Advertencia: Esta historia contiene un poco de lenguaje coloquial y burdo, por lo que si no gustáis de las malas palabras puedes saltártelas. Así como también contiene violencia y cosas raras salidas de mi cabeza. Por lo demás si no te agradan las relaciones con personas del mismo sexo o algo de ciencia ficción te recomiendo que salgas a pasear por el parque y despejes tu mente. Has algo de ejercicio.
Disclaimers: Esta historia y todos sus personajes son de mi autoría, aunque pueden tener cierta semejanza con algunos personajes de cierta serie de televisión.
Dedicatoria: A la musa inspiradora que se fugo de mi cabeza, por más que te busco no te encuentro. Deja de esconderte.
Nota: Cualquier critica o sugerencia a mi correo woostock64@hotmail.com y espero les sea de su agrado.


PRETORIANOS

Por: Ziggy

Segunda parte

Pasado del medio día mi padre y mi abuelo me acompañaron al registro de IDV de la República Imperial. Que está en el centro de la ciudad, frente a la Plaza de los Héroes Libertadores. Esa gran explanada donde realizan sus ejercicios los soldados de la Guardia Real todas las tardes. Junto a la Plaza esta el Parque de los Ilustres. Me gusta ir allí y sentarme en las bancas que dan a la plaza todos los días después de clases a mirar a los soldados. Esta rodeado de edificios de apariencia republicana, como le dicen, altos y viejos aunque no pierden su belleza.

- Hija, ve con el hombre de la tercera fila. Le entregas tus papeles y haces lo que te indique.- Miré hacía el mostrador donde un hombrecito regordete esperaba a los jóvenes que como yo realizarían su registro.-
- Si padre.- Mi padre y mi abuelo me dieron su bendición a su manera y me encaminé al mostrador, con nervios aparentes y temblorina por parte de mis traicioneros pies que casi provocan que me cayese. Voltee a ver a mi padre y a mi abuelo que aun me seguían mirando y me dedicaron una gran sonrisa que me hizo agarrar valor y seguir mi camino.-
- Buenas tardes, sus papeles por favor.- El hombrecito me miró de arriba abajo y tomó el disco que tenía en las manos.- Muy bien pase por allí para las diligencias respectivas.-
- Si, de acuerdo.- Me señaló una puerta con el número 3 en la parte superior, en la cual entré.-

En el interior de la misma, se hallaban otros dos chicos. Me vieron de arriba abajo cuando entre pero al instante perdieron el interés en mí y se dedicaron a hacer lo que estaban haciendo antes de que yo entrara, o sea nada. Me senté en la última butaca de la fila de 4 asientos que había.

Enfrente de mi se hallaban unos cuadros alusivos al servicio militar y a la Guardia Real. Decían más o menos así: Tienes vocación de servicio a tu país y a tus valores, enrólate a la Guardia Real. Sirviendo con valor y respeto a los ciudadanos de mi país. Velando por los que más lo necesitan. Protegiendo la seguridad y el cumplimiento cabal de las leyes. Cosas por el estilo.

Mi vista se perdía de un lado a otro de la pequeña sala verde. Por un momento miré a mis compañeros de espera y estaban igual o más distraídos que yo. De pronto una puerta contigua a la fila de asientos se abrió. De su interior salió una chica pelirroja de mediana estatura y buen cuerpo, a la cual le dedicamos nuestras miradas examinándola completamente de pies a cabeza y siguiendo su recorrido hasta la puerta de salida. Tras de ella se encontraba un hombre bigotón con bata que permanecía al pie de la puerta contigua. Dio un nombre y el chico que estaba en la primera butaca pasó al interior de la siguiente sala.

Pasaron los minutos y al fin fue mi turno. ¡Gracia a Dios! Al fin pasé y después de las pruebas debidas, salí de nuevo a la sala principal donde me esperaban mi padre y abuelo. Algo ya desesperados.

- ¿Cómo te ha ido hija?- Llegué hasta su lado y el abuelo me recibió con la pregunta.-
- Espero que bien abuelo... Espero que bien.- Me senté junto a ellos a esperar los resultados.-
También pude ver a mis otrora compañeros de espera sentados en las butacas de la sala. De nuevo a esperar.

Al fin después de casi media hora me llamaron y me entregaron los resultados, en la ventanilla del hombrecito regordete de la tercera fila. Me volvió a mirar de arriba abajo y me pidió que esperara otro poco, pues tenía que pasar a la oficina de guía vocacional.

Una vez dentro de la pequeña oficina una mujer de mediana edad me atendió. Con su rostro iluminado por la pantalla de la computadora consultaba algunos, supongo yo, archivos. Tal vez mis resultados.

