Capítulo 6
Vino
Habían pasado ya dos semanas desde que Xena había vuelto a la vida y muchas eran las
lágrimas que Gabrielle había derramado por seguir al lado de la guerrera que cada vez
se mostraba más irritable con la joven bardo.
Ambas caminaban en silencio, por un camino que las conduciría a un pequeño poblado,
Gabrielle era consiente de que ya no portaba más sus armas seguramente se habían
quedado en Egipto, necesitaría conseguir dinero para poder comprar sus nuevas armas, en
eso estaba pensando cuando tropezó y cayó, Xena detuvo su paso y se volvió a ver a
Gabrielle.
- ¿Qué sucede contigo, es que acaso ya no sabes ni caminar? - preguntó la guerrera con
un dejo de fastidio en su voz.
- Tropecé eso es todo. - Decía la bardo mientras se levantaba.
- Estoy cansada de tus estupideces Gabrielle, en verdad.
- ¡Basta Xena!, ¡basta!, ¿Qué demonios sucede contigo? - Gabrielle se acercó a la
guerrera sujetándola con fuerza de los hombros. - ¡Tan grande ha sido mi pecado por
volverte a la vida?, ¿Tanto te molesta que te ame? - Gabrielle en verdad se mostraba
bastante molesta. - ¡Si es así, por qué conviviste tantos años conmigo?... ¡por qué me
dijiste tantas veces que me amabas cuando en realidad no era verdad?... ¿sabes qué?,
esta bien... quieres que te deje ¿verdad?...
- "Gabrielle" - pensó Xena llena de angustia.
- Tanto me lo has pedido que estoy considerando seriamente hacerte caso... felicidades...
no tendrás que esforzarte demasiado para que termine por irme de tu lado para siempre.
Los ojos de Xena se abrieron enormemente al notar como un hilo de sangre escurría por
la nariz de Gabrielle, ¡era cierto!... ¡Gabrielle pensaba irse de su lado!... al notar
la mirada de Xena Gabrielle le soltó y se llevó los dedos a la nariz, vio que sangraba.
- ¿Y esto? - se preguntó la bardo mirándose en sus dedos la sangre.
Xena no decía palabra alguna se encontraba impávida observando como la sangre seguía
fluyendo, ¿Qué debía hacer?... ¿abrazarla y decirle que la amaba antes de que ambas
murieran, decirle que habían fallado la prueba más importante?. Gabrielle se limpiaba la
nariz con el dorso de la mano, había notado la actitud de Xena, se tranquilizó porque
se dió cuenta de que se había preocupado por ella, la sangre fue disminuyendo hasta que
dejó de manar. Xena se sentía verdaderamente descontrolada, temblaba levemente, sabía
que no podía dejar de decirle que se retirara de su lado y lo estaba haciendo tan
convincentemente que lo estaba logrando, montó en Argo II y emprendió una pronta huida
para que Gabrielle no se diera cuenta del estado en el que se encontraba. Dejando a la
bardo perpleja con su actitud.
La guerrera cabalgaba a toda velocidad, las palabras de aquella misteriosa voz se
hacían realidad, su corazón se destrozaba cada vez que tenía que insultarle y ahora
Gabrielle estaba cerca de partir de su lado para siempre y con ello ambas morirían y
jamás volverían a encontrarse, ¿no les bastó a los Dioses Egipcios el sacrificio que
hizo Gabrielle dando casi su vida por la de ella?... ¿Por qué?... ¿Por qué esta absurda
prueba?... ¿Por qué?, la guerrera se hacia estas preguntas una y otra vez y de nuevo
una vez más, tratando de encontrarle respuesta a ese extraño rompecabezas; el viento se
llevaba consigo las lágrimas de la Princesa Guerrera, quien sentía que no soportaría
seguir tratando de esa forma a lo que ella más amaba en la vida.
Y Gabrielle seguía el camino en busca de Xena... ¿por qué se empeñaba en seguir detrás
de ella?... ¿por qué simplemente no aceptaba el hecho de que era verdad que ya no la
amaba?... ¿por qué aún sintiéndose destrozada, seguía sus pasos?... no sabía la
respuesta, lo único que le quedaba claro es que una fuerza le empujaba a seguir de tras
de ella, y en el fondo creía en aquella fuerza que le daba animo a seguir y seguir no
importando que sucediera... pues el amor no se puede acabar de la noche a la mañana.
