Advertencia: esta historia tiene subtexto, por supuesto que los personajes se parecen a nuestras heroínas. Así que si eres menor de 18 años y este tipo de historias, entre personas del mismo sexo, no te gustan, pues ¿qué haces aquí? Mejor ve a leer otra cosa. Pero si eres de las personas que aceptan esto, entonces te doy la bienvenida y espero que les guste.
Por cualquier duda o comentario me escriben a enya_3c@yahoo.com.mx


SOY CONEJILLA DE INDIAS

Autora Livia

Tercera parte

A la mañana siguiente muy temprano, Irán estaba en la puerta de la casa de Jaaz con un paquete de comida para gatos y un cajón de arena.

-Entra. Está abierto - dijo una voz desde el interior cuando llamó al timbre.

Jaaz se estaba mirando en el espejo de cuerpo entero que había en el salón y no parecía muy satisfecha con su apariencia. Y lo cierto era que estaba muy rara. Guapa pero rara. Irán la miró de arriba abajo tratando de encontrar dónde estaba el problema.

-Hola Irán - la saludó la morena después de soltar una maldición entre dientes - ¿has visto a lo que me ha obligado tu bestia?

La chica rubia estaba tratando a duras penas de contener la risa. Ya había descubierto el problema, Jaaz tenía el uniforme de piloto pero llevaba pantalones negros y chaqueta azul. El contraste era muy peculiar, por no hablar de la disparidad en las texturas de la tela.

-Estoy perdida - se lamentó Jaaz - incluso tú que careces del sentido de la moda, te has dado cuenta de que parezco una perfecta idiota. Tu querido gatito ha tenido juegos con mi único vaquero limpio de uniforme y Lisa está por pasar a buscarme. Como verás, no tengo tiempo de lavarlos y secarlos.

-No sabes... no sabes como lo siento - aseguró la rubia entre hipidos tratando de disimular su carcajada - los gatos suelen ser limpios. Incluso Told lo es, no sé que ha pasado, fíjate que el gato de la prima Eleanor aprendió también a hacer sus necesidades en un cajón de arena.

Irán se dio cuenta demasiado tarde de lo que acababa de decir. Le echó un vistazo rápido a la cara de Jaaz y su esperanza de que no la hubiera escuchado se borró de un plumazo, la chica alta tenía buenos oídos.

-¿El gato de Eleanor, Irán? ¿Aquella que es alérgica desde la coronilla hasta la punta de los pies? ¿La que se pone como loca cuando le hablas de gatos? - preguntó Jaaz con los músculos tensados y una voz sospechosamente pausada. - ¿te refieres a la misma prima Eleanor que está a horita pasando una temporada en tu casa?

A cada palabra que pronunciaba, Jaaz se iba acercando un poco más y de forma amenazante. Irán retrocedió lentamente hacia la puerta, por si acaso tenía que salir corriendo.

-¿Me estás diciendo que he tenido que soportar al gato cuando tu prima ni siquiera tiene alergia?

Irán no tuvo más remedio que asentir con la cabeza.

-Muy bien - dijo Jaaz exhalando un profundo suspiro mientras se sentaba y la miraba con los brazos cruzados - y ahora, sin olvidarte que soy una piloto y no una científica nuclear, contéstame una cosa: ¿por qué?
-Quería pasar más tiempo contigo - susurró Irán incapaz de decir otra cosa que no fuera la verdad, aunque no completa - y esta era la excusa perfecta.

La expresión de Jaaz pasó del enfado a la sorpresa en milésimas de segundo.

-¿Pasar más tiempo conmigo? ¡Por los dioses Irán! No necesitabas montar una operación encubierta para eso. Nunca has necesitado de una excusa para estar conmigo.

Jaaz no sabía que hacer, así que extendió su mano hacia Irán - ven aquí - sintió la cálida mano cuando la rubia la tomó y se sentó en su regazo.
La morena le apartó el cabello rubio de la cara y le levantó la barbilla para obligarla a mirar directo a sus ojos azules.

-¿Todo esto te confunde tanto como a mi verdad?

No había ninguna duda de a qué se refería. Irán tragó saliva y luego asintió con la cabeza. Sentía su cuerpo en tensión y tenía que contenerse para no hundir su cuerpo en el de Jaaz. En un momento muy rápido, Jaaz acercó su rostro al de ella con la intención de besarle; Irán rodeó el cuello de su amiga con las manos, soltó un suspiro cuando sintió la respiración de Jaaz muy cerca.

-Jaaz, ¿estás lista?... Vaya, lamento interrumpir - dijo Lisa saliendo del salón y cerrando la puerta tras ella.

Jaaz como movida por un resorte, quitó a Irán y se puso de pie y sin decir una sola palabra fue por Lisa, la alcanzó y la tomó del brazo para meterla de nuevo al salón.

-De verdad que no hay prisa. La puerta estaba abierta y entré, pero puedo esperar fuera.

Murmurando por lo bajo, Jaaz soltó a Lisa y salió del salón en dirección a la puerta de la calle mientras se amarraba el cabello.

Irán se apoyó sobre la mesa. No tenía mucha fuerza para sostenerse sobre sus pies. Todavía estaba aturdida por la fuerza del beso que no había llegado a darse.

