Advertencia: bueno ya saben lo de siempre... aunque si entraron es por que ya se hacen una idea de lo que encontraran... simplemente disfruten... aunque en este capitulo todavía no llego a un punto culminante jeje...
Otro punto, bueno estuve fuera por muchísimo tiempo y bueno renové mi forma de escribir por así decirlo... espero que les guste... estaré un poco mas al día...
aly_ga@hotmail.com apreciaría su opinión.


VENGANZA SOBRE SOMBRAS

Por Aly

Prologo:

Lentamente cruzó el largo pasillo que llevaba al jardín de su madre, pero una sensación extraña la invadió, haciéndole detenerse por unos momentos, por inercia abrazo mas fuerte al pequeño osito que traía en los brazos, y continuó caminando aun con la sensación irreal, como si todo fuera visto por primera vez, el jarrón chino que su madre pintó, los cuadros en las paredes crema suave, en tonos relajantes.

Por segunda vez la pequeña de cabellos dorados detuvo sus pasos, sacudió su cabeza para despejar eso que describió como temor, y se apresuró hacia la puerta, al escuchar una diminuta explosión brinco levemente, colocó su pequeña mano en la manija para abrir la puerta, notó que su osito cayó a mitad del pasillo, intentó volver por el, cuando una segunda explosión inundó sus oídos, al recuperar a Teddy, fue hacia la puerta, abriéndola lentamente, el viento frío alborotó sus rizos cubriendo sus ojitos.

AL cruzar el umbral, la iris esmeraldas se dilataron, y con fuerza abrazaba al osito de felpa que su madre le había hecho con sus propias manos, una lágrima derramó ante lo que veía...

*****

Sin apuro alguno, cambio a la siguiente sección del diario, dio una sonrisa amable a la joven mesera que llenó por tercera vez en el día la taza de café, de forma distraída tomó la taza sin despegar los ojos sobre la exposición literaria que abría a unas cuantas cuadras del Museo Contemporáneo, dio pequeños sorbos al café e hizo un gesto negativo, al ver a la hora que se realizaría el evento.

Con lo tanto que amo ésto en su rostro se formó la decepción, recordando que dentro de ese lapso de tiempo tendría una reunión con un editora prestigiada interesada en su trabajo, era la oportunidad que deseaba, pues ya había pasado tiempo y sus libros creados para si mismo, debían ser conocidos.

Miro distraídamente el reloj que estaba en la puerta, confirmándola con la de pulsera, rasco con el índice su barba afeitada sintiendo la asperece en la yema de su dedo, en un gesto de inquietud.

- ¿Mas café Royer? -preguntó la mesera, con jarra en mano para llenarla taza medio beber.
- Creo que no Maria...-la mesera asintió dejándolo solo, dobló el diario y terminó el café, levantó la mirada al escuchar la campanita de la puerta y una hermosa mujer vestida de ejecutiva cruzar la puerta, le siguió con la mirada, hasta que sus pasos se detuvieron frente a él.

Ahí de pie esperando la joven mujer de cabellos rojizos, que llevaba en la mano un portafolio, hasta cruzarse con sus ojos del color de los bosques tropicales, a través de unos lentes que le daban ese aire de experiencia, en sus labios una sonrisa amistosa.

- ¿Sr. Royer Noriega? -preguntó con voz suave y amable, éste solo asintió poniéndose de pie rápidamente viendo que no era muy alta a pesar de traer tacones, al ver que no decía mas.
- Lo siento... Ud. es... -dejó en el aire las palabras para que la joven de gran atractivo concluyera, una mano pequeña se extendió y por inercia él la estrecho.
-Susan Kina... -sonrió al verlo mas confundido-la editora me envió...-

Royer aun sorprendido por la pelirroja, sintió una extraña sensación de que la había visto en alguna parte, regresó de sus contemplaciones y sonrió a Susan invitándola a sentarse.

- Desea tomar algo... -ofreció gentilmente sin despegarle la mirada, no le atraía de forma sexual, simplemente le era enigmática, llenándolo de curiosidad, como cuando compraba un nuevo libro y le intrigaba poder conocer el final.
- Muy amable Sr. Royer... le molesto si sugiero si vemos su trabajo -sus palabras fueron serenas pero un toque de mando no se pudo ocultar, esto alimento mas su curiosidad y aceptó la proposición de la joven Susan.

