Después de un día de trabajo estropeado por un arranque de celos...
D: ¿¡Bueno vas a dejar que te cuente!? ---cuestiona una joven rubia---
F: ¡Si, si voy a dejarte! Pero primero dime ¿Por qué estabas con ese tipo?, ¿Uhm?
¡Dime!
D: ¡Momento! ---pone su mirada de batalla--- ¡Esteban no es un tipo
cualquiera! ¡Es mi editor! ---grita---
F: ¡Ah si! ¡¿Y por eso puedes verlo a solas y sin avisarme?!
D: ¡Fernando, no seas estúpido! ¡Esta discusión no tiene sentido! ¿Y sabes qué?
No voy a seguirla, piensa de mi lo que quieras, porque ya no me importa, hasta aquí
llegamos, se terminó, ¡vete! ---dice esto último haciendo un ademán y señalando a la
puerta---
F: ¡Claro! ¡Que fácil, te encuentro con tu amante y solo dices vete!
D: Bien, si no te vas tu lo haré yo, saldré y cuando vuelva espero que ya no
estés aquí ---ella finge tranquilidad y el hombre se arrepiente---
F: ¡Espera! Diana perdóname, soy una bestia pero es que te amo con locura.
D: ¿Qué? Eres un idiota, ¿Después de todo lo que dijiste crees que es muy fácil
disculparte? ¿Sabes que? ¡Vete! ---señala la puerta---
F: Diana, por favor.
D: Por favor nada, ¡Lárgate! ---vuelve a mostrarle la salida---
El tipo sale de la casa y la rubia toma las llaves de su jeep y sale detrás de él para
dirigirse a la plaza comercial, al llegar rápidamente se estaciona y se dirige a comprar
un café americano con tres de azúcar, se sienta en una banca vacía a degustar su
estimulante, ésta se encuentra frente a un aparador en el que se aprecian varios
vestidos del tipo sensual y recuerda que ella no tiene ni uno parecido, así que después
de terminar su infusión anti stress se adentra en la tienda y comienza a observar cada
estante dentro de él, finalmente halla un vestido de su agrado, lo admira sin saber que
hacer cuando una empleada se acerca para ayudarle:
Em: ¿Busca alguna talla? ---amablemente pregunta---
D: Oh no, gracias, ya encontré uno a mi medida, pero pensaba en un par de zapatos
que le quedaran ---responde de igual manera---
Em: Entonces venga de este lado conmigo ---le dice mientras la conduce al
departamento de calzado---
Mientras la joven empleada le muestra una serie de zapatos Diana se dedica a atenderla
a la vez que un par de ojos celestes la observan atentamente desde una antesala cercana
a los vestidores, por fin Diana ha escogido dos pares de zapatos no sabe por cual
decidirse así que por ello resuelve probarse el vestido con ambos pares de zapatos para
así saber que par escoger...
Em: Esa es una buena idea Señorita, vaya al vestidor, colóquese el vestido y yo
la espero aquí con los zapatos.
Diana estaba a punto de aceptar cuando voltea hacia los vestidores y se da cuenta de la
gran fila de mujeres que impacientes esperaban para poder medirse un vestido, se
arrepiente de su idea y angustiada se vuelve a la empleada quien sin recato ríe por el
gesto de la rubia, Diana formula un nuevo plan, ha decidido medirse el dichoso vestido
detrás de un pequeño estante cercano a ella, la empleada vuelve reírse por la idea pero
Diana sin dudas la lleva a cabo, así que se despoja de sus viejos jeans, su playera
multicolor estilo hippie y sus tenis Nike, mientras tanto los mismos ojos celestes de
hace un rato siguen observándola a detalle, la rubia ya se ha colocado el vestido y
hará lo mismo con el primer par de zapatos, ha terminado y detenidamente se observa en
el espejo frente a ella, frunce el ceño como que no le gusta lo que ve, así que va por
el otro par, se los coloca y ¡Voila!, son perfectos, se pavonea frente al espejo, pero
aun a sabiendas de que son los zapatos ideales su inseguridad le juega una mala pasada.
D: ¿Qué dices? ¿Cuáles se ven mejor? ---dirigiéndose a la empleada---
Em: ¿Uhm? No sé, creo que los primeros.
D: ¿Los primeros? ¿Qué piensas de los segundos? ¿Eh?
Las jóvenes platican sobre los zapatos mientras que la dueña de aquellos ojos azules se
les acerca, se detiene hasta estar detrás de Diana y...
E: Disculpa ---Diana voltea--- no pude evitar ver que no sabes que par de
zapatos escoger, y creo que deberías llevarte el segundo par que te probaste, se ven
mas elegantes, van mas de acuerdo al vestido, afinan tu figura y hacen lucir mejor tus
piernas ---dice lo último con una sonrisa de medio lado que hace a Diana sonrojarse---
Pese al desconcierto...
D: Ves te dije que los segundos ---le dice a la empleada que se encuentra aun
más desconcertada que ella---
Em: Si, claro.
E: Bueno, con permiso, me alegra haberte ayudado, rubia ---dice lo último con
un toque de burla y dándose la vuelta---
D: Un momento ---la detiene--- solo hay un tonto ser sobre la tierra que
me llama así y eso no ocurre desde que cumplí 11 años ---ambas sonríen y la empleada
no entiende nada--- eso quiere decir que tu eres ese tonto ser y eso te convierte
en Liz, Liz "cabeza hueca" Montero.
E: Me alegra saber que aun me recuerdas.
Vuelven a sonreír y se abrazan a manera de saludo.
D: Es un gusto encontrarte aquí, hace ya un buen rato que no te veía, ¿Qué es de
tu vida?
E: Mi vida no es gran cosa y para mi también es una alegría verte.
D: ¿Y qué es de Irene, y de Elíseo?
E: Precisamente estoy esperándolos, mamá está en los vestidores y Elíseo en la
tienda de deportes.
D: Genial, me dará gusto verlos de nuevo.
Finalmente la empleada se ha aburrido y...
Em: Disculpe Srita., que hará con los zapatos.
D: Perdón, lo había olvidado, me llevaré los segundos y el vestido también.
Em: ¿Cómo será su pago?
D: En efectivo.
Em: Pase a esta caja por favor ---camina y detrás de ella Diana---
D: ¿Me acompañas? Así seguimos platicando ---Liz acepta y camina a su lado---,
oye, hace algunos meses te vi por TV. en una competencia de equitación.
E: ¿Si?, pues ya no me dedico a eso, lo dejé ---responde con halo de tristeza---
D: ¡Qué mal! Eras muy buena.
E: Gracias, ¿Y tu a qué te dedicas?
D: Escribo ---comenta apenada---
E: ¿En serio? ---la rubia asiente--- ¿Y qué escribes?
D: Novelas.
E: ¿De amor?
D: De todo tipo, pero esas son mi fuerte ---sonríe y le guiña un ojo---
E: Genial.
Diana ha hecho su pago y Liz se ha quedado sin palabras, estaba a punto de despedirse
cuando...
I: Aquí estás, creí que me esperarías fuera de los vestidores.
E: Ma' te esperaba pero me aburrí, y además mira lo que me encontré ---se hace
a un lado para que se vea Diana---
I: ¡Diana, qué gusto verte! ---la abraza---
D: Gracias, igualmente.
E: Bueno ¿Y qué hiciste con el vestido?
I: No lo llevaré, no me gusta como me queda.
E: Madre, ¿Hiciste una fila de 30 minutos para que resultara que el vestido no
te gustó? ---Diana solo sonríe mientras escucha---
I: Cariño, tenía que saber como se me veía el vestido.
E: Lo que digas, pero salgamos de aquí.
I: ¿Vienes Diana? ---la rubia asiente---
El trío de mujeres sale de la tienda y se quedan platicando de sus vidas mientras
esperan a Elíseo, Liz ha empezado a desesperarse, el aire y las personas de ciudad le
ocasionan molestia, en definitiva no se adapta a la urbe, es por ello que prefiere
vivir en su hacienda "El Olimpo" a las afueras de la ciudad, Diana aunque platica
ávidamente con Irene le presta atención a la alta ojiazul y comienza a notar algo que
es muy típico de ella, sus fastuosos ojos azules comienzan a tornarse grises y vacíos,
la lejanía de su mirada es quizá tan grande como la de su pensamiento, es por eso que
la amable ojiverde la trae de vuelta junto a ella y le toma la mano.
D: ¿Liz? ¿Te sientes bien? ---tomándole la mano a la vez que habla---
E: Perdón ¿Decías?
D: ¿Qué si estás bien?
E: Si, claro ¿Por qué no habría de estarlo?
D: No lo sé, solo me diste esa impresión.
E: Estoy bien, no te preocupes, de todos modos nadie lo hace ---responde con
aire de molestia y se aparta del lado de la rubia para ir por Elíseo, su joven hermano---
I: Liz, por favor ---la llama pero ésta no voltea---
D: Déjala, ya la conozco.
I: Disculpa Diana.
D: No te apenes, ella siempre ha sido de arranques, desde niña ¿Recuerdas?
Liz camina sin voltear hasta llegar a la tienda donde se encuentra Elíseo, le busca y
cuando finalmente lo encuentra...
E: ¿Ya encontraste lo que buscabas? ---agitada y aun molesta---
EL: ¿Qué demonios te pasa Elizabeth? ---cuestiona enérgico---
E: Mira torpe ¿Te vas a ir con nosotras o qué? Porque a mi ya me urge largarme.
EL: No se que te pasa pero no te dejaré arruinar mis compras en vísperas de mis
esperadas vacaciones, y ¡Si, me voy con ustedes!
E: Entonces apúrate.
Mientras los hermanos discuten y pagan la cuenta, Irene y Diana continúan platicando en
espera de ellos...
I: ¿Entonces por ahora no has escrito?
D: No, te digo que no puedo, mi editor y yo coincidimos en pensar que es falta
de inspiración, simplemente la perdí.
I: ¿Qué crees que te haga falta para reencontrarla?
D: No sé, tal vez serenidad, espacios abiertos y un buen tiempo lejos de la
ciudad y de Fernando.
I: Bueno, si crees que eso necesitas ¿Por qué no vienes a pasar unos días con
nosotros a "El Olimpo"?
D: ¿En serio? Sería fabuloso.
I: Pues solo dime que día quieres ir y vendré a buscarte.
D: Salir hoy mismo con ustedes sería perfecto.
I: Entonces dame tu dirección, ve a casa, arregla lo que vayas a llevar y espera
que pasemos por ti.
D: Genial.
Como un visaje los hermanos llegan junto a ellas y en cuanto Elíseo ve a Diana se lanza
sobre ella y fuertemente la abraza, sin pensarlo tanto le besa cerca de los labios
causando un rostro de molestia y fastidio a Elizabeth...
E: Uhm, uhm ---carraspea--- ¿Ya nos vamos?
EL: Si amargosita, ya nos vamos.
E: ¡Qué bien estupidito! ---responde con una sonrisa irónica---
Elíseo iba a contestar pero...
I: Niños dejen de pelear que tenemos visitas ---comenta riéndose pero muy en
serio---
Ambos se quedan callados y Liz como de costumbre se adelanta para caminar a solas, Diana
la observa e intenta ir tras ella pero Elíseo la detiene...
EL: Leí un par de tus libros.
D: ¿En serio? ¿Y qué te parecieron?
EL: Bastante buenos, de hecho yo he utilizado un par de tus frases para
conquistar algunas chicas y me han funcionado ---ambos ríen y la rubia le da un
golpecillo al chico en el hombro---
D: No cambias ¿Eh?
EL: No puedo ---sonriente---
I: ¿Si?, pues deja que lo sepan Sandra, Eugenia, Margarita y asociadas ---en
tono de broma---
Los tres se carcajean y caminan rápidamente detrás de Liz, llegan al estacionamiento y
antes de subir cada uno a sus autos...
I: ¿Entonces que harás Diana?
D: Pues ya he dicho que sí, aquí está mi dirección ---le da una tarjeta con su
dirección--- ¿A qué hora pasarán por mí?
I: ¿Qué te parece dentro de 2 horas?
D: Genial.
I: Bueno, entonces nos vemos dentro de un rato ---se acerca y le besa la
mejilla---
EL: Estupendo, verás que pasarás unos días maravillosos ---la abraza y también
le besa la mejilla---
D: ¿Y tú que dices Liz, podrás soportarme unos días? ---cuestiona volteando
hacia la ojiazul---
E: Supongo que si ---fríamente responde--- ¿Nos vamos? ---volteando
hacia su madre y hermano---
Ni Irene ni Elíseo responden, solo terminan de despedir a Diana quien camina hasta subir
a su auto y partir rumbo a casa para hacerlo ellos también, se dirigen a la Frontier
negra y suben a ella sin mencionar una sola palabra, Liz hace lo mismo, saca las llaves
del bolsillo de su pantalón, lo inserta en la ranura adecuada y arranca rumbo a casa de
su madre, al llegar:
E: Madre, te dejaré la camioneta y me iré en el Corvette a la hacienda ---seria---
I: Elizabeth sabes que estamos esperando a Diana para llevarla a la hacienda.
E: ¡No, no la estamos esperando, ustedes la están esperando porque ustedes la
invitaron ¿Recuerdas?! ---grita---
I: ¿Por qué eres así Elizabeth? ¿Por qué odias a la gente? ¿Por qué me odias?
---pregunta con lágrimas en los ojos---
E: Gracias a la gente perdí a alguien a quien amaba y dejé de hacer lo que me
gustaba, en cuanto a ti, ni siquiera te odio, no despiertas nada en mi madre. ---la
respuesta deja sin habla a Irene e interviene Elíseo---
EL: ¡Basta! ¡Con un demonio! ¡Si quiere irse déjala! ---dirigiéndose a Irene---
Después del altercado todos guardan silencio, Liz se retira y como dijo parte a la
hacienda en el "vette", Irene y Elíseo esperan a Diana y mientras lo hacen comentan:
EL: ¿Estás bien ma'?
I: Si ---intenta sonreír pero rompe en llanto--- ya estoy acostumbrada a
que me odie, siempre lo ha hecho.
EL: Sabes que no es así ---le dice mientras la abraza---es solo que aun
no está lista para seguir.
I: ¿Cuándo lo estará? Ya hace mucho tiempo que lo perdimos.
EL: Madre, aun no se da cuenta que ya sobrevivió sin él, deja que descubra que
queda mucho por vivir y por dar.
I: Si ella fuera la mitad de dulce que tu sería maravillosa.
EL: Si, y si yo fuera la mitad de inteligente, valiente, audaz y fuerte que ella
sería perfecto ---sonríe---
I: Siempre diciendo babosadas ---se ríe y limpia sus lágrimas---
EL: No es eso, es que la tolero mas, de cierto modo entiendo lo que hace, aunque
te confieso que a veces me desespera.
Elíseo e Irene platican acerca del carácter de Elizabeth y así pasan la siguiente hora
y cuarto hasta que...
I: ¿Qué hora es?
EL: Las 6 PM, creo que es hora de ir por Diana.
I: ¿Crees que ya halla llegado tu hermana a la hacienda?
EL: Es casi seguro que no tardo ni 25 minutos en llegar ---sonríe---
I: Bueno, pues vamos por Diana.
El chico toma las llaves de la camioneta y cuando ya están en ella se retira a casa de
Diana, al llegar toca el claxon y al instante sale Diana luciendo una linda sonrisa y
un par de bien torneadas piernas que se aprecian a la perfección gracias a su diminuto
short, Elíseo sin pensarlo baja para ayudarla con su equipaje, lo acomodan en el
vehículo y suben para salir rumbo a "El Olimpo", durante el viaje platican trivialidades
y hacen chistes que les provocan llorar de tanto reír, es a unos minutos de llegar a la
hacienda que Diana hace la pregunta del millón:
D: ¡Hey! Ahora que me acuerdo ¿Dónde está Liz? ---Irene y Elíseo y voltean a
verse y callan como si no hubieran oído---
D: Ya veo, se molestó con ustedes por haberme invitado ---se pone seria---
EL: ¡Para nada! Es que ya sabes lo fastidiosa que se pone y como se entercó en
venirse en el Corvette la dejamos.
I: Si, ya la conoces.
Finalmente llegan, y al entrar a la hacienda se encuentran de frente con el ruedo
construido especialmente para el antiguo entrenamiento de Liz, y allí está ella montando
a "Hechicera" su yegua preferida y su pareja en múltiples torneos, juntas son explosivas,
saltan cada valla sin titubear, salvajemente, sin aflojar, son veloces y fieras parecen
una sola, es como si el animal escuchara cada pensamiento de la mujer y lo ejecutara a
la perfección, juntas crean su momento y mantienen a cada uno de los observadores a la
expectativa, sobre todo a la joven y rubia visitante quien la mira tan impetuosamente
que la obliga a voltear y a acercársele para saludarla, la ojiazul lo hace y le regala
un movimiento de mano y una mirada destellante y seductora que le ha salido bastante
natural provocando un temblor en el estómago de la rubia, aun montando a "Hechicera" da
la vuelta y continúa galopando, Elíseo e Irene la ignoran, suben de nuevo a la camioneta
y van a estacionarla, Diana se queda apoyada en la cerca viendo la rutina de Liz y ésta
vuelve a concentrarse, no descansa, después de varios minutos decide terminar con una
última carrera de obstáculos y así lo hace, aprieta el paso, una valla tras otra, ambas,
jinete y observadora sumergidas en la elegancia y la velocidad de los movimientos, ha
pasado el último obstáculo pero "Hechicera" está desbocada, la ligereza de sus
movimientos la llevará a chocarse contra la cerca, están próximas a hacerlo, pero en el
último segundo Liz le indica a la yegua saltar y ésta lo hace logrando así una
impresionante rutina, la alta trigueña desmonta y ata a "Hechicera" a la cerca, voltea
hacia la rubia y se da con que ésta no ha dejado de observarla, ambas se sonríen
involuntariamente y se aproximan la una a la otra, al estar a centímetros de separación:
D: Estupenda demostración.
