Capítulo 3
El Templo
A la noche siguiente por fin estaba a uno pasos de conseguir revivir a Xena y estaba en
tiempo pues dos noches más y habría luna llena.
- Muy bien Diocles quedarás a las afueras del templo.
- Pero es muy aburrido ¿no habría forma de quedarme donde tu estés?
- Lo lamento pero no, quiero hacer un recorrido y llevaré a otros guardias a puestos en
donde siento que es más vulnerable la entrada al templo.
- Será como tu dices.
Diocles se quedó en la entrada y Gabrielle dispuso a un hombre por cada esquina del
templo a los demás los mandó a los andamios preparados para la vigilancia aérea una
vez colocados los hombres lejos de ella se dedicó a buscar la entrada a la cámara
secreta de Horus, por fin después de una revisión exhaustiva al tocar la imagen de un
halcón se abrió una pequeña abertura en la cual apenas podría entrar ella, sin
pensárselo dos veces tomó una antorcha y entró, la abertura a cada paso se hacia más
grande hasta que por fin llegó hasta un cuarto bastante amplio con una serie de
imágenes (jeroglíficos) que tapizaban todos y cada uno de los muros la única salida de
ese lugar al parecer era ya fuera regresando o bien atravesando por una especie de
corredor bastante largo el cual no era muy amplio, Gabrielle sin dudarlo siguió
adelante paso a paso al principio del recorrido iba de frente, sin embargo metros más
adelante se vio en la necesidad de ir de lado puesto que el pasillo cada vez se iba
estrechando más por fin Gabrielle sintió que ya no podía más no obstante trataba de no
darse por vencida regresó un poco y en donde le fue posible tener un poco más de
movilidad se despojó de toda la ropa y armadura que traía puesta, regresó y esta vez
pudo avanzar un poco más con todo ello metros adelante ya no le fue posible seguir sin
embargo a lo lejos pudo distinguir claramente una especie de pasillo y al parecer ahí
comenzaba otra especie de cámara, así que viendo que no era posible seguir adelante
regresó pero cuan grande seria su sorpresa al ver que en el lugar donde había dejado su
ropa y armaduras se encontraba una niña como de cinco años mirándola extrañada.
- ¿Pero quién eres tu pequeña? - le dijo al tiempo que comenzaba a vestirse.
- Salí de casa y me he perdido no sé como he llegado aquí puedes ayudarme a regresar
con mi mamá?.
- Por supuesto pequeña, ven dame la mano - caminaron unos metros adelante y Gabrielle
se percató de que algo no andaba muy bien cada vez se hacia más y más estrecha la
salida así que tomó a la pequeña y la subió a sus hombros y comenzó a correr lo más
rápidamente que pudo, casi para llegar a la primera cámara se había hecho el espacio
tan estrecho que a duras penas logró bajar a la niña .
- Ya no es posible que te siga acompañando pero mira el espacio que queda es suficiente
para que tu puedas seguir adelante trataré de impedir que estas paredes sigan cerrándose
para que puedas llegar a salvo hasta el otro lado - Gabrielle colocó sus manos enfrente
suyo y haciendo presión en su espalda trataba de impedir que siguiera estrechándose más
la pared, la niña le miró conmovida por su sacrificio.
- ¿Y tu?, si no te vas morirás.
- Por favor vete rápido no hay tiempo, yo no importo, anda vete, ¡vete ya!, ¡obedece!.
La niña salió como Gabrielle le indicó, una vez que Gabrielle vio que la niña estaba a
salvo se dispuso a morir, no había traído a Xena a la vida pero ahora estarían juntas
de nuevo en la muerte.
- Xena... Xena - susurró y sonrió ante el recuerdo de su amada guerrera.
Sin embargo en vez de que las paredes se siguieran cerrando algo increíble ocurrió
volvieron a su estado normal y Gabrielle salió rápidamente de ahí. La niña le miraba
sonriente.
- Eres valiente y noble habrías dado la vida por mí antes que salvarte tu misma pues
bien, eres merecedora de entrar en la cámara secreta de Horus, sé a que has venido así
que solo te diré que has venido incompleta necesitas tener contigo a la que intentarás
volver a la vida pues esto es la entrada a la cámara secreta de Horus y una vez que te
hayas adentrado no podrás salir, ven mañana y yo te abriré las puertas, pero ven
completa o no habrá manera de regresar.