Xena llegó a una pequeña aldea y de inmediato buscó la taberna, necesitaba beber algo
que le ayudara a tranquilizarse y Argo II debía descansar de esa dura cabalgata a la
que la guerrera la había sometido; un joven atendió la yegua de Xena y ella entró a la
taberna donde de inmediato se dirigió a la barra y solicitó un tarro con el vino más
fuerte que tuvieran, de inmediato le fue servido y ella lo bebió casi de un solo trago.
- ¿Y bien, le sirvo más? - preguntó el vetusto tabernero.
Xena asintió con la cabeza, mientras el hombre aquel llenaba el tarro de nueva cuenta
Xena dio un vistazo al lugar, no era nada fuera de lo común, hombres aquí y allá,
algunos bromeando otros comiendo y algunos otros a punto de iniciar una pelea, su vista
se posó en la entrada pues acababa de llegar un hombre corpulento, de barba oscura bien
arreglada, colgado al cuello un par de cadenas de oro, esclavas y anillos del mismo
material adornados con piedras preciosas, excelentemente vestido, a leguas se notaba
que era rico, ¿Qué estaría un hombre como él haciendo por esos lugares?, en realidad a
Xena no le importaba, el hombre entró mirando con desprecio a los que allí se
encontraban, detrás de él caminaba una joven de larga y almendrada cabellera, que lucía
un vestido azul cielo que solo le dejaba al descubierto la base de su cuello, sus manos
y sus pies desnudos al verla Xena recordó a Gabrielle pues calculó que debía tener más
o menos la edad que tenía su bardo cuando la vió por primera vez. El hombre llegó a la
barra y pidió un tarro con el mejor vino que tuviera. Xena volvió la mirada a su propio
tarro y al ver el oscuro líquido se sumergió de nuevo en sus cavilaciones, pero pronto
volvió a la realidad pues el ruido de un sonoro golpe le hizo volver el rostro a un
lado, mientras veía a la chica en el suelo con su mano sobre la mejilla y aquel hombre
inclinándose para tomarla de los hombros con fuerza y con ello levantarle.
- ¡Eres una estúpida bestia, inútil! ¡Mira como me has manchado la ropa! - vociferaba
el hombre mientras sacudía con violencia a la joven, ésta solo le miraba llena de
pánico.
La joven cerró los ojos al ver que el hombre alzaba en alto la mano para volver a
golpearla, sin embargo los abrió poco a poco al no sentir nada, y para su sorpresa vio
a una alta mujer morena que sujetaba con fuerza la mano de aquel corpulento hombre
quien le miraba lleno de estupefacción.
- ¿Quién demonios eres? - inquirió el hombre, sin dejar de mirar la fría mirada de la
mujer que tenía frente a sí.
- Tu peor pesadilla si no dejas en paz a esa joven - dijo seriamente mientras apretaba
con fuerza la mano del hombre obligándolo a soltar el brazo la muchacha.
- ¿Quién te crees que eres?... ¡ella es de mi propiedad!, ¡es mi esclava!... ¡entiendes?
Y puedo hacer con ella lo que se me venga en gana. - Retó a la guerrera con la mirada.
- Lo lamento - dijo Xena mientras en su rostro se dibujaba una sarcástica sonrisa -
pero esa palabra no existe para mí, así que será mejor que la liberes de su esclavitud...
o si no.
- O si no ¿qué? - el hombre se soltó de la mano de Xena - no sabes con quien te has
metido, lo lamentarás - el hombre sonrió mientras les gritaba a sus guardias personales
que al momento llegaron - Háganla pedazos - ordenó el hombre.
Los hombres atacaron a Xena, sin embargo ella los derrotó uno a uno hasta que solo
quedó un montón de hombres regados por el suelo. Xena se acercó al sujeto espada en
mano.
- ¡Y bien! ¡Qué dices ahora? - Xena acercó el frío acero a la garganta de aquel hombre
que la miraba azoradamente.
- Esta bien, esta bien. Por favor guarda eso... yo, yo haré lo que digas.
- Sabía que entenderías - Xena guardó la espada.
