Capítulo 8
Tiempo (1a parte)
Era de madrugada, el fuego de la hoguera se había apagado hacia ya muchas horas, Xena y
Gabrielle yacían dentro de una manta abrazadas la una en la otra, el sueño de Xena
parecía tranquilo sin embargo el de Gabrielle no era así, bajo sus párpados sus ojos se
movían rápidamente y su respiración estaba ligeramente agitada, al poco rato las lágrimas
descendieron sobre sus mejillas y ella se levantó de súbito gritando el nombre de su
amada.
- ¡Xena! ¡no!, ¡no me dejes!... ¡¡no mueras!! - los ojos de Gabrielle se abrieron
enormemente mientras volteaba en todas direcciones, los brazos de Xena la envolvieron
en un cálido abrazo.
- Tranquila Gabrielle, tranquila todo ha sido una pesadilla.
- ¡Oh! Xena - Gabrielle le sujetó del rostro mirándola con detenimiento - aún lloraba -
por favor dime que esto es cierto, que estas devuelta, que estas viva - suplicaba con
voz trémula su joven amante.
- Sí, Gabrielle estoy viva y es gracias a ti - la acurrucó entre sus brazos meciéndola
suavemente - aquí estoy Gabrielle, escucha el latir de mi corazón, siente el calor de mi
cuerpo.
Gabrielle cerró los ojos e inhaló profundamente, el aroma dulce de la guerrera y su
calor fueron tranquilizando a Gabrielle, el latido del corazón de Xena era tranquilo,
sereno, rítmico, la joven rememoró el sueño.
- ¿Sabes? - dijo ya más serena - soñé que corría en tu busca otra vez en aquel bosque en
el que te enfrentaste tu sola a todo ese ejército, casi podía escuchar tus gritos y el
sonido de las flechas atravesando el aire, pero por más que intentaba llegar a ti,
simplemente no podía - se abrazo más a su guerrera - no podía, y después me vi otra vez
de frente a tu cuerpo que aún colgaba yo... - las lágrimas regresaron a sus ojos - ¡oh!
Xena fue... tan duro.
- Sssshhhh, Gabrielle no llores, todo aquello quedó en el pasado, muy atrás, hoy tenemos
una nueva oportunidad y hay que saber aprovecharla - Xena acarició el rubio cabello de
la joven bardo.
- Xena...
- Mmmhh.
- Márcame.
- ¿Cómo? - tomándola de la barbilla con suavidad Xena hizo que Gabrielle le mirara - ¿en
qué forma? - preguntó mirándole sus verdes esmeraldas.
- Con tus besos, marca con tus besos mi cuerpo - Gabrielle acarició los labios de Xena -
soy tuya, te pertenezco casi desde que dejé mi villa para ir detrás de ti.
- Lo sé - Xena acarició el rostro de Gabrielle con la yema de sus dedos - aquella tarde
te entregaste a mí - Xena suspiró regalándole una dulce sonrisa a su bardo - me
ofreciste los Campos Elíseos ¿sabes?
- Me costó un poco de trabajo el convencerte de que me entregaba a ti por amor y no por
admiración o agradecimiento - Gabrielle le sonrió al mismo tiempo que sacudía
juguetonamente el flequillo de la mujer que la sostenía en sus brazos - ¿lo recuerdas?
- Por supuesto, lo recuerdo como si hubiera sido ayer, para ese entonces te habías
recuperado de la muerte de Pérdicas y estábamos acampando en aquel...
- Acampamos - continuo la joven bardo - junto aquel lago, ¡era hermoso! - sonrió.
Xena le fue recostando hasta dejarla de espaldas al suelo mientras que ella se acostó de
lado recargada sobre un codo y con su mano libre acariciaba los hombros de Gabrielle.
- Sí, hermoso en verdad - dijo Xena sonriéndole a su bardo - después de prender la
fogata me zambullí en el agua.
- Lo recuerdo - habló Gabrielle - recogí tu armadura y tu ropa pues hiciste con ella un
camino hasta la orilla del lago - se río.
- Tu sabes cuánto me gusta la pesca - Xena cubrió el pecho de Gabrielle con la manta.
