará toda esta noche
y mañana la suben a una habitación por unos días" guardó silencio.
"Usted necesita descanso" sus ojos se encontraron, la mujer sonrió.
"Mi nombre es Susan" tomó la mano de su hija. "No sé como agradecerle todo lo que ha
hecho por mi hija, Gia no deja de hablar de usted, la admira mucho" Mico la quedó
mirando tratando de entender lo que sucedía y luego se fijó en los rasgos tranquilos de
Gia "me contó lo que hizo por ella."
"Si gusta me puedo quedar, hasta que despierte y pueda descansar Susan" no supo como
salieron esas palabras de su boca.
"Muchas gracias, debo llamar a su padre y traer algunas cosas para Gia" se levantó y fue
hacia Mico.
"Llámeme Mico" ofreció su mano.
Se acercó a su hija la besó en la frente. "Mi ángel, mi peque, muchas gracias doctora
Mico."
Mico estudio a la chica largo rato antes de que ella misma entrara en un estupor ya
conocido, miró hacia las persianas abiertas y suspiró, habían sido unos días tranquilos
pero eso ya no era. "Al demonio" murmuró y se quedó con Gia, una vez que no actuara no
significaba el fin del mundo, además esto valía la pena, a quien le gustaba andar
tragando cosas y peleando con visitantes y seres demoníacos que lo único que querían
era destruir a los seres humanos, sembrando el caos y trayendo el reinado de terror del
demonio mayor... bueno que le iba hacer, éste era el otro trabajo que no había aceptado
sino era impuesto.
Tocó la frente de Gia, y fue hasta la puerta, y hay estaba al menos esta vez no era un
demonio invocador, solo uno pletórico, lo siguió en silencio, atravesando los boxes uno
a uno buscando algo en ellos, sus alas negras y putrefactas daban la impresión que se
iban a caer a pedazo, de casi dos metros de altura solo veía su espalda, una mano
gigantesca con solo tres dedos puntiagudos se asomó por el costado, para correr una
cortina, eso no era un buen presagio, Mico se detuvo justo detrás de él, por lo menos le
llegaba al hombro, su cara se alumbró de pronto, quedó a la vista unos ojos negros
brillantes como dos cucarachas incrustadas en su rostro, donde debía haber una nariz
estaba una mera señal de lo que fue, la boca era un tajo mal ejecutado con los dientes
a la vista, carcomidos y negros. Mico suspiró, los demonios pletóricos solo rondaban los
lugares de putrefacción, y no donde había luz, este tipo no parecía rudo sería un
trabajo rápido. Entró en su campo de visión y comprendió por qué estaba aquí, y hasta
valía la pena, un ser grotesco, tan gordo que apenas si caía en la cama-camilla, con
una máscara de oxígeno, una madera de lavado de estómago y un monitor. Mico se apoyó en
la puerta, miró sus uñas y volvió a mirar al demonio, si dejaba que lo hiciera tendría
mas trabajo y sin duda no quería abrir a ese tipo en su sala ni menos ver lo que tiene
dentro, ya su imaginación bastaba.
"Bien amigo, creo que no vas a llegar muy lejos" con voz ronca apenas audible.
El demonio giró tan rápido que sus alas botaron los elementos de la bandeja que estaba
a un costado de la cama-camilla, se irguió completamente y era mucho mas alto de lo que
parecía, la piel de su cuerpo estaba pegada a sus huesos y podrida, la fulminó con sus
ojos negros. "Maldita" en un lenguaje que Mico comprendió a la perfección, le
correspondió con una sonrisa, el pletórico se mantuvo alerta, extendió sus alas al
máximo y atravesó el techo.
"Maldición" salió corriendo, directo hacia las escaleras.
"He Alicante te tengo dos pacientes" Mike cuando Mico pasó por su lado y casi lo bota.
Llegó a las escaleras, no había nadie mirando, se tomó de la baranda y con impulso subió
por lo menos dos pisos, llegaría a la azotea en un instante, al menos ese lugar no
tendría problemas para una buena pelea y sacar tensión. Y ahí estaba, si que era un ser
estúpido.
