Capítulo 1
Una leve esperanza
Hace ya un par de días que Gabrielle se embarcó rumbo a Egipto, lleva en el cinturón el
chakram de Xena, perfectamente pulido, en ocasiones cuando esta en la cubierta le gusta
mirar en la lejanía como el cielo y el mar se unen, ese azul le recuerda el azul de los
ojos de Xena, inconscientemente, acaricia el chakram con las yemas de los dedos.
- Xena... - murmura al viento. Las lágrimas surcan su rostro.
- Señorita - le interrumpe una voz - la comida se servirá dentro de unos momentos, desde
que se embarcó no ha probado alimento, por favor, debe de comer ¿no querrá morir de
hambre, verdad?
Gabrielle mira impasible hacia la lejanía, ignorando por completo el comentario de aquel
hombre. Al percatarse que Gabrielle no le contesta, resopla alejándose un poco
apesadumbrado.
- Morir... - repite esta última palabra con tono esperanzador sin dejar de mirar hacia
la lejanía, la brisa marina roza el rostro de Gabrielle y alborota su cabello un poco,
lo que provoca que Gabrielle cierre los ojos y disfrute esa caricia.
- Así es, dicen que esa vieja lo sabe todo es por eso que llegando a Egipto iré a verla
- dice un hombre de piel morena y tozuda barba.
- ¿Y crees qué en verdad lo sepa todo? - le pregunta su acompañante un poco más pequeño
de ojos ambiciosos.
- Por supuesto, se dice que es capaz de levantar a los muertos.
Ante ese comentario Gabrielle reacciona mirando a los dos hombres que prosiguen su
camino rumbo al comedor, la bardo se encamina hacia ese lugar siguiéndolos de cerca. Una
vez dentro Gabrielle se sienta a la mesa, quedando frente a ellos, la mesa es larga con
una barra de asientos, las demás personas están entretenidas conversando, mientras
Gabrielle trata de escuchar lo que esos dos extraños tienen que decir. La comida es
servida minutos después.
- Aaahh!, que bien pulpo en su tinta mi favorito - dice el hombre de la barba tozuda,
aspirando el olor que desprende su platillo.- Y bien, en donde dices que se encuentra
esa vieja - le dice su amigo.
- Se encuentra al este de la ciudad de Gizeh, el nombre de la mujer es Sabak, ya verás
que lo que dicen es cierto.
Ambos hombres dejaron ese tema de lado, y se ocuparon en devorar el contenido de los
platos, Gabrielle no salía de su asombro si lo que habían dicho esos hombres era verdad,
entonces habría una posibilidad de volver a Xena a la vida, animada ante tal idea
decidió comer, su semblante cambió, se mostró sonriente ante sus propios pensamientos,
comió bastante bien, se sintió mejor y una vez terminado su plato se dirigió de nuevo
hacia la cubierta. Volvió a admirar el cielo, el mar y su unión a lo lejos, sonriendo
tomó el chakram de Xena y jugó en sus manos observándolo con ilusión.
- Lo volverás a usar Xena, te lo juro - y mientras decía estas palabras apretó el
chakram hasta que su mano comenzó a sangrar, Gabrielle sostuvo el chakram a la altura
de su rostro, al verlo machado con su sangre dijo - es una promesa.
Gabrielle bajó a su camarote, delicadamente, sacó de sus alforjas la urna con las
cenizas de su guerrera, las sostuvo entre sus manos, ante tal acto no pudo resistir las
ganas de llorar, tras calmarse un poco comenzó a platicar como si estuviera frente a
Xena, así paso el resto del día.
Los días siguieron su curso, tras casi una semana de viaje, una ansiosa y desesperada
bardo, desembarcó, llevándose a Argo II consigo, sin esperar, se dirigió a la ciudad de
Gizeh, a medio camino el clima obligó a Gabrielle a comprar un dromedario, ya que Argo
II, necesitaba descanso cada cierta distancia, dejó encargada a Argo II en un establo,
y se dirigió sin detenerse a Gizeh, el camino fue duro y agotador pero por fin llegó
hasta la ciudad, casi todo el mundo hablaba el griego, lo cual le facilitó darse a
entender sobre todo con los comerciantes, después de dos días de intensa búsqueda logró
dar con la casa de la mujer de quien había oído hablar, para su desilusión una gran
muchedumbre estaba formada entorno a su casa, Gabrielle suspiró hondamente, y tomó su
lugar en aquella inmensa fila. Gabrielle estuvo todo ese día sin probar bocado, no
debido a que no tuviera hambre o dinero, sino por que no sabía cuánto le costaría la
información que iba a pedirle a esa mujer. Y si tenía que usar hasta el último dinar
que tuviera lo haría, si ello le traía a Xena de nuevo a la vida.
