Renuncias: Como siempre esta historia ha salido enteramente de mi loca cabeza al igual que cada uno de los personajes siendo los principales una copia física de Xena y Gabrielle que pertenecen a... etc, etc... Sé que los nombres que utilizo no son originales pero nada tienen que ver con las actrices.
Existe una relación amorosa entre dos mujeres aunque por ahora no hay nada explícitamente sexual como tampoco hay nada de violencia, y está dedicada a cada una de las personas que trabajan dentro o fuera de esta página para mantenerla viva. Comentarios: Si les apetece decirme algo me tienen a su disposición en niraff2004@yahoo.es.

Un saludo y que la disfruten.


UNA EXTRAÑA EN MI VIDA

Nira

Segunda parte

"Las imágenes se sucedían ante sus ojos incapaz de centrarse en ninguna de ellas. Bajaba unas escaleras mientras una multitud la observaba, mil caras se mezclaban, en una barca en el centro de un lago, alguien la abrazaba con fuerza y ella correspondía. Una risa la acompañaba en todo momento, era la risa de un ángel. Una voz dulce la hablaba al oído".

- ¡Lucy!, ¡suelta eso! -.

La voz de René la devolvió a la realidad sin entender qué pasaba, a qué se debía aquellos gritos, hasta que bajó la mirada y observó un hilo de sangre en su mano. En un gesto intuitivo soltó el cuchillo sobre la mesa.

- ¿En qué pensabas?, déjame ver - observó la herida atentamente y suspiró aliviada al comprobar que era superficial.
- Lo... sien... to - tartamudeó - Sólo... quería... hacer... me, un booo... boca... bocadillo -.
- Vale, tranquila, no pasa nada. Siéntate aquí, ahora vuelvo -.

Siguió con la mirada cada movimiento de René y escuchó sus pasos por el pequeño apartamento hasta reaparecer de nuevo en la cocina.

- Lo... siento -.
- Tienes que tener más cuidado, ya hemos hablado de esto Lucy. Yo no puedo estar siempre contigo, tengo que trabajar, has de aprender a cuidarte -.

La morena bajó la mirada hacia la herida de su mano mientras sus ojos se humedecían.


- Eh, mírame - René la obligó a levantar la barbilla y sintió una oleada de ternura al ver aquella cara inocente - No te pongas así, no ha pasado nada -.
- Estás... enfa... enfadada con... conmigo -.
- No, no lo estoy -.

René le acarició la cara mientras sus miradas volvieron a cruzarse. Era la segunda semana juntas y aunque Lucy había progresado mucho, sobre todo gracias a su propio empeño, en ocasiones su comportamiento era el de una niña. Su mente maduraba de una manera lenta aunque constante. Esther también tenía que ver mucho con su mejoría pues la ayudaba a cuidarla cada vez que su propia vida se lo permitía.

La primera semana había sido muy dura para ambas pero había servido para conocerse la una a la otra. René había tomado algunos días de vacaciones volcándose en el cuidado de Lucy, ayudándola con sus ejercicios tanto físicos como mentales o vocales. Si seguía a ese ritmo pronto estaría bien pero su mente seguía sin recordar ni un solo detalle sobre quién era realmente y qué le había pasado. La propia Lucy comenzaba a darse cuenta de su situación.

- Sienn... siento seer... así -.
- ¿Así cómo? -.
- Sieeen... siento ser... tonta -.
- Lucy, tú no eres tonta, sólo has estado enferma y tienes que recuperarte poco a poco, pero no eres tonta, ¿vale?, ¿sabes lo rápido que estás aprendiendo? -.
- No esss... ver... ver... verdad -.
- Sí que lo es - le sonrió tiernamente y la morena la miró con timidez adolescente. Se sentaron alrededor de la mesa - Y ahora, dime, ¿en qué estabas pensando? -.
- No pen... saba -.
- ¿Ah no?, pues ¿qué hacías? -.
- No lo sé -.
- ¿No lo sabes?, parecías distraída -.
- Eran... fotos -.
- ¿Fotos? -.
- Como las que... me en... enseñaste, de tu... familia -.
- Estabas viendo fotos, y ¿dónde están? -.
- Aquí - Lucy señaló su cabeza.

René se estremeció al pensar que podía haber recordado algo.

- ¿Qué habían en esas fotos? -.
- No lo sé, eran... había un... lago y... una fiesta... -.
- ¿Una fiesta en un lago? -.
- No - sonrió - Era... grande -.
- ¿Quién había en esa fiesta? -.
- Mucha gen... gente... me miraban... un gran esca... escalera -.
- ¿De qué era la fiesta? -.
- Una... risa -.
- La gente reía -.
- Una risa - Lucy intentó centrarse en ese recuerdo, por alguna razón aquella risa era importante para ella pero por más que lo intentaba no sacaba nada en claro.
- Bueno, es un primer paso, Lucy - colocó una tirita sobre la herida y le sonrió - Ya estás curada -.
- Siem... pre, me... curas -.
- Es mi trabajo -.
- Pero... ahora no... no estás... en el... tra... trabajo -.
- ¿Ves?, estás aprendiendo rápido -.
- ¿Soy... tra... trabajo para... ti? -.

