Dana estaba tumbada sobre su cama, aun no había podido olvidar lo que pasó esta mañana.
Estaba arrepentida por la bofetada que le dió a Sabrina pero algo le decía que se lo
merecía.
Unos toque a la puerta la hicieron incorporarse.
- Si? - preguntó la rubia.
No hubo respuesta, miró hacia la puerta y vió como una hoja doblada pasaba por debajo
de su puerta y unos pasos se alejaban de ella. Dana se levantó, cogió la nota y se
sentó en la cama a leerla.
"Siento haberte ofendido, no era mi intención. Espero que me perdones."
Dana la leyó una y otra vez, parecía que no se creía lo que acababa de leer. Ya no
estaba enfadada, en cierto modo le agradecía que se hubiera disculpado, sentía que ella
también tenía que disculparse. Cogió un trozo de papel y escribió en él, lo dobló y
salió de la habitación. Estaba enfrente de la puerta de la morena, metió el papel por
debajo y llamó a la puerta, la rubia salió corriendo y se metió en su cuarto.
Sabrina sonrió al ver la nota, se levantó y fue a cogerla, cuando la abrió se puso a
leer.
"Yo siento haberte pegado, fui muy bruta, no debí haberlo echo, perdóname."
Sabrina sonrió para si, guardó el papel en un cajón y se tumbó en la cama a escuchar
música.
Dana salió de su cuarto y bajó al salón, allí estaba su madre y Germán.
- Hola hija.
- Hola Dana - le saludaron los dos.
- Hola - que hay para cenar? - preguntó.
- Ahí tienes embutido a no ser que quieras que te prepare algo.
- No hace falta.
De repente Sabrina apareció allí.
- Adiós a todos.
- A dónde vas? - preguntó Germán.
- Por ahí, he quedado.
- No vuelvas tarde.
- Tranquilo, cuántos churros y porras quieres? - preguntó divertida.
- Muy graciosa, no se te ocurra venir a esas horas.
- Lo se, lo se, adiós papá, adiós Natalia... hasta luego Dana - le dijo con una
sonrisa
- Hasta luego... - le respondí con un hilillo de voz.
- Esta chica esta muy mal acostumbrada - dijo Germán.
- Por qué? - preguntó Natalia.
- Siempre la he dejado a su aire y no se si hice bien, sale todas las noches y no se
lo que hace.
- Sabrina es buena chica, debes confiar en ella - Dijo Natalia.
De repente la puerta de casa se abrió, era Sabrina.
- Me he dejado una cosa - dijo pasando de largo.
Cuando volvió a bajar antes de que pudiera irse su padre la llamó.
- Sabrina.
- Qué?
- Porque no te llevas a Dana, seguro que se aburre de estar siempre en casa.
Sabrina miró a la rubia, su cara era de sorpresa como la de ella.
- No, no, no hace falta de verdad, no quiero arruinarte los planes - dijo la rubia
mirando a Sabrina.
- Por mi esta bien, vente - dijo la morena.
- Ves hija?, anda sal con ella y diviértete.
- Pero mamá.
- Si no quiere ir tampoco hace falta que la obliguéis - dijo Sabrina - Dana quieres
venir? - preguntó amablemente.
- Si no te importa... si que me gustaría salir un rato.
- Pues vamos. Adiós a los demás!, no nos esperéis despiertos.
- Sabrina no me la traigas muy tarde! - dijo Natalia.
Sabrina sacó su bicicleta. Dana se quedó extrañada, vió como la morena se sentaba y se
la quedó mirando.
- Subes?
- A dónde vamos? - dijo subiéndose a la bicicleta.
- Ya lo veras, solo te digo que es mi lugar favorito.
Dana se sentó en el pequeño asiento que tenía detrás la bicicleta. Sabrina llevaba una
mochila, eso le impedía a Dana agarrarse a su cintura.
- Espera.
Sabrina se puso la mochila delante para que no molestara a la rubia.
- Estas lista?
- Si.
- Muy bien, pues vamos.
La morena empezó a pedalear, ahora tenía que emplear mas fuerza ya que había mas peso.
Siguieron largo rato en la bicicleta, ninguna de las dos dijo nada durante el camino.
Sabrina pudo ver que delante había una buena cuesta hacia abajo. Pero antes tenía que
subir la cuesta arriba, asi que se puso de pie en la bici para pedalear con mas fuerza.
Dana veía como se movía el trasero de Sabrina. Se movía de un lado a otro, la rubia no
podía quitar su vista de el. Extraños pensamientos empezaron a pasar por su cabecita
rubia.
