Sentada en el sillón escuchaba los pasos de Lucy por la habitación, moviéndose de aquí
para allá terminando de preparar la maleta. Se preguntaba por qué tardaría tanto, al
fin y al cabo sólo llevaba lo que ella le comprase durante estas semanas. No se trataba
de un gesto altruista y no lo hacía por generosidad, era sobre todo un acto egoísta
pues sabía que no podría soportar la visión de su ropa en el armario cada día,
recordándole su ausencia. Sería demasiado doloroso.
Lucy apareció arrastrando la maleta y dejándola en la entrada, abajo ya la esperaba un
taxi que la llevaría al aeropuerto. René luchaba consigo misma, sus ojos no querían
obedecer pero al fin logró levantar la vista para encontrarse con los de Lucy que se
clavaron en ella durante un largo minuto. Una eternidad en la cual una conversación
silenciosa tenía lugar, una mirada de agradecimiento, otra de pena, de amor, del
inevitable adiós, del dolor de la despedida. Un silencio que cayó en la habitación y
que duró mientras la puerta se cerraba, mientras René fijaba su mirada en el suelo de
la habitación esforzándose por no correr tras ella, mientras Lucy permanecía sentada
apoyada en el respaldo del asiento que le había tocado en el avión, mientras las
lágrimas rodaban sin control por la cara de la joven rubia y su garganta sollozaba,
mientras la morena perdía su mirada en la oscuridad que reflejaba el pequeño cristal.
*****
Se alegraba de tener una copia de la llave del apartamento pues estaba segura de que su
hermana no le abriría la puerta. Llevaba dos días sin saber de ella y era demasiado
tiempo.
- ¡René! - la llamó - ¿Quieres hacer el favor de contestarme?, sé que estás aquí,
¡dónde si no ibas a estar! -.
Recorrió el pequeño apartamento para terminar en el dormitorio donde desde el principio
estaba segura que estaría. Y así fue, acurrucada debajo de las sábanas se encontraba
René de espaldas a ella.
- Dios mío, René, no me digas que llevas dos días sin levantarte de la cama -.
Se acercó a la ventana y corrió las cortinas iluminando el cuarto y obligando a René a
girarse hacia el lado contrario mientras transmitía una queja en forma de gruñido.
Esther se acostó junto a ella abrazándola.
- Mi cielo, no puedes seguir así, sabías que esto iba a pasar -.
- Se ha ido -. la voz de René sonaba ronca a causa de llevar dos días llorando y sin
hablar con nadie.
- Lo sé -.
- No dijo nada -.
- ¿No se despidió? -.
- Sí -.
- ¿Entonces? -.
- Me dijo adiós con la mirada pero... no dijo nada -.
- ¿Se fue sin decirte nada?, ¿es qué ni siquiera te dio las gracias por todo lo que
has hecho por ella? -.
Al no recibir respuesta, Esther se levantó de un golpe a causa de la indignación.
- ¡¿Pero quién se cree que es?!, ¡si no fuera por ti ni siquiera podría dar un paso!,
¡ganas tengo de llamarla y decirle un par de cosas! -.
- No puedes -.
- ¡¿Qué no puedo?!, ¡será niñata desagradecida, la ricachona esta!
- No tengo su número -.
- ¡¡Vamos, qué se fue sin más!! -.
- No pude decirle... nada - el llanto volvía a aparecer.
- ¡¡Ah no!!, ¡tú no lloras más!, ¡se acabó! - con decisión apartó las sábanas del
cuerpo de su hermana tirando de ella - ¡Venga, a levantarse que hace un día precioso! -.
- No quiero salir -.
- Me da igual lo que tu quieras aquí se hace lo que yo digo y punto, que para eso soy
tu hermana mayor -.
- ¿Quieres dejarme? -.
- No, no quiero y no lo voy a hacer, así que lo primero es lo primero, a la ducha
ahora mismo -.
Una hora más tarde Esther había conseguido convertirla en la René de siempre, al menos
en apariencia, por dentro su sufrimiento no había echo más que empezar. Caminaban por
el parque que quedaba muy cerca del apartamento sin cruzar palabra, Esther esperaba
pacientemente a que fuera su hermana la que encontrase el momento para hablar.
- No sé... -.
- ¿Sí? -.
- No sé que hice mal, todo iba bien y de repente... estuvimos a punto de estar juntas,
¿sabes?, llegué a creer que sentía algo por mi, que era correspondida... y no lo
entiendo -.
