Renuncias: Se parecen a ciertas heroínas que ya conocemos pero los personajes de aquí son míos ja!
Subtexto: Pues claro.
Avisos: Es una historia de amor entre dos personas del mismo sexo, si te ofende o eres menor, vete a dar una vuelta, y si no es así no digas que no te lo advertí.
Dedicatorias: Como siempre a mi musa, y a quien se tome la molestia de leerla, y a todas las bardas.


LA VIEJA CASA ENCANTADA A LA ORILLA DEL RÍO

Autora: XenaDena

Cuarta parte

Zaira miraba desde la ventanilla del coche a la gente que empezaba aparecer en el pueblo por arte de magia, un pueblo que parecía ayer casi desabitado, estaba lleno de energía y voces hoy. Llegaron y pasaron la mañana terminando de poner las cosas al gusto de todos. Ya era la tarde cuando acabaron de colocar casi todo, al menos lo que más se hace servir. Era hora de explorar el pueblo conocer a alguien ser sociable.

- Mamá, Papa me voy a dar una vuelta por aquí cerca-. Los padres asintieron, hacía frío fuera por lo que cogió el abrigo y la bufanda y se la puso antes de salir.

Zaira se acercó al río de enfrente de su casa, era cristalina y parecía ser agua buena. "Debe ser agradable mojarse aquí en verano". Siguió caminado sin darse cuenta que se había alejado mucho más de lo que quería, estaba al lado de una plaza donde había una fuente de un pez y de un niño que echaban agua. Y vio venir aquella chica pelirroja que había visto en la tienda.

- ¿Hola me recuerdas? Nos vimos esta mañana-. Dijo la chica sonriente.
- Hola, si me acuerdo-. Zaira le devolvió la sonrisa.
- Ya he plegado y me pareció verte, y me dije vamos a decirle hola-. Zaira pudo ver que la chica no deja de sonreír ni un momento.
- Estaba dando una vuelta, para conocer un poco esto-. Zaira no sabía que decirle la acababa de conocer hoy.
- ¿Conoces a alguien aquí?-. Preguntó la chica de nuevo con su curiosidad.
- No, a la primera que he conocido es a ti-. Contestó Zaira.
- Si quieres damos una vuelta juntas, y te cuento cosas del pueblo y esas cosas.
- Me parece bien, gracias.
- No hay de que.

Estuvieron caminado bastante, Madelyn le enseñó donde quedaba la universidad, era un centro muy grande, Zaira le preguntó por el tamaño y Madelyn le contestó que una parte era el instituto. Llegaron a la misma plaza de antes y Madelyn se sentó, Zaira también, había caminado muchísimo.

- Sabes Zaira, aún no sé tu edad.
- Tengo diecinueve ¿y tu?
- ¿Cuántos me pones?-. Sonrío Madelyn.
- Te pongo veinticuatro-. Zaira se sobresaltó por la risa de Madelyn.
- Tengo veintiuno. Que mal ojo tienes para estas cosas-. Zaira se la quedó mirando y al final sonrío. " Pues si que es rara esta chica".
- Es tarde tengo que volver, mis padres estarán preocupados, no les dije que tardaría tanto-. Zaira se levantó seguida por Madelyn.
- Es verdad es tarde, quieres que te acompañe, ¿por dónde cae tu casa?
- Es subiendo por aquella calle, la que esta al lado del río-. Zaira señaló hacía arriba, y cuando se giró vio que la cara de la chica esta desencajada.- ¿Te encuentras bien?
- Tenéis que tener cuidado, no puedo acompañarte, lo siento pero tengo que marcharme-. La chica se fue alejando poco a poco.
- Por qué tenemos que tener cuidado, no lo entiendo Madelyn-. Ya muy lejos la chica gritó.
- ¡¡¡Esta encantada!!!-. La chica desapareció corriendo, como si hubiera visto un perro con tres cabezas. Zaira caminó hasta su casa y se veían las luces encendida desde fuera.
- Ya he llegado.
- Estamos en la cocina, ven-. Zaira fue su madre estaba preparando la cena fuera lo que hiciera olía bien.
- ¿Qué ya has conocido a alguien?-. Preguntó el padre mientras tomaba su cerveza y leía periódico.
- He conocido a la misma chica del supermercado, se llama Madelyn, me enseñó bastantes cosas del pueblo, me contó cotilleos, y después cuando nos despedíamos y supo donde vivía se puso muy extraña y cuando le pregunté que si estaba bien me dijo que tuviéramos cuidado, le pregunté por qué y me dijo que esta casa esta encantada y salió corriendo.
- No te creas esas cosas, que una casa no puede estar encantada.- El padre río- seguro que te ha tomado el pelo-. Zaira pudo ver que su madre se tensaba.

