AMOR O FAMILIA

Eugenia

Tercera parte

Ya habían pasado dos horas de clase, Sabrina se fijo en que Dana no había ido y ya estaba preocupada. Cuando tocaron el timbre para salir al descanso la morena se acercó hasta Omar.

- Oye sabes dónde esta Dana?
- Se fue - dijo sin mirarla.
- A dónde?
- No lo se, simplemente salió corriendo, creo que estaba llorando.
- Y no sabes por qué?
- No, pero tu deberías saberlo.
- Yo?
- Si, prácticamente es tu hermana no?, ni siquiera la defendiste ante los insultos de esa tal Devora.

Sabrina se lo pensó durante un instante, sabía que en el fondo tenía razón. Sin decir mas cogió su mochila y se fue de clase, Omar se la quedó mirando por detrás.

Dana se había ido hasta un parque, estaba sentada en un banco viendo como jugaban los niños. Aun tenia los ojos enrojecidos de tanto llorar, la dolió mucho todo aquello, sentía una rabia que no podía explicar. Dana pasó el resto del día en aquel parque, pensando en sus sentimientos por Sabrina.

- Hola a todos! - dijo la rubia al entrar en casa.
- Hola! - Natalia y Germán la saludaron.
- Hija como es que llegas tan tarde? - preguntó su madre.
- He estado dando una vuelta por ahí.
- Y sabes algo de Sabrina? - preguntó Germán.

Dana se sorprendió, pensó que ya estaría en casa, pero luego le vino a la mente la imagen de Devora, una punzada en su corazón la hizo pensar que estaría con ella y la verdad prefería olvidarse de ello, ya había llorado bastante por hoy.

- No, no se nada.
- Esta chica donde se habrá metido... - dijo Germán.

Dana se fue a su habitación, justo al entrar vio que encima de su mesa había una paquete con una nota, se acercó hasta la mesa y cogió la nota.

"Siento lo de hoy, no debí dejar que Devora te tratara así. Gracias por tratar de ayudarme."

Después de leer la nota Dana se sintió algo mejor. Dejó la nota a un lado de la mesa y cogió el paquete, por el tacto sabía que era algo blando, quitó el envoltorio dejando ver un peluche. Era un perrito que sujetaba un corazón con las dos patitas de adelante, en el corazón decía... "Trátame con cariño". Dana al leerlo comenzó a reírse, lo acarició con una de sus manos.

El sonido de la puerta de la habitación de al lado llamó la atención de Dana, la rubia supo que Sabrina acababa de llegar, pensó en ir a la habitación de ella para contestarle a la nota, no estaba segura, peor quería agradecerle el regalo. Salió de su habitación y llamó a la puerta de la morena.

- Adelante - dijo Sabrina.
- Se puede? - Dana asomó su cabecita por la puerta.
- Si, pasa.

Dana entró en la habitación con algo de timidez, la morena estaba sentada en su cama apoyada en el cabecero, se paró delante de ella y la miró fijamente a los ojos.

- He... recibido tu nota y... el regalo.
- Ah... bueno, siento que no fuera algo mejor pero... tampoco conozco tus gustos y...
- No, no, si me a encantado - dijo interrumpiéndola - solo quería darte las gracias y decirte que no tenías que disculparte, yo me metí donde no me llamaban.
- Devora fue muy grosera, no tenía que haberte hablado así, y yo no hice nada.
- Tampoco tenías por que, a ella la conoces de hace mas tiempo que a mi, lo normal es que la defendieras a ella y no a mi.
- Yo defiendo a la persona que es importante para mi - dijo la morena.
- Bueno... eso explica el por que no me defendiste a mi - dijo la rubia con una sonrisa amarga - gracias por el peluche, hasta mañana.

Dana salió de la habitación con los ojos humedecidos, se metió en la suya corriendo y se tumbó en la cama llorando.