- Será mejor que te agarres - dijo la morena sentándose de nuevo sabiendo lo que
venía.
- Que me...
A Dana no le dio tiempo terminar, la cuesta abajo la pilló de sorpresa, enseguida se
puso a gritar, se aferró a la cintura de la morena y pegó su cara a la espalda de la
morena, Sabrina se iba riendo.
Por fin la bicicleta paró, Dana aun no se había soltado de la cintura de la morena.
- Ya hemos llegado - dijo la morena.
Al ver que no tenía respuesta se giró para mirarla.
- Da...
Sabrina se sorprendió al ver que la pequeña rubia se había quedado dormida. Su
respiración era lenta y pausada, agarraba a la morena con la misma fuerza que al
principio, no parecía querer soltarla.
Sabrina sonrió al verla. Le había parecido encantadora, esa chica la hacia sentir algo
extraño que no sabía explicar. Con cuidado dejó la mochila en el suelo y se fue
soltando del agarre de Dana que se quejaba al ser movida.
- Dana, Dana - le decía la morena.
- Mmm?
- Despierta, ya hemos llegado.
- Que?... oh!, vaya, me he quedado dormida! - dijo preocupada.
- Tranquila no pasa nada - la calmó la morena.
Dana se dio cuenta de que la morena la tenía cogida por la cintura. Un leve rubor
comenzó a subir por sus mejillas, Sabrina se había dado cuenta y la soltó al instante.
- Mmm... vamos, te enseñaré algo - dijo la morena.
La rubia comenzó a seguirla, Sabrina se paró delante de un enorme árbol, de un salto se
enganchó en una de las ramas que estaba algo altas para Dana, cuando subió en ella miró
a Dana que no la quitó ojo ni un momento.
- Venga sube.
- Lo siento pero yo no salto tanto, no llego a la rama y a demás tengo vértigo.
- Tienes vértigo? - preguntó sorprendida.
- Si.
La morena se la quedó mirando un momento, después extendió su mano para ayudar a Dana a
subir, la rubia la miró con sorpresa.
- Dame la mano.
- Ya te he dicho que tengo vértigo, no quiero subir.
- Confía en mi... por favor.
Dana se lo pensó un instante, miró a los ojos azules de Sabrina y supo que debía
confiar en ella. Extendió su mano y la morena se la cogió suavemente. Tiró de ella
hasta que consiguió subirla, siguieron así hasta llegar a arriba del todo, Sabrina ya
estaba arriba, a Dana aun la quedaba una rama, justo en ese momento miró hacia abajo,
la impresión de la altura la hizo marearse, cerró los ojos y los volvió abrir
intentando ver mejor, pero todo se movía para ella, empezó a tambalearse y se soltó de
donde estaba agarrada, justo cuando iba a caer del árbol una mano fuerte le agarró la
suya. Dana miró muy asustada a la morena que ahora tenía cara de preocupación.
- No vuelvas a mirar abajo.
- Yo...
Sabrina utilizando gran parte de su fuerza subió a Dana a la raba y la hizo sentarse
entre sus piernas para que estuviera mas segura, la rodeó con sus brazos por encima de
los hombros. Dana aun estaba nerviosa, pero se sentía muy segura entre los brazos de
Sabrina, ella estaba apoyada en el pecho de la morena, cerró sus ojos y echó la cabeza
hacia atrás apoyándola en el hombro de Sabrina.
- Estas bien? - preguntó la morena.
- Si, gracias.
Sabrina le miraba su perfil, tenía tan cerca el rostro de la rubia que tenia
tentaciones.
- Mira eso - dijo Sabrina.
Dana abrió los ojos y pudo ver la luna en todo su esplendor, se veía perfectamente y
todas las estrellas a su alrededor.
- Es preciosa... - dijo fascinada.
- Si que lo es
- Aquí es dónde vienes todas las noches?
- Como sabes que salgo todas las noches?
- Por que Germán le dijo a mi madre que salías todas las noches.
- Bueno... mi padre es un exagerado, no vengo todos los días, solo vengo cuando me
apetece apartarme de todo y relajarme.
- No me extraña... este sitio es perfecto.
- Si...
Con la noche bajaron las temperaturas, eso hizo que Dana temblara como un hoja cuando
se levantó un poco de aire.
- Vaya, tienes frío? - preguntó la morena.
- Un poco, ha refrescado
Sabrina agarró la mochila que tenóa colgada en la rama de al lado y sacó una pequeña
mantita, cubrió a Dana con ella y la abrazó, con sus manos frotaba los brazos de la
pequeña para que entrara en calor mas rápido.
