Capítulo 7
Luna llena
Los días siguieron pasando en aquella pequeña aldea, Xena pasaba mucho tiempo con Lerey
le enseñaba a ser independiente y algunas técnicas básicas de combate con el fin de que
ella sola pudiera defenderse; Gabrielle seguía siendo objeto de la indiferencia e
insultos de Xena pero aún así la bardo se negaba a separarse de su lado.
- Muy bien, esta noche acamparemos.
- De acuerdo am... perdón quiero decir Xena.
- Así esta mejor - dijo Xena mientras entraban de nuevo en la taberna.
Gabrielle había decidido darle una mano al viejo tabernero, pues ya la edad le restaba
fuerzas para atender el lugar, el viejo estaba agradecido con la bardo pues desde que
ella atendía el lugar las ventas habían subido, y como no si Gabrielle estaba en su
mejor forma, Xena y Lerey subieron a su habitación la cual compartían desde que
Gabrielle después de tremenda resaca se juró a sí misma no volver a tomar, al menos no
en esa cantidad.
Xena ni siquiera miró a Gabrielle y Lerey seguía como siempre un paso atrás de Xena con
la cabeza baja como si aún fuera su ama.
- Bueno ¿qué vas a hacer muchacha? - preguntó el tabernero a Gabrielle quien suspiró
resignadamente.
- No lo sé Talius, cada día espero un milagro, una señal o tan siquiera una pista que me
ayude a entender su actitud - dijo con amargura.
- Es extraño pero siento que tu amiga sufre ¿no te has dado cuenta? - el tabernero le
miró pensativo.
- ¿A qué te refieres? - Gabrielle le miró confundida.
- Bueno si dejaras a un lado tu propio pesar y la observaras más detenidamente te darías
cuenta de ello - sonrió el viejo tabernero - ¿sabes? Los años no pasan en balde
jovencita - el tabernero se sonrió.
- Hacer... - repitió muy despacio y en voz baja para si Gabrielle - a... un... lado mi...
propio... pesar.
- Sí, así es - dijo el tabernero mientras miraba en dirección de la entrada.
- ¡Oh! Mira los primeros clientes del día, atiéndeles ¿quieres?.
- Sí, sí, enseguida.
Xena platicaba con Lerey en la habitación.
- Pues bien Lerey, creo que has progresado mucho en poco tiempo - decía la guerrera
mirando hacia la lejanía a través de la ventana.
- ¿Así lo crees? - preguntó tímida la joven.
- ¡Claro que sí! - dijo con entusiasmo la guerrera mientras se giraba para mirarla.
Lerey le miraba con admiración y Xena no pudo hacer más que recordar los primeros viajes
con Gabrielle quien en muchas ocasiones le había mirado de aquella forma, solo que ahora
no la miraban aquellos ojos verdes esmeraldas, sino esos melancólicos ojos grises, se
acercó a Lerey y se sentó junto a ella en la cama.
- ¿Quieres decirme algo? - preguntó tranquila la guerrera.
- ¡Cómo?, ¿cómo lo sabes? - preguntó admirada la bella joven.
- Aunque no lo creas tengo basta experiencia y sé cuando alguien me pregunta con la
mirada. - Sonrió ante la tímida sonrisa de la chica.
- Yo... - dijo la chica con timidez - bueno, quería preguntarte - la chica bajó la
mirada mientras que un ligero rubor cubría sus hermosas mejillas - ¿sí... si no hubieras
conocido a Gabrielle y hubiera sido yo la que hubiera compartido tantas cosas contigo...
tu... tu... sentirías por mí lo mismo que sientes por Gabrielle? - Lerey levantó la
vista para ver la cara de enternecimiento de Xena.
- Lerey - dijo con voz suave - sin duda eres una linda persona, no sé y te digo esto con
sinceridad, si sería el mismo sentimiento, pues aún no termino de comprender como surgió
este sentimiento por ella... fue algo que simplemente sucedió, ahora que lo pienso tal
vés fue porque la admiraba por completo, su espíritu, su vitalidad, su candor, su
nobleza, su inocencia, hasta su terquedad - sonrió - ¿sabes? Siempre desee ser como ella
y me sorprende tanto el hecho de haber causado en ella admiración; sí, así como la que
tu sientes por mí - Xena acarició la mejilla de Lerey con el envés de su mano, la joven
cerró los ojos para disfrutar la caricia - tu, tienes tantas cualidades que tal vez...
solo tal vez, si me hubiera enamorado de ti.