Aquella pregunta cogió por sorpresa a René que no supo que contestar. Sin duda, Lucy era su trabajo en un primer momento pero la semana que llevaban juntas había echo crecer algo en su interior, un sentimiento que no quería reconocer, que le aterraba por sus consecuencias.

- Tu y yo, somos amigas - le sonrió incapaz de mirarla a los ojos por miedo a que la delataran.

El timbre de la puerta las sorprendió y René fue a abrir para encontrarse con su hermana y su sobrina de tres años que se le lanzó al cuello sin darle tiempo a reaccionar.

- ¡¡Oa, oa, oa, oa!! -.
- Hola Sofía - le dio un fuerte beso antes de dejarla en el suelo.
- ¿Y para mi no hay beso? - la miró con fingida molestia su hermana.
- Anda, pasa de una vez - la golpeó suavemente en el hombro para darle un beso después.
- ¡Luuucy!, ¡¡¡Luuucyyyy!!!, ¿one tas? -.
- Se dice, ¿dónde... estás? - le contestó la propia Lucy saliendo de la cocina y abriendo los brazos para coger a la pequeña Sofía que corría hacia ella.
- Mia lo que taje - dijo corriendo hacia la madre y arrancándole de las manos unos cuadernos.
- ¿Qué es? -.
- Son de coloes, cuadenos de coloes -.
- De colores, cuadernos de colores Sofía - le corrigió René.
- Eso he dicho - se molestó la niña - Amos a pinta - dijo cogiendo de la mano a Lucy y arrastrándola hacia la mesa del cuarto que hacía las veces de salón, comedor y cuarto de la televisión.
- Esta niña y sus problemas con la ere, menos mal que Lucy tiene paciencia con ella. Se llevan muy bien, a la pobre la ha cogido como un juguete más -.

Esther miró a su hermana que no le quitaba ojo a Lucy mientras jugaba con su sobrina.

- Digo yo que podrías animarte y tener un hijo - le sonrió, al no recibir respuesta siguió hablando - Sí, porque tú y Lucy tendrían un hijo precioso -.
- ¿Cómo? - René pareció despertar.
- Bueno, al menos he conseguido que vuelvas -.
- No digas tonterías -.
- ¡Mami, mami!, ¡Lucy tiene una hida! - la niña sostenía asustada la mano de la morena que la miraba sonriendo - ¡Mia! -.
- Ay, con cuidado Sofy -.
- ¿Tago daño? -.
- No, tranquila, tu tía Re... René me ha cu... curado - levantó la vista para encontrarse con los verdes ojos de una abobada rubia que no le podía apartar la visa - Y muy bien -.
- Es una buena doctoa -.
- Doctora, Sofía - la corrigió su madre, quien miró a René - ¿Y bien?, ¿están listas? -.
- ¿Listas?, ¿para qué? - se extrañó.
- ¿Cómo qué para qué?, ¡es el cumpleaños de Papá! -.
- Ay, es verdad -.
- Espero que le hayas comprado algo -.
- Sí, claro que le he comprado pero es que, no pensaba ir -.
- ¿Cómo dices? -.
- No quiero dejarla sola - dijo mirando nuevamente a Lucy que observaba atentamente como pintaba la pequeña Sofía.
- ¿Quién te ha dicho que ella no está invitada? - le sonrió Esther - Además mamá se enfadará contigo si se te ocurre aparecer sin ella, se muere por conocerla -.
- ¿En serio? -.
- Sí, anda vístete, yo me ocupo de estas dos -.
- Vale, enseguida vuelvo - se giró para pararse de nuevo - ¿Y Lucy?, ¿qué se va a poner? -.
- Así como está va bien -.

René volvió a mirarla. Llevaba unos pantalones vaqueros y una camisa azul que le quedaban francamente bien, en ese momento se acordó de cuando fue con ella a la tienda para comprarlos. Sonrió al pensar que no sabía quién estaba más nerviosa si la propia Lucy mientras ella y la dependienta la miraban o ella misma al comprobar lo bien que le marcaban sus curvas, y como destacaba aún más el color de sus ojos en contraste con su largo pelo negro.

- No quiero ni saber lo que estás pensando ahora mismo - sonrió Esther - Tendrías que ver la sonrisa que tienes -.
- ¿Cómo?, sí, este... ya vengo - se avergonzó.

Una hora más tarde salían del coche de Esther que aparcó justo frente a la vieja casa de sus padres. La propia Esther se adelantó con la pequeña Sofía a quien tuvo que obligarla a soltar la mano de una acongojada Lucy. René observó su expresión y se acercó a ella.

