Reinhardt estaba temblando. Cerró la puerta de la oficina de Muller y permaneció ahí
por un momento tratando de controlarse. Los guardias lo miraron pero no dijeron una
palabra. Habían oído gritos viniendo de la oficina de Muller y estaban bastante
agradecidos de estar afuera en vez de ahí con su comandante.
Reinhardt acomodó su uniforme y verificó su fusil. Con un ceño, él giró y subió muy
fuerte las escaleras de madera hacia la oficina de Eva y, sin llamar, abrió la puerta
de golpe y entró. Eva levantó la mirada mientras oía los fuertes pasos dirigiéndose a
su puerta. En vez del golpe usual, la puerta se abrió de repente y ella vio a Reinhardt
dirigiéndose directo hacia ella.
"¡Espero que tengas una buena razón para entrometerte así!"
Reinhardt azotó la puerta y giró. "Cierra la boca," Reinhardt ordenó mientras caminaba
hacia ella, la agarró de la blusa y la levantó de la silla. "Eres una puta
inconformista," gritó y golpeó a la mujer. Eva cayó al piso, mirando arriba sorprendida
y tocó con una mano su mejilla donde había sido golpeada. Su labio comenzó a sangrar
debido al anillo que el hombre llevaba.
Gruñó, "¡Levántate! Le vas a escribir una nota a tu puta. Le dirás que necesitas
encontrarla en el Francote de Atenas, en el cabaña." El gritaba las órdenes mientras le
agarraba el brazo dolorosamente y la levantó.
Se levantó inestablemente, tambaleándose todavía con confusión y en shock, antes de ser
tironeada hacia su escritorio por la mano aún agarrándola fuertemente del brazo. Fue
empujada en su silla y un fusil estaba apuntando a su cara. "¡Dije hazlo!"
Reinhardt le gritó.
Sus manos temblando, recogió su pluma y comenzó a escribir la nota. Cuando terminó,
Reinhardt la tomó y la dobló por la mitad, poniéndola frente a ella otra vez. "¡Escribe
'Zoe' en letras grandes!" demandó y entonces la colocó sobre su escritorio, mostrando
prominentemente el 'ZOE' para obtener la atención de la mujer.
"Levántate. Dame algún problema ahora y te juro, que tendré a esa puta tuya suplicándome
que la mate. ¡Ahora muévete!" Reinhardt gruñó, mientras tomaba a Eva por el brazo otra
vez y la llevó por el pasillo hacia abajo. Metió la cabeza en la cocina a donde Despina
estaba cocinando.
"¡Despina! Fraulein Muller y yo estaremos en el Francote de Atenas. Cerciórate que Zoe
sepa donde estamos y dile que nos encuentre ahí," le dio la instrucción y después salió
sin esperar respuesta.
Despina frunció el entrecejo ante la puerta ahora vacía. "Ese hombre tiene los modales
de un puerco," escupió las palabras. Pocos minutos más tarde, la puerta de la cocina se
abrió y un joven de cabello rizado entró. "Leftheri, ¿qué haces aquí?" preguntó el ama
de llaves.
"¡Kiria Despina, tengo que sacarla de aquí!" el joven dijo y tomó a la mujer
mayor por el brazo, girando para llevarla fuera de la casa. Despina se mantuvo firme y
el joven cayó de espaldas aterrizando de un porrazo en el piso de la cocina.
"¿Qué está pasando aquí?" Demandó.
Leftheri suspiró y se levantó del piso. "Mire, ¡la casa será bombardeada! ¿Ahora por
favor, podemos salir de aquí?"
"Bien, ¿por que no lo dijiste antes?" se quejó la mujer mayor. Se quitó su delantal y
siguió a Leftheri afuera.
Los dos griegos caminaron afuera, cruzando tranquilamente la calle y dirigiéndose por
la acera hacia el callejón. Parecía que sólo iban a dar un paseo, el hombre más joven
ayudando cortésmente a la mujer mayor.
Los guardias los miraron y uno de ellos reconoció Despina. Él se encogió de hombros y
cambió su atención a otra parte, despreocupado. Después de un momento más largo, el otro
guardia hizo lo mismo. Despina y Leftheri apenas habían doblado la esquina hacia el
callejón cuando el edificio estalló, mandando escombros volando por todas partes y los
fuegos empezaron.
Leftheri se asomó alrededor del lado de la pared y sonrió. "¡Buum Buum!" se dijo a si
mismo. Observaron, permaneciendo escondidos en las sombras, mientras los soldados
restantes corrían hacia los restos del edificio para tratar y apagar el fuego y ver si
había sobrevivientes. No lo consiguieron.
Cuando los soldados alcanzaron el frente del edificio en llamas y esperaban órdenes,
los combatientes restantes de la Resistencia empezaron su asalto desde posiciones
escondidas.
Una batalla de fusiles resultó rápidamente, pero los soldados alemanes se encontraron
perdiendo rápidamente, muchos de ellos dejaron insensatamente sus armas, del pánico que
resultó inmediatamente siguiendo la explosión.
