Advertencia: esta historia tiene subtexto, por supuesto que los personajes se parecen a nuestras heroínas. Así que si eres menor de 18 años y este tipo de historias, entre personas del mismo sexo, no te gustan, pues ¿qué haces aquí? Mejor ve a leer otra cosa. Pero si eres de las personas que aceptan esto, entonces te doy la bienvenida y espero que les guste.
Por cualquier duda o comentario me escriben a enya_3c@yahoo.com.mx
Agradecimiento: para la chica "FEMME PIO", que se tomó de su tiempo (madrugadas) para ayudarme en la revisión de la historia. << De corazón te agradezco ese detalle, ha significado mucho para mi. >>


SOY CONEJILLA DE INDIAS

Autora Livia

Cuarta parte

Durante el trayecto de regreso a casa, Jaaz sintió alternativamente punzadas de deseo puro, duro y de pánico. Irán no ayudaba mucho con su retahíla de preguntas y comentarios sobre cualquier posible acto que pudieran realizar aquella noche, analizándolos con su mente científica. Cuando le preguntó si estaban en su casa sus manuales de sexo, Jaaz estalló.

-¡Basta Irán! - Dijo ante la sorpresa de ella - no estarás pensando en llevarte esta vez esos libros a la cama ¿verdad?
-De acuerdo, no lo haré - prometió la rubia soltando una carcajada - pero tendrás que ser más generosa con la información que la última vez.

La chica alta soltó un gruñido, si conseguía controlar los nervios, sabía que podía ser muy divertido en enseñar a Irán. Si era como con todas las demás cosas que le había enseñado a lo largo de los años, ella misma acabaría aprendiendo más cosas. Irán era una alumna muy rápida.

Cuando llegaron a casa, la que estaba más nerviosa era la rubia, como ocurría siempre que algo le provocaba ansiedad, Irán se enfrentó a ello directamente y con decisión. Jaaz apenas y había tenido tiempo de quitarse la chaqueta cuando la rubia ya la estaba llevando al dormitorio.

-Pero cálmate... - dijo la morena con una sonrisa mientras le sujetaba las manos para evitar que siguiera quitándole la ropa - tranquila Irán. Que esto no es una carrera para ver quien gana.
-Quiero acabar cuando antes con la primera vez - aseguró la rubia con el ceño fruncido - ya sabes, porque puede doler y todo eso. Cuanto antes acabemos, antes podremos empezar a pasarlo bien con la segunda ronda.

Jaaz tuvo que tragar con fuerza ante las palabras de Irán, ¿dónde rayos se había metido la genio calmada? ¿De dónde había salido esa genio llena de deseo? Sintió miedo pero tuvo que olvidarlo o no podría estar con Irán en la misma cama.

Sin soltarle las manos, Jaaz quitó la colcha, colocó a Irán sobre la cama y comenzó a besarla suavemente. Cuando le dejó las muñecas libres, la rubia le echó los brazos al cuello en lugar de quitarle la ropa a toda prisa para <<acabar cuanto antes con la primera vez>>.

Las manos de Jaaz se deslizaron por su rostro y su cabello. Sentía como si le hubieran abierto la puerta de la jaula y fuera por fin libre para acariciarla y demostrarle lo que sentía. Se colocó despacio sobre Irán, sin dejar caer todo su peso; en ningún momento dejó de besarla con intensidad pero no por ello menos suave, tenía que ir con calma aunque la rubia deseara ir a toda máquina, como bien había dicho su amiga, era su primera vez y no podía hacerla llegar demasiado rápido a la cumbre, primero tenía que disfrutar al máximo.

Irán estaba en otra dimensión, viviendo un delirio de placer. Le daba la impresión de no tener bastante con solo besarla. Hundió sus manos en el cabello largo y negro, luego, comenzó a desabrocharle los botones de la blusa de Jaaz; apenas estuvo terminado fue por los pantalones que ya estorbaban demasiado, por la velocidad en que desnudaba a la morena, en cuestión de segundos la vería como inconscientemente había deseado, se percató de que al igual que Jaaz en cuestión de milésimas de segundo estaría desnuda, ¿cómo fue? ¿Cuándo fue? Eso no importaba, demostraba la experiencia de Jaaz. Lo cierto era que para esos segundos de diferencia, era ella la que ya estaba desnuda mientras que Jaaz aún seguía con el pantalón y su blusa desabrochada.

Irán había subido la velocidad al movimiento de sus caderas, estaba agitada y no es que a Jaaz no le gustara, pero no era así como se suponía que sucederían las cosas, tenía que tomárselo con calma y no intentar batir el récord del año.

-Venga - dijo de pronto levantándose y ayudando a Irán a incorporarse - vamos a bañarnos.
-¿Bañarnos? ¿Juntas? - preguntó Irán mientras era guiada hasta el baño de la habitación.
-¿Y cómo querías? ¿Es que acaso nos acostaremos por separado?
-claro que no... pero...
-Entonces... ¿dónde queda la diferencia si nos bañamos juntas?

Jaazanía llenó la bañera y añadió unas gotas de gel con olor a vainilla al agua caliente. Irán entró despacio y trató de esconderse bajo la espuma. Pero no lo consiguió. Jaazanía se sacó la blusa desabrochada y comenzó a bajarse los pantalones pero una mano se lo impidió.

-No vas... no irás a entrar ¿verdad?

Jaaz se detuvo. Irán tenía los ojos abiertos de par en par y parecía asustada. Por primera vez, se estaba comportando como una chica principiante. Sin contestar su pregunta, la morena le besó la mano, terminó de desvestirse y entró a la bañera.

-Ven aquí - susurró Jaazanía besándole la punta de la nariz y atrayéndola hacia sí. Irán se colocó, dejando que su espalda descansara sobre el pecho de la morena quién le pasó los brazos por la cintura - estabas yendo demasiado rápido - le dio un beso en la nuca - si quieres que sea tu maestra, tal vez sería buena idea que empezaras a escucharme de una vez.