Colocó la cantidad respectiva al consumo que había hecho antes de su llegada, se despidió como siempre de la mesera, que vio con desconfianza a la extraña mujer, pues nunca solía ver a ese tipo de gente rondar la cafetería.


Como todo un caballero abrió la puerta para ella, lo que le sorprendió es que al ver que no pasaba tuvo que pasar antes. Probablemente es de esas chicas modernas terminaron sus divagaciones cuando la vio ahí esperando.

- Y bien... -sacó sus llaves- ¿tiene algún transporte o iremos en el mío? -sugirió.
- No vivo lejos.. -avisó caminando a dirección opuesta del estacionamiento, espero ver duda en sus ojos pero solo vio seguridad- bien.. Vamos -indicó con la mano el camino.

- Después de Ud.-

Caminaron solo unas cuadras, en el camino veía de reojo a la joven, que caminaba a su lado de forma serena, de vez en cuando miraba algún estante por el que pasaban, era obvio que no radicaba en la ciudad, al fin llegaron a una casa de dos pisos, no era una zona residencial, pero era cómoda a la vistas desde el exterior.

Poco después se encontraban en el gran despacho del escritor, que a su espalda tenía una gran colección de libros, los ojos verdes estudiaron detenidamente el lugar como buscando algo que no cuadrara, movimientos que Royer no se enteró.

- Tome asiento por favor -y así lo hizo la editora y espero a que el escritor comenzara.- Bien.-

De una de las gavetas del modesto escritorio, saco un juego de hojas de gran cantidad, la pelirroja ni se molestó en mirarle seguía a como se había sentado. Eso puso nervioso a Royer pensando que eran exigentes pero no para tanto.

- Sr. Royer.. no me mal interprete -dijo como si leyera su mente- Por que no iniciamos de forma paulatina... probablemente sea la primera vez que pida asesoria... por que no.. me explica en grandes rasgos el contenido de este libro... -colocó sus palma sobre el paquete de hojas- que le ha dedicado valioso tiempo...-

Intrigado, aunque satisfecho ante la opinión de la joven, asintió al ver el interés, prácticamente le pedía relatar su trabajo.

- Por supuesto Srta. Desea algo de beber... -la joven negó- supongo que al punto... no le mentiré este trabajo fue construido por mi padre... su sueño fue que yo lo terminase dejándome pistas... -respiró hondo recordando a su padre- aunque he tenido algunas dudas... si fue verídico o solo la imaginación -la miró para esperar su aprobación.
- Le escucho.. Sr. Royer... -colocó en el suelo el portafolio y prestó toda su atención, iba ser un día interesante, tal vez un principio o el final de otros pensó Susan, sonriendo para ocultar sus pensamientos, Royer sintió un escalofrío que intentó ignorar, para relatar su historia...


Capítulo 1
Encuentros Casuales


Aun no amanecía, pero el despertador comenzaba anunciar la hora para la que fue programado, una mano se extendió y lo apagó sin tanta inquietud, ya tenía mas tiempo de haber despertado, se encontraba recargada sobre el respaldo de la cama individual, sus ojos perdidos mirando la ventana donde en el exterior estaba en penumbras.

Inclinó su cabeza mirando las arrugas de las sábanas, sus cabellos a cairelados cayeron como cascada cubriéndole el rostro, mirándose los dedos de sus pies como si fuese la primera vez, lentamente el sol comenzó ahuyentar la oscuridad; iluminando la habitación, hasta llegar a la figura que estaba sentada en la cama, sus pies desnudos y sus cabellos del color de sus rayos fueron mas claros.

Un pitido la saco de la concentración en la que estaba, sus ojos verdes se centraron sobre la contestadora emitiendo una luz intermitente roja, indicando un mensaje.

Su expresión de inquietud no desapareció, tenia largo tiempo que aquellos sueños no le perturbaban, simplemente fue hacia la maquina y pulso el botón para rebobinar la cinta, solo unos sonidos fueron emitidos, asintió para si, al entender lo que significaba, borro la cinta, y se dirigió a la ducha.

