"Por mi vida" murmuró con daga que su padre tenía en el estudio, tenía los labios
tenuemente pálidos, su respiración era una melodiosa composición que casi no se sentía
en el ambiente, no pasó mucho tiempo antes de que aquella filosa arma cruzara por su
piel, sintió que algo húmedo comenzaba a recorrer todo su cuerpo, como si fuera
expulsado, un peso inmenso cayó sobre sus hombros, caía y caía cada vez mas rápido... un
olor a madera quemada mezclada con licor barato le llenaba las fosas nasales, apenas
podía abrir los ojos sin que la cabeza le diera vueltas, el tacto de sus manos volvía
nuevamente ya no era la alfombra del estudio sino fría y dura piedra, su respiración
chocaba contra esta nueva estructura, abrió como pudo los ojos, este lugar no era el
estudio de su casa, este lugar no era su casa... apoyada contra sus manos y piernas
observo aquel lugar, con la respiración agitada contuvo un grito de espanto, vio los
peores horrores posibles, a cada momento sentía como la herida en su pecho se abría y
la daga entraba más y más adentro, cientos de almas la observaban...
"Uno, dos, tres... cuanto lleva así" en la sala de un hospital, los médicos hacían lo
posible para devolverle la vida, a pesar que las oportunidades era escasas.
"Casi tres minutos" la enfermera con una bolsa de sangre...
"Carguen, despejen" su pecho se alzó con la carga eléctrica.
"Nada..." La enfermera con una nueva dosis.
"A trescientos" dijo el doctor con los dientes apretados. "Carguen, despejen" todos
quedaron viendo el monitor, lentamente los signos volvieron a su cuerpo.
"Necesito que sean pacientes, su hija se encuentra estable, pero será necesario una
evaluación psiquiátrica" el doctor estaba sentada en frente de dos padre muy preocupados
casi blancos de miedo.
"Pero ella esta bien" la mujer apenas podía hablar.
Un golpe en la puerta los interrumpió. "Disculpe doctor Tomó" era un hombre algo mayor
y calvo, pasó al interior del cuarto, los padres lo quedaron mirando de forma
expectante no era coincidencia que estuviera ahí.
"Doctor Yorken." El doctor Tomó dejando su asiento.
"Necesitaba una consulta psiquiátrica infantil" el hombre fue hasta la silla mas
próxima y enfrentar a ambos padres.
"Así es, estos son los señores Alicante" con un asentimiento.
"Vamos a tener que internar a Mico, está en una crisis paranoica, el intento de suicidio
casi se logra, si no fuera porque la encontró usted señora. Mico no quiere hablar esta
ensimismada, esta conciente de que esto es un hospital pero al parecer no sabe por qué
está aquí, al parecer olvidó que trató de suicidarse..."
"Por todos los... solo tiene siete años, es solo una niña, cómo que intentó suicidarse,
que motivos tiene una niña de siete años para hacer eso" la mujer se puso de pie y dio
un par de vueltas antes de volver a sentarse, su aspecto esta muy desmejorado, sus
habituales ojos grises seductores se habían vuelto apagados sin vida, su rostro por lo
menos envejeció diez años y su constitución se hizo frágil.
"No es muy común pero suele suceder en cierto tipo de esquizofrenias infantiles..."
"Que es lo que esta diciendo, mi hija no es una loca... solo jugaba con la daga."
"Mire sé que es difícil de aceptar pero Mico debe tratarse antes de que esto sea peor,
hoy casi muere, estuvo mas de cinco minutos sin pulso..." el doctor Tomó exaltándose.
"Quiero la evaluación de otro hospital" dijo duramente el padre.
"No será la primera vez que tenga que traer a Mico de urgencia" el psiquiatra estaba
acostumbrado a tratar este tipo de casos y a los padres. "Puede consultar con otros
especialistas y les dirán lo mismo, ahora quisiera hacer algunas preguntas" sacó su
portapapeles. "Han notado algún comportamiento extraño en Mico estos últimos días."
"No, ella no" con tono confundido.
"Qué es lo que hace habitualmente, juega con muñecas, tiene amigos imaginarios, tiene
amigos..." ambos padres se quedaron mirando un momento.
"Mico pasa mucho tiempo leyendo, no juega a las muñecas, no tiene amigos imaginarios y
tampoco de los otros, sale a montar o a practicar esgrima" la mujer con tono suave
conciente que estaba condenando a su hija.
"Que cosas lee, historias de ficción, fantasía, historia, ciencia..." el psiquiatra
anotaba todo.
"De todo, Mico habla cinco idiomas, le apasiona el griego y las runas, le gusta
traducir textos."
"Va al colegio" arrugando el ceño.
"No, tiene tutores, no se dio bien en un colegio" la madre con aprensión. "Tuvo muchos
problemas el primer día, estaba con tutores pero queríamos probar en un colegio, no
resultó y volvió con los tutores..."
"Bien, y cómo se lleva con ustedes, tiene hermanos" hubo un largo silencio antes de que
hablaran.
"Mico tuvo un hermano, Dil, se querían mucho eran muy unidos hacían todo juntos" la
mujer comenzó a llorar mientras su esposo hablaba.
"Era?" consultó el médico.
"El murió el año pasado, Mico vió todo, Dil se quitó la vida en frente de su hermana, no
tenía motivos para hacerlo era un chico normal" el hombre comenzaba a quebrarse poco a
poco. "Mico lo olvidó, no hablada de eso, olvidó por completo a Dil como si nunca
hubiera existido, eso nos extrañó, consultamos con un psicólogo pero nos dijo que era
normal y que poco a poco pasaría pero no nos dijo que Mico haría una cosa semejante, en
todos esos tess no salió nada anormal..." de nuevo eran interrumpidos por un golpe en
la puerta.