- Muy bien señorita... Tricky Reeves.- Asentí con la cabeza.- Sus resultados son en verdad asombrosos, vera no es muy común que personas de su...- Me miró algo indecisa en decir lo que iba a decir- ... pues de su... de su nivel, vamos a decirlo así. Lleguen a tener semejante IDV. Más sin embargo, estoy a aquí para indicarte lo que concierne a este tipo de casos.- La miré visiblemente sorprendida y muy, muy extrañada.-
- Vera usted señorita Reeves, para las personas con su IDV es necesario realizar ciertos tramites y se requiere del consentimiento de su padre, el cual... tenemos ya. Por lo que de ahora en adelante queda usted bajo la tutela de la Republica Imperial sometiéndose a lo que ella le demande.- En mi cabeza no cabía razón alguna, como era posible que así como así me dejaran en manos del gobierno. Mi padre, ¡por dios!, mi padre como podía haber firmado algo así.-
- No tenía otra opción. Sabe que esto es irrevocable.- Casi como si me leyera la mente la mujer del otro lado del escritorio me respondió.- Ahora necesito que firmes aquí sobre esta línea, por favor.- De manera más que automática raye el papel.- Bien, eres sensata. Puedes salir, afuera te están esperando dos guardias que te llevaran a lo que será tu nuevo lugar.- Sin salir aun de mi ensimismamiento, la mujer se levantó de su silla y se acercó a mi y me condujo fuera.-

Como había dicho la mujer, afuera me esperaban dos guardias. Me pidieron que los acompañara. Volteé alrededor y divisé a lo lejos, en el extremo de la sala a mi padre y mi abuelo. Les grité, pero mi padre solo se giró y me dió su espalda como despedida, mi abuelo con lágrimas en los ojos se despidió. Traté de ir hacia ellos pero me fue impedido por los guardias que en el acto me tomaron de los brazos y me forzaron a seguirlos.

Intenté resistirme pero eran más fuertes que yo. Me condujeron hasta un auto donde me subieron y emprendimos camino hacia un lugar desconocido.

No se cuanto tiempo estuvimos recorriendo en el auto y francamente no me interesaba. Estaba tan desilusionada, no podía creer en lo que estaba. Cambiar mi futuro... ja... esto distaba mucho de lo que creía. Yo solo quiero ser guardia real, no tanta parafernalia. La situación me sobrepasaba por mucho, ya nada se encontraba en mis manos... mi vida... mis decisiones propias... si antes me limitaban, ahora no tenia manera hacer o pensar absolutamente nada que no me impusieran.

Salí de mi ensimismamiento cuando sentí que el auto paraba y por mi ventanilla un hombre que se había acercado la golpeaba insistentemente. Me pedía abrir la puerta y bajar.

- ¿Su nombre?- El tipo con uniforme de alguna especie de policía, barba de tres días y muy poca paciencia me hablaba algo irritado.- ¿Su nombre?-
- Reeves... Tricky Reeves.- Le respondí mientras el buscaba en su libreta ordenador mi expediente.-
- Hummm... Chica rubia, de ojos verdes, mediana estatura y sin señas particulares. Candidato a Pretoriano... Sector III-A.- Se dirigió al hombre que conducía el auto.- Toma este es tu pase, por nada lo vayas a perder o de lo contrario te harás acreedora de un castigo.- Me entregó un disco transparente agarrado a una especie de collar, que me puso alrededor del cuello.-
- Sube al auto.- Me ordenó el copiloto, el otro guardia.-

El lugar, una caseta perdida en apariencia en medio de la nada, y digo en apariencia por que en realidad debía estar fuertemente vigilada y con lo más moderno en tácticas de camuflaje. Los de la milicia no confían ni en si mismos, como averiguaría más adelante por experiencia propia.

Recorrimos alrededor de 25 minutos por un campo totalmente desierto con apenas pasto por paisaje y vastas llanuras interminables. Nada se oía... solo apenas el ronronear del motor del carro... era como sentirse en el limbo... una entrada a otro mundo... y nosotros cruzando la frontera. Hasta el cielo era distinto, todo lleno de nubes grises y pequeños destellos luminosos, que poco a poco se hicieron más frecuentes llegando al fin a caer gotas de agua y rayos.

El vasto paisaje de pasto se cubrió, primero de un ligero rocío y después en grandes lagunas repletas de agua. La tormenta estaba en su punto más álgido cuando llegamos por fin a una muralla que tras de si resguardaba un enorme edificio clásico de la República Imperial. Todos ellos tan anticuados y viejos pero que aun se consideran por su gran durabilidad y fortaleza... fortaleza... eso sería de ahora en adelante este edificio, mi fortaleza y cárcel, claro solo era mi primera impresión.