E: Gracias, es una lástima que no la hayan visto los jueces mas inflexibles ---
hace un movimiento de cabeza como indicando que habla de sus familiares---
D: ¿Por qué crees que no se quedaron?
E: Porque ambos están molestos.
D: ¿Ah si? ¿Y por qué lo están?
E: Boberías.
D: ¿Tuyas?
E: Supongo ---esto último hace reír a Diana, verdaderamente Liz es buena
evadiendo las preguntas---
D: ¿Por qué no intentas cambiar?
E: No podría.
D: ¿Por qué?
E: Soy como soy, y es imposible cambiar algo que ya eres por naturaleza.
D: ¿Sabes? Esa no es una buena respuesta, las orugas cambian para convertirse en
mariposas, eso es por naturaleza ---el comentario causa risa a Liz quien comenta:---
E: Un punto para la escritora, cero para la veterinaria.
D: Gracias por el punto ---sonríe y baja la mirada---
E: Bueno, es una plática genial pero voy para la casa, ya son cerca de las 7:30
¿Vienes?
D: Sip.
Ambas caminan lado a lado sin decir una palabra, del mismo modo siguen hasta llegar a
casa, Liz abre la puerta y al entrar en la casa se encuentran a Elíseo sentado en el
sillón leyendo unas notas laborales, quien al escuchar el ruido de la puerta en seguida
voltea:
EL: ¿Ya te cansaste de montar? ---dirigiéndose a Liz---
E: No, pero uno de los reflectores está roto y hasta mañana vendrán a componerlo.
EL: ¿Y tú cómo estás? Tardaste allá afuera ---le dice a la rubia---
D: ¿Yo? Bien, tu hermana es una jinete estupenda.
E: Gracias por el halago ---le responde a la vez que sonríe---
EL: Vaya, una admiradora mas de la "semidiosa".
D: ¿Semidiosa?
EL: Así la llamaban cuando competía.
E: ¿Sabes hermanito? Hablas como si estuvieras celoso.
EL: ¿Celoso yo? ¿Y de ti? ---se carcajea---
E: Ríete todo lo que quieras pero la verdad es que pareces un competidor celoso
de la campeona ---el comentario exaspera a Elíseo y...---
EL: Escúchame bien Elizabeth, lo que sucede es que tienes exceso de suerte y...
---interrumpido---
D: ¡Hey! ¿Podrían dejar de pelear?
E y EL: Disculpa ---dicen cabizbajos---
En eso estaban cuando Irene sale de la biblioteca...
I: ¡Vaya!, Finalmente llegaron, ¿Quieren cenar?
E: Pues no sé, ¿Tú ya cenaste?
I: No, cenaré ahora.
E: Entonces cenaré contigo ---el comentario causa admiración a Irene, sobre
todo por la discusión de hace unas horas---
EL: Cuenten conmigo también.
D: Y conmigo.
I: Genial, tenemos casa llena ---comenta sonriente---
Irene llama a Marga la cocinera y camarera de la casa para servir la cena, todos toman
sus asientos y esperan a que Marga sirva, mientras tanto:
EL: Dime Diana ¿Ya te sientes inspirada?
D: Un poco, sí.
I: Entonces ¿Empezaras a escribir está noche?
D: Lo haré solo si mi musa me visita ---comenta a la vez que voltea para ver
de frente a la ojiazul---
E: ¿Musa has dicho? ---cuestiona burlona---
D: ¿Sabes? Para le gente falta de creencias es difícil entender que hay una musa
que nos inspira a crear arte ---Liz vuelve a reírse---
E: ¡Wow!, ya son 2 puntos para la escritora, cero para la veterinaria ---
comenta con su típica sonrisa de medio lado---
Seguían platicando a la vez que Marga termina de servir, se disponen a cenar, cuando
inesperadamente suena el teléfono, como resorte Elizabeth se levanta de su asiento y
corre a contestar la llamada en el aparato situado en la sala, los demás se admiran por
el interés y la presteza de Liz con respecto a la llamada, todos aparentemente cenan
pero realmente prestan demasiada atención a la llamada...
E: ¿Hola? ¡Que gusto escucharte! ---felizmente emocionada---, ¿En serio?
Yo también extraño todo eso ---su sonrisa se desvanece--- ¡Claro, ven cuando
quieras!, si, "Poison" aun está conmigo, de acuerdo, te espero... besos. ---corta la
llamada y vuelve a su asiento---
Ninguno en la mesa pregunta nada aunque todos piensan en la llamada misteriosa, Liz no
comenta ni una palabra, como si nada toma su asiento y cena tranquilamente al contrario
de Diana, quien lo ha hecho rápidamente, cuando ya todos finalizaron su cena platican
un momento mas hasta que...
E: Bueno, yo me retiro, buenas noches ---se levanta y camina hacia las
escaleras que se dirigen a su habitación---
D: Que descanses ---le dice casi en susurro pero la ojiazul la escucha---
E: Gracias, tu también descansa... y ojalá que te visite tu musa ---le
responde y sube las escaleras---
La trigueña llega a su habitación, se desviste, se da una ducha de agua tibia, se seca
muy bien el cuerpo y enrolla su cabellera en la toalla, se coloca su pijama de gasa
azul y se recuesta en la cama, cierra los ojos, se relaja y en un suspiro dice:
E: Extraño todo eso...
Al terminar la frase se pone de pie, se quita la toalla y desenreda su cabello, camina
de vuelta a la cama y se mete a ella, sin saber a que hora se queda dormida, mientras
tanto en la habitación contigua la rubia espera a su musa, en lo que ésta llega se
cambia de ropa y se coloca su pijama blanca de algodón, se recuesta y al cerrar los
ojos llega la inspiración, de un brinco se levanta y se dirige al pequeño escritorio
junto a la ventana, toma papel, lápiz, y escribe sin parar, las imágenes vienen a su
mente y ella las relata, está bastante sumergida en su redacción, escribe por horas y
sin darse cuenta se queda dormida sobre el escritorio.
7 AM Liz se despierta como de costumbre, toma su ducha y al terminar se pone unos jeans
azul claro, su playera blanca de algodón, un par de botas negras para montar y unos
guantes de piel negros, se para frente al espejo y recoge su cabello en una cola para
finalmente sacar un fleco que cubre una vieja cicatriz que tiene en la frente, sale de
su habitación y baja a la sala, saluda a Marga quien espera para servir el desayuno,
sigue caminando, sale de la casa y se dirige a la caballeriza, habla con Juan, uno de
sus caballerangos y...
E: Juan, por favor lleva a "Honey" al ruedo, Gil no tarda en llegar.
J: Si señorita en seguida.
E: ¡Ah! Y que no se te olvide colocar los obstáculos en la tarde, pídele a
Esteban que te ayude ---Juan asiente---, por cierto, busquen a algún eléctrico
para que venga a ver el reflector que está fallando ---Juan se limita a escuchar y a
asentir---
Ya sin hablar se dirige al separo en donde se encuentra "Hechicera" y la saca, le
coloca la silla de montar y cuando está segura sube a ella, toma con fuerza las riendas
y cabalga rápidamente, de nuevo se acerca al ruedo y vuelve a saltar la cerca, al caer
al suelo "Hechicera" se levanta en sus patas traseras y relincha, al instante los
trabajadores que observaban la ovacionan y Liz sonríe mientras los saluda con un ondeo
de mano, los aplausos de los peones despiertan a Diana quien se hallaba dormida en su
escritorio, al oírlos se pone de pie y se asoma al balcón y de lejos vislumbra a la
trigueña galopando con su usual ímpetu, al mismo tiempo escucha sonar un claxon y
voltea encontrándose con un par de visitantes, ve como se acercan al ruedo y como al
instante Liz desmonta para ir a saludarlos, Diana regresa al interior de su habitación
y también toma un baño, al terminar se viste con un short de mezclilla bastante
entallado y una blusa vaquera a cuadros, también se pone sus tenis y al igual que Liz
baja hasta el ruedo sin desayunar, al llegar sube a la cerca y se sienta a observar el
trabajo de la trigueña que se encuentra de espaldas a ella, la rubia no disminuye la
intensidad de su mirada y Liz se detiene un momento para saludarla:
E: ¡Buenos días!, ¿Cómo dormiste? ---le pregunta sonriente---
D: Muy bien, gracias por preguntar.
E: Que bueno... y ¿Te visitó tu musa?
D: Pues sí, escribí durante toda la noche, ni se a que hora me dormí.
E: Vaya, ¿Y hoy no escribirás?
D: Si, pero hasta mas tarde, es que generalmente escribo de noche, solo si estoy
sumamente inspirada escribo durante todo el día ---Liz sonríe y agacha la cabeza---
E: ¿Y de qué trata ésta vez tu novela?
D: Es una novela épica romántica.
E: No me digas, ¿De casualidad es un guerrero enamorado de una chiquilla de una
aldea cercana a el sitio de su ejército? ---le comenta burlona---
D: Si, pero no se trata de un guerrero común, es un príncipe guerrero y la chica
es la princesa del reino enemigo y además la princesa no es una torpe cualquiera, es un
oráculo y también es buena pateando traseros.
E: Uhm, parece interesante, ¿Me dejarás leerla esta noche?
D: No, lo siento, nadie lee una novela mía hasta estar terminada.
E: Entonces cuando la termines déjame ser la primera en leerla ¿De acuerdo?
D: Lo pensaré.
E: Bueno, ahora te dejo porque tengo que atender a Gilberto, con permiso.
La ojiazul da la vuelta y se dirige hacia Gilberto y Tania. Gilberto es un chiquillo de
8 años muy cercano a Liz, se conocieron en una ocasión en el centro comercial, Gil como
Liz lo llama, la reconoció y le pidió un autógrafo pues es aficionado a la equitación,
tan agradable es el chico que Liz pasó horas platicando con Tania acerca de él, así
descubrió la personalidad antisocial del niño y por ello decidió hacerlo su primer
paciente pues ella es su zooterapista.
Finalmente Juan llega con "Honey" una yegua mas dócil que también forma parte de la
escuadra hípica campeona de Elizabeth Montero, la trigueña le pide al peón que retire a
"Hechicera" y éste así lo hace, Gil ya se encuentra dentro del ruedo esperando a su
zooterapista y ésta le coloca un lazo a "Honey", ambas están listas y Liz lo levanta y
lo coloca sobre el animal, la ojiazul toma el lazo del caballo y lentamente lo obliga a
caminar en círculos aumentando de vez en vez la velocidad, le indica al chico que se
tome fuertemente de las riendas, el chico luce feliz, un poco mas seguro de si mismo y
ella complacida por el éxito de la zooterapia, nunca pensó que los conocimientos
obtenidos de Hiromi Lao-Tse serían tan satisfactorios como la misma Hiromi. Han llegado
al punto cumbre, Elizabeth le indica a Gil que soltará el lazo y que finalmente él será
el único jinete de "Honey", el chico está listo, Liz lo ha liberado y el chico galopa
con seguridad dentro del ruedo, es un éxito y la terapia ha terminado, después de
algunos minutos de cabalgar Gil desmonta por sí solo y como todo un experto ata a "Honey"
al ruedo para después acercarse a donde Tania su madre y Liz lo esperan:
E: Bueno amiguito, creo que la terapia terminó, ya estas curado ---sonriente---
mejoraste en todos los aspectos de tu vida, eres mas seguro y por ende mas valiente,
creo que conseguirás los amigos que quieras.
G: Gracias Liz ---la abraza---, no importa cuantos nuevos amigos tenga,
tu siempre serás la mejor.
E: Es bueno oírlo.
T: Liz, gracias por todo, has sido muy buena con Gil.
E: No tienes que agradecerme Tania, lo mejor es el progreso de Gil.
Tania y Gil se despiden de Liz y ésta se acerca a Diana quien ahora la ve con más
admiración que antes...
E: ¿Qué?
D: ¿Qué de que?
E: ¿Por qué me miras así? ---Diana sonríe---
D: ¿Qué eres en realidad Liz? ¿Maestra de equitación, veterinaria, campeona de
torneos, terapista? ¿Qué? ---cuestiona muy interesada y asombrada por las múltiples
facetas de la trigueña---
E: Ah es eso, bueno soy todas esas cosas.
D: ¿Cómo es posible eso?
E: Es una larga historia.
D: Tengo tiempo de sobra.
E: Está bien, vamos a la casa y te cuento mientras desayunamos.
Ambas caminan hacia la casa, entran y se dirigen al comedor, se sientan y rápidamente
Marga les sirve el desayuno, mientras comen platican...
D: ¿Y bien?
E: ¿Qué es lo que quieres saber?
D: Todo, uhm ---saborea sus alimentos--- ¿Cómo te convertiste en lo que
vi hoy?
E: Bueno, la última vez que nos vimos yo tenía 15 o 16 años ---es interrumpida---
D: ¡16! Yo cumplía 11 ¿Recuerdas?
E: Ok, tenía 16 y como sabes llevaba una existencia desordenada, sin reglas, sin
respeto por la vida ---se detiene para sorber un poco de café--- papá estaba muy
alterado por mi comportamiento, las religiosas me expulsaron del colegio durante un mes
por robar y chocar el auto del maestro de arte ---sonríe al recordar--- mamá
estaba furiosa conmigo y Elíseo intercedía por mi ante los dos ---Diana la escucha
atentamente---, mi padre se iba de viaje a China por negocios, mamá dijo que no se
quedaría conmigo sin un domador y a Elíseo se le ocurrió la grandiosa idea de que papá
me llevara con él, mi padre aceptó y nos fuimos a China los dos solos ---sonríe con
nostalgia--- durante una semana trabajó sin parar, yo me la pasaba como fiera
enjaulada en la habitación del hotel, por fin un día me llevó a un templo chino, muy
cerca del Monte Guddan, allí conocí a Hiromi Lao Tse, la nieta de Ming Lao, un sacerdote
de una antigua orden, ellos se dirigían a Guddan, Ming Lao se quedaría a vivir allí
hasta el final de sus días para perfeccionar sus artes marciales, Hiromi era su única
familia y ella iba para convertirse en sacerdotisa ---de nuevo interrumpida---
D: ¿Pero y eso qué? ¿Cómo te cambió ese encuentro?
E: Oh espera, si dejas de interrumpir te cuento... bueno retomando la historia...
papá se quedó frente a un altar, observando a la gente que llegaba, yo me separé de él
y me detuve en una especie de mirador que estaba frente a una montaña de la que salía
una hermosa cascada, la observaba sin parpadear, realmente no pensaba en nada, mi mente
estaba en blanco, de repente escuche a alguien diciendo: ¿Es hermosa, verdad?, yo
voltee y asentí, ella sonrió y me dijo: Soy Hiromi, a lo que yo contesté: mucho gusto,
yo soy Elizabeth, de ahí seguimos platicando, pasaron un par de horas hasta que papá me
encontró, Hiromi se disculpó con él por atrasarme y sin darnos cuenta nació una gran
amistad ---por tercera vez es interrumpida pero ahora por su madre y Elíseo que dan
los buenos días y se acercan al comedor---
I y EL: Buenos días chicas.
D y E: Buenos días.
D: ¿Decías?
E: Ahm, después te cuento, es hora de que me vaya ---responde mientras limpia
su boca con una servilleta y se levanta del asiento que ocupaba---
D: ¡No! no seas tramposa ---se ríe e imita los movimientos de la ojiazul---
además ¿A dónde tienes que ir?
E: Voy a trabajar, a diferencia de ti querida yo sí trabajo ---sonríe de medio
lado---
D: ¡Sucia! Yo también trabajo ---la rubia le lanza la servilleta que le da en
el rostro a la ojiazul y ambas ríen mientras Irene y Elíseo las miran extrañados por el
comportamiento de Liz---
E: Si claro ---comenta irónica---, escucha, debo ir al consultorio,
volveré en la tarde, si estás desocupada te contaré el resto de la historia.
D: De acuerdo, esperaré por ti ---le dice viéndola a los ojos y provocándole
un extraño y oculto sentimiento---
E: Bien, entonces nos vemos ---se dirige a su madre y...--- nos vemos ma'
---le besa la mejilla y luego camina hacia el asiento de Elíseo y...--- nos vemos
Eli ---juguetonamente le revolotea el cabello y le besa, finalmente se dirige a
Diana y--- nos vemos rubia ---también le besa y con el pulgar suavemente le
borra los rastros de labial que le dejó en la mejilla---
EL: ¡Eli! ---llama a la ojiazul y ésta voltea--- que te vaya bien ---se
levanta y la abraza---
La rubia observa sorprendida el gesto de Elíseo, pareciese que lleva años sin ver y
abrazar a su hermana. La ojiazul rompe el abrazo y antes de irse le regala una rápida y
cálida mirada a la rubia quien se despide guiñándole un ojo. Cuando finalmente Liz ha
partido ellos comentan:
EL: Liz es bastante extraña, pero la amo ---comenta sonriente---
I: Si, la Elizabeth de ayer es muy diferente a la de hoy.
EL: Tal vez se comporte así porque hay visitas.
D: Un momento, ¿A qué se refieren?