- ¿Estás bien? -.
- No sé, es... es que... -.
- ¿Qué? - René la cogió de la mano en un gesto instintivo, sin darse cuenta, hasta que sintió cómo Lucy le apretaba.
- Son... tus padres -.
- Sí, son ellos, pero no te preocupes les caerás bien -.
- ¿Tú... tú crees? -.
- Yo y Esther somos sus hijas y Sofía su nieta y a todas nos caes bien, ¿por qué con ellos iba a ser diferente? -.
- ¿Te... te caigo... bien? -.
- Claro, somos amigas -.

Tuvo que desviar la mirada para no perderse en la que Lucy le ofrecía en aquel momento. Sin embargo, no puedo evitar sentir de nuevo un escalofrío al notar en su mano un suave apretón.

- ¡¡Sofía!! - una señora canosa y redonda mostraba la mejor de sus sonrisas a los recién llegados.
- ¡¡Abela, abela!!! -.
- Se dice abuela - la corrigió Esther.
- Eh, mami, déjala descansar lo ha dicho bien - un hombre igualmente canoso y de ojos tan verdes como los de las dos hermanas apareció en escena.
- Felicidades papá-.
- Gracias, hola René -.
- Hola papá, felicidades -.
- Tú debes de ser Lucy - habló la abuela.
- Sí - fue lo único que logró decir la morena.
- Vaya, eres mucho más guapa de lo que Esther me había contado, porque claro René nunca me cuenta nada -.
- Mamá, no empieces -.
- Mira papá - dijo sonriendo a su marido - Ella es Lucy, mira qué preciosidad -.
- Sí, es muy guapa y, caramba, también muy alta - dijo cuando la tuvo a su lado- con unos ojos preciosos, anda pasen que está empezando a hacer frío -.

Una vez en el interior fueron acomodándose en un pequeño salón saludando a Ramón, marido de Esther y padre de Sofía que les esperaba desde hacía un rato. Lucy se sentó en el sofá junto al matrimonio y la pequeña que no dejaba de mirarla y contarle todo tipo de historias reales o no, a las que la morena prestaba toda la atención que aquel momento le permitía, intentando no perder de vista a René.

El timbre sonó y la propio René abrió para encontrarse de golpe con el pasado. Frente a ella se encontraba Jaime, el último novio que había tenido antes de aceptarse a si misma, y no sabía como reaccionar.

- Hola René, ¿cómo estás? -.
- Bien, ¿y tú?, ¿qué haces aquí? -.

Jaime miró al interior de la casa asegurándose de quien podía estar allí.

- Escucha, estoy aquí porque tu madre me llamó por el cumpleaños de tu padre pero tranquila no pretendo nada, yo tengo novia y estoy comprometido, intenté explicárselo pero ya sabes cómo es - René sonrió resignada, sabía que cuando a su madre se le metía algo en la cabeza no había quien le hiciera cambiar de opinión, ella misma había heredado su carácter - De todas maneras tenía ganas de verte, lo de ser amigos iba en serio -.
- ¡Jaime, qué sorpresa! - fingió su madre.
- Hola señora -.
- Llámame Gema, hombre, qué hay confianza -.
- Hola... - pensó un momento - Federico, felicidades -.
- Gracias Jaime, es toda una sorpresa verte -.
- Siento no tener ningún regalo, ha sido todo muy precipitado -.
- Tranquilo, hombre, venga pasa, estamos todos en el salón -.

Uno a uno fueron saludando al recién llegado hasta que le tocó el turno a Lucy momento en que Jaime miró de reojo a René al tiempo que le guiñaba un ojo, gesto que no pasó desapercibido para la alta morena. La tarde transcurrió tranquila entre anécdotas y preguntas, comida y juegos de niños para la pequeña Sofía quien no se separaba de Lucy ni por un momento.

- Te ha cogido cariño, ¿eh? - sonrió Jaime.

Lucy simplemente lo miró sin acabar de fiarse de él y de su presencia allí, algo no acababa de cuajar. René se dirigió a la cocina para traer la tarta y Jaime la siguió sin que la morena le quitase ojo hasta perderse tras la puerta. La tarta tardaba demasiado en llegar y Lucy no aguantaba más, se levantó con la excusa de ayudar a recoger algunos platos y se dirigió a la cocina.

No pudo evitar que se le escurrieran entre los dedos y terminaran por estrellarse contra el suelo. Frente a ella se encontraban René y Jaime fundidos en un abrazo que terminó al escuchar el ruido de los platos rotos. René se sorprendió de verla plantada mirándola fijamente.

- Lucy, ¿estás bien? - se acercó pero ella sólo pidió perdón y se agachó para recoger los restos esparcidos por el suelo.
- Lucy - volvió a llamarla pero no obtuvo respuesta como tampoco la obtendría el resto de la noche.