- Dioses la fila es interminable - dijo Gabrielle en voz alta.
- A Sabak le gusta la determinación en las personas es por ello que mide la capacidad
de resistencia de cada persona, yo llevo ya dos noches con sus días y si es necesario
esperaré más - le dijo una mujer de tez tostada y semblante cansado.
- ¿Quiere decir que podríamos pasar días enteros esperando a ser recibidas? - a pesar
de la pregunta la mujer no dijo nada más.- "Bien, no me importa si tengo que pasar
semanas aquí, lo único que me importa es hablar con esa mujer y que me diga cómo puedo
traer de nuevo a la vida a Xena" - pensó Gabrielle.
Esa noche Gabrielle paso un poco de frío, a la mañana siguiente ya habían avanzado algo
más debido a que las personas por cansancio y al hambre desertaban de conseguir una
entrevista con Sabak. El día de Gabrielle transcurrió entre somnolencia, hambre y
cansancio, debido a que solo cuando la luna estaba ya muy en alto, la gente podía
sentarse, y se les levantaba antes del amanecer, se les prohibía tomar alimentos y agua,
de modo que la espera era más y más angustiosa, de esto se dio cuenta Gabrielle en su
primer día, después de unas horas de estar de pie se sintió cansada y decidió sentarse
un rato estaba apunto de hacerlo cuando esa extraña mujer delante de ella le sostuvo
por el brazo. Y sin decir nada le señaló discretamente hacia unos hombres que se
encontraban sentados recargados en una de las paredes de enfrente aparentemente dormían,
pero... Gabrielle se dió cuenta de que un hombre que estaba a tres personas de ella
miró a los hombres, tras unos minutos de duda el hombre se derrumbó sobre el piso y dió
un ligero suspiro, dos de los hombres se levantaron cogieron de los brazos al hombre y
lo sacaron de la fila, uno de ellos miró en dirección de Gabrielle, un poco más y no
hubiera sido posible ver a Sabak, Gabrielle le dió las gracias a esa mujer y siguió su
espera. Después de cinco días de angustiosa espera, Gabrielle estaba a solo una persona
de ver a Sabak, sin embargo un día más tuvo que pasar para que Sabak la recibiera.
Cerca de las doce del día llegó el turno de Gabrielle entró en la casa, su rostro
estaba demacrado por el cansancio, tenía una sed insoportable y sentía que de un
momento a otro perdería el sentido. Sentada sobre un almohadón se encontraba una vieja
mujer de rostro apacible, sus ojos cerrados, denotaba tener más de ochenta inviernos,
la vieja hablo con voz pausada.
- ¿Qué es lo que quieres Griega?
- ¿Cómo es que sabes que soy griega? - dice Gabrielle asombrada.
- Yo sé muchas cosas y también sé que quieres desafiar al destino, pero no creo que
puedas hacerlo así que... - la mujer no terminó la frase, se levantó con un poco de
dificultad y le dio la espalda a Gabrielle, encaminándose hacia la parte posterior de
la casa.
- ¡Alto! - gritó Gabrielle lanzando el chakram con furia clavándose en una de las vigas
de madera. La vieja detuvo su paso - Escúchame bien Sabak - dice Gabrielle de manera
fría - he estado esperando por verte seis días y he cumplido con las reglas que has
puesto y no me iré hasta que me respondas lo que he venido a consultarte, no me importa
el tiempo que tenga que esperar... pero haré que me escuches de una forma u otra -
Gabrielle realmente estaba enfurecida.
La vieja sonrió, gesto el cual no vio Gabrielle ya que Sabak estaba de espaldas a ella.
- Muy bien Griega tienes espíritu, te responderé a las preguntas que quieras pero con
una condición... - le dijo aun sin voltear a verla.
