UNA EXTRAÑA EN MI VIDA

Nira

Sexta parte

A través de la pequeña ventana de su despacho podía admirar el inmenso jardín que rodeaba la residencia. Recordó los quebraderos de cabeza y las largas noches de insomnio que sufrió para sacar adelante lo que sería por siempre el proyecto de su vida. Observó el lento caminar de aquellos hombres y mujeres, cuyas familias habían olvidado, y que cargaban con resignación el peso acumulado durante tantos años. Ante aquella imagen sintió una gran melancolía en su corazón.

La puerta se abrió y escuchó unos pasos familiares que hacia ella se acercaban, sonrió al sentir aquel abrazo que tanto esperaba y al que tanto se había acostumbrado.

- Hola cariño -.
- Hola guapa -.
- Te he estado buscando por todas partes, debí imaginarme que te encontraría aquí - le sonrió - Dónde si no -.
- Sólo estaba pensando un rato... y no, no me he olvidado -.
- Eso espero, sólo faltan dos horas -.
- ¿De verdad tengo que ir?, lo odio... ¿no puedes ir tú y recogerlo en mi nombre? - le suplicó con la mirada - por favor -.
- No, de eso nada, te lo han dado a ti y además te lo mereces -.

Suspiró pues sabía que no había modo de librarse. Isha soltó el abrazo y se sitúo frente a ella que seguía sentada y observando a los ancianos que paseaban disfrutando de una bella tarde de verano.

- Cielo, has trabajado muy duro y lo que has logrado aquí, la ayuda que estás dando entregándote a los demás como lo haces, es sencillamente maravilloso. Estoy muy orgullosa de ti -.
- No hubiera podido hacer nada de esto sin tu ayuda -.
- Eso no es verdad, y lo sabes -.

Se miraron fijamente a los ojos a la vez que una gran sonrisa aparecía en sus caras, se levantó y abrazó a la morena que se había convertido con el paso de los años en su gran apoyo, su mejor amiga y la persona con quien todo su mundo compartía.

*****

La ceremonia duraba ya más de una hora y comenzaba a aburrirse mortalmente. Isha la miraba de vez en cuando y le apretaba la mano en un vano intento por calmarla, conciente del desespero que debía recorrer su cuerpo en ese momento. Mentalmente repasaba una a una las pocas frases que pensaba utilizar en su breve discurso de agradecimiento.

El sonido de los aplausos la sacó de sus pensamientos y en un gesto intuitivo se levantó para seguidamente volver a sentarse bruscamente, pues la persona a la que se dirigían no era ella. No era su nombre el que habían pronunciado sino el de su antigua compañera de trabajo, Maca, que ahora permanecía de pie mirándola fijamente mientras hablaba elevando su voz.

- René Galván - la nombró tan solemnemente que le entraron ganas de reír - No puedo imaginar otra persona que merezca más este premio, no sólo por su alma noble y su generosidad sino también por su gran capacidad para el trabajo y la dedicación a los demás con una inteligencia envidiable. Tuve el gran honor y el enorme placer de trabajar con ella en una ocasión... -.

No podía creer que quien pronunciaba esas palabras fue una vez su jefa y por encima de todo su amiga, hacía muchos años que no la veía aunque de una manera o de otra siempre había averiguado como le iba en su vida. Mientras hablaba René la miraba fijamente y a su mente volvían los recuerdos de aquella época tan lejana y que tanto había marcado su vida. Un nombre hizo que su corazón diera un vuelco.

- Lucy, así la llamó, así llamó a aquella chica a quien sin conocer, acogió en su casa, cuidándola sin descanso, enseñándole a volver a la vida con las cosas más básicas como el comer o el andar... -.

Lucy. Ese nombre estaba grabado en su corazón y nunca lo abandonaría mientras viviese. Sin saberlo aquellos días habían sido los mejores de su vida y también los más duros, llenos de ternura, de amor, de oculta pasión. Lucy, Helen, había sido sin duda el amor de su vida, se preguntaba dónde estaría y con quién. Desde aquel día en que la visitara, en que la abofeteó por un simple beso no había sabido nada más de ella.

Sintió la mano de Isha sobre su brazo y la miró, con la cabeza le hacía señas en dirección al escenario donde Maca ya la esperaba sosteniendo el premio en sus manos. No sabía cuánto tiempo había pasado desde que la nombrase pero pudo ver algunas caras que mientras aplaudían la miraban frunciendo el ceño en clara señal de llevar un tiempo esperando. Recogió lo más rápido que pudo el premio que le otorgase el ayuntamiento por su dedicación a la tercera edad, abrazó a Maca cuyo rostro reflejaba con creces el paso de los años y pronunció las palabras que tenía aprendidas, deseando terminar cuanto antes con toda aquella parafernalia que tan incómoda la hacía sentir.

- Hay que ver que salvaje eres, ¿eh? - le reprochaba Isha una vez entraron en la casa, René la miró extrañada pero sin prestarle demasiada atención - Si, no me mires así, toda esa gente hablando maravillas de ti, echándote piropos y tú como si nada, en otro mundo, como si la cosa no fuera contigo -.
- No me eches la bronca, ya sabes que no me gustan estas cosas y además ni siquiera quería ir -.
- Lo sé, pero tendrías que disimular un poco de vez en cuando en vez de ser tan desagradecida -.

René se sentó sobre la cama mientras buscaba su pijama debajo de la almohada.

- Te ha sorprendido que apareciera esa compañera tuya, ¿no?... Maca -.
- Sí, no me la esperaba... está mayor ya -.
- Todas lo estamos - sonrió.
- ¿Todas?, no te pases mujer, que aún somos jóvenes -.
- Treinta y tantos... -.
- Pues eso, jóvenes -.

Se puso el pijama y se acostó en su cama mientras Isha hacía lo mismo sin ninguna prenda que la cubriese, como siempre lo hiciera.

- Te has acordado de ella, ¿verdad? -.
- ¿De quién? -.

René apagó la luz quedando la habitación débilmente iluminada por el pequeño alo de luz de luna que entraba por la ventana.

- Sabes a quien me refiero -.
- Buenas noches, Isha -.
- La verdad, no lo entiendo... nunca lo he entendido -.
- Duérmete -.
- ¿Por qué no has...? -.
- ¡Quieres dejarlo ya!, tengo sueño -.
- Vale, vale, ya me callo, pero sabes perfectamente lo que pienso -.
- Sssi... hasta mañana -.

Desayunaba sus acostumbradas tostadas con mantequilla y mermelada mientras mentalmente repasaba uno a uno los asuntos que la tendrían ocupada la mayor parte del día.

- Buenos días - la voz de Isha la sorprendió.
- Buenos días... te has levantado temprano -.
- Siempre me levanto mucho antes que tu, dormilona - le sonrió y se sentó a su lado sirviéndose un vaso de jugo de naranja - Esto es para ti, estaba entre el correo de la residencia -.

René observó el pequeño sobre comprobando que no tenía remitente y lo abrió con poco interés pues recibía mucha publicidad a su nombre a causa de su trabajo.

