- ¿Qué quieres tío?. La morena se giró se quitó la gorra que hasta ahora le tapaba
toda su cabellera morena, y se quitó las gafas de sol dejando ver un cielo en cada ojo.
- ¿Qué tal los nuevos chavales? Ves alguno que valga, tu siempre has tenido buen ojo
clínico.
- Están bien, algunos chulitos y graciosos, pero a otros si que les veo interesados,
tengo ojos clínicos para eso, para otras cosas no. - Eso último bajo una octava, pero no
lo suficiente para que su tío lo escuchara. Pablo Guerra marchó por donde había venido
sin saber que contestar a su sobrina.
No a mucha distancia de allí se encontraba una familia que decidió en dar un giro a su
vida.
- Hija aunque sé que no deseas hablar del tema, tenemos que hacerlo para poder
solucionar esto -. Devora estaba en el salón sentada con una humeante taza de café en
la mano, a la espera de que su hija soltara las preguntas y dudas que no habían sido
contestadas.
- No, no tengo ganas de hablar sobre el tema pero sé que para dejar esto atrás tiene
que quedar todo zanjado, pero la verdad es que no se como comenzar -. Terminó de decir
Ailén sentándose en la silla de enfrente. Mientras tanto Julio daba vueltas por el salón
con la espera de que todo se aclarase y que volvieran a ser una familia unida.
- Pregunta todo lo que quieras, estoy dispuesta a contestar todas tus dudas y esto
también va por ti Julio por si tienes más cosas que preguntar o cosas que no te han
quedado claras -. Julio asintió pero no contestó sabía que era turno de su hermana.
- ¿Por qué? ¿Qué paso? -. "tengo tantas cosas que preguntarte que no sé ni por
dónde empezar".
- Sé que es difícil de entender, pero sé que lo que tu sabes no es solo lo que paso,
lo que te quiero comenzar a decir es que si yo he sobrevivido tanto tiempo ahí dentro ha
sido por que os tenía a vosotros dos fuera y eso era lo que me daban fuerzas para
continuar. Alberto no era como él fingía ser, me decía cosas crueles, ya sé que no es
un motivo suficiente para intentar matarlo, y sé que te estarás preguntando el por qué
no lo dejé en aquel momento entonces, pero no es tan fácil hacer eso y menos yo hija,
se que eres lista y tienes que comprenderlo, tenía que cuidar de ti y de tu hermano y
él me ayudaba bastante, ya se que estaba mi madre pero ella suficiente hizo, creí poder
aguantar.
Hubo un breve silencio antes de que Devora prosiguiera, perecía estar viviendo aquel
día en este mismo momento.
- Madre, si no puedes seguir no sigas -."Madre debería habérselo dicho a la abuela
nos abría ayudado y abríamos salido de esta, ¿ por que no dijiste nada?".
- No, tengo que seguir contándolo, os lo merecéis saber todo, aquel día aún es muy
confuso para mi, se que estabais en el colegio, y el vino a casa un poco molesto, yo no
pude aguantar más sus gritos y tuvimos un enfrentamiento, no sé del todo como ocurrió,
pero de inmediato vi a Alberto en el suelo sangrando, pensé que estaba muerto, me asusté
y marché.
Julio se volvió a sorprender, el sabía los motivos no como paso lo acontecido. Ailén
por su parte no daba crédito, había pensado mil maneras de cómo habría ocurrido, pero
nunca se imaginó que hubiera pasado esto. No les dio tiempo a decir nada, porque Devora
continuó hablando.
- Estuve caminado por las calles, recuerdo que miré el reloj y vi que estabais a punto
de salir de clase, así que os fui a buscar, os llevé a casa de la abuela. Lo único que
pensé en ese momento era en que teníamos que irnos por eso os pregunté que si queríais
ir de excursión y acampar conmigo, ¿lo recordáis? Como no, vosotros dijisteis que si,
con tal de faltar al colegio, no tuvimos tiempo la policía llegó antes. Y sabéis por
una parte estoy contenta por que me encontraran, pagué lo que hice, nunca hubiera podido
ser la misma y ser feliz si hubiera huído y sé que vosotros tampoco.
La casa se quedó con un largo y incomodo silencio, nadie sabía que decir para romperlo.
- Vaya hay cosas de lo acontecido en el pueblo, pero como sé venia de esperar ocurrió
diferente, solo tengo otra duda más -. Dijo Ailén.
- No todo lo que se rumorea es cierto, suele ser al contrario, pero dime hija ¿qué
duda tienes?
- Cuando te ingresaron en la cárcel, y habían pasado unos cuantos meses, vi a Alberto
por la glorieta, tenía unas cuantas señas, pero se le veía bien, así que no le tuviste
que dar tan fuerte, ¿y entonces por qué pasaste tanto tiempo metida en prisión?. - Acabó
diciendo Ailén, al ver que su madre no la contestaba, miró a su madre, y vió que estaba
sorprendida.
- ¿Qué? ¿Esta vivo?, Dios no lo sabía, yo he creído todos estos años, que lo había
matado -. Miró a Julio - ¿Por qué no me lo dijiste?
- Pensé que lo sabías madre. - Dijo Julio serio.
- Bueno vayamos a dormir, es ya muy tarde, mañana ya seguiremos si queréis. - Se
acostaron todos sintiendo por una vez un poco de paz, pero también de curiosidad.
Continuará...