Mico se apoyó en la puerta, una sonrisa asomó en su cara, todo se volvía negro, el
hospital desaparecía bajo sus pies, las estrellas, la luna, los edificios vecinos, las
bocinas, los ruidos de la ciudad y aquí estaba solo ella y el demonio, se rondaron por
unos segundos, Mico esperaba que su contrincante diera su primer movimiento, pero no,
solo la miraba esperando.
"Que mas da" apoyó su pie con fuerza y giró, con la pierna izquierda le voló cinco
dientes del solo golpe, con los puños destrozó las costillas, pero aun así seguía en pie,
la pelea duraba mas de lo esperado, el demonio se regeneraba a cada golpe. "Hey, de que
te hicieron" los golpes nos servirían de mucho así que tomó la siguiente opción, sacó de
su costado una larga espada en vaina de madera, dió el primer golpe en las piernas y las
quebró en dos, giró sobre su propio eje volando la cabeza de su oponente. "Bye nene"
quedó mirando lo poco despojos malolientes y putrefactos, desvainó la espada, con varios
movimientos invisibles al ojos humano despedazó lo que quedaba, la acción de la espada
hizo que el cuerpo se desintegrará en miles de partículas. Todo volvía a la normalidad,
los edificios vecinos, la noche, las estrellas, la luna, el hospital, los ruidos, y un
agudo dolor en su costado.
Con penosa facha llegó hasta urgencia, ni cuenta se dió cuando el pletórico le acertó el
golpe en el costado, su bata verde estaba empapada en sangre, aparte de la de las
autopsias, fue directo al box nueve, Gia seguía durmiendo, echó un vistazo tenia todo lo
necesario para curar la herida, colocó seguro a la puerta y cerró las persianas, fue
hasta la cama-camilla de al lado, se quitó la bata, y comprobó que era mas profunda de
lo que había pensado, tenía marcado tres garras y una sustancia verde por lo costados
mezclada con la sangre, acercó la bandeja y comenzó la cura.
En el último punto de la sutura, Mico giró la mirada hacia su costado derecho, se
encontró con unos asustados ojos verdes azulados, trató de ignorar aquel cosquilleo en
el estómago pero fue imposible, Gia estaba junto a ella, Mico no la sintió acercarse y
eso la desconcertó mas, esta chica era el primer ser que hacia esto, su mano se detuvo
y bajó la vista era conciente de que debería dar una explicación.
Gia despertó con un aroma ya conocido y único, no fue difícil descubrir el origen, en la
cama-camilla de la derecha se encontraba aquella mujer con la cual compartiera las cosas
mas extrañas de toda su vida, Gia permaneció en silencio observando como su espalda
desnuda se tensaba y cada movimiento de sus hombros provocaba un nuevo temblor, la
observó por mucho rato, hasta que decidió colocarse en pie y acercarse, sobre la cama-camilla
estaba la bata verde impregnada en sangre y una sustancia verde viscosa, solo podía ver
la espalda desnuda con unas cicatrices finas de Mico, dio un par de pasos hacia su
izquierda y casi da un grito de terror, tres cortes profundos dos de ellos ya suturados,
Gia se llevó las manos a la boca, aquella era una visión espantosa, cómo se había hecho
eso, parecían las garras de un animal, o quizá un psicópata la atacó con un cuchillo o
tuvo un accidente, habían tantas posibilidades, buscó los ojos grises de la mujer,
estaba concentrada en lo que hacia y por eso no la notaba, los ojos de Mico estaban
oscurecidos a pesar de la luz en el interior del cuarto, supuso que era causa de lo
doloroso que tenía que resultar todo aquello. Sin previo aviso, Mico giró su cabeza y
sus ojos se encontraron, Gia asustada, no por la actitud de Mico sino por sus heridas.
"Lo siento, te desperté" murmuró al dar la última puntada y volver su vista hacia la
herida.