"Pase" sonó en una octava la voz del doctor.
Un hombre de media edad, rechoncho y alborotado pelo, se hacia presente en el lugar,
ambos padres se levantaron desesperados de sus asientos buscando apoyo en aquel hombre.
"Buenas noches" con un suave murmullo. "Soy Jean Mallete, psicólogo de Mico, viene en
cuanto me llamó señor Alicante" le ofreció la mano en forma amistosa.
"Ya la vio, usted no dijo que esto pasaría..." La mujer hecha un mar de lágrimas.
"Sé lo que dije, pero es posible que Mico esté en una crisis, la muerte de su hermano
le afectó de cierta manera, tuvo una crisis de amnesia es común en estos casos, tengo
que conversar con ella para poder evaluarla..."
"No será posible, la intervinieron a corazón abierto, se atravesó con una daga pasando
a llevar una arteria, estuvo en paro mas de cinco minutos, no creo que este en
condiciones..."
"Bien, no es su culpa señora" dijo el psicólogo, la mujer murmura que había sido su
culpa y que su hija no estaría en aquel lugar si ella le hubiera puesto mas atención.
"Mico es muy lista, tuvo un motivo y lo sabremos" apoyó su mano contra la pierna de la
mujer.
Han pasado casi treinta años de aquel acontecimiento, Mico es conciente de lo que
sucedió aquel día, es verdad que estuvo con terapia casi cinco años y que la dejó porque
no le encontraba ningún sentido a estar sentada frente a ese hombre que la conocía desde
niña y que sabía hasta lo que pensaba, era conciente de que no había nada malo en su
cabeza y que lo que pasó ese día tenía un motivo muy fuerte que no se lo revelaría a
nadie por nada del mundo, ahora era distinto todo, llevaba una vida decente, tenía un
trabajo que ocupaba su tiempo, trabajaba en la morgue, algo que le gustaba hacer se
sentía como en casa.
"He Mico, llegaron tres mas, uno del hospital y los otros dos de forenses" su compañero
con una animada sonrisa en la cara, era la única persona que conocía que se podía
alegrar con la pena de otra.
Sentada tras su escritorio con su bata blanca y las iniciales de su nombre en una placa
marrón con metal al costado izquierdo de su pecho, con los pies sobre el escritorio de
metal observó como su compañero conducía a los camilleros por el largo pasillo hacia
los congeladores, tres cuerpos y eran solo las nueve de la mañana, quien sabe cuantos
mas llegarían o estos serían los únicos del día.
"Umm, sabes este murió en un choque, y los otros dos en un tiroteo, por ser tu
cumpleaños te cedo a los del tiroteo" con una sonrisa muy amplia.
"Uy, gracias, me asombra tu amabilidad" la mujer se apoyó mas contra la silla "y solo
es por mi cumpleaños o hay algo mas" tenía que ser muy cuidadosa con Sebastián, por lo
general siempre la metía en líos no por nada era muy conocido en el hospital y la sala
de urgencia del hospital.
"Bueno y que tal una cena en el Buenas Manos hoy después del trabajo" dejó caer su
cuerpo sobre su propia silla, sacudiendo su cabellera ceniza y colocándose unos
graciosos lentes oscuros que sin duda habían pertenecido a un paciente que ya no los
reclamaría, la puerta giratoria se abrió de golpe, ambos quedaron mirando la puerta y
luego la secretaria de administración con una torre de papeleo seguida por dos agentes.
"Buenos días Mico" le sonríen la secretaria. Era bajita, melena y una sonrisa que
cautivaba a Mico era como la de una niña pequeña, con su uniforme parecido al de las
enfermeras dejaba a casi todos los hombres dados vueltas.
"Buenos días Ana, que me tienes..." Con su sonrisa, Mico sabía de ante mano que con su
sonrisa era capaz de conseguir el cielo, le gustaba un montón poner nerviosa a esta
chica, se acercó a su escritorio y dejó un par de fichas en su bandeja.
"Pero muy buenos días preciosa, cómo estas, que te parece si tomamos un café..." Ana ni
lo tomó en cuenta dejó caer la mayor cantidad de fichas que traía sobre el escritorio
de Sebastián. "Heeee, por qué me das todo el trabajo a mí" solo recibió de parte de Ana
una mirada censurada.
"He chicos buenos días, Mico como estas" Adán uno de los agentes, Mico los evaluó a
ambos, los dos le caían como sal en la herida y no era para menos. "Buenos chicos,
ustedes tienen algo que nosotros queremos" tomando la taza de café de Mico, está lo
fulminó con sus ojos grises, Adán no dudó en devolver la taza a su lugar y meter sus
manos en los bolsillo.
"Ya tienen listo el caso Guymis, lo necesitamos" Roberto el otro agente casi tan malas
pulgas que Adán. Roberto no se dejaba intimidar tan fácil pero sabía que Mico era
territorio difícil y no le gustaba presionar si no había algún sentido.
"No sé, tu que dices Mico, lo tenemos listo" Sebastián adoraba hacerle esto y mas
cuando era un caso de suma importancia, Sebastián y ella se había quedado dos noches
seguidas con aquel enigma hasta dar con la respuesta cosa que no fue sencilla y aquí
estaba Sebastián haciéndolos sufrir, le habría gustado hacerlo a ella pero eso era mas
el estilo de su compañero.