- Lo sé - Gabrielle tomó la mano de Xena y la metió dentro de la manta depositándola
sobre su estómago. - ¿sabes que no dejé de mirarte en tu carrera al lago? - sonrió -
admiré tu desnudes antes de que saltaras al agua.
- Mmmhh - Xena levantó una ceja - y obviamente te gustó lo que viste.
- Sí - Gabrielle se río un poco más alto en lo que Xena traza diversas figuras sobre el
estómago de su amante.
- Te confieso que cuando salí del lago - le dijo Xena mirando esos ojos verdes - y me
acerqué a tu lado junto a la fogata me sorprendí al verte...
- Sentada abrazándome las piernas y desnuda frente al fuego - afirmó la bardo.
- Sí... - Xena cerró por un momento los ojos - aún puedo mirarte... aún puedo ver la
timidez reflejada en tus lindos ojos.
- ¿Vas a bañarte al lago? - preguntó dócilmente Gabrielle.
- Sí, eso te pregunté - Xena abrió los ojos lentamente, subiendo su mano en una suave
caricia por el cuerpo de Gabrielle hasta tomar su barbilla con los dedos - y me
contestaste que no.
- Me miraste tan extrañada e hiciste ese gesto - habló suave Gabrielle.
- ¿Cuál? - preguntó Xena acariciando los labios de su joven amante.
- El que siempre pones cuando tratas de comprender algún misterio - Gabrielle posó la
palma de su mano en la mejilla de Xena.
- ¿Entonces si no vas a bañarte por qué...? - la fuerte mujer sonrió.
- Te tendí la mano - Gabrielle suspiró.
- Temblabas - Xena acarició la frente de la bardo.
- Te quedaste helada en tu sitio - Gabrielle cerró los ojos y volvió a suspirar. - ¿Qué
quiere decir eso? Preguntaste - Gabrielle abrió los ojos fijándolos en los de Xena.
- No contestaste - dijo Xena - pero seguías mirándome, te ruborizaste y tu mano seguía
extendida hacia mí.
- Soltaste tu pesca y me tomaste la mano - Gabrielle acarició la barbilla de su amante.
- Me arrodillé junto a ti y besé tu palma.
- Te sentí fresca, el agua aún escurría por tu cabello - acarició de nueva cuenta el
oscuro flequillo de Xena.
- ¿No vas a responderme?, te pregunté acariciando tu cabello.
- Te Amo, te respondí y envalentonándome acaricie tu mejilla.
- No entiendo... tu te casaste con Pérdicas, te dije mientras te miraba a los ojos.
- Él fue solo una ilusión... pero tu eres mi realidad... Te Amo, te contesté observando
cada uno de tus gestos.
- ¿Haces esto por admiración o por agradecimiento? Pegunté.
- Me miraste con tanto detenimiento cuando me preguntaste eso. Y te respondí que Te
Amaba, más allá de los lazos de la amistad...
- Más allá de la gratitud, de la admiración - continuo Xena - simplemente sé que mi
corazón late más deprisa cuando estoy contigo me dijiste - besó la frente de su bardo.
- Eres tan joven, casi una niña... me dijiste besando mi mano con tus labios... ¿cómo
puedes saber si no lo haces por admiración o por agradecimiento? Volviste a interrogarme.
- Porque lo siento aquí, te tocaste el pecho mientras deslizabas tus piernas dejándome
ver tu desnudez.
- Abriste los ojos de par en par y tragaste saliva - Gabrielle sonrió.
- Nunca había visto algo tan puro y hermoso - Xena le besó fugazmente los labios.
- Así que también te gustó lo que viste ¿eh? - Gabrielle tocó la punta de la nariz de
Xena con su dedo índice.
- Me gustó, sin duda me gustó - Xena sonrió ante el sonrojo de su bardo - me dijiste que
me amabas con todo tu corazón y me preguntaste...
- Que si tu también me amabas - terminó Gabrielle.
- Te contesté que sí, que te amaba... amo tu dulzura, tu ternura, tu inocencia, tu
ingenuidad, tu carisma, toda tu - Xena le besó el cuello.
- Me acariciaste la mejilla con la palma de tu mano y cerré los ojos ante ese dulce
obsequio - Gabrielle enlazó su mano con la de Xena.