Leftheri, observando la batalla, sintió un tirón en su camisa y Despina llamaba
urgentemente su nombre. La miró viéndola señalar hacia otra dirección. "¡Mira! ¿No es
esa Zoe?"
Mirando calle abajo en la dirección que ella indicaba, vio una figura corriendo con
torpeza hacia ellos. Después de un segundo, él reconoció la figura como Zoe, una
expresión afligida y asustada en su rostro. "¡Zoe!" le gritó, sin ningún efecto. Antes
de que la mujer llegara al callejón, Leftheri saltó delante de ella para obtener su
atención. No podía permitirle correr directamente hacia una furiosa batalla de fusiles.
Cuando ella aún parecía ignorarlo y trataba de pasar, él rápidamente la tomó alrededor
de la cintura y llevó a la mujer peleona al callejón.
"¡EVA!" Zoe gritó, habiendo visto los restos del edificio, dándose cuenta de que se
había tardado demasiado para salvar a su amante.
Zoe luchó contra el abrazo de Leftheri y él la agarró más fuerte, aguantando sus golpes
y patadas. Cuando ella trató de retorcerse y soltarse, él finalmente perdió su
equilibrio, desplomándose contra la pared del callejón, todavía persiguiendo
desesperadamente a una sollozante y gritona Zoe. Se deslizaron hacia abajo, Leftheri
finalmente fue capaz de envolver las piernas alrededor de las suyas y de tomar sus
muñecas para sostenerla todavía.
Zoe fue reducida a sollozos, la larga recorrida y luego las luchas para liberarse
agotaron su fuerza restante. "Eva... oh, Eva..." Estaba medio sollozando, medio
gimiendo el nombre.
Despina observaba mientras Leftheri finalmente tenía a la turbada mujer bajo control y
fue instantáneamente al lado de Zoe, abrazándola y acariciándole pelo, tratando de
ayudar a Leftheri a calmar su débil histerismo.
"Shhhh... calma, calma, pequeña". Inclinó suavemente la cara de Zoe, mojada con lágrimas,
para que la pudiese mirar.
"¡Pudiste haber sido herida si Leftheri no te hubiese detenido! ¿No viste a los soldados
ni oíste los fusiles?" preguntó, concernida.
"P- Pero la casa... Eva... oh Dios... ¡tenía que llegar con ella!" Zoe se atasco con
sus palabras entre sollozos.
"Eva no estaba ahí, dulce niña," Despina dijo con una suave sonrisa mientras empezaba a
secar el rostro de Zoe con un pequeño pañuelo. "Ella no estaba en la casa, Zoe. Salió
temprano con el Capitán Reinhardt." Dio a Zoe un pequeño beso en la frente, viendo a la
joven calmándose ante sus palabras.
Leftheri finalmente liberó a Zoe y la ayudó a levantarse. Le ayudó a sacudirse la tierra,
después él sacudió sus propias ropas mientras Zoe y Despina se abrazaban.
"Pero," Zoe estaba diciendo, "¿realmente no estaba ahí? ¿La viste salir?" Vio a la
mujer mayor asentir.
"Eva ha ido al Francote de Atenas. Ella y el Capitán Reinhardt dijeron que debías
encontrarlos ahí."
Zoe miró al ama de llaves y frunció el entrecejo. "¿Por qué Eva iría con Reinhardt? A
menos que..." La sangre se fue de su rostro mientras Zoe se daba cuenta de que Muller
debió haberse enterado de lo de ella y Eva. "¡Oh Dios mío!" Giró hacia Leftheri y agarró
sus brazos. "Leftheri, ¿podrías correr e ir por Thanasi? Dile que Eva corre peligro y
que Reinhardt la tiene. Tenemos que salvarla. Dile que me encuentre en el Francote de
Atenas."
Leftheri la miró, confuso. Zoe lo sacudió suavemente, sus ojos implorándole a los suyos.
"¿Leftheri, por favor? ¡Por favor no permitas que ella muera! ¡Debes encontrar a
Thanasi, rápidamente!" Lo liberó cuando asintió, después empezó a correr dolorosamente
hacia el francote mientras Leftheri fue a encontrar al líder de la Resistencia.
*****
"Así que, pequeña Eva, aquí estamos. Ahora, ¿dónde está tu mujerzuela?" Reinhardt
finalmente dijo mientras se sentaba enfrente de la mujer atada. Habían atado sus brazos
y las piernas a la silla y la colocaron en el centro del cuarto.
"Eres un cerdo, Jurgen," Eva dijo y sus ojos disparaban puñales a su anterior amigo.
Esperaba que Zoe no viera la nota que dejaron en el escritorio.
"Sabes, Eva, disfruté tanto ver a Greta ser empujada al tren con esos cerdos judíos.