"Si, creo que necesitaremos unas cuarenta y ocho o como mínimo veinticuatro horas mas"
saboreando cada instante, sabía que los agentes se morían de ganas de lanzarse encima y
gritarles. Con una sonrisa de triunfo, la vena de Roberto se hinchaba cada vez mas y
latía, estaba segura que estaba apunto de explorar.
"Ya les hemos dado tres días..." Adán comenzó a gritar, ya no podía con su autocontrol,
Mico no haría nada se lo merecían y disfrutaba con esto.
"Como no pueden hacer su trabajo como corresponde..." Roberto y su acento latino...
"Será que ustedes solo estropean los cuerpos y los traen inservibles" Mico se pregunta
cuanto iba a durar su compañero antes de exaltarse.
"Pueden esperar afuera, tenemos trabajo que hacer" gruñó Mico colocándose de pie, era
por mucho mas alta que esos dos hombres, al menos uno con ochenta y cinco y su cuerpo
no era nada delgado sino bien formado con la musculatura donde debía estar, no por nada
ejercitaba todas las mañanas antes de ir a trabajar, le dedicaba dos horas diarias en
su bien equipado gimnasio personal, ambos hombres dieron un par de pasos hacia atras,
aparte su cabello negro y piel bronceada le daban una protección innata como si
alertara a sus enemigos, como un bicho venenoso y altamente peligroso. "Bueno, se van o
tendremos que operar con ustedes encima..." ambos hombres se miraron y de mala gana
salieron de la sala. "Y bien los chicos del tiroteo" con una sonrisa amplia en su boca,
este iba a ser un buen día.
"Tengo una migraña que me esta matando" se encerró en su dormitorio, corrió las
persianas y se cubrió los ojos, se enterró en su cama, del día anterior que la cabeza
parecía que le iba a estallar, ya había perdido la cuenta de cuantas aspirinas se tomó
y nada funcionaba, lo único que quería era que acabará de una vez, se cubrió los ojos
con las manos y no aguantó mas, estaba llorando, el dolor era insoportable, las náuseas
venían nuevamente y no podría evitarlo, nuevos golpes no estaba segura de donde venían,
si de su cabeza o de la puerta, todo se volvía negro, su cuerpo comenzaba a caer en un
abismo, muy lejanos podía escuchar los gritos de su madre con desesperación que la
llamaba hasta que no supo nada mas de ella.
"Por dios donde estoy" esta no era su casa, este lugar era un... "Que hago en un hospital"
murmuró cuando pudo sentarse y ver con claridad que no llevaba su ropa sino una bata
blanca de hospital, suero en su brazo y la migraña había cesado una gran parte, este
lugar era urgencias, ya había estado aquí, las paredes celeste agua, el techo con
latones y focos, las cortinas que dividían los cuartos, como había llegado hasta aquí,
acaso su migraña fue tan terrible que la llevó hasta el hospital, no tuvo que esperar
mucho tiempo, una doctora que no parecía una residente de mas de dos años apareció en un
costado de la cortina, era una mujer bastante guapa, pelirroja con pecas, sonrisa amplia
dientes parejos y labios finos, ojos mielosos almendrados y nariz recta, no pudo evitar
sonreír, tenía algo que era contagioso.
"Veo que has despertado" se acercó a tomar la ficha. "Soy la doctora Appel" revisó el
suero. "Cómo te sientes"
"Mejor, mi cabeza ya no me esta matando" murmuró, sin saber si eso era lo que debía
decir.
"Migraña?" revisó las pupilas.
"Si, creo que me desmayé" las manos de la doctora fueron a parar sobre la base del
cuello.
"Aug, eso duele" murmuró, recostándose, el dolor de su cabeza volvió con mayor
intensidad y antes que pudiera evitarlo vomitó sobre la doctora. "Lo siento" murmuró
cuando pudo decir dos palabras sin sentir náuseas.
"No hay problema" rozó el rostro. "Es común la migraña entre los jóvenes, estudias."
"Si, estoy en cuarto año de medicina" frotó sus ojos.
"He colega" con una sonrisa mas amplia. "Entonces creo que podemos hablar en términos
médicos sin problemas."
"Claro, mi mamá esta aquí" era confortable tener la cabeza apoyada en algo tan blandito
como esa almohada, la suya no era como esa, tan blandita y suave.
"Si está afuera, quieres que pase, se veía muy preocupada" dejó la ficha a los pies de
la cama.
"Por favor" murmuró cerrando los ojos.
"Gia, cielo como estas" su madre se acercó en forma cariñosa, la abrazó. "Cielo estaba
muy asustada" sus ojos verde azulinos se nublaron con lágrimas no derramadas, Gia sabía
que su madre se hacia la fuerte, ambas se abrazaron con fuerza. "Mi vida, creí morir" la
besaba por toda la cara. "Dime que voy ha hacer sin mi pequeña."
"Mamá, no llores ya estoy bien, mira pregúntale a la doctora" la doctora hacia su
entrada acompañada por un par de enfermeras y otro médico.
"El es doctor Luis," presentó la mujer pelirroja.
El hombre era de edad avanzada de aspecto gentil y a Gia no le fue difícil confiar en él.
"Pero miren, nunca había visto a una madre e hijas tan idénticas, si parecen gemelas"
con esta pequeña broma robó una sonrisa de la cara de la madre de Gia.
"Gracias, doctor" Gia feliz de que su madre sonriera.
