"A esta hora debe de estar saliendo mi madre, esto es tan confuso, algo dentro de mí
me dice que le odie, que ella tiene la culpa de todo lo que me a pasado, pero en el
fondo por mucho que quiera odiarla no puedo y sé que Julio sabe eso, pero yo no soy
como él, ir darle dos besos y como si no hubiera pasado nada, ella me hizo daño y no me
apetece verla por el momento".
Ailén no dejaba de pensar en lo sucedido, estaba en la cama resumiendo toda su vida en
solo un pensamiento. Para ella esto se complicaba más, vería a su madre y no porque ella
fuera a verla si no por que ella vendría aquí y sé tenia que afrontar a algo de lo que
aún creía no estar preparada. Mientras no muy lejos de aquí Julio y Devora estaban
llegando a la casa donde residía Julio desde toda su vida.
- Esta tal y como la recuerdo, al menos de caras para fuera, me da mucha alegría
volver aquí ¿dime esta tu hermana dentro?. Sacó un amago de sonrisa quería ver a su
hija y guardaba la esperanza de que siguiera viviendo aquí.
- Madre Ailén no vive aquí, vive en casa de la abuela, lo siento, pero si quieres
podemos ir a casa de la abuela y visitarla un ratito, ya sabes que la casa de la abuela
esta a una manzana caminando y en el coche a 2 minutos aproximadamente.
- Hijo sí quisiera ir a verla, aunque ella no me quiera ver a mí, necesito ver cómo
esta.
- Sube al coche madre, creo que la encontraremos a esta hora, ya es casi la hora de
comer.
Como dijo Julio llegaron enseguida, Devora bajó ilusionada por fin vería a su hija,
pudo comprobar que la casa se había pintado y arreglado un par de defectos. Julio le
seguía de cerca, recordó que la cerradura no iba del todo bien así que sacó el alfiler
y la abrió. Devora la miró con intriga intentando con solo su vista descubrir cosas.
- Va un poco mal la cerradura, hay que llamar para que lo arreglen, se estropeó ayer y
Ailén es muy despistada, es un truquillo que aprendí -. Entraron dentro y Julio se
dispuso a llamar a su hermana a gritos pero no recibían contestación, Devora imaginó
que no quería contestar o bajar por que sabía que estaría ella y eso la hizo deprimirse
más, Julio había subido a la habitación y pudo averiguar que su hermana pequeña no
estaba, cosa que le resulto bien extraño.
- No esta arriba madre, es raro tendría que estar aquí a esta hora, le habrá surgido
algo.
- ¿Me puedes llevar al cementerio hijo? Creo que tu hermana esta allí y me necesita.
Julio no le hizo falta contestar salieron y volvieron a introducirse en el vehículo,
destino al cementerio.
Ailén en estos momentos se encontraba frente la tumba de su abuela, era su visita de
cada día.
- Abuela te hecho tanto de menos, no sé cómo seguir, tu me dabas ideas y opiniones y
las echo en falta, madre ha salido hoy de la cárcel, y no sé como comportarme me siento
perdida mis sentimientos me están defraudando, se que si estuvieras aquí me ayudarías y
me pondrías mis ideas claras, y no sentiría este torbellino de confusión. Julio es tan
diferente a mí, pero estoy comenzando a entenderlo, pero sé que el no me entiende a mí.
Con lo cual no llegamos a nada, recuerdo cuando nos reñías por pelearnos y por ser
cabezones ja nos decías que no entrábamos a razones y como casi siempre tenias razón,
dame una señal de que hacer, me encuentro sola y incomprendida. Ailén lloró como hacía
tiempo que no lloraba.
Llega el coche rojo y la madre salió corriendo al ver una cabellera rubia arrodillada
en el suelo llorando y rogando.
- ¡QUE PUEDO HACER EH!. Ailén miró al cielo esperando una respuesta, recibió una que
no esperaba.
- Podrías empezar por perdonarme y no odiarme y darme una segunda oportunidad, habla
conmigo de todo lo sucedido -. Devora se abalanzó hacia Ailén y la abrazó.
- ¿Madre, cómo sabías que estaba aquí? Y no te odio son otras cosas.
Continuará...