- ¿Qué?... ¿qué pasa? -.

La cara de René palideció de repente y no dejaba de mirar fijamente el pequeño trozo de papel que sostenía en su mano. La morena se levantó colocándose junto a ella para leerlo.

- ¿Erika? - leyó extrañada - ¿Quién es...? -.
- La tía de Lucy -.
- ¿Su tía?, ¿es qué aún vivía? -.
- Al parecer sí -.

Aquel trozo de papel era en realidad un recorte de periódico que mostraba la esquela que informaba sobre el fallecimiento de Erika Blixen.

- ¿Estás bien? -.

René parecía no reaccionar, se limitó a guardar aquel papel en el sobre y continuar con su desayuno. Isha no dejaba de mirarla intentando adivinar lo que ocurría en su interior, pero resultaba inútil. El resto del día René actuaba con normalidad, con sus tareas rutinarias, sin embargo, en su interior intentaba tomar una decisión luchando contra su propio orgullo e intentando no dejarse llevar por aquellos viejos sentimientos que nunca consiguió olvidar. Al final de la jornada la decisión estaba ya tomada.

- Iré -.

Isha la miró fijamente intentando comprender el significado de aquella palabra pues era tarde y el sueño le estaba venciendo. Acostada la observaba con atención.

- ¿Qué estás diciendo? -.
- Sí... iré -.
- Haz el favor de dormirte ya - su cabeza era incapaz de pensar demasiado cansada como se encontraba y se dejó dormir.

En mitad de la noche abrió los ojos incorporándose de un salto.

- ¡¡¡Irás a verla!!! - gritó en la oscuridad.

René se despertó de golpe con el corazón saliéndole del pecho.

- ¡¿Qué?!... ¡¿qué pasa?! -.
- ¡Como me alegro, te has decidido por fin! -.
- ¿Qué?... - la miraba con cara de no entender nada y con los ojos aún semi-cerrados - ¡Pero es que te has vuelto loca! -.

Isha se sentó sobre la cama.

- Voy a ir contigo y no se hable más -.
- No - por fin comenzaba a entender - Y haz el favor de no volver a gritar en mitad de la noche... dios, que susto me has dado... ¿y ahora qué?... ¿se puede saber que estás haciendo? -.

Isha había cogido el teléfono y marcaba un número.

- Llamar, es obvio -.
- ¿Sabes qué hora es?, definitivamente te has vuelto loca - René se sentó igualmente sobre la cama medio dormida aún.
- ¡Va a ir a verla! -.
- Se puede saber con quién estás hablando - la morena ni siquiera la miraba.
- Nooo,... soy Isha idiota... si, va a... síííí... pues no lo sé - la morena dejó de hablar para mirarla - ¿Cuándo? -.
- ¿Cuándo qué? -.
- No mujer, estaba durmiendo y la he despertado, por eso tarda en responder... sí... ya la conoces -.

René se acercó para observar el número que se reflejaba en la pequeña pantalla del teléfono.

- ¿Estás llamando a mi hermana? -.
- ¿Vas a contestar o no? - le preguntó algo molesta - Tu hermana aunque está interesada tiene sueño, y la verdad yo también -.
- ¡¿Qué tienen qué?!... - cogió aire antes de contestar - ... mañana, voy mañana - habló controlando su entonación.
- Sí, va mañana... ¿Sofía?, ¿cómo que Sofía?... no, de eso nada, voy yo -.
- ¡Nadie va a venir conmigo! -.
- Calla René que no oigo a tu hermana -.

Se dejó caer sobre la cama emitiendo un gran suspiro pues sabía que cuando Isha y Esther se unían, ahí no había nada que hacer.

- No, es que recibió una carta... sí, una carta... pues no lo sé - la morena volvió a mirarla - Oye... ¡René no te duermas ahora, por favor¡ -.

Volvió a incorporarse con un claro gesto de resignación en su rostro mientras apoyaba la cabeza sobre su mano.

- ¿Quién te envió la carta? -.
- No lo sé - contestó de mala gana.
- No... dice que no lo sabe... y yo qué sé Esther... ¿no ponía remite? -.
- No -.
- Nada... sí... sí, yo pienso lo mismo... ya te contaré... no, ya te llamo yo... tu tranquila que te mantendré informada -.
- Por última vez, voy a ir yo sola, esto no es ninguna fiesta - hablaba mirando fijamente a los ojos de la morena que seguía hablando con su hermana como si ella no estuviera allí.
- Toma - Isha quería pasarle el teléfono pero se negó.
- No, no pienso hablar ahora con Esther, dile que se duerma que tampoco es para tanto -.
- Nada, no quiere... compréndelo está nerviosa... sí... ¿tantos han pasado?... sí... es increíble... Oye René, que dice Esther que tu tranquila que estamos aquí para ayudarte en lo que sea -.

René le lanzó una mirada fría a Isha y se acostó dándole la espalda.

- No... ya la conoces... sí, se cierra en banda y no habla... no hay nada que hacer... ya tu ves... exacto, nosotras que queremos ayudarla y ella como si nada... ¿qué pasa?... ah, hola Ramón, ¿no te habremos despertado, verdad?... mujer no le hables así que el pobre estaba durmiendo tranquilamente y le hemos cortado el sueño -.

René ya no aguantó más, se levantó y cogió el teléfono.

- ¡Esther, a dormir ya!, buenas noches - colgó antes de darle la oportunidad de hablar a su hermana, sabía que acabaría enredándola.
- ¡Pero qué salvaje eres! -.
- ¡Y tú también, acuéstate de una vez! -.
- Vale, vale... hay que ver esta chica lo rápido que se le suben los premios a la cabeza -.

Isha se acostó con una media sonrisa burlona en el rostro mientras René se esforzaba por quedarse dormida lo más rápido posible.

*****

Durante todo el camino intentó recordar cada minuto que vivió con Lucy en aquel fatídico día en que todo cambió para ambas, en que la vida les llevaría por caminos distintos al no afrontar, ninguna de las dos, el destino de sus sentimientos y el profundo amor que las embargaba cuando se miraban a los ojos. Sus ojos. No había día en que no recordara aquellos profundos ojos azules a pesar del tiempo transcurrido. Tenía que haber cambiado mucho al igual que ella misma lo hiciera, la vida da muchas vueltas y a todos nos envuelve en su remolino.

El lugar seguía intacto, como si el tiempo no hubiera transcurrido, como si los relojes se hubieran parado en el preciso instante en que se fue de allí para no volver. El tranquilo e impasible lago, Lucy, frente a la casa la recibía devolviéndole recuerdos de aquel corto espacio de tiempo que permaneció allí con ella.

Sin embargo, a medida que se adentraba en aquel lugar una sensación de ansiedad apareció en su interior y no era sólo por volver a verla de un momento a otro. Mientras más se acercaba más crecía aquel terrible presentimiento. Al pisar el jardín supo que algo había cambiado. Lo que fuera un césped fresco, de un verde reluciente y recién cortado se había transformado en un campo de hierba seca, parecía estar abandonado. Y la gran casa que de lejos reflejaba una imagen majestuosa presentaba grandes claros de pintura en sus paredes y manchas de humedad, e incluso una hiedra comenzaba a crecer tímidamente en uno de los laterales.