Después de asearse, ponerse ropa limpia, cruzó el salón donde tenía una enorme mesa de billar para llegar a la pequeña cocina, prendió la cafetera y colocó agua, buscó en las gavetas, suspiró resignada al no encontrar café.

- Dichoso mi día... -murmuró al vacío del departamento, vestida de jeans y una blusa sin manga color marrón, tomó llaves y la chaqueta que colgaba en el perchero cerca de la puerta.

Cruzando las calles logró llegar a una tienda cercana, el tendero le sonrió familiarizado, pues era una clienta especial, no conocía su nombre ni nada al respecto, y cuando venían no cruzaban mas de tres palabras, solo le alegraba ver esos inteligentes ojos verdes, no como otros clientes que todavía pensaban que iban a comprar, haciendo preguntas tontas.

De la sección de vino tomó una botella de la cual siempre llevaba, llegó hasta la caja para pagar por los productos, el viejo tendero sonrió nuevamente.

- Se te ha acabado el café -comentó, la sonrisa de la joven corroboró lo dicho, el viejo se metió en la bodega y colocó un saquito oscuro- me acaba de llegar y como eres la única persona que bebe este café... -la apuntó en la caja registradora.

-Es Ud. Muy amable... -pagó la respectiva cantidad y salió sin mas de la tienda. Don Diego... solo se preguntaba que hacia una chica inglesa en la ciudad de San Francisco.

Colocó la chaqueta en la silla, y continuó preparando el café, al salir de la pequeña cocina, miró fijamente la enorme mesa de billar donde estaba su PC portátil, una impresora y un fax, tomó la bola 8 y la hizo rodar por la aterciopelada mesa ésta pegó en tres esquina en forma de zigzag, retornando a su mano.

Ingresó su password esperó los leves tonos para entrar a conexión, inmediatamente la respuesta llegó enviándole spot, de la llegada de un Senador de la ONU, que asistiría a un congreso en contra del terrorismo en el país, para firmar un tratado de convenio sobre la guerra que se había desatado en el Reino Unido.

Un e-mail especial figuró indicando ser atendido, la luz se reflejaba en el rostro sereno de la bella joven rubia, un viento frío la hizo desviar su atención, sin mas su mano se dirigió a la parte inferior de a mesa donde estaba una funda con un arma, sus dedos lentamente deslizaron el arma, y con la mirada observo la ventana abierta.

Comprobó el cerrojo, no había sido forzado, reviso el balcón y solo vio un perro ladrándole probablemente a un gato en el callejón, suspiró cansada, sin mas se recargó en el barandal, mirando hacia la calle donde la gente pasaba muy poco.

Cerró un momento los ojos, aspirando el aire fresco, un aroma singular entró a sus pulmones jazmín.

Flash Back

- Que hermosas -comentó una pequeña niña de cabellos de oro, una hermosa mujer sonrió y tomó el objeto halagado, cortándola adecuadamente del resto.
- Se llaman jazmín... -dijo la bella mujer depositando la flor en las pequeñas manos.
- Jazmín... -susurró la pequeña dama, viendo a los ojos verde miel de la mujer de cabellos dorados, que le sonreía amorosamente.

Los ladridos la sacaron de los recuerdos perdidos, los gestos pacíficos desaparecieron por unos serenos, miró de reojo algo que no había estado antes, una hoja que revoloteaba con el viento; que no era arrastrada por la flor que le presionaba.

Con calma tomó la flor de jazmín, alguien había irrumpido su espacio personal y eso era peligroso.

- Creo que iré de paseo... -retorno al interior, e imprimió la información necesaria, tenía trabajo, ató la correa de la funda en su brazo quedando a su costado izquierdo, colocó el arma y después su chaqueta, sería un viaje de ida y vuelta, tomó su pasaporte.


El clima caluroso no le molestó, modestamente lentes oscuros cubrieron sus ojos, en un gesto casual alejó cabellos cortos de su frente, cruzó la avenida junto con otro grupo de peatones.

