Renuncias: Se parecen a ciertas heroínas que ya conocemos pero los personajes de aquí son míos ja!
Subtexto: Pues claro.
Avisos: Es una historia de amor entre dos personas del mismo sexo, si te ofende o eres menor, vete a dar una vuelta, y si no es así no digas que no te lo advertí.
Dedicatorias: Como siempre a mi musa, y a quien la lea, y a todas las bardas.


LA VIEJA CASA ENCANTADA A LA ORILLA DEL RÍO

Autora: XenaDena

Tercera parte

Zaira oía mormullos de voces sin comprender que decían, pero eran aterradoras, toda esa sensación duró una hora, y al fin pudo moverse, su respiración a pesar de ir más rápida de lo normal se empezó a calmar.
Pudo encender y ver con claridad que su cuarto no había nadie, pero ella había sentido una presencia que la había atemorizado, no pudo pegar ojo en toda la noche, y al ver que no sabía que hacer empezó a buscar en sus cosas y sacar un libro para leer, no le importaba lo que leía solo se quería ese malestar que tenía, estuvo leyendo hasta que amaneció, y sonó un suave toqueteo en la puerta.

- Pasa -. Zaira supuso que era su hermana, pero al ver que no entraba nadie, se levantó con pereza de la cama y al abrir la puerta no vio a nadie, en ese momento pensó que lo había hecho su hermana y había salido corriendo. Se desvistió y se puso un chándal cómodo para arreglar el resto de cosas que le quedaban y bajo a desayunar su estómago ya le protestaba.
Al bajar comprobó que aún no había nadie despierto, así que se fue a la cocina a buscar algo que comer, no tenía mucho donde elegir, solo algunos restos que había sobrado del viaje, cogió un zumo de piña que quedaba y galletas lo único entre otras cosas que había encontrado, necesitaban ir de compras con urgencia.
Su mente comenzó a divagar volviendo acere dar su corazón "si están todos durmiendo, quién pico a la puerta". Para asegurarse subió las escaleras de nuevo y abrió la puerta de su hermana con cuidado de no despertarla, su hermana no estaba. "¿Pero dónde esta?". Se fue a la habitación de sus padres cuando vio lo que había dentro se relajó y suspiró, estaban los tres en la cama durmiendo. "Seguro que ha tenido miedo, no esta acostumbrada a dormir sola". No se dio ni cuenta que su madre acababa de despertar.

- ¿Has dormido bien?- Zaira se sobresaltó, la madre se preocupó.- ¿Zaira hija estas bien? Tienes mala cara, anda ven.- Zaira se acercó y se sentó en la cama.
-Estoy bien, solo que no he dormido mucho, y estoy cansada-. No le contó todo seguro que no le creerían.
- ¿Por qué no dormiste? ¿Extrañas tu cama cariño?-. Melinda que así era como se llamaba su madre, miró a su hija a la espera de la respuesta.
- Tuve frío, mi cuarto es muy húmedo y frío, la cama es muy cómoda, mamá tenemos que ir a comprar si no, no vamos a poder comer nada.
- Tienes razón hija, me visto ahora, como algo, y vamos-. Melinda salió de dentro de la cama y cogió unos pantalones de pana de color negro y una blusa color crema, en ese momento despertó Laia, con sus mofletes colorados. Melinda se acabó de vestir, y abrió otra maleta, y sacó un pantalón de pana más pequeño color rosa y un jersey marrón con una flor en el medio y lo tendió en la cama.
- Laia a vestirse que nos vamos a comprar-. Laia se estiró, y se vistió y fue corriendo al baño por donde minutos antes había desaparecido su madre.

Al rato ya estaban listas, habían quedado que irían las tres a comprar y que el padre se quedaría a mirar si la casa tenía algún desperfecto. Bajaron en coche por la misma calle que habían subido, en busca de alguna tienda abierta.

- Decirme niñas si veis alguna tienda-. Laia vio un pequeño supermercado en una estrecha calle, tuvieron que aparcar el coche en otra calle, pues en esa no cabía. Fueron caminado hasta llegar, y entraron cogieron un carrito, Zaira se extrañó de no ver a nadie en la caja. Fueron comprando lo que necesitaban. Al llegar a la caja a cobrar ya había una chica joven de unos veinticuatro años pelirroja.
- Buenas, discúlpenme la osadía ¿pero no son de aquí verdad?-. Preguntó la chica llena de curiosidad.
- Hola, si no somos de aquí, somos de un pueblo de Nueva Jersey-. Contestó Melinda. La chica empezó a contar las cosas, y Melinda las pagó. Salieron del establecimiento despidiéndose de la chica, no había hablado mucho más, pero a Zaira le pareció simpática y muy, muy curiosa.
Volvieron rumbo a su nueva casa, estaba curiosa por conocer a la gente que ahora comenzaba a notarse.

Continuará...


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