Esther volvió a llevarlas en el coche hasta el apartamento donde las dejó rápidamente pues la pequeña Sofía ya dormía en los brazos de su padre. Subieron las escaleras que las llevaron hasta el tercer piso y René abrió la puerta dejando pasar a una Lucy seria y cabizbaja que se dirigió a la habitación sin pronunciar palabra. René pensó en seguirla y preguntarle de nuevo pero sencillamente no se atrevió.

Salía del baño dispuesta a dormirse en el sofá dónde llevaba haciéndolo desde que Lucy apareciera en su vida, pero al acercarse observó una figura sentada en la oscuridad.

- Lucy, ¿estás bien? - La morena no le contestó - ¿No puedes dormir? - seguía sin decir nada - ¿Se puede saber qué te pasa?, no has dicho nada desde lo de los platos, ¿te avergüenzas por haberlos roto?. No debes avergonzarte, yo misma he roto unos cuantos, nos pasa a todos -.
- No... no es... eso -.

Aún en la oscuridad podía observar la expresión entre enfado y molestia que reflejaba el rostro de su adorada Lucy, y no lograba entender qué le había podido molestar tanto.

- ¿Y qué es entonces? -.
- Te vi -.
- ¿Me viste? -.
- Te vi con... -.
- Con Jaime -.

En ese momento se acordó de la mirada que Lucy le clavaba cuando se le cayeron los platos. Seguramente los había visto abrazados, ¿era aquello lo que tanto le había molestado?, sólo había sido el reencuentro de dos viejos amigos. Se sentó junto a ella en el pequeño sofá, obviamente era mejor explicarlo.

- Sí, le abra... -.
- Le abrazaba -.
- Es tu no... novio -.
- ¿Cómo sabes eso?, creo que nadie lo dijo -.
- Sofy me lo dijo -.
- ¿Sofy te lo dijo? -.
- Sí, le pregunté -.

Lucy parecía avergonzada y René se mostraba encantada con su reacción.

- ¿Te ha molestado que le abrace? -.
- No sabía que tuvieses... no... novio -.
- Y no lo tengo, él lo fue hace tiempo pero ya no, además va a casarse con su nueva novia, una buena chica -.

Lucy no pudo evitar sentirse aliviada al escuchar aquellas palabras. Por alguna razón la idea de que René pudiese tener a alguien era insoportable.

- Pensé que tú... -.
- ¿Que seguíamos juntos?, no, no lo estamos. Tuvimos una relación bonita mientras duró pero aquello no podía ser -.
- ¿Por qué?, ¿te hi... hizo daño? -.
- No, qué va - cogió aire y la miró fijamente antes de hablar - Verás, Lucy, yo no tengo novio y nunca lo tendré -.

La morena la miró extrañada, René era una gran mujer, de una belleza que la cautivaba cada vez que la miraba y una gran persona capaz de ayudar a alguien como ella, sin pedir explicaciones, sin saber absolutamente nada la acoge en su casa y la cuida con todas sus fuerzas y posibilidades. De alguien así era muy fácil enamorarse.

- No me gustan los hombres, sólo me gustan las mujeres por eso Jaime y yo lo dejamos -.
- ¿Sólo las mu... mujeres? -.
- Sí, soy lesbiana -.
- ¿Lesbiana?... -.

Lucy se quedó pensativa durante un rato. Aquellas palabras parecían haberle abierto los ojos. Por primera vez entendió que había una explicación para lo que comenzaba a sentir por ella, no era una locura, no formaba parte de su problema, simplemente era real. La miró fijamente antes de hablar.

- Yo también -.

René la miró sorprendida.

- Tú también, ¿qué? -.
- Soy les... lesbiana -.

El corazón de René dio un vuelco y por un momento se quedó sin palabras, al fin y al cabo no podía saber hasta que punto era verdad lo que decía.

- ¿Lo eres?, ¿estás segura? -.
- Me gus... gusssta cuan... do me abra... abrazas -.
- Bueno, Lucy, a mí también pero eso no significa que lo seas -.
- ¿Te gus... gusssta abra... zarme? -.
- Sí -.
- Me gus... gusstas tú -.

René se levantó del sofá y caminó lentamente por la habitación bajo la atenta mirada de Lucy que pacientemente esperaba su reacción. La rubia se sentó en la pequeña mesa de centro situándose frente a ella.

- Lucy, tú también me gustas pero eso no es amor, es amistad -.
- Sí que es... a... amor -.
- Lucy, tú no sabes... -.
- Sé lo que es el amor y sólo pienso en besarte y abrazarte. No pienso en otra cosa -.

La voz de Lucy sonó tan clara y sin un solo tartamudeo que sorprendió a René incapaz de reaccionar ante la seguridad que la morena acababa de mostrar. Deseaba que todo fuera real pero Lucy aún tenía secuelas del terrible accidente que seguro había sufrido.

- Lucy, no sabes lo que estás diciendo -.

