Advertencia: Esta historia contiene un poco de lenguaje coloquial y burdo, por lo que si no gustáis de las malas palabras puedes saltártelas. Así como también contiene un poco de violencia y cosas raras salidas de mi cabeza. Por lo demás si no te agradan las relaciones con personas del mismo sexo, yo me pregunto ¿que demonios haces leyendo esto? Sal de aquí y ponte a hacer alguna otra cosa.
Disclaimers: Esta historia y todos sus personajes son de mi autoría, aunque pueden tener cierta semejanza con algunos personajes de cierta serie de televisión.
Dedicatoria: A la niña de mis sueños, llegaste a mi cuando menos lo esperaba pero cuando más te necesitaba. A ti.
Nota: Cualquier crítica o sugerencia a mi correo woostock64@hotmail.com y espero les sea de su agrado.


EL EXTRAÑO CASO DEL ILUSTRE INSTITUTO CREWSON

Por: Ziggy

Caso 1

Las grandes llamas cubren el tercer piso del instituto Crewson. Es de noche pero la luz que irradian hace parecer que el alba se asoma por el horizonte dando la bienvenida a un nuevo día... Nada más falso. De entre el fuego que consume el piso donde se encuentra el salón de música y la sala de reuniones se pueden escuchar los gritos y gemidos de auxilio de los alumnos que se quedaron atrapados en medio de tal desgracia dan.

Estaban en el lugar equivocado en el momento equivocado.

El crepitar de las llamas ahoga poco a poco sus pedidos de ayuda, aunque las personas que ya se han dado por enteradas de tal suceso no pueden hacer nada, pues son rebasados por el monstruo de fuego que devora todo a su paso. Pobres criaturas que allí quedaron a merced de su poder.

Los árboles de cerezos que florecían hermosamente yacen ahora como antorchas encendidas ofreciendo por demás un paisaje muy aterrador. Y es que aunque ya se ha dado parte al cuerpo de bomberos estos no podrán salvar más allá que los escombros que deje esa bestia naranja y roja.

Sus esfuerzos son en vano.

Más de pronto como si de una competencia se tratare, la torre de la campana también arde bajo las llamas, de ella cual escalofriante viento ártico se deja escuchar un sollozo que es acompañado de grandes carcajadas, lloremos todos por la perdida que hoy ha llamado a los alumnos de este ilustre instituto.

Pero aun de entre los escombros quedó alguien con vida, alguien que llora desconsoladamente al pie de uno de los árboles de cerezo del patio. Sus manos le cubren el rostro bañadas por el llanto, su cabello negro como la misma noche le cubre desordenadamente los hombros. Llora y llora la pobre niña, sufre por lo que ha perdido. No habrá más paz para su corazón afligido que la que la venganza no pudo sanar.

Es menester ahora de encontrar los culpables, más de nada servirá, pues la verdad rebasa a los actores de este relato, que por ella se perderán. Dicen que la verdad es relativa, yo creo que es perdición. Pues aquel que la busca nunca la hallara para bien. Su esfuerzo harán y aunque la vida les cobre no cederán.

Es así como empieza esta mascarada que espero sirva de su entretener. La trataré de contar del mejor modo y si fallase en mi intento, vosotros me juzgareis por ello. Más una advertencia antes, recuerden que no todo lo que es real es verdad, ni todo lo que es mentira no es real. Un corazón bueno siempre guarda su propia mentira y el malo su propia verdad.

La introducción al segundo relato

La clase de cocina no era su mayor fuerte, más sin embargo muy a su pesar debía llevarla. Lo recuerdo bien, ese día haríamos galletas. Ha ella le encantaban. Sobre todo las de chocolate. Siempre estaba encima de mí pidiéndome que le cocinara algo rico pues a ella nunca le saldría una sola receta del manual.

Su nombre... Thomas X. Ferguson, mejor conocida como la devora galletas... jajaja... no se crean no es verdad, todos le llamábamos Tom de cariño.