Aquel hombre sacó de sus ropas una bolsita y la dejó sobre la barra, después tomó a la
joven y en rápido movimiento la arrojó sobre Xena, mientras que él salía huyendo.
- ¡Es tuya! - gritó poco antes de salir de la taberna.
Xena sostuvo a la joven en sus brazos mientras miraba como el cobarde huía, se volvió a
mirar a la chica que mantenía en sus brazos, la joven levantó el rostro mirando los
azules ojos de la mujer que tenía frente así. ¡Pero que hermosa mirada! Pensó Xena al
ver esos grandes y expresivos ojos color gris, se encerraba tanto dolor en ellos, tanta
tristeza, que Xena se olvidó por un momento de sus propios problemas... ¿cómo era
posible que una mujer tan hermosa como ella fuera tratada así por ese tipo?... le sujetó
de la barbilla delicadamente.
- ¿Te encuentras bien, pequeña? - preguntó con dulzura.
La joven asentó con la cabeza, ¡era impresionante Xena no podía dejar de mirar aquellos
ojos!... al subir sus manos hasta los hombros de la joven esta hizo un gesto de dolor,
Xena rompió las mangas del vestido de aquella joven mujer, indignándose de lo que vio
enseguida, enormes moretones pintaban en la piel blanca de aquella joven, En el rostro
de Xena se dibujó un gesto de molestia que hizo que la joven bajara su cabeza
avergonzada, como si fuera ella quien hubiera causado ese malestar en la mujer que tenía
frente así.
Sin embargo Xena le sentó en una mesa y en ese momento el estómago de la joven protestó
debido a la falta de alimento, ante lo cual levantó la mirada llena de miedo como si
hubiera cometido el peor de los crímenes. Xena se dió cuenta de ello.
- ¡Tabernero!, tráele a la joven algo de comer - el tabernero se retiró y Xena volvió a
mirar a aquella joven - ¿cómo te llamas pequeña? - preguntó mirándola detenidamente.
- Best... best... bestia... i... inútil. - Dijo tímidamente la joven.
- ¿Cómo? - Xena le miró extrañada.
- Besti... bestia... inútil - repitió la joven con lágrimas en los ojos.
- A eso no se le puede llamar nombre... debes de tener alguno.
La joven encogió los hombros, en señal de que no sabía que contestarle.
- De acuerdo, ya pensaré como te llamarás.
El tabernero llegó con un plato de sopa caliente y un gran trozo de pan y lo dejó sobre
la mesa, la chica miraba el plato y el pan pero no daba la menor muestra de atreverse
siquiera tocar el plato.
- ¿Qué esperas, pequeña?, adelante come.
La chica sin mirarle le contestó.
- No puedo mi ama usted debe comer primero.
- De acuerdo, no comeré pero si beberé algo, pero antes de que me termine mi bebida
quiero que esta comida haya desaparecido de mi vista ¿entendiste? - la joven solo
asentó con la cabeza - ¡tabernero! - gritó Xena - tráeme una jarra de vino y un par de
tarros.
Al poco rato llegó el tabernero con la jarra y los tarros, los dejó sobre la mesa y
Xena le sirvió un poco a la joven quien después de que Xena diera su primer trago se
animó a comer; si bien el tipo aquel era un verdadero desgraciado, pues la joven comía
como si en su vida hubiera probado alimento, en cierta forma Xena le miraba complacida,
se sentía gustosa de haber hecho algo bueno después de tanto maltratar a Gabrielle...
Gabrielle... pensó Xena mientras la fugaz alegría de sus ojos se veía ensombrecida por
el recuerdo de su bardo.
Al poco rato llegó Gabrielle y justo estaba entrando cuando vio que una hermosa joven
sentada de frente a Xena le tomaba la mano y se la besaba.
- ¿Qué haces? - preguntó Xena un tanto cuanto extrañada.
- Gracias por la comida mi ama - la joven le obsequio una sonrisa tan linda que Xena
sin proponérselo le regresó el gesto.
- Hola - dijo Gabrielle sentándose junto a ellas - espero no interrumpir nada - miró a
Xena con cierto resentimiento - puedo saber como se llama tu amiga.
- No lo sé, aún no le he puesto nombre.