Llegado a su destino, logró ver el gran grupo de prensa que asediaba e intentaba conseguir una pequeña entrevista entre tanta seguridad que rodeaba al viejo senador, que amablemente les pedía tiempo.

A la distancia con unos binoculares observó que el senador tomó otro auto mientras que la limosina servía de señuelo para la prensa, calculó las probabilidades, las cuales no estaban a su favor, tendría que esperar, el cual no sería mucho tiempo.

El sol se despedia dando los últimos rayos, dejando lentamente a la luna ocupar su lugar, la oscuridad la habitación del hotel desapareció con un clic en el apagador, lanzó las llaves sobre la mesa de billar y dejó a la ligera la chaqueta sobre la silla reclinable, desenfundó el arma dejándola sobre la mesita.

Fue una tarde cansa, el agua fría aliviaba lo tenso de sus hombros, curiosamente leía aquella propaganda que había encontrado en la terraza, algo le molestaba, curiosa de no saber que es, volvió a tomar su chaqueta, tirando el papel en el basurero mas cercano Concierto de beneficencia, de niños huérfanos, a las 8:00pm en el Anfiteatro de la alameda... violinistas prodigio.

Se fijo en el enorme reloj de la catedral indicando las 7:00pm, lo comprobó con la de la pulsera, que tenía cinco minutos adelantado.

No había mucho público, y por consiguiente muchos asientos libres, principalmente los de atrás, faltaba tiempo para que iniciara, así la rubia escogió un lugar al azar, sin esperárselo la gente comenzó a darle vida, por suerte o casualidad la fila donde estaba no fue ocupada, parecía que la gente prefería cerca de escenario.

Un tipo alto y calvo vestido de smoking se situó cerca del micrófono y pidió amablemente silencio, anunciando la llegada tan esperada del prodigo, el suave sonido del violín inundo el entorno atrayendo a su público apreciar, un pianista acompañó aquella melancólica melodía, la rubia esperó un momento mas y cansada, decidió salir, colocó una cantidad de dinero en el enorme recipiente donde ya había una donación grande.

El anunciador, anunció a un segundo violinista, en un solo, por extraña razón se detuvo a medio camino, vio una figura alta tomar asiento en el banco en medio de ese espacioso escenario, su vestimenta no era la adecuada, pero al público no le importaba, se sentó mas cerca, para ver a una mujer de cabellos oscuros, que cubrían sus ojos como una cortina, sus dedos largos tomaron el violín colocándolo sobre su hombro.

Comenzó a tocar, como si estuviera en otra parte y no ante los ojos atentos de tantas personas, la rubia quedó casi hipnotizada por el aura de misterio que expiraba aquella mujer, terminó y todos aplaudieron.

Que perdida de tiempo se reprendió dando una vuelta para salir, de nuevo otra música entró en sus oídos, haciéndola erizarse la piel, al darse vuelta para ver el escenario, se cruzó con unos ojos apacibles y con disimulada paz.

Una extraña sensación le invadió.

¿Qué demonios? La música terminó, y sintió la mirada penetrante de la violinista, se perdía entre las cortinas, sin agradecer los aplausos de su pequeño público. Sacudió su cabeza para borrar esos recuerdos.

El ruido de la multitud le hizo bien, siempre le gustaron los lugares con mucha gente, se felicitó mentalmente, era lo que necesitaba relajarse, la televisión del bar anunciaba el tiempo.

- Cambiamos un momento, por un boletín de último momento, se encontró muerto al Senador, la circunstancia del deceso aun se desconocen... en otras noticias... -miró la pantalla sin hacerlo, solo concentrándose en el sabor de su bebida, el barman amablemente lo rellenó y cambio de canal.

Así como esas miradas que cruzan con la tuya y la sensación de ser observada, fueron las alarmas que indicaron a la rubia retirarse del bar, una presencia diferente de todas, le hizo encender su adrenalina, una figura alta, a la distancia, solo el humo del cigarrillo indicaba que estaba ahí en la oscuridad.

Siguió a su observador, dejando de ser presa para terminar cazando, el objetivo lo notó y se movilizó con rapidez entre los cuerpos que bailaban a ritmo de una canción de fondo, las luces intermitentes dejaron ver que corría, esto le hizo acelerar sus pasos hasta dar con la salida de emergencia que como siempre termina en un callejón junto a un vagón de basura.

