Disclaimers: Ésta historia fue originalmente parte de la novela "Out of Darkness". Ha sido revisada y añadido nuevo material. Muchas gracias a mi editora y notable lectora Tee por toda su ayuda y apoyo con ésta novela.

Mary D: maryd@runbox.com

Versión revisada.

Titulo Original: In the Blood of the Greeks


EN LA SANGRE DE LOS GRIEGOS

Por Mary D.
Traducido por kathywp

Capítulo 6

Eva se sentó en su escritorio, su pelo azabache cayendo sobre su rostro mientras observaba la foto que sostenía en sus manos. El rostro sonriente de una jovencita, sus brazos alrededor de una mujer mayor, mirándola. Eva recordaba tan vivamente, el día en que esa foto fue tomada. Había estado emocionada de acompañar a las Bund Deutscher Madel, la liga de las chicas alemanas de catorce a dieciocho años de edad. Fue a casa corriendo a toda velocidad para decirle a su adorada madre cómo ella y su amiga Greta se habían inscrito. Incluso era una de las pocas veces en que su padre había estado orgulloso de ella.

Averiguaron que iban a desfilar frente a su líder y los meses siguientes las vieron practicando cómo marchar en formación. Greta había aguantado y ninguna de las dos había dormido muy bien. La mañana siguiente, miles de Los Jóvenes de Hitler desfilaron frente al Fuhrer.

Eva cerró sus ojos y podía ver todavía el escenario en Nuremburg, las banderas volando en la brisa. Adolf Hitler se paró en el podio, ondeó su mano saludándolos y dijo, "Ustedes, mi juventud, son nuestra más preciosa garantía para el buen futuro de nuestra nación y están destinados a ser los líderes de una nueva orden gloriosa bajo la supremacía del Nacional Socialismo. ¡Nunca olviden que un día ustedes gobernarán el mundo!"

Los ánimos reverberaron de los estantes mientras miles de jóvenes voces se elevaron en entusiasmada respuesta. Y entonces el Kristallnacht sucedió.

Eva sacudió su cabeza a la memoria y suspiró. "Oh, Mutti, hubieses estado tan avergonzado de mí," Susurró a la mujer en la foto mientras se limpiaba las lágrimas.

Miró arriba al sonido del toque y se compuso rápidamente. "Entre."

La puerta abrió y la rotunda ama de casa, Despina, entró. Detrás de ella venía Zoe, agarrando su bolsa. "Fraulein Muller..."

"Oh sí, Zoe, entra por favor. Gracias, Despina." La mujer alta se levantó y rodeó el escritorio. Eva se sentó en la orilla y vio entrar a la joven.

El ama de casa dio a Zoe un guiño mientras salía y cerraba la puerta tras ella.

"Así que, ¿así es como nuestros esclavistas viven?," Zoe indicó planamente mientras echaba una mirada alrededor de la habitación bien amueblada. Sonrió cruelmente mientras vislumbraba una pintura que reconoció tan bien.

"Mi madre pintó eso," Zoe anunció y se sentó.

"Es muy talentosa," Eva contestó y miró en la pintura del campo. Le gustó la pintura y la escogió para su cuarto.

"Era" Zoe susurró y aclaró su garganta.

Un escritorio estaba colocado cerca de la ventana y una brisa ligera sopló la cortina sobre la silla. Un retrato de Adolf Hitler con un grupo de jóvenes adornaba la pared. Zoe vio el retrato. Reconoció a Eva rápidamente en la pandilla adolescente ya que era más alta que los otros, inclusive que Adolf Hitler, su oscuro cabello en una cola de caballo. Estaba parada enseguida de Hitler mientras él sostenía su mano en un saludo, a mbos sonriendo ampliamente a la cámara. Tiene una sonrisa radiante, pensó Zoe, mientras estudiaba la foto.

Eva volvió a su escritorio y guardó la foto de su madre, entonces caminó hacia donde Zoe estaba parada. Ignoró la dura observación de Zoe.

"No tienes acento." Zoe miró a la alta mujer por un momento. Estaba muy sorprendida al oír hablar a la mujer en la iglesia. Zoe esperaba completamente el áspero acento alemán pero en lugar ello oyó una voz apacible suavemente hablada. La mujer hablaba griego con fluidez sin huella de acento alemán.

"Mi madre era griega"

"Ah lo olvidaba, eres la hija bastarda," Zoe replicó y sonrió cuando vio acertar la indirecta.

Eva tomó un aliento profundo y dobló los dedos. "¿Cómo fue la reunión con el Capitán Reinhardt?" dijo ignorando el último comentario de Zoe.

"Un tormento. El quería saber todo acerca de mí, por qué quise este trabajo y si podría leer y escribir."

"¿Puedes leer y escribir?"

"¡Por supuesto! No todos aquí somos analfabetas, sabes," Zoe dijo defensivamente. "También entiendo algo de alemán, lo suficiente para que no me disparen" Murmuró.

"Lo siento, no me refería de esa manera."