-Bueno... bueno - comenzó a decir Lisa con una sonrisa que podría abarcar los cinco continentes - al parecer, la cosa funciona bien...
-He... yo... esto - apenas podía decir Irán.
-¿Qué pasa amiguita? - Cuestionó la rubia alta con ojos chispeantes de alegría - ¿te ha comido la lengua la Conejilla de Indias?
-Muy graciosa - replicó Irán al recuperar la voz.
-Ya me contarás todo cuando vuelva del viaje a Tailandia - le guiñó el ojo mientras se dirigía hacia la puerta - pero me temo que de verás acelerar el proceso de superación.

La bocina del coche de Lisa se escuchó desde fuera, sonando con impaciencia.

-¿Cómo? - dijo Irán no entendiendo del todo.
-Van a trasladar a Jaaz.

Irán estuvo apunto de desmayarse, cayó en la cuenta de lo que Lisa acababa de decirle; sabía que Jaaz había pedido el traslado unos meses atrás, cuando su padre había sufrido un ataque al corazón en unos de sus tantos viajes, le habían recomendado reposo y ella estaba decidida a pasar más tiempo con sus padres. Irán no había vuelto a tocar el tema y Jaaz no mencionó nada más acerca del traslado desde entonces.

-¿Y bien? - Preguntó Lisa sacudiendo la cabeza mientras volvía a sonar la bocina - ¿vas a dejar que se vaya? Creo que es el momento de llevar a cabo una acción drástica.
-¿Cuándo... cuándo se marcha?
-No lo sé. Seguramente ella tampoco sabe aún que le han concedido el traslado. A mi me lo ha dicho un amigo del departamento del personal ¿y bien? ¿Vas a hacer algo?
-Sí - contestó Irán no estando muy segura - voy a hacer algo.
-Estupendo - exclamó Lisa mientras abría la puerta de la calle - te veré cuando regrese.

Sola por fin, Irán se dejó caer sobre el sofá. Jaaz se marchaba al otro lado del país, puede que nunca volviera a verla y no era solo que ya estaba enamorada, era obvio que Jaaz también sentía algo, aunque fuera sólo atracción física.
Sí, definitivamente tenía que hacer algo, iba a seducir a Jaaz, no había ninguna razón para no hacerlo antes de que se marchara... a decir verdad, estaba la razón principal, ella era heterosexual pero su corazón ya había decidido.

*****

Jaazanía manejaba sin decir nada. Lisa estaba disfrutando del momento. Miraba el perfil serio y pensativo de su amiga, no podía evitar sonreír, estaba más que contenta de que al fin sus dos mejores amigas estuvieran a punto de decirse la verdad sin ninguna barrera.

-¿Qué es lo que miras? - preguntó Jaaz con una mueca sin quitar sus ojos de la carretera.
-A una mujer muy bella y por cierto... - puso su dedo en su mentón - enamorada.
-Cierra la boca Lisa - gruñó Jaaz mirándola rápidamente.
-¿Vas a negarme que la ibas a besar?
-No voy a negarte nada.
-Me da gusto que por fin aceptes tus sentimientos.
-He aceptado mis sentimientos hace más tiempo del que te imagines.
-Mmm... pero nunca habías hecho nada, ahora lo haces.
-Yo... - quiso replicar pero se quedó callada por un momento - iba a besarle - por fin habló ya dando crédito a lo que en su salón hubiese ocurrido si Lisa no hubiera entrado. Se preguntó si había sido suerte o mala suerte.
-¡¡Y bien besada!! - exclamó la rubia con emoción.
-No sé que me ha pasado.
-¡¡Vamos Jaaz!! - Espetó Lisa - no quiero que vuelvas a decir "no sé que me ha pasado" ¡¡que rayos!! Claro que sabes que te ha pasado, te has enamorado y punto.

La morena no dijo nada más mientras aparcaba el coche de Lisa en el estacionamiento del aeropuerto. Se quedó sentada mirando al frente.

-¿Jaaz? - Lisa le habló por lo bajo - sólo prométeme algo.
-¿El qué? - contestó Jaaz mirando a Lisa por segunda ocasión.
-Si Irán decide pasar a la acera de enfrente para jugar en tu equipo, no la rechaces y mucho menos la intentes convencer de que juega con el bando derecho.

Jaaz sonrió ligeramente, entendía las palabras de su amiga, quería decir algo, pero no sabía que.

-Acéptala si su corazón ha elegido, es una decisión muy importante, tal vez la única que ha podido tomar sola nuestra genio - le tocó el brazo - prométemelo Jaazanía, por favor.
-Te lo prometo - dijo Jaaz mientras acariciaba la mano que estaba sobre su hombro - te lo prometo - repitió para estar más segura.
-Bien, bien, bien - Lisa se apartó y abrió la puerta del auto - ahora vámonos a trabajar, dejémonos de sentimentalismos.
-Buena idea - sonrió Jaaz.
-Siempre las tengo - le guiñó el ojo a Jaaz y salió.
-Presumida - le exclamó la morena mientras salía también y cerraba la puerta tras si.
-Mira quien habla.

*****

Jaaz regresó a su casa tres días más tarde. Había pensado mucho mientras estaba fuera. Lo que sentía por Irán no se había ido y sentía que su rubia amiga sentía lo mismo por ella; no había dudas, la había besado aquella noche en su casa, había llorado, nunca había sentido tal cosa como en esa noche. Ambas podrían dejar de luchar contra ello y ver que pasaba. Cierto que su amistad estaba en peligro, pero también se vería amenazada si continuaban así. Tal vez podría pedirle una cita y mejor si era aquel mismo día, para que no tuviera tiempo de arrepentirse.

