Advertencia: Esta historia contiene un poco de lenguaje coloquial y burdo, por lo que si no gustáis de las malas palabras puedes saltártelas. Así como también contiene un poco de violencia y cosas raras salidas de mi cabeza. Por lo demás si no te agradan las relaciones con personas del mismo sexo, yo me pregunto ¿qué demonios haces leyendo esto? Sal de aquí y ponte a hacer alguna otra cosa.
Disclaimers: Esta historia y todos sus personajes son de mi autoría, aunque pueden tener cierta semejanza con algunos personajes de cierta serie de televisión.
Dedicatoria: A la niña de mis sueños, llegaste a mi cuando menos lo esperaba pero cuando más te necesitaba sin embargo como llegaste te marchaste, tan fugaz como el viento.
Nota: Cualquier crítica o sugerencia a mi correo woostock64@hotmail.com y espero les sea de su agrado.


EL EXTRAÑO CASO DEL ILUSTRE INSTITUTO CREWSON

Por: Ziggy

Segunda parte

Del exterior, en concreto, del lado que daba al pasillo donde tantas veces me sentaba podía ver a lo lejos a Su llamándome, pidiéndome regresar y terminar por todas al fin el reto de su novio Jos.

- Ella te esta hablando, puedes ir si lo deseas.- Me sugirió con un poco de tristeza reflejada en su semblante.
- No, no quiero.- Pronuncié con decisión.

Decisión que no creí tener un momento antes, mis ojos se posaron sobre los suyos, fundiendo nuestras miradas. Me tomó de la mano y me acercó de nuevo al centro de la sala.

- Hace mucho que te espero.- Sin verlo venir, me abrazó fuertemente de la cintura y no supe hacer otra cosa más que corresponder con cierta timidez. La rodeé con mis brazos y le acaricie el cabello rubio.-
- Pero que...- Al alzar la vista me topé con otros chicos, que nos miraban. Nos separamos.-
- Brian, Chad, es ella, ha venido a visitarnos.- Los chicos estos me observaban con sospecha, inspeccionándome de pies a cabeza.-
- Su parecido es asombroso, ¿estas segura?- Uno de ellos, el chico rubio de tez pálida y unos ojos entre grises y verdes no muy alto, le preguntó. Junto a él estaba otro chico igualmente rubio pero un tanto gordito y con el cabello revuelto, usaba lentes, lo que le daba cierto aire de bonachón.-
- Claro, pero no debe recordar nada.- Su rostro denotó tristeza y después como cuando se te ocurre una idea me miró. Le sacudió el polvo a una silla y me hizo sentarme en ella.- Por favor siéntate aquí, deja presentarnos.- Con un aplauso para llamar la atención pronuncio.- Chicos, salid, tenemos visitas.-

De entre la nada salieron otros dos chicos más, un chico y una chica. El chico, de cabello castaño, también con lentes, el más alto de los tres. Lucía unos ojos azules, aunque pálidos como sin vida. La chica, con su cabello largo y rizado agarrado con un moño rojo a tono con su color de cabello. Sus ojos a diferencia de los demás eran más oscuros, casi negros. Todos vestidos con el uniforme del instituto.

- Mi nombre es Brian.- El chico que antes había hablado se presentó con una reverencia, he de decir que estos chicos están algo pasados de tiempo.-
- Yo soy George, pero aquí todos me llaman Chad- El gordito con lentes.-
- Margaret, mucho gusto.- Dando un paso al frente con una reverencia de esas que solo se ven en las películas de época, se presentó la pelirroja.-
- Juan... Juan "V" para mis amigos.- El otro chico de lentes.-
- Y por último yo, Gabriela.-
- Frankie.- Pronuncié casi con la última letra de su nombre.- Frankie... ¿Té puedo llamar así?- Con asombro asintió.-
- Pensé que no lo recordarías. Solo tú me puedes llamar Frankie. Después de todo aun estoy en ti.-

Que tontería acababa de decir. No los conozco, no se nada de ellos, sin embargo siento que los he visto antes, no se... en otra vida... no, esas son boberías... pero si fuera verdad... pero que estoy pensando.

Me levanté dispuesta a marcharme.

- Espera, por favor, no hemos tenido visitas desde hace mucho tiempo, quédate con nosotros un rato.- Margaret, la pelirroja me detuvo.-
- No se si sea lo correcto.-
- Estarás bien, no somos malos, solo que estamos muy solos.- Me respondió. Los miré por un momento a todos, tomándome mi tiempo en cada uno, sin duda se me hacían familiares.-
- Esta bien, ¿qué haremos?-
- Te apetece tocar con nosotros, como en los viejos tiempos.- Me dijo el chico bonachón con una alegre sonrisa.-
- ¿Qué?-
- No le hagas caso, ¿te quedas?- Frankie... digo... Gabriela me dijo.-
- ¿Eh? Este si.- Se dispusieron acomodando las sillas y las partituras para comenzar a tocar.-
- ¿Tocas el violín como acostumbras?- Brian me preguntó.-
- Este... no se tocarlo.-
- ¿Cómo? O si lo olvidaba, no recuerdas nada. Muy bien a la cuenta de tres.- Marcó en el suelo los tiempos y la música se inicio.-

Todo el resto de la tarde nos la pasamos tocando, bueno más bien ellos se la pasaron tocando. Yo solo me quedé embelesada mirando a Frankie... herrr... que diga Gabriela, bueno que demonios le diré Frankie, me gusta más.