Después de un golpe, Zoe miró Eva; sus ojos encontraron y Zoe sonrió tímidamente. "El padre Haralambos me enseñó a leer y escribir," Explicó. "Nunca sabes cuando podría ser útil. ¿Sabes cómo leer y escribir?"

Eva sonrió a pesar del obvio insulto. El fuego de la joven la intrigaba. "Sí, sé cómo leer y escribir."

Zoe asintió. "¿Y por qué traicionas tu Patria?" preguntó embotadamente.

Eva miró hacia abajo en sus manos, girando el anillo en su dedo. "Tengo mi razones."

"¿Qué? ¿Tu papi no te dio lo que querías?"

"Zoe, estamos del el mismo lado. No quiero pelear contigo."

Zoe paró y sacudió su cabeza. "No lo entiendes. No estoy de tu lado. Tu lado mató a mi madre. Estoy haciendo esto porque aquí es donde vivo y los nazis han matado a mi familia y amigos," Zoe dijo agresivamente mientras se levantaba otra vez, caminó hacia el retrato de Hitler y señaló a la joven Eva.

"Eres un Nazi y aun quieren ayudar a la Resistencia. No lo quieres decir. Y yo no me trago eso de 'El padre H es mi padre y eso es por que lo hago'."

"Tienes razón, No es por eso por lo que estoy ayudando a los Partidarios," Eva contestó. "Estoy haciendo esto porque una vez creí en las promesas de nuestro Fuhruer pero ahora veo que eran mentiras."

"Muy noble," Zoe contestó.

"¿Has hecho algo por lo que estuvieses avergonzada? ¿Que desearas volver y poderlo cambiar?" Eva preguntó mientras miraba por arriba del sofá a Zoe quien se había inclinado contra la pared.

"Sí. Muchas veces"

"¿Conoces acerca de 'La Noche de los Vidrios Rotos'?"

"La noche de vergüenza de los Alemanes," Zoe susurró. Recordó oyendo a su hermano leer el artículo en el papel en voz alta a su familia. Recordó ser horrorizada por lo que los nazis habían hecho.

"Verdaderamente, una noche de vergüenza," Eva dijo calladamente."Nuestro grupo se había reunido y algunas de las chicas mayores y algunos de los chicos mayores oyeron acerca de un plan para espantar a los judíos. Greta, era mi mejor amiga, quería ir." Eva se levantó y fue a la ventana y miró fijamente hacia fuera. "Greta quería ir y quería que la acompañase, así que fui. Mutti pensó estaba en casa de Greta." Eva trató de reunir sus pensamientos. "Recuerdo estar parada en el patio de una sinagoga la cual estaba encendida con la llama. Mis amigos se reían y bromeaban. Por primera vez yo estaba avergonzada de estar en la Bund Deutscher Madel.

"¿Mataste a alguien?" Zoe preguntó, tratando de reconciliar a la mujer arrepentida delante de ella con lo que ella había oído de los informes de las noticias y palabras de la boca acerca de esa horrible noche.

"No, pero tengo sangre en mi manos."

"¿Cómo, si no mataste a alguien?"

"Cómo, verdaderamente," Eva dijo calladamente. "Vi como el rabino era golpeado, Zoe. Vi y no hice nada. También pude haber sido la única que hubiese impuesto un castigo." Después de un momento, Eva continuó. "Ayudé a mis amigos a destruir la vida de las personas y no los detuve. Fui una cobarde. No traté de ayudarlos," Eva dijo mientras las lágrimas caían por sus mejillas. Las limpió apresuradamente, enojada consigo misma por su pérdida del control. "Estuve ahí y no hice nada. Corrí todo el camino a casa y luego averigüe que mi madre había sido asesinada."

"¿Cómo?" Zoe preguntó calladamente.

"Alguien pensó que era judía y la mató," Eva dijo, tratando de recobrar su serenidad antes dar la vuelta para encarar a Zoe.

"Oh," Zoe susurró.

"Así que ambas sabemos lo que se siente perder a nuestra amada madre," Eva dijo. "No eres la primera quien pierde a sus padres, Zoe."

"¿Eso fue cuando decidiste trabajar contra los nazis?"

"No. Fue poco después que llegamos y mi padre había dicho de un ataque de la Resistencia." Eva cerró sus ojos y recordó, en total horror, la reacción de su padre. "Hubo un incidente..."
"Una masacre," Zoe corrigió calladamente.

"Una masacre... en una aldea cercana... No sé lo que sucedió, pero todo lo que recuerdo es el sonido de las pistolas y los gritos. Me sentía impotente. No quería ser parte del asesinato otra vez."

"Yo estaba ahí." Zoe levantó sus ojos y encontró los de Eva.

"¿Lo estabas?" Eva preguntó en sorpresa.

"Sí. Mi mamá murió ese día."

"Lo siento, Zoe," Eva susurró.

"Quería matarte," Zoe admitió y se sorprendió cuando no obtuvo reacción alguna de la alta mujer.

"Golpearme con una piedra en la cabeza no lo hará," Eva remarcó irónicamente. "Eso sólo me dio un chipote."

Zoe no pudo evitarlo y sonrió.

