CAPÍTULO 1
LUISA
Luisa miraba distraídamente la televisión, miraba uno a otro los videos musicales
esperando sin mucho ánimo a que transmitieran el suyo, en sus manos se encontraban sus
mejores amigos, una buena botella de Escocés y una bolsita de plástico con algunos
gramos de cocaína, con ellos en mano sabía que no necesitaba de nada más. Por fin su
video salió al aire; colocó sobre la mesa la botella y se dejó caer sobre una silla
mientras observaba su nuevo video, le parecía increíble el verse sonreír de esa manera
tan desenfadada, los movimientos coreográficos eran excelentes sin duda, los hombres
guapos y las mujeres bonitas, pero ninguna tan bella como ella, su agente Isaac Sanperz
siempre se encargaba de ello, pues era ya todo un zorro en su oficio y le encantaba
crear en Luisa un halo de ambigüedad sexual con el que sabía que siempre tendría a la
gente al pendiente no solo de su carrera artística sino también de su vida personal; él
mismo se consideraba todo un genio, sin embargo para Luisa no era otra cosa más que un
parásito alimentándose de su juventud y de su dinero, tal vez por ello desde hacia un
par de años había comenzado a beber y a drogarse, en cierta forma deseaba dejar de serle
útil al hombre que la tenía trabajando día con día desde el amanecer hasta ya entrada
la noche; estaba fastidiada y cansada de sus sesiones de fotografía, de las constantes
entrevistas, de tener que ir de aquí para allá promocionando sus discos, de las miradas
de las chicas y de los chicos que parecían ver en ella a un ídolo santo y que siempre
en la firma de discos la atosigaban con las frases de siempre, "¡Hey!, ¡Que buena onda,
como quisiera ser como tu!", "¡Sin duda eres la chava más afortunada del mundo!",
"¡Cómo me gustaría que fueras mi novia!", "¡Ha de ser padrísimo ser artista!", "¡no
sabes como te admiro!", "¡tengo mi recámara llena de posters y fotos tuyas!", "¡soy tu
fan número 1!"; estaba harta de tener que sonreírles y de agradecer sus "nobles"
comentarios; se sentía hastiada de sus cinco años de fama; los primeros tres años le
habían parecido lo máximo, las luces, los escenarios, la aclamación del público, los
aplausos; el hecho de ser joven la había animado a tantas cosas, recordaba con nostalgia
sus 16 años, todo había comenzado a los 16 años, tal vez fue suerte el hecho de que ese
día ella y sus demás amigos y amigas estuvieran jugando a la botella y que un amigo suyo
que alguna vez la escuchó cantar le pidiera que en castigo les cantara lo que ella
quisiera pero que cantara, y fue a la mitad de su canción que Isaac Sanperz la descubrió
y vio en ella un potencial magnifico; ¿Qué hacia allí, ese agente?, la respuesta era
sencilla, Esmeralda su antigua representada ya había dado todo de sí y su fama perdía
terreno, esta época era de sangre y gente joven y él siempre se distinguía por
representar artistas jóvenes, ¡qué fácil se dejó convencer Luisa! y aún más fácil fue
para sus padres el aceptar al decirles Isaac el dinero que la joven seguramente ganaría;
recordar su fama y sus melancólicos 16 años motivó que Luisa abriera la bolsita y sobre
la mesa trazara con sumo cuidado un par de líneas de cocaína que inhaló con ansia,
necesitaba fugarse lo más pronto posible de la realidad, levantó la vista justo en el
momento en que su video terminaba, allí estaba ella, con la playa y el mar de fondo,
erguida en todo lo alto, su blonda cabellera al aire, mostrándose con una sonrisa y
actitud orgullosa, vestida con un pequeño bikini negro y a sus pies un hombre y una
mujer jovenes ambos abrazados a sus piernas mirándola como si fuera una Diosa y le
suplicaran que se dignara a mirarles con sus preciosos ojos verdes y ella con la mirada
fija hacia enfrente solo poso sus manos sobre sus cabezas; al video le siguió otro y
Luisa sonrió mientras echaba hacia atrás la cabeza.
- Otro éxito - tomó la botella, bebiendo un gran trago - ¡otro jodido éxito! no hay
duda, - se levantó de la silla, con paso vacilante se dirigió a la cama y se tiró boca
abajo.
¿Cuánto tiempo hacia que no dormía todo un día completo? Ni siquiera lo recordaba,
siempre andaba de prisa, si no era una conferencia de prensa, era una sesión fotográfica
o bien firma de discos, o la creación de un nuevo video clip, pero ahora deseaba dormir,
deseaba escaparse al mundo de los sueños, entregarse a Morfeo por completo, la cocaína
había surtido su efecto relajador, ¡ah!, dulce polvo blanco como la nieve, siempre
podría contar con él, eso era lo único que le agradecía al parásito de Isaac, si no
fuera por él nunca habría inhalado ese relajante que a la vez le servía de fuerza para
seguir adelante cuando se hallaba a punto de fallecer de cansancio, mientras se hundía
en los brazos del Dios del sueño, recordaba vagamente su primera inhalación, después de
una gira extenuante, se sentía tan cansada para su último concierto que le suplicó a
Isaac cancelarlo, y fue ahí que él le dio el polvo blanco, le enseñó como inhalarlo y
le aseguró que con ello tendría animo y fuerza para incluso ofrecer un concierto más;
la línea estaba frente a ella solo tenía que inhalarla, sin embargo dudó, él la animó,
le persuadió, le dijo que ese concierto sería diferente, le aseguró que sus cinco
sentidos llegarían a palpar la música; ¿Qué fue?, ¿Curiosidad?, ¿asombro de que algo
tan simple como ese polvo blanco pudiera provocar ese efecto?, lo que haya sido
funcionó, lo inhaló y de ahí en adelante lo siguió utilizando.
