Dos cuerpos unidos en el sofá, ni un ruido, ni un movimiento... Dana seguía sin
separarse de la morena. Sabrina no se movió y tampoco dijo nada, aunque le costara
aceptarlo se sentía bien así, le gustaba la sensación del cuerpo de Dana sobre el suyo.
El teléfono rompió el silencio, pero ninguna de ellas se movió ni dijo nada, tras ver
que no dejaba de sonar Sabrina fue la siguiente en romper el silencio.
- Si me dejas... iré a coger el teléfono.
- Oh, claro... lo siento.
Dana se quitó de encima suya y se sentó en su sitio. Sabrina fue a coger el teléfono.
- Si?
- Hola, esta Dana?
- Si, de parte de quién?
- Soy Omar.
- Quieres hablar con ella?
- Si.
- Y si no te la paso? - preguntó jugando.
- Qué?! - le preguntó el incrédulo.
- Eres sordo?
- Oye, pásame a Dana vale?, no me interesa perder el tiempo contigo.
- Cierto, a mi tampoco me interesa perderlo contigo - sin decir mas le colgó.
Sabrina sonrió para si misma, le encantaba hacer rabiar a la gente, y sobre todo al
tontin este que andaba detrás de Dana y eso a ella no le hacia ninguna gracia. Despacio
volvió al salón y se sentó en su lugar. Dana estaba en el suyo.
- Quién era?
- Uno que se había equivocado - dijo indiferente - seguimos viendo la peli?
- Si - dijo mirándola fijamente a su perfil.
Sabrina puso la película y siguieron viéndola hasta el final sin decir nada. Una vez
acabó la peli Sabrina se levantó con intención de irse a la cama.
- Bueno, yo me voy ya a dormir, y tu?
- Yo... creo que no dormiré.
- No dormirás?
- No.
- Por qué?
- Pues... porque... porque no tengo ganas.
- Ya... no será que tienes miedo? - preguntó divertida la morena.
- Miedo yo?, ja!
Dana se levantó y se fue a su habitación, Sabrina la siguió pero se metió en la suya,
cerró la puerta de su cuarto y se apoyó en ella con una gran sonrisa y susurró.
- 5,4,3,2,1,0 - unos golpes en su puerta la hicieron reír entre dientes.
Sabrina se giró y abrió la puerta encontrándose a una rubia con la mirada clavada en el
suelo, sin decir nada la morena se apartó para dejarla pasar. Dana levantó la vista por
un momento y luego la volvió a bajar mientras entraba en la habitación. El sonido de la
puerta al cerrarse sonó tras de ella, por un momento sintió un escalofrío por todo su
cuerpo. Pensó en la situación. Solas, en su habitación, encerradas... se dió cuenta de
que esta situación le parecía... excitante y sintió como su cara cambiada de color.
- Y bien? - preguntó la morena detrás de ella.
- Y... y bien qué?
- Has venido a mi cuarto, supongo que querrás algo no?
- S... si, pu... puedo quedarme... contigo?
- Mmm, déjame que me lo piense - Sabrina quería jugar con la pequeña, tras unos
segundos se acercó a ella y puso detrás de ella susurrándole - puedes quedarte.
Dana se puso muy nerviosa, la presencia de Sabrina le ponía la piel de gallina, y cuanto
mas cerca estaba mas excitación le producía, no lo aguantaba mas, se separó de ella de
una zancada y se giró para mirarla.
- Gracias.
Sin decir mas, Dana fue a la cama de la morena y se tumbó en un rincón dando la espalda
a Sabrina. Sentía su presencia en todo momento. Sabrina se acercó hasta la cama y se
tumbó al lado, la cama era pequeña, quisieran o no, sus cuerpos se rozaban. Sabrina
quería jugar mas con Dana.
- Estas bien? - le preguntó la morena.
- Si, gracias.
- Y de qué tienes miedo?
- Por qué quieres saberlo?
- Quiero saber la razón por la cual esta noche dormiré apretujada y de mala manera en
mi propia cama.
- Lo siento, no quise molestarte, ya me voy.
Dana se levantó con la intención de irse pero en ese momento Sabrina la agarro y la
volvió a tumbar.
- No he dicho que te vayas.