"¿Por qué no lo hiciste?" Eva preguntó calladamente.

Zoe tomó un profundo aliento y exhaló lentamente. "No quería condenar cien almas por la tuya."

"Oh."

"Tú representas todo lo que odio," Zoe admitió. No estaba segura de por que admitió eso a la mujer pero esa era la verdad.

Se sentaron en el silencio un rato, cada una en su propio mundo de de dolor tratando de luchar a puños con sus propios demonios. Para Eva, los apacibles sonsonetes del antiguo reloj eran un decidido alivio, habían roto lo que había sido un tren misterioso de pensamientos. Era extraño. Aquí estaba, firmada en una vida de privilegio, educada en las mejores escuelas y todavía en alguna extraña manera, estaba inundada en el sentimiento de que de algún modo no había satisfecho las expectativas a ésta intensa chica campesina con duros ojos verdes los cuyo rostro era tan hermoso como su nombre.

Pero había más que eso y Eva Muller lo sabía. Ya había presentido que había algo acerca de la astuta chica... algo que centelleaba emociones en ella que no había sentido en mucho tiempo. Sí, era verdaderamente extraño. De hecho, mientras estaba ahí sentada en consistente silencio, finalmente ocurrió que ella admiró el valor y la pasión de la griega. El fuego en sus ojos cuando hablaba acerca de las cosas que amaba y su compromiso hacia su patria.

Ahuecando su mano en forma de copa, Eva miró fijamente hacia abajo en sus perfectas uñas como si abarcaran en este momento todo de lo que el universo estaba hecho. Por lo que pareció una eternidad después del sonido del reloj, Eva continuó ahí sentada al lado de la igualmente muda Zoe.

Eva encontró a la joven fascinante y de haber estado en otro tiempo y lugar, se preguntó si pudiesen o hubiesen sido amigas.

Se preguntaba si la única cosa en el corazón de Zoe era un ardiente deseo de venganza, para la acelerada y terrible pena para lo que le habían hecho a su patria... a su madre. ¿Y quién en el nombre de Dios podría culparla?

Finalmente, en una voz tan baja que Zoe se tuvo que esforzar para oír, Eva dijo, "Te das cuenta, por supuesto, del riesgo que estas tomando."

"La vida está llena de riesgos, grandes y pequeños," Contestó a la chica. Zoe miró profundamente en los ojos de Eva y lentamente agregó, "Para todos nosotros "

"Sí," dijo Eva, volviendo a la mirada hechizante de la chica. "Supongo que es verdad" ¿Qué es lo que me fascina tanto de ella?

Desde el vestíbulo el pesado andar de Despina reverberó mientras subía la escalera. Eva se levantó y en una voz clara dijo, "Entiendes, entonces, ¿Qué se espera de ti?"

"Sí, Fraulein Muller," Zoe contestó dócilmente, levantándose también. "Te aseguro, soy un rápido aprendiz."

Mientras oían el vacilante golpe en la puerta Eva dijo, "Bueno. Empezarás tus deberes inmediatamente."

"Sí, Fraulein Muller."

"Entra, Despina."

En una voz que pareció perpetuamente sin aliento, Despina dijo, "Su almuerzo está listo, Fraulein Muller."

"Muy bien," pronunció Eva. Giró hacia Zoe y dijo, "Por el momento desearía escribir algo. Me harás el favor de traérlo aqui."

"Como desee." El tono la voz de Zoe era apropiadamente respetuoso, pero cuando sus ojos se encontraron, Eva pensó haber detectado apenas una insinuación de sombría diversión en la expresión de la chica más pequeña.

"Por aquí," jadeó Despina.

Sin mirar atrás, Zoe la siguió afuera y por el vestíbulo. Eva se paró en la puerta y la miró mientras seguía pacientemente a Despina, primero mientras anduvo por el vestíbulo y después mientras desaparecían bajo los escalones. Se habían ido ahora, pero la mirada de Eva demoró por un momento o dos antes de cerrar tranquilamente la puerta una vez más.

*****

El sol comenzó a asomarse por las nubes y Eva miró al cielo. Caminó lentamente hacia la iglesia, dos de sus guardias tras ella. Los aldeanos les daban totales miradas hostiles. Pero Eva mantuvo su cabeza en alto y dirigió sus pasos a la iglesia. Sugirió a los guardias que permaneciesen fuera y entró a la iglesia, cubriendo su cabeza mientras pasaba el altar. Espió al Padre Haralambos hablando con una de las monjas de edad avanzada. Se paró pacientemente hasta que él terminó y entonces pasó a hablar con él. Había unas pocas personas erráticas alrededor después del servicio.

"Oh, Fraulein Muller qué agradable verte."

"Padre, yo espero que esté bien."

"Muy bien, hija."

Una bajita, mujer de edad avanzada interrumpió la conversación levantando su bastón y Golpeando el brazo de Eva.

"¡Sra. Elimbos! ¡Por favor, no podemos tener violencia en la casa de Dios!" El padre Haralambos dijo mientras quitaba el bastón de su mano.

