Como siempre esta historia ha salido enteramente de mi loca cabeza al igual que cada uno de los personajes siendo los principales una copia física de Xena y Gabrielle que pertenecen a... etc, etc... Sé que los nombres que utilizo no son originales pero nada tienen que ver con las actrices.

Existe una relación amorosa entre dos mujeres aunque por ahora no hay nada explícitamente sexual, alguna palabra malsonante pero nada que no se escuche normalmente, y está dedicada a cada una de las personas que trabajan dentro o fuera de esta página, manteniéndola viva.

Comentarios: Como siempre me tienen a su disposición en niraff2004@yahoo.es.

Un saludo y espero que les guste.


UNA EXTRAÑA EN MI VIDA

Nira

Cuarta parte

- No sé cómo me he dejado convencer para volver aquí - refunfuñaba mientras se sentaban en una de las mesas - Ya me debes dos, ¿eh?, y bien gordas además -.
- No te quejes tanto, si en el fondo sé que te gusta - sonrió René mientras su hermana le clavaba una mirada asesina.

El local se encontraba tan abarrotado como el último sábado incluso podía reconocer algunas caras. Una vez más ir con su hermana le había traído suerte pues nada más entrar una de las mesas quedaba libre. La semana había sido realmente dura y necesitaba despejarse un poco, distraerse de alguna manera.

- Dios mío, ahí está esa tía otra vez -.
- ¿Quién? - miraba a un lado y a otro sin saber a quien podía referirse.
- Esa mujer morena que viene directa para acá, el otro día intentó acercarse cuando iba para el baño -.
- ¿Ah sí?, ups, me temo que ya está aquí - se giró para observar la cara de disgusto de Esther.
- Hola, ¿puedo... -.
- No - le contestó bruscamente - ¿No ves que estoy con mi novia? -.

René la miró fijamente intentando aguantar la risa que se le acumulaba en la garganta.

- Ah, lo siento... - la mujer hizo el gesto de irse pero se paró para volver a mirarla - Perdona, quizás me confunda pero ¿tú no eres Esther la mujer de Ramón? -.

La cara de Esther palideció en cuestión de un segundo y ambas hermanas miraron fijamente a aquella mujer momento en que la reconocieron. Se trataba de Pilar, compañera de trabajo de Ramón.

- E... eres...¿Pilar? - Esther no salía de su asombro incapaz de entender toda aquella situación pues la misma Pilar estaba casada con el jefe de su marido.
- Sí, la misma, te vi el sábado pasado pero no me dejaste hablar contigo, llevabas prisa - sonrió.
- Bueno, sí... es que... - balbuceó incapaz de encontrar las palabras.
- ¿Puedo sentarme? - señaló el sitio que quedaba libre justo al lado de Esther.
- Claro - le contestó René recibiendo una mirada fría de su hermana, pero no podía evitar divertirse con todo aquello.
- Tú eres René, verdad, la cuñada de Ramón -.
- La misma -.
- Tu novia - le sonrió a Esther que sólo quería que la tierra se abriese y la tragase en aquel momento.
- Perdona es que toda esta situación me sobrepasa -.
- Tranquila si te entiendo - le sonrió Pilar - Verás yo estoy aquí por mi hija lo mismo que tú por tu hermana -.
- ¿Cómo? -.
- Ella necesita encontrar a alguien y esta noche ninguna de sus amigas salían así que me ha animado a acompañarla, al fin y al cabo me gusta el local -.
- ¿Te gusta el local? -.
- Sí, tampoco es tan raro, yo no soy gay, soy muy feliz con mi Luis y las mujeres están muy bien como amigas aunque mi hija no opina igual que yo - se rió.
- Pero el otro día... -.
- Esther el otro día sólo quería saludarte -.
- Pues ha sido toda una sorpresa -.
- Para mi también lo fue verte por aquí pero lo entendí cuando vi a tu hermana -.
- ¿Siempre acompañas a tu hija? - le preguntó René que estaba encantada con toda la situación.
- Hoy sí pero el fin de semana pasado sólo salí para distraerme un poco, ella vino con las amigas, al parecer les caigo bien, y tampoco hay tanta diferencia de edad - se rió con ganas pues tendría que rondar los cincuenta y tantos años.
- Debes de ser muy juerguista para seguirles el ritmo -.
- No te creas, sólo estoy un rato y me voy, mi hija dice que es para controlarla pero que va, nada más lejos, ella ya es mayorcita y estoy orgullosa de lo sensata que es, se las arregla muy bien sola. El sábado pasado sin ir más lejos ligó con alguien aquí y parece que le gustó -.
- Esta también ligó aunque no quiere reconocerlo - dijo Esther mirando a su hermana.
- Yo no he ligado en mi vida -.
- Eso no me lo creo - sonrió Pilar - Seguro que has roto mil corazones -.
- Más bien ha sido al revés - le contestó con resignación.
- Será que has tenido mala suerte, eres demasiado guapa y a las chicas como tú se le acercan muchos moscones -.
- ¿A mí?, pues tendrías que haber visto a mi hermana el sábado pasado -.
- Sí, ya me contaron -.
- ¿Quién te contó? - la miró Esther extrañada.
- Las amigas de mi hija se rieron contigo -.
- Fabuloso - dijo con ironía mientras se servía más cerveza - Me he convertido en el hazme reír lésbico -.