- ¿Estás segura de qué es aquí? - preguntó Isha quien finalmente se había salido con la suya y la había acompañado.
- Sí -.
- Parece que esté abandonado -.
- Aquí es dónde vivían antes, pero quizás se hayan mudado -.
- ¿En la carta ponía algo? -.
- No, sólo venía la esquela -.
- Habrá que tocar a ver... vaya vista tienen del lago, es fabuloso -.
- Eso es lo único que sigue igual, pero mira este jardín - su ansiedad crecía a medida que se fijaba más en todo lo que la rodeaba y comparaba cada detalle con sus recuerdos - Antes era precioso, se notaba que lo cuidaban a diario y con cariño, y ahora, fíjate - miraba a su alrededor sin entender nada - Es un paisaje desolador -.

Se dirigió a la puerta principal que presentaba el mismo aspecto viejo y de abandono del resto de la casa, el timbre seguía funcionando y su sonido se perdía en el vacío interior que aquellos muros ocultaban.

- Parece que no hay nadie -.
- Sí, eso parece -.
- ¿Sabes a quién preguntar? -.
- No estuve tanto tiempo como para conocer a nadie, apenas una tarde -.
- ¿Y qué quieres hacer ahora? -.
- La verdad, todo esto me ha dejado un poco... no sabía nada -.
- Puedes volver a tocar, esta casa es muy grande quizás no lo hayan escuchado -.

Nuevamente el sonido flotó en el aire sin recibir respuesta.

- Es inútil, ahí no la vas a encontrar -.

Ambas se asustaron y miraron en dirección al lugar de donde procedía esa voz. Un hombre de edad muy avanzada permanecía de pie a pocos metros mirándolas fijamente, su sonrisa acrecentaba las arrugas de su anciano rostro.

- Buscan a la señorita Blixen, ¿verdad? -.
- A Lu... Helen Blixen, en realidad -.
- No está en la casa, aquí sólo viene a dormir -.
- ¿A dormir? - pensó en voz alta René.
- Síganme, sé dónde encontrarla -.
- Gracias -.

Una vez comprobó que le seguían apretó un poco más el paso lo cual significaba un ritmo casi normal para ambas mujeres.

- Ya pensaba que no vendría -.
- ¿Perdón? -.
- A usted no la conozco, lo siento - se disculpó dirigiéndose a Isha - Pero usted es, sin duda, la señorita Galván -.
- ¿Me conoce? -.
- No se acuerda de mi, ¿verdad?, es normal ha pasado mucho tiempo -.
- Se refiere a cuándo estuve aquí -.
- Durante muchos años trabajé en esta casa y estaba cuando usted vino a visitar a la familia, hizo mucho por la señorita Blixen - se paró para observarla - Nunca tuve la oportunidad de decírselo pero fue usted, señorita Galván, una persona excepcional - la miraba tan fijamente que pareciera ver a través de su piel - Y si mi instinto no me falla, que nunca lo hace, continua siéndolo - le regaló una amable sonrisa y continuó su camino.
- Gracias -.

René e Isha se miraron extrañadas por las palabras de aquel hombre que saliendo de la nada les conducía hacía un lugar aún más enigmático. A medida que avanzaban aquel lugar comenzaba a tomar forma, y aquella forma hizo que un escalofrío recorriera su cuerpo de arriba a abajo. Pequeñas cruces aparecían formando una pequeña hilera, se trataba sin duda del cementerio familiar. Sin embargo, no era el lugar lo que le había provocado aquella horrible sensación sino la presencia de una figura que sentada en el suelo miraba fijamente hacia una de aquellas tumbas. Su largo pelo negro caía descuidadamente por su espalda cubriendo una vieja camisa blanca con aspecto de no haber sido lavada en varios días, a juzgar por las manchas de tierra y la cantidad de arrugas que se observaban.

- Ahí la tiene, en su rincón favorito -.

No podía apartar su vista de aquella imagen y aunque su mente era incapaz de asimilar la idea de que fuera Lucy, su corazón lo supo desde el primer instante en que la vio.

- ¿Sigue usted trabajando aquí? - preguntó Isha.
- No, hace pocos años que me jubilé y me hubiera gustado seguir trabajando, estaba muy a gusto aquí pero mi espalda no me lo permitía, con cada movimiento veía las estrellas -.
- ¿En serio?, pues le veo estupendamente, ¿qué edad tiene? -.

Isha consiguió que aquel anciano le enseñase el resto del antes llamado jardín y así dejar a René y a Lucy a solas, un gesto que René le agradeció profundamente.

- Hola -.

La figura no reaccionó, parecía no haberla escuchado desde su posición sentada sobre la tierra con las piernas cruzadas delante de ella y sus brazos rodeándolas. René giraba lentamente para poder verle la cara, una cara antes tan hermosa y que ahora reflejaba los signos de todos y cada uno de los golpes que la vida le había dado en estos años. No sabía lo que había sucedido y no podía ser sólo por la muerte de su tía, una mujer ya mayor, había mucho más en su cara y en su aspecto. Decidió sentarse a su lado para situarse a su altura y asegurarse de que la escuchaba.

- Hola Lucy, soy... -.
- René -.

Su voz algo ronca la sorprendió. No había movido un solo músculo y su mirada seguía fija en la tumba frente a ella. René observó la lápida y leyó la inscripción:

- Mónica Blixen -.

Era la madre de Lucy, estaba sentada frente a su tumba.

- Lo siento mucho, Lucy -.
- Hace tanto tiempo que no escucho ese nombre -.

Su voz sonaba envuelta en un alo de melancolía tal que sintió un nudo en la garganta, y no pudo evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas cuando la mujer a quien seguía amando con todo su corazón la miró fijamente a los ojos. El azul antes tan profundo casi había desaparecido y en su lugar había una mirada vacía incapaz de definir lo que su interior ocultaba. René tuvo que mirar hacia otro lado para poder controlarse y no derramar la lágrima que amenazaba con caer en cualquier momento.

- ¿Cuándo fue? -.

Lucy volvió a perder su mirada en la tumba y calló. No emitió ningún tipo de sonido, simplemente dejó que el silencio las envolviera, un silencio que heló la sangre de René.

- ¿Qué te ha pasado Lucy?, ¿y tu familia?, tu madre por lo que veo murió hace unos años pero... ¿y los demás?, ¿dónde está Inés? -.

Preguntaba con interés al mismo tiempo que temía su respuesta, la cual llegó en forma de señal, simplemente levantó la mano y señaló hacia dónde se situaban el resto de las tumbas. René se levantó y observó que allí no sólo estaba enterrada su madre, si no también su padre y la propia Inés, junto a la recién fallecida Erika Blixen. Observó una vez más a Lucy comenzando a entender su dolor pero sin saber por qué, qué había pasado allí, por que las fechas eran tan seguidas salvo la de su tía, que clase de desgracia había sucedido.