- Gracias - dijo la joven.
- ¿Por qué? - preguntó con curiosidad Xena.
- Por ser honesta conmigo - Lerey le miró con un dejo de tristeza - pero si la amas
¿por qué es que la alejas de tu lado?
- Es una larga historia pequeña - suspiró.
- Me gustaría que me la contarás, si es que deseas hacerlo.
Xena le miró reflexivamente, y ¿por qué no? pensó, en cierta forma deseaba desahogar la
tristeza que llevaba dentro. Xena accedió. Por otro lado Gabrielle seguía meditando
sobre las palabras del vetusto tabernero, tal vez era verdad y Xena sufría, pero ella
ciega en su propio dolor no sé había dado cuenta de ello, un nuevo brillo surgía en los
ojos de Gabrielle, era el brillo de la esperanza; por un momento se sintió la persona
más egoísta de mundo por solo pensar en ella misma y no darse cuenta de lo mucho que tal
vez sufría su mejor amiga. El ánimo volvió a su corazón y decidió hablar con Xena en
cuanto ella bajara.
Transcurrió todo la mañana antes de que Xena bajara junto con Lerey, ésta miró en
dirección de Gabrielle, le notó diferente ya sonreía, que bonita era, que fuerte y que
valiente, se sentía un poco celosa, pero dentro de todo Xena la amaba y ella había sido
tan buena al otorgarle su libertad que haría todo lo posible porque Xena fuera feliz,
pero todo dependía de Gabrielle pues solo tendría que soportar ese día ya que esa noche
habría de haber luna llena y con ello la prueba terminaría.
Gabrielle al ver a Xena se acercó a ella tragando saliva y temblando levemente si bien
ya tanta "cortesía" de Xena para con ella le había dejado algo recelosa.
- Xena ¿podemos hablar?
- ¡De qué bardo? - Xena ni siquiera le miró.
- Bueno yo... solo... yo - Gabrielle dudó, ante la seriedad de Xena.
- ¿Vas a balbucear todo el día o vas a hablar bardo? - le sonrió de forma mordaz.
- No, no es nada - Gabrielle se dió la vuelta dejando a Xena seguir su camino.
El hecho de no haber insistido en aclarar las cosas, sería porque no podría soportar un
insulto más de ella o bien porque ya se estaba cansando de seguir detrás de Xena
demostrándole que la amaba para que ella solo se burlara de sus sentimientos. Antes de
que Xena saliera de la taberna tomó a Lerey de la mano y con ello el ánimo de Gabrielle
terminó por derrumbarse; Xena sin duda parecía contenta con Lerey, tal vez su tiempo
con ella había llegado a su fin, tal vez se había dejado matar para ya no estar con
ella, tal vez... tal vez... tal vez... su mente era todo un rompecabezas y el
sentimiento de impotencia combinado con el dolor, la frustración y el desengaño. No le
perdonaba a Xena haber jugado con sus sentimientos ¿por qué le había dicho en reiteradas
ocasiones que la amaba?, ¿por qué, si no era verdad?, ¿qué estaba haciendo de su vida al
lado de Xena?, ¿aunque la amara con toda el alma no sería preferente dejarla libre?,
¿por qué obligarla a estar con ella cuando Xena le pedía que se fuera?, si el amor era
libertad tal vez era hora de demostrarle que en verdad le amaba, si Xena quería que le
dejara en paz, tendría que aceptarlo aunque con ello el alma y el corazón se le
partieran en mil pedazos.
Pasaba el mediodía y Gabrielle seguía cavilando sobre lo mismo, sabía que debía dejar
a Xena si es que eso la hacia feliz sin embargo una parte de ella no se resignaba a
perderla, sin duda había pasado mucho tiempo a su lado y bastantes habían sido las cosas
que vivieron juntas, muchos los problemas, alegrías, tristezas y demás como para dejar
las cosas simplemente así. Pero ¿qué hacer?... Xena no se prestaba para hablar y ella
misma no tenía ya casi fuerza para soportar los desplantes de su guerrera. Salió a las
caballerizas, al entrar vio a Lerey cepillando a la yegua de Xena, ahora era ella la que
compartía cosas al lado de su Princesa Guerrera, ¿había perdido ya por completo?, sí,
tal vez así era, ¿entonces por qué esperar más?, ¿por qué hacer mayor la agonía?, ¿no
era más fácil montar en el caballo de al lado y salir huyendo de ahí?, tal vez era lo
mejor, se acercó al caballo que estaba comiendo paja tranquilamente al lado de donde se
encontraba Argo II, tomó la silla de montar y la colocó sobre el lomo del brioso corcel.