Sabrina se había quedado muy confundida, quería decirle lo equivocada que estaba. A pesar del poco tiempo que llevaban juntas la morena sentía que se había enamorado de ella y eso no estaba bien, quería evitar estar cerca de ella, pero tampoco podía dejar que la rubia pensara que ella no era importante. Salió de la habitación y fue a la de la rubia, llamó varias veces pero Dana no contestaba, decidió entrar sin su permiso. La vió hay tumbada, tan indefensa, no sabía si estaba despierta, lo cierto es que parecía dormida. Con cuidado se acercó y se arrodilló al lado de la cama y se quedó allí mirando a la rubia, tenía las mejillas húmedas, la morena se dió cuenta de que había estado llorando. Sabrina dudó un instante pero al final se dejó llevar, acarició la mejilla de la rubia con su mano, limpiando los restos de las lágrimas, se acercó hasta dejar que sus labios casi rozaran su oreja y la susurró.

- Claro que eres importante para mi pequeña...

Sabrina besó tiernamente la mejilla de Dana, el beso duró mas de lo necesario, tras una última caricia la morena se fue de la habitación.
Unos ojos verdes brillaban bajo esos párpados, despacio los fue abriendo y una sonrisa se depositó en sus labios. Con el corazón acelerado y un sentimiento aflorando en su interior cerró los ojos quedándose dormida en un placentero sueño.

Al día siguiente la pequeña rubia se despertó tranquila ya que era sábado y no tenía que madrugar. Se desperezó en su cama y la sonrisa que ayer se depositó en sus labios no la abandonó.
Unas voces la despertaron la curiosidad por saber lo que pasaba abajo. Llegó a la entrada y vió unas maletas.

- Pero qué esta pasando aquí? - preguntó la rubia.
- Ah!, buenas días cariño.
- Mamá se puede saber de quiénes son estas maletas?
- Cómo?, no te lo dijo Germán?
- Decirme qué?
- Que nos vamos de vacaciones unos días.
- Qué?! - preguntó casi en un grito.

De repente la morena apareció detrás de Dana, tenía el pelo alborotado, los ojos a medio abrir y el pijama puesto.

- Se puede saber por que hay tanto alboroto? - preguntó Sabrina.

Dana se giró y buscó su mirada que apenas lograba encontrar. Recordando lo de ayer no pudo evitar regalarle a la morena una sonrisa, Sabrina se quedó extrañada pero aun asi se la devolvió.

- Hija que Natalia y yo nos vamos unos días de vacaciones - dijo Germán.
- Vaya, al menos podías haberlo dicho antes.
- Lo sentimos, es que con las prisas... - dijo Natalia - bueno nos vamos ya, ya os llamaremos, toma.

Natalia le ofreció a Sabrina una tarjeta de crédito.

- Con esto podéis comprar lo que necesitéis.

La morena cogió la tarjeta y se quedó mirando a su madre con cara de... (pos vale). Germán le dio un beso a su hija y otro a la rubia. Natalia hizo lo mismo pero se paró delante de la morena.

- Sabrina tengo que pedirte algo.
- De qué se trata? - preguntó curiosa la morena.
- Cuida de Dana vale?, no la dejes sola, no quiero que le pase nada - dijo la mujer.
- Mamá! - protestó la rubia.
- Esta bien, no se preocupe, yo la cuidaré.
- Yo se cuidarme sola!
- Gracias Sabrina, sabía que podía confiar en ti.
- Queréis hacerme caso?!

Al ver que ninguno la hacia caso la rubia se cruzó de brazos y puso morritos. La morena vió como su padre y Natalia salían de la casa y cerraron la puerta. Todo se quedó en silencio, la morena miró a la rubia que seguía en la misma postura, le pareció tan gracioso que no pudo evitar reírse.

- Se puede saber qué te hace tanta gracia?
- Nada, nada, anda, vístete que nos vamos de compras - dijo con una sonrisa juguetona y elevando la tarjeta de crédito.
- Bien! - dijo la rubia sonriendo.

