Del exterior, en concreto, del lado que daba al pasillo donde tantas veces me sentaba
podía ver a lo lejos a Su llamándome, pidiéndome regresar y terminar por todas al fin el
reto de su novio Jos.
- Ella te esta hablando, puedes ir si lo deseas.- Me sugirió con un poco de tristeza
reflejada en su semblante.
- No, no quiero.- Pronuncié con decisión.
Decisión que no creí tener un momento antes, mis ojos se posaron sobre los suyos,
fundiendo nuestras miradas. Me tomó de la mano y me acercó de nuevo al centro de la sala.
- Hace mucho que te espero.- Sin verlo venir, me abrazó fuertemente de la cintura y no
supe hacer otra cosa más que corresponder con cierta timidez. La rodeé con mis brazos y
le acaricie el cabello rubio.-
- Pero que...- Al alzar la vista me topé con otros chicos, que nos miraban. Nos
separamos.-
- Brian, Chad, es ella, ha venido a visitarnos.- Los chicos estos me observaban con
sospecha, inspeccionándome de pies a cabeza.-
- Su parecido es asombroso, ¿estas segura?- Uno de ellos, el chico rubio de tez pálida
y unos ojos entre grises y verdes no muy alto, le preguntó. Junto a él estaba otro chico
igualmente rubio pero un tanto gordito y con el cabello revuelto, usaba lentes, lo que
le daba cierto aire de bonachón.-
- Claro, pero no debe recordar nada.- Su rostro denotó tristeza y después como cuando
se te ocurre una idea me miró. Le sacudió el polvo a una silla y me hizo sentarme en
ella.- Por favor siéntate aquí, deja presentarnos.- Con un aplauso para llamar la
atención pronuncio.- Chicos, salid, tenemos visitas.-
De entre la nada salieron otros dos chicos más, un chico y una chica. El chico, de
cabello castaño, también con lentes, el más alto de los tres. Lucía unos ojos azules,
aunque pálidos como sin vida. La chica, con su cabello largo y rizado agarrado con un
moño rojo a tono con su color de cabello. Sus ojos a diferencia de los demás eran más
oscuros, casi negros. Todos vestidos con el uniforme del instituto.
- Mi nombre es Brian.- El chico que antes había hablado se presentó con una reverencia,
he de decir que estos chicos están algo pasados de tiempo.-
- Yo soy George, pero aquí todos me llaman Chad- El gordito con lentes.-
- Margaret, mucho gusto.- Dando un paso al frente con una reverencia de esas que solo
se ven en las películas de época, se presentó la pelirroja.-
- Juan... Juan "V" para mis amigos.- El otro chico de lentes.-
- Y por último yo, Gabriela.-
- Frankie.- Pronuncié casi con la última letra de su nombre.- Frankie... ¿Té puedo
llamar así?- Con asombro asintió.-
- Pensé que no lo recordarías. Solo tú me puedes llamar Frankie. Después de todo aun
estoy en ti.-
Que tontería acababa de decir. No los conozco, no se nada de ellos, sin embargo siento
que los he visto antes, no se... en otra vida... no, esas son boberías... pero si fuera
verdad... pero que estoy pensando.
Me levanté dispuesta a marcharme.
- Espera, por favor, no hemos tenido visitas desde hace mucho tiempo, quédate con
nosotros un rato.- Margaret, la pelirroja me detuvo.-
- No se si sea lo correcto.-
- Estarás bien, no somos malos, solo que estamos muy solos.- Me respondió. Los miré
por un momento a todos, tomándome mi tiempo en cada uno, sin duda se me hacían
familiares.-
- Esta bien, ¿qué haremos?-
- Te apetece tocar con nosotros, como en los viejos tiempos.- Me dijo el chico
bonachón con una alegre sonrisa.-
- ¿Qué?-
- No le hagas caso, ¿te quedas?- Frankie... digo... Gabriela me dijo.-
- ¿Eh? Este si.- Se dispusieron acomodando las sillas y las partituras para comenzar a
tocar.-
- ¿Tocas el violín como acostumbras?- Brian me preguntó.-
- Este... no se tocarlo.-
- ¿Cómo? O si lo olvidaba, no recuerdas nada. Muy bien a la cuenta de tres.- Marcó en
el suelo los tiempos y la música se inicio.-
Todo el resto de la tarde nos la pasamos tocando, bueno más bien ellos se la pasaron
tocando. Yo solo me quedé embelesada mirando a Frankie... herrr... que diga Gabriela,
bueno que demonios le diré Frankie, me gusta más.