- ¿Te vas así nada más? - preguntó Lerey sin dejar de cepillar a Argo II.
- ¿Te importa? - sonrió burlona Gabrielle.
- A mí no me interesa, pero veo que no eres digna de Xena.
- ¿De qué hablas?, no puedes decir nada puesto que no sabes nada acerca de nosotras.
- Te equivocas, pues Xena me ha contado todo sobre ti, pero veo que esta muy equivocada
en cuanto al concepto en el que te tiene, pues no eres más que una cobarde, manifestando
un patético amor.
- ¡Cómo te atreves! - Gabrielle se acercó sujetándola de los hombros con fuerza. -
¿quién te has creído?, ¡no tienes idea de lo que he hecho por ella!...
- ¿Y qué ha hecho ella por ti? - dijo firmemente la joven.
Lo dicho por Lerey descontroló a Gabrielle quien le fue soltando poco a poco mientras
recordaba las veces que Xena estuvo dispuesta a dar su vida por ella, ¡era cierto!, Xena
numerosas veces le salvó la vida, inclusive dispuesta a dar la suya a cambio de la de
ella, aún así el comportamiento de Xena después de que revivió fue tan diferente, que en
cierta forma se sentía derrotada y traicionada.
- ¡Que más da! - dijo Gabrielle al tiempo que sentía un escozor en su mano derecha. -
Si Xena quiere que me vaya entonces yo... - la nariz de Gabrielle comenzó sangrar.
- ¡Estúpida! - Lerey espetó mientras su mano volvió en sonora bofetada el rostro de
Gabrielle - ¡Sí en verdad le amaras como dices, seguirías luchando por ella, no
importándote nada!... ¡oíste, nada!
- Yo... - Gabrielle le miraba con asombro, nunca imaginó esa clase de comportamiento en
esa chica.
- No importa cuanto pase o que suceda - Lerey le dió la espalda para ocultar sus
lágrimas - si te vas en verdad la perderás para siempre, entiéndeme bien, ¡para siempre!,
pero si logras soportar solo un poco más... tan solo un poco más, entonces... bueno -
suspiró - creo que he dicho demasiado. Hoy por la noche irás en mi lugar a acampar con
Xena yo me encargaré de la posada, y no es una petición o un favor, es una orden.
- ¡Qué? - Gabrielle se sorprendió ante lo dicho por la joven.
- No tengo nada más que decirte - Lerey salió de las caballerizas, dejando a Gabrielle
sorprendida y confusa.
- Que fuerte es, me ha sacado sangre - decía la joven rubia mientras se limpiaba la
nariz.
Sentada sobre el lomo del caballo Gabrielle pensaba en lo dicho por la joven, sin duda
algo se cifraba en sus palabras, ¿pero que era?, ¿Acaso quiso decir que Xena no quería
comportarse de esa forma con ella?, no, por supuesto que no, eso era imposible... ¿o...
no?... rememoró de nueva cuenta todos los momentos que vivió con Xena antes de que ella
muriera, en sus ojos había amor, lo mismo que en sus palabras, lo mismo que en sus
caricias y de igual forma en su última promesa, entonces ¿por qué?... Gabrielle bajó del
caballo y retiró la silla del lomo del animal. Sí, era cierto, no podía darse por
vencida, ¡lucharía por su guerrera hasta el final!
Sentada frente a una hoguera se encontraba una mujer, vestía una capa que le cubría
hasta la cabeza, echaba al fuego pequeños trozos de madera, mientras escuchaba aquellos
lejanos pasos que poco a poco se acercaban a ella, la tensión surgió en los hombros de
la mujer, y el trozo de madera que sostenía en la mano impedía que esta cerrara con
fuerza el puño, su respiración se fue descontrolando, una especie de ansiedad combinada
con nervios y un poco de incertidumbre se apoderó de ella, por fin saliendo de detrás de
unos arbustos, la figura de la Princesa Guerrera se dio paso y con seguridad se acercó
a la mujer que conservando la cabeza gacha impedía ver su rostro.