Caminaba rumbo al laboratorio donde Irán pasaba el mayor tiempo. Entró y sintió el aire caliente, comenzó su búsqueda con su mirada azul, habían muchas personas, todas ellas llevaban sus gafas, una bata larga y blanca, igual tenían sus propias mesas con sus instrumentos de investigación como un microscopio, una computadora, hojas, e instrumentos de laboratorio.

Al fondo se encontraba Irán, estaba escribiendo en la computadora, sumida en su tarea, no levantaba la vista de sus hojas mientras sus dedos escribían. Tenía la cara seria, sus mechones del cabello rubio cayéndole por el rostro. Se veía hermosa con esa apariencia. Jaaz tragó fuerte y caminó lentamente hacia su amiga.

-Hola.

Irán levantó la vista y se topó con su mejor amiga de toda la vida, no pudo evitar sonrojarse al recordar el beso no dado en el salón, se paró de su banco y le sonrió a Jaaz.

-¿Qué tal todo?
-Bien - no sabía que más decir, en esa ocasión realmente no tenía nada en mente, excepto su invitación a cenar.
-¿Qué tal el viaje? - Irán se quitó las gafas y se acomodó el cabello rubio con la mano izquierda.
-Buen clima, aproveché para ir un rato al mar, cenar y bailar - le sonrió tímidamente - "esto es difícil" - pensó Jaaz mirando con adoración a su amiga.
-Vámonos de aquí - dijo Irán quitándose la bata, poniéndose de nuevo sus lentes y tomando la mano de Jaazanía para que la siguiera.

Se dirigían a la cafetería de la universidad, no obstante, su andar fue interrumpido.

-Así que ya está aquí la mentora de la ratón de biblioteca - dijo Nadia con burla.

La morena y la rubia se giraron para interceptar a la chica con otras cinco. Jaazanía resopló con disgusto.

-No creo que sea buen momento Nadia.
-Para romperte la cara no necesita haber malos momentos - dijo ésta con sarcasmo.
-¿Romperle? - Preguntó Irán - nunca has logrado tocarla - le sonrió.
-Tú cállate rubia - dijo una de las acompañantes de Nadia.
-No calles a nadie - Jaaz la miró fulminantemente.

La rubia miró interrogante a Jaaz, como si sus miradas hablaran:

-¡¡Diez!! - exclamaron juntas mientras Irán empujaba a Nadia y Jaazanía le tomaba la mano para correr rápido.

Nadia cayó sentada el césped, se levantó con enojó y se limpió la parte trasera de su ropa.

-Maldita rubia - exclamó con furia - ya me las pagarán las dos.
-Eso dices siempre Nadia y nunca has...
-Cállate - gritó Nadia - ya verás...

*****

Todo constaba en asimilar las cosas y no darle tanta importancia, eso es lo que Jaazanía se había propuesto y hasta ese momento le daba resultado. Se encontraban sentadas en la cafetería riendo a carcajadas sobre lo que había ocurrido con Nadia hacia apenas unos momentos atrás.

-¿Crees que intentará vengarse? - cuestionó Irán mientras se metía un chocolate a la boca.
-Es lo más seguro - Jaaz le sonrió - pero no logrará nada.
-Eso ya lo creo, es que está traumada Jaaz - se carcajeó - ¿pues qué le hiciste realmente?
-Nada en especial, fue en 3 semestre - tomó de su vaso de capuchino y luego dijo - solíamos reunirnos en las canchas deportivas para charlar sobre nuestras experiencias en el amor, el deporte, jugábamos a lo que se nos ocurriera.
-¿Sólo por eso? - bromeó la rubia.
-Claro que no - miró a Irán de manera graciosa - la besé - soltó de un tirón.
-¿Qué? - Irán había jurado que casi saltó de su silla.
-Como has escuchado, la besé - tomó de nuevo un poco de su capuchino.
-¿Y por eso te odia?
-No fue simple Irán; el juego consistía en pregunta o reto. Me tocó perder y elegí reto.
-¿La cuál consistía en besar a alguien?
-Sí y no cualquier alguien, ella es heterosexual, y no creían que fuera a atreverme a besarla estando el novio presente.
-¡Por los dioses Jaaz! - la rubia miró intrigada a su amiga.
-Al principio cuando la besé se negó a corresponder, pero entonces, no habría sido un beso real, así que con un poco de insistencia logré que me besara y bueno...
-Me suena algo malo tu "bueno..."
-Sí que fue malo, su novio se enojó cuando ella gimió sobre mis labios, la apartó de mi hecho una furia, le reclamó que nunca había gemido de esa manera cuando se besaban... en fin... le gritó que la mandaba al diablo y ese tipo de cosas. Intenté disculparme con Nadia pero nunca se dejó, salió corriendo y no regresó más a nuestras reuniones y así poco a poco dejamos el juego y nos dedicamos a entrenar para béisbol.
-Con que gimió - dijo Irán bajando la vista y poniendo en su memoria la vez que besó a Jaaz, también sintió el deseo de gemir, pero... ¿es que acaso su amiga tenía tal poder, hasta el grado de enamorar a la más heterosexual y hacerla gemir con el simple hecho de un beso? La miró analizando sus facciones... sí que era bella, sobre todo sus ojos...
-Tierra llamando a Irán - decía Jaaz moviendo sus dedos cerca de la cara de su amiga.
-Ne has llenado de curiosidad ¿sabes?
-A sí...y ¿puedo saber qué es?
-¿Qué te iban a preguntar que causó que eligieras un reto, sabiendo que la pregunta sería más fácil de responder?
-No era tan fácil la que se estaban planteando.
-Y se supone que es... - instó a Jaaz a seguir.
-De quién estaba enamorada - dijo en un susurro.
-¿Cuál era la respuesta?
-Bueno... yo... iba a decir...

