Ya había pasado 3 meses del fallecimiento de mi abuela y aún sentía aquel vacío en el
corazón, era la única que me había querido de verdad y la que siempre se preocupó por
mí, siempre tenía una gran sonrisa para mí, me dio el amor y la calidez que no tuve de
mis padres.
Ella fue la que siempre se ocupo desde que mí madre entró en la cárcel, yo tan solo
tenía 11 años no entendí él por que un día vinieron a mi casa muchos policías
revolviendo la casa y llevándose a mi madre.
Mí abuela nunca me contó nada, su frase favorita era "Pequeña un día lo sabrás y
entenderás que no son cosas para contar a una niñita de tu edad". Y cuanta razón
tenia, la verdad que si mi abuela me hubiera dicho que mi madre estaba en la cárcel por
intento de asesinato premeditado y tráfico de drogas mi vida hubiera sido más
desastrosa de lo que ya era, los niños de la escuela eran muy crueles siempre riéndose
de mi y diciéndome que yo era igual de delincuente que ella, desde los 11 años he tenido
que demostrar que no era si y que era mejor que ella y eso resulto fácil gracias a mi
abuela pero ahora ella se había ido y ya no va a volver, ahora ya todo me sube cuesta
arriba y mí hermano mi único hermano no me es de muy ayuda, ya que se ha convertido en
ladrón y con cuatro chicos de mi pueblo van entrando de en casa en casa.
Mi padre nos abandona cuando nací yo, tampoco sé el motivo mi abuela era muy buena y
nunca hablaba mal de nadie por lo menos delante de mí. Abuela te recordaré eternamente
por ti soy como soy te debo todo.
Jueves 2:30 del medio día
- Uf llego tarde, ahora tendré que comer con prisas, maldita puerta por qué no te
abres. Una joven rubia peleaba con el pómulo de la puerta. - Mierda ya lo que me
faltaba he dañado la llave.
- ¿He Ailén que problema tienes?. Ailén reconoció esa voz de inmediato y eso le
presagió nada bueno.
- ¿El que faltaba, que quieres tú ahora?. Estaba furiosa con él, él le había hecho la
vida más difícil y siempre la venía a ver para meterla en problemas.
- Vaya una manera de saludar a tu hermano, si es que estas perdiendo los modales
pequeña. El joven sonreía.
- Mira quien fue hablar, escucha Julio ahora no tengo tiempo, lo entiendes tengo que
comer e ir corriendo a una cita.
- Bueno, bueno, déjame ayudarte si tienes tanta prisa. El joven como si de un trabajo
se tratase su semblante se volvió serio y saco un pequeño cable un tanto doblado lo
introducía en la cerradura y al cabo de un segundo se oyó un clip y la puerta abrió el
joven giró la cabeza mira a su hermana y sonrío ante su triunfo.
- Adelante patosa. El joven se echa a un lado dejando pasar Ailén que no dudo en pasar
corriendo dirección al refrigerador.
- ¡De nada eh! Hermana. Julio entró y siguió el largo pasillo hacia la cocina, allí
pudo comprobar a su hermana pequeña sacar un poco de queso y pan y sentarse la mesa.
- No si encima te tengo que dar las gracias por entrar en mi casa, mira Julio dime a
lo que has venido y lárgate.
- Te recuerdo Ailén que a la casa has entrado gracias a mí, las mujeres no ahí quienes
las entienda y menos a las hermanas desagradecidas.
- Cuando acabe de comer tengo que salir corriendo, así que empieza a largar Julio.
Ailén puso cara de fastidio intentando averiguar en que problema sé había metido.
- Bueno veras hermanita, esta vez no vengo a que me ayudes, vengo a contarte que he
recibido una carta de la cárcel Santiago habla de mamá. Yo no he recibido ninguna carta
creo, oh espera. Ailén se levantó y cogió 3 cartas sin abrir en una de ellas ponía
certificado cárcel. Santiago.
- Si la he recibido es de ayer, es que no he tenido mucho tiempo. Ailén la abrió y
empezó a leerla con el ceño fruncido.
Continuará...