René bajó la cabeza al tiempo que sintió como la mano de Lucy la obligaba lentamente a levantarla hasta encontrarse con aquella mirada que la inundaba de sentimientos encontrados. La cara de la morena se hallaba a pocos centímetros y su mente se nubló, no existía nadie ni nada en el mundo, sólo la cercanía de su cuerpo y el aliento de sus labios que no tardó en sentirlos sobre los suyos. Una oleada de emociones la embargó y sólo podía desear que aquel momento jamás terminara, sus labios eran más dulces de lo que tantas veces había imaginado. Era un beso suave, tímido que apenas exploraba, sólo buscaba la sensación de estar unidas durante un segundo. Y eso fue lo que duró, un eterno segundo tras el cual se separaron sin decir nada, ninguna encontraba las palabras, en aquel momento sobraban.

- ¿No te ha gustado? -.
- Cla... claro - por primera vez era René la que tartamudeaba.
- Yo no sé si había echo esto... antes -.

Aquella frase logró despertar a René, sacándola de su aturdimiento.

- Ese es el problema, Lucy -.
- ¿Problema? -.
- No podemos hacer esto, no sabemos quien eres -.
- Soy Lucy -.
- Sí, eres Lucy pero....-.
- No sé quien soy, ¿verdad?, nadie lo sabe -.

Se apoyó en el respaldo del sillón siendo consciente por primera vez de cuál era su verdadera situación. René se sentó a su lado y la cogió de la mano.

- No sé si tengo familia -.
- No sabemos quien eres, Lucy - le acarició la mano - Escucha, es posible que tengas a alguien esperándote en algún lugar, no sólo una familia, quizás tengas novio o novia, quizás estés casada y tengas hijos -.
- ¿Casada?, ¿hijos? - la miró fijamente.
- Sí, no me mires así, quizás los tengas y piensen que su madre ha muerto -.
- No tengo hijos aunque quería tenerlos -.

Lucy hablaba con una seguridad como nunca había mostrado y René se dio cuenta de que no tardaría en empezar a recordar, un momento al que temía como a la peor de sus pesadillas.

- ¿Cuántos querías? -.
- Uno, me daba igual una niña o un niño -.
- ¿Y él también quería tener hijos? - Lucy parecía estar en otro mundo y René aprovechaba para hacerla recordar.
- Mi padre no quería que los tuviera -.
- ¿Por qué? -.
- Murió sin tener un nieto -.
- ¿Cuándo murió? -.
- Un infarto - las lágrimas le aguaban los ojos.
- ¿Dónde fue? -.
- En casa -.
- ¿Dónde está tu casa? -.

Lucy pensó durante un momento y René volvió a preguntarle.

- ¿Dónde está tu casa? -.
- No lo sé -.

Había vuelto a la realidad pero lo que acababa de suceder demostraba que no tardaría en comenzar a recordar detalles sobre su vida.

- Será mejor que durmamos, Lucy, estás cansada -.

Se levantó pero antes de entrar en el dormitorio volvió a mirar a René que la miraba a su vez desde el sofá.

- René, lo que ha pasado no es mentira, no sé si tengo novio o marido pero lo que si sé es que eso era antes, ahora soy distinta -.

La rubia tuvo que controlarse para no levantarse y volver a besarla. Ella estaba segura de sus sentimientos hacia aquella alta mujer de ojos azules y más aún tras sentir la dulzura de sus labios, no tenía ninguna duda, pero era muy peligroso enamorarse de alguien que no sabía quien era ni cual era su vida, corría el riesgo de llevarse un desengaño y sufrir como ya había sufrido en el pasado. No quería volver a pasar por aquello.

Daba vueltas una y otra vez sin lograr conciliar el sueño y no entendía por qué, se levantó y se dirigió hacia el sofá dónde René dormía. Se sentó en la pequeña mesa de centro y la miró durante un rato. Observó su cara dulce, su belleza se acentuaba aún más con sus facciones relajadas, su corto pelo rubio le caía suavemente sobre la frente, su pecho subía y bajaba lentamente con cada respiración. De repente se movió situándose de lado, frente a ella, y no pudo evitar estudiar la curva que formaban su cintura y cadera en aquella nueva postura. Alargó una mano y le apartó con ternura un mechón de su frente tras lo cual depositó un suave beso que hizo reaccionar a la bella durmiente.

René abrió los ojos sin entender nada hasta que logró ver a la mujer que la miraba atentamente.

- ¿Qué?, ¿qué pasa? - se levantó aún media dormida - Lucy, ¿estás bien? -.

La morena se encontraba tan nerviosa en ese momento que no logró emitir una sola palabra. Sin darle tiempo a reaccionar a su sentido común se sentó en el sofá y se acercó a René que la miraba confundida hasta quedar justo encima de ella.

- Lucy -.

Llamarla fue lo único que René pudo hacer antes de volver a sentir los labios de la morena sobre los suyos impidiéndola hablar durante un buen rato. Al principio quiso separarse, no quería enamorarse aún más de ella, sentía miedo de hacerlo, pero la insistencia de su boca pudo con su poca voluntad y se dejó llevar por su corazón, abrazándola y sintiendo aquel largo cuerpo sobre el suyo, saboreando aquel momento de intimidad que sin saber muy bien porqué, se le brindaba.

