"Una terrible sensación de frío se apoderó de ella mientras lentamente se incorporaba
hasta apoyarse en el respaldo, dónde se dejó caer. Su mente confusa intentaba recordar
pero le era totalmente imposible saber lo que había pasado. Miró a su lado y se
horrorizó, ¡ella no estaba!, ¡había desaparecido!!. En su lugar una mancha de sangre
cubría el sillón. Abrió la boca para gritar su nombre sin lograr emitir ningún sonido.
Por primera vez se dio cuenta de su gran debilidad y del poco control que tenía sobre
su cuerpo, el esfuerzo que había realizado al incorporarse le había echo perder la poca
fuerza que le quedaba.
Las lágrimas asomaban en sus ojos llamadas por la enorme impotencia que sentía y el
dolor que le atravesaba el corazón como lanza ardiendo al pensar que la había perdido.
Miró una vez más la mancha de sangre que la sustituía, comprobando con extrañeza que
cada vez era mayor, ella tenía que estar allí. Intentó mover la cabeza pero el dolor
era demasiado intenso como para poder soportarlo y finalmente desistió. Con la mirada
siguió el rastro de sangre para averiguar de dónde provenía. No tardó en encontrarlo
pues el nacimiento de aquel reguero se hallaba en su brazo, su propia sangre era la que
alimentaba aquella mancha. No tuvo tiempo de pensar nada más pues un fuerte ruido
anunció el comienzo de unas nuevas sacudidas que no tardaron en cebarse en su ya débil
cuerpo, jugando con él como si de un muñeco de trapo se tratase, cayendo, rodando,
empujándolo y lanzándolo."
Se sentó junto a ella como hacía cada tarde al salir del turno, sintiendo que el tiempo
se detenía a su alrededor. Sentada, la mira sumida en un sueño del que no sabe si será
capaz de despertar algún día.
- Me pregunto quién serás o cómo te llamarás - le susurra - Ni siquiera sé si hablas
español. Tus rasgos no son latinos, tu piel es blanca, prácticamente pálida, hace tiempo
que no debes ver el sol -.
Se sobresalta al escuchar un ruido en el monitor dónde se reflejan los latidos de su
corazón, comprueba que no es nada y vuelve a sentarse para mirarla un rato más.
- Me pregunto de qué color serán tus ojos... Sí, ya sé que eso es muy fácil de
averiguar, basta con levantarte el párpado pero no quiero molestarte y además, así se
alarga un poco más el misterio - sonríe.
Mira dentro de su bolso y de él saca un libro que comienza a leerle en voz baja pero
asegurándose de que pueda escucharla. De alguna manera sabe que así es.
- A ver, ¿por dónde íbamos?... - pasa las hojas con rapidez hasta encontrar la página -
Aja, aquí está, capítulo 10... paciencia, ya falta poco para saber el final. Ahora que
lo pienso ni siquiera sé si te gustan este tipo de novelas. Todos me dicen que son
demasiado cursis, novelas rosa, pero a mí me da igual y con esta en particular además
te ríes, y eso nos viene muy bien a los dos, ¿verdad? -.
- ¿Ya estás otra vez leyéndole esas tonterías? -.
- Maca, ¿qué quieres que le lea?, ¿El Quijote?... le leo cosas alegres y este libro lo
es. Vale, ya sé que es demasiado romántico, ¿y qué?, así le darán ganas de despertarse
y encontrarse de nuevo con su novio o con quién sea que tenga -.
- En eso tienes razón, al final se despertará sólo para que no le sigas leyendo esa
cursilada - se rió.
René ignoró a la jefa de enfermeras y, por tanto, la suya propia y siguió leyendo
mientras Maca comprobaba la medicación. De vez en cuando la miraba de reojo con una
sonrisa ocupándole la cara.
- Elena acaba de hablar con su marido y dice que en la policía siguen sin saber nada
sobre ella pero ya sabes lo revuelto que anda todo, lo que menos les preocupará ahora
es quién es esta mujer -.