- ¿Cómo? - preguntó Gabrielle extrañada, volviendo el rostro para ver a la joven que
aún no soltaba la mano de su nueva dueña.
Xena miró a la joven detenidamente, cosa que para nada le agradó a Gabrielle.
- Creo que te llamarás de ahora en adelante Lerey.
- ¿Lerey? - preguntó Gabrielle - ¿qué clase de nombre es ese?
- Gabrielle eso es algo que a ti no debe interesarte... ¿de acuerdo?... ella es mía.
Gabrielle abrió enormemente los ojos al escuchar las últimas palabras de Xena... ¿qué
quería decir con eso de que era suya?.
- ¿Podrías ser más específica? - la bardo le miró con incertidumbre.
- La acabo de liberar de un sujeto que la tenía como esclava - respondió la guerrera
con indiferencia.
- Eso... eso significa que la liberaste ¿cierto? - la bardo miró a Xena con cierta duda
pues la guerrera no dejaba de mirar a Lerey.
- Sí, así es.
- ¿Tienes familia? - le preguntó Gabrielle a la joven.
- Solo si mi ama lo permite contestaré - dijo la joven mirando a Xena.
- Adelante, contesta - dijo Xena.
- No, no tengo familia - expreso con tristeza.
- ¿De dónde eres? - preguntó Xena.
- No, no lo sé mi ama, hace mucho tiempo que estoy sola, de mi niñez solo tengo un
recuerdo que es un barco, creo que viajaba en el pero fue atacado, alguien me aventó al
agua y pude sostenerme de un pedazo de madera llegué a la playa y un hombre se hizo
cargo de mí junto con otras mujeres, después supe que nos iba a vender como esclavas,
desde ese día he tenido varios amos y ahora Dios me favorece por tener una dueña como
tu mi ama - las lágrimas de la joven se dejaron entrever en sus preciosos ojos, mientras
le obsequiaba a Xena una sonrisa tan sincera, que la dura guerrera se dobló ante ese
gesto.
Xena apretó suavemente la mano de Lerey, le sonrió y le miró con ternura, con lo cual
provocó que la bardo por dentro se colmara de celos.
- De ahora en adelante eres libre Lerey - dijo Xena - descuida ya nadie podrá hacerte
daño. ¿sabes lo que significa la libertad? - Lerey negó con la cabeza - pues bien -
continuó Xena - la libertad es el tesoro más preciado que puedes tener, vivir libre sin
ataduras, ir a donde quieras sin tener que dar explicaciones a nadie, disfrutar de tu
soledad y hacerla tu amiga, yo no soy tu ama Lerey, soy simplemente tu amiga.
- Pero...
- No, no digas nada sé que estas asustada pero descuida te prepararé para que puedas ir
por la vida sola.
Ante tales palabras la bardo se tranquilizó, pero... ¿Por qué diablos no le soltaba la
mano a la muchacha?, eso la tenía hasta el fastidio, Gabrielle se levantó y ni siquiera
se dieron cuenta de ello, la bardo se sentó frente a la barra y pidió algo de beber que
le quitara el amargo sabor de boca que le provocaba el ver a Xena tan bien acompañada.
- ¡Oye! - dijo el tabernero al momento de entregarle la bebida a Gabrielle - eso de ahí
junto es de tu amiga, él hombre que trajo a esa joven la dejó ahí encima.
Gabrielle sin mucho ánimo tomó la pequeña bolsa, en realidad estaba pesada, la abrió
encontrando dentro una buena cantidad de monedas de oro. Se volvió para mirar a Xena y
de nuevo la joven tomó la mano de Xena y depositó sobre ella una vez más sus labios
carmesí. Gabrielle cerró la pequeña bolsa y la arrojó con fuerza sobre Xena, esta solo
tuvo que levantar el brazo para que el pequeño bulto quedara atrapado en su fuerte mano,
miró a Gabrielle de reojo.
- Es tuyo - dijo la bardo sonriendo de manera celosa - y dicho eso se llevó el tarro a
la boca y bebió de él hasta vaciarlo por completo.
El tabernero se sorprendió de que lo bebiera tan de golpe.
- Sírveme otra - Gabrielle dejó el tarro sobre la barra mientras seguía con la mirada
fija sobre Xena y su acompañante.