- Veo que después de todo sabes hacer una fogata - dijo Xena mientras se sentaba al
lado de la mujer. - parece ser - continuo - que la primera lección podemos saltárnosla -
la mujer sentada a su lado solo asintió con la cabeza - no sabes cuanto deseaba que
llegara este día, hoy habrá luna llena y cuando esta este en el cenit entonces todo,
todo... bueno ya sabes el resto. No sabes cuanto anhelaba estar aquí, no hubiera podido
resistir estar cerca de ella más tiempo.
- "¡Cómo?" - pensó la mujer.
- No es fácil para mi estar cerca de ella - continuó Xena - hoy tu misma la viste,
siempre creí que ella... bueno sé que es así.
- "No puedo entenderte" - seguía pensando aquella mujer que de vez en cuando seguía
echando trozos de madera al fuego.
- Le enseñé todo cuanto sabía y ahora creo que durante el tiempo en que estuve muerta
aprendió mucho, mucho más - Xena se levantó con la mirada puesta sobre el limpio
firmamento - sus movimientos son magníficos y su velocidad no tiene comparación... -
¡mira! la luna esta casi en posición solo un poco más, solo un poco más.
- "¿La luna?"
Xena se arrodilló de espaladas a la mujer y le abrazó tiernamente.
- Me alegra no estar sola - musitó - que bien que estés conmigo, no sé si al regresar la
encontraré, pero si no es así, lo sabré de inmediato tú lo sabes. ¿Puedes creer que aún
como la he tratado no se ha ido?, muchas veces me he preguntado que es lo que la detiene,
¿por qué no se va? - Xena le dejó de abrazar y se volvió a levantar mirando nuevamente
hacia el cielo. Solo faltan unos segundos y entonces tu y yo podremos...
- ¡Qué Xena!, ¡Qué podremos tu y yo?
- ¡Gabrielle! - Xena se asombró de tener frente de sí a su bardo - ¡Que haces aquí?
- Pensé que podríamos hablar, aclarar las cosas y el porque de tu comportamiento para
conmigo, pero... pero ahora no, no sé - Gabrielle bajó la cabeza.
Xena miró de nuevo al cielo la luna llena estaba en todo su esplendor por fin había
llegado al cenit.
- Gabrielle - susurró la guerrera.
- Te diré... - hablo triste la joven bardo - te diré porque estoy a tu lado y por que
aún como me has tratado sigo contigo... - le miró con los ojos llenos de lágrimas -
porque, porque Te Amo... porque nunca dejaré de quererte, no importa como me trates...
porque tal vez soy una idiota, por no darme cuenta de que a quien quieres ahora es a
Lerey y no a mí y sin embargo yo siempre estaré a tu lado. Simplemente porque Te Amo.
En ese momento de la mano de Gabrielle manó una luz roja que envolvió a ambas mujeres
mismas que al abrir los ojos se sorprendieron al ver el lugar en que se encontraban era
la recamara de la hermana y futura esposa del faraón, esta se encontraba de pie cerca
de su lecho en su mirada se reflejaba una gran angustia, escuchó desde fuera una orden
y un fuerte hombre, alto, de finas facciones entró enseguida a la habitación real.
Gabrielle camino hacia atrás dándose cuenta la bardo de que podía atravesar las cosas
como si se tratase de un fantasma. Xena se dio cuenta de ello, ambas se miraron
confundidas. El hombre que parecía ser un General con la espada en mano esperaba a que
el enemigo entrara, las pisadas de los soldados eran cada vez más audibles los gritos
de los soldados de ambos mandos, el ruido de hombres cayendo al suelo muertos o heridos
eran audibles por doquier, fue entonces que el general volvió su rostro y miro los
fríos ojos de la Princesa llenos de indiferencia y miedo, él sonrío levemente, volvió su
rostro al frente y cuando los enemigos entraron este se abalanzó sobre ellos hiriéndolos
a todos de muerte sin embargo llegaban más y más soldados por fin en un rápido
movimiento de espada el General del bando contrario hirió al General Egipcio quien a
pesar de su herida siguió combatiendo, una tras otra herida se sumaba a su cuerpo, la
sangre le manaba cual si fuera agua del Nilo, hasta que por fin casi dejó de vivir, el
General contrarío se acercó a la joven Princesa con la espada en alto dispuesto a
degollarla, al ver eso el General Egipcio reunió todas sus fuerzas levantándose y
tomando su espada, en un rápido movimiento ambos enemigos se enterraron sus espadas el
General del Sur cayó muerto de inmediato y el General Egipcio cayó a los pies de la
Princesa, quien al ver el sacrificio del General se arrodilló y sin importarle la
condición social lo abrazó.