I y EL: ¡A nada! ---se hacen los desentendidos---
D: Ya veo, creen que ha cambiado de comportamiento debido a mi compañía ---
sonríe halagada pero rectifica---, no lo creo, lo que sucede es que ustedes no le
tienen paciencia ---vuelve a sonreír---
Después de responder la rubia sale corriendo y logra alcanzar a Elizabeth antes de que
ésta suba a su camioneta...
D: ¡Hey! Espera ---la trigueña voltea---
E: ¿Qué pasa?
D: ¿En serio tienes que ir o fue solo para zafarte y no terminar la historia?
E: Claro que tengo que ir, siempre habrá un gato, perro o hámster que me
necesite ---sonríe---
D: Entonces que te vaya bien ---la abraza y le devuelve el beso que le dio en
el comedor---
E: Gracias, volveré pronto.
Liz sube a su camioneta y Diana la observa hasta que se pierde en el camino, cuando ya
no queda ni rastro de la ojiazul Diana vuelve a la casa y toma su asiento en el comedor
para terminar de desayunar, al llegar...
EL: ¿Qué historia te contaba Liz? ---muy interesado---
D: Una de su niñez, de cuando viajó a China.
EL: Le gusta mucho recordar todo lo que hizo con papá ---comenta tristemente---
D: Bueno, eso sucede cuando extrañas a alguien... ¿Tu lo extrañas?
EL: Si, lo extraño, pero no tanto como Liz, de algún modo creo que ella se
siente culpable de la muerte de papá ---guarda silencio debido a la presencia de
Irene---
D: ¿Dónde estabas? ---le pregunta a Irene---
I: Fui a la cocina por un poco mas de café.
Siguen platicando por minutos después de terminar su desayuno, cuando se levantaban para
seguir con su día laboral:
EL: Ma' ¿Irás a la oficina hoy?
I: Si, tengo que revisar unos papeles ---la respuesta no le agrada el joven
ojiazul--- pero si tú no tienes pendientes no vayas, además son tus vacaciones y se
supone que yo estoy en tu lugar.
EL: Bien, entonces me quedaré con Diana ----voltea hacia ella y--- ¿Harás
algo hoy?
D: No, pensaba en caminar por ahí para ver si me inspiro ---sonríe---
EL: Sé a donde te gustaría ir, ¿Irías conmigo?
D: Claro.
EL: Entonces me cambiaré de ropa y le diré a Marga que prepare algo de comida
para un día de campo.
D: Entonces me cambiaré de ropa también.
Ambos hacen lo que dijeron y mientras tanto una joven ojiazul está cavilando en su
consultorio:
E: ¿Qué extrañas más Elizabeth? ¿A ella o los momentos que pasabas con ella?
---pensaba a la vez que una joven morena de ojos marrones la interrumpe---
V: ¡Liz!
E: ¿Qué sucede Verónica?
V: Allá afuera hay un niño con un gato bastante lastimado, se le salió del cajón
donde lo traía y el animal no deja que nadie lo toque, tira a morder.
E: ¡Rayos! Recuérdame porque soy veterinaria ---dice mientras se levanta y
sale de la habitación---
V: Porque eres muy buena persona ---ambas se sonríen y van donde el gato---
Liz acorrala al gato contra la pared y éste parece bastante nervioso, la ojiazul se
pone en cuclillas y lo mira a los ojos, extiende ambos brazos para atraparlo y oh gran
sorpresa cuando el animal se va sobre ella y logra rasguñarle la mano derecha, pese al
ardor no lo suelta y lo envuelve con un trapo cercano a ella, le entrega el felino al
chico y...
E: ¡Llévalo adentro! Procura no soltarlo, en seguida lo atenderé ---le dice al
chico---, dame alcohol y algo con que tapar este rasguño ---dirigiéndose a
Verónica---
Con ayuda de la chica logra curar la pequeña herida, después entra y atiende al gato.
Mientras tanto...
EL: ¿Lista? ---le pregunta a la ojiverde---
D: Sip.
EL: Entonces vámonos.
Ambos empiezan a caminar hacia dentro de la hacienda, Diana no sabe a donde van pero
parece prometedor, Elíseo como todo un experto camina sin miedos y platica con ella,
llevan cerca de 30 minutos caminando sin descansar, finalmente la ojiverde pregunta:
D: ¿A dónde vamos?
EL: Vamos a un kiosco que papá mando construir para que pasáramos los fines de
semana con él, llevábamos el almuerzo y allí nos sentábamos a platicar, jugar, reír...
---mirada triste--- antes de que muriera papá, Liz y yo habíamos convertido esto
en un ritual, veníamos todas las tardes los dos solos y platicábamos lo que nos había
sucedido en el día, en los últimos 2 años no lo hemos hecho, Liz ya no desea venir, la
muerte de papá la convirtió en una extraña para nosotros.
D: No digas eso, Liz solo necesita tiempo para recapacitar.
EL: ¿Cuánto mas?
D: No lo sé, pero si la amas tendrás que esperar a que esté lista... ¿sabes? Hoy
algo llamó mi atención.
EL: ¿Si, qué?
D: La forma en la que se despidieron, ambos se llamaron Eli y se abrazaron como
si no se hubieran visto en años.
EL: Bueno somos gemelos, y ya que somos Elíseo y Elizabeth de cariño nos decimos
Eli, y si la abracé muy fuerte porque tenía mucho tiempo que no nos llamábamos así.
D: Entiendo...
EL: ¡Mira! Llegamos ---señala un hermoso kiosco y corren hacia el---
Toman asiento en unas bancas de madera y continúan la plática, hablan de mil y un cosas,
ríen, juguetean y de vez en cuando la rubia deja que el chico tome su mano y le
acaricie, el atardecer da inicio y ellos miran a lo lejos sin parpadear, un pensamiento
asalta a Diana y pregunta...
D: ¿Qué se siente?
EL: ¿El qué?
D: Tener una gemela como Liz, físicamente son tas parecidos no así anímicamente.
EL: Depende ---Diana pone su rostro interrogativo--- si lo ves por el lado
positivo es genial, pero si lo ves negativamente es horrible ser su gemelo.
D: ¿Por qué? ¿Tu como lo ves?
EL: Yo positivamente, aunque he tenido días malos... realmente entre nosotros no
hay diferencias, la gente las provoca, como cuando éramos niños, papá dijo que debimos
haber cambiado nuestras personalidades por ser gemelos, porque yo era sociable,
agradable y elocuente mientras que Liz era fuerte, orgullosa y poco sociable.
D: Entiendo, ¿Y así fue tu niñez?
EL: Sí, mi niñez, mi adolescencia y toda mi vida también, recuerdo que cuando
íbamos al colegio los chicos la adoraban, por ese aire de superioridad y misterio que
tiene, pero las chicas la idolatraban, todas querían ser como ella y estar con ella, en
una ocasión ---se ríe al recordar--- salí con una chica muy popular, todos la
conocían y casi hacían reverencias cuando pasaba, todos la admiraban excepto Liz, mi
hermana nunca la saludó ni se interesó en ella, un día la invité a salir y aceptó,
fuimos a cenar y sin querer Liz llegó al mismo lugar que nosotros, al verme saludó, fue
increíble ver como mi compañera se derritió por el gesto de Liz, yo había sido bastante
galante y nunca recibí una mirada como la que le lanzó a Liz, después la llevé a casa,
bajé del auto y la acompañé a la puerta, ella volteó y me dijo: Eres muy lindo, pero no
eres mi tipo, si fueras mas como tu hermana volveríamos a salir, imagina como me sentí,
quería matarla ---la rubia ríe---
D: ¡Que fresca!
EL: Y así ha sido siempre, cuando tomamos clases de equitación yo era bueno ella
magnífica, cuando tomamos esgrima yo era excelente pero ella el doble de excelente,
cuando tomamos idiomas mi italiano era bueno el de ella perfecto, para hablar francés
se necesita pasión yo la tenía, pero a ella le sobraba y así en todas las cosas, creo
que en lo único que soy mejor que ella es en socializar y en la administración ---ríe---
D: Pero tu dijiste que lo veías por el lado positivo, ¿Qué de positivo tiene lo
que me contaste?
EL: Ella es genial, claro cuando está de buenas, por minutos es mayor que yo y
siempre ha sacado la cara por mí y hacer travesuras con ella fue lo mejor de mi niñez
---se ríe--- en una ocasión robamos el auto del maestro de arte ---se ríe de
nuevo--- no sé como diablos consiguió las llaves y nos subimos, anduvimos por toda
la avenida y nos persiguieron un par de patrullas, íbamos tan rápido que chocamos y
salimos corriendo, los policías nos siguieron y ella los desvió, cuando la detuvieron
se echó la culpa, dijo que lo había echo sola, después platicamos de ello y le pregunté
porque lo hizo, dijo que a nuestros padres les gustaría tener solo una hija loca.
D: ¿Ah, por eso pediste a tu padre que la llevara a China? ---el joven
asiente---
EL: Liz nunca me ha reprochado lo que hace por mí, siempre me respalda y cuando
estoy falto de valor me apoya incondicionalmente, por eso lamento no poder ayudarla
ahora, cuando mas me necesita.
D: Si quieres ayudarla bastará con que le tengas un poco mas de paciencia y
consideración.
EL: Creo que sí.
Iban a seguir platicando cuando:
D: ¿Qué hora es?
EL: Las 6 PM, será mejor volver a casa ---la rubia asiente---
Ambos se ponen de pie, recogen todo lo que llevaban y toman el camino de vuelta a casa,
cuando llegan son cerca de las 6:45 y detrás de ellos entra Elizabeth quien acaba de
llegar del consultorio...
EL: Hola Eli.
E: Hola Eli ---ambos sonríen---, hola rubia ---dice mientras camina y
se dirige a las escaleras---
D: ¿A dónde vas? ¿No se te olvida algo?
E: Rubia, no se me ha olvidado, pero quiero bañarme y recostarme un rato,
trabajé todo el día y un gato me lastimó la mano ---responde y hace un puchero a la
vez que muestra la herida---
D: Te diré que, dejaré que tomes un baño de 15 minutos, cuando éstos hayan
terminado iré a tu habitación me sentaré en la cama y dejaré que termines la historia,
después bajaremos a cenar y finalmente podrás irte a dormir tranquila.
E: De acuerdo jefa ---responde provocando a la rubia y a Elíseo reírse---
Liz sube a su habitación y Elíseo se dirige al cuarto de TV para ver algún noticiero,
Irene no ha vuelto de la oficina y Diana también sube a su habitación para darse un
baño, los 15 minutos han terminado, así que la rubia va a la habitación de la trigueña
y toca a la puerta, al instante la ojiazul abre la puerta y...
E: Adelante, toma asiento.
D: Gracias ---entra y se sienta en un lado de la cama---
Liz se coloca frente al tocador y de espaldas a Diana, ésta observa a la ojiazul
mientras hace algo y...
E: ¡Diablos! ---dice jalando la mano y tirando un líquido sobre el piso---
D: ¿Qué pasa? ---se pone de pie y se le acerca---
E: Nada, solo intento curarme esto ---le muestra la herida---
D: ¿Por qué no me pides ayuda? ---le dice mientras la toma de la mano y la
lleva a sentarse en la cama frente a ella---
La ojiazul calla mientras la rubia le cura la mano, lo hace con sutileza, al pasarle el
algodón empapado de alcohol pareciera que le regala una caricia, finalmente le cubre el
rasguño con gasa y descaradamente le acaricia la mano.
D: Listo ---le dice subiendo la mirada y chocándola con ella---, ya puedes
retomar tu historia ---le sonríe---
E: Uhm ---carraspea haciendo notorio su nerviosismo--- claro, ¿En qué me
quedé?
D: En "Hiromi se disculpó con él por atrasarme y sin darnos cuenta nació una
gran amistad" ---ambas sonríen---
E: Ah si, ya veo que pusiste atención, pues así fue, a partir de ese día los
siguientes nos seguimos viendo, platicábamos mucho, de tantas cosas, comencé a
interesarme en lo que hacía su abuelo y cuando le propuse a éste que fuera mi maestro
aceptó, el resto de esas vacaciones y las próximas las pasé en China con ellos, Ming
Lao me enseñó a controlar mi temperamento, a guardar la calma, afinó mis sentidos y mi
carácter, aprendí artes marciales en diferentes estilos y también aprendí a amar ---
sus ojos brillan al recordar---
D: Que contradicción.
E: ¿Qué?
D: Te enseñó a pelear y amar a la vez ¿Cómo es eso posible?
E: Las artes marciales no son un estilo de pelea son un modo de defensa, la cual
usas solo si es necesario y para defender a los que no pueden hacerlo, allí es donde se
contiene el amor ---la rubia se sorprende por la respuesta de la ojiazul, sus ideas
son tas claras y acertadas---
D: Bien, ¿Entonces eso es lo que te cambió? Sus enseñanzas ---la trigueña
asiente--- comprendo.
E: En esa ocasión tuve uno de mis grandes cambios, me volví mas responsable y
respetuosa de la autoridad, tomé mas en serio lo que hacía y allí es cuando me volví
jinete y por consecuencia campeona.
D: ¿Cuándo pensaste ser veterinaria?
E: En mi última visita, esa fue a los 18 si mal no recuerdo, cuando llegué a
Guddan me llevé una sorpresa desagradable, Ming Lao había muerto hacía 3 meses, me
enfurecí, perdí los estribos y tuve mi primer discusión con Hiromi, le reclamé por no
haberme avisado, ella se escudó diciendo que si me avisaba dejaría la escuela y no
terminaría el curso para asistir a la universidad, era cierto, si ella me hubiera
avisado habría volado hacia allá sin importarme nada, el caso es que no lo hizo, y
lloré durante 5 días seguidos, no comía y pasaba los días contemplando el origen de la
cascada que se ve en el templo donde la conocí, apoyada en la baranda desde la que veía
la cascada tuve una señal, o por lo menos así la llamó Hiromi, estaba fuera de mí cuando
una grulla de cresta roja apareció sobrevolando la cascada, de un momento a otro se
situó en la baranda a un lado de mí, me miró y yo pude observar que tenía una pata
herida, la tomé entre mis manos y curé su herida, se la di Hiromi y le dije que la
cuidara hasta que estuviera bien y que después la liberara, Hiromi dijo que tenía un
don y que debería usarlo y allí decidí convertirme en veterinaria, unos días después
Hiromi me dijo que dejaría Guddan, ya no se convertiría en sacerdotisa, no tenía caso,
ella solo lo hacía por Ming Lao y habiendo muerto él ella buscaría su propio destino,
Hiromi también tiene un don, uno muy especial, puede ver cosas de tu futuro y de tu
pasado, sus consejos siempre son acertados y por ello se volvió psicóloga, si no la
mejor de China si de las mejores ---finaliza la frase recostándose en la cama a la
vez que la rubia la imita---
D: ¿Y cómo te convertiste en zooterapista?
E: Bueno, eso fue consecuencia de sostener una relación ---rectifica--- es
decir, una amistad con una psicóloga, Hiromi practica medicina alternativa y la
zooterapia es eso, medicina alternativa, ella aprendió cosas diferentes en Guddan y me
enseñó lo esencial, yo lo puse en práctica con ayuda hípica ---sonríe--- y ha
resultado bastante satisfactoria para los pacientes y para mí ---termina la frase por
un quejido causado por un dolor en la espalda---
D: ¿Qué te sucede?
E: Nada, es solo un dolorcillo en la espalda.
D: Deja que te de un masaje, tal vez eso te ayude.
E: Está bien ---responde mientras se pone boca a bajo---
La rubia le pide algo mas y...
D: ¿Por qué no te quitas la blusa? Así será mejor el masaje ---la ojiazul
voltea y...---
E: ¿Segura?
D: ¡Claro que sí! Pero si te avergüenza que te vea mejor olvídalo.
La ojiazul no responde y solo se quita la blusa, mientras tanto Diana se coloca sobre
ella con las piernas abiertas y se pregunta que la impulsó a pedirle a Liz que se
quitara la blusa, por lo general ella no es así pero en está ocasión fue algo que
espontáneamente le salió y que de igual manera le fue concedido, al momento en que las
puntas de los dedos de la ojiverde se situaban sobre la espalda de la trigueña ésta
daba un respingo, y Diana al terminar de colocar las manos sobre la desnuda piel de la
ojiazul liberaba un suspiro, la ojiverde tragaba saliva mientras la trigueña cerraba
los ojos y ambas disfrutaban del masaje, ante cada toque la espalda de Liz se erizaba y
gotas de sudor le brotaban a la rubia, el rubor y el calor subían cada vez mas, la
falta de aire en ambas empezaba a notarse cuando...
D: Voy a bajar un poco tu short ---no hablaba gemía--- quiero tocar tu cu...
coxis ---apenas y salió la palabra de su boca---
E: De acuerdo ---susurró---
Perdidas en el masaje se dejaron llevar por el placer sin subir de tono los roces, la
ojiazul aun boca abajo tomó una almohada entre sus manos y la estrujó mientras que la
ojiverde se detuvo poco a poco al sentir la tensión en los músculos de la trigueña, al
terminar...
D: ¿Se te quitó el dolor? ---ruborizada le pregunta---
E: Definitivamente sí ---le responde igual de sonrojada---
La rubia ha visto algo arriba del coxis de la trigueña pero no le da importancia ya que
después del placer regresan la cordura y le vergüenza.
E: ¿Te agotaste? ---le pregunta poniéndose de frente a ella y dejando su pecho
a la vista---
D: Ah, ahm, si ---titubea y desvía la mirada ante el panorama--- un poco.