- No hables así delante de ella, no es bueno -.
- Lo que no es bueno es que te involucres tanto con una paciente de la que no sabemos
absolutamente nada. René necesitas una vida y aquí no la vas a encontrar -.
- Eso nadie lo sabe pero gracias por el consejo -.
- Escúchame, sé que lo has pasado mal pero te estás encaprichando con una completa
desconocida... -.
- No me he estoy encaprichando -.
- Sí que lo haces, te conozco lo suficiente para saberlo. Sé por lo que has pasado
pero eres muy joven aún y tienes que salir adelante, ¿me oyes?, y esta, desde luego, no
es la manera -.
- Gracias Maca pero sé cuidarme sola y... -.
- Eso empiezo a dudarlo - protestó.
- Y además, estamos terminando el libro, si no te importa -.
Maca la miró muy seria y René se levantó para darle un beso en señal de agradecimiento
por lo mucho que se preocupaba. No era su jefa, o su compañera de trabajo, era sobre
todo una gran amiga que siempre había estado a su lado en los momentos más difíciles.
Volvió a quedarse sola y continuó leyendo sin percatarse de que algo pasaba en el cuerpo
de la mujer que permanecía acostada. Sus constantes vitales seguían igual pero en su
interior había comenzado una lucha por salir, por volver a la vida, por despertar. Y
así fue.
Sus párpados temblaban ligeramente mientras de forma pausada comenzaban a abrirse,
dando paso a dos grandes ojos azules que intentaban acostumbrarse a la luz natural
después de tanto tiempo. Se movían lentamente hasta que la imagen de una habitación
blanca apareció ante ella, un lugar completamente desconocido. Sus oídos despertaban a
la misma velocidad que su vista y detectaron una voz muy cercana. Sus ojos siguieron
aquel sonido hasta tropezar con la figura de una mujer joven tan desconocida como todo
lo que la rodeaba. ¿Quién era?, ¿qué decía?, ¿dónde estaba?. De repente las miradas se
encontraron y aquella joven pareció asombrarse tanto o más que ella misma al verla.
- Hola - fue lo único que pudo decir durante un momento.
Se levantó y la cogió suavemente de la mano para hablarle.
- Tranquila, escúchame, ¿me oyes? - al no apreciar reacción por su parte decidió
preguntarle de otra manera - Si me escuchas, baja una vez los párpados, ¿vale? -.
Con lentitud cerró los ojos para volver abrirlos y ver una gran sonrisa en la cara de
aquella joven.
- Bien, veo que me entiendes y me escuchas, es una buena señal. Estás en el hospital
pero no te preocupes, te vas a poner bien, ¿vale? - esperó hasta ver bajar los párpados
comprobando que le costaba un poco más - Voy a buscar al médico, es necesario que te
vea. Vuelvo enseguida -.
El doctor Morales la examinó durante un buen rato comprobando que físicamente se
encontraba bien, el problema después de permanecer tanto tiempo en coma eran, sin duda,
las secuencias psíquicas que pudiera padecer y su alcance, para lo cual necesitaría
hacer pruebas más específicas.
- ¿Tiene algún familiar a quién comunicárselo? -.
- No doctor, ni siquiera hemos conseguido averiguar quién es, no sabemos nada sobre
ella -.
- Srta. Galván, me han dicho que ha estado usted a su lado - dijo dirigiéndose a René.
- Sí, le he hecho compañía desde que llegó, le he estado leyendo un libro, dicen que
eso es bueno -.
- Y lo es. Sería bueno que siguiera haciéndolo, por lo menos, hasta que salga del
aturdimiento en el que aún está sumida -.
- ¿Todavía no ha dicho nada? -.
- No, pero es normal en estos casos, su mente aún está dormida. Hasta dentro de unas
horas no creo que pueda pronunciar palabra -.
- Voy pidiendo esas pruebas, Doctor - comentó Maca dirigiéndose hacia el teléfono.
- Gracias, Maca -.