Desearía que hubieses estado ahí para verla," Reinhardt dijo con una mueca. "No se veía
demasiado saludable para mí."
"Desgraciado," Eva escupió y tiró de los lazos para liberarse. La silla crujía mientras
luchaba sin ninguna utilidad, los lazos manteniéndola inmóvil.
"Sabes, tu padre quería que te matara. ¿Sabías eso? Dijo que ya no eras más su hija,"
Reinhardt dijo, queriendo herir a la mujer.
"No me sorprende," Eva suspiró. Su padre la habría matado de regreso en Alemania si el
hubiese podido escaparse con ella. Pero en el régimen del Fuhrer, él habría aparecido
débil e inútil si lo hacía. Un hombre que no podía controlar a su propia hija no podía
valer mucho para la Patria.
Reinhardt se rió. "Ah, sí, supongo no te sorprende. Sabes, habría disfrutado la paliza
que te dio; habría sido debido a todas las veces que te negaste a mis invitaciones.
¡Tuviste la oportunidad de llegar a ser la esposa de un oficial! Pudiste haber sido
alguien. En vez de eso, no eres nadie. Nada. No vales nada y eres tan fea que ningún
hombre te tocaría ahora." Indicó a uno de los guardias que mantuviese su fusil listo
mientras se movía tras ella. Empujándola hacia adelante, agarró la tela de su blusa y
la rasgó para revelar las cicatrices que cruzaban por su espalda.
"¿Ven eso, chicos? Eso es lo consiguen cuando son pervertidos. Muy buen trabajo. Debo
felicitar al Mayor Muller y decirle cuánto admiro su habilidad." Se rió mientras
trazaba varias de las cicatrices a través de su espalda. Eva luchó en balde por
escaparse de su toque y dos de los soldados la tomaron por los hombros para detenerla.
Reinhardt regresó para sentarse delante de la mujer.
"¿Piensas que tus opiniones me importan?" Eva escupió las palabras mientras él se
sentaba en su silla.
Reinhardt encogió los hombros. "No me importa. Ya vas a morir. Pero antes de que suceda,
verás a esa mujerzuela griega tuya tener algo de acción." El rió entre dientes y los
guardias se le unieron. "¿Era ella una virgen cuando la pervertiste, Eva? Quizá la
pequeña Zoe no tenía a un buen hombre que le mostrara cómo se hace," sonrió.
Sintió náuseas ante el pensamiento que tenían en mente acerca de Zoe cuando llegara.
Rezó para que la chica más joven se demorase, o que Despina la hubiese mandado a hacer
un mandado- sólo algo, cualquier cosa que evite que viera esa nota en su escritorio.
"¿Y por qué no sólo me matas y te olvidas de eso?" Lo incitó Eva. Era cierta de su
destino, pero el pensamiento de su amiga y amante siendo asesinada enviaba un dolor que
le hundía el corazón. Sabía que Zoe la seguiría después de ver la nota. Si pudiese
provocar a Reinhardt lo suficiente, quizás la mate ahora, los cañonazos alertando a Zoe
o a alguien más los mantendrían alejados de la puerta.
Reinhardt sonrió fríamente. "No todavía, esperamos todavía alguien. Sería bastante
grosero empezar sin la invitada de honor. Sabes, realmente me agrada esa niña, lista y
todo. Es tan malo que haya sido corrompida y que tenga que matarla." Se inclinó hacia
adelante descansado los codos en las rodillas. "Dime Eva, ¿cómo sedujiste a la pobre
chica? A tan dulce e inocente niña. ¿Ha visto tu fealdad?"
Eva apartó la mirada y permaneció callada.
"Verás, es nuestro deber acabar con la perversión y destruirla," Reinhardt continuó.
"Y tú, tú eres una anormal, una perversión."
"¿Quién acabará con tu perversión?" Eva le contestó bruscamente, incapaz de controlar
su temperamento.
El soplo vino rápidamente mientras Reinhardt la golpeaba. Partiendo su labio inferior
seriamente. Miró a Reinhardt, permaneciendo sobre ella e hizo una mueca. La sangre
corría por su mentón y goteaba en la camisa blanca que llevaba.
Reinhart estaba furioso, su cara se había vuelto roja y sus venas en el cuello eran
visibles. La golpeó otra vez con la mano que sostenía su fusil, el extremo de la pistola
golpeó en el costado de su cabeza, abriendo su piel en la parte superior de la ceja. La
silla cayó de lado y ella al piso, la sangre empezaba a fluir bajo su cabeza.
"¿Te atreves a llamarme pervertido? El Reich es mi padre y mi madre. Eso no es
perversión." Se agachó para gritarle mientras estaba tendida sangrando en el piso.
"Estuviste conmigo en la Juventud de Hitler, Eva. Fuiste tocada por el Fuhrer. El se
paró justo delante de nosotros y tomó nuestras manos. ¿No sentiste como si estuvieses
frente al mismísimo Cristo?"