Comenzó entonces a recorrerle el cuerpo mojado con sus caricias, encantada de comprobar que su estado de nervios iba dando paso a otro de placer. Concentrada en Irán, trató de controlar su propio deseo, que se acrecentaba al sentir como la rubia respondía con naturalidad a sus caricias. Cuando sintió el cuerpo de Irán temblar sobre el suyo, se dio cuenta de que la bañera les había quedado pequeña.

-Vamos a mojar la cama - dijo Irán cuando Jaazanía la acostó en la cama después del baño.
-Menudo problema - contestó la morena con ironía mientras se colocaba de nuevo sobre ella y la besaba en la frente.
-Jaaz... - susurró Irán llena de deseo - quiero más pero - se quedó callada por un momento.
-¿Pero qué?
-Bueno... Lisa me ha dicho que sueles ser una amante muy buena, pero no me dijo si solías ser ruda.
-¿Ruda? - Preguntó sorprendida la morena - no sé a que te refieres con ruda. Porque si te dijo que uso artefactos... creo que te ha mentido... y...
-No me refería a eso - replicó la rubia.
-Gracias a Dios, de pronto temí que quisieras que fuera ruda - dijo con sarcasmo.

Jaaz se dijo a si misma que tenía que pedir un traslado para su compañera de tripulación. Era una lástima que todavía no hubieran destinos hacia Saturno, pero Groenlandia o la Antárdida podrían ser una opción. Otro comentario desquiciante por parte de su amiga y la dejaría virgen por una noche más por no decir indefinidamente.

-Que no sea ruda, no significa que no sea perversa Irán ¿te sientes aventurera?
-¿Perversa? De acuerdo. ¿De qué se trata? - Preguntó la rubia con las pupilas dilatadas mientras dejaba volar su imaginación - ¿quieres atarme? ¿Azotarme? ¿Qué te azote yo?

-De eso nada - dijo con la voz ronca - quiero que apartemos a Lisa y a su calenturienta imaginación de nuestra cama durante el resto de tiempo ¿crees que seremos capaces de conseguirlo?

Irán hundió las manos en el cabello de Jaazanía mientras todo su cuerpo temblaba y sentía que se derretía al pensar en el placer que la morena podría proporcionarle.

-De acuerdo - dijo sin respiración - y basta de charlas, tenemos todo el tiempo para hablar luego.

*****

El silencio posterior duró apenas tres segundos. Jaaz sintió que la boca de Irán se entreabría sobre su hombro y se preparó para la retahíla.

-Wow... - murmuró Irán - Lisa tuvo razón.

Sintiéndose indulgente, cansada y muy enamorada, Jaaz estrechó contra sí a la rubia y la besó en la frente. Al menos Lisa había permanecido apartada de la cama durante... bueno, había perdido la noción del tiempo, pero había pasado bastante rato.

-¿En qué tuvo razón? - quiso saber.
-Respecto a ti, no se equivocó al decir que eras muy buena, una amante increíble.
-¡¡Joder!! - para su rabia, Jaaz sintió que se ponía colorada, ¿es que acaso su compañera de vuelo puntuaba sus aptitudes como amante? ¿Estaría reuniendo a las demás chicas del vuelo para hablar sobre su capacidad sexual y no se había enterado?
-Bueno, sus palabras exactas fueron: "te seguro que es pura dinamita en la cama" y tenía razón - añadió con un gemido mimoso.

Jaaz miró al techo <<mujeres, mujeres>> ¿le sería más fácil si fuera heterosexual?

-Por mucho que agradezca el cumplido, confío en que no intentarás contarle todos los detalle a Lisa.
-Claro que no - respondió Irán bostezando - sólo le diré que tuvo razón.
-Estupendo - le comentó Jaaz al techo con un toque de sarcasmo.

Pero la rubia no lo escuchó pues se había quedado dormida.

*****

Jaaz estuvo apunto de llegar tarde a su vuelo a la mañana siguiente. No porque se hubiera quedado dormida, sino porque había perdido el sentido del tiempo mirando a Irán dormir. Se le dibujaba un ligero ceño entre los ojos, como si aún en sueños estuviera concentrada. Muchas veces la Rubia le había dicho que tenía el sueño profundo y recordó todas las veces en que los fines de semana realizaban sus lunadas, Irán no despertaba tan fácilmente; así que dudaba entre despertarla con un beso de despedida o dejarla seguir descansando.

Finalmente optó por la segunda opción, pero no se privó de acariciarle el cabello y besarla en la frente, deseando que aquel beso se le infiltrara en sueños. Se levantó de la cama y tomó una de sus libretas que tenía en la mesilla de noche y le escribió una nota breve que dejó sobre la almohada. Besó el rostro claro una vez más y luego se marchó a toda prisa antes de que la tentación le ganase y se quedase con la rubia.

De repente unas dudas surgieron ¿cómo la recibiría Irán a su regreso? ¿Con timidez, con pasión, con alegría, con arrepentimiento? <<Arrepentimiento>> esa palabra no le gustaba del todo. Todavía no le había dicho que la quería y regresó a la habitación, se detuvo un instante en la puerta para dirigirle una última mirada. No le parecía correcto marcharse sin decírselo, sin dejarle claro que en verdad la quería y poder darle tranquilidad en el caso de que le surgieran remordimientos. - Se lo digo cuando regrese - pensó mientras se marchaba y cavilaba del por qué no había pronunciado aquellas palabras en la noche anterior.

Pensaba que no habían sido necesarias si tenía una forma diferente de expresárselo. Jaaz sonrió mientras bajaba las escaleras de dos en dos; Irán la quería, de eso no había duda alguna.


Dos horas más tarde, Jaaz seguía sonriendo mientras su avión estaba en ruta. Le pasó el mandato a su compañera Karen y se dirigió al final del aparato para tomar una taza de café con Lisa.

Lisa la recibió con una sonrisa misteriosa mientras le tendía una taza de café bien cargado.