"No" murmuró. "Qué te sucedió?" dio un par de pasos evitando la bandeja de instrumentos,
la primera impresión que tuvo fue el torso desnudo y bien formado de Mico, esto la
descolocó y coloreó sus mejillas. "Quién te hirió?"
"Caí sobre unos vidrios" murmuró sin levantar la vista, una vil mentira, acaso la
creería, al menos ella no.
"Me crees inocente" una gentil mano se posó sobre la pierna de la mujer.
"No" levantó la vista, y sus ojos dieron de lleno con los de la chica, tomó la tijera de
la bandeja y cortó la hebra de hilo, apoyó sus manos en el colchón y no despegó la
mirada de Gia, ambas permanecieron en silencio. "Un demonio me atacó" por qué se lo
decía así como así, no lo entendería pensaría que estaba loca.
"Te lastimó profundo" sus ojos vararon hacia el costado hasta la larga y fina cicatriz
en su pecho. "Era como el anterior" acercándose mas Mico.
"No, este era diferente, menos agresivo" una pequeña sonrisa.
"Menos agresivo?" colocó sus manos alrededor del cuello "pero si has sangrado" con sus
ojos fijos en la cara de chica mala. Tocó el pómulo hasta llegar al labio superior.
"Si, pero el otro me lastimó por lo interior" tembló al sentir los dedos de la chica "ya
estoy acostumbrada a esto, no te preocupes" besó los dedos delicados y suaves. "Vuelve
a la cama, que no te hace bien estar de pie, puedes coger pulmonía."
"Estoy bien, solo es un resfriado, eres peor que mi madre" volvió su mano al cuello,
Mico la acercó a su cuerpo para abrazarla, Gia se dejó llevar a los brazos de Mico, al
ceñir sus cuerpos Gia se sintió completa.
Mico la ciñó contra su cuerpo, el corazón latiendo a mil por hora, era esto que cada vez
que esta chica estaba a su lado lo olvidaba todo, y así sin mas le confesó su mayor
secreto. "Como sigues" la besó en el cuello.
"No sé por qué estoy aquí contigo abrazada a ti, si me queda tan poco de tiempo" Gia
acercó mas a Mico a su cuerpo.
"No te dejare ir" levantó el rostro de Gia, se rozaron sus narices. "Vamos a la cama" se
dejó caer de la cama-camilla y se dió cuenta que estaba casi desnuda. "Primero me pondré
algo" cogió un poco, el dolor era punzante de pie, fue hasta el perchero y cogió una
bata de hospital.
"Si te ves regía" le murmuró con una sonrisa pícara.
"Mañana te ponen en una habitación mas privada" comenzó a decir.
"Me gustaría irme de aquí, ya me siento bien" con un puchero. "No me gustan los
hospitales."
"Yo vivo en uno" con cierto sarcasmo "podría darte el alta, pero no quiero sentirme
culpable de una recaída, ya sabes tu en la casa sola con tu madre" se acercó a la cama-camilla.
"Y quién dice que me quiero ir a mi casa con mamá" recibió una suave sonrisa.
"No soy una persona en la que puedas confiar, tengo muchos peligros y no quisiera
exponerte a ninguno mas" bajando la vista.
"Déjame vivir mis últimos días felices a tu lado" apoyó su rostro contra el pecho amplio
de Mico "déjame ver tu mundo como tu lo ves" sus manos lentamente fueron hacia los
hombros "pensé que llamarías, cada vez que el teléfono sonaba quería que fueras tu,
deseaba que llegaras un día a mi casa a buscarme... perdí dos semanas, necesitamos
recuperarlas" Gia apresurando un beso.
"Si te dejo entrar, no voy a dejarte ir" sintiendo la mayor de todas las dicha.
"Dejar una nota será suficiente para tu jefe" en el interior del auto deportivo de Mico,
después que Gia convenciera a Mico que era su mejor opción, buscaran la ropa de Gia unos
cuantos antibiótico, diera el alta en la ficha y dejara una nota para la doctora Luna
dejaron el hospital hacia los estacionamientos de los funcionarios.