Macarena llevaba demasiados años allí y era muy conocida por todo el personal, por lo
que sobraban los formalismos con ella. René entró de nuevo en el cuarto para verla con
los ojos cerrados pero esta vez para dormir. Debía de estar muy cansada.
Durante los dos días siguientes cada nueva prueba era la conformidad de que una difícil
situación se avecinaba para la mujer desconocida. Cada resultado demostraba que su vida
a partir de ahora no sería nada fácil ni para ella ni para quien la rodeara.
- Pero, ¿es irreversible? -.
- Aunque no lo crea, Srta. Galván, esta mujer ha tenido mucha suerte, cuando llegó a
urgencias no pensé que sobreviviera. Ahora ha vuelto a nacer en todos los sentidos,
prácticamente es un bebé, hay que enseñarle todo de nuevo, que su mente vaya recordando
cada mínimo detalle, y lo hará, créame -.
- ¿Pero podrá decirnos quién es? -.
- Ahora mismo su mente es una hoja en blanco que tendrá que escribir poco a poco. Sin
embargo, no es seguro que recupere del todo su memoria como saber quién era, de dónde
es, su nombre, su familia, en fin toda su vida anterior. Tendrá que empezar por
recordar las cosas básicas, como el andar, el comer, todo -.
- Dios mío, es horrible -.
- ¿Nadie ha denunciado su desaparición? -.
- En la policía no consta ninguna denuncia de nadie que pueda coincidir pero ya sabe
que esto es un desastre -.
- No sé dónde iremos a parar, a cada momento hay revueltas y el ambiente es
irrespirable, es por eso que me preocupa el tratamiento que pueda recibir esta mujer -.
- ¿El tratamiento? -.
- René, ¿puedo llamarla René? -.
- Por supuesto - sonrió - Siempre es mejor que señorita Galván -.
- Lo siento -.
- No pasa nada. Doctor, sé que este hospital va a cerrar en un mes, más o menos, pero
a la mayoría del personal nos trasladarán al Dr. Méndez, no muy lejos de aquí y los
pacientes también tienen ya su lugar -.
- Sí, pero ella no -.
- ¿Cómo? -.
- Para la administración ella es una persona sin papeles, una ilegal y será llevada a
una residencia del estado. Ya sabe como funcionan las cosas allí, no creo que reciba
todo la atención que necesita para su curación y ella tampoco puede pagar nada mejor -.
- ¡Pero eso es una barbaridad!, ¡jamás se recuperará! -.
- Lo sé, lo sabemos perfectamente pero no la pueden admitir en ningún otro hospital -.
- ¡La tratarán como si fuera una inválida y no lo es!, ¡con cuidados puede salir
adelante! -.
- René, yo no puedo hacer nada, no puedo hacerme cargo y, escúcheme bien, usted
tampoco, bastante tenemos con poder mantener nuestros puestos de trabajo -.
- Pero... -.
- René, ya lo has oído - la inquirió Maca que había escuchado con resignación toda la
conversación - Doctor, le esperan ya en quirófano -.
- Gracias Maca y lo siento - dijo mirando a René - Estas cosas ocurren cada vez con
más frecuencia en este país de locos -.
René se sentó en uno de los sillones de la sala de espera con la mirada perdida en
algún punto de la pared. Maca se sentó junto a ella.
- René, cariño, tú no puedes hacer nada -.
- Económicamente no, pero puedo intentar que la metan en alguna buena residencia -.
- En su caso no hay ninguna que sea buena -.
- No la puedo dejar así -.
- Escúchame, ya te dije que te estabas involucrando demasiado, esta situación es
horrible para todos pero tu no eres responsable de ella -.
- Si la abandono se quedará igual para el resto de su vida, sin moverse, sin hablar...
por ella misma no será capaz de recordarlo sin el debido tratamiento -.
- Le darán un tratamiento -.
- ¿Qué tratamiento, Maca?, tú sabes como funcionan esas residencias. Por Dios, ¿es qué
la policía no ha podido averiguar nada?. Su familia debe de estar destrozada en algún
lugar de este país, o de este planeta y jamás la encontrarán -.