- ¿Y vas a pagar tú o lo hará tu amiga?, porque mira que te estoy sirviendo del mejor
vino.
Xena iba a decir algo pero Gabrielle le cayó con sus palabras.
- Por supuesto que ella va a pagar... ¿sabes? - se volvió a mira al tabernero - me debe
la vida, así que - se volvió para mirar a Xena quien le veía seria - lo menos que puede
hacer es pagarme los tragos y una habitación - de nuevo miró al tabernero sujetándolo
de las ropas con fuerza - ¿no lo crees?, además tiene con que pagar.
El tabernero le sonrió nervioso y de reojo miró a Xena quien con gesto de resignación
admitió que la rubia tenía razón. Gabrielle le soltó mientras su mirada se dirigía de
nuevo hacia Xena y Lerey. Las primeras estrellas de la noche comenzaban a dibujarse en
el firmamento nocturno, Xena seguía hablando con Lerey y Gabrielle continuaba vaciando
el vino que tarro a tarro llenaba el tabernero, para cuando las estrellas tomaron su
lugar en el manto de la noche Gabrielle se encontraba totalmente ebria, hablando cuanta
incoherencia le venía a la mente.
- ¿Sabes?... fui hasta Egipto por esa mujer... sí... hasta Egipto - le decía al
tabernero que seguía llenado el tarro - tu nunca has ido a Egipto ¿verdad?.
- No, nunca he ido.
- Pues bien... ¿sabes a qué fui?
- ¿A buscar a tu amiga? - preguntó el tabernero mientras limpiaba un tarro con un trapo
viejo.
- No, no, no, no... fui a guardarle luto... a... guar... dar... le... lu...to - tomó un
gran trago de vino.
- Creo que has bebido bastante, porque yo veo a tu amiga muy viva.
- ¡Qué? - Gabrielle dejó de beber y miró seriamente al tabernero - ¡sí te digo que fui
a guardarle... luto... fui a guardarle luto! ¿entendiste?
- Sí, perdona - el tabernero supuso que era mejor dejarle hablar y no decir nada más.
- ¡Fui hasta Egipto, por ella!... me enfrenté... - tomó un gran trago de vino - me...
enfren... enfrenté a un tipo enorme... enorme - decía Gabrielle con aspavientos ¿ y...
sabes que hice con él?... ya se acabó... llénala otra vez - el tabernero le sirvió -
¡aahhh, así esta mejor! Tanto hablar ¿sabes?... te puede secar la garganta... ¿qué...
qué te estaba diciendo?.
- Algo de un hombre enorme.
- ¡Oohhh! Sí, sí, era enorme, me atacaba por aquí y por allá... yo no tenía manera de...
derrotarlo... lo golpeaba y... - bebió de nuevo - lo golpeaba... y no le ha... cía nada...
pero al final lo maté... de un solo golpe...
- ¿De un solo golpe? - interrogó el tabernero que ya se había entusiasmado con la
narrativa de Gabrielle.
- Sí, así es... de un solo golpe.
- ¿Pero como lo hiciste? - preguntó el hombre con curiosidad.
Gabrielle se levantó y dando tras pies se acercó a Xena y con una agilidad increíble
para lo ebria que estaba, tomó el chakram de la guerrera quien enseguida se puso en pie.
- ¡Qué haces Gabrielle? - Xena trató de arrebatarle el arma.
- No... no... no... no Xena, déjame - decía mientras manoteaba en el aire - déjame...
mostrar... le a mi amigo... como derrote... a ... a... ¿cómo se llamaba?... no, no lo
recuerdo... ¡ah!, pero eso sí... ¡era enorme!... ¡enorme!
- Gabrielle devuélveme eso ¡ahora mismo!
- ¡Shhhh! - Gabrielle se llevó el dedo a sus labios - ¡Shhhh!... ¿qué va a pensar mi
amigo, si escucha que me gritas?
- ¡No me importa Gabrielle!... - dijo al tiempo que estiraba su mano para tomar el
chakram.
Gabrielle dió un salto mortal hacia atrás aterrizando con dificultad sobre una de las
mesas.
- Mira amigo - le dijo a aquel hombre - esa mujer... me enseñó que hay... que hay...