- ¿Cuál es esa condición? - preguntó Gabrielle no dejando de mirar a Sabak.
- Tienes que esperar tres días - se fue dando la vuelta para mirar a Gabrielle - con
sus noches, sin dormir, ni beber, ni comer y estando de pie... solo entonces - abrió
lentamente sus ojos - te recibiré - miró fijamente a Gabrielle de sus ojos salió una
fuerte luz y Gabrielle fue barrida fuera de la casa de Sabak, junto con el chakram.
Gabrielle se levantó un poco aturdida, sin poder ver nada absolutamente, se tallaba los
ojos una y otra vez pero el resultado fue el mismo, estaba ciega... a tientas buscó el
chakram una vez que lo encontró lo colocó en su cinturón. Se levantó con dificultad.
- ¿Qué?. ¿Qué esta sucediendo?. ¿Por qué no puedo ver, qué sucede? - se preguntaba, sin
embargo permaneció de pie, no se inmutó, sabía que la vida de Xena valía cualquier
sacrificio.
- Ya veremos Griega, ya veremos - decía la anciana sentada sobre su almohadón.
Ese día Gabrielle lo soportó, aun le dolían las palabras dichas por la anciana "sé que
quieres desafiar al destino, pero no creo que puedas hacerlo", cada vez que sentía
desfallecer recordaba esas palabras y la llenaban de energía para seguir en pie,
trataba de no dormir, caminaba en círculos recitando de memoria una y otra vés sus
pergaminos favoritos, trataba de recordar los buenos momentos que pasaba con Xena, las
bromas, los juegos, se negaba a recordar la muerte de Xena, ya que sabía que no
soportaría estar bajo las condiciones de Sabak si lloraba una vez más, recordaba a
Joxer y sus peripecias, al segundo día, estaba cantando la vieja canción de Joxer El
Poderoso, y de momento se reía para sus adentros de lo que estaba haciendo con tal de
ver a Xena una vez más.
- Lo haces bien Griega tienes agallas, pero soportaras un día más - decía Sabak sin
salir de su casa.
- Xena, valiente guerrera, valor, valor, valor, siempre me decías eso, ánimo, ánimo
Gabrielle, ¿Me ves Xena?, más vale que sí, porque todo esto es por ti - hablaba en voz
normal - sí logro volverte a la vida, que Sí lo haré, te lo cobrare con una buena
comida - esto lo dijo en voz baja - "Dioses lo que daría por un plato aunque fuera de
raíces" pensó la bardo - anda Gabrielle mejor volvamos a la vez en que Xena utilizó uno
de tus pergaminos para... ja,ja,ja, esa vez realmente me enfadé, sí, ahora que lo pienso
mejor no debí decirle nada... en verdad esos son los momentos bellos de la vida.
Al tercer día apenas si podía hablar, sentía que casi no podía sostenerse en pie, para
fortuna de ella comenzó a llover, a pesar de las ansias que sentía de abrir la boca y
saciar su sed, se contuvo, por temor a echar todo a perder por un simple trago de agua,
ella sabía que Xena valía más que un simple sorbo de agua... Gabrielle había perdido la
cuenta de los días, parecía que estaba lista a rendirse... pero las palabras de la
anciana hacían mella en su orgullo amazona así que con un último esfuerzo, trato de
pararse firme, ante la idea de que Xena haría lo mismo por ella, debía estar a la altura
de su guerrera, por ella Xena había combatido a todo un ejército, por ella se internó
en el Mundo de Morfeo, por ella Xena siempre estaba dispuesta a dar su vida.
- Griega, estas lista para hacer tus preguntas, o es acaso que te sientes demasiado
débil como para preguntar - dice Sabak desde la puerta de su casa... poco a poco
Gabrielle se va acercando a la entrada de la casa de la anciana, guiándose por el sonido
de su voz.
- Estoy lista Sabak, lo logré ahora debo preguntarte... - le decía Gabrielle acercándose
cada vez más a la anciana.
- ¡Por favor Sabak dime cómo volver a la vida a mi hija! ¡Por Horus es mi única hija!