"Sip, todo listo, te sientes bien" colocando su las manos en el volante.
Solo llevaban quince minutos en el auto cuando Gia comenzó a vomitar. "No quiero volver
a las quimios" recuperando el aliento.
"Te darán algo de tiempo" murmuró no muy segura de si era verdad.
"Lo dices porque nunca has tenido todas esas cosas puestas, ni sentido aquellas náuseas
ni tener ganas de morir de una vez" Gia con la mano en el pecho, sabía que no era lo mas
correcto Mico se había comportado muy bien con ella no era justo. "Lo siento" desvió la
mirada hacia donde estaban estacionadas.
"Llegamos, mira vamos a conversar en el departamento y así aprovechas y llamas a tu mamá
para que no se preocupe" por la mirada de Gia comprendió "llegamos a mi casa" con una
sonrisa estaban en el subterráneo.
"He, no me di cuenta" bajó del auto y siguió a Mico hasta la puerta del ascensor, lo
llamó unos segundo sin hablar. "Te duele" preguntó mirando lo pálida que estaba Mico.
"Las he tenido peores" sonriendo. "Mira estoy bien, no te preocupes" acariciando el
rostro de la chica.
"No puedo evitarlo, tu te preocupas por mí, debo preocuparme por ti" sabía que estaba
actuando así, no era justo para Mico ni para ella, se detuvo a pensar lo que estaba
haciendo pero le fue imposible concentrar su mente en algo que no fueran los ojos grises
de Mico ni en lo hermoso que es su rostro, se colocó en puntillas y besó sus labios.
"Eres muy dulce" la rodeó con sus fuertes brazos, el ascensor abrió, en muy mal momento
"Vamos."
Esto era lo mas raro que le sucedía Gia, no conocía a esta mujer mas de dos semanas y
solo la había visto dos veces de las cuales nunca se había entregado se esa forma con
otra persona, Gia evaluó a su acompañante, iba a un lugar desconocido con una
desconocida y muy probablemente terminaría en la cama con ella, su primera vez con una
total desconocida. No le daba miedo todo lo que viera, los monstruos ni las heridas,
solo le preocupaba que su corazón saliera herido, sin embargo otra parte de ella gritaba
por aquel peligro, también consideró el daño que le causaría a Mico con su partida,
fuese como fuese su destino ya estaba trazado.
Mico observó a su acompañante, en que pensaba, en que quizá estaba cometiendo un grave
error y no sabía como decírselo sin herir sus sentimientos que deseaba irse a su casa
con su madre... que lo había pensado bien y no era lo mejor vincularse con alguien que
peleaba con demonio a cada momento, y que no sabía nada de ella, además estaba el hecho
que la dejaría pronto no quería pensar en ello, se aferraba a la idea de que las
quimios servirían de algo, por otro lado verla allí apoyada contra la pared el reflejo
tenerla así tan cerca, como lo había deseado todos estos días. Valía la pena.
El ascensor se detuvo, Gia levantó la vista, era el piso sexto, las puertas se abrieron
y dieron paso a una mujer mayor con piel arrugada y sonrisa muy dulce, con una canasta
en el brazo derecho, miró a Mico y luego a Gia con mas curiosidad de la debida, dió un
par de pasos hasta quedar en el interior del ascensor a ambos lados de las mujeres, Gia
la estudió con detenimiento, no presionó el botón al contrario seguía mirando a Gia.
"Buenas noches, señora Figgns" Mico con cordialidad presionando nuevamente el doce y el
diez "como esta la señora Bonnie."
"Su pierna esta mejor" contestó con voz pastosa. "Y tu hija, te ves algo pálida" la
señora Figgns fijó la vista en Gia esperando ser presentada.
"Solo mucho trabajo" sonriendo. "Le presento a una amiga, Gia" Mico quedó mirando a Gia
mientras decía que era su amiga.