-Esta mañana pareces muy cansada comandante ¿no dormiste bien? - Preguntó la rubia alta con un tono inocente que contrastaba con el brillo maligno de sus ojos - ¿la pasaste bien en la fiesta con Hanna anoche?
-La verdad es que no - contestó después de darle un sorbo a su café - ignoré la posibilidad de pasar mi tarde en un lugar donde no deseba estar.
-¿Es que acaso estuviste con Irán? - no pudo evitar una sonrisa de alegría.
-Creo que pasamos la mejor tarde.
-¿La pasaste bien con la rubia anoche?
-La verdad es que sí - aseguró Jaaz apoyándose sobre la pared y recordando el tema sobre su rudeza y sexualidad - por cierto, hablamos de ti varias veces. Irán me contó sobre tus pensamientos perversos hacia la sexualidad de una de tus amigas.
-¿Mis qué?

Jaaz levantó la taza de plástico y se la llevó a la boca. Poco a poco el rostro de Lisa fue adquiriendo un tono rojo al comprender el significado de las palabras. Por primera vez, parecía que la rubia alta se quedaba sin habla.
Complacida, la morena le guiñó el ojo antes de volver sobre sus pasos y regresar a cabina.

Karen la miró con extrañeza al observar la extraña mueca de felicidad que tenía en el rostro. Tratando de disimular, Jaaz se inclinó hacia delante y contempló el siempre inalcanzable horizonte, como si quisiera que el avión fuera más rápido. Sólo tenía que atravesar aquel océano, llegar hasta México y regresar para estar de nuevo con Irán <<Irán>> Jaaz saboreó ese nombre, se sintió ridículamente feliz - Ella es lo mejor que me ha pasado en la vida - se dijo mientras esbozaba otra sonrisa que sólo las nubes y ella compartirían.

*****

-Soy lo peor que le ha pasado a Jaaz - se dijo Irán mientras se levantaba de la cama.

Recorrió el cuarto de su amiga de arriba abajo, en vuelta en una sábana, aquella que las había tapado la noche anterior. Tenía en mano la nota que Jaaz le había dejado sobre la almohada. Al leerla se le había dibujado una sonrisa en el rostro, pero segundos después, había sido reemplazada por una expresión de pánico que no tenía intención de marcharse.

Con amor, Jaaz. La firma era clara y firme. El mensaje de arriba, corto pero tierno: te echaré de menos, pero pensaré mucho en ti, me gusta como duermes, te veo el jueves. Con amor, Jaaz.

¿A qué se refería? ¿Amor del tipo: <<te amo>> o del tipo <<que bien me caes>>? eran unas frases de despedida común, y ella misma las había utilizado a menudo. Pero aquellas palabras escritas de la mano de Jaaz <<me gusta como duermes, con amor Jaaz>> le estaban derritiendo el cerebro, ya de por sí, ablandado por el amor que sentía.

Jaaz le había dejado tantas notas a lo largo de los años, siempre como respuesta a los mensajes que ella misma le dejaba en el buzón de la entrada, pero siempre manejaba <<te veré más tarde, pórtate bien, te extrañaré, pensaré en ti, cuídate>> pero nunca con la frase "con amor, Jaaz" sino, hasta ahora.

Irán se dejó caer sobre la cama, en la parte donde había dormido su amiga. ¿Por qué las personas no podían ser como los ordenadores? El único sistema lógico para esas máquinas era el binario; encendido o apagado; amor o no amor y no esos rodeos.

Se puso boca abajo y golpeó la cama con los nudillos. Tenía ganas de gritar de rabia y eso fue lo que hizo; sus propios gritos la dejaron muy desconcertada, no estaba acostumbrada a exteriorizar sus emociones y sentimientos de ese modo, pero aquello era más que eso, era frustración. Solía analizar, trabajar con ello y acabar por deshacerse de lo que sea que sintiese, disfrutando en el proceso. Pero hasta entonces, sus frustraciones no tenían nada que ver con aquellas emociones confusas, mareantes y cálidas que le estaban oprimiendo el corazón, sabía que podía lidiar con ello, a lo que no podía enfrentarse era a que Jaaz no sintiese lo mismo o viceversa.

Irán exhaló un suspiro. A medida que transcurrían los segundos, su pánico no hacía más que acrecentarse. Tenía que vestirse y salir de allí; pensaría mejor vestida y en su propia casa, lejos de la cama de Jaaz en donde habían hecho el amor y refugiadas la una con la otra.

Tras echar un último vistazo a la nota, Irán la dobló y la guardó en la palma de la mano mientras se quitaba la sábana para comenzar a buscar su ropa. La encontró doblada sobre la silla, y no era el lugar donde la había dejado. Jaaz había sacado de su tiempo para acomodársela. Se vistió mecánicamente sin analizar las lágrimas que brotaban de sus ojos y resbalaban por sus mejillas al pensar en ese detalle. No soltó la nota en ningún momento. Tenerla en la mano, era como estrechar la mano de Jaaz y guardar la posibilidad de su amor.

La posibilidad de su amor - pensó Irán que comenzó a moverse con más lentitud al recordar las horas pasadas. Sintió como todo su cuerpo se estremecía con los recuerdos. Jaaz le había sonreído con infinita ternura cuando sus cuerpos se habían unido. Había sido muy cuidadosa y tierna. La había acariciado como si ella fuera lo más valioso del mundo, abrazándola como si quisiera protegerla de todo el mal.

Era cierto que había conseguido muchos logros en su corta vida, pero nunca se había sentido tan orgullosa como cuando Jaaz perdió el control entre sus brazos, con el corazón acelerado y el cuerpo tembloroso mientras ella la acariciaba. Había sido sin duda, una noche mágica.

Irán bajó las escaleras como si flotara, hasta que cayó en la cuenta de que aquello era un desastre, puede que hubiera sido una noche mágica, pero a pesar de ello, seguía siendo un desastre. Sacudió la cabeza y salió por fin, contempló el sol por unos instantes y se dispuso seguir su andar; atravesó el jardín hasta la valla de su propia casa.

Al entrar por la parte de atrás de la cocina, observó a su madre arreglando unas flores recién cortadas en un jarrón, la cual ni siquiera pestañó cuando Irán entró demostrando que no había pasado la noche en su propia habitación, sino, en casa de Jaaz. Después de todo ¿qué más daba? Había pasado muchas noches en casa de su mejor amiga durante los años pasados.