"¡Saque a éste animal fuera de la casa de Dios primero!" La mujer de edad avanzada contestó y escupió en el rostro de Eva. Eva deliberadamente no se movió, pero permitió que la anciana continuase su invectiva hasta que se agotara, tomase su bastón de las manos del Padre Haralambos y saliese bastante satisfecha consigo misma.

El padre Haralambos apresuradamente le dio a Eva un pañuelo así podría limpiar la saliva. "Lo siento, Fraulein."

"Está bien, Padre. Me estoy acostumbrando a que me escupan," Eva contestó y se limitó a sonreírle al sacerdote.

"Bueno, hablaré con ella la próxima vez que la vea. Ven por favor a mi oficina."

Entraron a la oficina y el clérigo acomodó a Eva en una silla. "Perdón, Eva. No lo sabía."

"Por supuesto que no, Padre. La Sra. Elimbos probablemente ha querido hacer eso durante mucho tiempo," Eva señaló con cansancio. Sacó un paquete de su abrigo. "Tengo los nuevos papeles de identidad."

El padre Haralambos miró perplejo. "Pensé Zoe entregaría esto ¿Ha decidido Zoe no ayudar?"

"No, Zoe está bien." Entregó los papeles al clérigo y encogió los hombros. "El Capitán Reinhardt estaba cerca y no quería despertar sus sospechas." Indicó los papeles y dijo, "La familia Petrolakis, estoy segura, será más feliz."

El clérigo miró los papeles de identidad y sonrió. En la preguerra Larissa tuvo una población judía grande y algunos habían logrado huir antes de que los alemanes invadieran, pero los otros habían sido atrapados. Sus vecinos se refugiaron a los pocos que no habían sido inmediatamente capturados inmediatamente.

La sanción por esconder a judíos era la muerte y el Padre Haralambos trató de sacarlos del país tan pronto como pudiese. Eva había logrado conseguir la firma de su padre en los nuevos papeles de identidad. Como había hecho eso estaba más allá de él y no iba a preguntar. El clérigo se había encontrado secretamente con Monseñor Jean Claude, de la Resistencia Francesa, quien le había dado algunas formas muy inventivas de sacar a las personas del país.

Los dos se despidieron y Eva volvió a unirse a los guardias fuera de la iglesia justo mientras el Capitán Reinhardt doblaba la esquina.

"Oh, Fraulein Muller, fuera de domingo de veneración ya veo."

"Me da paz, Capitán."

"Estoy seguro que sí." Caminaron tranquilamente por un momento. "¿Su nueva doncella trabaja agradablemente?" Preguntó Reinhardt, rompiendo el silencio entre ellos.

"Bien, gracias."

El capitán Reinhardt paró por un momento e indicó a los guardias que continuasen adelante. "Eva..." Colocó la mano en su brazo suavemente.

"Capitán, suelte mi brazo," Eva dijo fríamente, tratando de no estremecerse.

"Eva, ¿Por qué no podemos hablar?"

"Capitán, no tengo nada que decirle y estoy bastante segura que lo que ha sucedido en el pasado, esta en el pasado," Eva dijo y se marchó, dejando al capitán parado afuera de la iglesia.

"Por siempre la Reina de Hielo," Reinhardt murmuró, viendo a la mujer alejarse.

*****

"¡Alto!"

Zoe suspiró y giró para ver a los soldados acercándose. Ya había sido detenida dos veces hoy y comenzaba a montarse en sus nervios. Puso el saco que llevaba en el suelo y sacó su tarjeta de identidad. Sin esperar que el soldado le preguntase, entregó la tarjeta. "Eres una lista, ¿verdad?" el soldado habló con desprecio mientras leía los papeles después vio a la mujer de cabello castaño.

"No." Zoe procuró ser humilde pero no creía que no podría alejarse con eso. Se dio cuenta que no había tenido éxito cuando el soldado se lo devolvió, tirándola al suelo y salpicando su ropa con lodo. Los otros soldados, junto con el que la había golpeado, rieron disimuladamente. "Eso fue por tener una boca lista. ¡Levántate!" El soldado ordenó. "¿Adónde vas con eso?" Preguntó, él señalando al saco mientras Zoe forcejeaba sus pies.

Zoe lo miró fieramente, limpiando la sangre de su labio partido con su mano.

"¿Qué parece ser el problema aquí, Cabo?"

Zoe miró detrás de ella, aliviada de ver que el Capitán Reinhardt había venido a ver de qué se trataba el tumulto.

"Bien, estoy esperando, Cabo," Reinhardt dijo, puesto que no había obtenido una respuesta inmediata.

"Verificaba sus papeles, señor."

"Y dando un labio hinchado en el proceso." Miró a Zoe y luego al cabo. "Lo llevaré de aquí." Con eso los despidió y vio mientras se alejaban. "Parece que atraes los problemas, Fraulein Lambros," Jurgen dijo con una sonrisa.

"No era mi intención," Zoe dijo entre dientes.

"¿A dónde vas?"

"Llevándole algunas verduras a Kiria Despina," Zoe dijo tranquilamente mientras sintió alrededor de su labio con tentativos dedos.