"Bueno Gia, te haremos una pruebas, solo para estar seguros de que no es nada grave y
esta noche tendrás que quedarte para observación, dime es común que tengas dolores de
cabeza" Gia pareció meditar, pero no el hecho si tenía en forma continua dolores de
cabeza sino que tuviera que quedarse en el hospital.
"Solo a veces" murmuró, no quería quedarse. "Ya me siento mejor, en serio, no me duele
la cabeza" con cierto énfasis.
"Si el doctor dice que tienes que hacerte unos exámenes te lo haces y si tienes que
quedarte te quedas, yo estaré afuera, me quedaré a tu lado" tomó con cariño la mano de
su hija. "Me quedaré hasta que te duermas" la besó en la frente.
"Gia, sé que esto es muy difícil de aceptar pero...
"Pero que, con quimioterapia... cree que no sé lo que es, sé que no tengo ningún futuro
que me voy a morir, y para que voy a retrasarlo y hacerlo mas complicado" Gia contenía
sus lágrimas, era una suerte que viniera sola a ver como salieron sus exámenes, tenía un
presentimiento, no por nada te llaman a tu casa en forma urgente. Tenía un tumor en la
parte posterior del cerebro hasta el momento era maligno crecía, se alimentaba de ella,
la estaba consumiendo, la estaba matando... quimioterapia, y que sacaría con eso solo
alargar su vida un par de meses, todo se iba por la borda, su futuro como médico, tener
una familia, su madre, que pasaría con ella ahora, se quedaría sola, no podía dejar a su
madre sola... el doctor seguía hablando de las probabilidades que tenía pero Gia ya no
quería seguir escuchando, solo era conciente de la voz en su cerebro que le decía que
hasta aquí llegaban sus veintitrés años de vida prestada.
Bajó en ascensor, con lentes oscuros e incapaz de darse cuenta a donde iba, llegó hasta
un pasillo largo con un par de puertas giratorias, esta no era la salida, solo sabía que
debía seguir adelante, empujó suavemente la puerta de madera, metió la cabeza para ver
una sala con dos escritorios uno en frente del otro, con fichas amontonadas en uno de
los escritorios y en otro solo unos cuantos papeles, ambos escritorios tenían teléfono,
pisapapeles, lápices y percheros, no habían ventanas y hacia mucho frío, este fue el
último detalle que notó Gia, en el medio de ambos escritorios dos puertas igual a las
primeras, Gia dedujo que lugar debía ser este, su piel se erizó por completo, este era
el peor de todos los lugares, quería ser médico pero ese lugar no era el mas preferido,
respiró profundamente.
"Pronto estaré aquí" murmuró y se armó de valor, empujó la puerta, echó un vistazo y no
había nadie, solo camillas, los frigos contra la pared al menos una veintena de ellos,
era una sala rectangular de gran tamaño y buena iluminación, Gia fijó su vista en las
camillas que estaban al centro, no estaban vacía, estaba cometiendo un error pero ya no
podía evitarlo, quizá no ayudaría en nada pero necesitaba hacerlo. Se acercó hasta una
de las camillas y descubrió lo que había debajo de la sábana, era una mujer como de su
edad, su rostro parecía tranquilo, como si durmiera en paz, esto era acaso lo que le
esperaba... no era mucho peor, quizá esta mujer no sintió nada, un ataque cardiaco o un
accidente, pero ella debería sufrir hacer sufrir a las persona que amaba. "Que suerte
tienes" murmuró rozando la frialdad del cuerpo la mujer.
"No debería estar aquí" una voz llegó desde el fondo no iluminado, Gia se sobresaltó al
ver a una sombra sentada, se levantó y era increíblemente alta, no pudo evitar dar unos
pasos hacia el cuerpo, cuando llegó a la luz pudo ver que se trataba de una mujer, una
mujer bellísima que conmovió su corazón, era una belleza de piel morena, largos cabellos
oscuros y físico esbelto, no podía descifrar el color de sus ojos, solo cuando estuvo a
un par de metros de distancia, y con la luz fosforescente unos profundos ojos grises la
tragaron entera.
Eran pasada las siete y se encontraba repasando su informe, había algo en él que le
molestaba, las cosas no sucedían de esa forma, esa mujer parecía que había muerto sin
ninguna razón, solo su corazón dejo de latir, pero no había señal de para cardiaco o
daño en alguna de las paredes, toxicidad salió negativa, esta mujer estaba sana...
volvería abrirla para ver si no se le pasó nada, fue cuando sintió las puertas, en un
principio pensó que sería Sebastián con una gran taza de café, pero luego vio entrar a
una chica rubia, con aire de haber descubierto la bóveda de la cámara secreta de alguna
momia, la quedó observando por unos momentos, descubrió el cuerpo de la mujer que estaba
realizando la autopsia, adivinó lo que estaba pensado, no era difícil, pues estas
visitas eran mas comunes de lo que se piensa, ya estaba fastidiada pero escuchó una
melodía, la voz mas suave y bella que escuchara antes 'que suerte tienes' Mico no
comprendió cual era la suerte, además esta mujer era bastante joven, quizá de veinte
años y ya deseaba la muerte a no ser que estuviera condenada, pero solo la idea la
atormentó... que la había atormentado, la idea que aquella desconocida estuviera
condenada a muerte, pero si ni siquiera la conocía como podía sentir aquello, su cerebro
trabajó en forma independiente, habló, y la desconocida se asustó.
"Esta es la morgue, no puedes entrar a no ser que tengas a un familiar aquí" Mico fue
hasta la luz, grabó cada uno de los gestos y facciones de la chica en su cerebro, esto
era único y especial.