La cena fue en familia como siempre, comentando sobre lo que habían hecho hoy, o sobre lo que harían mañana. Pero una cabeza de la sala le daba vueltas a otro tipo de cosas.
La noche resultó tranquila y serena, ningún sonido extraño se escuchaba, Zara pudo dormir esa noche, sus miedos se esfumaron. "Quizá fuera mi imaginación, mi malestar de estar aquí".


Esa misma noche, en esa misma hora en el bosque algo sucedía

Un grupo de mujeres y hombres prendieron una fogata en el bosque, y se sentaron, el mayor de ellos se quedó de pie, y comenzó hablar.

"Abro la sesión de luna llena, como ya sabéis tenemos más libertad, pero aún nos tenemos que ir escondiendo, pues los del pueblo no lo acaban de aceptar".

- Pues convirtámoslos en ranas-. Gritó uno de los chicos jóvenes, otros rieron, otros lo miraron con cara severa.
- No eso nunca, no hacemos el mal, hay que respetar a todo el mundo y si no opinas igual que el resto te pido que te despidas del grupo y vayas a uno con tus mismos pensamientos-. Respondió el sabio que así lo llamaban todos por su avanzada edad y por su gran sabiduría.
- Perdóneme sabio, fue de broma, opino como usted, pero no cree que eso no es justo, los del pueblo nos han hecho sufrir desde hace muchísimos años, nunca los convertiría en algo pues no poseo tanta fuerza, pero escarmentarlos sí-. Sé oyó muchas voces a favor.
- Algunos utilizan las cosas que sabemos para el mal, nosotros para el bien, no hacemos nada a nadie solo aprendemos, ellos se sienten avergonzados por como nos trataron hace bastantes años-. Ahora fue una mujer la que habló.
- Tiene usted razón, pero muchos de los del pueblo que sospechan, nos miran raro nos hacen comentarios que están fuera de lugar, nos humillan, algunos nos tiran cosas cuando no los vemos, y otros se burlan, sinceramente no creo que todos se avergüencen del pasado, si por ellos fuera la persecución seguiría.
- Tienes que tener paciencia, tienes que sentirles lástima, no odiarlos, tampoco los necesitan para nada esas personas, y ahora empecemos hablar del tema más importante para nosotros y es parar los pies a la bruja Xelian-. Algunos al oír el nombre se estremecieron, era una bruja joven pero cruel, tenía unos profundos ojos azules, que te dejaban en el sitio en cuanto los mirabas, era una bruja con mucho poder y con mucha maldad, se divertía con los sufrimientos de los demás.
- Yo no la conozco sabio, ¿pero tan peligrosa es? ¿Tanto nos tenemos que preocupar por ella?
- Se nota que no la ha visto-. Dijo otra mujer del grupo resoplando.
- Si hay que estar con los ojos bien abiertos, pues ellas los tiene, tiene la capacidad de observar y escuchar todo como los animales, ahora mismo nos podría estar escuchando, primero observa a su presa, como una leona, como una águila y cuando la tiene donde la quiere, la ataque sin piedad-. Hubo un profundo silencio.
- ¿Y qué tenemos que hacer gran sabio?-. Preguntó una mujer de mediana edad.
- Solo estar atentos, sé que trama algo, esta todo demasiado tranquilo, no os dejéis engañar, algo sucederá, y ahí intentaré estar yo para evitarlo.
- ¿Ahí estaremos todos verdad?-. Dijo la misma mujer que antes, todos respondieron con un si o con un claro, pero muchos de ellos, los que la conocían de verdad no estaba del todo seguro, porque quien se enfrentaba a ella nunca lo volvían a ver. Todo el grupo se fue yendo en silencio, en la oscuridad, por diferentes caminos, asta llegar a su hogar.


No muy lejos de allí

- Que aburrimiento, seguramente que están reunidos de nuevo, que patéticos son, uf me cansa ir a verles, solo de verlos me producen arcadas-. Una silueta se movía en la oscuridad de su mansión.

- No hay ninguna cucaracha para divertirme, ah ya sé, Bernie ven.
- Si mi señora, ¿qué desea?-. Un hombre con traje impoluto y aspecto cansado se presentó.
- Me aburro, te he llamado porque quiero divertirme-. Río y le apuntó con el dedo diciendo unas palabras, el hombre se había convertido en un mono, volvió a darle, y lo convirtió en el mismo hombre pero vistiendo un tutu. La chica puso cara de fastidio.

- Ya te puedes retirar Bernie, saldré a divertirme fuera, tengo gente que atormentar jaja.
- Si mi señora, vaya y diviértase-. Dijo marchando el hombre ahora vestido con tutu.

Continuará...


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