- Y te besé - Xena miró con intensidad el rostro de la rubia.
- Rozaste mis labios con los tuyos haciendo que me quedará sin aliento.
- Te sentí temblar y decidí apartarme de ti...
- Me soltaste la mano y te levantaste dándome la espalda yo aún sentía tus labios sobre
los míos... en ese momento supe que te quería para siempre - Gabrielle le sonrió.
- Escuché cuando te pusiste en pie y sin más me abrazaste por la espalda, sentí el
contraste de tu cálida piel...
- Con la frescura de tu cuerpo - dijo la bardo - Ámame, te supliqué y escuché que tu
respiración casi se detenía.
- Tal vez mañana te arrepientas y no podré vivir con ello, te dije casi en un susurro.
- No sucederá... eso nunca pasará, te aseguré - Gabrielle acaricio su mejilla contra la
de Xena. - Posaste tus manos sobre las mías y me preguntaste... ¿Estas segura de que
esto es lo que deseas? Tu voz se tornó grave y profunda.
- Muy segura respondiste apretando más tu cuerpo contra el mío.
- Te separaste de mi abrazo - dijo Gabrielle mientras acariciaba el brazo de Xena del
hombro a la punta de sus dedos - y te giraste para escudriñar mis ojos.
- No encontré vestigios de duda, solo un profundo amor.
- Tomaste mi rostro entre tus manos y volviste a besarme yo te encerré en un dulce
abrazo - decía Gabrielle al mismo tiempo que Xena bajaba por su cuello llenándolo de
suaves caricias - te abriste paso hacia el interior de mi boca... mmmhh... explorándome
con suma delicadeza tu lengua encontró la mía haciéndome estremecer... aaahhh - Xena
envolvió la boca de su bardo con la suya besándole como lo hiciera la primera vez.
Xena besó con ternura a su amada quien le correspondía entregándose a ella por completo,
la morena mujer subió al cuerpo de su joven amante.
Comenzaba a clarear en ese apartado rincón del bosque y las aves comenzaron sus trinos.
- Necesito... hacerte mía te dije - la respiración de Xena comenzaba a delatar su deseo.
- Quiero ser tuya por completo, te respondí... Xena... ámame como lo hiciste esa primera
vez - el aliento dulce de Gabrielle llenó los sentidos de la guerrera.
- Como la primera vez - repitió Xena mientras miraba con amor los verdes ojos de la
mujer que más amaba en el mundo.
Xena retornó a la boca de su amante, le besó con mayor intensidad, mordió delicadamente
el labio inferior de la rubia mujer provocando que la bardo gimiera con profundidad,
Xena pasó sus labios por todo el rostro de la bardo, bajando ligeramente por su cuello
y sus hombros lugares en los cuales se detuvo succionando la delicada piel de la rubia
que ahora profundizaba sus gemidos incitando en Xena el deseo de satisfacerla, Xena
bajo un poco más atrapando con una mano uno de los senos de Gabrielle mientras que con
su boca jugaba con el pezón endurecido de la bardo, sin dejar de hacer lo que estaba
haciendo Xena se deslizó a un lado del cuerpo de su joven amante la mano que tenía libre
descendió desde el estómago de la bardo en suave caricia rumbo a la entrepierna de la
joven bardo-guerrera se adentró en ese lugar tan deseado por ella sus dedos recibieron
la tibieza de la humedad que ahí imperaba, le acarició por completo recorriéndola con
parsimonia, rozando cada pliegue con suavidad y dulzura.
- Eres deliciosa - gimió Xena - ¡tan exquisita! - Xena subió hasta el oído de Gabrielle -
¿Imaginabas que así sería? te pregunté... aquella vez.
- No... te... te respondí... mmmhh - gimió la bardo, perdiendo un poco la conciencia en
las palabras pues el placer le obnubilaba el pensamiento.
- ¿Te gusta? - Xena envolvió con su boca el lóbulo de la oreja de Gabrielle.
- Sí, mu... cho, ¡aaahhmmm! - la voz de Gabrielle delataba su excitación.
- Me gustas - susurró Xena en el oído de la rubia.