-Buenos días hija ¿la has pasado bien con Jaazanía anoche?
-Sí - contestó la rubia dejándose caer sobre una de las sillas de la cocina.

El mundo parecía haber cambiado de órbita, tenía la impresión de que todo era distinto; incluso su madre parecía diferente allí de pie con las flores, tarareando una melodía que sonaba en la radio.

-¿Hicisteis algo divertido?
-Sí - volvió a contestar Irán sin dudarlo - nos hemos acostado Juntas.

Su madre la miró fijamente y sus ojos se encontraron durante un instante. Irán leyó la sorpresa en ellos, y supo que no era debida solamente a que ella y Jaaz se habían acostado, sino, por el simple hecho de que le estuviera contando una intimidad.

Su mamá desvió la mirada y tosió para ganar tiempo.

-Ya veo... me alegro que haya sido divertido - dijo concentrándose en sus flores - ¿ha sido tu primera vez?

Irán asintió con la cabeza.

-¿Tu primera vez con una mujer o ya lo habías hecho con un hombre?
-Mi primera vez en todos los sentidos de la palabra.
-¿Estás segura de lo que has hecho?
-Sí - dijo mientras vertía leche y cereal en un vaso y comenzaba a llevarse a la boca una cucharada - creo que está enamorada de mí.

Su madre dejó el jarrón de flores y se sentó junto a Irán con las manos juntas.

-¿Y tú? ¿Estás enamorada de ella? - Vio a Irán asentir con la cabeza - eso es maravilloso - dijo la mamá con una sonrisa - siempre habéis estado muy bien juntas, creo que es la mujer perfecta para ti.
-No - protestó la rubia apartando el cuenco de cereal - ¿es que no lo ves? No funcionará. Se sentirá avergonzada de mí y no le causaría más que problemas. Ya se los causo siendo nada más una amiga; así que es mejor que sigamos siendo sólo eso.
-Si eso es lo que crees hija, seguro es lo mejor, tú lo sabrás mejor que nadie.

Irán sintió deseos de gritar de frustración por segunda vez aquel día, pero se contuvo y en su lugar aspiró con fuerza el aire. Ya que era la primera conversación que tenía de madre a hija desde que tenía memoria, lo mejor que podía hacer, era aprovecharlo.

-Madre... - dijo Irán con un tono de dolor en la voz - mi inteligencia ha sido algo muy importante para poder sobresalir, puede que sepa más de lo que debiera, pero eso no significa que siempre esté en la dirección correcta. Soy la conductora pero igual necesito un plano en el que pueda guiarme.

La rubia miró la confusión que demostraba el rostro de su madre, así que para su mala suerte, no pudo controlar más sus sentimientos.

-¿Es que no lo entiendes? Puede que sea capaz de resolver problemas complicados y de pensar rápido, pero como cualquier persona, necesito consejos. Mi cerebro no sabe que está bien o que está mal, lo que funciona o lo que no; - unas lágrimas surgieron de sus ojos verdes y se deslizaron por sus mejillas - desde que era niña, siempre que daba mi opinión la aceptabas sin rechistar porque decías que tenía toda la razón. Así que dejé de contar contigo... y empecé a apoyarme en Jaaz.

Para sorpresa de Irán, su madre parecía entender poco a poco lo que estaba diciendo; se mantuvo en silencio durante unos instantes con la mirada perdida, hasta que finalmente extendió la mano para tomar la de su hija.

-Tu padre y yo nunca fuimos buenos estudiantes Irán Heli, siempre nos preguntamos de dónde había salido ese don tuyo. Nos intimidó desde el principio - suspiró con tristeza - entiendo ahora a lo que te refieres; nunca te tratamos como a una niña que nos necesitaba. Sentíamos que estabas tan por encima de nosotros, tan fuera de nuestro alcance, con todos aquellos conocimientos de los que ni siquiera habíamos oído hablar que nos hicimos a un lado.
-Exacto mamá. Y lo dejasteis todo en mano de Jaaz - replicó Irán con los dientes apretados; en ese momento le dolía hasta pronunciar su nombre - ella era tan sólo mi amiga - continuó - y se convirtió en la única persona en la que podía confiar, la única que me guiaba. ¡¡Por los dioses mamá!! ¿Sabes quién me habló de la menstruación?
-No - dijo su madre a toda prisa - siento no haberte hablado de ello jamás. Nunca me preguntaste nada y di por hecho que ya sabías todo gracias a tus libros. Lo siento tesoro mío. Ahora sé que los manuales médicos no pueden sustituir el consejo de una madre; ¿quién te habló de ello? ¿Alguna profesora?
-No mamá. Fue Jaaz - contestó Irán secándose las lágrimas.
-¿Jaaz?
-Sí, Jaaz. - Repitió tratando de tragarse el nudo gigante que se le había formado en la garganta - ella tan sólo tenía 16 años ¿cuántas chicas de esa edad conoces que dediquen su tiempo para enseñarle a sus amigas de 12 años la anatomía femenina? - la rubia sonrió con tristeza - incluso, fue ella la que me proporcionó mis primeras toallas femeninas. A mi me daba vergüenza comprarlas; ella se las pedía a su abuela para mí.

Irán suspiró y sintió como se llenaba su corazón de amor por Jaaz. Ella siempre había estado ahí, en cualquier momento y en cualquier situación. Recordó su antiguo proyecto, trataba de saber cuantas clases de insectos existía en aquel pequeño bosque de la parte oeste; era una época de calor pero como fuera, tuvieron que ir muy abrigadas para no ser picadas por algunos de los bichos de la región, la más perjudicada fue la morena, que en sí, fue la que se la pasó recolectando los insectos mientras ella sólo los analizaba. Ya no podía permitir que Jaaz siguiera sacrificándose por ella.

-¿Y ahora? - Preguntó Tita con suavidad - ¿qué sucede contigo y con Jaaz?
-Tan sólo seré un problema para ella - contestó regresando de golpe al presente.
-Quizá a Jaaz le guste ese tipo de problemas - replicó Tita, mientras le colocaba un mechón rubio detrás de la oreja con gesto maternal - ya es todo una mujer, con la capacidad de analizar, decidir y sobre todo de saber lo que quiere. No le dejes fuera, no le quites la oportunidad de tomar una decisión tan importante.