E: Lo lamento ---le responde mientras se pone la playera---
D: Me alegra haberte ayudado ---le dice sin que el rubor baje de su rostro---,
ah, debo irme, con permiso ---da la vuelta y se dirige a la puerta---
E: Pasa... y gracias.
D: De nada ---apenas responde y sale de la habitación para refugiarse en la
suya---
La ojiverde huye a su habitación y al llegar pega su espalda a la puerta y...
D: ¿Qué te pasa? Casi le haces el amor a Liz, ¡Por Dios! ---se cubre el rostro
con las manos y después camina hacia el baño---, la conoces prácticamente desde que
naciste, es tu amiga y es, es ¡Mujer! ---se dice mientras lava su rostro y se ve en
el espejo---
Mientras tanto la ojiazul en su habitación:
L: ¿Qué te pasa? ---se dice a si misma cubriéndose el rostro con las manos y
extendida en la cama--- ¿Ibas a hacerle el amor? ¡Por Dios! ¡Es Diana, prácticamente
la conoces desde que nació! ¡Es tu amiga! ¡Y no es Hiromi! ---al terminar de decir la
frase entra su madre a la habitación y...---
I: ¿Interrumpo algo? ---entrando a la habitación---
E: No madre, solo hablaba conmigo misma, ¿Pasa algo?
I: Oh no, solo venía a preguntarte si cenarás con nosotros.
E: Claro que sí.
I: Entonces te esperamos abajo ---la ojiazul asiente---
E: De acuerdo, enseguida bajo ---Irene asiente y sale de la habitación---
La mujer ahora se dirige a la habitación de Diana y cuando está junto a la puerta la
toca...
D: Adelante ---Irene solo asoma la cabeza y...---
I: La cena está lista si gustas bajar.
D: De acuerdo Irene, gracias, enseguida bajo ---la mujer sonríe y le dice---
I: Lo mismo dijo Liz ---se retira y cierra la puerta---
No entiende el comentario de Irene y solo vuelve al baño a mojarse de nuevo el rostro,
finalmente cuando cree que el calor ha bajado de ella se dirige a la puerta y sale de
la habitación, al hacerlo se encuentra en el pasillo con Liz quien también salía de su
habitación, ambas se detienen y se ven a los ojos, espontáneamente se sonríen como
cómplices en algo, involuntariamente se acercan la una a la otra hasta estar a
centímetros de separación...
D: ¿Se te calmó el dolor? ---susurra y suavemente toma la mano de la ojiazul
para juguetear con ella---
E: Si, me siento mejor ---sigue el jugueteo entre sus manos--- ¿Tu cómo
estas? ---quita los centímetros de separación entre ellas---
D: Un poco acalorada ---le confiesa y baja la mirada---
E: ¿Qué te hace sentir así? ---en tono muy bajo le pregunta---
D: No lo sé ---responde sin subir la mirada---
E: ¿Quieres averiguarlo? ---acerca tanto su rostro a ella que prácticamente
respiran el mismo aire---
La rubia asiente y finalmente sube la mirada, Liz la toma de la barbilla y la atrae
hacia su boca, se unen en un cálido y suave beso sabor miel, acercan sus cuerpos, las
yemas de los dedos de la rubia recorren el rostro de la trigueña, continúan sin prisas,
Liz la toma por la cintura, no tienen intenciones de detenerse, siguen un par de
minutos mas y cuando finalizan...
E: ¿Y?... ---le pregunta sin soltarle la cintura---
D: No lo sé ---no intenta separarse de ella---
E: ¿Quieres intentarlo de nuevo? ---la rubia asiente y la trigueña de nuevo
la besa---
El contacto es mas intenso que el anterior, la trigueña estruja un poco mas a la rubia
y ésta introduce su lengua dentro de la boca de la ojiazul, por minutos continúan hasta
que...
EL: ¿¡Chicas, van a bajar o que!? ---les grita obligándolas a separarse---
Al separarse...
E: ¿Qué piensas?
D: Quiero seguir hasta saber lo que siento.
E: ¿Segura?
D: Si, pero ¿Tu que quieres?
E: Tenerte ---se acerca para besarla pero la rubia la interrumpe---
D: Espera ---coloca el índice sobre los labios de la trigueña y la detiene---
¿Cómo hacemos con la cena?
A Elizabeth se le ocurre algo y sin pensarlo lo pone en marcha...
E: ¡No bajaré! ---grita--- ¡Estoy un poco cansada y prefiero dormir, así
que procuren no molestarme! ---voltea hacia Diana y le indica que es su turno---
D: ¡En estos momentos estoy bastante inspirada, creo que escribiré toda la noche
así que no bajaré! ---grita también---
Los de abajo no se extrañan puesto que era mas extraña la actitud tan amable de
Elizabeth, en cuanto a Diana, le creen ya que no existe motivo para dudar de ella...
EL: De acuerdo, ustedes se lo pierden ---les dice a la vez que vuelve al
comedor con Irene---
Se disponen a cenar mientras que las chicas siguen con su idilio...
E: ¿Tu habitación o la mía?
D: La mía ---la jala atrayéndola a su puerta---
E: Deja tomo la llave de la habitación, le pondré seguro a la puerta para que no
la puedan abrir ---la rubia asiente---
Después de lo anterior entran a la habitación de Diana y desatan la pasión del nuevo
sentimiento que experimentan.
Cierran muy bien la puerta y se abren a las caricias, lentamente en la oscuridad se
acercan la una a la otra apenas y se ven unos rayos de luz por la ventana, una frente a
otra, la ojiazul delicadamente acaricia el rostro de la rubia y ésta cierra los ojos
disfrutando la caricia, se acercan mas y a milímetros de separación cuando cada una
respira el aliento de la otra la rubia toma por la cintura a la trigueña y ésta la besa
dulcemente, un beso detrás de otro, tímidamente se acarician, no se mueven de su lugar,
es como si a pesar de todo ninguna quisiera dar el siguiente paso, se separan y se ven
a los ojos, titubean, la rubia estaba a punto de decir algo cuando la ojiazul la toma
con ambas manos por el rostro y la besa, la besa de una forma diferente, mas salvaje,
mas intensa, sin dudas, la dulce mujer que la besaba hace un par de minutos es diferente
a la de ahora, eso hace que ella también desee mas el encuentro y se aferra a la
cintura de la trigueña, la ojiazul baja las manos y recorre la espalda de la rubia,
baja un poco mas y por sobre el short le acaricia los glúteos, ante la inesperada
caricia la rubia rompe el contacto y retrocede un par de pasos, la trigueña la observa
con desconcierto y...
E: ¿Qué pasa? ---apenas le dice por falta de aliento---
D: Nada, discúlpame ---cabizbaja responde---
E: Mira, lo siento ---agacha la cabeza y la mueve en negación---, no se
que pasó, no se porque llegamos hasta aquí, será mejor que salga ---da la media
vuelta para salir cuando...---
D: Espera ---la toma del brazo--- es solo que ---baja la mirada---
soy nueva en esto y no esperaba que me tocaras así ---ingenuamente le dice---
E: Entiendo, no te apures ---piensa muy bien lo que va a decir--- será
mejor que descanses, mañana hablaremos de esto, buenas noches.
La ojiazul sale de la habitación y entra en la suya, la rubia se queda sin saber que
decir para retenerla, cuando cada una está a solas...
D: ¡Diablos! ¿Lo deseabas? ---se dice a si misma--- ¿Y si lo deseabas
por qué no la detuviste? ¡Imbécil! ---se avienta en la cama y queda boca abajo---
Mientras tanto Liz en su habitación:
E: ¿Por qué tenías que tocarle ahí? ¡Diablos! ¡Debiste esperar que estuviera
lista! ---se dice a si misma mientras se dirige al baño para tomar otra ducha---
de todos modos eso no te hará olvidarla ---se mete bajo la regadera y deja que el
agua corra por su cuerpo--- es mejor así, no la heriste por tratar de olvidar a
Hiromi ---sale de la regadera para secarse---
La ojiazul sale de la ducha y se pone el pijama, el de gasa azul, camina hasta su cama
y se recuesta para ver a que hora la aborda Morfeo, por otro lado, la rubia se levanta
y se dirige a su escritorio y comienza a escribir, las palabras le llueven y escribe
tanto como puede, parece estar inspirada en exceso, las horas pasan volando, todo está
silencioso, los que cenaban se retiraron hace 3 o 4 horas, la rubia escribe y escribe,
la ojiazul no ha pegado un ojo, está inquieta sobre la cama, piensa en lo difícil que
le ha resultado controlar sus impulsos cuando está frente a Diana, lo atribuye a que
echa de menos a Hiromi, pero también recuerda lo diferente que la hizo sentir la
ojiverde cuando la besó. Diana finalmente ha dejado de escribir pero aun no tiene sueño,
piensa en lo sucedido hace horas, se pregunta que la ha llevado hasta estar en esa
situación con Liz, que la incita a querer tocarla, porqué ahora que lo recuerda quisiera
hacerlo de nuevo, el viento sopla fuertemente y eso la saca de sus pensamientos pues la
ventana chocó con la pared y ha hecho un ruido espantoso, se levanta y se asoma al
balcón ve un par de relámpagos y eso indica que caerá una lluvia veraniega, su
pensamiento no tarda en hacerse verdad y las primeras gotas caen sobre su rostro, las
demás no se hacen esperar y se descuelgan con fuerza, la rubia rápidamente se mete a su
habitación, las gotas que han caído sobre ella le han causado un frío especial que
desea entibiar con el cuerpo de Liz, por eso estimulada por quien sabe qué sale de su
habitación y se dirige a la de la ojiazul, al llegar toca la puerta y al instante es
abierta por la trigueña...
E: ¿Ocurre algo? ---pregunta con la puerta abierta de par en par dejando su
figura visible---
El pijama de Liz es bastante transparente y deja a la vista la redondez de su pecho y
su diminuta panty, es por eso que la rubia se limita a observarla en silencio, es un
trueno el que la saca de su ensimismamiento y le provoca un sobresalto que la lleva a
los brazos de Elizabeth, ya ahí se acomoda sin intenciones de irse y Liz se limita a
abrazarla y llevarla hasta la cama después de cerrar la puerta, abrazada la conduce
hasta la cama y le permite sentarse, se agacha para quedar frente a ella y...
E: ¿Y? ¿Qué pasa? ---le pregunta con una mirada cálida y protectora---
D: ¿Puedo quedarme contigo esta noche? ---le responde con otra pregunta y una
inquietante mirada angelical---
E: ¿Quieres dormir conmigo, aquí? ---sorprendida--- ¿Estás segura?
D: No estoy segura de nada desde que nos reencontramos, pero quiero dormir
contigo... aquí.
E: De acuerdo.
Liz se pone de pie y va al otro lado de la cama, se recuesta y al notar la
intranquilidad en Diana se acomoda sobre su costado derecho para verla, la rubia puede
sentir la respiración de su compañera, así que imitándola se coloca sobre su costado
para verla también de frente...
D: ¿Aun la tienes? ---le susurra---
E: ¿La qué? ---le responde de la misma manera---
D: Aquella cicatriz.
E: ¿La que me hice por tu culpa? ---sonriente le pregunta a lo que la
ojiverde responde asintiendo---, si, aun la tengo, fue imposible de borrar.
D: ¿Me dejas verla? ---Liz asiente---
La rubia ante la aceptación de la ojiazul extiende la mano y le quita el flequillo de
la frente, justo ahí, en la parte superior izquierda se encuentra la vieja cicatriz, la
delinea cariñosamente a la vez que sus ojos irradian una suave luminiscencia verde...
D: ¿Por qué lo hiciste? ---pregunta sin dejar de acariciar la cicatriz---
E: No podía permitir que cayeras de un árbol el día de tu cumpleaños por culpa
de un tonto gato.
D: Pero por salvarme caíste tu, cuando estabas en el suelo ---recuerda---
creí que habías muerto, la sangre brotaba de tu herida y tuve tanto miedo...
E: ¿Miedo? ¿De qué?
D: De perderte ---se miran y guardan silencio durante un par de minutos---
E: ¡¿Perderme?! Tú no puedes perderme, me tienes, siempre me has tenido ---
afirma---
La declaración le provoca ansia de caricias a la rubia y se va sobre Liz, la besa
tiernamente, la ojiazul se dedica solo a disfrutar de los arrumacos y a abstenerse de
tocar, es por si sola la rubia quien enciende la hoguera entre ellas y sin pensarlo se
coloca sobre la ojiazul, ésta la mira expectante y la hace detenerse por unos minutos
para después continuar con mas vehemencia, la rubia se desespera pues al parecer Liz no
responde a las roces, es notable por el modo en que la toca, estaba a punto de
detenerse cuando la trigueña se sienta aun teniéndola sobre ella y comienza a
corresponder a cada beso desesperado, la tranquiliza con roces de su lengua a los
labios y estrechando suavemente su espalda, sus manos solo se mueven por ahí, la rubia
une su mejilla a la de la ojiazul y le susurra al oído...
D: Hazme... hazme el amor.
E: Diana... si cruzamos esta barrera ahora, no habrá marcha atrás.
D: No importa, lo deseo, te deseo ---su tibio aliento roza la oreja de la
ojiazul---
E: Aun así, creo que deberíamos esperar.
D: No puedo esperar, quiero saber lo que siento y porque lo siento... tócame
---le toma la mano y la coloca sobre su pecho---, no me hagas pedírtelo de nuevo
---le ruega---
La petición es escuchada, ambas se unen en un beso vivo, ardiente, la ojiazul desliza
las manos hacia abajo y toma la blusa de la rubia para después tirar de ella hacia
arriba y dejarla semidesnuda, al instante la recorre a besos, de los hombros al cuello,
del cuello a la quijada, de la quijada al lóbulo izquierdo, la llena de besos, besos
lentos pero candentes, continúa besándola a la vez que baja las mano y las coloca en la
cintura de la rubia, engancha sus dedos en el resorte del short y lo baja, en un
movimiento maestro logra sacar una por una las piernas de la rubia dejándola de este
modo plenamente desnuda, allí se detiene aunque sigue besándola, es Diana misma quien
sugiere que continué...
D: Ámame ---le dice después de tragar saliva---
La ojiazul continúa y se deja caer sobre la cama trayendo tras de si a la rubia, al
tenerla totalmente sobre ella gira dejándola debajo de si, la rubia toma el camisón de
seda azul y se lo saca por sobre la cabeza a la trigueña, baja las manos y se deshace
de las pequeñas pantys, ambas están piel contra piel, la calidez de cada una enloquece
a la otra, la ojiazul besa a la rubia por largos minutos, de nuevo baja a su cuello y
levemente lo muerde causándole un fuerte suspiro a la rubia, baja un poco mas su rostro
y ágilmente atrapa con la boca uno de los suaves y blancos senos de Diana, lo atiende
febrilmente y en cada succión le provoca mil y una sensaciones a su amante, el otro es
atendido por su mano, lo masajea y estruja con un ritmo candente y placentero, la rubia
inmóvil disfruta cada roce, cada movimiento, la pasión la obliga a moverse debajo de la
trigueña, sube las manos a la espalda de la ojiazul e intenta aferrarse a ella pero el
sudor sobre el cuerpo de ésta se lo impide, así que las baja y se ase de los fuertes
glúteos de la trigueña, ya se mueven una contra la otra, por sus cuerpos resbala el
sudor de la pasión, tras besarle el abdomen, trazarle un húmedo camino a lo largo de su
travesía y juguetear con el ombligo de la ojiverde la trigueña llega a la intimidad de
ésta, se levanta un poco y se introduce en ella, al instante un gesto de dolor mezclado
con placer aparece en el rostro de la rubia, ante la reacción la ojiazul intenta salir
pero es detenida por una de las manos de la ojiverde que la obliga a introducirse de
nuevo, ya allí comienza a embestirla lenta pero vigorosamente, la rubia choca su cuerpo
contra la ojiazul y se toma mas fuertemente de ella, el aire es insuficiente para ambas,
la rubia ha cerrado los ojos y se deja llevar por el placer, la ojiazul ha hecho lo
mismo pero continua con su labor, los gemidos son cada vez mas fuertes y para hacerlo
un poco mas discreto Liz se une en un beso largo a Diana, cada suspiro es dejado en la
boca de la ojiazul, están a punto de llegar y la rubia sigue moviendo las caderas, la
ojiazul se introduce mas en ella hasta arrancarle un grito, y flexiona su pierna para
que la rodilla presione su mano contra Diana, el placer parece no tener fin y el
movimiento de la rubia se incrementa, viene un golpe, y otro mas, los estremecimientos
recorren el pequeño cuerpo de Diana a la vez que entierra sus cortas uñas en la espalda
de Liz, los últimos espasmos llegan, el ritmo es mas lento y su respiración decrece en
agitación, la ojiazul deja caer todo su peso sobre la rubia, aun no ha salido de ella
pero todo parece estar menos agitado, Liz mueve su pierna y suavemente sale de la rubia
arrebatándole un último suspiro, se deja caer de espaldas sobre su lado de la cama y
aun jadeantes comentan...
E: ¿Averiguaste lo que querías? ---jalando aire por la boca---
D: Parece que sí ---se recuesta de lado para observarla---
E: ¿Y qué es? ---la mira expectante---
D: ¿Tu qué crees? ---le responde mientras le acaricia el abdomen---
E: No lo sé, ¿Por qué no me lo dices? ---le dice muy seria---
La rubia ya no le responde y sube hasta tener su rostro frente al de ella y besarla, el
beso es cálido, furioso, es de entrega total, es un pacto hecho entre las dos sin decir
palabras y sin conocimiento real de sus sentimientos. Cuando se separan solo se miran y
se acarician, la rubia coloca su rostro sobre el abdomen de su amante y ésta juguetea
el cabello de la joven. Los minutos pasan y ellas continúan en silencio acariciándose,
es Liz quien inesperadamente rompe con el encanto al moverse debajo de la rubia e
intentar salir...