- Pero has dicho que conmigo dormirás de mala manera, no quiero ser la causante de tu
insomnio - Dana volvió a intentar irse pero Sabrina la detuvo de nuevo.
- Me harías un favor si dejaras de comportarte como una niña pequeña y te tumbaras a
dormir - dijo la morena mientras la agarraba del brazo.
- Y tu me harías un favor si me soltaras y dejaras que me fuera.
Las dos comenzaron a forcejear, acabaron rodando por encima de la cama, unos instantes
después Sabrina consiguió agarrarla para que dejara de momerse.
- No puedes irte porque tienes miedo - volvieron a forcejear rodando por la cama,
acabando Sabrina encima de ella.
- Te tengo mas miedo a ti! - dijo Dana tratando de soltarse.
Sabrina la agarró por las muñecas y se las puso por encima de la cabeza, acercó tanto
su rostro al de Dana que sus labios casi se rozaban.
- De verdad me tienes miedo? - le susurró.
Tras mirarse unos instantes ninguna de las dos pudo contenerse ante los carnosos labios
que tenían delante. Primero fueron suaves roces, después suaves besos, luego pequeños
mordisqueos, hasta que poco a poco fueron abriendo sus bocas para explorarse por dentro
mutuamente. El beso se hizo intenso y prolongado, se arrancaban gemidos mutuamente.
Ambas parecían haber perdido el control, querían tener mas contacto. Sabrina le soltó
las manos, y colocó las suyas alrededor del menudo cuerpo, Dana rodeó con sus brazos el
cuello de la morena. Cuando el aire comenzó a faltar ambas se fueron separando. Las dos
estaban rojas, y sofocadas.
- Qué estamos haciendo? - le preguntó Sabrina.
- No... lo se.
- Aun me tienes miedo? - preguntó seductoramente a la vez que rozaba su labio con el
de ella.
- Miedo no... te tengo pánico.
Las dos se rieron y comenzaron una lucha de mordisqueos de labios. El timbre las hizo
interrumpir su juego.
- Quién puede ser? - preguntó Dana.
- No se, voy a ver - dijo Sabrina levantándose.
La morena fue hasta la puerta de mal humor por haber interrumpido, el timbre comenzó a
sonar con mas insistencia y esto solo hizo enfadar mas a la morena.
- Quien quiera que sea ya se puede ir preparando - dijo en un gruñido.
Abrió la puerta encontrándose con Omar, estaba enfrente de ella y no parecía muy
contento.
- Y a qué se debe el honor de tu visita? - preguntó la morena apoyándose en el marco
de la puerta.
- Quiero ver a Dana - dijo Omar enfadado.
- Y yo quiero que te vayas por donde has venido - Sabrina intentó cerrar la puerta
pero Omar puso una mano impidiéndoselo.
- Al menos ten un poco de educación!, quiero hablar con Dana! - gritó.
- Qué pasa aquí? - Dana apareció detrás de la morena - Omar, qué haces aquí? -
preguntó sorprendida.
- Antes te he llamado por teléfono y la idiota ésta no me ha querido pasar contigo.
Omar se fijó bien en Dana, tenía los labios algo mas rojos y mas hinchados de lo normal,
miró a Sabrina y ella los tenía igual y ambas parecían algo acaloradas.
- Estáis solas? - preguntó sospechando de lo que estaba pasando.
- Eso no es asunto tuyo - le contestó fríamente la morena - Omar pensó que si ya que
no se oía nada dentro de la casa.
- Dana, te ha hecho algo esta tía?! - preguntó casi gritando.
Sabrina miró a Dana con una sonrisa pícara, la rubia levantó la vista para encontrarse
con los ojos azules de la morena, bajó la vista al suelo y un rubor cubrió sus mejillas.
- N... no - dijo tímidamente.
Omar no se lo creía, en su mente se depositó la idea de que Sabrina la habría obligado a
hacer algo que no quería, sin pensarlo mas estiró el brazo cogiendo a Dana, la atrajo
hasta ella y la besó profundamente, a Dana no le dió tiempo de reaccionar, había pasado
todo muy rápido. Sabrina estaba llena de ira, un pinchazo en el corazón le hizo saber
algo que se temía, se había enamorado, eso era lo último que esperaba Sabrina. Sin
soportarlo mas se fue de allí a grandes zancadas dejándolos solos, se metió en su
cuarto y se tumbó en la cama, el olor de Dana aun permanecía en almohada, la morena se
aferró a ella y aspiró todo su aroma.