Irán la miró con sorpresa, quizá esperaba su típico <<si cariño, tienes razón>> se suponía que tenía que estar de su parte, que la tenía que entender por sobre todas las cosas, se suponía que debería entender que Jaaz ya no podía seguir sacrificándose por ella...
Dejó caer su rostro sobre sus manos y permitió que su madre le acariciara la cabeza y el cabello: se suponía que su madre debería haberle dicho <<tienes razón en todo>>.

*****

Irán no avanzó mucho en su trabajo ese día, se encontraba desplomada sobre su mesa de trabajo en el laboratorio, observando unas hojas sobre la química orgánica, pero las palabras no llegaban a su cerebro. Sólo distinguía unos caracteres negros sobre fondo blanco, lo mismo daba si se encontraban escritos en chino, árabe o griego, no lo sabría.

-¿Irán? - Dijo Catrina golpeándole la mesa para llamar su atención - tienes que venir a ver esto.

Encantada por la interrupción, la rubia se puso en pie y la siguió por el laboratorio.
Aún estaban por el pasillo cuando Irán se dispuso a hablar.

-¿Qué tal estuvo tu cita? Con las prisas y contratiempos de los días no he podido charlar contigo.
-Gracias por preguntar - dijo Catrina sonriendo a Irán - estuvo de lo mejor, Pilar es una chica espectacular.
-Me da gusto que todo marche bien para vosotras.
-Creo que precisamente ahora, todo marchará bien para Jaaz y para ti - le guiñó el ojo.
-¿A qué te refieres exactamente?
-¿Es que crees que no me daba cuenta de que Jaaz estaba celosa de mi?
-¿Celosa? Wow... creo que te has equivocado - le dio un ligero golpe en el brazo izquierdo.
-Bueno, al menos, no puedes negar que ella creía que entre tú y yo pasaba algo. Supongo que creyó que era un obstáculo para vuestra relación, dile que puede estar tranquila.
-Jajaja - la rubia se alegró de poder reír ante aquellas palabras - Jaaz sabe que no eres un obstáculo, el obstáculo soy yo - se clavó el dedo pulgar en el pecho.
-¿He? - Dijo Catrina levantando una ceja - ¿tú eres el problema?
-Sí, siempre he sido yo el problema - le sonrió con amargura y deseó acabar con esa conversación - ¿qué deseas que vea?
-Un chimpancé hembra llegó esta mañana, resulta que es una vieja amiga del otro chimpancé Casina, pues cuando se han visto han mostrado comportamientos extraños pero agradables, como si estuviesen felices de verse. Es algo increíble. Han estado hablando en el idioma chimpancé, completamente ajenas a los observadores humanos. He logrado averiguar que pasaron la mayor parte de sus vidas juntas, y sólo se separaron cuando casina vino a esta universidad para ser observada.
-De seguro están enamoradas - aseguró Irán mientras las observaba jugar.
-Supongo que sabes de lo que hablas - contestó Catrina mirándola con aire enigmático.

Tras permanecer un rato observando a las monos, regresó a su banco de laboratorio para sentarse y pensar. Se sentía miserable, casi mareada. Aquello había sido un error; soltó un gemido y comenzó a golpearse la cabeza contra la mesa, por su puesto que Jaaz la amaba. Así tenía que ser, hacer el amor con ella había sido muy egoísta de su parte, es que ¿acaso pensaba que Jaaz haría una cosa así sin sentir algo muy profundo por ella?

Se había comportado como una auténtica estúpida. Además, Jaaz iba a marcharse y aquello sería el fin de cualquier relación romántica entre ellas; así debía ser, por mucho que Lisa dijera lo contrario. Las cosas se habían complicado mucho. Su amiga no querría marcharse; seguro que ya estaba fantaseando sobre su futuro juntas, planeando un sin fin de cosas que nunca ocurrirían.

Se mordió el puño, una costumbre nerviosa que mantenía desde la infancia y de la que no había logrado desprenderse. Tenía tres días, antes de que volviera Jaaz para decidir que iba a hacer, para poder enfrentarse cara a cara con ella. Tan sólo tres días para salvarla de ella y su vida fuera fácil y feliz.

*****

Jaaz entró directamente en casa de Irán en cuanto llegó de su vuelo, sin preocuparse siquiera de cambiarse el uniforme por una ropa más cómoda. Quería verla. Necesitaba reafirmar lo que había pasado entre ellas, para convencerse de que no había sido un sueño.

Tita le dio la bienvenida desde la puerta. A juzgar por su sonrisa, estaba claro que sabía que ocurría algo entre ella y su hija y que no le parecía del todo mal.

-Hola Jaaz ¿vienes directamente del aeropuerto?
-Hola Tita - contestó con una amplia sonrisa, sin interés de fingir ante su posible futura suegra - no puedo esperar para ver a Irán.
-De acuerdo - contestó la madre de la rubia mirando hacia las escaleras y deteniéndola con una mano cuando hizo amago de dirigirse a ellas - espera un momento Jaaz.

Sorprendida por aquellas palabras, la morena esperó. La madre de Irán había sido una figura amigable y distante desde que la había conocido. No recordaba haber mantenido una conversación con ella, aparte de los saludos típicos de cortesía; pero estaba claro de que Tita tenía en mente más que saludos típicos por decir en ese momento.

-¿Le ocurre algo a Irán? - preguntó inquieta.
-Digamos que sí - contestó la señora frotándose las manos nerviosamente sin apartar la vista de las escaleras - siempre he tratado de no interferir en la vida de Irán, Jaazanía, ahora tampoco quiero hacerlo, pero me he dado cuenta de que ha sido un gran error de mi parte, pese a ello, mi intención no es ser precisamente una madre meticona, pero Irán me contó lo que pasó entre vosotras.