- ¡Aahhh! Xena, mmmmhh... - Gabrielle atrapó la boca de Xena con la suya besándola con
pasión, entrega y amor.
Las caderas de Gabrielle seguían el ritmo impuesto por Xena, ésta le levantó suavemente
hasta sentarla, Xena retiró su mano delicadamente de la entre pierna de la bardo
ocasionado en esta una protesta. La guerrera sonrió ante ese gesto.
- No querrás que acabe tan pronto... verdad mi amor - le habló al oído en un cálido
susurro mientras se sentaba detrás de la bardo y aprisionaba con sus dedos los
endurecidos pezones apretándolos con suavidad al mismo tiempo que le besaba en la nuca,
el cuello y en su espalda enviando numerosas olas de placer al centro de su cuerpo.
- ¡Mmmmhh!, ¡oooohhh! Síííí, Xena... así, ¡ammmhh! - Gabrielle se había rendido a las
caricias de Xena, en ese momento no existía nada más que su guerrera, la mujer a la que
amaba con todas sus fuerzas y la única capaz de llevarla a niveles innombrables de
placer.
Xena hizo descender su mano una vez más hasta la sensitiva entrepierna de Gabrielle,
mientras lamía con suavidad el cuello de la bardo cuya respiración era profunda, Xena
tomó el rostro de Gabrielle haciendo que esta le mirara a los ojos.
- ¿Te gusta, lo que te hago? - preguntó Xena con voz profunda.
- Sí... - contestó Gabrielle con los ojos semiabiertos - por favor - suplicó con ansia.
Xena resbaló dos de sus dedos sobre la cálida humedad de la bardo hasta llegar a la
fuente de la misma; Gabrielle cerró por un momento sus ojos, disfrutando la caricia que
le había sido proporcionada, colocó sus manos tras la cabeza de Xena y la atrajo hacia
ella para fundirse en un dulce beso, en tanto que Xena deslizaba sus dedos dentro y
fuera con lentitud deleitándose en la suavidad de su bardo; las caderas de Gabrielle
seguían los movimientos de Xena tal cual si fuera una danza, sincronizándose a la
perfección, la guerrera acariciaba con su mano libre el cuerpo de Gabrielle de arriba a
abajo y de nuevo una vez más y otra vez y una vez más; se liberaron de ese beso y Xena
le miró a los ojos.
- ¿Me quieres? - preguntó la guerrera. Gabrielle asintió con la cabeza - necesito
escucharte, dime que me quieres - La intensidad se había incrementado y Xena era
consciente de que su joven amante pronto llegaría a la cima del éxtasis.
- Te quiero, Te quiero, Te quiero, Te quiero - las dulces palabras de Gabrielle llegaron
al corazón mismo de Xena grabándose muy profundamente en ella.
- Gabrielle - susurró Xena acariciando por completo el rostro de la bardo con su mano
para luego depositarla sobre uno de los suaves y curvilíneos senos de la joven rubia.
Xena deslizó sus dedos fuera de la calidez interna de la mujer que amaba y se centró
sobre ese menudo músculo que se encontraba henchido de placer, la guerrera arremetió
contra el cuello de la bardo incitando en Gabrielle profundos gemidos; jugó con el
pezón, apretándolo ligeramente pero con firmeza... los movimientos de Gabrielle le
indicaron a Xena que estaba punto de llegar a la cumbre.
- Mírame Gabrielle, mírame.
Gabrielle levantó la cabeza para mirar los intensos ojos azules de la mujer más hermosa
que había visto nunca, sus manos sujetaban con fuerza el negro y sedoso cabello de su
bella amante.
- ¡¡Dioses Xena!!, ¡aaahhh!, ¡Te amo!... ¡mmmhh!, ¡Te Amo!... ¡¡¡¡Te Amooo!!!! -
Gabrielle sintió tocar los Campos Elíseos en ese momento; fue un orgasmo sumamente
intenso y prolongado, su cuerpo se estremecía, cerró lentamente sus ojos no sin antes
ver en los de Xena una profunda satisfacción y una sonrisa que derritió su corazón.