Sin embargo, como todo inicio este tuvo su final. La noche llegó y mi momento de
despedirme también. Aunque no quisiera irme.
- Creo que es tiempo de que me vaya, ya es algo tarde.- Pronuncié al final de esa
canción y levantándome de la silla.-
- Esta bien, ya ha oscurecido y la vieja señorita Mary te regañará si te pilla en los
pasillos.-
- Disculpa, la señorita ¿qué?- Pregunté ante mi desconocimiento total acerca de la
persona de quien me hablada Chad.-
- No le hagas caso, a veces se nos olvida que el tiempo allá afuera sigue avanzando
sin nosotros.- Una Margaret muy triste me contestó.-
- Yo te acompañaré hasta la salida.- Frankie me tomó del brazo y me haló fuera de la
sala, apenas dándome tiempo de despedirme con la cabeza del resto y sin poder decirle
algo coherente a Margaret que seguía con su mirada triste y perdida.-
Antes de salir por completo de la habitación, eché una última ojeada a los chicos. Los
ojos negros de la pelirroja se alzaron y me miraron con cierto rencor, al momento me
sentí muy mal por tal situación. Era la primera vez que en verdad me importaba lo que
alguien más pensara de mí. Aunque no sabia muy bien el porque de su enojo.
Me resultaba extraño todo esto. Hasta esta tarde mi vida era común, nada fuera de lo
ordinario, ahora por descontado era amiga de un grupo de chicos que esta de más decirlo...
algo extraños. Por no decir muertos... muertos... eso da que pensar acerca de mi salud
mental. Pero que diablos, quien en esta vida esta completamente cuerdo. Por los demás,
no me importa lo que lleguen a decir o pensar. Es mi vida y solo yo decido en ella.
Claro eso pensaba yo en ese momento.
Salimos al viejo pasillo, la niña rubia me llevaba de la mano y de vez en cuando
volteaba a verme con una gran sonrisa en la cara. Eso me contagiaba de tantos
sentimientos nuevos y desconocidos para mí. Podía estar así para siempre solo con ella,
todo a mí alrededor me empezaba a parecer absurdo y malditamente insoportable al
recordar que ella no... no... Dios como decirlo... no era para mí, al menos no en esa
forma... no como es ahora... no... o tal vez... que locura...
Salí de mis cavilaciones cuando se detuvo al llegar al borde desde donde horas antes
había saltado. Se giró sobre si misma dejando ondear su cabello en un hermoso baile
entre los rayos de la luna que para ese entonces ya asomaba por encima del horizonte.
El rubio de los mechones que le caían sobre el rostro le daba un aire inocente y pícaro,
con esos ojos tan hermosos, soñadores y, por que no decirlo, pizpiretos. Esa sonrisa
que parecía haberse quedado en sus labios y se negara a abandonarla. Toda ella... es
como un sueño hecho realidad... me ha cautivado.
- ¿Qué tanto me vez? Si se puede saber.- Me preguntó juguetonamente y yo haciéndome la
tonta solo pude mirar hacia otro lado, cualquier punto, para que no viera lo que me
hacía con su sola presencia.-
- No... nada... bueno si... eres muy bonita.- Ya lo dije, no como lo hubiese querido
ni con las palabras apropiadas.-
- Gracias, hace mucho que nadie me daba cumplidos.- Tomó mi mano y la llevó hacia su
mejilla. Una descarga de energía recorrió mi mano y mi brazo hasta llegar a mi cabeza,
al tener su suave piel en contacto con la mía.-
- Eh... eh... yo creo que es hora de que me vaya.- Dije cortando la caricia que si
hubiera seguido habría sido capaz de cometer una insensatez.-
- Oh, si... si... lo entiendo, yo... no te agrado...- Dicho esto sus ojos se llenaron
de agua y se llevo una de sus manos a la boca y dando una vuelta quedando de perfil
comenzó a llorar.-
- No, no es eso, por favor como puedes creer una cosa semejante. Yo no seria capaz de
sentir desagrado por ti, que eres... eres casi como un ángel.- Al mismo tiempo que
pronunciaba las palabras nació en mi una imperiosa necesidad de tenerla entre mis brazos
y sin pensarlo mucho dejé que mi cuerpo se fuera por su propio instinto.-
- ¿Lo dices en verdad? ¿No me mientes?- Sus ojos rojos me miraron con un gran
sentimiento de ternura y aflicción que solo atiné a contestarle:
- ¿Acaso lo dudas? Yo no seria capaz de mentirte. Has aparecido hoy en mi vida y
siento que te conozco de todo el tiempo. Dime, ¿cómo se supone que es eso?- Intentó
agachar su cabeza pero mi mano sosteniendo su barbilla se lo impidió.-
- Somos almas gemelas, irremediablemente unidas a lo largo del tiempo, sin importar
las vidas vividas. Tal vez por ahora no lo entiendas bien, pero más adelante... quizás...-
Sin darme tiempo a nada me besó en la mejilla y deshizo el abrazo.- Por ahora será mejor
así.-
Esta niña me crispa los nervios, en verdad. Me las da de cambio y no se como reaccionar.