Era algo reservada pero cuando le conocías sabías que no había persona igual en el mundo. Siempre tan ella, tan diferente. Aunque por ello no gozaba de la aceptación de todos. Era la chica rara del salón, pensando la más de las veces en la inmortalidad del cangrejo o que se yo lo que pasaba por su mente. A veces con la mirada perdida como esperando algo, observando el horizonte con esos ojos azules que tanto la distinguían o su cabello que como otro no existía igual, tan negro, tan oscuro. Alta y fuerte como un roble no se rendía fácilmente a pesar de que llevara las de perder.

Como ya dije las galletas le encantaban aunque fuera tan hábil en la cocina como un cactus en el polo norte. Simplemente no era lo suyo,... lo suyo... lo suyo era la música eso si que le salía bien, cantaba como los mismos ángeles. Pero, para variar, como dije no gozaba de la aprobación de todos, los integrantes del equipo de música no la aceptaban con ellos. No se si le tenían envidia o coraje o miedo por como era. Más sin embargo les daría una gran lección.

El segundo relato

Solo existe un lugar donde se convergen dos cosas tan opuestas y tan contrarias para mí, la cocina. Detesto ese lugar como no tienen idea y es que no es mi culpa que yo no sirva para estar en una. Bueno... en realidad hay una cosa que si me gusta de eso, probar todos y cada uno de los platillos y sobre todo los postres de entre los cuales las galletas son mis favoritas, de todas mis compañeras de clase. Aunque hay unos en especial que me agradan más que el resto, las galletas de Suzzet. Son extrañamente deliciosas, me gustan mucho, por eso me pego a ella para ser la primera en probarlas.

A excepción de ella, nadie más me agrada y a nadie más le agrado. Lo se, lo he notado me ven como el granito de fríjol entre el arroz. Soy un moro entre cristianos.

Pero no me importa, no les necesito.

- ¡Hey! oye tu, ya estas aquí para comerte mis galletas, ¿verdad?- Una Suzzet muy enojada me amenaza con una cuchara.-
- Yoooo... como crees Su, cuando he hecho algo así... sin tu consentimiento, claro.- Su, así le digo de cariño.-
- Bueno más te vale por que estas las hice especialmente para alguien.-
- Así, y se puede saber para quien, ¿eh?-
- Pues para mi novio, para quien más.- lo dice con las manos en la cadera y mirándome con enojo.-
- Bueno pues al fin que ni quería.- Su semblante cambia por uno de alegría y risas.-
- Ya, ya, no te pongas en tu plan, que mira que qué voy a hacer con estas otras galletas que hornee.- Mi cara asombrada en un principio se abalanza por las galletas ofrecidas.-
- Ahah, pero antes, ¿como se dice?- Me escondió la bolsita con mi preciado cargamento.-
- Muchas gracias por las galletas Su.- Con cara risueña me contesta.-
- Eso esta mejor, vez como puedes ser un poco más amable. Toma.- Le quito la bolsa y al instante le planto un beso en la mejilla y la rodeé de la cintura con mis brazos.-
- Eres mala conmigo, pero aun por eso me agradas.-
- Ya tranquila que mira que le van con el chisme a mi novio por tu culpa.-
- Que se enoje el tipo. Me vale.-
- Hay sí, pero a mi no, eh.-
- Bueno esta bien, nos vemos.-
- ¿A dónde vas? Venga señorita que tienes que entregar tu libreta de apuntes.-
- Que fastidio, no se por que demonios se me ocurrió entrar a la clase de cocina.- De nueva cuenta puso sus manos en la cintura y enojada me dijo.-
- Por que estoy yo por eso. Te parece poco.- Mi carcajada no se dejo esperar.-
- Claro, claro, que tonta pues si. Fue por eso. Aunque yo creí que por la comida.- Mi risa no paraba, hasta que recibí un jalón del brazo.- ¡Ah! Y encima me jaloneas.-
- No, chiquita, te muestro mi cariño.-
- No pues por eso digo a que cariñosa eres.-

La clase término con un regaño de la maestra hacía mí por no entregar la libreta a tiempo y dándome como plazo una semana para dársela.