Creyó que iba a desmayarse, la madre de la rubia sabía lo ocurrido, no sabía que pensaba Tita al respecto, pero sea lo que fuese, no debía ser tan malo; sólo esperaba que Irán no hubiera entrado en detalles, se sintió avergonzada, su amiga tenía la facultad de hacerla sentir como si siempre tuviera 15 años.

-No pongas esa cara Jaaz - la madre le sonrió con dulzura - no tengo ningún problema con ello. Mi hija necesita una persona que en verdad la ame y te conozco desde hace mucho tiempo, eres la mujer perfecta para ella. Es maravilloso, pues ella te quiere, me lo ha dicho - le puso la mano sobre el brazo - pero no debemos olvidar que tiene ideas bien raras; va a intentar todo lo que le sea posible para apartarte de su lado. No dejes que te eche así nada más.
-Nunca - le aseguró Jaaz mientras una preocupación le invadía el cuerpo.

¿En qué rayos estaría pensando Irán? ¿No podría su extraordinario cerebro dedicarse a estudiar Química, Biología, Física y todo lo que le fuese posible, dejando tranquilo al amor? El nudo que se le había formado en la boca del estómago comenzó a ceder cuando analizó bien las últimas palabras de Tita, la rubia la quería, quizá ya estuviera maquinando un plan diabólico, pero al fin la amaba, eso era lo importante.

Guiada por un impulso, besó a la señora en la mejilla, sin esperar más, comenzó a subir las escaleras; necesitaba ver a la rubia y llenarla de besos, para que así, se olvidara de sus tonterías. La había extrañado mucho, estar en una cama de hotel al otro lado del mundo, le había causado el darse cuenta de cuanto la amaba y que no podría vivir alejada de ella.

Comenzó a andar más despacio a medida que se acercaba a la habitación. La puerta estaba abierta y observó a Irán sentada en su escritorio, frente a un pequeño monto de papeles y libros. Estaba de espaldas de Jaaz, así que pudo observar su cabello rubio que le caía por los hombros. Tenía la cabeza inclinada, la cual demostraba su perfil que indicaba una total concentración, tenía un bolígrafo entre los dientes. A pesar de todo el ruido que había hecho al subir las escaleras, ella no se había dado de su llegada.

-Así es Irán - pensó la morena con afecto. Podría vivir con aquella científico por el resto de su vida, la amaba por lo que era. Cerró la puerta por precaución en caso de que sucedieran cosas que no eran aptos para otras personas.

Se acercó despacio y la abrazó por detrás, la besó en el cuello con dulzura - ¿me has echado de menos? - susurró al darse cuenta de que no había respuesta de Irán con respecto a sus caricias.

Jaaz abrió la boca para preguntar que le sucedía, pero la volvió a cerrar. Haría como si no hubiera notado nada y tal vez ella lo dejara pasar. Si tan sólo pudiera llegar a la boca de la rubia... acercó los labios pero ella giró la cara, lo intentó del otro lado y hubo la misma reacción.

Muy bien, no podía alcanzar los labios de la rubia, pero habían otras partes que besar; le mordió ligeramente el cuello, sintió el ligero escalofrío que invadía a Irán y sonrió ante esto. Dado por acabado su demostración de amor con acciones, se colocó entre Irán y el escritorio para mirarla de frente y comenzar la acción del habla.

Su sonrisa se borró al darse cuanta de que Irán no sonreía, estaba completamente seria.

-¿Puedo saber qué sucede? - dijo Jaaz en tono dolido.
-Tenemos que hablar - la rubia apenas y la miró. Se levantó de la silla y se puso enfrente de la ventana para poder mirar la tarde que se avecinaba.
-Sé que tenemos que hablar, pero antes de eso me gustaría darte un beso - la morena se acercó pero no pudo hacerlo completamente cuando Irán alargó su mano para detenerla.
-Ahí donde estás es mejor.
-¿Mejor para qué?
-Para que estemos calmadas, no quiero un arranque de éxtasis por tu parte.
-¿He? Bueno... la noche en que estuvimos juntas parecía que adorabas el éxtasis que llevaba colado en las venas.
-Jaaz - susurró Irán - por favor, sólo hablemos del ahora y no del ayer.
-Eso es precisamente lo que quiero Irán, hablar de un ahora, pero tú me haces regresar al pasado que no es tan pasado después de todo.
-Todo ha sido un error.

Jaazanía se quedó sin habla ante esas palabras, ¿qué había sido un error? ¿Ser amigas? ¿Amarse? ¿Haberse acostado? Sacudió la cabeza ante esto y trató de pensar con claridad y positivismo.

-¿Me explicas que ha sido un error? - dijo intentando acercarse, pero siendo rechazada de nuevo.
-No te muevas de donde estas - replicó la rubia.
-Está bien, está bien. No me moveré, pero explícame.
-Lo que tú y yo hicimos no estuvo bien, creo que eso fue un error.
-¡¡Hey!! Estáis llamando un error a la noche en que hicimos el amor Irán ¿te das cuenta de ello? - le espetó.
-Me doy cuenta y eso es precisamente lo que quiero que entiendas.

La morena pasó sus manos por el cabello negro, se giró y trató de pensar en cómo convencer a su amiga de lo contrario, no entendía porque trataba de alejarla de su lado.

-Dime Irán ¿por qué quieres alejarme? Hemos sido amigas desde hace mucho tiempo, te conozco muy bien y sé que tienes en tu cabeza una idea loca y errónea, dímelo, hablemos de ello y tratemos de resolverlo, tal y como solíamos hacer desde la adolescencia.
-Sólo puedo decirte que lo siento mucho Jaaz, no quiero que esto siga así.
-¿Seguir así qué? ¿Es que no lo ves? Lo de nosotras es más que una atracción y no te atrevas a decir lo contrario - comenzó a caminar en dirección de Irán.

La rubia vio acercarse a Jaaz con determinación, sabía que nada de lo que dijera la alejaría, así que retrocedió lentamente.