El sonido del timbre de llamada de alguna de las habitaciones las hizo volver al trabajo,
sin embargo, René no podía olvidar. Era incapaz de dejarla así.
- ¡¡¡Pero es que te has vuelto loca!!!! - los gritos de su hermana podían escucharse
desde cualquier rincón del edificio.
- ¿Quieres bajar la voz? - le pidió René.
- No puedo creer lo que acabas de decir -.
- Voy a hacerlo -.
- Tú no estás bien, desde luego que no. ¿Sabes acaso en lo que te estás metiendo?,
¿tienes la más mínima idea de lo que estás diciendo? -.
- Esther, no me preguntes por qué pero tengo que hacerlo, no puedo dejarla así,
sencillamente no puedo -.
- Pero es que no lo entiendo, ¿quién esa mujer para ti?, no le debes nada -.
- Lo sé, pero lo haré. La traeré conmigo -.
- ¿Y cómo piensas cuidarla?, vives sola, ¿recuerdas?, y trabajas, ¿qué harás cuando te
vayas a trabajar?, por decir sólo una de las razones, la lista sería interminable -.
- ¿Te acuerdas de Félix? -.
- ¿Félix? -.
- Sí, mi amigo de la facultad, he hablado con él. Ahora es director de una residencia
y he llegado a un acuerdo -.
- ¿Qué clase de acuerdo? -.
- Al principio estará allí con él e iré a ayudar cuando salga del trabajo pero en
cuanto pueda valerse un poco por si misma, la traeré aquí conmigo -.
- ¡¡¡Tú estás loca!!! -.
- ¡Vale sí, estoy loca!... pero lo haré -.
René miró a su hermana tan fijamente que esta no pudo más que rendirse. Sabía que
cuando se le metía algo en la cabeza a su hermana pequeña no había nacido quién pudiera
convencerla de lo contrario. De todas formas al principio no iba a estar con ella sino
en la residencia y eso le daría tiempo para reflexionar y darse cuenta de la locura que
iba a cometer, aunque en el fondo sabía que ya nada la detendría.
- Bueno, está visto que aquí no tengo nada que hacer - se levantó del sofá y cogió su
abrigo dispuesta a irse, pero antes miró a su hermana fijamente - Oye... -.
- ¿Qué? - René permanecía aún sentada.
- Mírame a los ojos -.
- ¿Qué? -.
- Ren -.
- ¿Qué pasa?, me sacas de quicio cuando te pones así -.
- René -.
- ¿Quééé? -.
- Sé que no puede ser pero... -.
- ¿Qué?... ¿quéééé? -.
- No te habrás... -.
- No -.
- ¿Seguro? -.
- Que no te digo -.
- No la conoces, René, no tienes ni idea de qué clase de persona puede ser -.
- Lo sé -.
- Lo sabes, sí, lo sabes - se acercó a su hermana y le dio un beso de despedida - Dime
que no te has enamorado de ella -.
- No me he enamorado de ella -.
- Espero que sea así y que sepas lo que estás haciendo aunque... lo dudo -.
A la semana siguiente la mujer desconocida se hallaba ya instalada en la residencia que
René le había podido conseguir a través de su amigo Félix, quién la dirigía. Cada día
después del trabajo pasaba sus ratos libres con ella, obligándola a moverse, ayudándola
con sus ejercicios físicos. Era una mujer muy fuerte y de gran voluntad, con grandes
ganas de salir adelante lo que sin duda constituía su mayor virtud y ayudaba a su
recuperación. Más de una vez la había encontrado caminando sola por el pasillo
practicando los ejercicios.
Sin embargo, algo no iba bien. En dos semanas aún no había pronunciado una sola palabra
ni siquiera demostraba ningún sentimiento en su rostro siempre impasible, siempre serio.
Había llegado el momento de hablar.
Aquella tarde la encontró sentada con la mirada perdida en el exterior que le ofrecía
la ventana de la habitación. René cogió una silla y se sentó frente a ella.