- No lo hubiera hecho - fueron sus últimas palabras antes de sumergirse en el profundo
sueño.
El reloj marcaba las doce y media de la tarde cuando Isaac entró a la habitación de
Luisa, lo primero que vió fue la botella medio vacía de escocés y los residuos de polvo
blanco sobre la mesa, el cuarto se veía ligeramente desordenado, tomó el teléfono y
pidió que le mandaran a alguien para que aseara la habitación. Caminó por la habitación
meneando la cabeza negativamente, mirando de vez en cuando a Luisa quien se encontraba
seguramente muy lejos entre sueños, al pasar cerca del baño advirtió un olor peculiar,
se asomó y de inmediato en su rostro se dibujó una mueca de asco.
- ¡Pinches artistas puercos! - dijo mientras se cubría la boca y la nariz con la mano,
todos terminan haciendo lo mismo.
Llamaron a la puerta y de inmediato salió del baño, de tres zancadas llegó a la puerta
al abrirla una mujer joven se dio paso hacia dentro de la habitación sin siquiera pedir
permiso, Isaac le miró indiferente.
- Limpie primero el baño - le indicó.
La joven mujer hizo como Isaac le ordenó; él por su parte miró su fino reloj, quince
minutos más y sería la una de la tarde, debía despertar a Luisa a como diera lugar,
pues en unas cantas horas tendrían que ir a un centro comercial al sur de la ciudad
para la firma de discos, ya se había anunciado por radio y televisión y se esperaba una
gran cantidad de gente y por supuesto lo que más le importaba a él, "las ventas", se
acercó a la cama y le palmeó la mejilla un par de veces ella manoteo sin mucha fuerza
resistiéndose a despertar.
- Con un carajo, despiértate, tienes trabajo por hacer - siguió palmeando la mejilla de
Luisa pero esta vez un poco más fuerte.
- ¿Qué quieres? - dijo molesta Luisa - deja de estar chingando güey.
- ¡Con una chingada! te digo que te levantes, tienes que arreglarte.
- ¡No quiero! - le interrumpió mirándolo con los ojos enrojecidos - ¡pinche negrero!
¡déjame dormir cabrón! - le dio la espalda y se acomodó en posición fetal.
- ¡Pinche vieja! - gritó enfurecido Isaac - ¡qué te crees cabrona?, te quiero lista en
dos horas, ¡me oíste? o si no ya verás - dijo esto último en tono amenazador.
Cómo si hubiera recibido una descarga eléctrica, Luisa se levantó de un solo salto
sobre la cama de forma retadora.
- ¡Qué voy a ver pendejo?, ¿eh?, ¡Qué?, ¡Me vas a golpear, como la otra vez? - lo
miraba con furia.
- No me hagas enojar Luisa, ya me conoces, mejor haz lo que te digo,tranquilízate y en
una hora te envió a Paco y a Ximena para que te maquillen y vistan.
- ¡Qué no quiero! - le espetó a la cara - ¡déjame dormir!, ¡qué no ves que estoy cansada?.
Isaac la sujetó del brazo y la lanzó fuera e la cama cayendo Luisa de bruces sobre la
gruesa alfombra.
- ¡Ya te lo dije! - le miró con fastidio y molestia - te doy una hora para que te
tranquilices y después te envió Ximena y a Paco.
Luisa le miró con coraje tratando de contener las lágrimas que anegaban sus ojos, no
quería darle el gusto de verla llorar; Isaac le miró con fastidio, le dio la espalda y
se encaminó hacia la puerta no sin antes repetirle una vez más su advertencia. Al
escuchar el portazo Luisa dejó escapar el llanto, la frustración, el coraje y la rabia,
sentía la palpitación de su corazón y un dolor de cabeza no muy bien definido. La
gruesa alfombra silenciaba los pasos de la joven mucama que poco a poco se acercaba a
la estrella caída, no muy segura de si misma la joven mucama acarició suavemente la
blonda cabellera de Luisa, esta se volvió rápidamente al sentir la caricia y sus pupilas
se clavaron sobre los cálidos ojos de la joven mucama que le miraba de manera tierna y
dulce; Luisa no recordaba la última vez que alguien le miró de esa manera, sería acaso
por eso que se lanzó a los brazos de la joven mucama, quien en todo el rato en que Luisa
lloró entre sus brazos se dedicó a mimarle como si fuera una niña pequeña.
Continuará...