Reinhardt la miró y le levantó la barbilla con su dedo, inspeccionando el labio sangrante. Zoe encontró sus ojos grises y entonces dejó caer su mirada mientras recordaba las instrucciones del Padre Haralambos para parecer dócil y humilde.

Reinhardt se rió. "Eres una escupe fuego," Rió entre dientes. "No creo que esa mirada que tienes sea suficientemente humilde. Necesitas trabajar en ello."

"Lo haré," Zoe murmuró mientras miraba abajo en su ropa enlodada.

Él giró y miró los campos donde los trabajadores amontonaban la cosecha de trigo. "Un consejo: ten cuidado con Fraulein Muller. Esa tiene hielo en las venas y no pensaría dos veces en matarte si averigua que estás en la Resistencia."

Los ojos de Zoe registraron shock de que Reinhardt estaba enterado de su participación. Sólo produjo más risa del capitán.

"Venga, Fraulein, ¿no pensabas que no lo sabía?" Reinhardt incitó mientras continuó sonriendo burlonamente.

"¿Hay un griego que no esté en la Resistencia?" Zoe contradijo.

El capitán sonrió. "Bastante cierto, bastante cierto." Después de un momento el capitán dijo, "Me agradas. No me hagas dispararte."

"¿Eso sería malo para mí, eh?" Zoe comentó secamente mientras veía arriba y corrió su mano por alborotado pelo.

"Muy malo. Nos entendemos el uno al otro, ¿verdad?" El capitán contestó mientras reía entre dientes

Zoe asintió respuesta.

"Bueno. Ahora sigue tu camino antes de que la Reina de Hielo empiece a gritar. Dios sabe que no quiero oír eso," dijo Reinhardt miraba a Zoe recoger el saco y seguir lentamente el entierrado camino.

El suspiró. Fraulein Muller, La Reina de Hielo. Sacudió su cabeza en memoria de la joven que había conocido en sus días de la Juventud de Hitler. Había cambiado. Trataba de acercarse, pero todo lo que conseguía era rechazo. Esa novia suya, Greta, siempre había estado en el camino. Siempre alrededor de cuando trataba de acercársele. Tomó un gran deleite al decirle a su padre acerca de ella y de su amiga. Recordó que Muller estaba controlando su temperamento hacia él, pero no quiso estar en los zapatos de Eva cuando volviese.

"Oh bueno, no acostumbra a llorar sobre lo que pudiera haber sido," Dijo mientras se acomodó el cuello de su chaqueta y se marchó.

*****

Las nubes de lluvia se despidieron para permitir que las líneas doradas alcanzaran el máximo. Zoe miró arriba en el cielo y se maravilló por un momento en las pautas que se habían creado. Se detuvo fuera del cementerio y tomó una decisión. Anduvo hacia la puerta y entró. Cuando pasó a una mujer de edad avanzada, asintió y caminó aún más. Dejó caer el saco cerca de una tumba y se arrodilló.

"Buenos días, Mamá," Saludó a su madre mientras tiraba las hierbas de su tumba. Una sencilla cruz adornaba la tumba de Helene Lambros. "Sé que no he venido a verte en pocas semanas, pero las cosas han ido tan rápidamente." Se detuvo y vio un anciano alejándose de una tumba cercana.

"¿Recuerdas que te dije cómo vengaría tu muerte?" Zoe se sentó en el césped húmedo. "No he ido tan bien y perdimos a Stavros; pero estoy segura que por ahora ya lo sabes. Lo colgaron, Mamá." La voz de Zoe se quebró. Limpió sus lágrimas y, enjugando en sus ojos, tomó un profundo aliento y continuó.

"Lo atraparon y Apostolos con Antonios y ellos los mataron. Giorgos también. Todos están muertos, Mamá. Todos mis amigos están muertos. Asegúrate de besarlos por mí en el cielo, especialmente a Stavros. Dile, él es un gran turco mudo por no haberme escuchando."

Las lágrimas empezaron a fluir libremente mientras se sentaba en el suelo, sus brazos alrededor de sus rodillas. "Mamá, no creerías lo que estoy haciendo ahora... inclusive Papá estaría riéndose. Soy la sirvienta personal de la hija de la bestia. ¿Lo puede creer usted? Yo, la única a quien mantuviste gritándole en limpiar después de mi misma." Zoe rió entre dientes a través de sus lágrimas en memoria.

"Mamá, ¿recuerdas al Padre Haralambos? Bien, él me causó un disgusto el otro día. ¿Sabias que tenía novia antes de ser sacerdote? Nunca lo pensé de él en absoluto pero un sacerdote... chistoso. Y la hija de la bestia no es su hija. Es hija del padre Halambros. Es peor que un antiguo drama griego. Te habría encantado ese."

Zoe arrancó algunas hierbas más de la tumba mientras continuaba la conversación unilateral con su madre. "Iba a matarla, Mamá, pero ahora no puedo porque ahora esta trabajando con nosotros. Eso es muy extraño. Mi cabeza me dice que la mate pero mi corazón... bueno, tiene otras ideas. Es bonita, Mamá. Tiene los ojos más azules que he visto. Me recuerdan el tiempo que pasamos en Lymnos y el Mar Egeo era tan azul."