- Dios mío -.

Se sentía incapaz de decir nada, las palabras se negaban a acudir a su boca y su mente buscaba una manera de entender aquella absurda situación. Volvió a sentarse junto a Lucy y sin pensarlo la abrazó, la morena permanecía impasible pero sin embargo pudo llegar a sentir un temblor que recorrió su cuerpo en aquel preciso instante.

- Lo siento mucho... lo siento -.
- René -.

La voz de Isha la sorprendió y Lucy se soltó del abrazo para volver a su posición original, tal y como la había encontrado. René miró a Isha, su voz había sonado un tanto extraña. Se levantó y fue hacia ella.

- Están todos aquí, Isha, sus padres y... -.
- Inés, lo sé -.
- ¿Qué sabes? -.
- Antón, ese hombre anciano, me lo ha contado -.
- ¿Qué te ha dicho? -.
- Dice que él estuvo alejado un tiempo, en Inglaterra con su hijo y no estaba aquí cuando ocurrió, pero al parecer la madre cayó en una depresión profunda y una noche se suicidó, Lucy la encontró en su cama se había tomado un montón de pastillas, su padre no levantó cabeza y se dejó ir, se arruinó y murió poco tiempo después, simplemente no podía vivir sin ella -.
- Dios mío, es horrible -.
- Se quedó sola con Inés y con su tía, pero al parecer Inés no había superado tan bien como se esperaba las secuelas del accidente y tuvieron que operarla, era una operación muy complicado y pudo superarla, murió a los pocos días -.
- Es increíble -.
- Y tanto, es una completa tragedia -.
- Y ahora su tía -.
- Está sola René, perdida y arruinada -.
- Pero sigue teniendo su casa -.
- No, no la tiene, está en venta sólo que ella se niega a irse de aquí, quita el cartel cada vez que puede y duerme siempre dentro -.
- ¿Y quién la vende? -.
- El banco embargó su casa como pago de las deudas de su padre -.

René se sentía abrumada con tanta noticia de golpe, con tanta desgracia y sobre todo por el gran sufrimiento que su adorada Lucy llevaba en su interior, ahora entendía su mirada que poco a poco había vaciado de sentimientos, y sencillamente no lo pensó.

- No se puede quedar aquí -.
- René -.
- No la voy a dejar aquí -.
- René -.
- Isha, ya lo hice una vez y volveré a hacerlo - la miró fijamente - Y mil veces si fuera necesario -.
- Sí, pero ahora ella está conciente, su mente está un poco perturbada pero puede decidir por si misma, no puedes obligarla -.
- Yo no he dicho que la vaya a obligar, es más no pienso hacerlo y nunca lo hice, la primera vez se lo pregunté y estaba mucho peor, y ahora lo haré de nuevo -.
- Por eso me enamoré una vez de ti -.
- Y yo por eso también me enamoré una vez de ti -.
- ¿Ah sí?, ¿por qué? -.
- Por ser tan cotilla, hay que ver todo lo que le has sacado a ese hombre -.
- Créeme, no ha sido difícil, nada difícil - Isha sonrió no sólo por la facilidad con que el anciano le había contado todo, se notaba que tenía ganas de hablar, si no también para animar a René.

La rubia volvió a sentarse junto a Lucy mientras en su mente buscaba la forma de hablar con ella, sin embargo, la propia Lucy se le adelantó.

- Ella es Isha -.

Aquella afirmación tan rotunda la sorprendió tanto que olvidó las frases que estaba preparando.

- ¿Cómo sabes...? -.
- Te fuiste por ella -.
- No es tan fácil -.
- Entiendo que lo hicieras -.
- ¿Lo entiendes? -.
- Es muy guapa -.
- Tú también -.
- Fue lo mejor que podías haber echo, alejarte de mi -.
- No estoy tan segura de eso-.

Por primera vez desde que volviera a sentarse la morena giró la cabeza para mirarla con una expresión de extrañeza en el rostro que por un segundo le devolvió a la Lucy de antes, la que no entendía las operaciones matemáticas, la que se trababa con la palabra naranja y durante una hora la repitió hasta conseguir pronunciarla correctamente, la que se dormía en sus brazos en los días en que volvía a caminar y los ejercicios físicos la obligaban a trabajar cada vez más duro, dejándola agotada.

- Lo sé todo -.
- Antón - algo parecido a una sonrisa se dibujó por un leve instante en sus labios.
- Lucy, no puedes quedarte aquí -.

René se sorprendió al ver como la morena se levantaba emitiendo un sonido parecido a una risa irónica.

- ¿Vas a salvarme de nuevo René? - de pie frente a ella la miraba fijamente con una expresión indescriptible en su rostro.
- Sólo quiero ayudarte -.
- Sí, ayudarme... eso te gusta, ¿no? -.
- ¿Cómo? -.
- Eso es lo que te pone, ayudar a la gente, invitarla a tu casa o meterla en tu residencia para sentirte mejor, para ganarte un trozo de cielo -.
- Lucy, no sé de que estás hablando pero yo... -.
- ¿Por qué me pusiste Lucy? - su tono había cambiado y ahora sonaba más agresiva - Yo era como una muñeca para ti, ¿verdad?, tu buena acción y pensaste, sí, voy a llamarla Lucy -.
- Sabes que eso no fue así, lo sabes perfectamente -.
- ¡¿Qué coño sabes tú de mí?!, ¿crees que con lo que te ha contado ese ya lo sabes todo? - comenzó a gritar moviendo los brazos y caminando a un lado y a otro - ¡¡No tiene ni puta idea, él ni siquiera estaba aquí!!, ¿crees qué puedes sacarme de mi puto mundo y llevarme al mundo de René?, ¡¡el maravilloso mundo de René que ayuda a almas perdidas!!, ¿eh?... ¡sí, vete!... ¡así eres tú, esa es tu especialidad!!, ¡¡ayudas y luego desapareces!!... ¿dónde coño has estado tú todos estos años?, ¿eh?... - a medida que René se alejaba dándole la espalda su voz disminuía de volumen hasta asegurarse de que no podía escucharla - Sé muy bien dónde has estado preciosa René... cepillándote a esa Isha -.

Las lágrimas brotaban sin control enrojeciendo el verdor de sus ojos, su corazón sangraba y su mente intentaba convencerla de que todo aquello sólo era producto del gran dolor que guardaba en su interior y que necesitaba soltar. Pero no podía evitar que cada una de aquellas palabras la atravesara el pecho como una lanza mortal. Una vez en el interior del coche obligó a Isha a arrancar y se alejaron de aquel trágico lugar.

*****

Observaba la enorme habitación que una vez fuera el salón de su casa y su mente veía a todas y cada una de las personas que la ocupaban cuando todo era diferente. La luz entraba por los grandes ventanales iluminando cada rincón y dándole mayor majestuosidad al mobiliario que con tanto esmero su madre había comprado y colocado. No había nada al azar en aquel gran salón, todo tenía su situación y su por qué, pero nunca supo exactamente los motivos, todo eso lo controlaba su madre, la mujer cuya sonrisa le regalaba.