Dana y Sabrina ya iban de camino al supermercado, las dos iban en silencio, la rubia iba muy sonriente, estaba contenta por poder compartir estos momentos con Sabrina, después de lo de ayer sentía muchas ganas de estar con ella, incluso quería averiguar hasta donde llegaba el afecto de la morena por ella.

- Esta muy lejos ese supermercado? - preguntó la rubia.
- No, ya estamos llegando, solo tenemos que torcer esa esquina.

Justo cuando iban a torcerla la morena vió que Devora se acercaba desde esa dirección, inmediatamente la morena paró a la rubia para que no la viera.

- Qué pasa? - preguntó sorprendida.
- Que viene Devora hacia nosotras.
- Y qué?
- Pues que no quiero que me vea y se ponga pesada otra vez.

Con cuidado la morena miró y vió que ya no la daba tiempo a correr a algún lado y esconderse, asi que hizo lo único que se le ocurrió.

- Sígueme la corriente.
- Pero qu...

La morena abrazó a la rubia dando la espalda por donde estaba apunto de aparecer Devora. Dana estaba mas que encantada con la idea de Sabrina, pero notó que estaba roja como un tomate, la morena le había agarrado por la cintura escondiendo su cara detrás de ella, Dana la rodeó con sus brazos por el cuello y cerró los ojos. Tal y como dijo la morena Devora pasó delante de ellas, ni si quiera las miró, pasó de largo, la rubia la miró por detrás para saber cuando estaba lo suficientemente lejos. La rubia sintió como las manos de la morena empezaron a acariciarle la espalda, Dana empezó a ponerse muy nerviosa, pero le encantaba esas caricias, no dijo nada y tampoco se movió, simplemente se dejó abandonar por las caricias de la morena. No pudo evitar soltar un respiro, eso no pasó desapercibido para la morena. Tras estar unos minutos asi la morena le susurró en el oído.

- Ya se ha ido?

No recibió respuesta, la rubia estaba demasiado concentrada en sus caricias, sentía como si estuviera en una nube, el cuerpo de la morena era tan cálido y tan reconfortante... Sabrina al ver que no la contestaba volvió hacerle la pregunta.

- Dana... se ha ido ya?

Por fin la rubia bajó de la nube y se dio cuenta en donde estaba y en que la morena le estaba hablando.

- Que?... a si, si, si, ya se fue - dijo muy nerviosa.

Despacio ambas se fueron separando, enseguida Dana bajó la cabeza al darse cuenta de que estaba roja como un tomate.

- Puf!, por los pelos de un calvo - dijo con una sonrisa la morena - gracias por...

Sabrina miró a la rubia que estaba mirando hacia el suelo y estaba muy roja. La morena sonrió para si.

- Aquí hace mucho calor o te has liado a tortazos sin que yo me de cuenta - dijo divertida la morena.
- Ah!, es que... hace, hace mucho calor - respondió nerviosa la rubia.
- Si... será eso.

La morena echó a andar dejando a una rubia muy sonrojada. Al ver que la morena se alejaba la rubia la siguió con rapidez, eso si, con la cabeza agachada.
Una vez entraron al supermercado Sabrina llevaba el carro, Dana no se pudo contener cuando entraron a la sección de dulces y comenzó a echar todo lo que se le antojaba.

- Pero... - la morena no creía lo que veía.
- Mira!, mas chocolate! Y chocolate con galleta!, ah! Esto también, y esto, y esto otro - decía emocionada mientras seguía cogiendo cosas.
- Te vas a poner como la moñoña - dijo la morena con total seriedad.
- Bueno... yo... es que... me gusta mucho el dulce y...
- Jajajaja! - Sabrina comenzó a reírse al ver a la rubia roja nuevamente.

La rubia se estaba cansando de que Sabrina se riera de ella, decidió pasar de los comentarios de la morena e ir a su bola. Comenzó a andar dejando a Sabrina detrás que de inmediato comenzó a seguirla.

- Te has enfadado? - preguntó la morena.
- ...
- Oh!, venga, si no te he dicho nada.