Suspiró. "Y es alta, casi me dio un dolor de cuello por mirarla hacia arriba," Zoe se rió. "Me agrada, Mamá, tiene un alma agradable para ser un nazi." Zoe suavemente pasó la mano sobre la cruz en la tumba de su madre. Luego se paró, recogiendo el saco de verduras. "Tengo que llevar los víveres a la ama de casa, pero te visitaré otra vez pronto. Besa a Papá por mí y a los chicos. Espero que Dios sepa las especiales personas que son." Cerró sus ojos por un momento. "Te extraño, Mamá."

*****

El ama de casa se meneaba en la cocina, calentando ollas de agua para la el baño de Fraulein Muller, cuando Eva asomó su cabeza, espantando Despina que dejó caer el plato que estaba sosteniendo.

"¡Dulce Jesús, Hijo de Dios y el Espíritu Santo!" el ama de casa dijo mientras el plato se rompía en pedazos en el piso de piedra. Miró los pedazos rotos y entonces retrocedió de Eva quien había entrado la cocina. Se paró con sus manos en sus caderas.

Las cejas de Eva se elevaron al máximo ante la palabrota del ama de casa normalmente callada. "Los siento, Despina, buscaba a Zoe. ¿Ya regresó?"

"No, Fraulein, no ha vuelto todavía. Está atrasada, Yo..."

La puerta se abrió y Zoe entró apresuradamente, enlodada y mojada. "Lamento la tardanza," Zoe dijo y paró cuando vio al ama de casa arrodillada en el piso, recogiendo el plato roto y a Eva que paran allí con las manos en jarra. "Querida niña, pensé que ta había sucedido algo" Despina dijo mientras subía lentamente y luego tomó el saco. Entonces notificó el lodo y el labio partido.

"¿Qué sucedió?" preguntó Eva, sosteniendo la cara de Zoe hacia la luz.

"Un cabo se ofendió..."

"¿Qué hiciste?" preguntó Eva mientras tomaba un pedazo de lino y empezó a limpiar la cara de Zoe tan pronto como la mujer más joven se sentó.

"Fui detenida por dos patrullas previamente y entonces solo le entregué mi tarjeta. El no se asombró," Zoe dijo calladamente. "Fue mi culpa."


"No fue tu culpa," Eva dijo mientras miró abajo a los ojos esmeraldas de Zoe. Su mano estaba a punto de continuar limpiando el rostro de Zoe, pero la dejó caer bruscamente y apartó su mirada. "Despina, ¿Podrías tener mi baño listo, por favor? Te veré pronto," Eva dijo rápidamente y salió de la cocina.

Zoe miró en Despina quien encogió los hombros y fue a poner el agua a hervir. Zoe miró otra vez a la puerta por la cuál Eva había salido y había frunció el entrecejo.

"¿Qué fue eso?"

Despina dio la vuelta y miró a la joven. "Se preocupa por ti."

"Lo dudo." Zoe contestó y ayudó a vaciar el agua en el balde.


Capítulo 8

"¡Oh, eso fue brillante!" Eva se castigó mientras cerraba la puerta de su dormitorio. Sentía una atracción hacia la mujer más joven, pero Eva estaba determinada a no ponerse en una posición que le causaría más dolor, ni mencionar el poner en peligro a Zoe.

"Estúpida, estúpida, estúpida," Eva continuó reprendiéndose. Ella probablemente te matará si haces cualquier movimiento, pensó. Muller no vacilaría en alabarla por matar a su 'hija pervertida'.

"No otra vez." Eva cerró sus ojos fuertemente, tratando de mantener la presagia memoria esa sofocante célula reapareciendo y la visión de su padre parado sobre ella, el brazo levantado y listo para golpear, mandaron escalofríos bajo su espina dorsal. Esa oscura noche que su madre fue asesinada.

Kristalnacht

Caminó dentro de la casa, dejando caer su mochila en el piso. La ambulancia se acababa de irse con el cuerpo de su madre. Se sentía vacía por dentro. Su mundo entero se había despedazado y la única persona que la entendía se había ido. Se desplomó en el piso mientras las lágrimas fluían libremente.

Oyó a su padre y a otra persona salir de la casa, sus voces discretas. No estaba segura cuánto tiempo había estado sentada en el piso. La puerta se abrió y su padre entró. Él aún llevaba su uniforme, manchado con la sangre de su amada Mutti.

"Eva, te haré una pregunta y quiero que me la contestes con la verdad," su padre dijo mientras se sentaba en una silla frente a ella. Eva podía ver la furia en sus ojos y sabía que había hecho algo terrible, pero para su vida ella no podría entender el qué.

"Sí, Papá," Eva contestó, su voz ronca con la emoción del llanto.

"¿Dónde estuviste esta noche?" Eva limpió sus lágrimas mientras miraba a su padre, que sabía que apenas controlaba su temperamento. "Fui con Greta y mis amigos y nosotros... quemamos una sinagoga," contestó calladamente.