"No, me perdí, buscó la salida" murmuró, confundida de la forma en que la miraban
aquellos ojos grises, nunca antes había visto a una mujer como esa.
"Umm, afuera ahí un letrero que dice bien claro morgue," Mico, se vio en aquellos ojos
verde azulados, en los rasgos angelicales suaves e infantiles que la cautivaron. "A no
ser que, estuvieras buscando la morgue, a todos los jóvenes les interesa este lugar...
crees que tiene suerte de estar ahí, te gustaría estar en su lugar... o pronto estarás
en él" Mico no supo de donde sacó tales palabras solo logró que la chica saliera
corriendo, un papel de apariencia de examen quedó en el suelo, lo levantó y se maldijo
furiosamente. "Serás animal" salió corriendo detrás de la chica.
Gia tropezó con unas enfermeras y un camillero, no podía dejar de correr, como lo supo,
como... se detuvo ya fuera del hospital en el callejón de las ambulancias, apenas si
podía respirar y una oleada de náuseas se asomaba en la boca del estómago, cayó sobre
sus rodillas.
No supo cuánto tiempo estuvo en aquella posición, una mano fuerte la retuvo por el
hombro con gentileza por unos minutos Gia pensó en escapar pero no pudo, alzó los ojos
y se encontró con los de aquella mujer, no se contuvo y cayó semiinconsciente en los
brazos de la mujer.
Mico fue como alma que lleva el diablo, se encontró con un par de médicos que
necesitaban información suya y por culpa de ellos perdió la pista de la joven, ya estaba
segura que la había perdido, salió a tomar aire, aquella chica había huido de ella...
por que debía ser condenadamente bruta, esa niña tenía un rostro tan bello que la
conmovió, se detuvo a comprar un café en el carrito, algo la hizo girar hacia el
callejón de las ambulancias, una figura le llamó la atención, lanzó el café lejos y fue
corriendo hacia aquel lugar, un olor mezclado a gasolina y medicamentos le inundó la
nariz, entre unos escalones hincada se encontraba la chica pálida algo verdosa, la tomó
por el hombro jalándola con suavidad, el encuentro entre sus miradas fue eterno y único,
Mico fue conciente de lo que mas quería en aquel momento era no despegarse jamás de
aquella desconocida. Como en cámara lenta la chica fue cayendo a sus brazos, Mico la
sostuvo y sin mayor inconveniente la tomó en sus brazos y la llevó hasta urgencias.
"Qué haces aquí Alicante, no deberías estar con los fríos" el doctor Mccalister, con su
habitual sonrisa. "Quién es ella" quedó pasmado al ver a la chica en los brazos de Mico.
"Que parece, una paciente o no?" la colocó sobre la camilla. "Estaba a punto de
desmayarse" acomodó su cabeza con cuidado "esta deshidratada."
"Sabes cual es su nombre" Mike no quería interrumpir pero era imposible atender a un
paciente sin mucha información.
"No, pero la atendieron aquí" revisó los bolsillos de su chaqueta en el interior
encontró unos papeles, suspiró y los leyó con atención, luego volvió a mirar a la chica
pero esta vez de forma diferente, sus rasgos si afinaron y un sentimiento la embargó
por completo. "Su nombre es Gia, y la atendió Morales, tiene una cáncer terminal"
murmuró, las enfermeras entraban en la sala, le colocaban suero, revisaban su pulso, sus
pupilas... Mico estaba destrozada... pero por que si era una total desconocida que tenía
que sentirse así, por que no se iba de una vez.
"En ese caso buscaré a Morales, para que me de su ficha, no entiendo como la dejó salir."
Mike en tono reprobatorio. "Hey, Mico qué te pasa" una vez fuera de la sala.
"Nada por qué lo dices" ya empezaba a aflorar su mal humor.
"Por tu..." lo pensó "nada, buscaré a Morales, no sabes cuantos pacientes tengo... sabes
podrías darnos una mano, faltó un residente y dos estudiantes... He Morales" Mico dio
un salto, Mike tenía la mala costumbre de gritar en los momentos menos indicados "tu
atendiste a una chica rubia con cáncer..."
Una mujer alta colorina quedo pensativa antes de responder. "Si, vino a retirar sus
exámenes" se acercó hasta donde se encontraban. "Doctora Alicante" sonriendo. "Por qué
te interesa?" metió sus manos en sus bolsillos, Mike le indicó hacia el box cinco con la
cabeza.
"Tu paciente se encuentra ahí, deshidratada y la encontraron desmayada... eso deja mucho
que desear de tu atención Morales yo diría que si el jefe de la unidad se da cuenta
estarás en problemas y..."
"No venía a control solo a retirar sus exámenes, se veía bien..." fue hasta el box "si
es ella, he Eric busca la ficha de esta chica, el doctor Luis la atendió, vino por una
migraña hace un par de días..." murmuró acercándose a la chica.
"Migraña?" Mike con los ojos fijos en su compañera.
"Mccalister no tienes que drenar?" con sarcasmo.
"Umm, claro, Yorques" dio un grito, un chico negro con cara de novato apareció entre un
montón de fichas. "Has drenado alguna vez"
"No, doctor" dudoso de que contestar.
"Que esperas entonces, box 3, ya estas listo..." le colocó el brazo sobre el hombro y
se desapareció con el chico por uno de los box de la derecha.
"Que mas se puede esperar de él" con los brazos cruzados y de mal genio, Eric pareció
con la ficha de la chica. "Gracias Eric" la tomó y la revisó. "Llamaré a su casa, por lo
visto vino sola, tu la encontraste Alicante."