- ¿Por qué, por qué - preguntaba entre sollozos la princesa - me has defendido?, si te
he tratado tan miserablemente.
- Po... por... qu... que... Te... A... mo - fueron sus últimas palabras mientras las
lágrimas caían sobre el rostro del General, quien reflejaba en su exangüe rostro la
felicidad de aquel que entrega la vida por amor.
El escenario abruptamente cambio y ahora se hallaban dentro de la cámara de Horus. Y ahí
estaba la princesa con las cenizas de su amado colocándolas frente a los ojos de Horus,
sin embargo una voz llenó el recinto y Xena quedó petrificada al reconocerla, era la
misma voz que le había hablado en aquel sitió misterioso mientras se encontraba muerta.
- Tu... - dijo la voz severamente - quieres volver a este mortal a la vida... pero no se
te ha de conceder lo que suplicas, pues un amor como el que este mortal te ha demostrado
jamás en opinión de los dioses volverá a existir. Es por eso que en castigo y por
despreciar amor tan grande te condenamos los Dioses Egipcios a permanecer en esta tumba
aguardando a que otra persona posea un amor tan grande como el que a ti te manifestó
este noble General, aún en la muerte le has de esperar y has de volver a la vida pues
te ordenamos vaciar tu sangre mortal para que ayudes a aquel que demuestre un valor, un
coraje y un amor similares a aquel que ahora yace en cenizas, ¡vacía pues sus restos
dentro de la gran urna y prepárate a esperar!, pues si llegara aquel gran amor se te
perdonara y podrás encontrarte con aquel que ahora descansa en la tierra de los muertos.
En ese momento los ojos de Horus desaparecieron y la joven fue a sentarse a un rincón
con la mirada puesta sobre la entrada que en ese momento fue sellada. La luz se
desvaneció y ambas se encontraban de vuelta en el mismo lugar, las maderas del fuego
crepitaron.
- ¡La puerba!, ¡ha, concluido!, - una estruendosa voz la cual pareciese haber venido de
todas partes inunda el bosque. Ninguna de las dos morirá, pues aunque aquella que entró
en mi cámara, pensó en rendirse, su corazón se negaba a hacerlo, y aquella a quien se
le ha pedido destrozar el corazón y el alma de quien ama ha logrado soportar la penuria
de cargar el dolor inmenso de aquella a quien ama, un amor similar existió, un amor
similar existe, y ahora creemos que volverá a existir. ¡La prueba ha terminado!
De la mano de Gabrielle salió la pequeña incrustación del ojo de Horus y esta se
desvaneció. Ambas mujeres cayeron al suelo cada cual inmersa en sus pensamientos.
- "Yo entre a esa cámara, mi amor... mi amor era similar al de aquel General" - pensaba
Gabrielle recordando el momento mismo en el que entró a la cámara de Horus y se enfrentó
a Diocles.
- "Para saber si el amor - conjeturaba Xena - de Gabrielle era tan fuerte como el de
ese General egipcio se nos impuso esta prueba."
- "Yo debía pasar por todo lo que aquel General soportó."
- "Ella debía vivir en carne propia todo lo que aquel hombre tuvo que soportar."
- "Todo fue una prueba."
- "Esta ha sido la peor de las pruebas que he tenido que enfrentar."
- "Es por eso que Xena..." - Gabrielle alzó la mirada viendo a su Princesa Guerrera
temblar levemente.
- "¿Me odiarás?" - Xena cerró los ojos mientras recapitulaba en su comportamiento.
Gabrielle se levantó, solo era audible el crujir de las maderas que alimentaban el fuego,
Xena se puso en pie, toda ella temblaba mientras se daba valor para mirar a Gabrielle
por quien corrían las lágrimas sin compasión.