-Jaazanía - Hanna se había acercado y estaba parada enfrente de las dos amigas, interrumpiendo así la contestación de Jaaz.
-Hey... -exclamó Jaaz levantándose por instinto - ¿qué tal estás?
-Aparte de decepcionada. Bien - Hanna se sentó - hola Irán - le dijo a la rubia - hasta que tengo el placer de estar en la misma mesa que tú.
-Lo mismo digo Hanna - Irán se tragó la oleada de celos que le llenaban la cabeza.

Jaazanía se sentó y miró a las dos chicas que estaban compartiendo ahora la mesa. Desde el accidente con el gato, no había vuelto a ver a Hanna, ni la había llamado. Se supondría que debía estar enfadada, pero no, al contrario de ello, estaba sonriendo como si no le importara demasiado su alejamiento.

-No llamaste - por fin Hanna se dirigió a Jaaz sin importarle que estuviera Irán presente.

La morena no sabía que decir, se sentía aterrada, deseaba que la tierra se abriese y se la tragara, sería más divertido estar en el infierno sino es que ya lo estaba ahí.

-Lamento no haber llamado - Jaazanía jugaba con el vaso de su capuchino.
-Lo entiendo amor - Hanna le apartó las manos del objeto y se las tomó - por eso he venido a ti.
-Si la montaña no viene a ti, ve tú a la montaña, atrápala y no la dejes ir - susurró Irán con sorna.
-¿Cómo? - cuestionó Hanna a Irán no entendiendo la última parte de la frase.
-Nada en especial - la rubia se paró - creo que el deber me llama - miró a Jaazanía - te veo luego.

La morena vio marchar a su amiga con las manos en los bolsillos y cara pensativa ¿dónde había quedado su invitación? Miró a la pelirroja y sonrió como una estúpida, al menos, así se había catalogado.

-Hay una fiesta en casa - al fin Hanna habló.
-¿En serio?
-Claro que es en serio, mamá quiere conocerte, le he dicho que eres hermosa y tiene ganas de comprobarlo.

La chica alta no se esperaba tal declaración, con el impulso de salir corriendo lo único que logró fue derramar el resto de bebida que tenía su vaso.

-¡¡Joder!! - exclamó mientras se ponía de pie.
-¿Te he asustado? - cuestionó la pelirroja.
-No... ¡que va! Es sólo que... bueno... ahí estaré - dijo por último secándose el pantalón con una servilleta.
-Te quiero Jaaz, ¿lo sabes verdad?
-Sí... lo sé - sus ojos azules no la miraron.
-Mañana, 8 de la noche, ya sabes.

*****

-No comprendo - dijo exasperada Irán por cuarta ocasión.
-Mi querida amiga - Lisa se sentó en la escalera del porche de Irán - ¿es que no lo entiendes? Jaazanía irá a conocer a su mamá.
-No es asunto mío - la rubia baja caminaba de un lugar a otro sobre la hierba fina y verde.
-Claro que lo es, se volvió tuya cuando te enamoraste de ella - la rubia alta quería decirle que Jaaz también lo estaba, pero llegó a la conclusión de que aquello, era cosa de dos, ella sólo era cupido y nada más.
-Y antes de que digas nada más - Irán se quitó las gafas y miró seriamente a su amiga - no voy a volver a usar a Told.
-¿Y crees que no lo sé? - Lisa soltó una carcajada ante la cara de su amiga hasta cierto punto desesperada.
-No le hallo gracia - la rubia de ojos verdes se dejó caer sobre la hierva.
-Y tienes razón, no la tiene pero - La rubia alta se paró y fue hacia Irán para sentarse a su lado - debemos hacer algo.
-Estoy dispuesta a todo - la rubia baja miró a Lisa con una sonrisa - en la guerra y el amor se vale todo ¿no?
-¡¡Así se habla!! Por fin la ciencia, los científicos y tu inteligencia me agradan - la rubia alta le pasó el brazo por el hombro de Irán - ¿ye te declaró la guerra? - bromeó.
-No, pero... bueno, sí; desde el momento en que trató de quitarme a Jaazanía.
-Pero... - Lisa frunció el ceño y la miró con curiosidad y burla - se suponía que no te quitaba nada, pues no era tuya.
-¡Mmm ya! - Exclamó Irán con pena - era mía, sólo que no lo sabía - habló por lo bajo mientras se colocaba los lentes.
-Veamos, es una cena en casa de Hanna hoy por la noche, el gato ya no puede usarse, sólo nos queda... - Lisa cavilaba sus opciones - ¡¡ya está!! Es perfecto, todo encaja - gritó de emoción.
-No quiero saber que encaja - Irán soltó el aire que llevaba reteniendo desde que Lisa comenzó a pensar en voz alta - algo me dice que me usarás a mi.
-Te lo garantizo pequeña genio.

*****

Se detuvo ante la puerta de entrada de la casa de Jaaz; tenía la llave en mano para acceder a la casa sin preámbulos, pero no creyó conveniente entrar sin anunciarse, esa vez no, quizá en el pasado hubiera sido diferente.

-Pero el hubiera no existe - se dijo mientras tocaba.
-Hola - dijo la rubia en un tono apenas audible al mirar a su amiga envuelta en una toalla con el cabello recién lavado.
-Hey - Jaazanía se quedó inmóvil al ver a Irán.
-Tengo una propuesta - exclamó con lentitud entrando antes de arrepentirse.