"¿No te dije que te quedaras aquí esta noche? ¿No te dije que no salieras?, ¿Qué permanecieras aquí con tu madre?"

"Sí, Padre. Le dije que estaría en casa de Greta y después regresaría..."

"Le mentiste a ella y a mí. ¡Me desobedeciste!"

Eva se mordió el labio, esperando en respuesta.

"¿Sabes lo que tu desobediencia ha producido?"

Herr Muller empezó a elevar su voz, su cara se turnó en una brillante sombra de rojo, las venas en su cuello palpitaron rápidamente y el control que había tenido tan tenuemente en su genio se evaporó. "TÚ," Señaló a Eva quien se encogió en un rincón, "¡Tú mataste a tu madre!"

"Oh Papá..." Lloró.

Fue hacia la joven, y la levantó del cuello de su blusa y la azotó contra la pared. Levantándola del pelo, él gritó, "¡No toleraré tu desobediencia!" Entonces la abofeteó tan duro que partió su labio y ella se desplomó en un montón. No se atrevió a emitir un sonido y se encogió contra la pared tratando de hacerse pequeño objeto.

Pero su rabia sólo sirvió para instarlo mientras la golpeaba por la espalda y piernas durante varios minutos, gritando incoherentemente. Finalmente su cólera se sació un rato y se sentó pesadamente, la cabeza en sus manos. "Me has deshonrado mí."

"Yo... Lo siento, Papá," la mujer joven hipó, sus lágrimas manchando su golpeado y ensangrentado rostro.

Su voz se elevó mientras se acercaba a la chica de abiertos ojos. "¡No toleraré a un niño bastardo arruinando mi reputación!"

Eva lo miró, la confusión evidente en su cara. Muller se paró y se quitó su cinturón. "Alguien me dijo tu perversión, Eva. ¿Me dijo esta persona la verdad acerca de ti y de Greta?"

Cuándo Eva no dijo nada para negar las acusaciones de su padre, él estalló. "¡Me das asco!" El escupió. "¿Sabes lo que eso hará a mi reputación? Me mandarán a la frente para esto. Y tú, ¿sabes lo que les hacen a los pervertidos en los campos de concentración?"

El dobló la correa del cinturón, e inclinándose sobre ella, tan cerca que podía sentir el aliento. Susurró, "¿Es verdad?" Pero Eva no podía hablar, sus palabras congeladas por temor. "¡Contéstame, Maldita sea!!" él demandó. Eva se quedó inmóvil, lo cual sólo sirvió para estallar la rabia hirviendo una vez más dentro de su padre.

Lo que siguió fue lo peor y la paliza más cruel que había recibido jamás. El cinturón de cuero, tan despiadadamente usado contra su espalda, dejando heridas demasiado dolorosas para tocar. Pero ese dolor no era nada comparado a la angustia mental que ahora sufría. Había sido golpeada en el abismo interminable de la culpa y la vergüenza y mientras estaba ahí sollozando, la sangre cubriendo su espalda y piernas, las palabras de su padre "niña bastarda" La atormentó hasta que ella deseo que estuviese muerta.

Ese momento señaló el fin de su libertad y el comienzo de su pesadilla más larga. Una pesadilla que aguantaba todavía después de muchos meses de encarcelación y palizas regulares.

A petición de su padre una noche fue llevada a una clínica austriaca disfrazada como un spa. Ahí fue atormentada repetidas veces por su 'desviación'. Días y noches las pasó deseando la muerte, anhelando un fin a su sufrimiento. El dolor constante quemó su alma...

"¡Fraulein Muller! ¡Fraulein Muller!" La voz preocupada de Despina penetró a la conciencia de Eva desde la puerta cerrada de su habitación. Eva sacudió su cabeza para vaciar las memorias y limpió sus lágrimas. "Ya voy, Despina," Escatimó mientras se paró tratando de componerse. Limpió el sudor de su cara y se la lavó en el cuenco cercano.

Despina llevó baldes de agua caliente de la cocina al baño. Zoe se había limpiado y pronto empezó ayudando a Despina a llevar los baldes de agua y llenar la tina. Eva anduvo en el cuarto y asintió a Despina quien dejó un jabón cerca.

"Gracias, Despina." Eva se paró en la ventana mirando la puesta de sol sobre la tranquila aldea.

"¿Estás bien?" Zoe preguntó calladamente, mirando a la alta mujer todavía parada por la ventana.

Eva se quedó en calma, dispuesta mejorar el control de sus emociones antes de encarar a Zoe. Girando hacia Zoe, Eva observó su semblante preocupado. "Siento haber salido tan abruptamente."

"Sabes, ya he tenido un labio partido antes, viviré," dijo Zoe, tratando de aligerar el humor. "¿Tomarás un baño ahora, o debo traer a Despina para recalentarlo?" Preguntó con una sonrisa. Su sonrisa giró rápidamente a un ceño cuando ella vio el gran moretón en el brazo de Eva. "¿Qué sucedió?"

Eva miró el brazo y encogió los hombros. "La Sra. Elimbos se opuso a mi presencia en la iglesia hoy y me golpeó con su bastón."