- Veo que vienes preparada para todo.
- Solo traigo lo imprescindible si pienso pasar la noche fuera de casa.
- Fuera de casa?
- Si, tenía pensado pasar la noche aquí y ver amanecer, pero ya que tu has venido y
mañana hay clase nos iremos pronto.
- Oh, ya te dije que no quería molestarte, por qué no me lo has dicho?
- Porque ya te dije que no eras ninguna molestia.
Dana la miró directamente a los ojos, la luz de la luna la hacía ver que los ojos
azules que tanto la gustaban eran mas brillantes. La rubia le agradeció aquellas palabras
con una sonrisa, Sabrina le sonrió también. Dana volvió a acomodarse y se quedó mirando
la luna y las estrellas. Sabrina estaba algo mas pensativa, apoyó su mejilla en la
cabeza rubia y pensó en todos los nuevos sentimientos que Dana la estaba haciendo
sentir.
Era la una de la mañana cuando Dana y Sabrina entraron en casa, todas las luces estaban
apagadas y no se oía nada.
- Será mejor que no hagamos ruido, deben de estar durmiendo - dijo Dana.
- Si, vamos.
Las dos subieron las escaleras, Sabrina llegó hasta su habitación tanteando hasta
encontrar el picaporte de la puerta, la abrió y encendió la luz, se giró para ver si la
rubia había llegado a su cuarto. Sabrina se sorprendió al ver a la rubia detrás de ella,
Dana la miró a los ojos y vio la sorpresa en ellos.
- Vas a dormir conmigo? - preguntó la morena.
- Qué?!, no!
- Entonces por qué estas en mi cuarto?
- Porque... pues porque no veía y estaba esperando a que tu encendieras la luz de tu
cuarto.
- Eso no explica que estés en mi cuarto, podrías haber esperado en el pasillo no?
- Tanto te molesta que este en tu habitación?
- A mi?, no.
- Entonces por qué te pones así?
- Así cómo?
- Pues así, tan preguntona - dijo perdiendo ya la paciencia.
- Qué quieres decir? - preguntó con total seriedad Sabrina.
- Quiero decir que...
Dana se pudo dar cuenta de que Sabrina se estaba aguantando la risa, le estaba tomando
el pelo, al borde de la desesperación decidió irse.
- Eres una... dios!, buenas noches! - dijo algo irritada.
Sabrina la mirada por detrás riéndose libremente. Dana caminaba con paso firme hacia su
habitación, justo cuando iba a entrar Sabrina agarró su mano y la hizo girarse. Dana
cambio su cara de enfado por la de sorpresa, la morena se inclinó y la dió un beso en
la frente.
- Buenas noches.
Sin decir más la morena se metió en su habitación. Dana aun no reaccionaba, se apoyó en
su puerta notando como los colores de sus mejillas aumentaba cada vez mas. Sabrina la
estaba confundiendo mucho, primero su amabilidad en el árbol, luego su burla y ahora
esto, no entendía nada, con un lío en su cabeza y en su corazón se metió en su
habitación.
Una rubia perezosa escondió la cabeza bajo las mantas al oír los golpes en su puerta.
- Dana cariño, date prisa o llegarás tarde al instituto.
- Hoy no tengo ganas de ir mamá - respondió la rubia.
- Venga no seas perezosa, levántate ya.
Natalia bajó las escaleras y se fue a la cocina donde estaba desayunando Sabrina.
- Buenos días Sabrina - dijo con una sonrisa.
- Buenos días Natalia.
- Oye, podrías hacerme un favor?
- Claro.
- Mira yo tengo que irme ya, Dana dice que hoy no quiere ir a clases, podrías ir a ver
si a ti te hace caso?
- Claro, ahora voy.
- Muchas gracias cariño, bueno me voy ya, hasta luego!
- Hasta luego!
Una vez Natalia salió de la casa, Sabrina se levantó a hacer el favor que Natalia le
había pedido.
Llamó a la puerta de la rubia.
- Dana vamos, tenemos que ir a clases.
- Ya he dicho que no tengo ganas - dijo la rubia.
- Si no te levantas entraré a buscarte, y créeme, no quieras que lo haga.
- Nadie entra en mi habitación sin permiso - gritó algo irritada la rubia.
Dana aun estaba con la cabeza debajo de las mantas, escuchó como su puerta se abría de
golpe y alguien le arrancaba todas las mantas. Dana quedó desprotegida del frío de la
mañana.
- Pero quién demonios te crees que eres para entrar asi en mi habitación?! - preguntó
enfadada.