-Ven aquí rubia - dijo Jaaz mientras llegaba más cerca.
-No - fue lo que logró decir Irán mientras brincaba la cama y la ponía como barrera entre ella y su amiga.
-No te escaparás esta vez como siempre haces - saltó la cama y persiguió a la rubia que corrió hacia la ventana de nuevo. La vio abrirlo y salir.
-No te acerques más Jaaz - dijo Irán colgándose de una rama cerca y logrando subirse a ella, comenzó a andar hacia la ventana del cuarto de Jaaz.
-No hagas eso Irán - Jaazanía sintió miedo, no creía que esa rama aguantara a la rubia - detente - vio a la rubia detenerse a mitad de su andar y se acercó a la barandilla de fierro que tenía el espacio de la ventana - regresa ahora mismo.
-No regresaré si vas a estar ahí.
-Esto es juego de locos, ya no quiero jugar así.
-No estoy jugando.
-Pues entonces, bájate de ahí, hablemos como lo que somos y todo listo.
-Te conozco Jaazanía, vas a intentar todo menos dejar las cosas listas.
-Prometo no seguirte.
-Regresaré entonces - hizo amago de seguir su andar pero se escuchó un crujido por parte de la rama - o no... - susurró Irán - ¡¡Jaaz!! - gritó la rubia cuando por fin la rama se rompía y ella se iba hacia abajo.
-¡¡Joder!! ¡¡Irán!! - gritó Jaazanía mirando a su amiga quedar colgada de la cuerda del columpio de madera. Sin esperar nada más, bajó corriendo las escaleras.

-¿Puedo saber qué haces? - dijo Jaaz llegando a lado de Irán que estaba de cabeza, colgando de aquella cuerda.
-¿Qué te parece que hago? - dijo Irán con una mueca.
-Observar el suelo - soltó sin evitar poder reírse.
-¿Te da gracia que esté colgada de esta forma?
-La verdad sí, no es la primera vez, recuerda cuando estuvimos en el bosque la última vez, terminaste en esa posición.
-Lo recuero perfectamente, espero que la diferencia entre aquella vez y esta, sea porque me bajes con cuidado y no termine estampada en el suelo boca abajo.

Agradeció poder hablar con la rubia de esa forma, la tensión que llevaba desde que entró en el cuarto de su amiga, iba desapareciendo, pero sabía que todo se estaba poniendo de cabeza aunque ella no lo deseara así.

-Vamos Jaaz, ¡¡suéltame!! - gritó Irán al verla perdida en sus pensamiento.

La morena agradeció de igual forma su estatura, acomodó a Irán en su hombro mientras le desataba la cuerda de la pierna, era una fortuna que después de todo Irán no fuera tan alta y estuviera delgada. La logró desatar y las dos cayeron al suelo. Jaaz aprovechó para poner a la rubia en el sacate y no permitir que se moviera de ahí.

-Ahora sí que vamos a hablar - dijo la morena agarrando las manos de su amiga y poniéndolos en el suelo.
-No quiero hablar de ello, he dicho todo.
-Eso sí que no, tú has querido decir todo sin decir nada realmente, no yo.
-¿Qué quieres que diga?
-¿Por qué me alejas de ti? - sin querer se escuchó ese tono de dolor en su voz - sabes lo que siento y aún así sigues con ese rollo.
-No quiero que sufras Jaaz - dijo Irán hablando con seriedad - quiero que seas feliz.
-Pero si soy feliz contigo, no creo haber sido más feliz que ahora.
-No Jaaz, eres mi amiga y no voy a hacerte eso.
-Ahí está el punto... ¿hacerme qué?
-Sólo seamos amigas.
-No me pidas que seamos amigas después de lo que ha pasado ¿crees que eso es posible?
-No lo sé... - dijo la rubia por lo bajo.
-Si tú no lo sabes ¿quién rayos crees que lo sepa? Se supone que tú eres la científico y debes darme una explicación antes de mandarme por un tubo así sin más.
-No sé si quiero seguir con esto - cerró sus ojos verdes.
-¿Tienes miedo verdad? - La morena quería llegar al fondo - ¿te has dado cuenta de que no puedes ser lesbiana? ¿Te has enterado de que no me amas? - no estaba molesta, estaba sufriendo, y no sabía ya que más decir para hacer hablar a su amiga.
-Jaaz yo... - la rubia quiso hablar pero un dedo le cayó la boca.
-No digas nada - le susurró - creo que entiendo tu posición, eres mi mejor amiga, te confundiste y creíste sentir algo por mi, pero te has dado cuenta que no es así y que ser como yo no va contigo, eso es el error...

Abrió sus ojos rápidamente, Jaaz había sacado una conclusión diferente, una conclusión muy alejada de la verdadera razón.

-Eso no es verdad.
-¡¡Joder!! - Soltó las manos de Irán y se puso en pie - entonces no sé cuál es la verdad y sinceramente me has confundido, me suenas a aquella canción que escuchamos hace algunos años cuando estuvimos en la graduación de los botánicos.
-¿La desconocida? - preguntó Irán con sorpresa.
-La misma - dijo Jaaz mientras se daba la vuelta y comenzaba su andar hacia su casa.
-Pero eso no es verdad...

La rubia se quedó parada ahí mirando como su mejor amiga se marchaba a casa, pocas veces había visto esa mirada de dolor en sus ojos, ella tenía la culpa, pero era mejor así, Jaaz necesitaba a una mujer diferente, que la hiciera muy feliz, y esa precisamente no era ella misma. ¿Es que caso Jaaz no merecía la verdad? Llegó a la conclusión de que era mejor que pensara eso. Dos pregunta le asaltaron en la cabeza ¿ya no podrían ser amigas? ¿Ya no intentaría saber la verdadera razón? Después de todo, su amiga no era tonta y sabía que si en verdad la amaba, no la iba dejar ir tan fácilmente, pero hiciera lo que hiciera Jaaz, iba a intentar alejarla.

*****

Lisa había ido a visitar a Jaazanía tan sólo para charlar sobre lo que no había quedado tan claro en la plática que tuvieron mientras volaban en el avión; grande fue su sorpresa al enterarse de lo que había ocurrido entre ellas y sobre todo, lo que aún seguía pasando.