Eva se quitó la bata esperando que Zoe no viese la cicatriz roja que corría a través de su estómago ó ésas en su espalda. Esas esperanzas fueron quebradas cuándo Zoe la observó bajar en el agua. La voz de Zoe atrapó media oración a la vista de la espalda de Eva. Las cicatrices iban de los hombros a debajo de la cintura. Ella jadeó.

"¿Qué te sucedió?" Zoe susurró.

Eva no habló por un momento y Zoe pensó que no iba a obtener una respuesta. "Mi padre me golpeó," Eva la dijo calladamente.

"Parecen viejas," Zoe dijo, sin pensar trazó una particular profunda cicatriz causando que Eva se estremeciese. "Lo siento, ¿duele?"

Eva sacudió su cabeza. "No."

Zoe recogió la esponja y comenzó a enjabonar suavemente la espalda de la alta mujer. "¿Hace eso frecuentemente?"

"No," la voz de Eva se quebró con las emociones lavando sobre ella. "No tiene que hacerlo."

"Otra razón por la que Muller debe arder en el infierno," Zoe murmuró mientras suavemente limpiaba la marcada carne de Eva. Zoe seguido pensaba que la alta mujer dirigía una vida privilegiada porque era uno de los enemigo pero ese no era el caso. Su vida no era fácil; fácil, quizás, en comodidades, pero en donde importaba, no era feliz.

Después que Eva había terminado su baño, se secó el pelo y estaba a punto de peinarlo cuando el cepillo fue arrebatado de sus manos y fue dirigida a sentarse frente al espejo. Zoe empezó cepillarle el pelo.

"¿Por qué eres tan amable conmigo?"

"Me pagas por ser amable," Zoe contestó con una sonrisa. Miró el rostro de Eva solemne en el espejo. "No eres lo que pensé que eras" Zoe observó mientras cepillaba el largo pelo de Eva. "Nadie merece ser golpeado, Eva."

"¿Ni alguien que formó parte del partido Nazi?"

Zoe paró de peinar y a Eva giró hacia ella.

"¿Lo eras?"

"No, pero tomé parte en Kristallnacht y no ayudé, y en cambio escapé."

"Eso no te hace una asesina," Zoe razonó. Inclusive ella sabía eso.

"Me hace una cobarde," Eva contestó. "Te dije que mi madre fue asesinada esa noche." Eva giró, incapaz de encarar a la joven. "Mi padre... me culpó. El me dijo que no saliera esa noche."

"¿Cómo iba a ser tu culpa?"

"Me dijo que si no lo hubiese desobedecido cuando me dijo que me quedara... que hubiese estado ahí, pude haberla protegido."

Después de unos momentos de silencio, Zoe puso el cepillo hacia abajo y tomó las manos de Eva y miró sus ojos, azules profundidades que brillaban con amargas lágrimas y dijo, "Tanto como yo fui capaz de proteger a la mía."

Eva rompió contacto visual primero y apartó la mirada. Zoe envolvió sus brazos alrededor de la mujer y la sostuvo. No estaba segura de por que lo hizo pero por alguna razón la mujer necesitaba el consuelo.
"Él descubrió que Greta y yo éramos... amantes," Eva susurró, quebrándose. "Estaba aterrorizado de lo que ello haría... lo que haría a su reputación."

"¿Eres lesbiana?" Zoe preguntó un poco sorprendida. La mujer era hermosa y Zoe pensaba que podría tener a cualquier hombre que ella quisiera. Sabía que el Capitán Reinhardt la miró como un halcón y seguido se preguntaba si él era dulce con ella.

Eva sonrió por primera vez mientras Zoe pronunciaba la palabra asombrada. "Sí."

"Oh, ¿no puedes conseguirte un novio?" Zoe preguntó inocentemente mientras Eva la miraba con diversión irónica.

"No es tan simple, Zoe."

"¿Oh?"

"Nunca me han gustado los chicos," Eva explicó un poco desconcertada por la naturaleza inquisitiva de la chica.

"¿Nunca?" Zoe preguntó olvidándose totalmente de peinar el largo pelo de Eva.

"Nunca." Eva sacudió su cabeza lentamente. "No me interesan de esa manera" Eva no estaba segura de por qué confesaba eso a la chica. No era como si necesitara decirlo y se encontró incapaz de detenerse.

Zoe miró el espejo y encontró a los ojos de Eva. Sonrió tímidamente y recogió el cepillo otra vez. "¿Qué edad tenías cuando te diste cuenta que no te gustaban los chicos?"

"Dieciséis." Eva contestó. Fue un momento de su vida cuando todo se convirtió en un cristal transparente. La primera persona a la que le dijo fue a su mejor amigo, Willie, quien se desconcertó un poco pero luego decidieron que podrían ver chicas juntos, así que no era tan malo.

"Oh," Zoe susurró mientras continuaba peinando el pelo de la mujer alta. Así que ese es el problema, Zoe pensó mientras cepillaba el pelo de Eva.

Continuará...

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Kristallnacht: suceso histórico


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