AMOR O FAMILIA

Eugenia

Quinta parte

Sabrina y Germán estaba sentados en un banco de un parque, Sabrina esta muy molesta con todo ésto, por qué no podían dejarlas en paz?, no estaban haciendo nada malo. Tras unos minutos de silencio Germán hablo con dureza.

- Explícame que significa lo que he visto esta mañana al entrar en tu cuarto.
- Creo que no hay nada que explicar, esta todo muy claro no? - dijo sin mirarle.
- Sois hermanas...
- No!, ella no es mi hermana, por lo tanto si quiero enamorarme de Dana lo haré.
- No te lo permitiré!, mientras vivas bajo mi techo harás lo que yo te diga, te queda claro?! - dijo a la vez que la miraba con enfado.
- Puedes estas muy tranquilo!, que hoy mismo me iré de tu techo!
- Puedes irte donde quieras, pero a Dana la dejas tranquila!
- Esa decisión debe tomarla ella, no tu! - dijo a la vez que se levantaba del banco.
- Te recuerdo que Dana es menor de edad!, tu puedes hacer lo que quieras, pero si te la llevas te denunciare!, y haré que os busquen hasta en el último rincón de la tierra!
- Ya se vera!

Con paso firme Sabrina se fue del lugar dejando a Germán solo, Sabrina sabía que Germán podía hacer eso y no estaba segura de poder llevarse a Dana con ella.

La rubia esperaba impaciente en casa, andaba de un lado para otra frotándose las manos, si Sabrína no volvía pronto se iba a volver loca. Frenó sus paso cuando escuchó la puerta de la calle, iba a salir corriendo de la habitación pero justo cuando iba abrir, la puerta se abrió de repente dejando asomar una cabeza morena.

- Se puede? - preguntó.
- Claro, pasa - la morena pasó y se puso enfrente de ella - que te ha dicho?
- No nos va a dejar que sigamos juntas - dijo sin poder evitar desviar la mirada.
- El no es mi padre, puedo hacer lo que quiera - dijo con enfado la rubia.
- Dana... yo no puedo seguir viviendo en esta casa, tengo que irme.
- Que?!, si tu te vas yo me voy contigo - dijo a la vez que se tiraba a sus brazos.
- Cariño no puedo llevarte conmigo, eres menor de edad.
- Solo por unos meses, después seré mayor de edad.
- Nos buscarán, además yo no tengo donde ir, no podré darte un... - la rubia la interrumpió antes de que acabara la frase.
- No me importa!, me da igual donde estar en la calle o debajo de un puerta mientras este contigo! - sus preciosos ojos verdes comenzaron a llenarse de lágrimas.
- Estas segura? - preguntó la morena con una sonrisa a la vez que le limpiaba las lágrimas con su mano.
- Si, totalmente - le sonrió.
- Entonces prepara las cosas, nos iremos esta noche.

Dana asintió con la cabeza, Sabrina se acercó a ella y la dió un suave beso en los labios, la rubia le rodeó el cuello con los brazos y se pegó mas a ella, se besaban con pasión, con entrega y sobre todo con amor, el beso se prolongó hasta quedar sin aliento.

La noche había llegado, en la calle solo se oía el ruido de algún coche pasar y unos pasos lentos, eran de dos personas, peor ambos llevaban el mismo ritmo.

- Tienes frío? - la morena bajó la miraba para ver a su compañera abrazarse a sí misma.
- Un poco, pero enseguida pasará - Sabrina se paró en seco haciendo que Dana se parara también.
- Segura que quieres venir conmigo?, no tienes necesidad de estar pasando frío.
- Estoy segura, te he dicho que lo demás me de igual, mientras este contigo no me importa nada.

Ambas se miraban fijamente, intentando buscar algo en la mirada de la otra, lo único que vieron fueron sus reflejos y con eso les bastó para saber lo que la otra sentía.

- Me abrazas? - preguntó la rubia con una sonrisa.

Sabrina no se lo pensó dos veces, rodeó con sus fuertes brazos el menudo cuerpo estrechándolo contra ella, para ellas ese momento era único, el frío no existía cuando estaban cerca, el dolor y la tristeza desaparecía al instante. Siguieron abrazadas por unos minutos, después se separaron y fueron al sitio favorito de Sabrina, Dana ya no tenía miedo a las alturas y menos si estaba con Sabrina. Ambas estaba sentadas en lo alto del árbol, rodeadas con una manta, Dana estaba apoyada en el pecho de la morena, rodeada por sus brazos.