D: ¿Qué pasa? ---voltea el rostro para verla de frente---
E: Nada, solo intentaba salir para darme un baño ---responde fríamente---
D: Si te molesto puedo retirarme ---responde enojada por la frialdad de Liz a
la vez que se pone de pie cubriéndose con la sabana---
E: No me molestas, pero si quieres irte está bien ---le dice tomando su
camisón y colocándoselo---
D: Bien, entonces me iré ---se da la vuelta y aun enrollada en la sábana
camina hacia la puerta cuando de repente Liz le dice:---
E: Un momento... creo que esa sabana es mía ---la rubia no responde y sin
voltear a verla deja que la sábana caiga al suelo y se coloca el pijama conteniendo las
lágrimas---
Sin decir nada y sin voltear continúa caminando y cuando toma el picaporte de nuevo Liz
la detiene, la rubia espera y la ojiazul de un salto sale de la cama y la arrincona
contra la puerta colocando las manos a los lados del rostro de la ojiverde y apoyada en
la puerta, la rubia no voltea pese a que siente el aliento de su amante en el cuello,
cabizbaja y de espaldas espera el movimiento de Elizabeth...
E: Espera, no tienes que irte ---le susurra tratando de controlar su ahora
agitada respiración---
D: ¿Quieres que me quede? ---le responde aun sin voltear---
E: Si tu quieres estará bien ---la evade---
D: ¡No! ¿Qué es lo que tú quieres? ---vuelve a tomar el picaporte---
E: Quiero que olvidemos lo que pasó ---le dice en tono muy bajo---
D: ¿Olvidar qué? ¿Lo que pasó hace unos minutos o esta discusión? ---evidentemente
molesta---
La ojiazul guarda silencio por unos segundos y...
E: ¿Por qué demonios estas tan molesta conmigo?
D: No estoy molesta Liz, es solo que no te entiendo ---le contesta---
E: Para estar conmigo no es un requisito entenderme ---le susurra y la rubia
finalmente voltea para verla a los ojos, lo hace profundamente y la ojiazul le dice...---
volvamos a la cama ---hace un movimiento de cabeza señalando el lecho--- por
favor ---le ruega---
De nuevo sin saber por qué la rubia acepta y vuelve al lecho con la ojiazul, de pie
junto a la cama se toman de las manos y se besan apaciblemente a manera de
reconciliación, una a otra se desnudan y antes de meterse a la cama Liz toma la sábana
del suelo y al estar sobre la cama las cubre con ésta, retoman su antigua posición y
conversan a la vez que suavemente se acarician:
D: ¿Vas a bañarte?
E: No, ya no, creo que así estoy mejor ---le responde mientras que con el
índice le traza garabatos en la espalda---
D: ¿Liz?
E: ¿Uhm?
D: ¿El tatuaje que tienes unos centímetros arriba del coxis que representa?
E: Uhm, realmente no sé, lo vi en sueños y una noche no pude dormir hasta que me
levanté y lo dibujé, pasé horas tratando que quedara exactamente igual, después se lo
mostré a Hiromi y me dijo que era una especie de talismán o arma protectora, dijo que
sería bueno tatuármelo y así lo hice.
D: ¿Haces todo lo que te dice Hiromi? ---cuestiona evidentemente celosa---
E: No, pero es una buena amiga y confío en lo que dice, de todos modos deseaba
un tatuaje y este fue un buen pretexto.
D: ¿Sabes? Es bastante extraño para ser un arma.
E: ¿Lo dices porque es redondo? ---la rubia asiente--- bueno, creo que
podría funcionar como una especie de bumerang, de algún modo con el filo a su alrededor
cortaría un par de rostros y volvería a mi mano.
D: El grabado que tiene parece algo especial, pudo haber sido de oro y la línea
divisoria parece ser realmente una unión, creo que no es solo un bumerang, son dos, dos
unidos ---la ojiazul la mira sorprendida ha hecho conjeturas muy rápidamente y todas
parecen lógicas, es como si antes hubiera visto el tatuaje y supiera de que se trata---
es mas, ¿Sabes que parece? ---la ojiazul niega con la cabeza--- parece un Yin-Yang,
básicamente esa forma tiene.
E: Tal vez sea todo lo que tu dices, pero nunca lo sabremos ¿O si? ---sonríe---
D: No lo sé, creo que en esta vida nada es seguro ---responde a la vez que se
coloca mas sobre ella y le separa ambas piernas con la suya, rozando sutilmente su
intimidad---
La ojiazul da un respingo por el roce, tan así que contrae el abdomen, llamando de éste
modo la atención de la rubia.
D: ¿Aun excitada? ---le pregunta maliciosamente rozándola de nuevo---
Por la segunda caricia la ojiazul libera su aliento contrayendo una vez más el vientre
y Diana se decide a amarla por completo, se coloca sobre ella y dulcemente la besa, la
aprisiona entre sus piernas, se acerca hasta sus labios y deja que sienta su aliento
sin terminar el beso, la ojiazul la toma de la espalda para apretarla contra su cuerpo,
la rubia toma las manos de la trigueña y las coloca sobre la cama haciéndola subir los
brazos para poder tomarla de las muñecas, sube un poco su rostro para besarle la
cicatriz dejando de este modo uno de sus senos al alcance de la boca hambrienta de
Elizabeth, mientras la rubia llena de innumerables besos el rostro de la ojiazul ésta
succiona insaciablemente los pechos de la rubia, ambas comienzan a perder la cordura y
ante las caricias de la ojiazul la rubia desciende y le arrebata el banquete a la
trigueña, unen sus labios en un apasionado beso, lengua contra lengua inician una
batalla en el interior de sus bocas, las manos de la trigueña libres ocupan su antiguo
lugar en la espalda de la rubia y descienden un poco mas hasta sus glúteos, la rubia
baja el rostro y lo esconde en el cuello de su amante, le pasa la lengua y lo
mordisquea durante segundos, baja un poco y toma los senos de Liz como nueva guarida,
se refugia en ellos largamente, los succiona ávidamente arrebatándole suspiros a su
amante, sus manos se sitúan sobre las afiladas caderas de la trigueña, la sábana
comienza a humedecerse por el sudor de ambas, sus cuerpos comienzan a crear fricción,
parecen estar listas, tomándose de las caderas de la trigueña la rubia baja un poco mas
y juguetea en el ombligo de la chica, introduce su lengua en él hasta lograr que la
ojiazul arquee su espalda, baja un poco mas el rostro y besa la pierna derecha de la
trigueña muy cerca de su intimidad, acaricia el centro de la ojiazul con la lengua y
descubre su humedad, la ojiazul solo levanta las caderas y se aferra a la sábana debajo
de ella, la rubia lentamente se introduce en ella y la embiste vigorosamente, ante el
primer movimiento la trigueña hunde el rostro en su almohada, la mano de la ojiverde va
contra ella y la embiste una y otra vez, roces, suspiros, estremecimientos, sudor, una
contra la otra, la cumbre del placer, un solo cuerpo, unidas en un último golpe de
placer y descienden a la realidad, abrazadas superan las últimas conmociones y esperan
hasta que la agitación de sus cuerpos disminuye, la falta de aliento es notable y
bañadas en sudor tratan de amoldarse la una a la otra, la rubia vuelve a subir al
cuerpo de la trigueña, llega hasta su rostro y en gesto afectuoso le seca el sudor de
la frente con el dorso de la mano, en agradecimiento la ojiazul le regala un suave y
fugaz beso en los labios, la rubia desciende y toma su lugar en la cama, es ahora la
ojiazul quien la cubre con su cuerpo a la vez que la ojiverde coloca uno de sus brazos
alrededor de la cintura de ésta, sin notarlo caen en un sueño profundo hasta que llegan
las 8 de la mañana y... Noc, noc, suenan unos golpecillos en la puerta, ambas despiertan
sobresaltadas pues están a punto de ser descubiertas, la rubia sale de la cama y los
golpes en la puerta son mas fuertes y desesperados, Diana se cubre con la sábana,
recoge su ropa y corre al baño para esconderse, Liz responde a la puerta a la vez que
se viste.
E: ¿Qué sucede? ---grita---
EL: Eli, soy yo, abre.
E: Un momento, aún no estoy presentable ---termina de vestirse, se cubre con
una bata de seda que ata a su cintura y abre la puerta--- ¿Qué ocurre? ¿Cuál es la
desesperación?
EL: Oh, nada, solo venía a decirte que hoy salgo a Vancouver, estaré un buen
rato por allá y quería despedirme de ti.
E: ¡Claro! Te vas de vacaciones, disfrútalas, las mereces ---le dice mientras
lo abraza---
EL: Gracias, entonces nos vemos, tu también descansa, has trabajado mucho
últimamente ---la ojiazul asiente y le sonríe--- ahora iré a despedirme de Diana
---la ojiazul lo detiene---
E: ¡Espera! Será mejor que le dejes una nota, puedes meterla debajo de la puerta,
es que anoche me dijo que estaba muy cansada porque como escribe por las noches no
descansa muy bien, es decir, no se me hace buena idea despertarla tan temprano ---le
dice nerviosa---
EL: Tienes razón eso haré, bueno te dejo, iré a escribir la nota y me iré, mamá
me llevará al aeropuerto, por cierto se quedará en la ciudad, debe arreglar ciertos
asuntos en la oficina y prefiere volver hasta mañana ---la ojiazul asiente como
demostrando estar de acuerdo---, entonces, nos vemos hermanita ---la abraza y le
besa en la mejilla---
Al romper el abrazo...
E: ¿En que te irás? ---cuestiona solo por curiosidad---
EL: En el jet privado ---la ojiazul asiente---
E: Pues, que te vaya bien ---se abrazan de nuevo y se sonríen---
El joven finalmente se retira y la ojiazul cierra la puerta para después descargar su
nerviosismo en un aliviado suspiro, ahora camina hacia el baño para hablar con Diana,
cuando entra se encuentra con la desnudez de la ojiverde quien la espera bajo la
regadera, en cuanto la ve le guiña un ojo y la invita a ducharse con ella, la ojiazul
no puede mas que mostrar su típica sonrisa y aceptar la invitación, bajo la regadera se
abrazan y acarician mutuamente mientras las gotas de agua ruedan a lo largo de sus
cuerpos entrelazados, una a otra se pasan el jabón y en cada movimiento se regalan
ardientes besos y pequeñas pero fogosas caricias, entre los mimos y el jabón deciden
terminar la ducha y es la ojiazul la primera en salir y secarse para después vestirse,
tras ella sale la rubia quien solo se seca con una toalla blanca para después cubrirse
el cuerpo con ella, al salir encuentra a la trigueña en pantys y poniéndose el sostén,
en verdad que hasta vistiéndose le parece sexy, no lo puede evitar y de nuevo se le
acerca para besarla, Elizabeth no la rechaza, por el contrario deja lo que estaba
haciendo y le presta toda su atención, la toma por la cintura y en cada beso trata de
devorarla, la rubia se separa un poco para decirle:
D: ¿Crees que podríamos dejar de hacer esto para lograr vestirnos? ---beso---
E: Uhm, no sé ---beso--- si sales ---beso--- antes ---beso---
de que te arrebate la toalla ---beso--- tal vez lo logremos ---sonríe mientras
se besan---
La rubia sale envuelta en la toalla con dirección a su recámara y deja a solas a
Elizabeth para que pueda colocarse su pantalón de mezclilla blanco y una blusa manga
larga de algodón color azul celeste, también se pone sus botas color miel y después de
amarrarse el cabello en una coleta dejando fuera su usual fleco decide bajar al comedor
y esperar a Diana para desayunar juntas, la espera sentada tranquilamente en el sillón
frente a la escalera mientras cruza la pierna, la rubia no tarda tanto y baja por las
escaleras luciendo una minifalda de mezclilla y una diminuta blusa de tirantes color
verde así como un par de sandalias de piso que ayudan a que luzca sus torneadas
pantorrillas, además de que combinan a la perfección con el resto de su atuendo,
mientras, es observada detenidamente por la ojiazul, al llegar a los pies de la
escalera se detiene y sacude hacia un lado su fabulosa melena dorada para finalmente
acomodarla sensualmente con la mano derecha, camina hasta Liz y se inclina hasta estar
cerca de sus labios y decirle:
D: ¿Hambrienta? ---sonríe seductoramente---
E: En demasía ---se acerca para besarla y la ojiverde la detiene colocándole
el índice sobre los labios---
D: Tenemos espectadores ---ambas sonríen---
Delicadamente Liz la hace a un lado y camina hacia el comedor, Diana la sigue, toman
asiento y esperan a Marga para que sirva el desayuno, mientras lo hacen platican:
E: ¿Cómo dormiste anoche? ---mirándola pícaramente y con su típica sonrisa de
medio lado---
D: Muy bien, no recuerdo cuando fue la última vez que disfrute tanto dormir.
E: ¿Qué harás durante el día?
D: Supongo que solo escribiré, ¿Por qué?
E: Te gustaría salir en la tarde a dar un paseo por la ciudad.
D: Sería genial.
E: Bien, entonces es una cita.
Marga llega y ellas guardan silencio, la mujer las atiende rápidamente y después se
retira, ellas retoman su plática...
D: ¿Entonces?
E: Vendré por ti a las 6, iremos por ahí y trataremos de divertirnos ---le
guiña un ojo---
Desayunan mientras platican...
D: ¿Quep ---saborea la ensalada de frutas--- ...tienes planeado hacer?
E: Uhm, no sé, ¿Qué te gustaría hacer?
D: Podríamos visitar "Barrio Antiguo".
E: ¿"Barrio Antiguo"? ---asiente--- dicen que es un lugar muy agradable y
que la música es estupenda.
D: ¿Eso es un si? ---la ojiazul asiente---
En eso estaban cuando Elizabeth mira el reloj frente al comedor y se da cuenta que es
tarde para ir a trabajar, así que deja el desayuno a medias y se despide de la rubia
para salir de la casa...
E: Ya es tarde, debo irme ---se levanta y se limpia la boca con una servilleta---
D: ¿Y el desayuno?
E: Lo siento, en verdad tengo que irme, debe haber gente esperándome y Verónica
ha de estar desesperada porque llegue ---se le acerca y la besa en la mejilla---,
nos vemos mas tarde.
D: Un momento, ¿Verónica? ---pregunta celosa---
E: Es mi asistente, adiós ---ondea la mano a manera de despido---
La trigueña camina hacia el estacionamiento y sube a su camioneta, como la vez anterior
la rubia la alcanza y la detiene antes de cerrar la puerta, la ojiazul baja del auto y...
E: ¿Qué pasa? ---le pregunta a la vez que le acaricia la mejilla---
D: Nada, solo quería despedirme de ti con un buen beso ---se le acerca para
besarla, a centímetros de su boca:--- hueles muy bien.
Unen sus labios una vez mas y se dejan llevar por un par de minutos, al separarse la
ojiazul roza su nariz con la de la rubia, por segunda vez se despiden y cada una parte
a su lugar de trabajo, en minutos Elizabeth llega a su consultorio y como había dicho
hay mucha gente con animales heridos en espera de ella, en efecto Verónica está
desesperada y en cuanto la ve corre a alcanzarla y a ponerla al tanto de todos los
pacientes que la esperan, el día transcurre por un lado con animales mal heridos y con
frases correctas por otro, ambas sumergidas en sus actividades aunque sin dejar de
pensar la una en la otra en sus ratos libres. Diana ha estado mas que inspirada, desde
que entró a su habitación ha escrito sin parar, hacía mucho tiempo que no se sentía tan
bien al escribir, tan plena al amar y tan locamente atraída por alguien, cada frase
fluye a través de su ser dando ese toque especialmente romántico a su novela, sin dejar
pasar la misteriosa personalidad de su "príncipe guerrero" que es el complemento épico
de su escrito. Finalmente el día laboral de la trigueña ha terminado, son las 5:30,
justo a tiempo para ir en busca de la ojiverde, así que sin más ni más rápidamente
parte a casa, al llegar se percata que la sala y el comedor están vacíos y decide subir
hasta la habitación de la rubia, toca la puerta pero al hacerlo descubre que ésta no
está bien cerrada y sigilosamente camina hasta quedar detrás de la rubia quien se
encuentra sentada frente al escritorio sumergida en el vaivén de las frases y en el
golpeteo de de sus ideas, la ojiazul aprovecha el momento y acerca sus labios al cuello
de la rubia, ésta al sentir la humedad de los labios reconoce a su amante y deja el
lápiz y el papel a un lado para corresponder al contacto, se pone de pie sin dejar de
sentir el tibio cosquilleo en su cuello, da la vuelta y se encuentra de frente a su
apasionada amiga, ésta sin dejarla decir una sola palabra aprieta sus labios contra los
de ella y continúan haciéndolo durante varios minutos, al terminar...
D: Veo que me extrañaste ---la toma de la cintura---
E: Si, lo hice, ¿Y tu, me extrañaste aunque sea un poco? ---cuestiona mientras
le acaricia las mejillas con los pulgares---
D: Si, pero solo un poco ---le sonríe y le da un pequeño beso---
E: ¿Cómo va eso? ---señala las notas de Diana y se acerca al escritorio para
verlas---
D: Bien, mejor de lo que esperaba ---le responde mientras se apresura para
cubrirlas---
E: Me alegra escucharlo... ¿Cuándo podré leerla?