Xena abrazaba el tibio cuerpo de su joven amante le cubrió con la manta pues el frío de
la mañana comenzaba a sentirse, Gabrielle mantenía sus ojos cerrados, su cabeza apoyada
en el fuerte hombro moreno, su cuerpo totalmente relajado embonando perfectamente bien
en el de Xena.
- No me dejes nunca - susurró Gabrielle mientras exhalaba un profundo suspiro.
- Nunca - repitió suavemente Xena en el oído de la joven rubia.
- Nunca - repitió Gabrielle - nunca - volvió a suspirar; descanso sus manos sobre las
de Xena las cuales rodeaban en un suave abrazo la cintura de la joven bardo.
Xena enterró su rostro en el revuelto cabello de Gabrielle y suspiró de manera tranquila
y relajada. Se hizo un silencio entre ambas mujeres, el cual era roto solamente por los
trinos de los pajarillos que daban los buenos días a un sol tierno y cálido que
comenzaba a entibiar el aire de la mañana.
- Me gustas Xena - habló Gabrielle con una ligera sonrisa en sus labios - me gustas
mucho, toda tu me gustas, cuando te vi por primera vez me impactaste, tu habilidad, tu
fuerza, esa mirada encerrando tantos misterios... gracias a los Dioses que te conocí,
me siento la mujer más afortunada del mundo ¿sabes?
- ¡Ah! ¿Sí? - preguntó Xena sonriendo, retirando su rostro del cabello rubio de la
mujer que tenía delante de ella y con una mano tomó el rostro de Gabrielle ladeándola
para que esta le mirara a los ojos - Mmmmhh - Xena le miró con detenimiento -
¿afortunada? - preguntó con una sonrisa en los labios que a Gabrielle se le antojo
hermosa.
- ¿Bromeas?, ¿sabes cuántos hombres, mujeres, ¡oh!, sí, y un Dios en particular darían
todo lo que tienen porque les miraras como me miras a mí?.
- No, no sé cuantos - Xena sonrió más ante la cara de confusión de la bardo.
- ¿Cómo que no sabes?, si eres tan... - Gabrielle delineó los rasgos de Xena con dos
dedos mientras le hablaba a su guerrera - tan hermosa, tan perfecta, tan única... tan
irrepetible.
Xena no pudo evitar soltar una carcajada.
- ¿Qué es tan cómico? - preguntó Gabrielle con el ceño fruncido.
- Perdona mi amor pero en lo de irrepetible... mmmhh... ¿recuerdas a Diana, y a Meg y a
esa... virgen...
- ¡Oh! Sí - interrumpió Gabrielle - tienes razón - se sonrió - pero bueno solo
físicamente se parecían a ti... tu - acercó su boca a la de Xena - eres verdaderamente
única.
Gabrielle besó profundamente a Xena le parecía increíble tenerla de regreso, poco a poco
se fue acomodando sobre el cuerpo de su alta y fuerte guerrera, llenando de besos cada
parte de la piel morena de Xena, respiró con profundidad su aroma, tocó con infinito
detenimiento cada parte de su cuerpo, percibió con todos y cada uno de sus sentidos el
estremecimiento de la mujer que amaba, grabó en su mente cada gemido, cada suspiro que
esa mujer le obsequiaba, se deleitó por completo en el cuerpo que ahora yacía debajo de
ella, llevó a su alma gemela al borde del éxtasis entregándole cuanto placer era capaz
de ofrecerle, y por fin sintió a Xena liberarse y con ello ella misma se liberó de todo
aquello que había sido dolor, ahora ya nada importaba, ahora era nuevamente feliz, era
tan feliz que no pudo evitar ceder a las lágrimas se abrazó con fuerza a Xena dejando
salir por fin todo aquello que tanto la había atormentado, todo aquel dolor que había
reprimido durante tanto tiempo, Xena la sostuvo sobre ella acariciándole el cabello sin
decir ni una sola palabra, permitió que su bardo se desahogara por completo y así
finalmente Gabrielle descanso su alma.
Xena sintió el relajamiento de su joven amante, de esa mujer que le arrobaba el alma y
el pensamiento sabía que dormía y no haría nada por interrumpir tal tranquilidad, cerró
lo ojos envolviendo con sus brazos ese ser llamado Gabrielle.
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