- Qué haremos ahora? - preguntó Dana.
- Pues... no lo se, que te parece si nos vamos a hacer un viaje?
- A dónde?
- Dónde te gustaría ir?
- Mmm, a la playa.
- De arena blanca y agua cristalina? - preguntó con una sonrisa.
- Si!, siempre he soñado con poder ir a una playa de esas.
- Entonces mañana iremos a la agencia de viajes, te parece?
- Si! - Dana se acomodó mas en el pecho de la morena, torció la cabeza y miró a la morena que la sonreía ampliamente.
- Te quiero.
- Yo también te quiero Sabrina, no quiero separarme de ti.
- Y no lo harás, pase lo que pase siempre estaremos juntas.

Sabrina se acercó lo suficiente para poder rozar sus labios con los de ella, cerró los ojos y disfrutó de ese momento, sintiendo la respiración de Dana mezclarse con la suya, sintiendo su cercanía, sonrió antes de romper la distancia y besar los labios de Dana, el beso fue tan suave, tan cálido y tan lleno de amor que Dana no pudo evitar derramar unas lágrimas, Sabrina se dio cuenta y se separó lo suficiente de ella para poder mirarla y hablarle.

- Cariño, estas bien?
- Si, si... es que... nunca antes nadie me había besado con tanto amor, lo siento en cada beso que me das, en cada mirada, en cada caricia...
- Yo también lo siento, y es porque nos amamos y eso no lo cambiará nadie...

Ambas volvieron a besarse, cada vez con más amor, siguieron besándose hasta quedar dormidas, en el mas estrecho de los abrazos.

El día siguiente no iba a ser igual que los demás, ese día tenía algo especial, tal vez fuera el amor de Dana y Sabrina. Cogidas de la mano acababan de entrar a una agencia de viajes, tras estar hablando una hora con un dependiente las dos salieron con un montón de folletos y dos billetes de avión.

- No me lo puedo creer! - decía Dana entusiasmada dando saltitos alrededor de la morena.
- Pues créetelo, esta tarde tu y yo nos vamos a una de las playas mas exóticas - decía sabrina sonriendo a su compañera.
- Es increíble!, me muero de ganas por estar allí ya.

Sabrina rodeó con los brazos la cintura de su joven compañera, pegándola a ella y juntando su frente con la de Dana.

- Y yo me muero por estar tumbada contigo en la arena y echarte bien de crema por todo el cuerpo... - dijo sensualmente.
- Y yo por que lo hagas - dijo a la vez que cerraba los ojos y la besaba suavemente - te quiero... te quiero mucho.
- Y yo a ti mi amor - dijo Sabrina susurrándole en los labios varios te amo.

Se besaban una y otra vez hasta quedar sin aliento, estaba en mitad de la calle, la gente que pasaba por su lado se las quedaban mirando, unos sonreían, otros ni miraban y otros ponían cara de asco, pero a ellas no les importaba lo que opinaran los demás, demostrarse su amor era lo mas importante en estos momentos.

Estuvieron toda la mañana yendo de tiendas, compraron todo lo que necesitaron y tal vez algún capricho de más. Se metieron a comer en un restaurante, no era muy elegante pero estaba bastante bien, y servían buena comida.

- Estoy agotada, llevamos toda la mañana recorriendo tiendas sin parar - dijo la rubia.
- Si, yo también estoy cansada, pero bueno, esta tarde tendremos nuestra recompensa - dijo a la vez que le guiñaba un ojo.
- Si, es cierto, oye, esta bueno eso que estas comiendo? - preguntó curiosa.
- Esta delicioso, quieres probar? - dijo a la vez que le ofrecía un poco en el tenedor.
- Mmm... esta muy bueno, quieres de lo mío?
- No gracias, la verdura no es que me apasione - dijo haciendo una mueca.
- Jajaja, es muy sana - dijo apuntándola con el tenedor.
- Yo estoy muy sana - le sonrió divertida.
- Ya lo veo ya... - le sacó la lengua, siguieron comiendo entre risas y besos.

*****

- Se han ido... - dijo Natalia a Germán con lágrimas en los ojos.
- Tranquila no irán muy lejos...
- Pero se puede saber qué es lo que ha pasado?
- Lo que ha pasado es que Sabrina y Dana están liadas! - dijo con enfado - me las encontré casi desnudas en la cama.
- Qué?! - preguntó con asombro.
- No voy a permitir que estén juntas.
- Germán... si se quieren no podemos hacer nada, ellas no son hermanas de sangre.
- Tal vez no sean de sangre, pero el que tu y yo nos casemos eso hace que sean hermanas, y no pienso permitir esa barbaridad!
- Por no permitir que se amen ahora no tenemos a ninguna de nuestras hijas! - gritó Natalia enfadada - les puede pasar cualquier cosa!
- Sabrina sabe cuidar de si misma, y se que también cuidará de ella, por eso no tienes que preocuparte.
- Quiero tenerlas aquí... - decía llorando desconsoladamente.
- Las voy a encontrar, solo tengo que hacer unas llamadas, pero cuando las encuentre yo no podre hacer nada por detener a Sabrina porque es mayor de edad, pero tu tendrás que hacer algo con Dana.
- A qué te refieres?
- Tenemos que evitar que estén juntas, lo único que se me ocurre es que metas a Dana en un internado, le prohibiremos las visitas, solamente nosotros podemos ir a verla.
- No!, yo no puedo hacerla eso!, es mi hija!
- Es lo mejor para ella! - gritó Germán - y no voy a discutirlo más!