¿Xena?... ¿Qué me enseñaste?... bu... Bueno... ol... olvidalo... ¡aahh! sí me dijo que
había que buscar... que... bus... car... el a... áng... ángulo.
- Gabrielle no lo hagas - dijo Xena acercándose a ella.
- ¡No me interrumpas... traidora!... ¿qué, qué te decía amigo? ¡ah! Sí... busqué...
bus... que el ángulo, y entonces yo - Gabrielle lanzó el chakram al aire este golpeó en
una pared y con un salto y con mucha suerte Xena logró atraparlo antes de que se
incrustara en un tipo que estaba tirado de borracho sobre una mesa.
- Bueno... ella lo desvió... pero... a... aquel tipo se le in... incrus... tó hasta el
cerebro, y lo maté - dijo Gabrielle mientras torpemente bajaba de la mesa y se volvía a
sentar en su lugar.
Xena se acercó a Gabrielle bastante molesta.
- Muy bien Gabrielle, es suficiente. - Le sujetó con fuerza del hombro.
- ¡Déjame!, ¡no te atrevas a tocarme! - Gabrielle le miró con rabia.
- ¡Escúchame Gabrielle!.
- ¡Qué me dejes, te digo!... la bardo se soltó a llorar - no... no... no, no quiero
escucharte... de... deja... déja... me... en paz - vete con ella... - Gabrielle bebió un
enorme trago de vino.
- ¡Con un demonio deja de beber! - Xena le arrebató el tarro a Gabrielle.
Gabrielle le miró con verdadero enojo.
- No... no necesito... nada de ti Xena... na... da - Gabrielle se giró de frente a los
hombres que estaba sentados bebiendo. - ¿Quién... quién, quiere... invi... tar... me un
trago?
Al instante varios hombres se levantaron de sus asientos sonriéndole y gritándole al
tabernero que le sirviera lo que ella quisiera.
- ¿Qué demonios crees que haces? - preguntó Xena sujetándola de los hombros y acercando
su rostro al de ella.
- Tu... lo di... jiste... Xena... así que... yo... yo puedo... hacer... lo que quiera...
sir... sírveme otra - dijo Gabrielle al tabernero - mira Xena, si tu, ya no... me amas...
pues... ya que... ¿no?... - ¿o no? - se volvió a ver al tabernero - ¿entonces?... -
miró de nuevo a Xena - ¿qué te... importa lo... que ha... ga?
Xena le miró seriamente y cuando el tabernero puso el tarro sobre la mesa, la guerrera
casi lo mata con la mirada.
- Tienes razón Gabrielle - dijo Xena de manera estoica - tienes razón... - la liberó de
sus manos - quiero - le dio al posadero - dos habitaciones - una para la bardo y otra
para la chica y para mi.
El posadero le indicó donde podían dormir, Gabrielle se llevó el tarro a la boca y lo
bebió como si en ello le fuera a ir la vida. Xena y Lerey se encaminaron rumbo a las
escaleras que conducían a las habitaciones cuando Gabrielle gritó a todo pulmón.
- ¡Muy bien chicos... el que... lo... gre... derro... tarme... se irá conmigo a la cama!
Ante tales palabras Xena apretó con fuerza los puños, mientras era testigo de cómo
todos los hombres del lugar se ponían en pie y aventaban a un lado las mesas para
llegar más pronto a la rubia mujer. Gabrielle bebió un trago más y de inmediato se puso
en pie. Xena tragaba saliva al ver que Gabrielle no tendría oportunidad para vencer a
esos hombres y menos sin sus armas, sin embargo se quedó sorprendida al ver la manera
en que iban cayendo uno a uno sus rivales... ¿cómo era posible? Se preguntaba Xena
mirando la destreza de la rubia mujer, el que Gabrielle pudiera moverse de esa forma
¡estando en el estado en que se encontraba!. De pronto un hombre sacó su espada y
Gabrielle de una patada lo desarmó tomó el arma en sus manos y se enfrentó a tres
hombres armados derrotándolos uno a uno con una facilidad impresionante, ¿Cómo es
posible? se preguntaba una y otra vez Xena sin dejar de prestar atención a los
movimientos de la bardo.
- "¡Esto es impresionante!" - pensó Xena - ¡no es posible que tenga esa agilidad!...
¿cómo es que la adquirió?.
