Campo militar Las Nevadas
Un grupo de reclutas se sentaron con su respectiva comida, y conversaban con el fin de
conocerse más, ya que podía ser que pasaran bastante tiempo juntos.
- ¿Bueno vosotros creéis que las pruebas son tan duras como dicen?
- Yo creo que si, mi padre vino aquí mi hermano también, ellos pasaron la prueba y me
dijeron que tenía que dar el máximo de mi capacidad para pasar y que no me confíe. -
Contestó, otro recluta. Todos fueron contestando prácticamente lo mismo.
- A mí la que no me acaba de caer bien es esa tipa, ¿qué no sé lo que se cree?
- Marcos ella tiene buen rango, mi hermano cuando estuvo aquí, hizo las pruebas con
ella, me ha dicho que fue impresionante verla, que parecía como si no le costara nada,
yo iré con cuidado.
- Pedro tú eres un cagon, seguro que lo de esa tía es mucho enchufe, cualquiera de
nosotros lo puede hacer mejor, a mí esa tía no me da miedo, así que no me busque.
- No soy cagon, soy precavido que es distinto.
- ¿Que más té a dicho tu hermano de ella?. - Esta vez pregunto Silvia que era la única
que no había hablado todavía.
- Hey Silvia, has vuelto a hablar, creíamos que la capitana te había echado un conjuro
o algo así. - Algunos le rieron la gracia.
- Mira Marco a ver si té queda clarito para que no te lo tenga que volver a decir, no
hablo en conversaciones que carecen de sentido, y que habla el típico machito creído,
que ciertamente no vale nada. - Ahora todos rieron. - Bueno pedro ¿dime que más té ha
contado tu hermano?
- Pues me ha contado que es muy silenciosa y que poco habla, siempre va sola, y me ha
dicho que ella tiene el poder de mirarte y derribarte, pero eso no lo sabemos aún,
porque no la hemos visto sin sus gafas de sol.
- Bueno ya es tarde, yo ya me voy a la cama, mañana ya empiezan y hay que madrugar
bastante.
- Yo me voy contigo Jorge.- Con esto muchos se levantaron y se fueron a costar.
La noche pasó enseguida, en la gran habitación se podía escuchar varios sonidos,
ronquidos graves, ronquidos flojos, y ruidos que no se podía descubrir de donde
procedían ni quien lo hacía.
En eso sonó una fuerte y aguda alarma, los chavales despertaron asustados y recordaron
que tenían poco más de quince minutos para estar listos, se vistieron de inmediato,
sonó la segunda alarma y todos se depusieron a salir casi corriendo. Afuera había
muchos escuadrones ya plantados, con sus respectivos capitanes.
- Lamentable, me parece lamentable, de tantos grupos que ahí y me tienen que tocar los
impuntuales siempre. - La Capitana Xelena caminaba resignada, y rompió otra vez el
silencio. - bueno al menos espero que estéis todos con vuestros uniformes perfectamente
colocados, con lo que habéis tardado tendría que ser así. - La capitana echó miradas a
cada uno de los reclutas y asintió de aprobación.
- Ahora para empezar y entrar en calor, dar veinte vueltas al recinto. Todos
obedecieron con mala gana. Los diferentes escuadrones hacían flexiones de calentamiento
o corrían por diferentes zonas.
- Venga chicos con más ganas, parecéis carcas, hasta un niño correría más. Cuando las
veinte vueltas estuvieron echas la Capitana dio la segunda orden del día.
- Cinco minutos de descanso, y hacer flexiones hasta cuando yo diga, y espero que deis
más de sí o las pruebas os comen. Se pusieron hacer flexiones, no llevaban la cuenta,
la capitana alzo la mano para que pararan.
- Bien reclutas, en fila, ahora es cuando empiezan las verdaderas pruebas, ahí tenéis
agua, en lo largo del día tendréis agua en diferentes sectarias.
Continuará...