"Oh, que lindo nombre tienes preciosa, soy la señora Figgns del piso once, vecina de
esta niña, eres la primera amiga que le conozco, aparte de ese chico Sebastián que es
muy dulce es un amor, y Mike es muy amable" Mico le sonrió sobre el hombro de la señora
Figgns, bajó la vista cuando la empezó hablar de la señora Bonnie "la pobre Sofía se
cayó de las escalas y se fracturó una pierna, y Mike la atendió, oh parece que ya llegué,
bueno que tengan buenas noches niñas" salía y dejaba a ambas mujeres con una sonrisa
confusa en los labios.
"Es muy agradable" sonriendo.
"Le va a decir a todo el edificio que has venido" contestó Mico esperando que las
puertas se abrieran.
"Y eso esta mal" siguiendo a Mico hasta la única puerta que había en el piso. Vio como
Mico pasaba la tarjeta por la ranura y la puerta cedía.
"No, para mi esta bien" le indicó con la cabeza para que entrara "si quieres coloco tu
foto en el tablero."
"Que graciosa, eso es sarcasmo" quedó impresionada por lo que vio, el departamento era
tan grande como el primer piso de su casa, no se sorprendió de compararlo con la sala
de la morgue eran prácticamente iguales, solo con la diferencia que aquí había muebles,
dos sofás de piel negra una mesa de centro de vidrio con un jarrón boca ancha en el
centro, una televisión tan grande que los personajes debían verse de su tamaño, se
detuvo en medio camino, a las dos direcciones que mirara no alcanza su vista. "Vaya,
tienes una casa muy grande" murmuró yendo a la cocina. "Vaya" murmuró. "Tienes la cocina
mas equipada que he visto en mi vida, te gusta cocinar?" observó el frigo de dos puerta
con compensador de hielo, leche y jugo, la cocina de acero inoxidable de seis platos, el
microondas blanco a un costado de la mesa isla con tres pisos sobre puestos unos sobre
otro, la despensa, un mueble alargado y blanco a un costado del mesón para cocinar, su
vista se dirigió al piso, y se sorprendió la cerámica era idéntica a la de su casa,
cordillera color marfil.
"Exactamente no, Sebastián la decoró" recordando a su amigo eligiendo las cosas para la
cocina y baño. "El baño también lo decoro él, ya sabes tío soltero y buen gusto, al
principio pensé que era gay, pero solo tiene buen gusto."
"Lo conoces hace mucho" Gia fue por la puerta giratoria hasta el comedor, le sorprendió
encontrarse con la mesa metal con base de vidrio con seis puestos, sillas metal negro,
"tienes una casa muy linda" quedó mirando los ventanales con persianas. "Se puede ver la
ciudad."
"Si, ven" levantó las persianas de un solo golpe, la vista era hermosa, se podía ver los
edificios con las luces en la oscuridad. "En la azotea se ven mejor."
Coloco sus manos en el cristal frío. "Cómo te hiciste esa cicatriz en el pecho?" Gia
sabía que Mico le gustaba su privacidad y lo mas probable no le contaría nada.
Mico suspiró, fue hasta el sofá y se dejó caer, y antes de poder morderse la lengua
comenzó a hablar. "Cuando tenia seis años vi como mi hermano se suicidaba" con los ojos
fijos en el suelo. "No entendí por qué me dejaba sola, era mi apoyo, sentía la
desesperanza invadir mi corazón, ya no había sentido en esa vida y mis padres solo
trataban de olvidar a Dil, yo quería recordarlo volverlo a la vida, necesitaba que me
explicara por qué se iba sin luchar, tenía siete y en casa ofrecían una fiesta en honor
al ascenso de mi padre, yo estaba en el estudio, Dil me enseñó las espadas y dagas que
coleccionaba papá, una de ellas era la favorita de Dil, me dijo que si la clavaba lo mas
cerca de mi corazón moriría sin dolor, y eso hice, debía buscar las respuestas y en este
lugar no estaba, ya no quería estar aquí, y clavé la daga en mi pecho, solo que la
precisión no fue muy buena, perforé una arteria, y antes de morir desangrada mi madre me
encontró, en urgencias estuve casi cinco minutos muerta" cayó al sentir una mano en su
hombro. "Vi cosas que muy pocas personas pueden ver, si te quitas la vida no vas al
cielo ni al limbo, te vas directo al infierno, Dil me empujó al abismo y los médicos me
sostuvieron, tuvieron que reconstruir las arterias y hacer que mi corazón funcionara de
forma manual, desde ese día veo cosas que nadie mas puede ver, no gente muerta sino a
los que son enviados a matar, ver a los muertos en la morgue es mas fácil que verlos
antes de morir, los dos demonios que viste fueron enviados a terminar con" quedó mirando
a Gia "alguien" acarició la mano y comprendió por qué la necesidad de protegerla "no
dejaré que te vayas" murmuró.