¡por favor, mírala, mírala, sus ojos irradiaban alegría y vida y ahora esta muerta
Sabak, esta muerta! ¡ayúdame...! - la voz de un hombre sonaba alterada.
- Debes esperar, esta Griega es la persona que sigue debes hacer fila como todos los
demás - dijo fríamente la vieja.
- Yo esperaré el tiempo que a él le toque por favor ayuda a su hijita - dijo Gabrielle
sintiendo compasión por aquella aturdida voz, bien sabía Gabrielle el dolor de perder a
alguien amado.
- Eres noble Griega digna de ser una reina, como lo eres...
- En verdad lo sabes todo ¿cierto? - dijo Gabrielle a punto de desfallecer del esfuerzo
sobre humano hecho hasta ese momento.
- Así es Griega - Sabak pasó su mano tocando levemente los párpados de Gabrielle - yo lo
sé todo.
Gabrielle abrió los ojos lentamente, debido a la luz, que le molestaba de momento, al
recuperar la vista miró alrededor pero no pudo ver al hombre, ni a su hija.
- ¿Ese hombre y su hija en dónde están?, he dicho que yo tomaría su lugar - dijo
Gabrielle extrañada.
- Esa fue tu última prueba Griega, has demostrado tener, valor, ánimo, fortaleza,
determinación, orgullo, y lo más importante nobleza, pasa, mi casa es tu casa, tus
preguntas serán contestadas, y tu cansancio recompensado - la anciana se sostuvo del
brazo de Gabrielle y entraron juntas a su casa.
Sabak se sentó sobre su almohadón e invitó a Gabrielle asentarse frente de ella.
- Lo que quieres hacer es difícil, hay almas de por medio, muchas almas inocentes,
¿serias capaz de arriesgar tu vida? - le preguntó la anciana con los ojos cerrados.
- Sin dudarlo Sabak, ¿qué es lo que tengo que hacer para volver a mi amiga a la vida?
- Deberás conseguir los ojos Horus, y entrar en su cámara sagrada la cual se encuentra
en su templo junto al palacio del faraón, te costará trabajo ya que las mujeres no
pueden acceder a él, si logras conseguir los ojos de Horus, los colocaras en su estatua
y esperarás a que la luna llena inunde su cámara, en ese momento depositaras la urna
con las cenizas de tu amiga guerrera frente a sus ojos, Horus limpiará sus pecados, de
esta manera con ayuda de Anubis guiará a las almas al paraíso, estarán salvas y le
devolverá la vida tu amiga por haber mostrado valor y bondad al entregarse por su
propia voluntad a la muerte... empero si no logras conseguir los ojos de Horus hay una
forma más de devolverle a la vida... ¿estas dispuesta a escuchar?... - le pregunta
Sabak frunciendo el entrecejo, con sus ojos aun cerrados.
- Lo que sea, lo haré - dice firmemente Gabrielle.
- Muy bien escucha con atención - Gabrielle le escucha atentamente a cada palabra el
entrecejo de la bardo se fruncía un poco más, por fin después de unos minutos... -
piénsalo griega no es un asunto fácil, te esperan grandes retos... la decisión es tuya.
- No tengo nada que pensar Sabak, he dicho que lo haré, verás que lo lograré - apretó la
urna de las cenizas de Xena en sus manos. - Y una vez que lo haya hecho traeré a mi
amiga para que la conozcas. - Gabrielle sonrió con un dejo de cansancio, pero feliz,
había una leve esperanza y ella la aprovecharía no dejaría a su guerrera en el
inframundo, la traería de regreso.
- Así sea Griega, así sea. - Sabak abrió de nuevo sus ojos una gran luz inundo su casa,
Gabrielle cerró los ojos debido a la luminosidad, al abrirlos no dio crédito de donde
estaba, junto a ella Argo II pastaba tranquilamente, se miró sus ropas y vió para su
fortuna que traía aún consigo las cenizas de su amiga, al levantarse se dió cuenta de
que aquel cansancio había desaparecido, al igual que el hambre y la sed.
- Gracias Sabak - murmuró, se dirigió al encargado de establo pagó por el tiempo que
estuvo Argo, preguntó al joven mozo acerca del palacio del faraón y salió a toda prisa
en su busca.
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Continúa en: Capitulo 2 - Todo con tal de estar aquí