Lucy sólo podía concentrarse en el placer que los labios de la rubia le ofrecían, en su contacto y en su pasión que crecía a cada momento. La besaba una y otra vez perdiéndose en un mar de sensaciones dónde sólo importaba René, su rostro, su cuerpo, su ternura, la suave piel, su entrega. Se concentraba en ella sin percatarse de que una imagen se abría paso en su mente poco a poco. Los labios eran otros igual de suaves e igual de tiernos eran sus besos pero no era René, de eso estaba segura. Se entregaba a ella con pasión y el deseo marcado en sus ojos, ojos distintos, negros y profundos, su largo pelo rubio se movía al son de sus caderas. Confusa tuvo que separarse.

- ¿Estás bien? -.

René no entendía nada de lo que estaba pasando, ni el ataque de pasión ni la brusca separación, todo aquello la desconcertaba. Lucy se separó hasta quedarse sentada.

- ¿Qué pasa? -.

René la abrazó por la cintura intentando calmarla un poco para que pudiera hablar de lo que en aquel momento sucedía en su interior.

- No puedo... -.
- Tranquila, no tiene por qué pasar nada -.
- Eres una persona increíble - le sonrió.
- Tú lo eres más y fíjate, ya no tartamudeas -.
- No puedo estar contigo, no puedo... -.
- No tenemos que hacer nada, vale -.
- ¿Puedo pedirte algo? -.
- Claro -.
- ¿Quieres dormir conmigo? - A René aquella petición la cogió totalmente por sorpresa - Sólo dormir, al fin y al cabo, estás durmiendo en el sofá y yo en la cama grande -.
- ¿Estás segura? -.
- Sí, tengo sueño - sonrió - ¿Tú no? -.
- Bueno, ahora mismo no mucho - se rió - Has logrado despertarme pero me parece una buena idea -.

Ambas se dirigieron a la única habitación que tenía el pequeño apartamento cogidas de la mano y se acostaron abrazadas para dejarse caer lentamente en los brazos de Morfeo.

"La abrazaba con fuerza y ella le correspondía mientras escuchaba un te quiero desde el corazón que la hacía estremecer de amor mientras besaba su piel. La pasión volvía a invadirlas y lentamente la rubia se separaba para mirarla a los ojos. Tenía el pelo largo y rubio, era una preciosidad y sus ojos negros se clavaban en su corazón llenándolo de amor. Aquella mujer le regaló una sonrisa que la terminó de enloquecer."

Volvió a la realidad pues aún no se había dormido. René seguía abrazada a ella y su respiración la delataba, dormía plácidamente. En su confusión un nombre le llegó a sus labios y sin poder evitarlo habló en voz alta.

- Inés -.


La semana siguiente transcurrió con normalidad, con la tranquilidad que precede a la tormenta o, al menos, así se sentía Lucy. Nada había vuelto a suceder entre ellas porque ella misma no lo permitía. Ir más allá de la amistad o el agradecimiento por todo lo que había echo René sería, en realidad, jugar con sus sentimientos. Inés sólo era una visión pero en su interior sabía que existía, que aquella mujer era real y que la estaba esperando en algún lugar.

René vivía ajena a las dudas de Lucy pero sabía perfectamente que algo pasaba en su interior. No había intentado volver a besarla y cuando ella se acercaba Lucy huía con cualquier excusa, estaba claro que algo pasaba y se sentía completamente al margen. Las noches eran una tortura pues aunque volvía a dormir en su cama junto a la morena, ni siquiera se rozaban pues esta se encargaba de que así fuera evitando cualquier movimiento que implicase un contacto entre ellas.

Sin embargo los sentimientos de René lejos de desaparecer o disminuir crecían cada nuevo día que pasaba y su cercanía cada noche la volvía loca hasta al punto de no dejarla dormir. En ocasiones esperaba a que se durmiera primero para poder rozar despacio su cara con las yemas de los dedos, procurando a toda costa no despertarla. Del mismo modo le acariciaba el pelo e incluso la besaba muy suavemente en los labios. Se sentía mal haciéndolo así, era como utilizarla, pero no había otra manera y su lejana cercanía la estaba matando.

"Se reía con ganas por algo que no entendía, sin embargo, era imposible no hacerlo al escuchar aquel contagioso sonido. Sus ojos negros se clavaban en los suyos y la abrazó, abrazó su cuerpo sintiendo el contacto de su cálida piel. Hablaban de amor y de un futuro juntas mientras arrancaba el coche."

Sentada en el pequeño balcón observaba el azul del atardecer como quien admira un cuadro en una galería. Su mente viajaba de aquí para allá haciéndole perder el sentido del tiempo y del espacio y, sin embargo, sabía mejor que nunca dónde se encontraba y sobre todo quién era.