La rubia seguía sin dirigirle la palabra, caminaba de frente sin mirar atrás.

- Muy bien, si eso es lo que quieres tu misma.

Las dos siguieron haciendo la compra sin hablarse. Una vez llegaron a casa la morena comenzó a hacer la comida. Cuando por fin la tenía echa comió sin avisar a la rubia que estaba en su habitación.
Dana estaba molesta con Sabrina por que esta no hacía mas que reírse de ella y no la tomaba en serio. Su estómago comenzó a quejarse y la rubia bajó sin ninguna gana de ver a la morena, pero tenía que calmar la fierecilla que tenía dentro.

La rubia bajó las escaleras, fue a la cocina cogió un poco de lo que había preparado la morena, justo cuando salió al salón vió como la morena se ponía una chaqueta y cogía las llaves.

- Vas a salir? - preguntó curiosa la rubia.

Sabrina la miró un instante y sin decir nada salió de la casa. Dana sintió un pequeño pinchazo en el corazón al ver la reacción de la morena, sabía que ella misma se lo había buscado pero esa actitud le dolió. El silencio de la casa la dió miedo por un instante, no la gustaba estar sola. Apenada por lo que había pasado con la morena decidió comer y salir hacer unas compras.

Ya era de noche cuando la morena llegó a casa, había estado todo el día fuera. No querías estar cerca de la rubia ya que las cosas estaban algo tensas. Todas las luces de la casa estaban apagadas, la morena se extrañó al no ver a nadie en el salón. Subió las escaleras y vió que salía luz por la puerta de Dana. Entró en su habitación y nada más entrar pudo ver una rosa encima de la mesa y una nota, con una sonrisa se acercó hasta ello. Cogió la rosa con una mano y con la otra leyó la nota.

"Espero que no me hayas guardado boto de silencio para siempre... echo de menos el sonido de tu voz."

Tras una leve risa la morena olió la rosa, pensó en ir a su habitación pero no estaba muy segura, decidió escribirle una nota. Una vez la acabó fue a la habitación de la rubia y la pasó por debajo de la puerta, después bajó las escaleras y se fue al salón.

Dana estaba tumbada en la cama cuando escuchó unos pasos que se acercaban a su puerta y luego el ruidito de un papel rozar el suelo. Se incorporó y vió que había algo en el suelo. Se levantó de la cama y fue a cogerlo, una vez lo tenía en las manos lo abrió y comenzó a leer.

"Me he alquilado una película de terror, no me gustaría verla sola, te espero abajo en diez minutos."

Dana no esperaba contestación de la morena pero esto la dejó mas confundida de lo que estaba. En parte estaba muy contenta por que parecía que la morena la había perdonado y ahora quería estar con ella.

- No se que me pasa pero.... cada vez que me dice algo me derrito, no se por qué me siento tan atraída hacia ella, no quiero pensar mas en eso, ahora solo quiero estar con ella.

Dana bajó las escaleras temiendo lo que se encontraría abajo. Cuando entró en el salón se encontró con la figura de la morena sentada en uno de los lados del sofá.

- Ah, ya estas aquí, estaba a punto de poner la película - dijo la morena mirándola fijamente.
- Si yo... bueno... vi la nota y...
- Siéntate.

Sin decir nada Dana se sentó al lado de la morena. Sus hombros casi se rozaban. Sabrina dió al play y puso la película. Ninguna de las dos volvió a decir nada. La peli siguió su curso no sin algún que otro saltito de la rubia por los sustos. La morena lo notó desde el principio de la película, la estaba costando contener la risa. Hubo en un momento de la película en que Dana saltó demasiado y acabó echándose encima de Sabrina. Dana estaba prácticamente sentada encima de Sabrina, su cara escondida en el cuello de la morena y sus manos aferradas a su camisa.
La película fue parada en ese mismo instante, el silencio las envolvió por completo, junto con una mezcla de nuevos sentimientos.

Continuará...


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