Entendiendo Gabrielle que se encontraba frente algún tipo de guardián no dijo más, dio
las gracias y se fue, al salir de aquel lugar se sintió como nueva, sabía que estaba
apunto de lograrlo, volvería a Xena a la vida, el resto de la noche la pasó buscando
por donde le fue posible los ojos de Horus pero no lo consiguió, ¿en dónde podían
estar?, ya había revisado con mucho esfuerzo hasta el último rincón del palacio de
faraón y sin embargo no había tenido suerte, ¿en dónde estarían los ojos de Horus?,
recorrió palmo a palmo el resto del templo, hasta que casi al amanecer descubrió un
pasadizo, entró en el llevando consigo una antorcha, el camino aunque era angosto
afortunadamente no daba indicios de cerrarse sino al contrario al final de aquel
corredor se encontraba una pequeña cámara y en el centro de la misma se encontraba una
estatua del Dios Horus, en las cuencas de sus ojos se veían dos joyas rojas del tamaño
de su puño.
- ¡Sí!, lo logré, lo logré... esos deben ser los ojos de Horus.
Al acercarse a tomarlos una ráfaga de recuerdos atravesó su mente desde el momento en
que miró a Xena por primera vez, hasta el día de su muerte, para cuando tomó los ojos
de Horus, se dio cuenta de que las lágrimas no dejaban de surcar sus ojos.
- Xena - musitó suavemente la bardo - pronto estaremos juntas... pronto.
Por otro lado Xena despertaba de lo que parecía ser un largo sueño. Sus primeras palabras
fueron para Gabrielle y después recordó que ya no estaba más a su lado, miró alrededor
de ella, solamente en el lugar en el que ella se encontraba existía una pálida luz,
todo lo demás era oscuridad.
- ¡Amas a esa mujer? - una extraña voz lleno todo el lugar - ¡responde, amas a esa
mujer?
Delante de Xena apareció la imagen de Gabrielle quien se encontraba hablando con el
jefe de la guardia siguiente, se veía hermosa, su cabello había crecido, su mirada y
actitudes denotaban una enorme madurez.
- Más de lo que pudieras imaginar - contestó Xena sin dejar de mirar a su bardo.
- ¡Mirala bien! ¡Porque quizá sea la última vez que la veas!
- ¿Qué quieres decir? - preguntó Xena mirando hacia todos lados tratando de ubicar de
donde provenía esa voz.
- Arriesgará la vida por ti. Intentará volverte a la vida... si no lo logra jamás la
volverás a ver... sin embargo si logra hacerlo, tendría que enfrentarse a la más cruel
de todas las pruebas, y si falla su muerte será ¡terrible! ¡y ni tu ni nadie podrá
evitarlo!... ¡Crees en su amor?... ¡Crees ciegamente en el amor que esa mujer
manifiesta por ti?... ¡Resistirá tu corazón, romper el de ella, humillarlo, vejarlo,
llenarlo de odio hacia tí?... y aún con ello ¡crees que te seguirá amando de la misma
forma?.
- ¿A qué te refieres?... ¿No entiendo?
- Solo lo diré una vez mortal, solo una vez, así que presta cuidadosa atención. Si esa
mujer logra volverte a la vida, tendrán que demostrar que su amor ha sido digno de que
los dioses egipcios te vuelvan a la vida, para ello tu amor será probado de la siguiente
forma. La tendrás que humillar, intentarás con todo lo posiblemente humano alejarla de
tu lado, tu corazón se romperá en pedazos, y tu alma se desgarrará pues cada vez que
desees decirle que le amas, deberás decirle que le odias, si no se lo dices convencida
en ese momento ambas morirán y jamás volverán a estar juntas ni en esta vida, ni en la
siguiente, ni siquiera en la muerte. Si tu amor es tan fuerte como para soportarlo,
habrás vencido. La prueba de ella será mantenerse a tu lado no importándole cuanto le
digas que la odias, ni cuantos sean tus intentos por alejarla de tu lado. Si su amor
por ti, después de la prueba sigue tan fuerte como en el momento en que logre volverte
a la vida, ambas estarán totalmente libres, sus vidas continuaran su ciclo normal, y
aunque mueran volverán a encontrarse en la siguiente vida. ¡Por ello, vuelvo a
preguntarte! ¡Su amor, logrará vencer esta dura prueba?... No es necesario que me
respondas, pues la respuesta es para ti. ¡No hay nada que puedas hacer para impedir que
ella siga adelante con su cometido!, solamente puedes observar, ella ha buscado este
destino, ahora solo resta esperar. Si logra volverte a la vida la prueba durara de luna
llena a luna llena... una cosa más, si ella llegara a fallar, la sangre le brotará por
todos los poros de su piel, hasta morir, si cede ante tu actitud, le verás sangrar,
entre más sangre más cercana será la hora en que ella decidirá alejarse de ti, y con
ello ambas morirán.