Como todas las tardes me dirigí al tercer piso, la parte nueva. La vieja zona del incendio estaba restringida, nadie sin excepción podía entrar allí. Por lo que me sentaba mirando hacia el abandonado salón de música y al salón de eventos. Según dicen, después del incendio lo remodelaron pero nada fue igual. Cuentan que a veces cosas extrañas ocurrían. Lo se... yo misma lo he visto, por eso vengo aquí todas las tardes. Los que murieron ese día eran integrantes del equipo de música de la escuela. Me gusta escucharlos desde aquí. Claro, nunca me he acercado a ellos, pero se que saben que los escucho y por eso tocan cuando estoy. Es extraño pero cierto, a veces creo verles a través de las ventanas que dan al patio. Este patio que en otros tiempos fue el principal, hoy no era más que el patio trasero viejo y abandonado. La modernidad lo alcanzó y con la construcción de nuevos edificios y salones, y claro un nuevo patio más grande y más hermoso. Más para mi este era el mejor.

Los viejos cerezos aun no florecen, falta mucho para la primavera, sin embargo tal parece que no les hiciera falta, son árboles misteriosos, mudos testigos de lo que pasó. El gran rectángulo que forma el patio con la fuente en medio y los árboles rodeándole a veces hacen que a uno le falle la vista y vea cosas como las que veo.

El ala norte del tercer piso esta vedada, un pequeño barandal y el pedazo de piso que fue removido para asegurarse que nadie pasase al otro lado. Un brinco, eso es lo que se necesita para cruzar, pero nadie lo hace. Miedo eso es lo que tienen los demás. Son pocos los que se atreven siquiera a pasar por el pasillo que esta frente a la zona prohibida. Lo se... porque si lo hicieren me verían sentada aquí, como siempre.

- ¡Hola Chiquilla!- Su estaba parada a mi lado, tan absorta estaba en mis pensamientos que no la vi llegar.-
- Hola.-
- Ya estas aquí de nuevo, no te cansas de estar mirando hacia ese lugar.- Pronunció al tiempo que se sentaba a mi lado tomándome del brazo y recargándose sobre mi hombro.
- No, me agrada. Es tonto pero me siento bien.-
- Es escalofriante contemplar las ruinas de ese lugar.- La miré por un momento y sonreí al ver su extrañeza.- Digo, no es por nada pero ¿alguna vez les has visto?-
- No lo se.-
- Como que no lo sabes. Deberías de saber.-
- Pues aunque no lo creas no lo se, a veces la percepción puede fallarle a uno.-
- ¡Si claro!, y tratándose de ti es más común.-

Escuchamos pasos y ambas volteamos hacia el pasillo que comunicaba al centro del edificio principal. Por el venían tres chicos, a los que reconocí enseguida. El sangrón novio de Su y su bola de patiños amigos.

- Miren nada más esto, creí haberte dicho que no me agrada que te juntes con la tipa esta, cariñito.- Su mirada de desprecio me enardeció y me levanté con ánimo de golpearle su estúpida sonrisita.-
- Yo... yo... - Su no sabía que contestarle, le era sumisa.-
- Mira estúpido, ella esta en todo su derecho de elegir con quién se lleva y con quién no, sin tener que darle cuentas a nadie por ello, ¡ok!- Su me jaló del brazo para que no siguiera hablando.-
- ¿A sí cómo no? ¿Acaso crees que no me doy cuenta que te gusta mi novia? ¿Acaso crees que no se que la buscas y la quieres convencer de que me deje por ti?- Mi indignación y la vergüenza de Su crecían a cada palabra que ese tipejo decía.-
- Escucha y escucha bien, imbécil, yo no quiero con tu novia y que te quede claro. Solo somos amigas o ¿es qué eso esta mal? Y si, si creo que debería dejarte por que no eres más que una rata asquerosa de alcantarilla con toda tu maldita presunción.-
- Ya basta dejen de pelear quieren, por favor Josias.- Su estalló.-
- Es tu amiguita la que comienza todo, que te deje en paz. No eres más que una habladora cobarde o que te escondes bajo las faldas de mi novia, ¿eh?- Esto era más de lo que estaba dispuesta a soportar ahora si le surtiría su piñata al tipo.-
- Mira pedazo de ojete yo no me escondo detrás de nadie, como lo haces tu, que necesitas huele pedos para sentirte machito.-
- Yo no necesito de eso para decirte tus cosas, marimacha de mierda. Y ya que tanto te gusta estar aquí con tus rarezas, te reto.-
- ¿Me retas?- Con desesperación Su trataba de separarnos, sin mucho éxito.-
- Claro, ya que dices tener los...- haciendo un ademán tocándose sus genitales- ... te reto a que saltes al otro lado del barandal y entres a los salones prohibidos.- Miré al lugar, luego el barandal y finalmente a él.-
- Lo haré pero tu me acompañarás si es que de verdad eres tan hombrecito.- Titubeó por un momento y después aceptó.-
- Esta bien.-
- Venga pues, vamos.-