- Maldita sea... - dijo con voz quebrada.
Dana se separó bruscamente de Omar y le dió una bofetada.
- Pero se puede saber qué haces?! - preguntó casi gritando Dana.
- Lo que siempre has querido!
- De qué demonios estas hablando?
- Se que te gusto!
- Tu a mi no me gustas!, eres uno de mis mejores amigos, nada mas!, y a qué viene todo
esto?
- Se que Sabrina te ha obligado a hacer cosas que no querías y no se lo voy a permitir!
- Ella no me ha hecho nada!, lo que hayamos hecho ha sido decisión de las dos y yo no
tengo que darte explicaciones de lo que hago o dejo de hacer! - Dana estaba muy
enfadada con él, aparte de haber interrumpido en el mejor momento ahora Sabrina no
querría ni verla - márchate, no quiero seguir hablando contigo - Dana cerró la puerta
dejando a Omar con la palabra en la boca.
Lágrimas comenzaron a bajar por sus mejillas, no sabía lo que había pasado, había sido
tan rápido que no la dio tiempo de pensar. Decidió ir a hablar con Sabrina, necesitaba
dejar claro que entre Omar y ella no había nada. Fue hasta la habitación de la morena,
con el corazón en una mano llamó a la puerta, no tuvo respuesta.
- Sabrina, podemos hablar? - preguntó con voz temblorosa.
- No hay nada de que hablar! - le contestó la morena.
- Puedo pasar?
- Será mejor que te vayas a dormir.
- Quiero hablar contigo - de repente la puerta se abrió descubriendo a una enfadada
morena.
- No tenemos nada de que hablar, creo que todo a quedado muy claro ya.
- No!, tu no lo entiendes, entre Omar y yo no hay nada! - dijo casi llorando.
- No esperes que me lo crea.
Sabrina se iba a meter en su cuarto cuando Dana la agarró de la cara y la besó
apasionadamente, la morena al principio quiso librarse, pero su deseo le puso mas,
agarró a Dana por la cintura y la pegó todo lo que pudo a su cuerpo. Sin dejar de
besarse se metieron en la habitación, sin dejar de besarse se tumbaron en la cama,
Sabrina estaba encima de ella, despacio se fue separando y a pocos centímetros de su
cara le preguntó.
- Por qué haces esto?
- No lo se, es la primera vez que me pasa esto con una chica... me gustas - dijo
acariciándole la cara.
- Tu a mi también me gustas.
Comenzaron a besarse nuevamente a la vez que se acariciaban, ambas sabían que aun era
muy pronto para llegar mas lejos, pero de lo que no se privaron fue de sentir su piel,
ambas se quitaron la ropa quedando solo en ropa interior. Abrazadas y con sus piernas
entrelazadas se quedaron dormidas.
Eran las diez de la mañana, Natalia y Germán entraban con las maletas, sus caras
expresaban cansancio y desilusión, no habían podido hacer el recorrido que querían por
mal tiempo, asi que decidieron volver a casa. Una vez entraron dejaron las maletas en
la entrada.
- Vaya que silencioso esta todo, donde estarán las chicas? - preguntó Natalia.
- No lo se, iré a ver si están arriba.
Germán subió para ver si las chicas aun estaban durmiendo. Fue a la habitación de su
hija primero, entró sin llamar, y lo que vió dentro fue lo único que no pensó ver jamás.
Sabrina y Dana estaban en ropa interior, abrazadas en el mas estrecho abrazo y dormidas.
Las mantas estaban a un lado, así que estaban totalmente destapadas. Esto para Germán
era una gran problema, el veía a Sabrina y a Dana como hermanas, porque aun que no
fueran hermanas de sangre iba a ser hermanastras y esto no estaba nada bien. Decidió
dejarlas y decirle a Natalia que estaban durmiendo, no quería que ella supiera nada de
esto. Cerró la puerta y trató de despejar la mente de lo que acababa de ver. Una vez se
relajó fue a buscar a Natalia que estaba en la cocina preparando el desayuno.
- Y las chicas?
- Están durmiendo, vaya par.
- Iré a verlas.