Pilar se rió con ganas con el comentario y su risa contagió a las dos hermanas, era un tanto escandalosa.

- ¡Hay que ver qué burra eres! -.

A cualquier otra persona Esther le hubiera plantado la mosca allí mismo pero aquella mujer le caía francamente bien. Era un espíritu joven y libre a pesar de su edad y no se molestaba en ocultarlo.

- Bueno, ¿y has visto a tu ligue? - preguntó la propia Pilar con una sonrisa.
- Yo al menos he visto a dos que pretendían intentarlo una vez más pero se los he dejado claro con la mirada -.

Pilar miró divertida a Esther, suponía que era una mujer más seria pero está claro que como se conoce de verdad a la gente es fuera de su entorno de trabajo.

- ¿Y tú, René?, ¿la has visto? -.

René la miró y quiso contestar pero la voz de su hermana se lo impidió.

- Si no la ve, bien puedes presentarle a tu hija o a sus amigas -.
- Esther - la llamó René - No, Pilar, aún no la he visto -.
- Llámenme Pili que estamos en confianza - movía la cabeza buscando entre las personas del local e hizo un gesto a alguien para que se acercase. - De todas maneras presentarte a mi hija y a sus amigas tampoco te hará daño -.

Pilar volvió a hacer gestos con la mano mientras mostraba una gran sonrisa. A René no le apetecía demasiado conocer a gente nueva, la única persona que quería ver era a Isha y se sorprendió al comprobar las ganas que de verdad tenía de encontrarla por allí.

- Esta es mi hija -.

René levantó la vista sin demasiado entusiasmo para encontrarse con un par de ojos color miel que le sonreían al igual que lo hacía su dueña.

- Hola guapa -.
- Hola Isha - la saludó Esther sonriendo - Menos mal que alguien me dice algo bonito hoy - se rió.
- No era para ti - le dijo en tono de broma Pilar - aunque sea verdad -.
- Hey, cuidado con los piropos, aquí podría interpretarlos mal, y conozco a tu marido -.
- Y yo al tuyo. Entre tu y yo creo que a mi marido no le importaría demasiado... hasta podría gustarle -.

Ambas se rieron con sus propios comentarios mientras Isha y René las miraban un tanto abrumadas.

- Al final has decido volver por aquí - comentó Isha para romper el hielo.
- Sí, al parecer vine a conocer a tu madre - le sonrió.
- No eres la única que viene con la familia -.
- Me reconforta saberlo -.

El sonido de las risotadas de las dos mujeres las hicieron mirarlas durante un rato.

- Parece que tu hermana ya no estará sola por aquí -.
- Sí, ha encontrado quien la cuide y la defienda -.
- ¿Por qué no te vienes con nosotros?, estamos los mismos del otro día, por allá, en el centro bailando -.
- Eso mismo, tienes que ver a esta preciosidad bailando -.
- Mamá -.
- ¿Qué?, es verdad, bailas muy bien -.
- Lo sé - afirmó René - Ya la he visto -.
- Anda vamos o empezará a hablar de mi infancia -.
- ¿En serio?, eso me apetecería oírlo - René volvió a sentarse pero la mano firme de Isha se lo impidió obligándola a levantarse.
- Otra día te lo contaré - se rió Pili.
- Vale - sonrió René - te tomo la palabra -.

Se dirigieron al centro del local donde uno a uno René fue saludando a los amigos y amigas de Isha, no eran muchos pero se hacían notar con sus bailes a los cuales se unieron las dos hasta que llegó la hora de cerrar. Se había divertido mucho y sobre todo se había reído algo que necesitaba con urgencia sin que ni siquiera fuera conciente de ello.