- ¿Sabes?, he pensado en ponerte un nombre, no sé cuál, pero te hace falta -.
La mujer dejó de mirar a través de la ventana para prestar toda su atención en la joven
que la hablaba sentada frente a ella.
- La verdad es que lo de mujer misteriosa está bien al principio, ¿verdad?, da que
pensar pero necesitas un nombre real, ¿cómo te gustaría llamarte? -.
La mujer volvió a desviar la mirada a la ventana mostrando indiferencia.
- Vale, ya veo que no te importa en absoluto pues lo elegiré yo, veamos, puede ser...
Anacleta, es bonito, ¿no?, o también Pancracia... ese sí que es bueno, los iré apuntando -.
Sacó un pequeño cuaderno de su bolsillo y comenzó apuntar cualquier nombre que le
viniese a la cabeza a cual peor desde su punto de vista.
- Ahora recuerdo que en no sé dónde se puso de moda las nombres de enfermedades, sí,
también es una opción... a ver, te puedo llamar Hepatitis, o también Otitis y después
abreviando te llamaría Oti como el festival... estaría bien -.
La mujer la miraba frunciendo el ceño en clara señal de desaprobación.
- ¡Gastritis!, sí, eso es, a este lo pondré el primero de la lista -.
Un sonido parecía emanar de la garganta de la mujer imposible de permanecer indiferente
ante la posibilidad de recibir alguno de aquellos nombres que tanto parecían gustar a
la joven rubia.
- ¿Sí?, ¿has dicho algo? - le preguntó René con expresión seria - Si tienes alguna
sugerencia soy toda oídos... bueno, como no dices nada, finalmente te llamaré...
atención... ¡hiperosaluria! - afirmó con una gran sonrisa - Ese sí que te va que ni
pintado -.
- Nnnnn... -.
- ¿Cómo dices? -.
- Nnnnno - logró articular con gran dificultad.
- ¿Has dicho que no? -.
- Nnno -.
- Pues no lo entiendo, yo creo que este es perfecto para ti - fingió estar molesta -
Veamos, mi segunda opción tampoco está mal, te llamaré... pulmonía -.
- No - esta vez sonó mucho más claro y René sonrió al escucharlo.
- Vale, vale, ni hiperosaluria, ni pulmonía, no me dejas muchas opciones... espera,
tengo uno que creo que te va a gustar -.
La mujer levantó una ceja mirando fijamente a René temiendo el siguiente nombre que
tocaría en su particular lista.
- Anacleta tampoco te gusta, ¿no?, pues nada lo dejaremos simplemente en Ana, ¿qué te
parece? -.
La mujer se encogió de hombros era el mejor nombre que había escuchado en toda la tarde
pero por su cabeza rondaba una palabra difícil de pronunciar para su garganta.
- No te convence tampoco, ¿no? - le sonrió René - Creo que tienes uno en mente,
¿verdad? -.
La mujer asintió.
- Pero te cuesta mucho decirlo -.
La mujer volvió a asentir pero de repente sonrió y señaló hacia el bolso que René había
dejado colgado en la silla.
- ¿Qué?, ¿mi bolso?, ¿quieres llamarte como la marca de mi bolso? - sonrió - Si te
digo la verdad no tengo ni idea de cuál pueda ser.. no es eso, ¿dentro del bolso?... -.
Vació su contenido sobre la cama momento en que la mujer cogió uno de los objetos
dándoselo seguidamente a la rubia que la miraba estupefacta. En sus manos tenía el libro
que cada tarde le leyera cuando aún estaba en coma, de alguna manera ella se acordaba.
- Ya sé qué nombre quieres, ¿eh?, quieres llamarte igual que la protagonista, ¿verdad? -
la mujer asintió - Es increíble que te acuerdes del nombre se suponía que estabas en
coma y que no puedes recordarlo -.
- Lllluu... - intentaba con gran esfuerzo decirlo.
- Tranquila, tranquila, dilo primero en tu mente, repítelo sílaba a sílaba, despacio...
eso es... ahora, dilo con calma -.