Debí de parecerle muy tonta pues comenzó a reírse y yo sin salir de mi estado de semi
letargo producido por una especie de droga que me inoculó por medio del beso. Solo
atiné a decir:
- ¿Os burláis de mí bella damisela? ¿Os burláis de esta pobre iluso?- En un tono de
Don Juan mal imitado.-
- ¡Oh! Claro que no mi audaz caballero, ¿acaso no veis la verdad en mis palabras?
¿Acaso no veis un atisbo de luz en ellas?- Me siguió el juego.-
- Mi hermosa doncella, princesa de estas tierras, disculpa a este pobre que se ha
deslumbrado por tanta brillantez.- Ambas rompimos en carcajadas que poco a poco fueron
menguando bajo el tenaz agarre de nuestras miradas.-
- Creo mi querido caballero que es hora de que parta a la batalla.- Me dijo caminado
hasta acercarse al borde del pasillo.-
- Así es my Lady.-
Sin esperar más, di unas pasos atrás y me encarreré para dar el salto al otro lado del
pasillo. Llegué no sin darme un buen fregadazo pero me levanté de inmediato con cara de
"no me dolió" aunque por dentro me sobaba mentalmente por el golpe. Volteé a buscarla y
de modo picaresco me lanzó un beso al aire y salió corriendo rumbo a los viejos salones.
Durante unos minutos me quedé allí parada como esperando que volviera, más no sucedió,
sin embargo algo llamó mi atención. La Torre de Quemados. Esta se levantaba por encima,
a pesar de los años ninguno de los edificios construídos antes o después le llegaba
siquiera a opacar en altura. La Torre se había quemado el mismo día que los viejos
salones de música sin explicación alguna. Dicen que allí murieron dos chicos, los
hermanos Crewson, hijos de los fundadores del Instituto. El lugar estaba en ruinas y le
daba un toque muy escabroso.
Como si mis ojos me engañasen vi moverse en el interior unas sombras que corrieron al
posar mis ojos en el ventanal que miraba hacia el patio de los cerezos y los salones de
música. Pestañee y me restregué los ojos con mis manos tratando de ver más allá pero fue
inútil. Tal vez fue solo una ilusión, aunque a estas alturas ya cualquier cosa podía
ocurrir.
Me encaminé hacia los dormitorios, era tarde y ya no era sensato presentarse en el
comedor para cenar. Aparte de que recibiría un fuerte regaño por parte de las prefectas.
Llegue hasta la puerta del cuarto que compartía con otras chicas. Un lugar grande, un
simple rectángulo unos 6 metros por 15 de largo. Nuestras camas, literas, estaban
formadas una frente a la otra y en hilera. A final de cuentas venían siendo 12 literas
que daban espacio a 24 niñas, aunque no todas estaban ocupadas.
Muchas guardaban la costumbre de dormir juntas, tal vez por simpatía, tal vez por miedo.
Se contaban todo tipo de historias raras acerca de la escuela, la mayoría de ellas en
relación al incendio y a los aparecidos. Recuerdo una ocasión en que Merry, una chica
de tercer grado... muy bonita por cierto, saliendo del baño... creo si mal no me falla
la memoria salía de tomar una ducha. Cuando miró los espejos de los lavabos descubrió
un mensaje escrito gracias al vapor del agua caliente. Dicho mensaje era una condena a
muerte contra ella.
Esta de más decir que le dió un ataque de nervios y tuvieron que sacarla de la escuela.
Desde entonces no regresó y de eso hace ya casi 6 meses, ni regresará. Murió hace poco
de un ataque al corazón. La causa parece ser otro mensaje en el cuarto de baño de su
casa. No lo resistió. Algo muy terrible debieron escribirle.
A partir de allí a las chicas no les gusta ir solas al baño, cosa chistosa pues creo que
a todas las mujeres les gusta ir acompañadas. Pero esa es harina de otro costal.
Al poco rato regresaron las chicas del comedor. Su venía con unas amigas suyas y aunque
me vio no me dirigió la palabra, bueno ella se lo pierde. Compuse mi cama y me acosté a
dormir, si es que podía hacerlo.
Continuará...