¿Propuesta? Jaaz también tenía una y se maldijo por no haberla dicho antes, cerró la puerta y siguió a la rubia escaleras arriba. Meditaba sobre la propuesta que le harían, no soportaría más su instinto si Irán la volvía a someter a una excitación como en ocasiones pasadas, sabía que ya ni contando el alfabeto chino podría mantener su mente ajena a la situación.

Entraron a la habitación, la chica alta se percató de su estado actual, no llevaba más encima que la toalla, no era conveniente estar así.

-Ya vuelvo, sólo me cambio - mencionó mientas se retiraba al baño. Cerró la puerta con seguro, tal vez para sentirse más segura. Ya no confiaba en ella y mucho menos en Irán, sus sentido le indicaban que no saliese del baño, sin embargo, tan sólo eran amigas, respetaba a la rubia que estaba dentro su casa, su habitación, su vida. Se miró confundida a través del espejo; dejó caer la toalla y comenzó a vestirse.

No tenía ningún sentido quedarse más tiempo encerrada en el baño, tan sólo preocuparía a Irán y ésta podría crear una bomba y tirar la puerta para entrar y sacarla, no le cabía la menor duda de que cuando Irán quería algo, era porque iba a conseguirlo.

Abrió la puerta ligeramente y miró alrededor de la habitación. No estaba la rubia por ningún lado. Salió del baño y bajó las escaleras para ir a la cocina de donde provenían unos ruidos y un olor muy agradable.

Se detuvo en el marco mirando como Irán ponía especies a lo que fuera que cocinase; su corazón se estremeció, era la primera vez que sentía como encajaban las dos en esa cocina, incluso podrían encajar en la casa, en la habitación. Sonrió al percatarse de la sonrisa de Irán que la miraba a través de sus lentes con una ceja levantada.

-¿Qué se supone que cocinas? - dijo Jaaz acercándose a la comida.
-Algo nutritivo y delicioso, más que tus provisiones de la alacena, eso, seguro.
-¿Es que la ciencia enseña ahora a los científicos a cocinar más rápido de lo normal? - se burló.
-No, eso me lo enseña mi madre cada que puede - le sacó la lengua - y 20 minutos para serte sincera no es romper un record de cocina.

Jaaz puso cara de asombro, no creyó haber tardado tanto, se separó y fue a sentarse en una silla de madera frente a la mesa.

-Me puedes decir tu propuesta, ya presiento que me someterás a más estrés.
-¡¡Vamos!! Primero sirvo esto, lo devoramos y ya te digo.
-¿Tan malo es?
-No es por eso, pero aquí entre tú y yo puedo decirte que sé que no has comido nada.
-Me has estado espillando.
-Otra vez con eso - dijo Irán en tono cansado - no hace falta levantar una investigación para averiguar que no has comido nada desde el desayuno.
-Me has pillado entonces - se rió.

La rubia sirvió la comida y un vaso de jugo, se sentó a saborear su propia creación. Levantaba la vista para ver a Jaazanía devorar como si no hubiera comido en años, era la que siempre comía despacio, sonrió ante esto.

-¿Qué tal está? - preguntó la rubia después de ver a Jaaz terminar y dejar el plato completamente vacío.
-Como siempre, muy rico.
-Mucho mejor que las sopas instantáneas ¿cierto?
-¡Joder Irán! Mucho mejor - respondió con una mueca.

Irán recogió los platos de la mesa y los dejó en el fregadero; se giró y se apoyó contra este. Observó a Jaaz con una sonrisa.

-Te quiero Jaazanía, eres la mejor amiga de toda una vida.

La morena levantó la vista y miró a Irán, absorbió esas palabras sin ápice de burla o declaración de amor, sólo eran palabras de cariño por parte de su amiga, confesándole que la quería incondicionalmente. Se paró y fue por ella.

-También te quiero Irán - la abrazó, podía sentir la respiración de la rubia encima de su blusa de algodón - estás algo loca, pero aún así te quiero y mucho.
-La última vez dijiste que había quedado completamente loca - se mofó apartándose un poco para descubrir a Jaaz frunciendo el ceño.
-Es que lo estabas en ese momento, ir a un antro gay para experimentar es cosa de locos.
-Wow... - Irán suspiró - creo que estábamos locas todas - río - porque tú terminaste ahí de igual forma - la rubia le clavó un dedo en el estómago de Jaaz sin dejar de abrazarla.
-Culpa al destino, no a mi - la morena aprovechó para revolverle el cabello rubio.
-Todas salimos beneficiadas, obtuve la información deseada, además bailé contigo - la abrazó más fuerte al decir esto - convivimos, la prima Eleanor pudo hacer algo extravagante, además Catrina obtuvo una cita.

<<Catrina obtuvo una cita>> aquella frase resonó en la cabeza de Jaazanía que aflojó el abrazó para poder separarse de Irán y mirarla a los ojos verdes.