- Pero ella... ella debe vivir, ella debe vivir... ¿no hay nada que pueda hacer?...
¡respóndeme!
No hubo contestación, sin embargo Xena volvió a mirar a su amada bardo...
¿Cuánto tiempo había pasado?, sin lugar a dudas estaba hermosa, ¡cuánto la había
extrañado!... no perdía detalle de cada cosa que su bardo hacia, pues la prueba era
demasiado dura y no deseaba en lo absoluto perder a Gabrielle.
- Gabrielle... Gabrielle... - susurró.
- "Bien, los ojos de Horus son míos, y esta noche estoy de guardia en el templo, hoy
habrá luna llena, volverás a la vida Xena, te lo prometo" - pensaba Gabrielle.
Esa noche Gabrielle guardó en una pequeña bolsa la urna con las cenizas de Xena y los
ojos de Horus, la amarró con cuidado a su cinturón y salió rumbo al patio principal en
donde sus hombres le esperaban listos para hacer la guardia de esa noche. Diocles tenía
planeado pedirle esa misma noche que se casará con él, todo el día la había visto de
muy buen humor y esa noche era perfecta, tenía bien planeado todo, sabía que estaría
como siempre a la entrada y conocía la manera de Gabrielle de como distribuiría a sus
compañeros, así que con un pequeño soborno convenció a uno de sus compañeros para
intercambiar lugares y mientras Gabrielle rondara por el interior del templo él saldría
a su paso y a la luz de la luna llena le pediría matrimonio; en lo que Diocles repasaba
su plan la guardia comandada por Gabrielle llegaba al templo de Horus, rápidamente la
bardo instaló a los hombres tal como la noche anterior; cuando Gabrielle se hubo
retirado Diocles intercambio su puesto; en el interior del templo Gabrielle se dirigió
directamente a la cámara secreta de Horus; Diocles oculto tras una columna observaba
sus movimientos, Gabrielle ansiosa de llegar a la cámara lo más pronto posible no se
percató de la presencia del joven soldado tras tocar la imagen del halcón la compuerta
se abrió y Gabrielle se introdujo rápidamente la pequeña puerta se cerró tras de ella.
- ¿Pero que demo...? - Diocles miraba la escena perplejo ¿qué se proponía Gabrielle?...
¿Algún tesoro?... o ¿acaso sería?... ¡¿Podría ser que ella...?! ... ¿Gabrielle?...
ahora lo recuerdo ese, ese nombre... ella... ¿Gabrielle?... Ga... Gabri... Gabrielle...
Sin perder tiempo fue tras ella, pero no pudo ver cual imagen había tocado así que de
inmediato empezó a tocarlos al azar. Mientras tanto Gabrielle se encontraba ya dentro
de la primera cámara, la niña guardiana abrió más el estrecho pasillo y Gabrielle
tomando una antorcha se apresuró a seguir su camino, la luna pronto estaría en todo su
esplendor así que debía llegar lo más rápido posible, después de mucho avanzar topó con
una pared en la cual se encontraba una estatua del dios Horus Gabrielle sacó las joyas
rojas con cuidado y las colocó en la cuencas vacías, estos se iluminaron y de inmediato
la estatua se hizo a un lado, Gabrielle tomó de nueva cuenta los ojos de Horus y entró
rápidamente al interior de la cámara prendió las antorchas que se encontraban en la
paredes de esa pequeña cámara, la cual se iluminó dejando ver numerosas inscripciones
en las paredes y en el centro de la cámara se encontraba la estatua de Horus y frente
de ella una urna grande Gabrielle dejo aun lado de la urna las cenizas de Xena mientras
colocaba los ojos de Horus en la cuencas vacías de la estatua; Gabrielle reparó en una
de las esquinas pues en ella se encontraba un esqueleto con vestidos finos y joyas
preciosas alrededor del cuello, pareciese como si estuviera sentada esperando por
alguien, sus cuencas vacías perecían observar con cuidado cada movimiento realizado por
la bardo, lo que provocó en Gabrielle que un frío peculiar le corriera por la espalda.
Diocles tocó el halcón y de inmediato la compuerta cedió, sin pensarlo dos veces se
introdujo dentro hasta llegar a la primera cámara, al llegar a esta la niña guardiana
le esperaba con una antorcha en la mano.
- Tu destino te espera... - dijo de forma estoica la guardiana mostrándole el camino a
seguir.
Diocles tomó la antorcha y cegado por los celos corrió en busca de la que él consideraba
la traidora de su amor.
*****
Continúa en: Capítulo 4 - Resurrección