La oscuridad la envolvía cuando abrió los ojos y la enorme habitación vacía se le echó encima, cayó sobre sus sueños, sobre su vida entera. ¿Qué había echo?, ¿cómo podía haberlo hablado de aquella manera?, dios mío, la había insultado.

- Idiota - se miró en el espejo que constituía el único mobiliario que quedaba intacto en aquella estancia - ¿Cómo has podido decirlo eso?, ¿cómo has podido insultarla?... eres un fracaso, siempre lo has sido... y ahora se ha ido, ahora sí que estás sola -.

Poco a poco se dejó caer al suelo y comenzó a llorar como hacía tiempo no había echo. Las lágrimas se habían acumulado durante demasiado tiempo y ahora necesitaban salir. Su llanto era el único sonido que envolvía aquella vieja y enorme casa de campo.

*****

- No lo pienses más y entra -.

Hacía demasiado tiempo que habían aparcado frente a la gran casa e Isha comenzaba a desesperarse después de que René insistiera tanto en volver. Las palabras de Lucy le habían herido más a ella que a la propia René y era incapaz de entenderlo.

- No sé como puedes volver después de lo que te ha dicho -.
- Esa no era ella, Isha, ya te lo he explicado -.
- Sé que me lo has explicado pero no me gusta verte llorar, y hoy has llorado mucho -.
- La dejé sola todos estos años -.
- Vale, pero ella tampoco te buscó -.
- Tenía demasiadas preocupaciones, no podía ir a buscarme -.
- Es admirable, no sé como tienes ese espíritu -.
- Tú también lo tienes sólo que a veces eres terca como una mula -.
- ¿Terca?, ¿qué soy terca?, ¿pero es qué estás sorda?, ¿no escuchaste lo mismo que yo? -.
- No voy a volver a explicártelo -.
- De acuerdo tampoco tengo intención de escucharlo de nuevo, si tú lo entiendes yo también, pero entra ya, aquí de noche hace frío hasta en verano -.
- Gracias - dijo René al mismo tiempo que le daba un beso en la mejilla.
- ¿Por qué? -.
- Por estar siempre -.

René se encontraba delante de la puerta principal dispuesta a tocar el timbre pero se detuvo pues apreció que estaba entreabierta, la empujó y entró envolviéndola una oscuridad casi completa ya que afortunadamente la luna llena había echo acto de presencia y algo de su luz se filtraba por las ventanas. Se armó de valor y entró esperando encontrarla cuanto antes pues si el aspecto por fuera era desolador por dentro era digno de cualquier película de terror.

Casi gritó al escuchar un llanto pero comprendió que debía de ser Lucy, observó una figura sentada en el suelo de lo que recordaba era el gran salón.

- Lucy -.

La morena dejó de llorar para mirar hacia atrás y encontrarse con los ojos de René pues la luz de la luna le daba de lleno. Sin dudarlo, se levantó y fue hacia ella. Los brazos de la morena la rodeaban en un abrazo que no esperaba pero al que inmediatamente se unió acogiendo el llanto que volvía a los ojos y la garganta de su amor.

- Perdóname... perdo... -.
- Schhhh... no hay nada que perdonar, tranquila -.

Aguantó su llanto sin poder evitar saborear aquel dulce y sincero abrazo, acariciándole la espalda y su larga melena negra y sintiendo todo su dolor como propio.

- Por favor, vente conmigo -.
- René -.
- No pienso irme sin ti, no me voy a ninguna parte si no vienes conmigo -.

Lucy sintió sus piernas temblar y se dejó caer lentamente hasta quedar ambas de rodillas unidas por un fuerte y tierno abrazo recordando cada una de las sensaciones que una vez vivieran, cuando el mundo era diferente como ellas mismas lo fueron.

- No quiero ser una carga -.
- Cariño nunca serás una carga para mi -.

Al escuchar aquella palabra algo se encendió en el interior de la morena y sin poder controlarlo besó el cuello de René cuyo corazón se paró en aquel preciso instante, cerró los ojos y se concentró en la dulce sensación de aquellos labios rozándole el cuello y que poco a poco siguieron por su rostro parándose de repente. Al abrir los ojos la cara de Lucy se encontraba a pocos centímetros de la suya y la deseó con toda su alma, acercó sus labios y rozó los de la morena volviendo a cerrar los ojos para saborearlos.

Sin saber qué había pasado de repente se encontraba sola, el calor de su cuerpo la había abandonado y abrió los ojos sin entender lo sucedido. Lucy, de repente se había levantado y permanecía de pie dándole la espalda. Se levantó e intentó poner sus manos en sus hombros pero ella se lo impidió apartándose al adivinar sus intenciones.

- Sé que soy una carga pero... -.
- ¿Pero qué? -.
- Creo que no tengo otra opción -.
- Yo sólo quiero ayudarte por... - las palabras se le atravesaron en la garganta y se sentía incapaz de pronunciarlas - Puedes hacer lo que tu quieras -.
- Sola no puedo -.
- Puedes encontrar trabajo y rehacer tu vida, pero para eso tendrás que salir de aquí primero, este lugar siempre formará parte de ti pero, por desgracia, pertenece al pasado -.
- No me queda nada -.
- Me tienes a mí, aún estoy aquí - Lucy seguía de espaldas a ella - Vente conmigo el tiempo suficiente para volver a empezar, no te pido que vivas conmigo si tú no quieres pero sí durante un tiempo hasta que vuelvas a recuperar las riendas de tu vida -.
- No sé si podré -.

René se situó frente a Lucy mirándole a los ojos.

- Prepara las maletas ahora mismo, nos vamos de aquí -.
- René... -.

La rubia no quiso escuchar nada más y a pesar de la poca luz que allí había, cogió de la mano a Lucy y la arrastró hasta la escalera subiendo por ella.

- Espera -.
- No pienso darte tiempo a pensarlo -.
- No es eso, espera -.

Lucy la frenó bruscamente, soltó su mano y René intentaba ver en la oscuridad lo que hacía, un acto completamente inútil. Una luz iluminó de repente la estancia y pudo ver a la morena que portaba una vela y volvía a cogerla de la mano.

- Ya está, ya puedes arrastrarme otra vez -.

Era incapaz de reaccionar, no sólo al admirar el rostro hermoso aunque pálido de su amada Lucy sino al comprobar que le regalaba la más bella de las sonrisas durante un breve instante. Cuando volvió a la realidad y a la situación en la que se encontraban continuó su camino subiendo las escaleras que le conducían al cuarto de Lucy.

- ¿Cómo sabes dónde vas? -.
- He estado aquí ya, ¿recuerdas? -.
- Tienes buena memoria, desde luego mejor que la mía porque no recuerdo haberte enseñado la casa entonces -.
- Tú no lo hiciste -.

Abrió la puerta y ambas entraron a la habitación que iluminó la luz de la pequeña vela. René se sorprendió una vez más comprobando que allí no había nada, estaba totalmente vacía.