D: Cuando esté terminada.
E: Bien, ¿Aun quieres salir? ---la rubia asiente---
E: Entonces te daré un par de minutos para que te cambies de ropa, de paso yo me
cambiaré también ---da la vuelta para salir de la habitación pero por alguna razón se
detiene---
Vuelve junto a la rubia y le dice:
E: ¿Me dejarás disfrutar del placer de observar tus piernas durante la noche?
---seductoramente---
D: ¡Que romántica! ---se voltea hacia ella y le besa---
D: El hecho de que sea veterinaria no quiere decir que no pueda decir una que
otra frase bonita ---sonriente---
E: ¿Sabes? Tal vez tengas la dicha de verme en falda ---le guiña un ojo y
Elizabeth sale de la habitación de la rubia a la suya---
Ambas se toman su tiempo para escoger sus prendas y acicalarse, Liz toma una rápida
ducha y decide vestir un bello traje sastre negro compuesto por pantalón, saco y una
blusa que vestida debajo del saco parece un chaleco pero que realmente es solo una
blusa que deja al descubierto la bella espalda de la ojiazul, se coloca un par de
zapatos negros Gucci que van muy de acuerdo al atuendo, se acerca al tocador y recoge
todo su cabello en una coleta, no deja de fuera su flequillo, maquilla su afilado
rostro con tonos suaves y el lipstick en sus labios es también muy discreto aunque con
la belleza natural que posee el maquillaje y la ropa son lo de menos, mientras tanto
Diana hace lo suyo, saca de entre su ropa aquel vestido que compró el día en que se
encontró con Liz, así como el par de zapatos comprados el mismo día, ella había pensado
usarlos en una ocasión especial y vaya que esta lo es, es su primera cita con Liz y eso
es muy importante, aunque ya hallan pasado muchas otras cosas entre ellas esto no deja
de ser trascendental para ella, así que sin mas ni mas se pone el vestido fucsia que le
queda bastante entallado y deja a la vista su sensual pecho pues tiene un escote
bastante pronunciado, por otro lado su corte asimétrico deja a la vista sus bien
torneadas piernas que son mas llamativas gracias a las sandalias que se atan alrededor
de ellas, no recoge su cabello, lo deja suelto, solo lo peina para darle un toque
esponjoso y brillante, al igual que su amante se maquilla muy poco pero el color de su
lápiz labial le da un aire bastante extraño, una combinación entre lo angelical y lo
carnal, finalmente rocía su cuerpo con un perfume embriagador que inunda la habitación,
toma su bolso del mismo color de su vestido y baja a sentarse en el mismo sillón en el
que Liz la esperaba por la mañana, al igual que su amante cruza las piernas mientras
aguarda por ella, Liz aun se ve en el espejo, sabe que falta algo y finalmente recuerda
que se trata del perfume, su fragancia es un poco mas fuerte pero sensual, y como la
rubia toma su bolso negro y sale de su habitación, baja las escaleras y ahora es ella
la observada, apenas ve a Diana sentada frente a ella en la que en la mañana fuera su
pose sonríe, se le acerca y le extiende la mano, la rubia responde y tomadas de la mano
caminan hacia el estacionamiento, al llegar se dirigen hacia el "Mustang" negro
perteneciente a Liz, suben a él y parten rumbo a "Barrio Antiguo", durante el camino
Diana hurga en la guantera de la ojiazul, encuentra un par de Cd's y mete uno de ellos
en el reproductor, al instante suena la nocturna numero 32 de Chopin ambas las escuchan
en silencio y entre miradas fugaces se sonríen, no necesitan hablar para expresar lo
que sienten la una por la otra, su lenguaje corporal y las miradas son suficientes,
finalmente llegan a "Barrio Antiguo", ambas bajan y Liz pregunta por su reservación, al
instante son atendidas y llevadas a su mesa, toman asiento y empiezan a disfrutar del
ambiente, todo parece agradable, la música la gente, todo, aun guardan silencio y así
observan todo a su alrededor, Diana es quien rompe el hielo y le pregunta a Liz...
D: ¿Y qué tal tu día?
E: Bastante bueno, hoy no hubo ningún animal agresivo ---le sonríe---, ¿Y
qué tal el tuyo?, espero que estés a punto de terminar tu novela.
D: Oh no, mi redacción durante estos días ha sido estupenda pero aun así me
falta mucho para el final.
E: ¿Y cómo terminará?, no me digas que de manera cursi y color de rosa, porque
eso es bastante común.
D: No lo sé, por ahora me preocupo por llevar la secuencia, la misma historia
dictará su final y así sabremos el desenlace.
E: Pero tu, en lo personal, ¿Cómo crees que termine?
D: Espero que sea un buen final, uno donde todos los buenos sean felices, los
héroes reciban su homenaje y los malos su merecido.
E: ¿Y eso no te parece irreal? Casi nunca los buenos son felices y los malos
tampoco reciben su castigo, en cuanto a los héroes no creo que existan.
D: Pues no estoy de acuerdo contigo, los héroes existen, claro que no usan
espadas ni escudos, pero puedes apreciarlos en cada bombero, en cada policía honesto,
incluso en cada niño lisiado o con cáncer que se despierta cada día con ganas de vivir,
y al final todos recibimos lo que merecemos de acuerdo al karma.
E: Eso dices tu porque es probable que jamás haya sido injusta la vida contigo,
pero yo se lo que digo y también estoy en desacuerdo contigo ---un poco ofuscada---
D: La gente negativa y cerrada es que lleva a la humanidad al fracaso.
E: Ah, ahora soy culpable del fracaso de la humanidad ---sonríe irónica---
¿Y quién es el culpable del asesinato de mi padre? ¿Uhm, yo también? ---terriblemente
molesta--- ¿Y quién pidió que él muriera en mis brazos? ¿Eh? ¿O también fue culpa
mía? ¡No! ¡Ya sé! ¡Fue mi mal karma! ---la rubia no responde y solo observa en
silencio a la ojiazul---
Rápidamente Elizabeth se pone de pie y camina hacia al tocador, la ojiverde se queda
inmóvil en la mesa preguntándose a que hora la plática se salió de control, mientras
tanto la ojiazul se observa frente al espejo, está molesta en serio, hasta le falta
aire, trata de calmarse, no sabe por qué perdió el control la charla iba tan bien hasta
que entablaron un debate debido a sus opiniones acerca de la vida, ahora está apenada y
sabe que tendrá que disculparse con Diana al volver a la mesa, claro, eso si la rubia
no se ha retirado, en eso pensaba cuando al dirigir su mirada a la salida ve a la rubia
apoyada en la pared observándola en silencio, al notarla se acerca a ella e intenta
disculparse pero la rubia no se lo permite, como es normal en ella, le coloca el índice
sobre los labios y no le permite hablar siendo ella quien la besa tiernamente para
finalmente susurrarle:
D: Lo siento, por un momento olvidé lo de tu padre y... ---interrumpida por
los labios de la ojiazul---
Al separarse:
E: No es tu culpa, la verdad es que aun no lo supero ---cabizbaja---
D: ¡Hey!, olvidemos esto y salgamos a bailar y a divertirnos ¡Arriba corazones!
---le sonríe y la toma de la mano para salir corriendo a la pista de baile---
Los próximos 30 minutos los pasan bailando entre la demás gente, el sudor corre por sus
rostros y están sonrojadas por el calor de tanto bailar, se sonríen y disfrutan el
momento como un par de buenas amigas, brillan ante la mirada de todos hasta que un par
de chicos se les acercan para pedirles bailar con ellas:
CH1: Disculpen ¿Quieren bailar con nosotros? ---les dice el guapo morenazo---
Ambas se miran a los ojos y sonríen burlonas:
E: Nop, gracias así estamos bien ---le responde viéndolo fugazmente a los
ojos---
CH2: ¿Pero por que no?
D: Simplemente porque no queremos ---le responde fregonamente y sigue bailando---
CH1: No sean malas chicas, tiene rato que las estamos viendo, hagan el favor de
concedernos aunque sea un baile.
E: Miren chicos ---se detiene y voltea a verlos--- no podemos, es que
prometimos que esta noche sería de solo chicas.
CH1: Vámonos cabrón ---le dice a su amigo--- estas tipas son unas frescas
---Liz lo mira oscuramente---
CH2: ¡No! ¡Este par de putas bailan con nosotros porque bailan! ---grita y
jala del brazo a Diana que estaba junto a él---
E: ¡Hey, tranquilo! ---está alterada--- ¡Suéltala!
CH2: ¡No, bailará conmigo!
E: ¡Tú lo quisiste! ---le da un puñetazo justo en medio de la cara---
El otro hombre se le va encima y lo esquiva, sonríe, lo jala por el cuello de la camisa
y le da un rodillazo en el estómago, cuando el tipo se dobla de dolor le da otro
rodillazo en el rostro, el que estaba en el suelo se pone de pie e intenta golpearla y
ella detiene el golpe con el antebrazo, lo toma por los hombros y le da un par de golpes
en el estómago y una mas en el rostro, el tipo se desploma y Elizabeth toma de la mano
a Diana quien estaba detrás de ella y corren hacia la mesa donde dejaron sus bolsos, los
toman y continúan corriendo hacia la salida, sin mirar atrás suben al auto y salen muy
a prisa, después de avanzar un par de cuadras se detienen...
D: ¡Uf! ¿Qué fue todo eso?
E: No lo sé, pero no me gusto el modo en que te jaló, ¿No podía entender que no
queríamos bailar?
D: Yo me pondría igual de terca si tú te negaras a bailar conmigo, ¡Dios! Te ves
tan hermosa ---le dice a la vez que se va sobre ella para besarla fieramente---
E: ¡Uhm! Veo ---beso--- que te gusta ---beso--- el peligro ---un
beso más---
La rubia no responde y se mueve de su asiento para colocarse sobre la ojiazul, la rubia
abre muy bien las piernas y con ellas presiona a su amante, la trigueña rápidamente
sube la parte baja del vestido de la rubia para poder tocar sus muslos, las sube hasta
tocar la costura de los pantys y con el índice la delinea sensualmente, mientras tanto
la ojiverde despoja del saco a la trigueña y besa sus hombros, el calor se hace presente
y los cristales del auto empiezan a empañarse, en eso estaban cuando...
E: ¿Estas segura que deseas hacerlo aquí? ---pregunta apenas con aliento---
D: ¿Tu que crees? ---le dice para después besarle el cuello---
La ojiazul no vuelve a cuestionarla y prosiguen, Liz comienza a meter la mano entre las
pantys de la rubia cuando de repente oyen un timbre que taladra sus oídos y rompe el
encanto.
E: ¡Diablos!
D: ¿Qué es?
E: Mi teléfono móvil ---extiende sus manos, toma su bolso, saca su móvil y
contesta--- ¿Hola? ---habla sin que la rubia baje de ella y detenga el juego---
H: Hola, ¿Liz?
E: Sip ---extrañada---
H: Cariño, soy yo, Hiromi ---Liz se pone tensa y Diana lo nota, así que deja
de besarla--- ¿Estabas ocupada?
E: Si, bastante ---responde a la vez que mira a los ojos a Diana---
H: Lo siento ---apenada--- solo llamaba para preguntarte algo...
E: Dime ---sigue viendo a Diana---
H: ¿Me amas? ---ambas guardan silencio--- porque yo si ¿Sabes?
E: ¡¿Quep?! ---deja caer su cuerpo en el asiento y Diana finalmente baja de
ella y toma su asiento---
H: ¿Qué si me amas?
E: Aaah... sip ---obviamente dudosa---
H: Genial, es bueno saberlo.
E: ¿Por qué? ---muy confundida solo habla por inercia---
H: Por que así estoy segura que no me rechazaras cuando llegue.
E: ¿Cómo? ---entre asustada y preocupada, echa un vistazo rápido a Diana que
la mira sin pestañear---
H: Voy para allá, necesito verte, te extraño.
E: Genial.
H: Entonces te veré mañana entre las 12 y la 1 en la hacienda.
E: De acuerdo ---aun mas confundida---
H: Ok, bye.
E: Adiós.
H: Te amo...
E: Yo igual ---de nuevo por inercia---
Por unos instante Liz se queda cabizbaja sin reaccionar hasta que...
D: ¿Pasa algo? ---dulcemente pregunta---
E: ¿Quep?, ah nop ---insegura responde---
D: ¿Quién era?
E: Ehm... Elíseo ---miente---
D: ¿Y qué dice? ---pregunta entusiasmada---
E: Que está feliz.
D: Genial, debiste haberme comunicado con él.
E: ¿Para qué? ---muy interesada ahora, por no decir celosa---
D: Para saludarlo.
E: Ahp, es que no tenía tiempo, lo estaban llamando algunos amigos.
D: Entiendo.
Finalmente el interrogatorio termina, de nuevo hay silencio y Liz solo coloca las manos
sobre el volante y se queda quieta, de nuevo Diana la saca de sus pensamientos al
acariciar suavemente una de sus manos.
D: ¿Liz? ---la ojiazul voltea hacia ella--- ¿Planeas que nos quedemos aquí?
E: No, claro que no, es solo que la plática con Hir... digo con Elíseo me dejó en
shock ---intenta sonreír---
D: Ya veo, hace tanto tiempo que no hablas con él que te sacó de onda... ¡Ya
verás que pronto todo vuelve a ser como antes! ---contenta por revivir una relación
entre hermanos---, mientras tanto ven aquí ---le dice a la vez que se le acerca
y la besa para después tomar su antiguo lugar sobre ella---
La llama vuelve a encenderse, realmente es fácil olvidarse de Hiromi cuando se está con
Diana, Liz la besa con fuerza, ahora la estruja mas violentamente que antes, los
cristales vuelven a empañarse pero mas rápidamente, las caricias candentes se hacían
presentes cuando de repente se escucha un sonido bastante extraño, que al ser escuchado
por la rubia la lleva a romper el contacto...
E: ¿Qué... sucede? ---desconcertada y acalorada---
D: Lo siento ---baja la cabeza--- no puedo hacerlo de este modo.
E: Está bien cariño, lo entiendo el auto es un poco incómodo.
D: No, no me refiero a eso ---como un niña avergonzada cubre su rostro con
ambas manos y...--- es que el ruido que oíste ---la ojiazul asiente--- era mi
estómago, ¡Tengo mucha hambre! ---se descubre el rostro para dejar ver lo ruborizada
que está y Liz estalla en una carcajada---
E: Mi amor ---la tomó del rostro con ambas manos--- debiste haberlo dicho,
vayamos a cenar ---la rubia asiente y baja de ella para tomar su asiento, al llegar
ahí...---
D: ¿Cómo me llamaste? ---evidentemente emocionada---
E: Mi amor ---le responde en susurro y viéndola a los ojos---
Diana se le acerca y la da un tremendo beso mientras acaricia su rostro, al finalizar
Liz le guiña un ojo y arranca el auto para ir a algún restaurante, escogen un lugar mas
tranquilo e íntimo, ambas bajan del auto y piden una mesa, enseguida son atendidas y al
llegar a la mesa toman asiento, el lugar es mas armonioso, tienen una pequeña orquesta
y un viejo micrófono estilo los años 50, la cantante debido a la época muy cercana a la
navidad entona aquella vieja canción que Marilyn Monroe hiciera famosa "Santa Baby",
disfrutan el ambiente, acarician sus manos que están sobre la mesa y observan en
silencio a toda la gente que baila, Diana quisiera hacerlo pero no se atreve a pedirlo
así que se limita a observar la pequeña sonrisa dibujada en el rostro de Liz, de repente
la cantante anuncia que hay una invitada especial en el lugar esa noche:
C: Queridos amigos ---tomando el micrófono del pedestal--- está noche nos
acompaña alguien muy especial, una vieja amiga que no venía desde hace mucho tiempo y
que es muy famosa por los múltiples campeonatos ecuestres ganados y por entonar en este
escenario aquella bella canción llamada "Volare" que antaño cantara Dean Martin,
démosle un fuerte aplauso a ella y a su hermosa acompañante.
La gente del lugar las aplaude y ellas solo sonríen y saludan, Diana mira a Elizabeth
quien sonríe sin contener la alegría pues sabe que la cantante tiene más debajo de la
manga...
C: Bien, bien, ya que Liz se encuentra con nosotros de nuevo pidámosle que nos
deleite cantando ---Liz mueve la cabeza negando pero la gente se lo pide---
La ojiazul no tiene intenciones de ponerse de pie y cantar pero es Diana quien la
convence al tomarle la mano y pedírselo, la trigueña no puede negarle nada a esa
angelical mujer, así que se pone de pie y se dirige al escenario, al subir todos le
aplauden y la cantante la saluda con un beso en la mejilla, Liz se coloca detrás del
micrófono y pide a la orquesta que la acompañe y así empieza:
E: Volare, oh, oh!
Cantare,
Oh, oh, oh, oh!
Azul, pintado de azul,
Volando entre nubes de tul.
Y volando, volando, volando
Más alto en el cielo
Más cerca del sol;
Y la tierra más chica se hacía
De un raro color;
Mas un ángel del cielo
Cantaba esta dulce canción:
Volare, oh, oh!
Cantare,
Oh, oh, oh, oh!