- Lllluuuusss... -.
- Vale, di sólo la primera sílaba -.
- Lu - consiguió decir después de coger aire varias veces.
- Muy bien, lo has dicho muy bien, ha sonado claro... vamos a por la segunda, sólo la
segunda -.
- Si -.
- Perfecto, ahora las dos, ¿cómo quieres llamarte? -.
- Lu... cy -.
- ¡Bien, muy bien! -.
Se acercó y la abrazó por lo que por primera vez pudo ver una sonrisa en la cara de
aquella mujer que era ahora un poco menos desconocida.
- Tienes una sonrisa preciosa, Lucy -.
Las miradas se cruzaron durante un momento que para René duró una eternidad. En su
interior comenzaban aflorar sentimientos que sabía muy bien siempre habían estado ahí
pero que sólo ahora comenzaba a ser verdaderamente conciente de su existencia. Su
sonrisa había sido el detonante junto con sus profundos ojos azules donde podría
mirarse el resto de su vida. No sabía nada de ella pero lo poco que había averiguado le
gustaba, su fuerza de voluntad, sus ganas de salir adelante, sus ojos transmitían
bondad, no podía ser una mala persona. Y todo ello unido a una gran belleza que
comenzaba a traerla de cabeza.
Unos golpes en la puerta la despertaron haciéndola bajar a la realidad. Félix apareció
tras ella y su rostro no reflejaba nada bueno.
- ¿Puedes salir un momento? -.
- Claro - y volviéndose hacia Lucy le sonrió - Vuelvo enseguida... no te vayas -.
- He conseguido que diga sus primeras palabras y parece tener una bonita voz... tengo
la sensación de que ha recordado su nombre - estaba entusiasmada y no podía dejar de
hablar - Le dije que tenía que llamarla de alguna manera así que hice una lista con los
nombres más disparatados que se me ocurrieron y... -.
- René - la interrumpió su amigo.
- Perdona es que estoy contenta, pero tu no, ¿qué pasa? -.
- Las cosas están muy mal y me temo que nos ha tocado a nosotros -.
- ¿El qué? -.
- Tenemos que cerrar -.
- ¿Cerrar?, ¿por qué? -.
- Se acabó el dinero, nosotros funcionamos con subvenciones y el dinero público está
desapareciendo con tanta corrupción -.
- Dios mío, ¿qué vamos a hacer? -.
- No lo sé, René, por primera vez en mi vida no sé lo que voy a hacer -.
Félix se sentó visiblemente abrumado por todo lo que se le avecinaba.
- Tranquilo, saldrás adelante -.
- No es eso, sé que saldré adelante, tengo recursos pero ¿y ellos? - señaló algunos
pacientes que caminaban por el pasillo - ¿Qué va a pasar con ellos? -.
- ¿No tienen nada previsto?, ¿no hay ninguna otra residencia? -.
- Están a reventar - miró fijamente a la rubia - René tu amiga no tiene dónde ir -.
- Ella se vendrá conmigo, es algo que decidí antes de que entrara aquí -.
- Eres increíble ¿sabes?, no conoces de nada a esa mujer y la has ayudado como si
fuera tu hermana o tu mejor amiga, no sé, como si la conocieras de toda la vida. ¿Estás
segura de eso?, ¿podrás cuidarla tu sola? -.
- No sé si podré pero es lo que voy a hacer -.
- Tendrás que llevártela lo antes posible -.
- ¿Tan rápido es? -.
- Sí. Si puede ser hoy, mejor que mejor -.
- Me has cogido por sorpresa pero... lo haré, no me queda otra -.
- Ojalá hubiera más gente como tu y me alegro de que tenga quien la cuide - se levantó
y antes de irse añadió - Sólo espero que ella sepa agradecerte todo esto algún día -.
- Yo no lo espero, Feli, sólo quiero que salga adelante -.
El moreno se acercó a René y la abrazó demostrándole todo el cariño que sentía por ella.