- Mierda... -murmuró entre dientes buscando aquella persona, su respiración calmo y salió sin rumbo fijo, en la salida del callejon, le llevaba al parque céntrico de la ciudad, en el camino chocó con el hombro de alguien, no fue el golpe que le hizo girar sino el aroma que emanaba, ¿qué Demonios pasa hoy? Se preguntó al percibir por vez consecutiva el olor aquellas flores de su pasado.- ese olor... -susurró.

Como si hubiera sido escuchada, la persona giró su cabeza levemente para mirar detrás, la rubia se fijó en sus serenos ojos azules, una mirada casi perdida, aquellos par se cerraron un instante y una mueca de incertidumbre se formó en los labios de aquella mujer, que retornó sus pasos, liberando su cabellera oscura, que se perdía entre su chaqueta negra.

La violinista..

La siguió, las casualidades no existían para la rubia, al pasar por unas calles solitarias, perdió la pista de aquella trigueña, gruñó mentalmente, y con perfección dedujo que no estaba muy lejos, probablemente se ocultó.

- Es curioso... que algo tan pequeño te traiga recuerdos. -una voz surgió a sus espaldas, el instinto de la rubia le hizo llevar su mano a la parte trasera de su cinturón, para sentir el frío metal de su arma, y el dedo índice acomodarse en el gatillo, sin embargo no la sacó, esperó a que continuara.

Nuevamente de perfil vio el rostro de la trigueña, una bufanda cubría la mitad de su rostro, así que no podía decir que aquellas palabras surgían de sus labios.

En las manos enguantadas tenía una flor de jazmín girando en las yemas de sus dedos, lentamente la llevó hacia su nariz oliéndola profundamente, cerrando los ojos para disfrutar aquella fragancia.

- Pero si no tienes recuerdos... -la morena se detuvo abriendo los ojos bruscamente y sin previo aviso se hecho a correr, dejando la flor tirada, al percatarse la rubia le siguió, hasta llegar a una fábrica abandonada, sacó su arma y caminó con mas calma pero precavida.

Aun inexplicablemente sentía curiosidad por aquellas palabras tan ciertas, estudió detenidamente el lugar, hasta llegar a unas enormes escaleras de fierro, que tuvo mejores tiempos.

La llegar a la parte superior vio de nuevo a la morena sentada en la parte final de una barda a medio construir, la rubia reafirmó su agarre en el arma pero sin apuntarle.

- Es duro no tener recuerdos de nada... solo la satisfacción de algo que probablemente debería tener un sentido de tu pasado... -esta vez si la miró directamente, confusión reflejaban aquellos dos acerados ojos. La morena levantó la mano para liberar una cadena, del cual pendía un objeto.

Los ojos verdes se dilataron al reconocer, pero antes de que pudiera decir o hacer algo, unos disparos la obligaron a ocultarse, buscó a la trigueña, que también le disparaba, sorprendida la vio lanzarse de la barda y corrió a ver que sucedió.

- Ahí esta!!! -avisó uno de los hombres que seguían a la morena y al verle también la comenzaron a seguir, al verse acorralada, no tuvo mas opción que repetir la estupidez de la morena lanzándose, cayendo casi, se agarró fuertemente de la orilla del siguiente piso.

- Demonios... -gruñó, y recuperó el equilibrio, esquivó varios tiros que iban dirigidos hacia ella, devolviéndole unos para ganar tiempo.

Todo fue tan rápido, que ya no escuchaba los pasos acelerados de aquellos extraños ni vio la figura alta de aquella morena, y de la nada surgieron dos de aquellos hombre que no volverían a ver otro día, dos tiros y ambos cuerpos muertos en el suelo.

Mas tiros y ruido la distrajo, entre toda esa maraña fue hasta donde estaban desatándose aquellos eventos, silencio absoluto, por segunda vez un hombre de traje salió entre las ruinas de paredes, con las manos en alto para demostrar estar desarmado, aun con la desconfianza la rubia le apuntaba, lentamente se fue acercando.