"Y no me lavé la mano después durante un mes," Eva replicó débilmente, sabiendo que
enfurecería Reinhardt aún más.
"¡Puta asquerosa! Cómo te atreves a hablar así de nuestro gran líder. Oh, ahora tomaré
un gran placer al matarte."
La pateó varias veces en las costillas y después mandó una patada a su cabeza. "Ramera,"
Reinhardt escupió y se preparó para patearla otra vez cuando su cabo lo distrajo.
"¿Señor?" el hombre dijo tímidamente.
"¿Qué?"
"Señor, quizás debemos esperar a la otra chica," el joven soldado dijo.
Reinhardt se detuvo, después asintió. El soldado tenía razón. Ella estaba tratando de
enfurecerlo, enloqueciéndolo lo suficiente para matarla.
Compuso su chaqueta, que se salpicó con gotitas de su sangre y regresó a sentarse. "No
funcionará, puta. Aún la verás morir ante tus ojos."
Eva luchó por respirar. Su mundo giraba rápidamente fuera de control y estaba a punto
de desmayarse. Estaba segura que él le había roto las costillas y había mucha sangre
corriendo por el lado de su rostro por el desgarro sobre su ojo, su labio roto y otro
corte en la cabeza debido a su patada. Tumbada en el piso tratando de conseguir
compostura. Reinhardt señaló a los guardias para que le enderezaran en la silla.
Suprimió un gemido mientras ella y la silla eran bruscamente colocadas en forma
vertical.
"¿Fue eso tan bueno para ti como lo fue para mí?" Eva susurró roncamente, aunque la
verdad sea dicha podía enfocar apenas, en permitirse sólo respirar.
Reinhardt la miró fieramente. "No, dulce Eva. He planeado algo mejor. Algo que
disfrutaré mucho más," Reinhardt dijo mientras controlaba su temperamento.
La puerta de la cabaña se abrió y sus ojos fueron a la puerta. Eva suspiró de alivio
cuando vio a un soldado entrar. Reinhardt suspiró en frustración. Esa chica se estaba
tardando mucho. Estaba seguro que la nota era notable. Inclusive se aseguró de que la
vieja ama de llave supiese a donde se dirigían, en caso de que Zoe haya no visto la nota.
El joven soldado que acaba de entrar saludó a su oficial. "Señor..."
"¿Ahora que?" preguntó Reinhardt, mirando fieramente a Eva.
"La Resistencia ha bombardeado residencia del Mayor Muller," el soldado dejó escapar
viendo al capitán y después a sus compañeros soldados.
"¿Qué?"
"Las fuerzas de la Resistencia han atacado también a los soldados en el edificio
después de la explosión. También, nos dijeron que los tanques americanos están a horas
lejos de aquí."
Finalmente, mi propia orden, pensó Reinhardt. Los americanos no eran importantes.
Muller seguramente estaba muerto y él estaba encargado. Sus prioridades habían cambiado.
Necesitaba empezar pensando en el bienestar de sus tropas. Bueno, su primera orden sería
de mover sus fuerzas a Thessaloniki tal y como el mayor lo había dicho más temprano.
"Ténganlos preparados para irse. Expropia cada camión disponible. Retrocederemos a
Thessaloniki. ¡Ve!" Reinhardt ordenó. Observó mientras los hombres que estaban con él
salían de la cabaña. Giró hacia Eva, sus ojos llenos de odio.
"No quería que nos despidiéramos tan rápidamente, Eva, pero tengo otros asuntos más
importantes. Quizá te quemes en el infierno con los demás pervertidos. Ah, y manda mis
consideraciones a Greta." Apuntó la pistola en ella, "¡Bye, Bye!" y tiró del gatillo.
Eva no oyó el disparo del fusil, sus ojos se ensancharon mientras la bala la golpeaba
en su pecho. Su cuerpo reaccionó a la bala, sin embargo, causando que la silla cayera
al suelo. Golpeó el piso, todavía amarrada fuertemente en la silla, su camisa
previamente blanca manchándose de rojo por su sangre. "¡Zoe!" susurró antes de que la
oscuridad la alcanzara.
*****
"¿Dónde está él?" Zoe murmuró mientras Thanasi se arrodillaba a su lado. Los miembros
de la célula de la Resistencia se escondieron detrás de las piedras y arbustos,
observando la cabaña. Habían estado esperando a su explorador para regresar y reportar
el número de soldados dentro de la cabaña.
"Paciencia, Zoe," Thanasi aconsejó.
"¿Sí? Bueno, te estoy diciendo, Thanasi, si ella muere mientras soy paciente..."
"No la matarán. No en este momento," el líder de la Resistencia dijo mientras miraba al
explorador regresando cuidadosamente, eludiendo por detrás la cubierta para esconder
sus movimientos.
"Ellos la tienen y hay seis soldados de Reinhardt," el explorador jadeó, después miró a
Zoe. "Ella no se ve bien, la han golpeado muy gravemente. No están haciendo nada ahora,
sólo están ahí parados como si estuviesen esperando algo."