"Si, me la encontré allá abajo, fisgoneando" su rostro de niña la tenía en otro mundo.
"Si quieres Appel yo llamo a su familia" tomando la ficha de la chica y memorizando el
número.
"Bueno..." antes de poder contestarle.
Cinco, seis, nueve, cero, cero, dos, cinco y ocho, estaba llamando, uno, dos, tres. "Alo"
una voz femenina suave y delicada. "Buenas tarde, con quien hablo."
"Buenas tardes, la llamo de urgencias, soy la doctora Alicante..."
"Oh mi dios, Gia esta bien... que le pasó a mi hija" la voz de la mujer se volvía a cada
tono una desesperación tremenda.
"Su hija tuvo una descompensación..."
"Qué, pero si solo iba a retirar los exámenes...
"Sería bueno que viniera" la voz de Mico se hacia mas tensa.
"Voy para allá, muchas gracias doctora" vino el agradecimiento de la mujer.
"No tiene que darlas...
"Sabes, la chica de la cafetería me dio esto" le mostró una servilleta con un número
telefónico. Mico no lo tomó ni encuentra, como tampoco a los informes que tenía que
rellenar unos cinco y seguían aumentando. "Si no te conociera diría que estas en la luna,
pero como te conozco me atrevo a preguntar y cómo es" se apoyó en el escritorio. "La
conozco... ya sé es Ana..." con una sonrisa picarona.
"Tengo un montón de trabajo, Sebastián no tengo tiempo para hablar contigo" releyó su
informe sobre el suicidio de la chica con fármacos y que mas da... "bueno, no la
conoces, recién la conocí" con la cara fija en el informe. "Se desmayó en mis brazos...
y la lleve a urgencias" dejó por fin el informe, con el diagnóstico 'intoxicación por
diazepan'
"Se desmayó en tus brazos, amiga mía eres letal grrrr" le ronroneo.
"Tonto" miró a los ojos azules de Sebastián. "Me cubres, tengo que salir un momento" ya
había tomado la decisión que le rondaba por la cabeza hace un par de horas.
"Claro, que puede pasar, que nuestros amigos cobren la vida y se conviertan en zombis
hambrientos de sangre..." colocó los pies en el escritorio y tomó el próximo informe con
lata.
Mico quedó mirando el interior del box cinco, la chica ya había recuperado la
conciencia, se hallaba conversando con una mujer de mediana edad, Mico se acercó un poco
mas a la ventana, la chica se parecía increíblemente a la mujer, era obvio que era su
madre, la observó por largo rato, la mujer no paraba de mimar, besar y abrazar a la
chica, no podía escuchar de lo que hablaban pero se lo imaginaba. Una mano en su hombro
que la hizo dar un salto, los vivos siempre la ponían nerviosa y mas si involucraba
contacto físico, giró un poco y vio a Morales con sus pecas y una sonrisa amplia.
"Tu chica esta mejor, esta con su madre, le hable de ti y quiere darte las gracias y no
te puedes negar" cuando Mico trató de negar con la mano "ya te vio" dio un empujón a la
puerta, la mujer se abalanzaba Morales con desesperación.
"Doctora, como esta Gia, ya se puede ir a casa" tomó entre sus manos la de Appel.
"Me gustaría que se quedará por esta noche, solo por precaución" se apresuró a decir
Morales solo de ver el rostro que empalidecía solo con la idea de que su hija se quedara
en aquel lugar. "Le presento a la doctora Alicante, ella encontró a Gia" Appel moriría
por eso.
"Usted... por usted mi hija esta bien, muchas gracias doctora no sé como..."
"No tiene por qué" sus ojos coincidieron con los de Gia y un escalofrío recorrió su
cuerpo. "Es mi deber" tomó la ficha de la chica "mañana estará mejor."
"Si mañana estaré bien, mañana" murmuró la chica.
"Si mi vida" la mujer volvió hacia Gia para abrazarla. "El doctor dijo que con
quimioterapia hay una esperanza..."
"Lo se mamá, esperanza, eso me puede ayudar." Mico a los pies de la cama la observaba,
los ojos de Gia querían derramar lágrimas, pero ella no se lo permitía quería mostrarse
fuerte... "Lo lograremos juntas."
"Si, cariño" la mujer la volvió a abrazar.
"Bien señora Romano, le parece si vemos algunas cosas sobre la estadía de Gia" le dio
una mirada a Mico para que se quedara con la chica.
Gia vió como su madre salía del box y comprendió que iban hablar de su diagnóstico y que
no debía ser nada bueno.
Mico acercó la silla hasta el costado derecho la chica, ahora que la veía mas de cerca
la encontraba mas bonita, sus ojos verde azulinos, su cabello despeinado rubio, su
rostro fino y delicado, los labios delgados y algo pálidos...
"Por qué estabas en la morgue, esa no es una actitud muy positiva" Mico encontró la
expresión de la chica fascinante, sus ojos se ensancharon y la quedó mirando con mayor
intensidad. "Me da la impresión de que..."
"Por qué no me deja en paz" se colocó de costado evitando a la mujer.
"Crees que tu madre se sienta si se entera..." Mico se sorprendió a si misma lo cruel
que estaba siendo, pero era la única forma de hacer entender que éste no era el fin del
mundo y que si había esperanza.
"Déjeme sola quiere" Gia sintió un dolor en el pecho, esta desconocida la estaba calando,
no la quería oír, una mano fuerte que ya conocía la tocó por el hombro.
"En verdad quieres ver lo que hay en aquel lugar" le murmuró al oído, sin esperar la
respuesta la tomó en brazos.