Decididos subimos el barandal y a pesar de las protestas de Su, cruzamos de un brinco al otro lado. El pasillo estaba en mal estado, el techo que en otrora tiempo tenía ya no existía. El suelo estaba lleno de pequeñas matas de hierba que se habrían paso por entre los maderos. Caminamos poco a poco con reservas, digo hay que ser osado pero con cautela. Valiente pero no estúpido como este tipo.

Llegamos hasta la puerta de entrada a los salones, creo era el de eventos, pues estaba grande y espacioso. Aunque el paso del tiempo lo tenía algo deteriorado, no era mucho. Una buena limpieza y algunas composturas lo dejarían como en los mejores tiempos.

Estaba nerviosa pero no tanto como el tipejo este, el tal Jos. Caminábamos por entre las cajas que yacían a la entraba del sitio, llegamos hasta casi el centro cuando escuchamos unas risas y un gran estruendo provenir del cuarto contiguo. Una sombra pasó por la puerta que daba al salón de música, tan fugazmente como mi acompañante salía del cuarto dejándome en el sitio.

No se si fue el miedo el que no dejó que mis pies se movieran o fue la curiosidad de saber si el viento nos había jugado una mala pasada. Con vacilación avancé hasta la puerta, me asomé por entre los cristales sin ver en si nada. Solo polvo sobre polvo. Empujé la puerta introduciéndome al interior. Nada, eso era lo que había nada, a excepción de cajas y más cajas, algunas sillas por aquí y por allá, nada en especial.
Me sentí un poco mas tranquila de ver que mis nervios o mi miedo me habían traicionado vilmente.

En el centro del salón se hallaban unas partituras tiradas sobre el suelo, cubiertas de polvo. Las levanté y sacudí, en ellas pude leer la melodía que todas las tardes escuchaba y que sin duda era mi favorita. Melodía para Elisa. Un escalofrío recorrió mi espinazo al sentir una mano sobre mi hombro, al instante voltee y... y... me sorprendí como nunca en mi vida. El mayor susto y a la vez el mayor asombro que jamás hubiese tenido.

Una niña como de mi edad, de cabello rubio como el mismo sol en primavera, con la sonrisa más hermosa que hubiesen visto mis ojos, mis ojos... sus ojos... eran bellos... de un color verde como los campos que los que el sol ilumina con total gratitud. Al instante sentí perder mis fuerzas para de golpe tenerlas de vuelta. Desbalanceándome completamente y dando unos pasos para atrás hasta chocar con unas cajas que cayeron rompiendo momentáneamente el silencio aplastante que se dejaba sentir en el ambiente.

Ella sonrió de nuevo y con mirada tierna de acercó a mi. Hasta estar a un palmo de mi rostro, donde depositó un beso sobre mi mejilla.

- Eres tu la que nos escucha. Es por ti por quien tocamos esta melodía. Tu favorita desde que te conozco.-
- Yo... yo...- No podía responder.-

Del exterior, en concreto del lado que daba al pasillo donde tantas veces me sentaba podía ver a lo lejos a Su llamándome, pidiéndome regresar y terminar por todas al fin el reto de su novio Jos.

- Ella te esta hablando, puedes ir si lo deseas.- Me sugirió con un poco de tristeza reflejada en su semblante.
- No, no quiero.- Pronuncié con decisión.

Continuará...


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