- No, no, déjalas que duerman, seguro que estaban cansadas para quedarse hasta tan
tarde.
- Si, tienes razón, dejémoslas dormir.
Unos ojos azules se abrieron perezosamente, sentía el calor de otro cuerpo pegado al
suyo y sonrió al recordar de quien era ese calor, miró y vio a la rubia dormida entre
sus brazos, Sabrina le acariciaba la espalda lentamente y le depositó un suave beso en
la cabeza. Cerró los ojos y recordó los besos y las caricias de la noche anterior, ahora
mismo estaba soñando despierta, pero unos ruidos y unas voces la hicieron volver a la
realidad.
- Dana, despierta - le dijo suavemente.
- Mm - dijo la rubia.
- Despierta, creo que hay alguien abajo.
Los ojos verdes comenzaron a abrirse y miraron extrañados a la morena.
- Hay alguien abajo? - preguntó con la voz ronca.
- Eso creo, vemos a levantarnos.
- Si...
Las dos se vistieron y bajaron para ver que pasaba, el sonido de la tele les llamó la
atención, al primer sitio que fueron fue al salón.
- Vaya!, por fin os habéis despertado - dijo Natalia abrazando a su hija.
- Mamá, qué hacéis aquí? - preguntó la rubia.
- Hija, se nos estropeo la ruta por el mal tiempo y hemos tenido que regresar - Germán
entró al salón.
- Hola papá - dijo Sabrina.
- Hola - fue el frío saludo de su padre - Sabrina luego quiero hablar contigo.
- De qué? - preguntó curiosa.
- De un tema importante.
- De qué trata?
- Te he dicho que luego hablaré contigo!, estas sorda o qué?! - le gritó con total
enfado.
Sabrina estaba muy sorprendida, era la primera vez que su padre la hablaba así, ella ya
empezó ha imaginarse lo peor, pero tampoco estaba segura.
- No, precisamente por eso no tienes que gritarme - dijo fríamente Sabrina.
- Ya me estoy cansando de tus tonterías Sabrina, soy tu padre y debes respetarme. Y SI
QUIERO GRITARTE TE GRITO QUEDA CLARO?!!
- Vete al infierno! - dijo Sabrina a la vez que se iba.
- VUELVE AQUÍ AHORA MISMO!
- Germán!, cariño se puede saber qué pasa? - Natalia intentó hablar con él.
Dana no entendía nada de lo que pasaba, peor estaba preocupada por Sabrina, así que sin
decir nada se fue a buscarla, fue hasta su habitación y llamó antes de entrar.
- Puedo pasar? - preguntó casi en un susurro.
- Si - Sabrina estaba sentada en su cama.
Dana entró a la habitación cerrando la puerta y se sentó a su lado.
- Qué ha pasado?
- No lo se, no se por qué esta así conmigo, pero ya me esta cansando.
- Por qué no intentas ir a hablar con él?
- No, no quiero hablar con él, por mi que se vaya al infierno.
Dana extendió su mano y le acarició la cara, la morena se giró para mirarla, los ojos
verdes de Dana consiguieron tranquilizarla un poco, sonrió levemente y se acercó hasta
ella para besarla suavemente, la rubia le respondió al beso con la misma suavidad.
- Tenemos que tener cuidado - le dijo la morena.
- Si, no creo que a ellos le haga mucha gracia.
- Ninguna, quieres que vayamos a dar una vuelta?
- Claro - le respondió sonriente.
Las dos salieron de la habitación y se dirigían para la puerta, en ese mismo momento
Germán salía del salón y se encontró con ellas.
- A dónde vas? - le pregunta a Sabrina.
- Vamos a dar una vuelta - le contesta fríamente.
- De eso nada, Dana vete a tu habitación, y tu vas a venir a hablar conmigo.
- No tenemos nada de que hablar.
- No hagas esto mas difícil Sabrina - dijo sujetándola del brazo.
- Sabrina, habla con él - le dijo Dana con cara de preocupación - Sabrina la miró un
momento, sus ojos volvieron a tranquilizarla.
- Esta bien...
Germán y Sabrina salieron de la casa, Dana se quedó muy preocupada, quería saber que
era lo que estaba pasando, pero sabía que hasta que no volviera Sabrina no podría saber
nada.
Continuará...