Un golpe en el brazo le hizo perder el arma, otro de los secuaces estaba oculto que aprovechó su descuido, el enemigo tenía el arma y le apuntaba, en su rostro no había duda que la mataría, cerró los ojos para recibir el tiro de gracia. Y todo por un violín.. pensó, pero el tiro nunca llego.

- ¡Rayos! -exclamó, un crujido se escuchó, los ojos verdes se abrieron para ver a la morena estrangular al tipo con su corbata, el otro le apuntó para ayudarle, pero uso el cuerpo de primero como escudo y catapulta, haciéndole perder el arma, y enterrándose un tubo en el abdomen.

Su rostro no mostraba expresión, otro ruido indicaba la presencia de alguien mas, con un golpe a las maderas impulsó el arma la morena para capturarla en el aire y sin voltearse disparó dos veces, dos mas habían caído, del otro lado un muchacho asustado surgió.

- No me mates... no estoy armado... -lloriqueó rogando por su vida, la rubia aun en el suelo vio los movimientos de la morena, que bajó la cabeza y el arma, esto indicó que le perdonaba la vida, el muchacho corrió despavorido, pero a la distancia sacó su arma para dispararle a la morena, la rubia intentó prevenirla, pero cuando la voz regreso a ella, un agujero diminuto y humeante era notorio en la cabeza del chico.

Boquiabierta vio como caía inerte al suelo, y la serenidad volvió a su rostro al ver que su propia arma era usada por esa extraña que le apuntaba en la frente, la rubia esperó.
Los ojos azules se cerraron y abrieron, con la misma rapidez que hizo girar el arma en su mano para que el mango quedara al frente de la rubia en forma de ofrecimiento.

Dudosa, extendió la mano para tomar su arma y dolorosamente se incorporó, de cerca se dio cuenta de lo alta que era la morena, pero no le intimidaba, sin embargo no pudo evitar un quejido, al sentir un dolor en su brazo, que comenzaba a sangrar.

Escuchó un rasgado y luego su brazo herido fue cubierto por pedazo de manga de camisa blanca.

- Servirá temporalmente -la voz ronca de la morena le devolvió la razón, pero no atentó contra su vida.- aun no comprendo que pasa... -vio el cuerpo mas cercano del cual emana sangre, miró su mano- no siento remordimiento por mis actos... -dijo como si estuviera sola. Hablando para si.

Los ojos verdes también se fijaron en los cuerpos alrededor, nunca se inmutó por eso, por que era parte de su trabajo.

- Por eso quería encontrarte Aprill Knox -los músculos de su rostro se tensaron al oír su nombre en los labios de una desconocida, le apuntó sin vacilar.- O puedes matarme aquí.. sin saber mis razones... -le mostró el relicario.

Flash Back

Parecía inalcanzable aquella puerta, solo tenía que girar la perilla, sus dedos pequeños intentaron cubrirlo, y darle vuelta, del otro lado, solo el sonido de aquel relicario sonando como si siempre hubiese estado ahí, aquellos ojos verdes se dilataron en shock, incrédulos a lo que veía.

La casa era espaciosa como para una familia, la cocina corroboraba esa observación, Aprill esperó en la mesa a que llegase la morena con el botiquín, la puerta corrediza se abrió para dejar entrar a la morena con el pequeño maletín, que deslizó hasta las manos de la rubia.

- Gracias -dijo fríamente, y inicio su curación sin despegarle mirada a la morena, que parecía despreocupada mirando una tarjeta.
- Siento mucho... el disturbio... -habló por fin la morena después de un rato, Aprill la miró desconfiada- no imaginé que me encontraran...-

Sacó un arma, la rubia no oculto su sorpresa al tantearse la cintura y encontrar nada, la morena la desarmó con facilidad.

- Aprill Knox... -decía su nombre como si antes lo hubiese dicho tantas veces- necesito tu ayuda... para resolver ésto -volvió el arma ya limpia a su dueña.
- ¿Quién eres? -preguntó inquieta sin demostrarlo.

Le deslizó una identificación, la cual tomó, la foto de la morena venia ahí, el nombre Kain Dylan, le sorprendió al verle que era mucho mas joven de lo que imaginaba.