Sabrina se acercó tanto a su rostro que casi podían rozarse, con uno de sus largos
dedos tocó la frente de la rubia y le dijo.
- Te espero cinco minutos.
Dana no dijo nada, se quedó intimidada por la mirada de la morena. Cuando se quiso dar
cuenta Sabrina ya no estaba en su habitación. Sin pensarlo se levantó de la cama y se
vistió lo mas rápido posible.
Sabrina y Dana caminaban silenciosamente hacia el instituto, los ojitos verdes de vez
en cuando miraban a la alta morena que miraba al frente. La voz de Omar llamó la
atención de Dana.
- Dana! - venía corriendo desde atrás.
- Hola Omar.
Omar miró a la morena sin decirle nada, Sabrina ni siquiera lo miró.
- Dana quieres acompañarme después de clase a recoger las sudaderas para el equipo de
tenis?
- Claro!, ya las han terminado?
- Si, y me dijeron que tenia que ir hoy a por ellas.
- Vale, pues luego vamos - dijo con una sonrisa.
Sabrina seguía al lado de la rubia que charlaba con su amigo animadamente. La morena
les miraba de reojo de vez en cuando hasta que una voz muy familiar la llamó. Sabrina
se giró para recibir a la persona que la había llamado.
La chica que se acercaba corriendo a Sabrina era igual de alta que ella, con una larga
melena pelirroja. Llevaba una minifalda que dejaba ver sus largas piernas y una blusa
bastante escotada.
Dana se giró para mirarla, Omar también se paró y la miró. La pelirroja se lanzó a los
brazos de la morena.
- Sabrina!, cuánto tiempo - dijo a pocos centímetros de su cara.
- Devora... Si, ha pasado mucho tiempo - la morena tenía una sonrisa de medio lado.
- Veo que sigues igual de preciosa - acarició con su mano la cara de Sabrina.
Dana estaba que explotaba, se estaba poniendo roja de la furia, Omar la miró y lo notó.
- Qué haces aquí? - preguntó la morena.
- Me enteré de que estudiabas aquí y quise hacerte una visita.
- Te lo agradezco.
La pelirroja miró al lado de la morena y vió a la pequeña rubia y al chico que la
estaban mirando.
- Son amigos tuyos? - preguntó la chica.
- Si, ella es Dana y el es amigo de ella.
Devora soltó a la morena y se acercó hasta la rubia, le dió un beso en la mejilla y la
sonrió.
- Encantada Dana, tienes unos ojos preciosos.
- Gracias - dijo con total seriedad.
Devora volvió junto a la morena y la rodeó por el cuello con sus brazos.
- Qué te parece si... nos tomamos el día libre y recordamos los viejos tiempos? -
preguntó muy seductora.
- Tengo que ir a clases Devora, tal vez otro día.
- Venga cariño, solo por hoy.
Dana no pudo aguantarse más, se acercó hasta ellas y con voz firme y con total seriedad
la dijo.
- Oye ya te ha dicho que tiene clases, no seas tan pesada mona! - dijo con irritación.
- Y tu quién te crees que eres pitufina? - dijo burlona.
Sabrina se estaba aguantando la risa, la encantaba ver a Dana enfadada y mas si la
estaba defendiendo a ella.
Devora la encaró.
- No vuelvas a llamarme así so jirafa!
- Maldita enana!, Sabrina! Acaso esta pequeñaja irritante es tu novia?
- Qué has dicho?! - dijo la rubia ya perdiendo los nervios.
- No, no es mi novia. Digamos que es como mi hermana - aclaró la morena.
- A si? - dijo con una sonrisa - las niñas pequeñas no deben meterse en los asuntos de
los mayores.
Devora se apartó de Dana y se acercó hasta Sabrina, le dió un suave beso en los labios
(un pico).
- Ya nos veremos, hasta pronto - dijo la pelirroja con una sonrisa.
- Adiós Devora.
La morena la vió marcharse y después miró a la rubia que la estaba mirando fijamente.
Sabrina por un momento pudo ver odio en esos ojos verdes que tanto le gustaban. Sabrina
no quiso seguir viendo esa mirada, sin decir nada se fue hacia clases. Dana la vió
alejarse, su mirada era de tristeza y de enfado. No entendía por qué le había dolido
tanto ver aquel beso y ver que Sabrina no la defendiera. Sus ojos se humedecieron, hoy
no quería ir a clase, antes de que Omar la viera salió corriendo, quería estar sola,
quería pensar en el nuevo sentimiento que había crecido en ella.
Continuará...