- Intenté decírtelo pero ibas tan decidida que no me atreví -.
- ¿Dónde esta todo? -.
- No queda un mueble en toda la casa, salvo lo poco que viste en el salón -.
- Lucy -.
- No me mires así, por favor -.
- Entonces no tendrás nada que llevarte -.
- No he dicho eso - señaló hacia el fondo de la habitación donde en el suelo descansaban algunas maletas.
- ¿Y eso? -.
- Tengo todo guardado ahí -.
- Mejor, ya está todo preparado pues lo cogemos y salimos de aquí -.

Arrastraron aquellas viejas maletas escaleras abajo hasta llegar a la entrada principal. Mucho tenía que haber guardado Lucy al quedarse sin un solo armario dónde poder guardar nada. René salió de la casa en dirección al coche donde Isha ya había salido a su encuentro.

- ¿Qué pasa?, ¿se viene con nosotras? -.
- Sí, ya está todo preparado - Isha cogió la maleta que portaba su amiga pero esta se lo impidió - Déjalo, ya puedo yo, ayuda a Lucy ella va más cargada -.
- Lo haría pero no sé dónde está -.

René miró hacia atrás comprobando que Isha tenía razón, no había ni rastro de Lucy. Le dio su maleta a la morena quien inmediatamente la cogió dirigiéndose al coche para guardarla en el maletero. René volvió a entrar en la casa encontrándose de bruces con Lucy que salía de ella portando las dos grandes maletas que cogiera en la habitación.

- Creía que te habías arrepentido -.
- Lo siento... - Lucy miró hacia el interior de la casa - Necesitaba un tiempo a solas -.
- Perdona, tienes razón, tranquila entre Isha y yo guardamos todo esto en el coche, despídete si quieres -.
- No, ya las llevó yo -.

Bajaron los pocos escalones situados a la entrada de la gran casa y llegaron hasta el coche aparcado justo frente a ellas.

- Lucy, ella es Isha -.

Lucy observó a la mujer que compartía la vida con René y comprendió lo que había visto en ella al estrecharle la mano y darle un beso en la mejilla a modo de saludo. Era una mujer muy guapa y se notaba que debía de ser muy buena persona. De repente se percató de la situación, se iba a la residencia para ver a diario a René e Isha juntas, para ver su vida en común. No sabía si podría soportarlo después de tener la completa certeza de que todo lo que una vez sintiera por René, lejos de desaparecer se había reforzado con el tiempo hasta formar parte de todo su ser. Se había instalado en su corazón para siempre y ahora era más conciente que nunca de sus sentimientos por ella. La vida le golpeaba de nuevo pero no tenía otra salida, necesitaba ayuda y lo sabía y nadie mejor que René para dársela.

Tardaron aún casi una hora en irse pues Lucy no podía marcharse sin despedirse no sólo del lugar sino de las personas que lo habían habitado y con quien tantas cosas había vivido, de su familia. Iba a comenzar una nueva vida tan incierta como su propio futuro.

*****

La anciana se levantó del banco dejándola disfrutar a solas del silencio y la paz que aquel lugar le ofrecía. La temperatura era agradable y no había día que no se sentará allí para saborear el calor del verano que aún quedaba, se había convertido en su lugar favorito, y René lo sabía por lo que tampoco faltaba a su cita con ella cada tarde. La vio llegar por el camino de tierra que rodeaba al recinto saludando y hablando con cada persona que allí se encontraba. Observaba cada uno de sus movimientos, como saludaba mostrando su increíble sonrisa y la manera en que se preocupaba por la salud de cada uno de ellos. Era una persona muy querida por todos y cada uno de los que allí vivían, no en vano se desvivía por ellos.

No podía evitar sentirse orgullosa al ver en lo que se había convertido y al tener su amistad, formar parte de su grupo de amigos que con el tiempo eran cada vez más. Su amistad, eso era lo único a lo que podía aspirar y casi se había conformado con eso pero en su interior sabía que no era suficiente, que quería más, mucho más y que no podría aguantar así durante más tiempo. Tenía que conseguir algún empleo y volver a ser dueña de su vida, y quizás encontrar a alguien que se pareciera a la dulce René.

- Qué maravillosa tarde hace hoy, ¿verdad?, está genial -.
- Sí, estupenda -.

René se sentó a su lado mostrando una gran sonrisa.

- ¿Y bien? -.
- ¿Y bien qué? - observó sus ojos verdes que le sonrían con un aire burlón.
- ¿Qué tal tu primera semana? -.
- Ah, bien -.
- ¿Bien?, ¿sólo bien? - parecía un tanto desilusionada - ¿No estás a gusto aquí? -.
- Claro que sí -.
- ¿Pero? -.
- René esto es un trocito de paraíso, al menos para el que no trabaja -.
- Ah, así que es eso -.
- ¿El qué? -.
- Puedo darte un empleo aquí si quieres -.

Como siempre René la sorprendía y aunque había pensado en esa posibilidad desde que llegase no podría pasar el resto de su vida viéndolas juntas. René pertenecía a Isha y ella no tenía nada que hacer, así estaban las cosas y su pobre corazón ya había sufrido suficiente.

- Gracias René pero no puedo aceptarlo -.

Parecía decepcionada y por un instante su sonrisa desapareció para dar paso a un rostro casi impasible.

- ¿Por qué no? -.
- Te agradeceré toda la vida lo que has hecho y lo que estás haciendo por mi, eres una persona maravillosa y no me cansaré nunca de decirlo, pero no puedo... -.
- ¿No puedes qué? -.
- No puedo... - pensó antes de hablar y decir la verdadera razón - Necesito recuperar mi vida, mi independencia -.
- Lo entiendo -.
- Para eso vine aquí, por eso querías que viniera contigo, para recuperar mi vida, ¿no? -.
- Sí... sí, claro - las palabras volvían a atravesarse en su garganta y una vez más era incapaz de decir el verdadero motivo.

Un silencio incómodo las envolvió como cada tarde les sucediera desde que allí llegó, era inevitable y no entendía por qué, cuando en realidad se sentía tan bien con ella.

- No he visto a Isha hoy -.
- Ha estado todo el día con temas de papeleo, arreglando una subvención -.
- Trabaja mucho -.
- Sí -.
- Al igual que tú -.
- Creo que yo no hago tanto como ella -.
- Eso no es verdad -.

La miró durante un segundo observando el perfil de su rostro y sus mejillas rosadas a causa de los rayos de sol que cada tarde cogían sentadas en el banco, su piel era demasiado pálida para aguantar el sol del día o del mediodía y no pasaba nunca de ese tono rosado que tan bien le sentaba, que tanta vida le daba a sus increíbles ojos verdes que ocupaban sus sueños.

- ¿Sabes?, hacéis una buena pareja -.

Ahora era René quien miraba a Lucy fijamente sin poder evitar sentir un cosquilleo en su interior al cruzar las miradas que se mantuvieron más de lo debido la una con la otra, mirándose directamente a los ojos e intentando averiguar lo que había detrás de ellos.