- ¿A qué te refieres? -.
- Todo cambió de golpe, sus sentimientos cambiaron y aunque a veces sentía su mirada
sobre mi, una mirada que transmitía la misma intensidad que la mía, de algún modo me
evitaba y no sé por qué -.
- René, simplemente no te quería. Sé que es duro pero así es, esa es la única verdad,
es la única explicación y no puedes seguir dándole vueltas, ni siquiera te ha dejado un
número de teléfono, no quiere que la encuentres -.
- Tiene que haber alguna explicación a todo esto, ella no es así -.
- Ella no es así, ¿y cómo lo sabes?, justo acababas de saber sobre su pasado cuando se
ha ido sin más, estás igual que antes, no la conoces -.
- Desconozco su biografía, no sé los datos de su vida pero me mostró su corazón,
Esther. Sé que no lo entiendes y yo no lo sé explicar, probablemente no tenga
explicación, pero lo hizo, sé que lo hizo -.
- Lo único que yo sé es que la quieres, te has enamorado de ella como una tonta y eso
te ciega, ¿sabes qué te digo?, esta noche vamos a salir tu y yo, y vamos a ir a un bar
de esos tuyos -.
- ¿Tú en un bar gay? -.
- Sí, qué pasa, soy una mujer moderna -.
- ¿Y Ramón?, ¿vendrá también? -.
- ¿Es qué no me has oído?, iremos las dos, noche de mujeres -.
- ¿Y qué pasará si alguna intenta ligar contigo? - sonrió René.
- Vale, no me arreglaré ni nada, iré echa un asco y así se fijarán más en ti... bueno,
al menos te hago reír -.
- Lo último que me apetece es salir esta noche, y mucho menos conocer a alguien, me
guste o no mi corazón sigue ocupado por Lucy, pero sólo por verte a ti en el bar creo
que valdrá la pena -.
- Pues que bien -.
- Alegra esa cara, que no es para tanto, allí no se comen a nadie... vamos si tú no
quieres - la miró de reojo.
- Eh, que a mí me gustan mucho los hombres - dijo casi gritando.
Dos hombres que pasaban haciendo footing la miraron fijamente sonriendo.
- ¿Ves la vergüenza que me haces pasar?, ¡a saber qué se han pensado esos dos! -.
Continuaron el paseo un poco más animadas ayudadas por la luz del sol que acababa de
surgir entre las nubes.
René no hacía más que mirar a su hermana de arriba abajo incapaz de creer lo que veía.
Se había tomado muy en serio lo de no arreglarse y llevaba unos vaqueros junto con una
camiseta algo vieja y larga y sin ningún tipo de maquillaje, lo cual tenía que haber
constituido un gran esfuerzo para ella que siempre tardaba más de la cuenta en el baño
cada vez que quedaban.
- ¿Quieres dejar de mirarme así? -.
- No puedo, no te reconozco -.
- Mejor así, si no me reconoces tú no lo hará nadie -.
- Tranquilízate, tampoco pasa nada si alguien te ve, no estás haciendo nada malo -.
- Mi marido y mi hija pequeña en casa durmiendo y yo en un bar gay de juerga -.
René no pudo más que darle un beso a su hermana, sabía lo mucho que le costaba todo
aquello pues en el fondo seguía sin entender por qué su hermana pequeña se empeñaba en
salir con mujeres en vez de buscarse un buen marido, pero lo respetaba y eso era todo
lo que ella necesitaba.
- Eh, a ver si se van a pensar que eres mi novia y esta noche no te ligas nada -.
- No quiero ligar -.
- Te digo que me da igual lo que tu quieras - se encontraban frente a la puerta del
bar - Oye, ¿me dejarán entrar así? -.
- Aquí puedes vestir como quieras, no como en esos pubs heteros a los que vas -.
- Pues bien que ibas tú conmigo, y que poco bien te lo pasabas -.
- ¡Quieres entrar ya qué estás formando una cola! -.
- Vale, vamos a la barra que veo a dos que se van ya -.
- No sé cómo lo haces, puede estar el local abarrotado de gente que siempre encuentras
sitio -.
No era un sitio muy grande pero solía llenarse de gente los sábados por la noche, entre
gays, lesbianas, simpatizantes y curiosos. Muchos iban por que las bebidas solían ser
más baratas que en otros locales de la zona y eso eran los peores, no los soportaba.