"¿Qué?" preguntó Thanasi.
Zoe volvió la mirada hacia la cabaña, su cólera saliendo a la superficie. "No el qué. A
quién. Él me está esperando a mí," dijo mientras veía al líder de la Resistencia,
tomando una decisión. "¿Me quieren? Bien, ¿por qué no les damos lo que quieren?"
"¡De ninguna manera permitiré que entres ahí! ¡Le prometí al Padre Haralambos!" Thanasi
dijo, sacudiendo su cabeza.
Zoe lo miró fieramente. "No me importa lo que prometiste. ¡Eva está ahí! No me quedaré
aquí discutiendo contigo y permitir que esa mujer muera. ¿Me entendiste?" Zoe borbotó,
tratando de mantener su volumen bajo. "Thanasi, si ella muere, yo moriré. Entonces
ambas podremos decirle al Padre Haralambos cómo lo obstruimos. Voy a entrar ahí y si
quieres, tú..." Zoe dejo de hablar mientras la puerta de la cabaña se abría y salían los
seis soldados, dirigiéndose a los vehículos estacionados por el camino, no demasiado
lejos de sus posiciones.
Zoe miró la cabaña una vez más y después hacia los hombres. Ya había hablado suficiente.
"Bien, puedes parar de mover este mentón y empezar a moverte." Fue interrumpida por un
solo disparo desde la cabaña y salió de los arbustos y dirigiéndose hacia ahí antes de
que Thanasi pudiese detenerla.
Todos los elementos de la Resistencia empezaron a correr detrás de Zoe. Thanasi sacudió
la cabeza y siguió. Empezaron disparando a los soldados quienes estaban demasiado
alarmados para poner en marcha una pelea.
Zoe recogió un fusil de un soldado muerto y se apresuró hacia la puerta de la cabaña.
Se detuvo en el umbral, aturdida. Reinhardt estaba ahí parado sobre el cuerpo tendido
boca abajo de su amante, quien aún estaba atada a la silla. La sangre cubría a Eva y se
había aunado alrededor de su cuerpo. Él solo permaneció ahí, riéndose.
"¡Aléjate de ella!" Zoe gritó.
Reinhardt giró y sonrió, levantando su pistola en dirección a Zoe. "Bueno. Tomaste tu
tiempo en venir aquí. Habría querido..." Reinhardt no terminó no su oración cuando Zoe
levantó su fusil y disparó. Reinhardt miró hacia abajo a su pecho, en sorpresa y entonces
cayó al piso. Zoe se le acercó, aún disparándole en su cuerpo, vaciando el cargador.
"¡Vete al infierno desgraciado!" gritó y le escupió. Dejó caer el fusil, cayó de
rodillas, desatando los brazos de Eva y sus piernas de la silla. Envolvió a la mujer
en sus brazos, ignorando toda la sangre. Sostuvo a la inconsciente mujer en sus brazos,
esperando que no fuese demasiado tarde.
Capítulo 17
La lluvia había empezado a caer otra vez y a Zoe no le importaba del todo. Zoe observaba
por la ventana los charcos que se formaban. A su alrededor se encontraban por todas
partes médicos americanos tratando a soldados y a civiles. La gran tienda estaba llena
de sus cuerpos. No podía entender ni una palabra de lo que decían, pero estaba feliz de
verlos. Los americanos entraron en el pueblo esparciendo a los alemanes restantes; era
un sueño hecho realidad. El momento había esperado por años. No lo veía. No saboreaba
la victoria.
Mientras los americanos liberaban su hogar, Zoe trataba de salvar la vida de Eva.
Era un momento en su vida que recordaría para siempre. Reinhardt parado sobre el cuerpo
de Eva. Le había disparado al capitán tantas veces que no creía que alguien reconocería
al kraut si lo intentaban. Ahora sabía lo que significaba matar e incluso aunque el
pensamiento de ello le causaba náuseas, sabía que lo había hecho para salvar la vida de
Eva. Zoe tomó un profundo aliento y exhaló lentamente. Sólo había pasado un corto tiempo
desde que había querido matar a Eva en venganza por la muerte de su familia y ahora le
había disparado a alguien para protegerla. La vida era tan malditamente confusa, a veces.
Estaba agradecida por la ayuda de Thanasi en la cabaña. Había organizado todo y por eso
adoraría al hombre por una eternidad. El había venido cuando ella pensaba que todo
estaba perdido. Ver a Eva en el piso, su cara manchada de sangre, casi había roto su
corazón. Ni siquiera supo cuánto estuvo ahí sentada mientras Thanasi trataba de detener
la hemorragia. Todo estaba nublado para Zoe.