Gia quedó helada, solo el contacto le dio fuerza, una nueva fuerza, se acunó en los
brazos de la mujer, pasaron por la mirada de enfermeras, doctores y ayudantes y nadie
dijo nada, entraron en el ascensor, un olor como a vainilla llegó a la nariz de Gia,
esta a su vez colocó sus brazos al cuello de la mujer, su respiración, su cuerpo.
"Debe estar cansada" murmuró contra su cuello, y las manos de Mico la presionaron con
mayor fuerza.
"Para nada, no pesas nada" con la vista al frente.
Llegaron a las puertas giratorias, contra la espalda, le causó risa que contuvo, al ver
la cara de Sebastián. "Tenemos visitas" atravesó la sala bajo la mirada de tonto de
Sebastián. Las camillas seguían en el mismo lugar, solo un par de cuerpo mas, Mico dejó
a la chica en pie y se acercó al primer cuerpo y lo descubrió. "Tiroteo, 15 años y toda
una vida por delante" era el cuerpo de un chico con al menos cinco impactos de bala en
el pecho y uno en la cabeza. Mico se acercó al otro y lo descubrió, era el de una mujer.
"Se intoxicó, tenía 22" se acercó hasta un cuerpo que era mucho mas pequeño "paro
cardiaco, solo 5 años y su corazón dejo de latir."
"Eres cruel" en un hilo de voz, ya no soportaba todo esto, ni siquiera la conocía y la
estaba haciendo sufrir de una manera tan terrible que pensó que había hecho algo muy
terrible.
Mico se colocó rígida, mirando el cuerpo del niño al cual de hiciera la autopsia aquella
mañana, cruel, aquella palabra divagó en su cerebro por unos segundos antes de caer en
cuenta de por qué lo hizo, sí era cruel, pero acaso no era mayor crueldad que aquella
chica se rindiera sin dar guerra.
"Lo soy, pero tu eres cobarde" fulminándola con sus impecables ojos grises.
"Y que sabes tu" apretando los puños contra la bata de hospital, las lágrimas
recorrieron su rostro.
La impotencia se apoderó de Mico, dejó a medio cubrir el cuerpo del chico, y fue hasta
la muchacha y la abrazó. "No te rindas" un calorcito la dejó fría.
"Ya no hay futuro" llorando en el pecho de la doctora. "No hay esperanza, solo tres
meses con suerte, para que voy a hacerlo si son tres meses que serán una larga agonía,
mejor que acabe de una vez, rápido y limpio" sus manos fueron hasta el cuello.
"Y no piensas en los que te aman" alzándola un poco del suelo.
"Si, no quiero que me vean sufrir, ese no es un buen recuerdo" podía sentir el aliento
cálido de la mujer sobre su frente.
"Y no piensas en mi" Mico acercó su boca a los ojos de Gia, y los besó con suavidad.
"Qué haré si me dejas" ya no era Mico quien hablaba sino su alma, su corazón, aquí
estaba con una completa desconocida diciéndole todo lo que nunca dijera antes a ningún
ser humano o cosa viviente, y contra todo era correspondida, Gia no se apartó o la
rechazó, al contrarío permitió mayor contacto, permitió que Mico la volviera a besar en
el rostro.
Gia sentía que su corazón iba a salir volando de su pecho que no podía detenerlo y que
moriría en ese mismo instante y fue el pensamiento mas terrible que tuvo, se aferró con
mayor fuerza a la mujer morena, el primer beso la descolocó por completo lo único que
era capaz de enfocar era que por nada del mundo las separarían, nada ni la muerte, el
segundo logró que su corazón se detuviera por una centésima de segundo, el contacto de
los labios contra su piel merecía cualquier pena si tenía que ir a las quimios por aquel
precio valía la pena.
Mico se contuvo un momento para aclarar su mente, si eso era posible, sus manos
recorrieron la espalda delgada hasta llegar a los hombros y los cabellos enredándose en
sus manos, deslizó una mano hasta llegar al rostro de Gia, y lo alzó, quizá después se
arrepentiría de todo esto, pero que importaba en esos momentos, el primer roce de labios
fue casi infantil, Mico sintió como el cuerpo de Gia temblaba entre sus brazos y como
su mano volvía a sus cabellos, y las manos de Gia se enredaban en su bata de médico, un
suave sabor dulce, la abrazó con mayor fuerza. "No me dejes."
Gia, sentía como las manos de la doctora la recorrían, y como una de esas manos le
alzaba el rostro, en aliento le quemaba el rostro y un suave roce, si por esto valía la
pena las quimios y los tres meses lo haría, el abrazo cálido y unas suaves palabras 'no
me dejes'.
"Voy a morir" miró los ojos de la mujer. "Pronto" acariciando el rostro moreno y hermoso
de Mico.
"No" besando las lágrimas, el sabor salado le daba vida "no".
"Tu no puedes hacer nada, el tumor no tiene cura, la quimio me dará máximo tres meses
sino es mucho menos" los brazos fuertes de Mico no cedían al contrario necesitaban de
ella.
Mico le acarició el costado. "No, no lo voy a permitir" la tomó en los brazos. "Vamos"
salieron de los frigos. Mico ni tomó en cuenta la cara de Sebastián que por los ojos de
plato no se perdió de nada. Mico sostenía con firmeza su preciosa carga hasta llegar al
ascensor, allí Mico volvió a besarla en la frente.
La mano de Gia pasaba por el cuello se enredaban en la extensa cabellera oscura. "No me
dejes sola en el box" murmuró contra los labios de la morena.