- ¿Qué ha pasado con Lucy?, ¿has vuelto a saber de ella? -.

Habían decidido aprovechar el buen tiempo nocturno y caminar un rato. Esther y Pilar hacía ya más de tres horas que se habían marchado, según para que cosas la edad no perdona. También se había marchado el resto del grupo una vez hubieran cerraron hacía ya más de una hora.

- Indirectamente sí -.
- ¿Cómo indirectamente? -.
- Recibí una llamada de su tía, quiere conocerme y agradecerme lo que hice por ella. Me invitan a pasar con ellos este fin de semana, van a enviarme un billete de avión -.
- Vaya -.

Un silencio algo incómodo las inundó por primera vez.

- ¿Vas a ir? -.
- Sí, tengo que ir, sería muy feo no aceptar la invitación pero... -.
- ¿Pero? -.
- Me duele que no me haya llamado ella misma -.
- No encontraría el valor suficiente para hacerlo -.
- Supongo -.
- ¿Sigues enamorada? -.

René miró a Isha mientras paseaban por una larga avenida donde el tráfico no paraba nunca, no tenía horarios. En su corazón sabía que así era, seguía enamorada de Lucy.

- Me temo que sí -.
- ¿Ella está con alguien? -.
- Su tía me nombró a una tal Inés, creo que es la novia y también creo que ella la recordaba, puede ser que no recordase su nombre o su aspecto pero sí que sentía algo por alguien que no era yo, eso explicaría la forma en que huía de mí -.
- Sí, tiene su sentido - Isha no pudo evitar sentirse aliviada al saber que aún podía albergar alguna esperanza.
- ¿Cuánto llevamos caminando? - se sorprendió René.
- No lo sé, ¿por qué? -.
- Estamos a menos de dos manzanas de mi casa -.
- No puede ser, ¡tanto hemos caminado! -.
- Sí, menos mal que mi hermana no me dejó el coche, cualquiera vuelve a buscarlo -.
- El tiempo pasa volando caminando contigo -.
- Será por que no hemos parado de hablar - sonrió.
- Será por eso, somos un par de cotorras -.
- ¿Cotorra yo? - fingió molestarse - Si hablo menos que un pajarito -.
- ¿Qué hablas menos que un pajarito?, eso sí que no lo había oído nunca -.
- Pues ya ves, no te acostarás sin saber algo más -.
- Si estamos tan cerca te acompaño hasta tu casa, estar a estas horas sola es peligroso -.
- Pero tú después te quedarás sola y tu casa está lejos de aquí -.
- Cogeré un taxi, no te preocupes por mi -.
- No puedo evitarlo -.

Nada más pronunciarlas habría deseado que aquellas palabras no hubieran salido de su boca, pues no quería darle esperanzas, aunque en el fondo sintiera algo. De nuevo reapareció el mismo silencio incómodo que se acentuó aún más al encontrarse frente al portal de su edificio.

- Aquí es -.
- Sí, era el que me imaginaba -.
- Eso es por que me explico muy bien -.
- No lo dudo -.
- Bueno... -.
- Vale... yo me... -.
- ¿Quieres subir y tomarte algo antes de irte?, ¿quizás un café o...? -.

René se sorprendió a si misma con aquella invitación que en ningún momento pensó hacer. Por alguna razón no quería despedirse aún de Isha.

- ¿Tienes té? -.
- Por supuesto -.
- ¿Y tienes leche? -.
- Claro -.
- Pues no me gusta el té y tampoco la leche -.

René miró extrañada la cara seria de Isha que poco a poco se iba transformando en una gran sonrisa.

- Serás idiota -.
- Lo seré pero esta idiota te ha hecho sonreír -.
- ¿Vas a subir o no? -.
- Tu amabilidad me abruma, pero vale si te pones así, no me queda más remedio - sonrió pues había conseguido quitar algo de tensión a la situación.

Se sentó en el sofá mientras René preparaba los cafés. Miró la hora pronto serían las cuatro de la mañana y no era el mejor momento para café, o quizás sí, el caso era ver su casa y no despedirse aún de ella. Disfrutaba de su cercanía y de su compañía, le encantaba su manera de hablar y cada minuto que pasaba quería conocer más detalles de su vida, de su gente, del mundo que la rodeaba para de ese modo conocerla más a ella misma.