Escuchó el ruido de unas llaves entrando en la cerradura de la puerta y no tuvo dudas, René acababa de llegar pero no venía sola. Se extrañó al escuchar la voz de un hombre, sin embargo, creyó reconocerle. Efectivamente al ver su rostro se dio cuenta de que se trataba de Jaime el antiguo novio de René. ¿Qué estaba haciendo allí?, ¿era sólo una visita de amigo?, su cara y su expresión demostraban que no se trataba de eso.

- Hola Lucy -.

La saludó nada más verla y ella se lo devolvió, mientras René le invitaba a sentarse en el sofá. Lucy se dio cuenta de la desencajada cara que la rubia mostraba, algo había pasado y no pudo evitar preguntar.

- ¿Estás bien? - al no obtener respuesta lo intentó nuevamente - ¿Qué pasa?, ¿ha ocurrido algo? -.
- Siéntate, por favor -.

Más que una petición había sonado casi a súplica, se sentó junto a Jaime en el sofá mientras que la propia René permanecía de pie.

- Lucy - la llamó sin mirarla a los ojos intentando comenzar una conversación.
- ¿Sí?, ¿qué ha pasado?, están consiguiendo ponerme nerviosa -.

René se sentó en una silla frente a los dos mientras que Jaime tomó el relevo.

- ¿Has conseguido recordar algo de lo que te pasó?, ¿cualquier detalle nuevo? -.
- En realidad, sí, por alguna razón sé que fue un accidente de coche -.
- Eso era lo más razonable al principio, sin embargo, sólo te encontraron a ti, no había rastro de ningún coche. Sabemos que estuviste varias horas inconsciente sobre el suelo del bosque hasta que aquel camionero te encontró por casualidad y que en ese tiempo llovió muchísimo, tanto que pudiesen haber sido borradas la huellas de cualquier vehículo a causa del barro -.
- Todo eso ya lo sé, René me lo contó todo -.

Lucy miró a la rubia que mantenía la mirada fija en el suelo sin lograr descifrar la expresión que su rostro reflejaba en aquel momento.

- Escúchame bien, ¿vale?, hay algo muy importante que tenemos que decirte -.
- ¿Qué? - sus ojos se movían de Jaime a René y de René a Jaime intuyendo lo que iban a continuación oiría. Sin embargo, la rubia permanecía en la misma posición y sin pronunciar una sola palabra.
- La policía está sobre una pista, han encontrado algo y por fin se han puesto a trabajar -.
- ¿Qué han encontrado? -.
- Verás alguien ha movido hilos, alguien poderoso y eso ha puesto de nuevo en marcha tu caso -.
- No entiendo nada -.
- Dos días después de encontrarte, una familia puso una denuncia por desaparición -.
- ¿Cómo? -.
- Los datos al principio no parecían tener que ver contigo, ellos buscaban a dos mujeres y era muy probable que estuvieran juntas pues estaban realizando un viaje por el sur del país, sin embargo, lograron encontrar a una de ellas mientras que la otra, hija de esta familia sigue desparecida y ahí es dónde entras tú -.
- ¿Por qué? -.
- Coincides a la perfección con la descripción además del resto de los datos de tu desaparición, la policía se ha tomado la libertad de mostrarles una foto tuya y los dos te han reconocido -.

No sabía como reaccionar, las palabras simplemente no acudían a su boca y su mente totalmente bloqueada no acababa de asimilar el relato fantástico que Jaime le contaba.

- ¿Soy... - no podía terminar la pregunta.
- Sí, eres tú - afirmó Jaime.

René se levantó y Lucy la siguió con la mirada hasta perderse tras la puerta de la cocina. Se encontraba demasiado abrumada como para poder decir nada.

- ¿Pero están seguros de eso? -.
- Totalmente, con los datos tuyos del hospital se han hecho pruebas y eres la hija de ese matrimonio -.
- Pero... pero -.

René reapareció en escena con un vaso de agua en las manos que a continuación le ofreció aceptándolo de buen grado, bebió intentando tranquilizarse.

- Verás, primero tranquilízate, ¿vale?, no tienes de qué preocuparte. René sabe mejor que yo todos los datos -.

Jaime miró a René en señal de ayuda pero esta sólo miraba fijamente algún punto en el suelo de la pequeña habitación por lo que Jaime no tuvo más remedio que continuar sólo.

- La familia Blixen vive al norte del país, en un pueblo llamado Abades, es una familia muy bien posicionada, tienen una casa enorme, creo que hasta tienen caballos -.
- Con un lago - añadió recordando una de sus visiones.
- Sí, la casa esta situada al lado de un lago, ¿recuerdas algo de eso? -.
- He tenido algunos recuerdos sueltos -.
- Eres tú la hija de ese matrimonio, tu madre se llama Mónica y tu padre Tom, es de origen inglés, y tú te llamas Helen, Helen Blixen, ¿lo recuerdas? -.
- ¿Qué pasó con mi amiga? -.