Entraban con aires de superioridad como si fueran mejores por el echo de ser
heterosexuales o al menos dárselas de ello, cuando seguramente más de uno y de una
tendría sus dudas.
Mientras se servía la cerveza que Esther le había pedido echaba un vistazo a su
alrededor. Gente de todo tipo cruzaban sus miradas a un lado y a otro observando o
buscando a alguien con quien compartir un momento o el principio de algo más. Sin
embargo, René no podía fijarse en nadie, sin darse cuenta buscaba a Lucy, algo
imposible pues se hallaba a kilómetros de distancia de allí y aunque estuviera cerca
estaba claro que no quería saber nada de ella. Volvió su vista hacia el vaso y bebió.
Sin quererlo y sin saber por qué Esther estaba consiguiendo llamar la atención más de
lo que hubiera deseado. Era la tercera que intentaba iniciar una conversación con ella
y se estaba poniendo algo nerviosa.
- No lo entiendo, ¿qué pasa?, ¿qué les gusta como visto? -.
- Esther eres una mujer muy guapa y además si te soy sincera con esa pinta dejas claro
para más de una qué tipo de mujer eres, y a muchas les gusta así -.
- Pues me podías haber avisado, ya no sé que decir, y a ver si te animas y hablas con
alguien y sueltas ya esa cerveza - por el tono de voz se notaba que comenzaba a sentirse
incómoda - Y alegra esa cara -.
- Hola, ¿puedo invitarte a algo? -.
- Nooo - contestó con brusquedad Esther cansada de tanta preguntita.
- Perdón, pero le preguntaba a ella -.
Esther quería morirse de la vergüenza mientras René sonría por primera vez desde que
habían entrado.
- Al menos has sonreído - dijo la mujer.
- Sí, aunque sea a mi costa - se quejó Esther - Siéntate aquí e invítala a lo que sea,
yo me voy al baño a ver si me despejo un poco -.
- ¿Quieres otra cerveza? -.
René miró su vaso descubriendo que se hallaba vacío y aceptó sin demasiado entusiasmo,
únicamente se encogió de hombros.
- Esa amiga tuya es tu hermana, ¿no? -.
René miró por primera vez a la mujer que le hablaba. Tenía el pelo largo y castaño y
ojos color miel de una forma un tanto achinada, pero lo mejor sin duda era su sonrisa
que transmitía una gran ternura. "Bueno, al menos no está mal" - pensó.
- ¿Por qué lo dices? -.
- Además del parecido, mi hermana mayor me trata igual - sonrió y René le correspondió -
Vaya, debo estar haciendo algo bien pues es la segunda sonrisa que consigo -.
- ¿Me has estado mirando toda la noche? - no solía ser tan directa pero de repente se
encontraba a gusto.
- En realidad, no, me llamaba la atención como tu hermana rechazaba con cara rara a
todas las que se han acercado, me hacía gracia y es al acercarme cuando te visto a ti -.
- ¿Ibas a invitar a mi hermana? -.
- Sólo por verle la cara - volvió a sonreír y René decidió que le gustaba aquella
sonrisa - Me llamo Isha - dijo tendiéndole una mano.
- Yo soy René - le dio la mano.
- Y yo soy una hermana que se va - dijo Esther cogiendo su bolso.
- ¿Ya te vas? -.
- Sí, voy a coger un taxi, me han tocado el culo un par de veces, me han tirado los
tejos otras tantas y por hoy ya me voy servida, ya tengo bastante para toda la semana -.
- ¿Qué dices? - René la miraba con asombro.
- Lo que oyes, encantada de conocerte - dijo mirando a Isha que a su vez la miraba
divertida - Te dejo las llaves del coche - le dio un beso a René que no paraba de
reírse - Ya te llamo mañana, adiós.
Isha observaba la cara de René mientras se reía y se alegraba de haberle echo caso a su
amiga Vanesa y haberse atrevido a invitarla.
- ¿Qué le pasa a tu hermana? -.
- Verás ella sólo me acompañaba, en realidad no es gay, mi cuñado y mi sobrina se han
quedado en casa -.
- Ahora lo entiendo -.
- Es la primera vez que está en un bar gay -.
- Y mucho me temo que será la última -.
- Sí, vaya éxito que ha tenido, me voy a reír con Ramón durante meses -.
- ¿Quién es Ramón? -.
- Mi cuñado, su marido -.
- ¿No tenías con quién venir? -.