Por fin Gabrielle desmayó a su último oponente con un duro golpe en la nuca.
- ¡Sír... veme... otro tra... go! - ordenó Gabrielle al vetusto tabernero - creo - dijo
mirando al viejo - que... esta noche... dormiré... sola. - sonrió limpiándose el sudor
de su frente con el dorso de la mano.
El tabernero le dió la bebida a la bardo quien lo bebió con parsimonia. Xena estaba
sorprendida por la habilidad de Gabrielle pero también muy preocupada por la cantidad
de vino que estaba consumiendo, sabía que si seguía bebiendo de esa forma seguramente
su cuerpo no lo soportaría. Se encaminó hacia Gabrielle con paso decidido pero a unos
cuantos centímetros de ella, detuvo su paso de golpe pues la bardo tocó la piel de su
garganta con la espada que empuñaba con la mano izquierda, mientras continuaba bebiendo
su trago con los ojos cerrados. Xena se sorprendió a tal punto que abrió
desmesuradamente los ojos, nunca le conoció tales habilidades, ¿cómo le fue posible
obtenerlas tan solo en el tiempo que ella estuvo muerta?
- ¿Sorprendida... guerrera? - preguntó la bardo mientras abría sus verdes ojos, mirando
a Xena de soslayo - ¿sabes? - continuó hablando - todo... esto fue... por ti... yo...
yo... nece... sitaba - Gabrielle se levantó de su asiento con paso tambaleante - fuer...
fuerza... sí... fuer... fuerza y... habili...dad, para regresarte a ... a la vida.
Gabrielle bajó la espada y la soltó de su mano, tomó el tarro de la barra pero Xena se
lo arrebató. Gabrielle le miró con la mirada extraviada.
- ¿Qué qu... quieres? - preguntó torpe la bardo.
- Sube a dormir.
Gabrielle sonrió irónicamente ante aquella orden, miró con cuidado el rostro de Xena y
se acercó a ella tomándola de las manos.
- Esta, esta... bien. Pero... solo si duermo... en... la... misma... cama que tu.
- Gabrielle - suspiró, molesta Xena - no digas estupideces.
Gabrielle le soltó enérgicamente las manos.
- Muy bien... - dijo Gabrielle mirando a Xena con enfado - luc... lucha contra mi... si
yo gano... dor... mirás con... migo, si pierdo... me iré a dormir... sola.
Antes de que Xena pudiera articular palabra se encontraba siendo atacada por Gabrielle,
la guerrera apenas pudo esquivar el golpe de la bardo quien le estaba atacando
realmente en serio, la rubia tomó la espada y se fue encima de Xena quien se cubrió del
golpe con su espada. ¡Pero que fuerza, poseía Gabrielle!, si Xena quería detenerla
debía pelear en serio y con toda su fuerza, Gabrielle sentía el deseo de ganar a como
diera lugar lo que aumentaba en ella la fuerza y agilidad de sus múltiples golpes que
en varias ocasiones hicieron contacto con la guerrera, sin embargo Xena dió por
terminado el encuentro al asestarle en un momento de descuido un fuerte golpe que dejó
en la inconciencia a Gabrielle, Xena jadeante por el esfuerzo de la lucha guardó su
espada y cargó a Gabrielle entre sus cálidos brazos.
Lerey seguía de pie en la escalera observando en los ojos de su nueva dueña un dolor
más allá de lo comprensible. Espero a que Xena subiera para ir ella de tras de su ama;
Xena entró en una de las habitaciones y recostó a Gabrielle sobre la cama le cubrió con
la manta, tomó una silla y la acercó junto a la cama dejándose caer sobre ella y
lanzando un gran suspiro.
Lerey encendió las velas que se encontraban en la habitación y pronto el cuarto se vio
lleno de luz.
- Ve a la habitación de al lado Lerey y descansa.
- Mi ama debe hacerlo, yo vigilaré a su amiga.
- No - dijo Xena, mirándole cansada - es mi obligación cuidar de ella, por favor haz lo
que te pido.
Con resignación Lerey salió del cuarto, la imagen que vio antes de cerrar la puerta fue
la de Xena acariciando con ternura el revuelto cabello de la mujer que yacía sobre la
cama.
*****
Continúa en: Capítulo 7 - Luna llena