- Dale recuerdos a Eva -.
- Se los daré y al pequeño también -.
- ¿A quién? -.
- Está embarazada -.
- ¿En serio?, no habías dicho nada idiota, la llamaré. Felicidades -.
- Gracias, tengo que irme -.
- Suerte, siempre has sido un gran amigo -.
- No tanto como tú y no te despidas de esa manera que nos seguiremos viendo - sonrió.
- Por supuesto -.
Entró en la habitación y se sorprendió al verla de pie y de espaldas, apoyada en la
ventana. Su largo pelo negro se movía suave jugando con la ligera brisa que soplaba y
la morena parecía disfrutar de esa sensación echando la cabeza ligeramente hacia atrás.
Era una mujer alta y su cuerpo aún tenía que recuperar algunos kilos pues estaba
prácticamente en los huesos. No pudo evitar sentir un cosquilleo al pensar que a partir
de ahora viviría con ella, sentimiento que se acompañaba de un alo de preocupación que
la envolvía cada vez con más fuerza.
- Lucy - la llamó.
La morena se dio la vuelta para dejarla sin palabras nuevamente al clavarle sus bellos
ojos azules.
- Ha... ha pasado algo - se sentó sobre la cama mientras Lucy la miraba aún desde la
ventana - Verás, Félix me ha comentado que van a cerrar esta residencia -.
Lucy se asombró e intentó decir algo pero aún sus cuerdas vocales y su cabeza no estaban
coordinadas, se movió sentándose al lado de René sin dejar de mirarla fijamente.
- Sí, van a cerrarla y los pacientes irán a otros lugares y... -.
Sintió una mano sobre la suya y se estremeció. Levantó la vista que había clavado en el
suelo desde que comenzara a hablar para encontrarse con Lucy que la miraba con una
enorme preocupación reflejada en sus ojos.
- En tu caso no podrás ir a ninguna otra residencia, no tienes papeles aunque Félix se
ha encargado de ocultarlo pero ya no podrá hacerlo si vas a otro lado, por eso he
decidido que te quedes conmigo en mi casa, te ayudaré en tu recuperación y aunque
trabajo y no estaré siempre, es la mejor opción -.
La habitación quedó en silencio y René se dio cuenta por primera vez que había decidido
todo aquello sin contar con la propia Lucy, nunca se lo había preguntado.
- No sé si has entendido lo que te he dicho... por supuesto, todo esto es si tu quieres,
no puedo obligarte... -.
El abrazo de la morena la cogió por sorpresa y no supo como reaccionar, se paralizó al
sentir el contacto de su cuerpo en un momento en que todo pareció detenerse. Lucy se
separó lentamente y parecía esforzarse por decir algo.
- Ssí - dijo finalmente.
René la miraba aún aturdida por su cercanía y durante un segundo no supo a qué se
refería.
- ¿Sí?, ¿sí, qué?... ah, que si quieres venir conmigo, ¿estás segura? -.
Lucy asintió mientras le regalaba una gran sonrisa que hizo derretir aún más el corazón
de la rubia.
- Vale, pues tendremos que prepararlo todo -.
Se levantó de golpe y Lucy la seguía con la mirada mientras no paraba de dar vueltas
por la habitación buscando quién sabe qué. De repente se paró y la miró.
- Creo que me he puesto nerviosa - sonrió - Estoy buscando las cosas que nunca has
tenido y nunca has traído, te buscaré algo de ropa para que te cambies y nos vamos,
¿vale? -.
- Sí -.
- ¿Sí?, hoy has hecho un gran avance, ¿sabes?. Has dicho tus primeras palabras y por
lo que veo le estas cogiendo el gustillo -.
- Sí - Lucy sonreía ampliamente.
- Vale... sí... ahora vuelvo... sí... en un segundo... sí... -.
René miraba la gente y las calles pasar mientras el taxi las llevaba a su casa, las
dudas se adueñaron de su mente pero sabía que era la única opción como también tenía
claro que no iba a ser fácil.
Continuará...