Aquella pregunta la devolvió por un momento a la realidad, borrando la sonrisa de su
cara bruscamente. Isha sólo pudo lamentarse por haber sido tan torpe, claramente había
metido la pata.
- Perdona, sólo quería... -.
- No importa -.
René giró la silla para mirar a su alrededor y el recuerdo de Lucy volvió a invadirla
enfadándose esta vez consigo misma. Quizás fueron los efectos de las dos cervezas, el
alcohol le sentaba mal por poco que fuera, o el intento de quitarse a la morena de la
cabeza, pero sin darse cuenta se encontraba con Isha bailando en el centro del local
rodeada de gente.
Durante el resto de la noche conoció a los amigos de Isha y a la propia Isha con quien
bailó hasta que el bar cerró, momento en que decidieron irse a un descampado desde el
cual podía verse el mar. Eran las cinco de la mañana y allí estaban las dos sentadas en
una roca frente al acantilado abrigadas pues el frío se hacía notar demasiado, mientras
René se desahogaba hablando de su trabajo, de cómo conoció a Lucy, o a Helen en realidad,
y de lo que había vivido con ella. No lograba comprender cómo podía contarle todo a eso
a una total desconocida pero algo le decía que podía confiar en ella y solía fiarse de
su instinto.
- Me ha gustado conocerte, René y no esperaba conocer a nadie hoy -.
- Yo también lo he pasado bien y gracias por escucharme -.
- De nada -.
Isha se disponía a bajarse del coche pues René la había llevado hasta su casa, un
apartamento situado en el centro de la ciudad. Se paró un momento antes de irse.
- ¿Sabes?, si esa tal Lucy no supo ver en ti lo mucho que vales es que ella misma no
vale nada -.
- Gracias -.
- Lo digo en serio y... -.
Isha la miró un momento y aunque se moría de ganas de despedirse con un beso algo le
decía que sería un error demasiado grave como para arriesgarse.
- Me gustaría volver a verte -.
- Esta semana tengo demasiado trabajo, hay demasiadas cosas pendientes, no sé si
tendré tiempo -.
- Entonces el próximo fin de semana -.
- Puede ser que me pase por el bar -.
- Eso espero, aún así... - buscó en su bolso sacando un sobre que rompió obteniendo
una pequeña tira de papel, en donde escribió - Te dejo mi número de teléfono por si te
queda algún tiempo libre y no sepas que hacer -.
- Vale -.
- Y ya sabes dónde vivo -.
Le guiñó un ojo mientras salía del coche rumbo al portal del edificio donde desapareció.
René la observó marcharse para luego centrarse en el papel que sostenía en su mano
mientras arrancaba saliendo del aparcamiento.
El teléfono había sonado demasiadas veces como para poder ignorarlo así que finalmente
se levantó y se dirigió a la sala para evitar que sonara una vez más.
- ¿Sí? - preguntó con voz ronca, no en vano no llevaba ni dos horas durmiendo.
- Vaya voz, eso significa que te acostaste tarde, ¿eh? -.
- Me llamas para saber como tengo la voz -.
- ¿Cómo voy a llamarte para eso?, te llamo para que me lo cuentes todo -.
- Esther, casi acabo de acostarme -.
- Mejor, así lo tendrás todo más fresco -.
- No tienes remedio - se sentó con resignación pues su hermana no descansaría hasta
saber todos y cada uno de los detalles que con paciencia le contó.
- ¿Te ha dado su número? -.
- Sí, aquí lo tengo - dijo cogiendo el pequeño papel que dejara en la mesita.
- Bien, me gusta esa chica -.
- ¿Quieres su teléfono? -.
- Déjate de tonterías y haz el favor de quedar hoy con ella -.
- Ni hablar -.
- ¿Cómo qué ni hablar?, ¡qué la llames te digo! -.
- Esther me espera una semanita dura y necesito dormir -.
- Eh, yo sé que te ha gustado, no me lo niegues que nos conocemos -.
- Adiós Esther -.
- Llámala -.
- Que sí, adiós -.
De nuevo el teléfono volvió a interrumpir su sueño una hora más tarde, maldiciendo a su
hermana y a toda a su familia se arrastró hacia la sala.
- ¡Por dios, déjame dormir! -.
- Lo siento, señorita, discúlpeme, la llamaré más tarde -.
- Perdone creí que era... - se avergonzó - ¿Quién es? -.
- Me llamo Erika Blixen y soy la tía de Helen -.