René levantó la vista para mirarla por primera vez desde que hubiese llegado y sus miradas se cruzaron en una conversación silenciosa.

- Tu amiga fue encontrada no muy lejos de dónde te encontraron a ti pero en un sitio de muy difícil acceso como también lo estaba el coche, por eso nadie pudo encontrarlo antes, había un enorme precipicio. Creen que o bien saltaron antes de caer o sencillamente salieron expulsadas por los golpes de la caída, en todo caso, es un milagro que las dos vivan -.
- ¿Ella vive? -.
- Sí, estuvo mucho peor que tu, entre la vida y la muerte pero al final ha logrado salir adelante -.
- ¿Y lo recuerda todo? -.
- Perfectamente su mente no está tan afectada -.
- Ahora mismo toda yo estoy afectada -.
- Lo entiendo, es perfectamente comprensible, necesitas tiempo para asimilarlo, sin embargo, ellos quieren verte lo antes posible, tienes que entenderlo, creían que te habían perdido y, de repente, averiguan que estás viva -.
- ¿Saben mi situación?, ¿saben cómo estoy? -.
- Sí, lo saben todo -.
- ¿Saben de René?, lo que ella ha hecho por mi -.

Ambas volvieron a mirarse intentando entrar una en la mente de la otra.

- Lo saben todo -.
- ¿Qué va a pasar ahora? -.

René apartó la mirada para perderse tras la ventana.

- Todos sabemos lo duro que va a ser para ti así que quieren ir poco a poco, quieren que vayas a la casa a pasar unos días para que vayas recordando, no hace falta que te mudes, sólo una visita, ya sabes, que vayas familiarizándote y consigas recordarlo poco a poco -.
- ¿Cuándo va a ser? -.
- ¿Qué tal la próxima semana? -.
- René viene conmigo -.

René giró la cabeza para mirarla fijamente.

- Yo no voy a poder - eran sus primeras palabras desde que hubiese entrado en el piso aquella tarde.
- No era una pregunta René - la mirada de Lucy no dejaba lugar a dudas sobre sus intenciones, sin embargo, la rubia no contestó.

Hablaron hasta bien entrada la noche sobre todos los detalles que habían podido averiguar, fue una conversación a dos voces pues René no lo pudo soportar y se había ido a dormir sin que Lucy ni Jaime intentaran impedírselo. Sola en la cama dio rienda suelta a sus verdaderos sentimientos y rompió a llorar, sabía que todo aquello sólo podía significar la pérdida de Lucy aunque, en realidad, nunca la había tenido.

Despidió a Jaime agradeciéndole todo lo que había echo pero aún no podía irse a dormir. Volvió al salón cuya única iluminación provenía de la calle y se sentó en el sofá a oscuras. Tenía que aclararse las ideas antes de entrar al dormitorio, pensar en lo que iba a hacer y cómo decírselo a ella. Tras un rato imposible de cuantificar se acercó a la puerta del dormitorio colocando su mano sobre el picaporte pero antes de hacerlo girar un ruido la hizo pararse. Escuchó atentamente para identificar los sollozos detrás de la puerta y sentir como su corazón se partía en mil pedazos al pensar que le había provocado aquel dolor.

Con suavidad abrió la puerta y se sentó sobre la cama sin dejar de mirar a René que de espaldas a ella lloraba. Al sentir el movimiento del colchón se sobresaltó girándose para encontrarse con Lucy que la miraba fijamente. Los verdes ojos ahora enrojecidos a causa del llanto se le clavaron en el alma y antes de que pudiera reaccionar se acercó a ella, atrayéndola y abrazándola con fuerza.

La mente de René deseaba soltarse de aquel abrazo pero su corazón se lo impedía volviéndose más fuerte al sentir el beso de la mujer que amaba en su cabeza. Lejos de evitarlo se apretó más a ella intensificando las mil sensaciones de amor, tristeza y rabia que se confundían en su interior.

Lucy le devolvía el abrazo con igual fuerza pero la lucha interior que había sostenido durante días resurgía al pensar en el egoísmo que a su juicio envolvía aquella situación. Su cuerpo necesitaba urgentemente las caricias de René, la deseaba más de lo que nunca hubiera imaginado pero en el fondo sabía que no podía ser, no podía entregarle su amor cuando alguien la esperaba, alguien que ya la amaba y a quien había entregado su corazón. Un corazón que sufría al tener que separarse de René y al ver en sus ojos la confusión de su mente.

- Lo... lo siento -.

Fueron las únicas palabras que pudo pronunciar antes de ver a René volver a acostarse de espaldas a ella.

- A pesar de todo iré contigo -.

Aquella frase la sorprendió, sin embargo, también le hizo sentir un ligero alivio al pensar que al menos volvería a verla una semana más. Acostadas espalda contra espalda se dispusieron a pasar una larga noche de insomnio donde cada una sufría la lejanía de la otra a pesar de estar a escasos centímetros.

Continuará...


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