Gia permaneció en silencio, era la historia mas fabulosa que escuchara nunca, increíble
pero creyó cada una de las palabras sin necesidad de pruebas. "Entonces volverás al
infierno."
Mico alzó la vista como lo supo. "Si, no puedo ir al cielo, iré directo al infierno
aunque no cometa suicidio ya que lo hice una vez" Gia se acercó. "No sé cuando va a
ocurrir, lo único que tengo claro es que debo detenerlos, no puedo permitir que ellos se
adueñen del mundo y lo conviertan en ese abominable lugar, no lo voy a permitir por nada
del mundo, y tampoco que tu mueras" apretó la mano de Gia entre las suyas.
"Y cómo sabes que venían por mí" Gia se sentó en la mesa de vidrio, para encarar a la
mujer morena.
"Es la confianza que hay entre nosotras, tu falta de miedo, la necesidad de estar
contigo, lo único que quiero es estar a tu lado" Mico con los ojos cautivados por la
mirada de Gia.
"Moriré de todas formas, tengo los días contados" con una sonrisa. "Lo peor que puede
pasar es" guardó silencio.
"No dejaré que suceda si eso quieres" tomó el mentón de la chica. "Llama a tu mamá para
que no se preocupe" le alcanzó el teléfono gris, Mico adivinó lo que era lo peor que
podía suceder, lo malo era que ya estaba sucediendo.
Gia marcó los números del móvil de su madre, con la mente en las palabras de Mico, como
iba a lograr no enamorase si ya lo estaba, quedó helada, ¿estaba enamorada? Buscó a Mico
por el salón hasta encontrarla en la entrada de la cocina, y supo que no le importaba
nada de lo que dijo Mico, le creía pero no le importaba después de todo ella también
tenía cosas raras en su vida, el teléfono estaba llamando, una, dos y tres, la voz de su
madre. "Mami, si, no estoy allí, no te preocupes estoy bien, si estoy con ella me
quedaré a pasar la noche en su departamento, si voy a tomar mis pastillas, nos vemos en
la tarde."
Mico estuvo pendiente de la conversación Gia sin querer, se iba ir en la tarde, bueno
eso ameritaba que no fuera al trabajo mañana, busco el móvil apretó un digito, se lo
llevó a la oreja y una voz conocida la saludó. "Si yo también, hey Seba mañana no voy a
trabajar" casi quedo sorda. "No nada de eso, solo tengo cosas que hacer, nos vemos el
lunes, claro le daré tus saludos" cerró el móvil, como Sebastián la conocía tan bien e
ignorar lo mas importante de su vida, fue a la sala y Gia la esperaba sentada en el sofá,
"tienes hambre" consultó la hora, mas de las dos "que tal algo de leche para que puedas
dormir."
"Asco, mamá me obligaba a tomar leche y todavía lo hace" con una mueca graciosa en la
cara.
"No me digas, pero si la leche es uno de los alimentos mas importantes," fue hasta la
cocina "que tal chocolatada" con vasos largos y una botella de leche sabor chocolate
descremada.
"Bueno, al menos es pasable, me gusta el chocolate" Gia pensaba en lo que podía ocurrir
y en las manos de Mico, en sus brazos, sus labios.