- Somos un buen equipo, sí - apartó la mirada para volver a centrarla en el jardín de flores situado frente a ellas - Siempre lo he pensado, desde que decidimos montar todo esto -.

De nuevo ese silencio incómodo aparecía en la conversación pero esta vez duró tanto que ninguna pudo soportarlo y entre excusas cada una siguió su camino, Lucy a su habitación y René a la cocina dónde se comenzaba a preparar la cena, para ayudar y supervisar el trabajo.

*****

- ¿Vas a hablar con ella o no? -.

Desde su posición junto a la ventana miraba a René buscar el pijama debajo de su almohada. Durante toda la semana la había animado a hablar con Lucy pero por alguna razón nunca lo hacía.

- Sí... no... no sé -.
- René, se va a ir -.
- Ya lo sé -.

Se acostó cubriéndose únicamente con una fina sábana pues hacía calor. No había dejado por un momento en pensar que tenía que hablar con ella y que el tiempo se le terminaba pero no encontraba las fuerzas para hacerlo. Isha se sentó en su cama.

- ¿De qué tienes miedo? -.
- No sé si ella siento lo mismo -.
- Y no lo sabrás nunca si no lo hablas -.
- Isha... -.
- Cuéntamelo - llevaban tanto tiempo juntas que se conocían a la perfección.
- En la casa cuando le pedía que viniese conmigo la tuve tan... estaba tan cerca de mi... estuvimos abrazadas y me besó en el cuello, fue un roce -.
- ¿Entonces?, está claro, ¿no?, si no siento nada por alguien desde luego no le beso en el cuello para demostrárselo -.
- Tenía los ojos cerrados... cuando volví a abrirlos estaba pegada a mi cara y quise besarla -.
- ¿Y por qué no lo hiciste? -.
- No sé qué pasó, se levantó de golpe, se apartó de mí y se mostró fría -.
- Quizás sentía el mismo miedo que tú sientes ahora -.
- Creo que sólo se dejó llevar por lo que hubo una vez entre nosotras y que se dio cuenta que ya no lo hay -.

Isha se levantó y miró por la ventana buscando algo y lo encontró.

- Ahí la tienes -.
- ¿Ya está ahí? -.
- Sí, siempre en el mismo banco, tiene verdadera fijación con ese sitio -.
- Le gusta el jardín -.
- Da igual, el caso es que está abajo y ahora mismo... - se acercó a la cama y levantó la sábana cogiéndola por un brazo y obligándola a levantarse - ... vas a ir a hablar con ella -.
- Isha, no... -.

No quiso escuchar ninguna queja y abrió la puerta para sacarla al pasillo.

- Ya estás fuera y no vuelvas hasta no haber hablado con ella, ¿está claro? - dicho esto cerró la puerta dejándola sola.
- Isha - la llamó.
- ¿Ya hablaste con ella? -.
- ¿Cómo voy a hablar?, acabas de echarme -.
- Entonces no estoy -.
- ¿Quieres hacer el favor de sacarme aunque sea la bata?, sólo llevo el camisón y así no pienso bajar -.
- Ups... - en el interior de la habitación sólo se oía la risa de Isha que era tan escandalosa como la de su madre, la cual a estas alturas era ya amiga íntima de su hermana Esther - Lo siento - abrió la puerta y le dio un rebeca - No me di cuenta y no encuentro tu bata - volvió a cerrar.
- ¿Y las zapatillas?, también estoy descalza - de nuevo la risa en el interior y la puerta se abrió para darle las zapatillas - Gracias -.
- De nada, ¿y qué haces ahí todavía?, venga pa' bajo -.

René suspiró armándose de paciencia como siempre debía hacerlo cuando se trataba de Isha y de sus locuras. En diez minutos se encontraba en el jardín acercándose cada vez más al banco donde permanecía Lucy quien aún no se había percatado de su presencia.

- Hola -.

Pareció despertar de sus pensamientos y la miró con cara de susto.

- Lo siento, ¿te he asustado? -.
- No, tranquila, no me di cuenta que venías... no te esperaba -.
- La noche está buena hoy - se sentó como lo hiciera aquella misma tarde pero un poco más cerca de la morena.
- Sí, está muy agradable -.
- ¿No puedes dormir? -.
- Hace calor y... - la miró un instante para después volver a apartar la mirada - Necesitaba pensar -.
- Pero, ¿estás bien? -.
- Sí, muy bien... gracias a ti -.

Las miradas se cruzaron tardando más de lo acostumbrado en apartarse. El vacío que antes hallase en sus ojos ya no existía, en su lugar un ligero brillo comenzaba a emerger devolviéndole la belleza que una vez viera en ella. En ese preciso instante que apenas duró unos segundos lo comprendió, comprendió que tenía que luchar, que no podía dejarla escapar otra vez. No podía seguir su vida sin ella o al menos sin saberlo, sin conocer cuales eran sus sentimientos, si aún quedaba algo de lo que vivieron o sólo era un hermoso recuerdo que guardaría para el resto de sus días.

- Es horrible todo lo que te ha pasado y te pido disculpas por no haber estado ahí, contigo, lo siento -.
- No hay nada que sentir, las cosas suceden por algo y quizás... -.
- ¿Quizás? -.
- Lo importante es que estoy y que hemos vuelto a ser amigas, que una vez más me has salvado la vida -.
- No exageres - se ruborizó.
- No exagero, es lo que has hecho - el silencio volvió entre ellas - Quiero enseñarte algo -.

René la miró y asintió con la cabeza. Lucy se quitaba la pulsera que siempre llevara y acercó el brazo para que pudiera ver algo, algo que no entendía, algo que le provocó un sentimiento de dolor repentino por todo su cuerpo, su mente intentaba comprenderlo y en sus ojos asomaron lágrimas que con esfuerzo de su corazón logró controlar por el momento. Su muñeca presentaba una cicatriz que recorría de lado a lado toda la muñeca.

- ¿Cuándo...? - apenas conseguía articular palabra.
- El día en que mi tía murió -.

Ya no podía aguantar más, sus lágrimas comenzaron a rodar sin control, se sentía culpable por no haber estado allí.

- René - se sorprendió al ver las lágrimas en su cara - No, por favor, no llores, no es culpa tuya -.
- No puedo evitarlo... podías haber... -.
- Lo sé, pero no fue así y eso es lo importante -.
- ¿Por qué no me llamaste? -.
- Piénsalo René, habían pasado muchos años y pensaba que estarías con alguien, con Isha quizás y no me equivoqué, ¿qué hubiera pensado ella? -.

Levantó las rodillas y se abrazó a si misma aún sentada en el banco verde.

- ¿Por qué? -
- No me queda nada ni nadie en este mundo, no podía soportar la soledad -.
- No estás sola, me tienes a mí - volvió a mirarla a los ojos pero Lucy miraba al suelo...
- Entonces no lo sabía - sonrió y el silencio de nuevo volvió - El día en que apareciste quería... iba a... no fallaría de nuevo, no me echaría atrás... - ahora era ella quién lloraba - Si no llegas a aparecer ahora no estaría en este mundo -.
- No vuelvas a hacer eso, por favor... prométeme que no volverás a hacerlo pase lo que pase - René le cogía de la mano y su voz sonaba suplicante.