Germán salió de la casa dando un portazo, estaba muy enfadado, iba a encontrar a su hija como fuera, aunque tuviera que remover el cielo y el infierno, pero no se iban a salir con la suya.

*****

Ya eran las seis de la tarde, el aeropuerto estaba lleno de gente, algunos con prisa y otros mas tranquilos, otros impacientes por la llegada de sus seres queridos. Sabrina y Dana caminaban de la mano hacia la puerta de embarque. La alta morena llevaba una maleta, no era muy grande, pero parecía llevar lo suficiente para dos personas, Dana llevaba una mochila colgada del hombro, ambas iban sonriendo felices, en sus miradas se podía ver todo el amor que sentían.

- Estas bien? - preguntó la morena.
- Si, y tu?
- Si, estoy con la persona que quiero y me voy a ir a una playa, que mas se puede pedir? - dijo riendo, se agacho hasta Dana y la dió un suave beso en los labios.
- Mmm... vamos, o perderemos el avión - dijo la rubia sonriendo.
- Si, vamos.

Las dos siguieron caminando hacia la puerta de embarque, había cola para entrar, tenía a cinco personas delante, enseñaban sus billetes y pasaban. A los lados de la puerta había dos guardias. La cola fue avanzando hasta que llegó su turno, Dana iba delante, le entregó su billete a la azafata, la mujer lo miró, después miró a Dana y luego se dió la vuelta he hizo unas señas a los guardas. Ambos se acercaron hasta ellas.

- Es usted Dana? - preguntó uno de ellos.
- Si, soy yo, qué pasa? - preguntó asustada.
- Tiene que acompañarnos.
- Ella no irá a ningún lado - dijo Sabrina poniéndose delante.
- Por favor, no ponga difíciles las cosas - le advirtió el guardia a Sabrina.
- Y por qué tengo que ir con ustedes?, yo no he hecho nada.
- Su madre ha presentado una denuncia por desaparición, tiene que acompañarnos.
- Yo estaba desaparecida!, yo me voy con mi pareja de vacaciones! - dijo enfadada.
- Lo sentimos, pero usted no puede ir a ninguna lado, es menor de edad.
- Ella esta a mi cargo! - dijo Sabrina cada vez mas enfadada.

La voz de Germán les llamó la atención, ambos miraron a un lado, ahí estaban él con Natalia. Dana se acercó hasta su madre.

- Se puede saber qué esta pasando? - preguntó con lágrimas en los ojos.
- Hija... - dijo Natalia con lástima - ven con nosotros, es mejor así cariño.
- No! - gritó Dana - no entendéis que lo único que queremos es estar juntas? - preguntó llorando.
- No es lo correcto! - gritó Germán, Sabrina caminó deprisa y se puso delante de Dana.
- Y qué es lo correcto para ti?! - gritó ahora Sabirna - acaso quererse es un delito?!
- Lo es en la manera que vosotras lo hacéis!
- Es amor igual! - dijo Dana - solo queremos estar juntas!
- Lo siento, pero no lo permitiré...

Germán hizo una señal a los dos guardias, ambos se acercaron, uno agarró a Dana y el otro intentó coger a Sabrina, pero esta con un rápido movimiento lo impidió, y de otro apartó al guardia que agarraba a Dana, cogió la mano de la rubia y ambas echaron a correr.

- No dejéis que escapen! - gritó uno de los guardias a la vez que echaron a correr.

Sabrina y Dana corrían a toda prisa esquivando gente, los guardias las seguían de cerca, pero aun tenían algo de ventaja, Sabrina miraba a todos lados buscando un sitio donde esconderse, después de correr unos minutos más la alta morena vió un pasillo estrecho, enseguida se metió por él seguida por la rubia, había tres puertas, las dos primeras estaban cerradas, probó con la tercera y tuvo suerte, ambas entraron en ella, era un pequeño cuarto, parecía el cuarto donde guardaban las cosas de la limpieza. No había mucha luz, pero la suficiente para no tropezar con nada, sus respiraciones estaban agitadas, de repente el llanto de Dana llamó la atención de Sabrina.