Sin embargo, como todo inicio este tuvo su final. La noche llegó y mi momento de despedirme también. Aunque no quisiera irme.

- Creo que es tiempo de que me vaya, ya es algo tarde.- Pronuncié al final de esa canción y levantándome de la silla.-
- Esta bien, ya ha oscurecido y la vieja señorita Mary te regañará si te pilla en los pasillos.-
- Disculpa, la señorita ¿qué?- Pregunté ante mi desconocimiento total acerca de la persona de quien me hablada Chad.-
- No le hagas caso, a veces se nos olvida que el tiempo allá afuera sigue avanzando sin nosotros.- Una Margaret muy triste me contestó.-
- Yo te acompañaré hasta la salida.- Frankie me tomó del brazo y me haló fuera de la sala, apenas dándome tiempo de despedirme con la cabeza del resto y sin poder decirle algo coherente a Margaret que seguía con su mirada triste y perdida.-

Antes de salir por completo de la habitación, eché una última ojeada a los chicos. Los ojos negros de la pelirroja se alzaron y me miraron con cierto rencor, al momento me sentí muy mal por tal situación. Era la primera vez que en verdad me importaba lo que alguien más pensara de mí. Aunque no sabia muy bien el porque de su enojo.

Me resultaba extraño todo esto. Hasta esta tarde mi vida era común, nada fuera de lo ordinario, ahora por descontado era amiga de un grupo de chicos que esta de más decirlo... algo extraños. Por no decir muertos... muertos... eso da que pensar acerca de mi salud mental. Pero que diablos, quien en esta vida esta completamente cuerdo. Por los demás, no me importa lo que lleguen a decir o pensar. Es mi vida y solo yo decido en ella. Claro eso pensaba yo en ese momento.

Salimos al viejo pasillo, la niña rubia me llevaba de la mano y de vez en cuando volteaba a verme con una gran sonrisa en la cara. Eso me contagiaba de tantos sentimientos nuevos y desconocidos para mí. Podía estar así para siempre solo con ella, todo a mí alrededor me empezaba a parecer absurdo y malditamente insoportable al recordar que ella no... no... Dios como decirlo... no era para mí, al menos no en esa forma... no como es ahora... no... o tal vez... que locura...

Salí de mis cavilaciones cuando se detuvo al llegar al borde desde donde horas antes había saltado. Se giró sobre si misma dejando ondear su cabello en un hermoso baile entre los rayos de la luna que para ese entonces ya asomaba por encima del horizonte. El rubio de los mechones que le caían sobre el rostro le daba un aire inocente y pícaro, con esos ojos tan hermosos, soñadores y, por que no decirlo, pizpiretos. Esa sonrisa que parecía haberse quedado en sus labios y se negara a abandonarla. Toda ella... es como un sueño hecho realidad... me ha cautivado.

- ¿Qué tanto me vez? Si se puede saber.- Me preguntó juguetonamente y yo haciéndome la tonta solo pude mirar hacia otro lado, cualquier punto, para que no viera lo que me hacía con su sola presencia.-
- No... nada... bueno si... eres muy bonita.- Ya lo dije, no como lo hubiese querido ni con las palabras apropiadas.-
- Gracias, hace mucho que nadie me daba cumplidos.- Tomó mi mano y la llevó hacia su mejilla. Una descarga de energía recorrió mi mano y mi brazo hasta llegar a mi cabeza, al tener su suave piel en contacto con la mía.-
- Eh... eh... yo creo que es hora de que me vaya.- Dije cortando la caricia que si hubiera seguido habría sido capaz de cometer una insensatez.-
- Oh, si... si... lo entiendo, yo... no te agrado...- Dicho esto sus ojos se llenaron de agua y se llevo una de sus manos a la boca y dando una vuelta quedando de perfil comenzó a llorar.-
- No, no es eso, por favor como puedes creer una cosa semejante. Yo no seria capaz de sentir desagrado por ti, que eres... eres casi como un ángel.- Al mismo tiempo que pronunciaba las palabras nació en mi una imperiosa necesidad de tenerla entre mis brazos y sin pensarlo mucho dejé que mi cuerpo se fuera por su propio instinto.-
- ¿Lo dices en verdad? ¿No me mientes?- Sus ojos rojos me miraron con un gran sentimiento de ternura y aflicción que solo atiné a contestarle:
- ¿Acaso lo dudas? Yo no seria capaz de mentirte. Has aparecido hoy en mi vida y siento que te conozco de todo el tiempo. Dime, ¿cómo se supone que es eso?- Intentó agachar su cabeza pero mi mano sosteniendo su barbilla se lo impidió.-
- Somos almas gemelas, irremediablemente unidas a lo largo del tiempo, sin importar las vidas vividas. Tal vez por ahora no lo entiendas bien, pero más adelante... quizás...- Sin darme tiempo a nada me besó en la mejilla y deshizo el abrazo.- Por ahora será mejor así.-