-¿Obtuvo una cita has dicho?
-Sí - Irán se echó a reír - fue extraño, pero una de las chicas del antro le pidió que saliesen, claro que no iba a dejar ella pasar la oportunidad.
-Entonces ella y tú... - no sabía exactamente que decir.
-¿Qué? - La rubia la miró interrogante - creí que era heterosexual para ti, ¿por qué debieras pensar que Catrina y yo teníamos algo?
-Buena pregunta - mencionó mientras esbozaba una sonrisa de alegría, Catrina ya no sería un obstáculo, aunque si lo pensaba bien, nunca lo fue, jamás mostró interés alguno en su rubia amiga.
-¡¡Ah, ya!!
-¿Me dirás la propuesta? - Jaazanía se quedó tensa al recordar porque se encontraban las dos juntas en esa tarde, no quería llegar al punto en específico, pero era mejor salir de dudas de una buena vez.
-¡OH, claro que sí! - Irán se quitó los lentes y los limpió con su blusa para volvérselos a poner - se trata sobre...
-Tu trabajo ¿cierto? - dijo Jaaz sin siquiera dejar hablar a Irán - espera... espera... la primera vez fueron posiciones, practicamos algunos de tus libros.
-Eso es cierto, pero esto no tiene nada que ver con...
-Practicar posiciones - siguió Jaaz por ella - eso ya no porque se ha practicado. Luego fueron los besos.
-Jaazanía, te estás yendo por la tangente, ni siquiera es eso, porque quiero... - y una vez más fue interrumpida.
-¡¡Claro!! Los besos ya no pueden ser porque están experimentados, lo cual quedan fuera de cuestión - se rió aunque realmente pareció un lloriqueo - ahora querrás tal vez que te enseñe a usar algunos artefactos... - se quedó callada por unos instantes - o sino es eso, querrás usarlos y... - pareció sorprendida por sus propias palabras, en lugar de apaciguar la charla, le estaba dando más ideas a su amiga - creo que ahora si esto se ha puesto mal y...
-¿Puedes callarte? - la rubia tuvo que hablar en forma de grito para así hacer callar a Jaaz que parecía una loca alterada - todo lo que has dicho fueron chorradas - Irán estaba molesta - todo lo que quería era invitarte a salir, sí Jaaz - le espetó - ¡¡salir!! Y digo quería, porque precisamente ahora, no quiero nada, me voy a casa - diciendo esto salió de la cocina y de la casa.

La morena estaba sorprendida y más que eso, paralizada, escuchó el portazo que se dio a su puerta principal mientras Irán salía. <<Irán>> en todo momento su amiga sólo quiso invitarle a salir, no tenía en mente algún experimento extraño y ella lo había arruinado, se sintió estúpida por segunda ocasión. Si tan sólo hubiera dejado a Irán hablar, no había parecido una idiota tratando de sacar conclusiones a la propuesta de la rubia. Tenía que hacer algo para remediar aquello, muy pocas veces Irán se había enojado como en ese momento, y todo fue por su culpa.

-Le haré mi propuesta ahora mismo - se dijo Jaaz mientras lograba que su cuerpo reaccionara para poder ir por su teléfono y hablarle. Llegó a la sala y antes de coger el teléfono inalámbrico miró la hora que estaba en su reloj de pared - se supone que la fiesta es dentro de algunas horas. Bueno... Hanna puede esperar, Irán no - marcó el número de casa de Irán, si lo hacía a su celular corría el riesgo de que la rubia no deseara contestarle.

Jaaz subió a su habitación y miró por la ventana que daba hacia el cuarto de Irán. Estaría ya en su cuarto y quizá trabajando. Podría invitarle a cenar y antes de eso, llevarla a volar con ella. Se dejó caer sobre el sofá y tras unos minutos de deliberación interna, apretó el teléfono con determinación y luego también apretó los dientes mientras se daba a la espera de que ella contestara la llamada.

*****

Irán entró a su habitación completamente calmada, enojarse no era parte de ella, de hecho, nunca se enojaba, al menos que valiese la pena, en esa ocasión no podía estarlo, no debía, puesto que Jaazanía era su mejor amiga, además estaba el nuevo sentimiento, la amaba. ¿Cuántas cosas locas no le había hecho a Jaaz? Y si analizaba bien todo ¿de quién era la culpa de que Jaaz pareciera traumada y asustada ante la idea de sus propuestas? Comparando lo sucedido con todo lo que ella le había hecho a su amiga alta, no era nada.

El teléfono sonó y ella contestó, al escuchar la voz de Jaaz una sonrisa se formó en sus labios.

Tras unos minutos después, colgó el teléfono sintiéndose débil. Habían hablado sobre lo sucedido unos minutos antes, Jaaz se había disculpado y ella le había explicado que jamás podría enojarse ni con ella misma, habían reído y charlado como siempre, en realidad, no como siempre, pues Jaaz había sonado nerviosa mientras la invitaba a cenar, era una cita, pero aquello no era su máxima preocupación.

Sintió una punzada en el estómago y se inclinó sobre su escritorio, respirando rítmicamente. Era lo que Jaaz había propuesto para antes de la cena lo que la aterrorizaba. Desde que Jaaz le expresó su deseo de convertirse en piloto, ella había ocultado su miedo a volar. Sólo había viajado en avión una vez, cuando era pequeña y le había parecido una experiencia aterradora, para empeorar las cosas, había estado sola, sin ningún adulto al que agarrarse durante aquellas espantosas dos horas.

Mientras Jaaz continuaba con sus estudios para convertirse en comandante de vuelo en tan sólo unos meses faltantes, ella no le había hablado sobre su miedo. Sabía que se trataba de una fobia absurda e irracional y le daba vergüenza confesárselo a Jaaz, que volaba casi siempre por los cielos sin ningún miedo.

Cuando Jaaz, Lisa y otra de sus compañeras compraron la avioneta, Jaaz se había ofrecido en llevarla a pasear pero siempre había encontrado una excusa para no ir.