"Ya es tarde y tenemos que descansar, al menos yo debo recuperar energías" se quitó la
chaqueta "voy a ducharme" lo pensó. "Mejor no puedo infectar los puntos" murmuró, "que
tal si vamos a... mira no es el mejor momento, nos estamos conociendo recién y esta
sería nuestra primer cita formal y estamos cansadas, tu convaleciente y yo con medio
estómago fuera" Gia se rió con ganas. "Es en serio, vamos, te mostrare el dormitorio"
fueron el pasillo de la derecha. "Hay cinco cuartos y tres baños, este es el mío" hacia
la derecha, Mico giró el pomo y la habitación tan grande como la sala.
Una cama de dos plazas con dos veladores a cada costado una puerta que conducía hacia
el closet y otra al baño, un ventanal del porte de toda la pared del coscado derecho.
"Linda habitación."
"Si, algo grande" dejó la chaqueta sobre una silla que estaba al lado de la puerta, fue
hasta la puerta de la derecha, el closet, Gia la quedó mirando, era casi tan grande como
la sala del hospital donde estaba, la vio buscar en los cajones "mira no tengo cosas de
tu talla" le alcanzó una playera lila y un short blanco. "Este es el baño."
Gia se colocó la ropa y se rió para sí, esta ropa era grandísima, la playera caía mas
abajo de las rodillas y encontró insulso colocarse el short, echó un vistazo rápido al
baño y lo primero que llamo su atención, su el yacussi a un lado de la lucha, después el
color, celeste con crema, y por último la gran cantidad de medicamentos y kid de
curaciones que habían en la gaveta, parecía que Mico se la pasaba en peleas con aquellos
seres y siempre resultaba herida, no le gustó la idea de que sufriera algún dolor o que
la lastimaran, un resentimiento hacia los que la dañaran se apoderó de su ser, tomó su
ropa y salió del baño, Mico ya estaba con el pijama, y lista para dormir.
"No tengo televisión en el dormitorio" acomodándose en el costado izquierdo.
"No veo televisión en la cama" aseguró "mi mamá dice que te pudre el cerebro" se acomodó
junto a Mico. "No tienes que revisar tu heridas" mirando el costado de la chica.
"Sip" mirando hacia el baño. "Debería" suspiró.
"Lo haré" se colocó en pie y fue hasta el baño, trajo el kid, se sentó en la cama con
las piernas cruzadas, Mico se recostó, desabrochó los botones de la camisa, la herida
estaba entrando en un estado de infección, Gia abrió el kid y buscó el alcohol y el
antiséptico, limpió la herida.
"Tienes unas manos muy gentiles, Morales no podría hacerlo mejor" con una mueca en boca,
casi ni lo sintió.
"Vale, gracias, me gusta ayudar, que tal si duermes sin la camisa abrochada para que no
roce la piel" dejó el kid en el velador.
"Ven cambia de lado" se corrió mas al centro de la cama "duerme a mi lado izquierdo."
"Estaba pensando en lo mismo" colocó la cabeza en la almohada, se había propuesto no
dormir, pero antes de corregir a su cuerpo este entró en estupor, la cama era deliciosa,
desde el aroma hasta la textura lo único que le faltaba era calidez.
Mico giro la cabeza y vio como los párpados de Gia se relajaban y los reclamaba el sueño,
este sin duda era el mas raro y satisfactorio de sus días, pero no estuvo completo hasta
que sintió a su joven compañera acercarse a su lado, y acurrucarse en su costado sano,
su mano se enredó por debajo, Gia quedó con medio cuerpo sobre Mico, sería la primera
vez en mucho tiempo de volvería a dormir.
Y ahí estaba con la cabeza en la almohada y una chica recostada en su costado, no podría
conciliar el sueño como ya lo había hecho su compañera, su mente se encontraba justo en
aquel lugar y por algo muy desconocido no quería que llegará la mañana siguiente, su
mano rodeó la mas pequeña ubicada en su abdomen, de sus treinta y siete años de edad
esta era una de las primera vez que se sentía realmente bien, no se sentía así desde los
tiempo de Dil, su cuerpo se comenzaba a relajar bajo el tacto de la chica, su mano en el
abdomen...