Azul, pintado de azul,
Volando entre nubes de tul
Sigue un par de veces haciendo el coro en italiano asombrando a la audiencia y a una
mas enamorada rubiecita, desde el escenario ella la mira y le guiña un ojo, la rubia no
puede mas que sonreírle y mandarle un beso a través del aire, al terminar ella
desciende rápidamente entre los aplausos de la audiencia y se dirige a su mesa, le pide
a Diana bailar y esta acepta, frente a todos lo hacen sin importarles nada, muy pegadas
bailan al compás que marca la orquesta y así pasan las horas, mas tarde disfrutan de una
deliciosa cena y finalmente se retiran a la hacienda, Diana se ha quedado dormida en el
viaje de regreso a casa, Liz está entrando al estacionamiento, detiene el auto y por un
par de minutos observa a la rubia, cavila que aun dormida es sumamente bella y que
despierta en ella mil y un sentimientos encontrados y confusos que desembocan en la
idea de no querer dejarla jamás, suavemente la despierta y le avisa que han llegado a
casa, aun adormitada la rubia baja del auto, la trigueña se le acerca y la toma por la
cintura, abrazadas caminan hacia la casa, entran y se dirigen a las escaleras, allí sin
chistar Liz toma entre sus brazos a Diana y la carga hasta la puerta de su habitación,
la deja de pie junto a la puerta y le da las buenas noches para después retirarse a su
habitación...
D: ¿Liz? ---la trigueña voltea hacia ella--- sería genial que esta noche
fuera aquí ---con un cabeceo señala su habitación---
La ojiazul sonríe y entra con ella a la habitación, se acercan a la cama, se besan y la
trigueña le pide a la ojiverde recostarse mientras ella va a buscar algo a su habitación,
la rubia acepta y así lo hace mientras Liz se retira, ésta llega a su habitación y
busca entre su joyero un estuche angosto y largo de color negro, lo lleva en la mano y
al regresar y entrar a la habitación de Diana, ve a una semidesnuda rubia esperándola
bajo las sábanas de seda blancas, así que ella también se despoja de sus prendas y deja
el estuche en el buró junto a la cama, se recuesta y se cubre con la misma sabana que la
rubia, sin decir nada una a otra se despojan de la ropa interior y quedan totalmente
desnudas bajo las sabanas, Diana se coloca sobre la trigueña y ésta la abraza, por
largos minutos guardan silencio y la ojiazul solo se concentra en acariciar la suave
espalda de su amante hasta que...
D: ¿Liz? ---en un tono muy bajo y dulce---
E: ¿Uhm? ---responde---
D: ¿Soy tu primera vez?
E: ¡¿Qué?!
D: Escuchaste muy bien lo que dije, así que respóndeme, por favor.
E: No, no lo eres, pero no quiero que te enojes, tú, tu eres... ---interrumpida
por el índice de la rubia---
D: Está bien, tranquila, lo entiendo, alguna de las dos tenía que ser buena en
esto ---sonríe y sube hasta estar frente a su rostro y darle un beso--- ¿Y qué
número soy?
E: Diana, por favor, me avergüenzas.
D: Anda... dime.
E: Bueno, bajo estas circunstancias la numero 2.
D: ¿Bajo qué circunstancias?
E: ¡Éstas!, exceso de pasión, locura, ansias de ti ---la rubia voltea a verla
y ve un destello de fogosidad en su mirada---
Liz le pide a la rubia subir hasta ella para besarla sin ataduras, después de un beso
viene uno mas y detrás de ese otro, las llamas entre ellas reviven, sin pensar la rubia
se coloca sobre ella a horcajadas y la ojiazul se incorpora hasta sentarse y estar
cómodamente besándola, la ojiazul continúa con su paseo húmedo a través del cuello de
la ojiverde, ésta disfruta el sabor de los hombros de la trigueña, antes de seguir Liz
pide un momento de calma y...
E: Espera ---le susurra--- hay algo que quiero darte ---le toma el
tobillo izquierdo y quita la sábana de encima--- ojalá y te guste ---extiende su
mano hacia el buró y toma el estuche negro que había dejado allí---
La rubia no habla, solo está a la expectativa observando cada movimiento de la ojiazul
y atendiendo a cada palabra, Liz sube la pierna de la rubia hasta su hombro, le besa el
tobillo y gran parte de la pantorrilla, estremeciendo sobre manera a la ojiverde,
finalmente abre el estuche y la rubia no oculta su cara de asombro...
E: Es para ti ---le muestra la joya---
D: ¡Es hermosa! ---le dice intentando bajar la pierna, lo cual la ojiazul
impide--- ¿Cómo vas a ponerla si no me dejas bajar la pierna? ---sonriente a la
vez que extiende su brazo derecho---
E: Bueno cariño, tenía planeado ponerla aquí ---con el índice la acaricia el
tobillo--- ya que esto ---le muestra la joya--- no es una pulsera ---la
rubia baja el brazo--- es una ajorca ---la rubia la mira embelesada--- se
dice, que si un amante se la obsequia a otro y se la coloca en el tobillo, estarán
unidos para siempre y se reencontrarán en cada vida para volver a amarse ---al
terminar la frase le coloca la joya y la abrocha---
Al instante la rubia se va sobre ella impetuosamente, un beso detrás de otro, sus manos
resbalándose a lo largo de la sudada espalda de la trigueña y ésta sometiéndose a las
caricias de la rubia, la ojiazul toma suavemente por la cintura a la ojiverde mientras
que besa sus hombros y juguetea con su cuello, la rubia mientras tanto mueve sus manos
hacia el frente de la trigueña atrapa ambos senos entre sus manos, los masajea y
estruja causándole conmociones a su amante, ésta cree que se está viendo lenta y deja
por un momento el cuello de la ojiverde para unirse en un caluroso beso con ella, sus
lenguas libran una batalla dentro de sus bocas, cada una busca la victoria pero ninguna
logra alcanzarla a pesar de que el calor, el sudor y los gemidos son evidentes, los
roces, los movimientos, el aliento faltante, ambas al pie de la cumbre, están listas
para volver a vibrar juntas, la humedad entre ellas es irresistible, la ojiazul coloca
una de sus manos en la espalda de la rubia a manera de apoyo mientras que la otra es
bajada al centro de la ojiverde, hábilmente antes de introducirse en ella le acaricia
arrancándole de este modo un intenso suspiro a la mujer, ha sentido la humedad de la
chica y por su reacción sabe que está lista, se introduce en ella y este movimiento
excita a la rubia de tal manera que enseguida se aferra a ella y le muerde el cuello,
ante cada envestida la mordida es mas fuerte, ambas crean un equilibrio entre sus
cuerpos, las acometidas de la trigueña son mas intensas y las mordidas mas dolorosas y
placenteras, el vaivén entre ellas es mas acelerado, el calor sube mas y mas, están
abandonándose a sus emociones, juntas en la cúspide del placer y se dejan caer, llegan
juntas, los espasmos recorren ambos cuerpos y disminuyen los movimientos, abrazadas aun
comienzan a liberarse, aun se mueven pero despacio, su respiración agitada trata de
normalizarse, la ojiazul sale de la rubia regalándole un último sobresalto, ésta libera
el cuello de la trigueña para descubrir algunas gotas de sangre en su cuello, sus labios
están resecos se abrazan y una vez mas se besan para finalmente dejarse caer en la cama,
la rubia apenada intenta limpiar la sangre en el cuello de su mujer pero ésta se lo
impide al jalarla hasta hacerla quedar sobre ella para acariciar su espalda...
E: Creo que te gustó el regalo ---sonriente le comenta---
D: Si, pero aun hay algo que quiero saber.
E: Dime ---espera la pregunta---
D: ¿Quién es la numero uno? ---los ojos de la trigueña no esconden que la
pregunta la ha tomado desprevenida---
E: Diana...
D: Contesta... por favor.
E: Bueno... en primer lugar no "es", Fue, y esa persona fue Hiromi, pero ahora
yo... estoy contigo.
D: Me alegra saberlo ---la mira a los ojos--- porque Te amo, y lo hago
como una tonta ---Liz no le responde y solo la atrae hacia ella para besarla---
Ambas se abrazan y guardan silencio, intentan dormir y finalmente lo logran. Al día
siguiente la primera en estar despierta es la ojiazul, quien pacientemente espera a que
la rubia lo haga, finalmente después de aguardar cerca de una hora la rubia despierta...
D: Buenos días ---dulcemente le dice---
E: Buenos días dormilona ---responde sonriente---
D: ¿Dormiste bien? ---pregunta a la vez que se sienta para liberar a Liz---
E: Muy bien de hecho ---termina la frase y la toma del cuello para besarla
rápida pero fuertemente--- ¿Qué hay de ti?
D: Fenomenal ---sonríe---
La trigueña se pone de pie y camina en toda la habitación, la rubia la observa y...
D: ¿Qué harás hoy?
E: Me quedaré en casa y pasaré el día contigo, claro, si me lo permites.
La ojiverde se pone de pie y camina hasta donde esta ella, la toma por la cintura le da
un beso en la espalda y...
D: Yo a ti, te permito todo ---vuelve a la cama, toma la sábana y se envuelve
para finalmente caminar hacia el baño---
E: ¿Y a dónde vas entonces?
D: A vestirme, ¿O pretendes que esté desnuda todo el día? ---sonriendo
pícaramente---
E: No sería mala idea ---le guiña un ojo---
La ojiazul sale y se dirige a su habitación, saca su ropa y toma una ducha al mismo
tiempo que la rubia, al salir de sus habitaciones se encuentran en el pasillo, como un
par de bobas se sonríen, se dan un pequeño beso y bajan las escaleras para ir a
desayunar, como siempre Marga lo hace y mientras tanto ellas platican:
D: ¡Oye!, ahora que recuerdo, Irene no ha vuelto.
E: Uhm, debe estar muy ocupada, siempre dice que se quedara un día y termina
quedándose un mes o mas.
D: ¿Y no la extrañas?
E: Ya me acostumbré ---indiferente contesta--- así ha sido desde la muerte
de papá.
D: Ehm, ¿Y qué haremos hoy?
E: ¿El amor? ---sonriendo---
D: No, en serio.
E: ¿Me estoy riendo? ---muy seria---
Entre charlas románticas y divertidas toman su desayuno para después ir a las
caballerizas a visitar a los consentidos de Liz...
E: Mira ---le dice a la rubia a la vez que le muestre el animal--- ésta
es mi bebe, mi compañera, mi consentida, es "Hechicera", éste es "Poison", el salvaje
---le lleva frente a un corcel negro--- y ésta es "Honey" la mas joven y tierna
---le sonríe---
D: Todos son preciosos, tienes un gusto excelente en caballos.
E: No solo en eso querida ---la besa al terminar la frase---
El contacto no se detiene y continúan acariciándose hasta que "Hechicera" comienza a
patear la puerta de su apartado, ambas voltean hacia ella y sonríen.
D: Creo que está celosa de mí.
E: Así es, pero tendrá que acostumbrarse a compartirme contigo ---la toma por
la cintura y en un susurro le dice--- ¿Quieres montar?
D: ¿A quién? ---pícaramente le responde---
E: Pues obviamente me refería a los caballos pero si tienes planeada otra cosa
¡Adelante!
D: Nop, creo que estará bien cabalgar ---le sonríe---
Ambas toman sus monturas y salen a galope, Liz monta a "Hechicera" y Diana a "Honey",
cabalgan rápidamente una detrás de la otra, la ojiazul lleva la delantera pero la rubia
no se da por vencida, sonrientes atraviesan el campo y aun cuando cabalgan por separado
en cada mirada se hacen el amor, siguen sin detenerse es como un viaje a una dimensión
en la que solo viven ellas y sus sentimientos, nadie mas existe o cabe, finalmente se
detienen frente a un riachuelo, ambas desmontan y dejan a sus yeguas tomar agua, ellas
se sientan junto a un viejo árbol y...
E: Diana ---se escucha miedo en su voz--- hay algo importante que quiero
decirte... hace unos meses yo ---se detiene pues la rubia le ha colocado el índice
en los labios, otra vez---
D: No me interesa con quien salías hace unos meses, ahora estás conmigo ---le
da un suave beso---
Se separan y a unos centímetros...
E: Me encanta estar contigo, pero hay cosas que no sabes de mí y no quiero
lastimarte cuando las sepas.
D: No vas a lastimarme.
E: Eso espero, me dolería mucho que te alejaras de mí por cualquiera de mis
actos ---la rubia de nuevo se acerca a ella y la besa---
D: Deja tus miedos y ámame ---de nuevo sube a ella y la pasión reinicia---
Una vez mas entre caricias y besos tocan su desnudez, como hambrientas de la una por la
otra se hacen el amor, sus húmedos cuerpos ruedan en el pasto entrelazados sin interés
por separarse, una a otra se aprisionan, no solo físicamente sino espiritualmente, se
centran en sus pensamientos y sentimientos, sus miradas y caricias expresan todo lo que
querían decirse, ambas experimentan el máximo placer y finalmente caen en la paz de dos
cuerpos recién amados en plenitud, varios minutos pasan para que se hablen y decidan
que hacer, pues han caído en un sueño de gozo...
E: ¿Cariño?
D: ¿Uhm?
E: Creo que deberíamos volver, debe ser mediodía.
D: Me iré solo si ayudas a vestirme.
E: ¿Quieres que te vista? ---sonriente---
D: Oh si, estoy demasiado cansada para hacerlo.
La trigueña no lo pensó se puso de pie y recogió todas las prendas pertenecientes a la
rubia, las apiló cerca de ésta y comenzó a vestirse, al terminar se acerco a la ojiverde
y halándola suavemente la puso de pie, le colocó la ropa interior causando cosquillas a
su amante, después le pidió que la ayudara con el pantalón, le acomodó la blusa,
lentamente abrochó cada botón y al terminar besó sutilmente a la rubia, ésta sonrío y
solo se colocó los zapatos, ambas tomaron a sus caballos y volvieron a la hacienda, al
llegar se metieron a la caballeriza y acomodaron a cada animal, en eso estaban cuando
una figura en la puerta las interrumpió:
H: Buenas tardes, he estado esperándote por 15 minutos ---voz fría y cortante---
Los ojos de la trigueña se abren como platos sin ocultar su sorpresa...
E: Hola, olvidé que vendrías, he estado algo ocupada ---titubeante---
H: Ya veo ---le lanza una mirada penetrante a la rubia---
D: ¿Sucede algo malo Liz? ---cuestiona a la ojiazul y ésta no sabe que hacer---
E: No, nada... Diana ella es Hiromi, una amiga ---las presenta para pensar que
hacer--- Hiromi ella es Diana, otra amiga.
H y D: Mucho gusto ---se miran de lejos sin darse la mano y dándose únicamente
un cabeceo a manera de saludo---
E: Bueno... ¿Diana podrías dejarme a solas con Hiromi, por favor? Tenemos que
hablar.
La rubia no responde pero acepta, cuando...
H: ¿No quieres que sepa que tendrás que dejarla? ¿Tienes planeado vivir con
ambas? ---el comentario detiene a la rubia que ahora mira fijamente a la trigueña---
D: ¿Liz que significa esto?
E: ¡Hiromi por favor!... Diana escucha...
H: ¿No le dijiste que salías conmigo?, estabas engañándonos a las dos.
D: ¿Liz, es verdad, salías con ambas?
E: ¡No!, no es lo que parece, si salía con ella, pero...
D: ¡Genial! ¿Me usaste para entibiar tu cama?
E: ¡No, nada de eso!
H: ¿Entonces qué, ya no me amas?
E: ¡Si te amo! ---puñal cortante para la rubia, la trigueña recuerda que la
ojiverde también está ahí--- ¡Diablos! Diana, escucha te amo.
D: ¿Me amas? ---la ojiazul asiente--- pero a ella también, tenemos un
problema.
E: Diana, yo, iba a decírtelo pero... ---interrumpida una vez mas por el
índice de la rubia---
D: Liz, olvídalo, no quiero discutir, solo voy a dejarte aquí con tu chica y me
iré, no tiene caso estar aquí, no sabes ni lo que quieres, tanto así que te gusta montar
y no lo haces ---sonríe con un halo de tristeza en los ojos--- disfruta tu
noviazgo y por favor no me busques, bórrame de tus recuerdos porque créeme que yo lo
haré ---la rubia se retira dejándolas a solas---
La trigueña no se mueve, quisiera detenerla pero está demasiado confundida para hacerlo,
solo se sienta sobre una paca de paja y trata de pensar, Hiromi se acerca a ella y se
agacha para hablarle...
H: Se, porque salías con ella, yo también salí con otras personas pero nunca te
olvidé, te amo ---toma el rostro de la trigueña entre sus manos y la besa--- y te
perdono.
La ojiazul no responde está desconectada, al pasar varios minutos vuelve a casa y...
M: Srita. Elizabeth, le niña Diana se fue, dejó un recado para usted en su
habitación, también dejó dicho que no se preocupe por ella que Juan la llevará hasta su
casa.
E: Marga, ¿Por qué no la detuviste?
M: Ella no escucha razones.
E: ¡Diablos!
La ojiazul molesta sube a su habitación y toma la nota, la lee y derrama algunas
lágrimas, detrás de ella Hiromi...
H: Ya olvídala, estará bien.
E: No, tú no entiendes, la amo.
H: ¿Y yo qué?
E: Hace tiempo que dejé de amarte pero no lo sabía, cuando me dejaste creí que
no me recuperaría pues lo hiciste en un etapa difícil para mi, después de la muerte de
mi padre estaba demasiado deprimida para prestarte atención y por eso me dejaste, pero
la verdad es que ya no te amaba, ni tu a mi, solo volviste por costumbre y me alejaste
de Diana...