"No lo haré" se contemplaron, las puertas del ascensor se abrían y el barullo comenzaba,
camillas, heridos, doctores corriendo, para médicos hablando al mismo tiempo... en el
box nº 5 la esperaban una muy molesta doctora Morales y la madre de Gia que parecía
estar muy enferma.
"Donde se supone que la llevaste" entre dientes Morales cuando Mico colocaba a la chica
en la camilla y le conecta el suero. "No ves que esta grave" luego comprendió. "Espero
que por tu cabeza no haya pasado a estúpida idea de llevarla allá abajo" muy bajito para
que la madre de Gia no se diera cuenta.
"Nada, solo le daba un recorrido" murmuró, miró a la madre. "Tiene una hija muy valiente"
con una suave sonrisa.
"Mami, no te preocupes estoy bien, vete a casa a descansar" Gia agradeciendo el beso de
su madre.
"Donde estabas querida, estaba muy preocupada, estas muy fría" arropándola.
"Necesitaba un poco de aire y la doctora me llevo" sonriendo, fue conciente de la mano
de Mico por debajo de las sábanas entrelazándose con su mano.
"Puedes enfermar" regañó su madre.
"Estoy bien, mami" Gia le regaló una sonrisa no solo a su madre sino también a Mico.
"Me puedes decir lo que te paso" Sebastián con una cara de vieja cahuinera que Mico le
sorprendió ver en su amigo después de tanto tiempo.
"Puedes cubrirme, y no es asunto tuyo, al menos por el momento" tomó su chaqueta de la
silla, sus ojos se fueron directo a los informe sin hacer.
"Estas loca, si no me cuentas no te cubro" chantaje, como niño que se le niega un
juguete o la salida a un parque.
"Qué te pareció" esto iba para largo.
"Es una preciosura" con una sonrisa amplia.
"Pues no la mires mucho" con la filo en sus ojos.
"Hace cuanto la conoces" Sebastián recogía los informes de la mesa de Mico y los
colocaba en la propia.
"Unas cuantas horas..." se dió cuenta de lo raro que sonaba de lo irracional, de lo...
"Rápido, eres una maestra, y uno que tiene que hacer malabares para conseguir una cita y
tu a las horas ya la tienes hecha" comenzó a revisar los informes de Mico. "Vale y que
estas esperan, pero promete que después me cuentas todo, al menos uno de los dos que
tenga vida sexual activa" esto último lo dijo tomando su Playboy.
En el pequeño cuarto donde estaba Gia, Mico dio un par de golpes antes de entrar, no
recibió respuesta, entró y la vió dormida, sus ojos cerrados, su rostro descansado y
tranquilo, y un latido en el pecho que casi la desencaja por completo. Acercó la silla
hasta la cama, metió su mano en busca de la suave y pequeña, la entrelazó.
Un lugar oscuro, un calor sofocante, un dolor punzante en pecho, al abrir los ojos
cientos de cuerpos etéreos la rondaban, circulaban por su alrededor, inmóvil, otra vez
en este lugar, afinó la vista, no se encontraba sola, odiaba que pasara justo en este
momento que la estaba pasando tan bien, despertó aun seguía durmiendo Gia, observó a
ambos lados y en frente por el cristal que daba hacia el pasillo lo vio.
"Cielos, no pueden descansar tan solo una noche" miró a Gia, suspiró. "Que tal muchachos"
desde la puerta, una sombra se alzó, casi tres metros de alto con tentáculos saliendo
de todas partes. "Por dios amigo que te pasó" Mico se colocó frente al visitante y antes
de poder moverse el piso comenzó y las paredes se desprendían. "Y se supone que eso que
me tiene que hacer temblar?" con cierto sarcasmo, dio un par de pasos y lo enfrentó, se
quitó de un golpe la bata de médico, solo con jeans y blusa de encaje y un líquido
verdoso salió de lo que parecía la boca del visitante por el hombro de Mico "te juro que
si manchas esta blusa no la contaras a donde vas" el visitante hizo desaparecer ambas
paredes, el piso completo, quedando en el aire, un lugar oscuro donde solo se veían el
reflejo de sus ojos. "Ok, di bye" con las manos en frente de un lado a otro, el
visitante se acercó a la velocidad del rayo, su garganta se extendió tanto como para
ser tragada entera. "Na'." Mico a su vez hizo lo mismo, lo tragó entero, su cuerpo
comenzó a reaccionar de inmediato, su abdomen se contrajo con fuerza hasta que sus
costillas quedaron peligrosamente a la vista, sus músculos se contrajeron con fuerza
hasta el hueso, apenas se podía sostener sobre sus piernas, era como un esqueleto
andante, su abdómen poco a poco se infló, los pulmones ya no sostenían el aire debía ser
expulsado, sin previo aviso, una materia café tierra comenzó a ser expulsada por su boca,
cayó de rodillas con tal fuerza que pensó haberse roto las rotulas del puro impacto, su
estómago ya estaba vaciado por completo, pero aun las náuseas la invadían, un hilo de
sangre brotó por su boca y el resto de su cena lo acompañaba, la luz llegó hasta su
retina, las paredes volvían a su lugar, el piso lentamente dejó de moverse, pasó la
manga de su blusa por su boca y notó que no estaba sola, alzó la vista y junto a la
puerta del box una silueta, a duras penas se colocó de pie, su cuerpo volvía la
normalidad, logró mantener la postura un momento, antes de caer de rodillas nuevamente,
solo vió los ojos aterrados de Gia antes de desaparecer por el pasillo.
Continuará...