"Sabes lo bello de todo esto" un chico tan alto como un árbol, la luz proveniente del
sol ocultaba sus facciones, solo veía su alta figura. "Que sabes que todo acabará un día"
con voz trémula alzando los brazos. "Dime Mico, te gustaría conocer lo que hay mas allá"
casi en un susurro a su propio nivel. Mico no sentía miedo pero un sentimiento comenzaba
a embargar su ser, haría cualquier cosa para sentir lo que pasaba por el interior de su
hermano, si era su hermano.
"Claro, Dil, tu no tienes miedo" Mico solía preguntar lo mismo, a pesar de conocer la
respuesta.
"Claro, que no" el chico bajaba al césped a su lado, sus ojos grises destellaron su
facciones de niño quedaron claras y nítidas, su cabello era ondulado en las puntas tan
oscuro como el suyo, la nariz recta y ojos profundos, su piel morena algo pálida. "El
miedo solo existe en los que dudan" recogió un diente de león y lo ofreció a su hermana
"tu dudas Mico."
Mico tomó la flor, su hermano era un ser fantástico, único, "no, no dudo, Dil." Dil se
recostó en el pasto verde, cerró los ojos y dejó que la brisa volara su cabello, Mico
siguió su ejemplo, su corazón latía mas rápido de lo habitual, presentía algo, no cerró
sus ojos y contempló a su hermano.
El escenario cambio de pronto, ya no quería estar en aquel lugar, al pie de las
escaleras del sótano, era su elección el bajo o el irse, vio el túnel negro, tan largo
que le llevaría toda la vida bajarlo, con la vista fija en él, no tomaba en cuenta a las
personas que pasaban a su lado, ni los que la llamaban, solo captó su atención una voz
del interior del sótano, la voz de Dil, que la llamaba, no podía dejar de asistir, tenía
dudas, tenía miedo, no quería bajar, pero la voz de Dil era insistente, miró a ambos
lados, su madre le sonreía y pasaba por su lado con una bandeja hacia el comedor, su
padre fumaba y leía el periódico, dió el primer paso por el escalón, luego el segundo, y
antes de darse cuenta ya estaba en el final. Dil se movía de un lado a otro, con una
cosa brillante en la mano derecha, Mico supo que le sonrió.
"Ya es la hora, para no dudar" hincado a su lado. "Mico, tu seguirás mi legado, no
olvides lo que hemos hablado, recuerda no dudes por que si lo haces tu vida caerá en
mil pedazos" la abrazó. "Eres mi hermanita" la besó. "Ellos no pueden gobernarnos" se
alejó un poco, desvainó la daga y la colocó contra su pecho. "Mico no te rindas,
dependemos de ti" un ruido, Mico permaneció con los ojos abierto y vió nítidamente como
su hermano se atravesaba el pecho y caía sobre ella, como sus padres demoraron mas de
dos horas en encontrarlos, como gritaba su madre neurótica o los paramédicos iban de un
lado a otro... el reflejo de los ojos de Dil sin vida la hipnotizaba...
Despertó con un sudor frío en todo el cuerpo con la respiración acelerada y un dolor de
cabeza que iba en aumento. Hacia cuanto que no soñaba con Dil, desde que era una niña y
ahora esto que significaba, se tomó la cabeza con ambas manos, Dil le mandaba un mensaje
o era solo un sueño, pero cada vez que soñaba con Dil tenía un significado garrafal, la
última vez un demonio invocador casi acaba con media ciudad y terminó con la mitad del
cuerpo destrozado... un gentil toque la hizo saltar del susto, como pudo olvidar que no
estaba sola, Gia seguía a su lado durmiendo tranquila, la observó largo rato y no
dudaría al menos no con ella, estaba segura que esto era lo correcto y que Dil lo
aprobaría, volvió a la cama junto a Gia, y la chica se acurrucó nuevamente junto a ella.
Mañana averiguaría lo que significaba por ahora es mejor descansar.
Continuará...