- Gabrielle... yo - decía la guerrera mirando enternecida a su bardo.
- Xena - la voz de Gabrielle se ahogaba en el llanto.
- Perdóname... perdóname...
Gabrielle bajó la cabeza, se dio la vuelta y emprendió la marcha. Xena se quedó estática,
por más que ordenaba sus piernas no le obedecían, Gabrielle seguía caminado el dolor que
se le había presentado en ese momento le obnubilaba cualquier pensamiento. No importa
cuanto pase o que suceda - la voz de Lerey regresó a sus oídos - si te vas en verdad la
perderás para siempre, entiéndeme bien, ¡para siempre!, pero si logras soportar solo un
poco más... tan solo un poco más, entonces... - Gabrielle detuvo su paso, por un momento
se puso en el lugar de Xena, ¿es que acaso ella no hubiera actuado como lo hizo su
guerrera, si en ello hubiera estado en peligro la vida de su mejor amiga?, se volvió
para mirar a Xena a quien las lágrimas traicionaron descendiendo de sus preciosos ojos
azules para acariciar sus mejillas.
- ¡Maldición Xena! - gritó Gabrielle con la voz ahogada - ¡si tuviera mis armas, te juro
que las clavaría justo ahora en tu corazón! - bajó la cabeza apretando con fuerza los
puños, las lágrimas no dejaban de descender por sus encendidas mejillas.
- Ga... bri... elle - Xena temblaba visiblemente.
La bardo corrió en dirección de Xena.
- ¡Xena!, ¡Xena!, ¡Xena!, ¡Xena! - gritaba Gabrielle mientras abrazaba a su Princesa.
- ¡Gabrielle!, ¡perdóname!, ¡perdóname! ¡lo lamento tanto!.
Al estar abrazadas se diría que se trataba de un solo ser, Gabrielle levantó la cabeza y
tomó entre sus manos el rostro de esa mujer que tenía enfrente de ella, le sonrió y le
miró como deseaba hacerlo aquel día que la vió de vuelta a la vida, Xena le miraba con
un amor infinito en sus ojos, una vez más su mirada volvía a ser cálida y dulce para con
el amor de su vida.
- Xena - dijo Gabrielle con la cabeza recargada sobre el pecho de la guerrera.
- Dime Gabrielle.
- Si, si vuelves a decirme bardo en ese tono, te juro... te juro que te mato.
- Y ahora sé que sin duda lo lograrías.
Ambas sonrieron, mientras seguían disfrutando la una de la otra, la hoguera comenzaba a
extinguirse y pese a ello las dos mujeres siguieron perdidas la una en los brazos de la
otra, en ese momento, no había tiempo, ni espacio, ni materia, nada, no había nada
absolutamente, solo ellas dos, la luna llenaba de tonos azulosos el bosque, los rayos
de luna les bañaban y Xena y Gabrielle no daban muestras de querer romper ese abrazo.
- Haz de haber sufrido mucho - por fin la voz de Gabrielle rompió el silencio.
- No tanto como tu - respondió triste la guerrera.
- Creo que ambas sufrimos de manera muy dolorosa.
- Así, es.
- Pero sabes - Gabrielle se soltó de los brazos de Xena, para mirarla frente a frente y
tomar sus manos entre las suyas - creo que ha valido la pena, pues ahora me siento mucho
más unida a ti.
- Gabrielle - susurró la guerrera.
La bardo le sonrió, le ofreció sus labios y Xena los aceptó depositando sobre de ellos
un beso dulce y tierno, ambas se adentraron dentro de los dominios de Eros y Afrodita,
entregándose por completo una vez más, sellando su amor eterno con amantes palabras,
tiernas y apasionadas caricias, dulces besos, mezclando el aroma de sus pieles para
conjugar uno solo aroma, el del amor, el de su amor. ¿Cuánto tiempo pasó?, ¿Quién lo
sabe?, y sobre todo ¿a quién le importa?, lo único que bastaba para ellas dos era que
de nuevo estaban juntas una al lado de la otra sintiendo el latir de sus corazones, su
suave respiración y el calor que sus cuerpos manaban envolviéndolas en un dulce sueño,
en un tierno abrazo que las conjugaba como lo que siempre han sido una sola alma.
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Continúa en: Capítulo 8 - Tiempo (1a parte)