- Cariño... - la alta morena se acercó a ella y la agarró de los hombros.
- Nos van a separar.... dios mio...
- No, no!, no digas eso me oyes?! - Sabrina la abrazó fuertemente contra ella, Dana también la abrazó fuerte - no dejaré que nada nos separe me oyes? - Sabrina pudo notar como Dana temblaba entre sus brazos.
- Sabrina... - dijo llorando con voz temblorosa.
- Qué?
- Te amo - dijo contra el pecho de la morena a la vez que se apretaba mas contra ella - te amo con toda mi alma.
- Mi amor... - susurró la morena - yo también te amo... no sabes hasta que punto - se separó lo justo para mirarla a los ojos - y pase lo que pase jamás te abandonaré.

Sabrina tenía sus ojos humedecidos por las lágrimas que luchaban por salir, pero no quería que Dana la viera llorar, tenía que se fuerte por las dos, así que cerró los ojos y besó apasionadamente a Dana que le devolvió el beso con la misma pasión, se besaron por unos instantes más, se separaron y se miraron a los ojos cono todo el amor que sentían.

- Escúchame, nada de lo que pase ahí fuera hará que cambie lo que siento por ti - dijo la morena acariciándole la cara.
- Lo se... tampoco cambiará nada para mi.
- Aunque nos tengamos que separar... - dijo la morena.
- Te esperaré - dijo convencida Dana - se que volverás a buscarme.
- No lo olvides jamás, ten...

La morena se quitó un colgante que llevaba puesto, era un pequeño corazón dorado, y se lo colocó a la rubia en el cuello.

- Gracias... - dijo llorando - ten... - la rubia se quitó una pulsera que tenía y se la colocó en la muñeca a la morena - quiero que me la devuelvas.
- Lo haré...

Ambas se sonrieron y se besaron y abrazaron con todo su amor. Se sonrieron una vez más, después salieron cogidas de la mano, para enfrentarse a lo que el destino las deparara. Nada mas salir ya estaban rodeabas por seis guardias, Natalia y Germán estaban a un lado.

- Traedme a Dana - dijo Germán.

Uno de los guardas agarró a la rubia del brazo y tiró de ella, Sabrina no la soltaba y Dana tampoco se soltaba de ella, otro guarda tuvo que sujetar a Sabrina que comenzó a forcejear con el guardia, sus manos se separaron, Dana estaba llorando, no dejaba de mirar a Sabrina que intentaba librarse del guardia para llegar hasta ella.

- Sabrina! - gritó Dana llena de angustia.
- Te quiero!, no lo olvides! - le respondió Sabrina.

Natalia estaba llorando al ver el sufrimiento de las dos, no soportaba aquella escena y sin poder evitarlo salió corriendo de allí. Germán se la quedó mirando, después se acercó hasta donde estaba Dana, miró al guardia.

- Lleváosla ya.
- Muy bien, vamos - arrastró a la pequeña rubia que se negaba a ir.
- Y tu... - Germán se puso de frente de su hija - no la busques, si realmente la quieres déjala ser feliz.
- Y quién dice que conmigo no pueda ser feliz? - preguntó la morena llena de rabia.
- Lo digo yo y punto, recuerda, no la busques, no podrás encontrarla - dejó de mirarla para mirar al guardia que la sujetaba - ya sabéis lo que tenéis que hacer.

Los guardias arrastraron a la morena lejos de el, Sabrina no paraba de gritarles e insultarlos. Germán vió como se la llevaban, en su interior sentía lástima, pero sabía que era lo mejor.

*****

- A dónde me llevan?! - preguntó Dana que estaba sentada en la parte trasera de un coche.
- Cuando lleguemos lo sabrás - dijo el guardia que iba de copiloto.
- Dónde esta mi madre?
- Deja de hacer preguntas niña, lo sabrás en su momento.

El coche siguió su rumbo. Dana miraba por la ventanilla, no reconocía nada de lo que veía, a dónde la llevaban?, tenía miedo... las lágrimas comenzaron a salir de sus ojos, con su mano agarró el colgante que Sabrina le dió y movió sus labios para decir algo, pero lo único que salió fue un suspiro de desolación.

Tres horas mas tardes el coche se encontraba parado frente un enorme edificio, parecía un colegio privado, estaba dentro de un gran campus, todo estaba lleno de jardines, era un sitio bastante bonito. Dana salió del coche, miraba para todos lados, no conocía ese lugar. Pudo ver que del edificio entraban y salían chicas uniformadas.

- Qué es esto? - preguntó Dana.
- Este será tu nuevo colegio y donde vas a vivir desde hoy.
- Qué?! - la voz de Dana sonó casi en un grito.
- Te están esperando.

Dana agarró la maleta que le acababan de dar y comenzó a caminar hacía la puerta del edificio, no podía hacer nada mas, sabía que esos hombres no le darían las respuestas, sabía que tendría que averiguar que era todo esto, y sobre todo... averiguar como ponerse en contacto con Sabrina.

Continuará...


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