- Ok, aquí está su té con leche - sonrió René dándole una taza de café negro.
- Gracias, veo que es usted una gran anfitriona, siempre pendiente del gusto de sus invitados -.
- Yo soy así -.

Se sentó en el sofá junto a Isha al modo indio, cruzando las piernas.

- Tienes un bonito apartamento, es pequeño pero está bien decorado - observaba todo a su alrededor mientras hablaba - Has aprovechado bien los espacios no agobiándolos, dejándolos libres y has sacado partido a los lugares menos luminosos con colores claros en un estilo moderno sin olvidar lo tradicional -.
- Vaya, pero si estoy con Agatha Ruiz de la Praga y no me había enterado -.
- No es eso, graciosa - le sonrió - Es que me gusta la decoración -.
- Ya veo - se rió - No tenía ni idea de que tuviera estilo, en realidad "no agobio los espacios" - acentuó la frase - porque no tengo dinero para comprar más muebles, esta mesa, por ejemplo, de un estilo tradicional - sonrió - me la compró mi hermana y esta lámpara tan vanguardista la compré en el rastro por que la que estaba un buen día se cayó al suelo, por lo visto la pobre estaba cansada de alumbrar los lugares menos luminosos de este apartamento -.
- Idiota - le contestó mientras se tomaba el café entre las risas de René.
- Pues ya somos dos -.

La conversación fue fluida y variada pasando por todas las etapas de sus vidas, la infancia, la adolescencia, los primeros amores...

- Así que Álvaro -.
- Sí, ese fue mi primer amor -.
- ¿De verdad? -.
- Bueno, mi primera relación, mi primer amor confesable al menos -.
- ¿Y cual fue el inconfesable? -.
- Una amiga mía -.
- ¿Y no tenía nombre? -.
- Ana -.
- Ana, un nombre universal -.
- Sí -.
- ¿Era guapa? -.
- Sí, lo era, bueno no era una belleza del otro mundo, era como a mi me gustaba, una persona sencilla, muy buena gente y tenía una personalidad fuerte -.
- Tenía carácter -.
- No, no era carácter sólo que tenía las ideas claras -.
- ¿Era gay? -.
- Nunca lo supe -.
- Entonces no tenía las ideas tan claras -.
- Puede que sí pero no tenía por qué ir diciendo nada por ahí, no llevaba una bandera -.
- Vale, es verdad -.
- ¿Y tú, Isha? -.
- ¿Yo?, veamos, ¿sabes qué pasa?, que han sido tantos que es difícil acordarse - miró a René de reojo - Vale, vale, la verdad es que mi primer amor no fue hasta los veinte años -.
- ¿Hasta los veinte? -.
- Sí, no era fácil para mi encontrar a alguien en el pueblo, hasta que no llegué a la universidad no me atreví a acercarme a nadie -.
- ¿Distes tú el primer paso? -.
- Sí, por alguna razón que desconozco siempre ha sido así, era la amiga de una amiga, se llamaba Elizabeth -.
- ¿Y cómo fue? -.
- En una fiesta, nos dejamos llevar por el baile, sin darnos cuenta nos estábamos besando -.

Isha miraba fijamente a René mientras hablaba y algo en su interior se estaba revolviendo, algo que crecía por momentos. Sin darse cuenta comenzaba a acercarse a ella cada vez más.

- ¿Era una fiesta gay? -.
- Sí, mi primera fiesta gay -.
- Pues empezaste bien -.

Isha sonrió. René notaba la cercanía de la morena que acortaba distancias a cada segundo que pasaba y en su interior una lucha comenzaba. Recordaba los momentos vividos en ese mismo sofá junto a Lucy y no podía evitar sentirse mal por lo que iba a ocurrir, sin embargo, por otro lado quería que ocurriera, lo quería desde que comenzara aquella conversación, desde el paseo con ella.

- ¿Y duró mucho? -.
- Tres años -.
- ¿Qué pasó? -.
- Me dejó por otra -.
- Suele pasar, lo siento -.
- Después de ella tuve un par de relaciones esporádicas pero me sentía mal -.
- ¿Por qué? -.
- No soy así, no soy alguien que vaya de flor en flor, no me gusta eso - apoyó el brazo en el respaldo del sofá mientras se pegaba al cuerpo nervioso de René - Cuando me gusta alguien me entrego a ella... sólo a ella -.
- Isha... -.
- ¿Sí? -.
- Is... -

El beso de Isha lejos de ser tímido fue firme, decidido pero al mismo tiempo transmitía una gran ternura que la hizo estremecer y poco a poco entregarse a ella, acariciando sus labios, saboreando la dulce sensación que la embargaba con cada movimiento. No podía saber el tiempo que llevaban sólo que no quería parar, quería más de aquellos labios. Sin darse cuenta se fue hundiendo en el sofá quedando bajo el cuerpo de Isha cuyas manos le acariciaban la cara y su corto pelo rubio como preludio al resto de su ser.