Llegamos hasta la puerta y bajamos, o más bien me bajaron, empapándonos con la lluvia. Tocaron a la gran puerta de madera que en ese momento se hallaba cerrada. A través de un comunicador, uno de los oficiales pidió permiso para pasar. De la gran puerta se abrió una más pequeña por donde entramos. En el interior un hombre que tal vez no pasara de los 40 se encontraba detrás de un stand donde manejaba diversos controles. El cuarto era de alrededor 3 por 5 metros con las paredes grises y una puerta de acero, con un censor en la parte superior, de más o menos 2 metros de anchura.

- Identificaciones por favor.- El hombre, que después averiguaría que se llamaba Sebastián, nos dijo. Los guardias le dieron una tarjeta disco transparente que verificó en su libreta ordenador, después me pidió la mía.-
- Tricky Reeves, chica rubia, de ojos verdes, mediana estatura y sin señas particulares. Candidato a Pretoriano, ubicada al Sector III-A. Puedes pasar.- Me indicó.- Avanzas dos corredores y das vuelta a tu derecha en la quinta puerta de la izquierda, esa será tu habitación y mañana por la mañana se te dirá tus obligaciones y deberes.-

Caminó hasta su stand y apretó algunos botones, la puerta de acero se abrió de par en par descubriendo tras de si un interminable pasillo lleno de corredores que lo cruzaban. Miré a los guardias que me habían escoltado, permanecían inamovibles sin cambios. Comencé mi andar a través del lugar, pasando los dos corredores y caminando hacía mi derecha encontrando la quinta puerta.

Para poder acceder al interior tuve que introducir en una ranura mi tarjeta disco transparente que me entregaron. Adentro solo hallé cuatro paredes desnudas y frías, desprovistas de la más mínima vida. Del lado derecho una cama con unas sábanas, una almohada y dos cobijas me decían lo frías y heladas que debían ser las noches allí. En el otro extremo se encontraba un escritorio con su silla, sobre él algunos discos y una computadora. Frente a mi se hallaban dos puertas, las cuales investigue que contenían. La que estaba cerca del escritorio era el baño, no muy grande, apenas el espacio necesario para la regadera y la taza. En la otra puerta, que en realidad era el closet, diversos uniformes y atuendos pendían colgados, junto con las cajoneras en las que acomodaron calcetines, ropa interior y enseres menores. En el suelo del mismo zapatos, botas y sandalias.

El ver la ropa allí, me recordó a mi padre. ¿Nunca más volvería a verlo? No lo sabía. Solo que lo extrañaba muchísimo, al igual que al abuelo y la abuela. Extrañaría mi vieja vida, tan llena de tantas cosas que en este momento me parecían tan lejanas como el sueño que se intenta recordar por las mañanas pero que por más que intentas no recuerdas del todo. En la medida que permanecí en ese lugar lo fui olvidando, hasta casi olvidarme a mi misma.


Año del Señor: 2243
Año de la República Imperial: 143

Campo de entrenamiento, Sector III-A, División Pretorianos Nivel 1
26 de mayo
05:30 hrs.

Un ensordecedor sonido llenó mis oídos, haciéndome despertar de mi pequeño letargo somnífero. Me senté en la cama, restregué mis ojos y me dirigí al baño. Por un comunicador una voz me daba instrucciones acerca de lo que debía hacer. Me di un baño rápido y me vestí con el uniforme 3, el de uso diario.

Un pantalón kaki de estilo militar, una camisa de manga corta del mismo estilo y color, unas botas amarillas y un cinturón. Ese era mi uniforme, la camisa en el frente tenía mi nombre y si se puede decir mi rango. Pretoriano... ¿qué demonios era todo esto? ¿Acaso yo podía llegar a ser uno de esos amoyseñortodopoderosonuncamequivoco? Por que hay que ver como son. Lo mejor de lo mejor de lo mejor. ¿Yo una de ellos? Si que me he deschavetado.

No pude terminar mis cavilaciones cuando una mujer entró en mi cuarto, me levanté como un resorte de la cama donde estaba sentada. Me inspeccionó de pies a cabeza al tiempo que rezaba una letanía de reglas y me entregó un disco con mis respectivos horarios de deberes.

- Primero tomarás el desayuno y de allí tendrás que visitar al peluquero, tienes el cabello largo eso es un inconveniente aquí. Después asistirás a tus clases.- Era una mujer alta con el cabello corto, demasiado corto, castaña y morena.-
- Si de acuerdo.- Me miró de nuevo y salió conmigo detrás de ella.-

Al terminar el día ya no tenía cabello aunque mi ánimo se encontraba mejor. Después de todo ero lo mejor para mi, a pesar de que aun no lo comprendía del todo en ese momento. Pasé 5 años en ese sitio aprendiendo todo lo que un oficial militar requería así como de política, me gradué con honores si se puede decir que uno se gradúa de pretoriano. Aunque tengo algunos recuerdos buenos y malos. De los que platicaré más adelante.

Continuará...


Indice Fan Fiction

Página Principal