Las buenas noticias habían sido que la bala entró el hombro, había roto su clavícula y
salido por la espalda. Esto, añadió otras heridas, que mantendrían a Eva fuera de
acción durante un tiempo. Zoe miró a la mujer en la cama y sonrió. Había limpiado sus
heridas. Ojos azules inyectados de sangre se abrieron y Eva giró la cabeza y dio una
débil sonrisa a la mujer del desliñado cabello castaño claro. "¿Agua?" Eva solicitó
roncamente.
Zoe fue y vertió algo agua en una copa y suavemente colocó la copa en los labios de Eva,
ayudándola a beber. Recostó a la mujer, prestándole excesiva atención. "¿Qué sucedió?"
"La fuerza de la naturaleza que es Zoe fue lo que sucedió," Athanasios Klaras dijo
mientras se arrodillaba y saludaba a Eva.
"Buen día, Thanasi," Zoe saludó al líder de la Resistencia y miró al joven americano a
su lado. Su cabello anaranjado apuntando hacia arriba en complicados ángulos y nociones
elementales de pecas en su cara hacían sonreír a Zoe.
"Chistoso. Ahora eres comediante."
"Trato, pequeña, trato," Thanasi replicó y sonrió. Giró hacia Eva. "Bien, lo que
sucedió fue... mientras que Reinhardt te llevaba a su cita en la cabaña, la Resistencia
voló algunos edificios, hicimos mucho ruido y los americanos vinieron."
"Me perdí toda la diversión," Eva se quejó y sonrió con esfuerzo.
"Ah sí. Así que cuándo el Huracán Zoe averiguó que Reinhardt te había llevado, llamó a
la caballería. Fuimos a una búsqueda y misión de destrucción y aquí estamos. De todos
modos este es el Capitán Anthony Jenkins. Es un médico. Parece que sólo tiene catorce
años, pero no es así. Los crían para parecer jóvenes" Giró hacia el joven y repitió lo
que había dicho en inglés.
Anthony se rió y fue al lado de Eva. "Thelo na se..." Anthony dijo y frunció el
entrecejo. El giró a Thanasi. "¿Cómo se dice examinar en griego?"
Thanasi lo dijo y él se volvió a Eva. "Thelo na se eksetaso." El sonrió cuando
se dio cuenta de que su paciente entendió que quería examinarla y ver cómo estaba.
Después que completó su examen y tiró volvió a colocar la manta sobre Eva, dio
calladamente algunas instrucciones a Thanasi antes de levantarse para ocuparse de sus
otros pacientes.
"Kalimera Kiria Zoe, eise... askemi," Anthony dijo mientras miraba a Zoe.
La sonrisa de Zoe se convirtió en un gesto. Ella no era una mujer casada y él acababa
de llamarla fea. Thanasi se rió del uso del idioma de su nuevo amigo. Le explicó lo que
el joven había dicho y su cara se volvió del rojo más brillante que Zoe había visto
jamás.
"¡Ah no! Dile que creo que es hermosa," el americano tartamudeó.
"Anda, te sacaremos de aquí antes de que el Huracán Zoe se te aviente encima," Thanasi
contestó, mientras alejaba al hombre de las dos mujeres.
Zoe tomó la mano de Eva y sonrió. "Nos vamos. Thanasi va a América y dijo que podemos
venir también."
"¿Por qué?"
"Le prometió al Padre Haralambos que nos llevaría fuera de Grecia."
"¿Entonces nos vamos?"
"Así es. ¿Quieres volver a Alemania?" Zoe preguntó, esperando que la respuesta fuera
'no'. No tenía la perspectiva de vivir en la tierra que despreciaba.
"Alemania está en ruinas. No podemos ir ahí. No quiero volver," Eva contestó y sonrió
mientras vislumbró la mirada de alivio en Zoe. "Zoe, ¿qué le sucedió a Reinhardt?"
"Lo maté. Estaba tomando algo que no le pertenecía. Tú me perteneces a mí. No estoy
arrepentida de haberlo hecho, Eva. Te lastimó," Zoe dijo mientras veía las lágrimas que
brillaban en los ojos de Eva. "No llores." Limpió la lágrima que había caído. "Lo haría
otra vez si tuviese que hacerlo. Te amo, Eva." Se inclinó y suavemente besó a Eva,
inconsciente de las personas alrededor de ellas.
"Yo también te amo," Eva contestó.
Se sentaron mirándose una a la otra, Zoe prestando excesiva atención a la mujer herida.
Acomodó mantas alrededor de Eva y trató de ponerla cómoda.
"¿Qué le sucedió al Mayor Muller?" Eva preguntó. No quería reconocer alguna relación a
esa bestia con el que ella creció como su padre. El padre Haralambos fue más un padre
para ella en el corto tiempo que había pasado con él.
"Antonios bombardeó la casa..."
"¿Qué hay de Despina?" Eva preguntó alarmada. Adoraba a la anciana.