La causa de que esa vez aceptara era por como lo había pedido su amiga alta, su voz temblorosa y dulce no le permitieron negarse. Volarían no en un avión gigante con veinte personas de tripulación y cientos de pasajeros, sino, en una avioneta, dentro de una cabina pequeña con apenas espacio para dos pasajeros.

Irán se levantó con las piernas temblorosas y buscó en la parte superior de su estantería un libro en concreto. Luego volvió a sentarse en el escritorio, apartando los papeles y cuadernos que había encima para hacerle sitio a aquel amplio volumen. Exhaló un suspiro y abrió la primera página: auto hipnosis para principiantes.

*****

-¿Lista? - preguntó Jaaz con una sonrisa de felicidad a Irán que se encontraba sentada a lado de ella.
-Sí, creo que podemos volar ya - dijo la rubia en tono bajo para que no se escuchara el nerviosismo en su voz.

Al parecer el auto hipnosis no funcionaba; Irán se encontraba mal, apenas y respiraba. Notó que se le ponían tensos los músculos que ni siquiera sabía que tenía debido a la insoportable presión a la que los estaba sometiendo su aterrorizado cuerpo. Tragó saliva y trató de no fijar la vista en ningún punto para no mirar por la ventanilla. El suelo estaba todavía sólo a unos pocos metros de la altura del avión, pero aquello apenas era el principio.

-Muy bien - dijo Jaaz - listas para partir.
-Creo que te bienes tardando - Irán tenía que contener lo que estaba sintiendo.
-Con calma, verás que te gustará.
-Ya lo creo - susurró la rubia mientras cerraba los ojos.

Escuchó el ruido que emitía el motor y su corazón se aceleró de tal manera que le resultó imposible contar los latidos. Comenzó a repasar mentalmente las estadísticas sobre seguridad aeronáutica para tranquilizarse. Luego forzó los músculos de la cara en una sonrisa, recordándose una y otra vez que era absurdo tener miedo a volar.

-Esto es genial, ¡¡joder!! Lo mejor que haremos - Jaaz le dirigió la última sonrisa antes de concentrarse en los mandos y en la comunicación con la torre de control. Quería compartir aquella experiencia con su mejor amiga, mostrarle la magia de volar de la que tantas veces le había hablado; ya en el aire trataría de vencer el miedo que sentía por amar a Irán. Por supuesto que lo haría.

Y de pronto, ya estaban completamente en el aire. La rubia sintió que no podía respirar. Abrió los ojos y ante ella estaba el azul del cielo, las nubes blancas, el verde campo a más de mil metros del suelo; abrió la boca en un intento desesperado de respirar o gritar, sin saber a ciencia cierta cuál de las dos acciones era más importante. Pero dio igual, porque entonces sus ojos comenzaron a cerrarse sin que ella lo deseara y el mundo se sumió en una profunda oscuridad.

Jaaz soltó una carcajada mientras miraba hacia abajo, estaba feliz por estar volando a lado de la rubia. Miró hacia Irán y se le cortó la sonrisa ante lo que vio. Su amiga estaba inclinada sobre su asiento, sujeta únicamente por el cinturón de seguridad.

-¿Irán? - Jaaz no sabía que sentir - vale... te invito a volar para que disfrutemos de esto y te duermes, creo que no es justo - se dio cuenta de que no era momento de bromear - ¡Irán! - gritó con miedo mientras sentía un escalofrío recorrer su espina dorsal.

No hubo respuesta, la cabeza de Irán estaba inclinada hacia ella, con el rostro extremadamente pálido y los labios entre abiertos. Con el corazón en un puño, Jaaz puso el piloto automático y se acercó a ella para buscarle el pulso, aguantó la respiración antes de suspirar aliviada, sus constantes vitales estaban bien. Tenía el pulso regular y respiraba con normalidad.

¿Qué le habría sucedido? Mientras se estrujaba el cerebro en busca de una explicación, Jaaz tomó de nuevo el mando del avión y cambió de rumbo, enfilando de vuelta al aeropuerto. Irán no se movió ni un ápice mientras ella pedía permiso para aterrizar. Le pareció que transcurría una eternidad mientras esperaba estar en tierra de nuevo. Ningún aterrizaje de su vida, ni siquiera el primero que hizo le había proporcionado tanto alivio.

Bajó rápido del avión y se dirigió a Irán, abrió la puerta y desabrochó el cinturón de la rubia sacándola de ahí junto con el botiquín de primeros auxilios.

-Irán - exclamó mientras le acariciaba el rostro. Se sentía como una inútil ¿habría en el botiquín algún producto para despertar a su amiga? Rebuscó en el interior hasta hallar algo que al menos olía fatal, lo colocó bajo la nariz de la rubia.

El nudo que llevaba en el estómago se aflojó cuando su amiga parpadeó varias veces antes de abrir completamente los ojos. Aquella primera mirada llena de confusión hizo que la verdad cayera sobre ella por segunda ocasión como un balde de agua fría. La amaba, completa y profundamente, con toda la intensidad con la que una persona puede amar a otra sin importar realmente el género ¿cómo pudo confundir ese amor con amistad, cariño de hermanas?

La mirada desconcertada de Irán la devolvió a la realidad. Una realidad distinta, con el futuro apuntando de pronto hacia una dirección muy concreta. Pero el hecho era que Irán se había desmayado y no sabía el por qué.