Lucy miró la mano de René sobre la suya y le dio un suave apretón. Negó con la cabeza mientras otra lágrima más rodaba por su rostro, había jurado no volver a llorar pero la presencia de René le hacía bajar la guardia y volver a ser ella misma. Durante unos minutos permanecieron así, llorando en silencio unidas por sus manos.

- Yo no... no estoy con Isha -.

Lucy dejó de llorar y la miró fijamente intentando entender sus repentinas palabras.

- ¿Cómo? -.
- Somos más que amigas, es verdad, pero no somos pareja, no estamos juntas -.
- Estás viviendo con ella - la miraba extrañada - y duermes con ella en la misma habitación -.
- Sí, dormimos en la misma habitación pero en camas separadas - observó la cara de incredulidad de la morena y decidió contarle - Verás, cuando me alejé de ti volví con ella, estuvimos juntas un tiempo y la quería mucho igual que ella a mi pero descubrimos que no había pasión, que no era esa clase de amor lo que sentíamos, que estábamos mejor como amigas y fue la mejor decisión que he tomado en mi vida -.
- Vaya, pues por aquí todos creen que son pareja -.
- Todos se equivocan - pensó durante un segundo - Tú... debes de echar mucho de menos a Inés -.
- Sí, pero... no sé... la quería pero... como dices tú, no era esa clase de amor, lo que una vez sentí por ella se esfumó de repente cuando... -.

Apretó con más fuerza la mano de René que aún apretaba la suya propia, la miró de frente perdiéndose en sus ojos que tanto transmitían en aquel momento.

- ... cuando te conocí -.

El corazón de René dejó de latir y todo su mundo se convirtió en ella, en Lucy, en la mujer que lentamente se acercaba a su cara perdiéndose en su mirada y dejándose llevar por el tacto que tanto había deseado de sus dulces y carnosos labios. Las lágrimas volvían a aparecer empapando aquel tierno beso pero esta vez no era tristeza, no existía pena, sino la sensación de que todo volvía a tener sentido, que había una esperanza, que su amor no era en vano.

Ninguna de las dos sabía el tiempo que llevaban unidas por aquel interminable beso, pero no querían parar, ambas temían que si se separaran no volverían a sentirlo, Lucy fue la que poco a poco se apartaba.

- Quiero enseñarte algo - observó la preocupación que creció de repente en la cara de la rubia - No, tranquila, no es nada malo -.

Se levantó y tiró suavemente de René obligándola a ponerse de pie para caminar hasta entrar de nuevo en la residencia. Subieron las escaleras hasta el primer piso donde Lucy tenía su habitación. Se encontraban frente a la puerta que la morena abrió. René había dejado de ser persona, se había convertido en un remolino de nervios que recorrían su cuerpo una y otra vez haciendo que su corazón latiese tan fuerte que creía iba a salirse de su pecho. Lucy la acercó hasta la cama y René creyó estar soñando, no podía ser verdad, y más aún cuando vio a Lucy buscar en el interior de su armario y sacar lo que parecía se un álbum de fotos. Ahora sí que no entendía nada pero era obvio que no pensaban lo mismo. Lentamente lo abrió descubriendo que se trataba de una colección de recortes de periódicos.

No podía creer lo que veía pues cada uno de aquellas noticias hablaban de ella misma, su foto o su nombre aparecía en todas ellas, cuando abrió la residencia, los premios que le habían dado desde el primero al último, los anuncios que había puesto, cuando tuvieron al padre del presidente de la nación hasta que murió poco tiempo después, su foto en aquel entierro, toda su vida en papel de periódico.

- Como ves, te he seguido la pista - sonrió.
- ¿Cómo...? -.
- Tenía que saber que estabas bien, y cada noticia tuya me lo confirmaba, además estas fotos eran la única manera de verte -.

René volvió a llorar sin control dejando el álbum a un lado para recibir el inmenso abrazo que Lucy le ofrecía, la pena de no haber estado con ella, de no haberla buscado aunque no había día que no la recordara, se unía a la alegría de saber que ella tampoco la había olvidado, que había seguido su vida y que necesitaba verla aunque fuera en fotos. Dos palabras la hicieron sentirse la mujer más feliz del mundo.

- Te amo -.

El abrazo se intensificó así como las caricias entre ambas, pero eran los labios lo que más ansiaban, lo que tanto habían echado de menos y durante el resto de la noche se besaron de mil maneras distintas en un lenguaje que sólo ellas entendían pero que hablaba de amor, de noches solitarias, de cuánto se necesitaron durante estos años, de cuanto ansiaron sentir esos labios y la dulce sensación del cuerpo de una pegado al de la otra. El amanecer las encontró abrazadas y disfrutando de aquel dulce calor que de vida las llenaba.

Unos golpes en la puerta las sorprendieron y Lucy se levantó envolviéndose en una bata para abrir la puerta, dos ojos color miel y una melena negra le sonreían.

- Hola Lucy, no te pregunto si has pasado bien la noche por que lo sé, pero dile a René que la necesito, ha de firmar algunas cosillas, será sólo un segundo y después la dejaré tranquila -.
- Hola... sí... claro... - hablaba tan rápido que era imposible decir nada.
- A partir de ahora nos veremos más a menudo, ¿verdad?, claro que sí, hasta había pensado que podías ir a dormir arriba a mi cama, a mi no me importa yo bajo y puedo dormir perfectamente... -.
- Vale, vale, ya voy -.

René se había levantado y vestido con el camisón y la bata de la noche anterior, sabía que Isha no la dejaría en paz así que se adelantó y decidió salir a su encuentro, ya tendría de tiempo de ver a Lucy más tarde.

- Nos vemos después, he de trabajar un poco - la besó rápidamente y se despidió para salir de allí.

Lucy aún permanecía en la misma posición, pasar la noche en vela nunca fue su fuerte y su cabeza no acababa de reaccionar, cerraba lentamente la puerta cuando se abrió de golpe para dar paso a una René sonriente que la besó tan apasionadamente como hiciera a lo largo de aquella maravillosa noche.

- No te me vayas a ningún sitio, ¿vale? -.
- Tranquila, no tengo ninguna intención de irme, ni ahora ni nunca -.
- Y tampoco... - hablaba recorriendo su cuerpo con la mirada - ... vayas a vestirte, no tardo ni media hora -.

Volvió a besarla y le sonrió.

- Te quiero -.


No tardó ni veinte minutos en volver a estar junto a ella, a pesar de haber pasado la noche juntas las ganas acumuladas durante años pudieron con su cansancio devolviéndoles las fuerzas, y allí, en la pequeña habitación de la residencia por la que tanto había luchado René, los sueños se hicieron realidad, el amor se escribió con mayúsculas dando paso a una pasión desenfrenada, dando rienda suelta a todos y cada uno de sus sentidos.

FIN


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