"No te preocupes, Despina fue sacada de la casa antes de eso. Averiguamos que Atenas
había caído y entonces todo el infierno se soltó. Inclusive el pequeño Paul... subió al
asta de la bandera y derribó la esvástica y puso el azul y el blanco arriba. Yo no lo
vi, pero cuándo Dimitri me dijo, trajo lágrimas a sus ojos. Luego los americanos
entraron al pueblo y aquí estamos. Ahora, creo que hemos hablado demasiado. Sólo
cállate y descansa," Zoe ordenó con una mueca.
Le dolía la mitad de su rostro, pero Eva dio una media sonrisa ante la orden de Zoe.
Cerró sus ojos y Zoe se sentó ahí observando a la mujer mayor dormirse hasta que su
estómago se quejó. Ella se levantó y se estiró, dejó la tienda y caminó hacia afuera.
Habían logrado vivir durante la guerra. Ella nunca pensó este día llegaría. Iría después
a la iglesia y daría gracias a Dios por ayudarla. Nunca pensó que volvería a la iglesia,
pero Eva la había ayudado a ver que no debía culpar a Dios de las muertes y la miseria.
Daría las gracias a Dios por ayudar a Eva. Si solamente el Padre Haralambos estuviera
aquí para compartir en su alegría. "Espero que usted que se esté comportando, Padre H,"
murmuró y miró a los cielos. Miró las astas de las banderas y vio la cruz azul y blanca
de Grecia y la bandera americana. Su nuevo país. Se preguntaba cómo sería, qué nuevas
costumbres e idioma. No importaba. Se las arreglarían. Habían sobrevivido a la guerra;
sobrevivirían a América.
Ahora, a encontrar a alguien que me pueda enseñar algo de inglés antes de que
lleguemos ahí. Espió al Capitán Jenkins y Thanasi en la tienda desastrada y ella y
caminó hacia ella decididamente.
1945 - En un barco en dirección a Australia...
El mar se agitaba mientras el inmenso trasatlántico de pasajeros avanzaba constantemente
y lentamente hacia su destino. La luna llena arriba perforaba la oscuridad de la noche
en el cielo como un balazo, intensificando la mayoría de las estrellas y destellando
pequeñas olas en el mar negro. El Patris era una bestia inmensa y mostraba el
desgaste del pesado uso durante la guerra. Utilizado como un barco de tropas y ahora
como un transporte de refugiados, había visto que muchos millones de personas viajar en
él y si pudiese hablar, las historias que diría.
El claro cabello de Zoe golpeaba alrededor de su cara mientras veía fijamente las
chimeneas, sacando el humo negro que se esparcía en el aire. Hizo una mueca. Estaba
mareada. Esta era la primera vez había navegado y había querido desesperadamente
regresar a tierra seca. Eso no sucedería por lo menos en otro mes.
Se sujetó de la baranda y miró fijamente el oscuro horizonte. Había venido un largo
camino desde Larissa. Había sobrevivido a la guerra, perdió a su familia y a muchos
amigos, pero había ganado también a un buen amigo en Thanasi y algo muy precioso - una
amante y mejor amiga enrolladas en una persona muy especial. Eva había llegado a su vida
y aunque las circunstancias fueron trágicas, había reconocido a una alma gemela y no
pudo evitar ahogarse en ella.
Los refugiados fueron empacados como sardinas, Eva le había mencionado algo, no mucho
después de haber dejado el puerto en Egipto. Eva hizo reír a Zoe cuando enroscó su cara
y frunció los labios como un pez. Eran más afortunadas que la mayoría, aunque, tenían su
propio camarote, aunque Eva pensaba que el cuarto se pudiera haberse utilizado como un
armario de escobas, era tan pequeño. Era afortunado para ambas que ninguna de ellas
tuviese inconveniente en la diminuta y claustrofóbica habitación.
Su compañera Eva estaba abajo en su pequeño camarote, después que pasar el día estando
enferma con la gripe que estaba arrasando con los refugiados. Había pastado su día con
Eva que estaba enferma y, entre sus ratos de náuseas, discutiendo lo que había adelante
de ellos.
"Estoy bien... argh, no, no estoy bien," Eva gimió y vomitó violentamente otra vez
en el balde que Zoe sostenía para ella. Zoe le había palmeado en su espalda y le dio un
vaso de agua, entonces abrió la puerta de la cabaña para sacar el balde. Era suficiente
malo que la cabaña fuese pequeña; no necesitaban ese olor ahí también.
"¿Mejor?" Zoe preguntó mientras ayudaba a la mujer mayor a incorporarse. La diminuta y
estrecha litera era casi demasiado pequeña para Eva. Tenía que dormir con las piernas
encogidas, por temor a que colgaran sobre borde de la litera con su delgado colchón.
"Ah sí, bien. Desearía poder detener a éste cuarto de dar vueltas."
"¿Oh eso es todo?" Zoe respondió y la besó en la cabeza.
"Zo, ¿puedo preguntarte algo?"
"No, no puedes pedirle al Capitán que pare el barco y bajarte. Lo intenté," Zoe contestó
y obtuvo una risita de su amiga enferma. Se encaramó en la orilla de la cama y acarició
la mejilla de Eva por un momento, antes mover la mano hacia arriba para acariciar
suavemente su oscuro cabello.