-¿Qué ha pasado? ¿Por qué me estás poniendo desinfectante debajo de la nariz?
-Buena pregunta - respondió Jaazanía mientras la levantaba y se la llevaba en brazos hacia la salida de la pista - eso quiero saber exactamente, has perdido el conocimiento, eso es lo que pasó.
-Me he desmayado - susurró mientras hundía la cabeza en el pecho de la chica alta - ¡que vergüenza Jaaz!, lo siento. Pero déjame en el suelo que puedo andar perfectamente.
-No puedes, guarda tus energías. Vamos a ir a urgencias - dijo la morena con determinación.
-¿Para qué? - Cuestionó Irán - no necesito un médico. Estoy bien. Me he desmayado, eso es todo.
-Pues seré una piloto y no por ello tonta. La gente no se desmaya así nada más - aseguró mientras depositaba suavemente a Irán en el coche de Lisa. Se quedó junto a ella, con la diferencia de que la rubia estaba adentro y sentada y ella casi adentro e inclinada.

-No me pasa nada, me he desmayado porque... - no sabía como confesar - porque... porque tengo miedo a volar - declaró sin atreverse a mirarla a la cara - no es un simple miedo, es terror, fobia...
-¿Por qué no me lo has dicho antes? - Cuestionó Jaaz mientras la obligaba a mirarla - llevo ya un tiempo piloteando aviones y nunca mencionaste nada sobre ese miedo a volar.
-No me pareció algo relevante - murmuró Irán.
-¿Que no te pareció relevante? - Espetó la morena - ¡¡por los dioses Irán!! Se volvió relevante en el momento en que aceptaste subir a un avión conmigo.
-Pensé que podría superarlo - se defendió la rubia con voz temblorosa - no quería que pensaras que soy una cobarde.

Jaaz la atrajo hacia sí y la abrazó. Irán hundió su cara contra el pecho de su amiga. Le gustaba como olía.

-¡¡Joder Irán!! - Dijo Jaaz mientras le besaba en la frente - ya sé que no eres una cobarde, me lo has demostrado durante toda tu vida y encima llegas hoy y te subes conmigo al avión para volar, eso es algo que no todos hacen.

Era maravilloso escuchar eso, Irán levantó la vista y vio preocupación en esos ojos azules como el cielo que ella había mirado momentáneamente mientras estaba en los aires; sin poder contenerse levantó las manos y acarició las mejillas de Jaaz, le apartó el cabello negro que se le caía por la frente y colocó las manos detrás de su cuello para bajarle la cabeza y besarle.

Irán sonrió cuando sus labios se unieron y se olvidó de todas las técnicas y métodos aprendidos mientras el aroma de Jaaz, su contacto y su presencia lo llenaban todo. Quería seguirla besando para siempre, pero se apartó con suavidad.

-Jaaz - dijo en un susurro.
-¿Sí? - apenas pudo preguntar la chica alta.
-Quiero confesarte algo.
-Pues no seré una sacerdote para oír tu confesión, pero soy tu amiga y creo que con eso basta.
-Ya lo creo que sí. El caso es que... me encanta besarte.
-Lo mismo digo - respondió con una sonrisa.
-He de decirte que eso no es todo yo... ¿pero no vas a interrumpirme con la cuestión del experimento verdad?
-No he dicho nada al respecto.
-Quiero dormir contigo - entonces le volvió a acariciar el rostro.

Durante un instante que pareció eterno, Jaaz se quedó sin respiración. Luego compuso una mueca de guasa, aunque ningún rincón de su cuerpo reaccionó con humor ante las palabras de Irán.

-Supongo que no te refieres a ocupar esta noche mi sofá...
-No - contestó la rubia sacudiendo la cabeza - quiero dormir en tu cama.
-Vale. Y supongo que no quieres que sea yo la que duerma en el sofá, tampoco...
-¡Jaaz! - Exclamó Irán golpeándola suavemente con los puños en el hombro - ¡no me importa dónde duermas tú o dónde duerma yo, siempre y cuando durmamos juntas! Y no tengo la intención de dormir solamente...

Jaaz dudó unos instantes. Se sentía confusa e insegura. Todo parecía nuevo y frágil, incluida Irán. ¿Estaría segura de lo que hacía? Era obvio que su rubia amiga sentía algo más que una atracción física, la amaba como ella misma lo hacía. Inclinó la cabeza y la besó suavemente en los labios hasta que ella le echó los brazos encima del cuello y correspondió con avidez. Cuando levantó la cara, estaba sonrojada.

-Aún queda un detalle - Jaaz no podía quedarse con esa duda.
-¿El qué?
-Recordemos que tú eres... heterosexual, estar conmigo implica dejar ese lado para convertirte en bisexual u homosexual, en términos más específicos es ser lesb... - no pudo terminar su frase, pues un dedo le tapó los labios.
-¿Crees que no sé eso? - le dedicó una mirada verde intensa - es la primera vez que hablas de una manera científica por decirlo de algún modo - le sonrió - ya lo he decidido - dijo por último con firmeza.

La chica alta recordó las palabras de Lisa, le había prometido dejar que Irán decidiera por ella sola y no iba a tratar de convencerla de lo contrario.

-¿Nos vamos ya? - preguntó la rubia mientras se abrochaba el cinturón de seguridad.
-Claro - contestó Jaaz saliendo por completo del lugar de Irán, cerrando la puerta y dirigiéndose a la otra parte del auto para subirse y arrancar.

Se puso el cinturón y miró de nuevo a Irán, no podía creer como sucedían las cosas.

-¿La cena queda pendiente? -cuestionó, el hecho era de que no quería que al auto avanzara.
-Claro está.
-¿A dónde vamos?
-A la cama, por supuesto - respondió Irán con una sonrisa.

Continuará...


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