Disfrutaba de sus caricias pero sin darse cuenta un nombre se abría paso en su mente, un nombre que ya no podía ignorar como el recuerdo de sus labios y su cuerpo sobre el suyo. Por muy bien que se sintiera con Isha, por mucho que disfrutaba, su corazón seguía perteneciendo a Lucy.

- Is... Isha -.
- ¿Qué? -.

Tuvo que hacer un esfuerzo para seguir hablando pues los labios de la morena sobre su cuello le producían un placer incapaz de ignorar.

- Espera... espera... por favor -.

Isha se incorporó lo suficiente para poder mirarla a los ojos.

- ¿Qué pasa? -.
- No... no puedo -.
- Ya. Me lo temía - se quedó sentada antes de seguir hablando - Es Lucy, ¿no?, te acuerdas de ella -.
- Lo siento -.
- No pasa nada, es normal, sigues enamorada -.
- No quiero engañarte -.
- No lo has hecho, ya me lo habías dicho, ha sido... una tontería, me he dejado llevar -.
- Isha créeme si te digo que para mi no ha sido una tontería -.

Las dos permanecían sentadas en el sofá sin saber qué hacer o decir en aquel momento.

- Será mejor que me vaya -.
- Espera, escúchame un momento -.

Isha volvió a sentarse para prestarle toda su atención.

- Tú me gustas y me gustas mucho -.
- Pero no tanto como Lucy -.
- Necesito tiempo, sólo es eso, este fin de semana volveré a verla y con su novia, la veré en su entorno y posiblemente sea muy diferente a como yo la conocí, no quiero renunciar a ti sólo quiero aclararme para no hacerte daño -.
- René eres una persona increíble y enamorarse de ti es muy fácil al menos para mi, conozco la situación nunca me has mentido y eso lo valoro mucho pero será mejor seguir como amigas hasta que lo tengas claro. Eso sí yo no podré esperar eternamente y con esto no quiero presionarte en absoluto sólo dejar clara mi situación -.
- Yo tampoco te pediría que lo hicieras y también eres increíble para mi -.

Se levantaron y se acercaron a la puerta.

- Me lo he pasado muy bien esta noche -.
- Y yo más René, sobre todo al final, hace un momento - sonrió y le dio un suave beso en los labios - Que vaya todo bien este fin de semana -.
- Te llamaré cuando vuelva -.
- Creo que, más bien, seré yo quien lo haga -.

*****

La calma de aquel lago siempre le había provocado una extraña atracción que se agudizaba con las primas horas del día. El sol aún no había mostrado sus rayos aunque su claridad crecía por momentos anunciando un día prometedor pues el cielo lucía su mejor azul. Toda aquella paz contrastaba con los nervios que le habían impedido dormir y que la obligaron a levantarse más temprano de lo normal.

Intentaba controlar su respiración mientras las gotas de sudor resbalaban por su cara pero era inútil, su corazón estaba demasiado inquieto. Decidió sentarse sobre la hierba e intentar calmarse con aquel sereno espectáculo que la naturaleza le ofrecía. Cada mañana corría por el pequeño camino de tierra alrededor de Lucy, ese era el nombre que de niña le pusiera a aquel lago.

El momento había llegado y ya no había marcha atrás. Su corazón lo compartían dos personas y tenía que averiguar quién era la que más latidos le provocaba, una situación complicada en la que nunca pensó caer. En la que nunca quiso estar. Nadie en su sano juicio elegiría un sufrimiento igual, pues hiciera lo que hiciera, alguien a quien quería sufriría por su causa. Era inevitable.

Se echó sobre la fresca hierba que inmediatamente le proporcionó un ligero alivio a su calor. Había corrido como nunca y sin darse cuenta se había agotado, con cada zancada un nuevo pensamiento se asentaba en su mente y las imágenes se repetían una y otra vez. Imágenes de René ayudándola a caminar, a comer, enseñándola a leer, durmiendo a su lado, ofreciéndole su hombro cuando los ánimos no la acompañaban, sintiendo su calor. Y los labios de Inés que nunca perdió la esperanza de volver a encontrarla, que luchó tanto o más que ella por salir adelante y que aún lo hacía con todas sus fuerzas.