"¿Qué quieres preguntarme?"
"Sé que no es un buen momento y que no es muy romántico aquí, pero..." Eva tragó. Estaba
nerviosa. Había pasado el último año amando a ésta mujer y enamorándose de ella. Salió
de su litera a pesar del mareo y cayó de rodillas ante una muy confusa joven.
"Evy, ¿por qué sales de la litera?"
"¿Tu esa cosa del 'gustar mucho' ha progresado?" Eva dijo ignorando rápidamente la
pregunta de su compañera, necesitando decir algo para esconder su nerviosismo.
"¿Qué?" Zoe contestó y miró confusa a su amiga por un momento antes de darse cuenta
acerca de lo que Eva hablaba. Empezó a sonreír. "Creo que lo pasé cuando íbamos entre
Alejandría y El Cairo."
"¿De verdad?" Eva dijo en una pequeña voz que soaba tan joven para Zoe, aunque Eva era
la mayor de las dos.
"Oh sí. ¿Sabes?, Eva Muller, tengo malas noticias para ti," Zoe dijo, suprimiendo una
risita.
"¿Ah?" Eva sonó alarmada y la miró con un gesto.
"Creo que estás enamorada de mí. Es demasiado tarde para que me regreses, tú sabes. No
puedo nadar," Zoe bromeó. Sus ojos se suavizaron mientras miraba fijamente a la mujer
que casi había perdido en la crueldad y el odio de la guerra. "Te amo tanto que duele.
Eso es cuánto te amo."
"¡Ah!" Fue todo lo que Eva pudo decir.
Zoe se inclinó limpió suavemente el rostro de Eva con una toalla húmeda y la besó. "Así
que dime, ¿era eso lo que querías preguntarme, mi amor?"
"No, o sea... um... Zoe," Eva tartamudeó.
"¿Sabes?, esa fiebre está bajando. Recordaste mi nombre," Zoe bromeó.
"¿Te casarías conmigo?" Eva fue capaz de preguntar rápidamente. "O sea, no es igual como
eso de marido y mujer," Eva perdió el hilo. "Pero quiero pasar el resto de mi vida
contigo."
"Umm, ¿se nos permite?" Zoe preguntó calladamente.
"No legalmente y no creo que esté permitido en Australia, pero tú sabes, en la Antigua
Grecia estaba permitido. No veo por qué no podemos seguir a nuestros antepasados y sus
tradiciones..."
"Eso es bueno, estoy seguro había una mujer liberal en mi pasado."
"¿Es eso un sí?" Eva preguntó tentativamente, aún preocupándose sobre la respuesta de
Zoe.
"¿A cuál pregunta?" Zoe bromeó.
"¿Pasarías el resto de tu vida conmigo?" Eva preguntó otra vez un poco insegura de cuál
sería la respuesta de Zoe.
"Pasaría toda una eternidad contigo," Zoe anunció y tomó las manos de la mujer mayor
entre las suyas. "Te amo con todo mi corazón y con toda mi alma."
Eva sonrió y sacó un pequeño anillo de estaño plateado, colocándolo en el dedo anular
de Zoe. "Prometo amarte por el resto de mi vida," dijo mientras permitía descansar el
anillo en el dedo de Zoe. "También te conseguiré un mejor anillo en Australia puesto
que ese perteneció al Padre H y era el anillo que le daría a mi madre. Te compraré algo..."
"No, me encanta éste anillo," Zoe sacudió su cabeza. "No importa de lo que está hecho."
Lágrimas silenciosas bajaron por las mejillas de Eva mientras atraía a la mujer más
joven entre sus brazos y la besaba apasionadamente.
"Desaría que estuvieses aquí, Padre H. Hoy me casé con tu hija" Zoe dijo calladamente
en la noche, lágrimas bajando por su rostro mientras recordaba a su padre adoptivo y
amigo quien renunció a su vida; uno de muchos. Giró el anillo alrededor de su dedo. No
era mucho, pero no necesitaba serlo, sirviendo como un recordatorio del amor que la
mujer mayor tenía por ella. Tuvieron una ceremonia sencilla en su camarote; nada lujoso,
sólo ellas dos prometiendo estar una para otra, para amarse y respetarse mutuamente...
para siempre.
FIN...
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Nota de traductora: Bueno, ¿Qué tal estuvo, eh? Al principio se me hizo algo
cruel, pero al final fue taaan condenadamente tierna que en realidad si me sacó unos
cuantos suspiros. Gracias a las personas que me echaron porras para que terminara esta
traducción!! y me gustaría continuar con las demás historias acerca de Eva y Zoe pero
no se si a ustedes también; pero ya saben cualquier comentario pueden escribirme a
amazon_princesss@hotmail.com
ah, cualquiera que sea su comentario, será bienvenido. Gracias.