Esta niña me crispa los nervios, en verdad. Me las da de cambio y no se como reaccionar. Debí de parecerle muy tonta pues comenzó a reírse y yo sin salir de mi estado de semi letargo producido por una especie de droga que me inoculó por medio del beso. Solo atiné a decir:

- ¿Os burláis de mí bella damisela? ¿Os burláis de esta pobre iluso?- En un tono de Don Juan mal imitado.-
- ¡Oh! Claro que no mi audaz caballero, ¿acaso no veis la verdad en mis palabras? ¿Acaso no veis un atisbo de luz en ellas?- Me siguió el juego.-
- Mi hermosa doncella, princesa de estas tierras, disculpa a este pobre que se ha deslumbrado por tanta brillantez.- Ambas rompimos en carcajadas que poco a poco fueron menguando bajo el tenaz agarre de nuestras miradas.-
- Creo mi querido caballero que es hora de que parta a la batalla.- Me dijo caminado hasta acercarse al borde del pasillo.-
- Así es my Lady.-

Sin esperar más, di unas pasos atrás y me encarreré para dar el salto al otro lado del pasillo. Llegué no sin darme un buen fregadazo pero me levanté de inmediato con cara de "no me dolió" aunque por dentro me sobaba mentalmente por el golpe. Volteé a buscarla y de modo picaresco me lanzó un beso al aire y salió corriendo rumbo a los viejos salones.

Durante unos minutos me quedé allí parada como esperando que volviera, más no sucedió, sin embargo algo llamó mi atención. La Torre de Quemados. Esta se levantaba por encima, a pesar de los años ninguno de los edificios construídos antes o después le llegaba siquiera a opacar en altura. La Torre se había quemado el mismo día que los viejos salones de música sin explicación alguna. Dicen que allí murieron dos chicos, los hermanos Crewson, hijos de los fundadores del Instituto. El lugar estaba en ruinas y le daba un toque muy escabroso.

Como si mis ojos me engañasen vi moverse en el interior unas sombras que corrieron al posar mis ojos en el ventanal que miraba hacia el patio de los cerezos y los salones de música. Pestañee y me restregué los ojos con mis manos tratando de ver más allá pero fue inútil. Tal vez fue solo una ilusión, aunque a estas alturas ya cualquier cosa podía ocurrir.

Me encaminé hacia los dormitorios, era tarde y ya no era sensato presentarse en el comedor para cenar. Aparte de que recibiría un fuerte regaño por parte de las prefectas. Llegue hasta la puerta del cuarto que compartía con otras chicas. Un lugar grande, un simple rectángulo unos 6 metros por 15 de largo. Nuestras camas, literas, estaban formadas una frente a la otra y en hilera. A final de cuentas venían siendo 12 literas que daban espacio a 24 niñas, aunque no todas estaban ocupadas.

Muchas guardaban la costumbre de dormir juntas, tal vez por simpatía, tal vez por miedo. Se contaban todo tipo de historias raras acerca de la escuela, la mayoría de ellas en relación al incendio y a los aparecidos. Recuerdo una ocasión en que Merry, una chica de tercer grado... muy bonita por cierto, saliendo del baño... creo si mal no me falla la memoria salía de tomar una ducha. Cuando miró los espejos de los lavabos descubrió un mensaje escrito gracias al vapor del agua caliente. Dicho mensaje era una condena a muerte contra ella.

Esta de más decir que le dió un ataque de nervios y tuvieron que sacarla de la escuela. Desde entonces no regresó y de eso hace ya casi 6 meses, ni regresará. Murió hace poco de un ataque al corazón. La causa parece ser otro mensaje en el cuarto de baño de su casa. No lo resistió. Algo muy terrible debieron escribirle.

A partir de allí a las chicas no les gusta ir solas al baño, cosa chistosa pues creo que a todas las mujeres les gusta ir acompañadas. Pero esa es harina de otro costal.

Al poco rato regresaron las chicas del comedor. Su venía con unas amigas suyas y aunque me vio no me dirigió la palabra, bueno ella se lo pierde. Compuse mi cama y me acosté a dormir, si es que podía hacerlo.

Continuará...


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