- Arch Dylan, funcionario de la asociación gubernamental... -refiriéndose al apellido- Su familia se trasladó a la zona norte de América -le devolvió la identificación.- no tienen hijos... ¿quién eres en realidad?... -sus ojos se perdieron en el relicario, la morena cerró sus ojos negando con la cabeza levemente.
- No lo se... -susurró imparcial, mirando a Aprill, a pesar de su amnesia, el rostro de la rubia le era tan conocido pero... de donde.- no recuerdo nada, solo cuando desperté... -cerró sus ojos un momento.
- No recuerdas nada -repitió lentamente, mirando sus facciones- ¿cómo me encontrasteis...?-
- Aprill Knox, la mas contratada y mejor asesina asueldo del sur de Francia... -mencionó Dylan como un anuncio de galleta, pero sin gracia alguna.
- Que te hace pensar que puedo ayudarte... -inquirió la rubia, la morena abrió el relicario dejando fluir la melodía.

Flash Back

- ¿Qué es? -preguntó la pequeña. Mirando el objeto que tenía su madre en las manos.
- Es un relicario... -lo tomó de la cadena para mostrárselo, en el estaba tallado una hermosa figura de dos mujeres guerreras que se miraban de frente.
- ¿Quiénes son? -preguntó con ojos de curiosidad al ver que el objeto cabía en sus dos manitas, la mas vieja sonrió ante la curiosidad.
- Pequeña Dama... -intentó apaciguar su curiosidad, el relicario se abrió dejando fluir una armoniosa melodía. Con un reloj pequeño dentro.
- ¿Qué hora es?... -señaló las manecillas que apuntaban los números romanos.
- La hora de dormir Aprill... -besó la pequeña frente y le levantó en sus brazos.
- Jazmín... -murmuró adormilada, por el aroma que surgía de la cabellera rubia de la mujer que le llevaba en brazos.

- Mami... -llamó la pequeña, abriendo lentamente la puerta al jardín, apretó mas su Teddy para comprender lo que pasaba después de cruzar el umbral...

Con la mano cerró el relicario, sintiendo un indicio de jaqueca, sonrió indulgente quitando la mano para tomar su arma. Intentando controlar una oleada de sentimientos.

Giró el arma en su mano apuntando a Dylan que cambió su semblante a uno de alerta, el arma giró de nuevo en su mano poniéndola en la mesa.

- Primero, mi labor siempre suele ser anónima y me gusta la libertad... -se puso de pie para continuar- segundo trabajo sola, y no necesito andar de niñera... mi trabajo no es investigar... -la morena vio sus intenciones de salir, sintiendo se perdida.
- Aprill.. por favor ayúdame... -Aprill pareció considerar- solo deseo saber mi verdadera identidad... te propongo un trato -murmuró la morena con semblante abatido.

Aprill miró la espalda de la morena, no parecía indefensa a pesar de ser mas joven que ella, se preguntaba por que razón se sentía casi ligada a ella, probablemente los destinos estaban divirtiéndose con ella... Probablemente...


La noche se iba despidiendo como ellas de el, la morena veía con interés el río pasar.

- Ya tengo tu pasaporte, lo cual no fue difícil con tu NIP, espero que tengas todo lo necesario...-
- Si. -ajuntó su mochila en el hombro, sosteniendo en la mano la chaqueta, caminando hacia la rubia.
- Lista? -preguntó mirando el perfil de la morena, que asintió mirándola a los ojos, por un momento se contemplaron, hasta que anunciaron su vuelo.

A la distancia alguien les observaba, solo sonrió sin mas, dejando escapar el humo del cigarro, la multitud le hizo desaparecer.

Cuando llegaron a su destino, los ojos de zafiro se perdieron en la ondulación de la bandera francesa.

Me siento en casa... sintió el acercamiento de la rubia, indicándole un taxi tal vez... ya lo este... miró los ojos con experiencia de la rubia, que desapareció al entrar al auto, esperándola a que entrara.

- Bonjour... -saludó el taxista.
- Bonjour... -devolvió Aprill, que observó los gestos de la morena al perder su mirada entre las calles...

Continuará...


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