- ¿La tía de Helen? -.
- Sí, creo que usted la conoce como Lucy -.
- ¿Ella está bien? -.
- Sí, perfectamente, la llamo para invitarla a pasar un fin de semana con nosotras,
sabemos todo lo que ha hecho por ella y queremos conocerla para agradecérselo en
persona -.
- ¿Invitarme?, ¿a dónde? -.
- A la casa Blixen, Helen estaría encantada de recibirla -.
- Pero... -.
- Por favor, deseamos conocerla -.
- ¿Quién? -.
- Mónica, la madre de Helen y yo - hizo una pausa dramática - Y, por supuesto, Inés -.
- ¿Quién...? -.
- ¿Tiene usted libre el próximo fin de semana? -.
- Bueno, yo... -.
- Ah no, perdón, sería para el otro fin de semana, desde el viernes 6 hasta el domingo
8 -.
- Sí, creo que sí -.
- Perfecto, no se preocupe le mandaremos el billete de avión y la dirección exacta, la
esperamos el viernes día 6 entonces -.
- De acuerdo, pero... -.
- Encantada de hablar con usted y ya nos veremos, gracias por aceptar la invitación, a
Helen le hará muchísima ilusión. Hasta pronto -.
- Hasta pronto -.
Colgó el teléfono y se dejó caer en el sofá incapaz de reaccionar ante lo que acababa
de ocurrir. Sin pensarlo volvió a levantar el teléfono y marcó un número.
- ¿Adivina quién me ha llamado? -.
- ¿Isha?, ¿tan pronto? -.
- No -.
- Espera, no será... Lucy -.
- No pero casi -.
- ¿Cómo qué...? -.
- Ni siquiera ha tenido la valentía de llamarme en persona, me ha llamado su tía par
invitarme a pasar un fin de semana en la casa Blixen, la fabulosa casa Blixen, ¿pero
quién carajo sabe dónde está eso? -.
- Pero, ¿qué... -.
- Deseamos conocerla, a la señorita Helen le haría muchísima ilusión... ¡pues si tanta
ilusión le hace por qué ha tardado tanto en dar señales de vida!, ¡por qué no me llama
ella misma! -.
- René... - Esther estaba asustada por la extraña reacción de su hermana quién solía
tener un carácter más bien pacífico.
- ¿Y dime, quién coño es Inés? -.
- No tengo ni idea de lo que me estás hablando -.
Cogió aire para intentar calmarse.
- ¿Quién te ha llamado? -.
- Erika Blixen, la tía de Lucy o Helen o como carajo se llame -.
- Vale, y te han invitado a pasar un fin de semana con ellas -.
- Sí -.
- ¿Por qué? -.
- Por lo visto después de dos semanas se han enterado de lo que hecho por Lu... He...
por esa y quieren agradecérmelo personalmente -.
- ¿Y vas a ir? -.
- Me mandarán un billete de avión y la dirección -.
- ¿Cuándo es? -.
- El día 6 -.
- Dentro de... dos semanas -.
- Exacto -.
- ¿Y vas? -.
- Tengo que ir -.
- ¿Y quién es Inés? -.
- Eso mismo quisiera saber yo, me dijo que Mónica e Inés les encantaría conocerme -.
- ¿Quién...? -.
- Mónica es la madre y seguro que Inés es la novia, no queda otra, lo sabía, al menos
eso lo explicaría todo -.
- Eso no explica nada -.
- ¡Pero tú de que parte estás!, ¿no dices que la detestas? -.
- Detesto a todo aquel que te haga daño -.
- ¿Crees que debo ir? -.
- Por supuesto, tú vas, te presentas, ellas te dan las gracias, les dices que de nada,
le sueltas un bofetón a la Lucy esta en toda la cara de mi parte y te despides muy
educadamente -.
- Te quiero, Esther -.
- Lo sé pero no tanto como yo -.
- Bueno, voy a ver si duermo un poco aunque lo dudo -.
- Vale, y a pesar de esto, llama a Isha -.
- Adiós tía pesada -.
- Adiós -.
René volvió a su cuarto para acostarse en su cama. A la mente volvían las imágenes de
Lucy a su lado, sus ojos, su cara, su pelo, aquellos breves pero intensos contactos con
su piel. Se moría de ganas por volver a verla pero obviamente ya tenía a alguien a su
lado y sólo quería darle las gracias, nada más. Sabía que ese fin de semana sería duro,
muy duro.
Continuará...