-Las dos van a volverme loca - gritó Lisa sentándose en el sofá de la sala de estar en cada de Jaaz - ¿por qué carajos se hacen esto a vosotras mismas?
-No tengo intención de hablar sobre eso de nuevo Lisa, te he contado lo que pasó y punto, no diré más.
-Es que... te juro que no cabe en mi cabeza lo que estáis haciendo. Sé que no soy Irán con esa gran inteligencia, pero hasta una idiota se daría cuenta de lo que esa rubia está intentando.
-Me estáis llamando idiota Lisa - Jaazanía la miró con seriedad.
-¿Y no lo eres? - aquella charla había tomado importancia para las dos; no estaban discutiendo, tan sólo se hablaban con la verdad, eso era lo que necesitaban. Lisa se levantó del sofá y se puso enfrente de Jaaz que se encontraba sentada alado de ella - me parece que te estás dejando perder sin antes haber empezado a jugar.
-Créeme que no tengo ganas de adivinar la subliminalidad de tus palabras - dijo la morena sin mirar a su amiga.
-Ya ves que si te has idiotizado - la rubia alta puso su mano en la barbilla de Jaaz y la obligó a mirarla - no estás analizando bien las cosas.
-No estoy de humor Lisa, no tengo ganas de pensar en nada, tan sólo quiero ducharme, dormir y descansar.
-Pues te aseguro que no te dejaré hacer todas esas cosas sin que me hayas escuchado - se apartó de Jaaz y se quedó mirándola - pensemos bien en el panorama.

Lisa sintió ganas de gritar en ese momento, ver a Jaaz con esa mirada perdida, con el dolor, con la decepción y todo lo que conllevaba esa situación, la sacaba de quicio y le hacía molestarse con las dos personas a las cuales quería.

-De verdad que las dos están completamente locas - gritó de pronto la rubia alta - primero comienzas a tratar de alejar los sentimientos de Irán hacia ti, para que no perdiera su heterosexualidad a pesar de que la amabas, después de todo eso, por fin las dos se acuestan y son felices por una noche, cuatro días más tarde la rubia es la que te trata de alejar para que seas feliz con otra persona, porque ella cree que no es la correcta para ti... ¡¡sí que estamos jodidas!! - gritó con exasperación.
-Que no es así - replicó Jaaz - lo supimos desde un principio, Irán no era homosexual, tan sólo su trabajo la confundió y se ha dado cuenta de ello, eso es el error del que habla.
-Claro que no - contradijo Lisa - lo que Irán quiere es alejarte porque supone que no será capaz de hacerte feliz, porque tiene miedo de no ser perfecta para ti, cree que será una carga... pero de que te ama, te ama.
-Pues no seré quien la saque de esa duda, una vez me dijiste que no interfiriera en las decisiones que ella tomara con respecto a su sexualidad.
-Te dije que si ella decidía estar en tu bando, no la trataras de hacer desistir de su idea, mas no te dije que si te intentaba alejar de ella tú se lo permitieras ¿te das cuenta de que eso hace, verdad? Ella no está confundida con respecto a sus gustos sexuales, al contrario, está convencida de que es una carga para ti.

Jaaz se puso en pie y comenzó a andar en círculos, podría ser que Lisa tuviera razón, aquella rubia que tenía enfrente a pesar de ser una chica con ideas extremadamente locas, nunca de equivocaba, además no le daría esperanzas falsas en una situación como esa, tal vez sabía algo y por eso insistía en que tenía una idea errónea en la cabeza.

-Puede que tengas razón - dijo Jaaz sintiendo que las esperanzas volvían.
-Hey... hey... hey - la rubia alta le sonrió - no puede que tenga razón, ¡¡la tengo!! Lo que tienes que hacer, es luchar por Irán, hacerle ver que está cometiendo un error muy grande, demuéstrale que la amas y no la dejarás ir; tu lucha valdrá la pena, a veces nos gusta que la gente que amamos luche por nosotras.
-Quizá Irán tan sólo necesite salir con otras personas - soltó Jaaz tratando de visualizar otras opciones.
-Lo que necesita Irán, es que le den una probadita de su propio chocolate - dijo con entusiasmo - buena idea Jaaz, después de todo, tu inteligencia no es opacada por tu imbecilidad.
-Deja de insultarme - Jaaz la miró amenazante y con una sonrisa, demostrando que había aceptado las posibilidades de Lisa.
-Ni te atrevas a intentar algo contra mi Jaaz; que ya conozco esa mirada tuya.
-Pues deja de insultarme ¿a qué chocolate te refieres?
-Bueno... - Lisa se sentó de nuevo y la miró con superioridad - necesita saber lo que se siente ser Conejilla de Indias, necesita experimentar el deseo reprimido.
-¿Me estás proponiendo que yo...? - no quería terminar su frase.
-Efectivamente mi querida Jaaz. Dile que deseas hacer un proyecto que consta de la frase "cómo una Lesbiana se puede volver Heterosexual, después de un rompimiento amoroso".
-No diré semejante cosa - Jaazanía frunció el ceño.
-Suena genial, pídele que sea tu maestra, que te ayude en la metodología y en la experimentación, hagamos que reviente de celos y que reconozca que te ama y no desea dejarte.
-Eso no se le hace a una amiga, Lisa - replicó Jaaz con una mueca de guasa.
-Reconoce que te ha gustado la idea - bromeó la rubia alta.
-No haré eso y no me harás cambiar de opinión.
-¿Tienes una idea mejor, Jaaz?
-Sí, tengo una idea mejor; no seré una científico como Irán, pero soy tan inteligente como ella y no perderé el juego sin antes haber jugado el partido, como bien has dicho ¿ya?
-Está bien, está bien... sólo prométeme que si tu idea no funciona, tomarás la mía.
-Lisa... - exclamó Jaaz apretando los dientes.
-Vale, vale, desisto, en tus manos dejo el asunto, tan sólo miraré y te daré ánimos para que no te rindas comandante - se puso en firmes y levantó la mano haciendo el saludo oficial que se le daba a los comandantes de vuelo - mi comandante - dijo por último mientras se echaba a reír.

Continuará...


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