Todos buscamos a alguien con quien compartir nuestras vidas, alguien que por encima de todo te quiera y a quien amar. Eres afortunada si encuentras esa clase de amor, mucha gente no lo logra, aún uniéndose a una persona siguen sin tenerlo y simplemente renuncian a ello. Se resignan a la soledad compartida. Cualquiera hubiera deseado tropezar en su camino con una persona como Inés y sería completamente afortunada de amar y ser amada por alguien como René. Ella tenía las dos y, sin embargo, era desgraciada. No tenía ningún sentido pero la naturaleza humana es así. Cerró los ojos y suspiró profundamente.


- Por dios, menos mal que estás aquí, te he buscado por todas partes -.
- ¿Cómo? -.

Abrió los ojos y tuvo que llevarse la mano a la cara pues la claridad era demasiada para sus adormilados ojos. Sin darse cuenta se había quedado dormida.

- ¿Qué estás haciendo aquí?, están todos esperándote -.
- Creo que me he dormido -.
- Sí, desde luego yo también lo creo - dijo mirándola de arriba abajo - Tendrías que ver que pinta tienes, estás llena de tierra y césped y con bolsas en los ojos, yo que tu me daba un baño antes que nada.

Se levantó y miró fijamente a su tía quien la observaba de arriba a abajo sonriendo.

- ¿Qué has dicho? -.
- Que te duches -.
- No, antes de eso -.
- ¿Qué qué estabas haciendo aquí? -.
- Nooo... has dicho que están todos esperándome -.
- Ah, sí, por eso mismo tienes que ducharte y vestirte rápido -.
- Erika, no me digas que ya han llegado -.
- Pues no te lo digo - sonrió - Ha venido ella sola -.
- ¿Sola? -.
- Sí, también me ha extrañado -.

Caminaban con rapidez por el sendero que conducía a la gran casa, atravesando el jardín que con tanto esmero cuidaba cada día su madre ayudada por el jardinero que no era otro más que Don Julián, quien la había visto crecer y era para ella como su segundo padre. Llevaba más tiempo trabajando con su familia y viviendo en aquella casa que su propia madre.

- ¿Ya está el almuerzo? -.
- ¿Almuerzo?, creo que iba por el postre -.
- ¿El postre?, ¿pero qué hora es? -.
- Las... - se calló agudizando el oído pues el gran reloj situado en el salón de la casa estaba dando las campanadas - Exacto, son ya las dos -.
- ¿Cómo que las dos? -.
- Sí, las dos de la tarde -.
- ¡Pero cómo he podido dormir tanto!, apenas cerré los ojos un momento y, ¿y por qué no me has llamado? -.
- No te encontraba -.
- Desde las ocho y media hasta las dos son muchas horas -.
- Sí pero ella ha llegó a la una y media y pensamos que estabas en tu cuarto o simplemente dando un paseo -.
- Qué desastre, ¿ya conoce a mamá? -.
- Sí y a Tom -.
- ¿Y a Inés? -.
- También, creo que están comiendo juntas -.
- ¿Comiendo juntas? -.
- Hoy estás algo sorda, ¿eh? - se rió su tía - Anda pasa, si entramos por aquí no nos verán -.

Abrieron la puerta trasera que tantas veces utilizara de niña y de no tan niña cuando la noche era su cómplice y regresaba a una hora que no gustaba a nadie de los que allí vivían. Llegaron a la escalera principal y agudizó el oído intentando escuchar alguna conversación pero era incapaz de percibir nada. Subía los escalones con agilidad seguía por su tía quien a pesar de estar cerca de los setenta años aún conservaba una fuerza admirable.

Algo la hizo pararse en su camino, algo que la detuvo al igual que a su corazón. Durante un segundo no existió nada más que aquel sonido, el dulce sonido de una voz que cada noche le hablaba en la soledad de su cuarto, que se había grabado en su mente y en su pecho confundiéndose con su propia conciencia.

- Sí, es ella, ya te dije que estaba aquí - le habló su tía mirándola de reojo.
- ¿Mmm?... sí, sí ya voy -.

Subió desconcertada los siguientes escalones y cruzó el pasillo que la llevaba a su habitación.

Continuará... (y de verdad espero que sea pronto)


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