H: Lo siento querida ---cabizbaja--- creí que podríamos recuperar nuestros
recuerdos.
E: No podemos vivir del pasado.
H: Tienes razón, es mejor que me vaya.
Hiromi sale de la habitación y de la casa, se va sin decir nada mas, Liz intenta hacer
contacto con Diana pero ésta constantemente la rechaza, no responde sus llamadas, no
escucha sus mensajes, no lee sus mails, pasa el tiempo y continúan separadas y sufriendo.
Liz trata de superarla y comienza a practicar equitación de nuevo, ante la admiración de
su madre y hermano tiene un mejor carácter pero su mirada aun es triste, entrena día a
día y trabaja todo lo posible para no pensar tanto en Diana.
6 años después...
Liz se ha inscrito al Ecuestre de fin de año, hará su reaparición como jinete, por ello
tiene que trasladarse hasta el Country Club, famoso hotel que cuenta con las
instalaciones adecuadas para llevar a cabo la competencia, Eliseo e Irene la acompañan,
así como un apuesto hombre llamado Teodoro a quien cariñosamente llama Teddy, Teddy es
hombre atractivo de la edad de Liz, posee unos hermosos ojos aceitunados y es tan alto
como ella, se tratan muy cariñosamente, y le ayuda con los caballos, los 4 han llegado
al Club, se registran y van a sus habitaciones, es un día antes de las competencias,
todos cenan y se van a dormir. Muy temprano por la mañana Liz visita a su compañera, la
lleva al ruedo para peinarla y descubre a alguien muy especial observándola...
E: ¿Qué haces aquí? ---pregunta fríamente a alguien que la observa desde la
cerca---
L:: Vine a verte.
E: ¿Por qué?
L:: Porque algún día quiero ser como tú ---hace sonreír a Liz---
E: ¿Cuantos años tienes?
L:: 6.
E: ¿Te gustan los caballos? ---la chiquilla asiente--- ¿Cómo te llamas?
L:: Lidia.
E: Bonito nombre, ¿Quieres montar a "Hechicera"? ---Lidia asiente--- ven
aquí entonces ---la niña se mete por debajo de la cerca y llega hasta ella---
Ya viéndola de cerca le recuerda a alguien, Lidia tiene unos ojos azules preciosos como
los de ella y un hermoso cabello rubio, así como una pequeña pero linda nariz
respingada, la observa atentamente y le dice:
E: Tienes muy bonitos ojos.
L:: Si, como los tuyos ---Liz vuelve a sonreír la niña tiene encanto propio---
E: Para montarla tendré que cargarte, cuando estés sobre ella háblale y no tengas
miedo.
L:: ¿No sería mejor si montaras conmigo?
E: ¿Eso quieres? ---la niña asiente---
Liz coloca a Lidia sobre "Hechicera" y después sube ella, cabalgan muy despacio a la
vez que platican:
L:: ¿A qué hora iniciará la competencia?
E: A las 9 am.
L:: Te quedan 2 horas y media.
E: Así es, oye, ¿No es temprano para que estés despierta?
L:: Sip, pero le pedí de favor al administrador que me llamara en cuanto te viera
salir.
E: Eres astuta ---ambas sonríen--- ¿Y tus padres?
L:: Mamá en su habitación y papá en la suya.
E: Entiendo, ¿Y solo veniste a verme competir o te traen otros asuntos?
L:: Mamá tuvo que venir por la presentación de su nuevo libro y me trajo porque
supo que estarías aquí y que me encantaría verte.
E: ¿Y tu padre?
L:: El solo vino a molestarla ---su rostro se pone triste---
E: Lo siento, no quería hacerte sentir mal.
L:: Oh no, tu nunca me harás sentir mal... Te quiero ---se voltea para
abrazarla---
E: ¿Me quieres?, pero si acabas de conocerme... aunque también te quiero, eres
una niña linda y además me gustan tus ojos ---ambas se sonríen---, sabes debo
regresar a Hechicera a su lugar, es hora de volver al hotel.
L:: De acuerdo, ¿Desayunarías conmigo?
E: Si, pero ¿Qué dirá tu madre de que desayunes con una extraña?
L:: Nada, estará feliz de encontrarme porque se que me anda buscando desde hace
como media hora, y tu no eres una extraña.
Sonriente Liz lleva a Hechicera al establo y después se dirige a desayunar con su nueva
amiga. Toman una de las mesas del centro y ordenan, en eso estaban cuando una mujer
histérica se acerca a la niña y la abraza a punto de llorar...
D: ¡Lidia!, cariño ¿En dónde estabas? He estado buscándote ---la niña
interrumpe a su madre poniéndole su pequeño índice sobre los labios, acto que sorprende
a Liz---
L:: Lo sé madre, por media hora, no seas grosera y saluda a mi acompañante ---
le dice con una monumental sonrisa chueca en los labios---
La trigueña al ver a la madre de la niña queda estupefacta, pues al instante nota que
se trata de Diana, su viejo amor, ambas se ponen de pie y en silencio se miran, la niña
solo las observa sin entender...
E: Diana...
D: Liz...
L:: Veo que ya se conocen.
Las mujeres guardan silencio sin saber que hacer o decir, la primera en reaccionar es
la ojiazul quien se dirige a la niña y...
E: Lidia, cariño, acabo de recordar que olvidé decirle unas cosas a mi asistente,
así que iré a buscarlo ahora, podremos desayunar en otra ocasión ---sin esperar nada
se retira---
La rubia vuelve en sí aunque aun un poco sorprendida, se sienta a la mesa con su hija y...
L:: ¿Conoces a Elizabeth Montero?
D: Si, fuimos amigas.
L:: ¿Por qué no me lo habías dicho? Sabes que la admiro.
D: No lo consideré importante.
L:: Pero mamá ---interrumpiéndola---
D: Basta ---le dice de manera recia--- si vas a desayunar hazlo, yo debo
hablar con Elizabeth, espérame aquí un momento ¿De acuerdo?
L:: Si ---cabizbaja responde---
D: Espero que así sea, no quiero que te muevas de aquí.
La rubia se dirige hacia el administrador para preguntarle por Elizabeth y éste le
responde que se ha dirigido hacia el establo, Diana camina velozmente varios
pensamientos giran en su cabeza, reencontrarse con Liz la ha dejado en mal estado,
sobre todo por la manera en que lo ha hecho, finalmente llega donde Liz, la encuentra
cepillando a Hechicera, se aproxima a ella y...
D: Quiero hablar contigo.
E: Ya lo haces ---le responde dándole la espalda aun---
D: Elizabeth por favor, no hagas esto mas difícil ---la ojiazul voltea a verla
y en ese instante, al cruzar sus miradas toda molestia entre ellas se borra, se acercan
la una a la otra y...---
E: Luces diferente ---le acaricia el rubio y ahora corto cabello---
D: Tu, sin embargo te ves igual ---se hace hacia atrás para romper el contacto---
E: Te he extrañado ---le dice susurrante a la vez que se acerca mas a ella---
D: ¿En serio? ¿Y qué es de Hiromi? ---sarcástica---
E: Diana, no se que pasó contigo en estos 6 años, pero se que no me has olvidado,
también se que sigues molesta pero puedo explicarte todo ahora si me dejas.
D: No me interesa oír tus explicaciones y lamento informarte que ya te olvidé,
solo vine para pedirte que te alejes de mi hija, no quiero que te le acerques ni que le
hables.
E: Puedes decidir no escucharme, y puedes intentar engañarme diciendo que me has
olvidado, pero no puedes prohibirme ver a Lidia, en todo caso, prohíbeselo a ella.
D: Ella no lo entendería, es una niña.
E: Lo sé, por eso voy a seguirle hablando si ella lo hace, voy a montar con ella
si ella lo pide, porque por un capricho tuyo o por tus temores no voy a lastimar a un
inocente.
D: ¿Es esta tu nueva forma de conquistarme, a través de mi hija?
E: No seas tonta ---sonrisa irónica--- no tengo que conquistarte, eres mía,
siempre lo has sido y lo serás ---la acorrala contra la pared---
D: Que modesta eres.
E: No lo niegues, pudiste haber estado con un hombre, pero se que no te toco
como yo lo hice, se que pensaste en mi al estar con él en la cama, que cada uno de tus
suspiros era por mi y que el tenerme tan cerca aun te hace vibrar ---se le acerca y
le roba un beso---
El contacto es violento pues Diana se niega, pero Liz no da marcha atrás, forcejean
entre ellas, pero la trigueña aprieta mas el beso y estruja a la rubia contra la pared,
la toma de las manos y la obliga a subir los brazos por sobre su cabeza, el contacto no
deja de ser salvaje y la rubia muerde fuertemente el labio inferior de la trigueña y lo
hace sangrar, al instante se separan y Liz se toca el labio.
E: Auch ---a la vez que toca el labio---
D: Te lo mereces ---le dice empujándola y haciéndola a un lado--- ahora
escucha Liz, aléjate de nosotras, por favor, no compliques mi vida, si me amas o me
amaste hazlo ---lágrimas en sus ojos---
E: Bien, si lo pides así ---se da la vuelta y sale del establo---
Acordado todo cada una toma su camino, Diana vuelve donde Lidia y Liz va donde Teddy,
hacen los últimos arreglos, faltan 20 minutos para la competencia, Isabel y Elíseo
están como espectadores en sus respectivos asientos, Teddy acompaña a Liz en el establo,
verifican que todo esté bien, que "Hechicera" esté lista, todo está bien, Teddy y Liz
salen y se ponen a platicar cerca de otros competidores esperando la hora exacta,
mientras tanto Lidia en su habitación discute con su madre:
L:: Mamá por favor, deja que vaya a verla, no se por qué te enojaste con ella o
conmigo pero tienes que dejarme ir.
D: Basta Lidia, no irás.
La niña se avienta sobre la cama a llorar y en un descuido de su madre emprende la
huida, para cuando Diana se da cuenta es tarde y sale detrás de ella, la niña corre sin
detenerse y a unos pasos del ruedo divisa a Liz platicando con Teddy corre hacia ellos,
Diana detrás de ella, de repente se escucha un fuerte ruido son varios caballos que se
han soltado y corren desaforados hacia la niña, ésta en su desesperación grita a la
ojiazul. La trigueña levanta la mirada y ve el atroz escenario corre rápidamente hacia
la niña, la toma entre sus brazos, se avienta al suelo y rueda con la niña sobre ella,
al caer al piso golpea su hombro izquierdo y se queja pero no le importa pues ha salvado
a la niña, los caballos son atrapados por varios caballerangos entre ellos Teddy, Diana
sigue corriendo y llega hasta ellas, levanta a la niña y ve que no tenga heridas,
después se enfoca en Liz quien se queja en el pasto...
D: ¿Estas bien cariño? ---la niña asiente y ahora la rubia se centra en Liz---
¿Cómo estás tu?
E: He estado mejor ---responde e intenta ponerse de pie pero el dolor se lo
impide---
Teddy se acerca a ellas y ayuda a Liz a levantarse, ésta se queja y Teddy toma una
decisión...
T:: Te llevaré con el médico del hotel y después vendré a darte de baja en la
competencia.
E: ¡¿Estás loco?! Yo no voy a darme de baja, le diré al matasanos que me arregle
el hombro y saldré a ganar esta competencia.
T:: Pero...
E: Nada, ya dije lo que haré.
Todos guardan silencio y Teddy ayuda a Liz a caminar, se dirigen con el doctor, Diana y
Lidia van detrás de ellos, al llegar rápidamente el médico los atiende, Liz entra en su
cubículo y el doctor habla seriamente con ella mientras Teddy, Diana y Lidia esperan
afuera...
Doc:: Escucha Liz, el golpe no fue tan grave pero no podrás participar, tendré
que vendarte el brazo y ponerte éste aparato ---le muestra un cabestrillo--- para
que no muevas el brazo, no lo enyesaré pero tendrás que mantenerlo en reposo por 2
semanas.
E: Mira doctor, yo solo vine para que me des un calmante que me quite el dolor,
de todos modos con cabestrillo o no voy a participar.
Doc:: Liz, si no curo tu hombro ahora puede empeorar, sobre todo por el
movimiento del caballo, pero admiro y respeto tu posición así que haré un trato contigo,
deja que te coloque el cabestrillo, te daré el calmante y después tu harás lo que
quieras.
E: De acuerdo.
El doctor rápidamente atiende el hombro de Liz, para eso le ha pedido quitarse la blusa,
ya ha terminado y la deja a solas para vestirse, olvidándosele que con un solo brazo la
trigueña no podrá ponerse la blusa, ni mucho menos abrochársela, al salir el Doctor
encuentra a Diana y a Teddy, y la ojiverde le pide permiso para entrar a hablar con Liz,
al entrar a la habitación encuentra a una desesperada trigueña intentando ponerse la
blusa...
D: ¿Cómo te sientes?
E: Fatal ---forcejea para intentar meterse una manga hecho que hace sonreír a
la rubia---
D: Déjame ayudarte ---se acerca y ayuda ponerse solo una manga---
E: Gracias ---le dice muy bajo a la vez que disfruta del perfume de la rubia---
D: Tendré que quitarte el cabestrillo para que puedas meter el otro brazo,
después te ayudaré a ponerte el cabestrillo de nuevo ---la ojiazul asiente, no puede
evitar sentirse acalorada por tener tan cerca a la rubia---
Con sumo cuidado la ayuda a meter el brazo herido en la otra manga y finalmente le ayuda
a meter la cabeza en el cuello, se acerca mas ella y le dobla el cuello de la camisa,
pues se trata de una blusa cuello de tortuga, en el intento de doblar el cuello de la
blusa su dedo roza el cuello de la ojiazul obligándola a suspirar fuertemente y a
enrojecer a la rubia, ante el hecho se miran fijamente e instintivamente se acercan la
una a la otra, se unen en un cálido beso, se separan vuelven a mirarse y una vez mas se
besan, sin decir nada continúan, la rubia mete las manos debajo de la blusa de la
trigueña y toma sus senos, la trigueña libera un fuerte pero placentero gemido, intenta
quitarse la blusa pero recuerda su hombro herido al sentir un fuerte dolor y quejarse,
vuelven a la realidad, Diana la mira a los ojos y...
D: Tendrá que ser en otro momento, creo que tienes una competencia pendiente ---
ambas se sonríen---
E: ¿Entonces me amas?
D: Nunca he dejado de hacerlo ---un pequeño beso---
Sin mas la rubia ayuda a Liz a terminar de vestirse, le coloca la chaqueta bioélastica
azul y el cabestrillo, es toda una jinete, de hecho una muy guapa, al salir le guiña un
ojo a Lidia y le promete dedicarle el triunfo, todos excepto el doctor van al ruedo, a
tiempo pues anuncian la aparición de Liz, rápidamente Teddy la ayuda a subir a
"Hechicera", con solo su mano derecha toma ambas riendas y le habla al oído al animal,
sale rápidamente, sin miedos, al instante todas las miradas se centran en ella, salta
todos los obstáculos y trata de no perder el ritmo, todos se muestran sorprendidos,
hasta con un solo brazo demuestra control sobre el animal y su equilibrio es grandioso,
la fuerza da cada salto y la precisión al caer maravilla a los jueces y al público, es
una jinete única, es salvaje, es bella, es fuerte, ha terminado la rutina, los jueces
anuncian que no ha cometido ni una falta y que lo ha hecho en un tiempo imposible de
superar, asegurando de éste modo el primer lugar.
El día transcurre prueba tras prueba, han llegado al final de la contienda y en efecto
ha sido Liz la ganadora, todos la saludan y felicitan aunque ella busca una sola mirada,
Diana y Lidia la observan de lejos, es ella quien se les acerca, muestra ampliamente su
típica sonrisa chueca y Lidia le responde de la misma manera, ¡Diablos!, esa niña si
que tiene mucho parecido con ella, la niña en cuanto puede la abraza y Diana solo se le
acerca a besarle la mejilla, se miran sin decir nada y se abrazan, piden a Lidia ir con
Teddy para poder hablar a solas...
E: ¿Volverás conmigo? ---mirada angustiada---
D: No, no lo haré, porque realmente nunca me fui de tu lado, soy tuya ¿Recuerdas?
---le muestra la ajorca en su tobillo---
E: ¿Nunca te la quitaste? ---la rubia niega con la cabeza---
D: No pude.
Se acercan y se besan mezclando miel y fuego en un solo contacto...
E: Te amo.
D: Te amo ---dicen al unísono---
E: ¿Qué haremos con Lidia?
D: Le explicaremos de una manera adecuada lo sucedido, de todo modos no creo que
le moleste vivir contigo y tantos caballos, te adora.
E: He podido notarlo, aunque yo también la adoro y he visto en sus ojos el mismo
brillo que en los míos cuando monta y aparte tiene una sonrisa... ---interrumpida---
D: Como la tuya ---completa la frase de la ojiazul---
E: ¿A qué se debe que nos parezcamos tanto? ---pregunta extrañada---
D: A que cada vez que Fernando me tocaba pensaba en ti, en cada beso te besaba a
ti y en cada roce te sentía a ti ---beso---
E: Bien, mañana por la mañana partiremos a casa, será mejor que hablemos con ella...
ahora que recuerdo quería preguntarte ¿Por qué la llamaste Lidia?
D: Bueno Li de Liz y Dia de Diana, Lidia, original ¿No? ---ambas ríen y
continúan caminando---
Ambas se retiran tomadas la mano, después de tantos años se han reencontrado y juntas
con un eslabón que las une aun mas iniciaran una nueva vida.
FIN