Dana estaba en su cuarto haciendo los deberes que la habían mandado en clase. Era muy
buena estudiante, aparte de que le gustaba mucho escribir.
Dana vivía sola con su madre. Su padre las dejó cuando ella era muy pequeña, lo cierto
es que tampoco le importaba mucho, nunca mas volvió a saber de él.
Estaba concentrada en los deberes cuando escuchó la voz de su madre que la llamaba
desde abajo.
- Dana!, es hora de merendar!
- Ya voy mamá!
Dana bajó a merendar. Cada vez que oía la palabra comida su cara era de pura felicidad,
le encantaba la comida.
Bajó corriendo las escaleras y se sentó en la mesa. Allí estaba su madre esperándola
con una gran merienda.
- Vaya!, vamos a celebrar algo? - preguntó divertida Dana.
- Lo cierto es que si hija.
Dana se quedó extrañada por lo que acababa de decir su madre. Decidió dejar de comer un
momento para prestarle toda su atención a su madre.
- De qué se trata mamá?
- Recuerdas que hace tiempo te dije que había conocido a un hombre muy amable y que me
gustaba mucho?
- Si, lo recuerdo.
- Pues hemos estado saliendo desde entonces y... poco a poco nos hemos enamorado hasta
un punto... en el que no podemos estar un solo minutos separados.
A Dana esto le pilló de improviso. Ella no quería a ningún padre que le manejara la
vida. Ella ya tenía sus costumbres y no quería que nada de eso cambiara. También quería
que su madre fuera feliz y si para ello tiene que ir a vivir con él lo haría.
- Me alegro mucho mamá.
- De verdad?
- Claro que si!, si eso te hace feliz.
- Pero también quiero que te haga feliz a ti.
- No te preocupes mamá, tienes mi apoyo.
Dana estaba algo arrepentida por ser tan falsa. En verdad quería lo mejor para su madre,
pero su vida estaba perfecta tal y como estaba ahora y no quería cambiarla.
- Muchas gracias Dana, no sabes lo que significa para mi.
- Lo se, tranquila.
- Hija, mañana hemos quedado para cenar en un restaurante, quiero que vengas conmigo y lo
conozcas, además tenemos algo que decirte.
Dana no sabía que querrían decirle, pero miedo le daba.
- Esta bien mamá, ahí estaré.
Al día siguiente Dana estaba en el patio con su mejor amiga. Estaba frustrada por tener
que ir hoy a esa cena.
- Venga, venga, que no es para tanto.
- Tu no lo entiendes Ibón!, no quiero que haya cambios en mi vida.
- Siempre te has quejado de que tu vida es muy aburrida, a lo mejor esto te da mas
emoción.
Dana se la quedó mirando como diciendo... "esta se ha fumado un porro y se ha quedado
mas ancha que pancha."
- Vale mujer, no me mires asi... y no puedes poner alguna excusa?
- Qué va!, ya le dije a mi madre que iría.
- Pues amiga, mucha suerte - dijo riendo Ibón.
- Anda vamos, tenemos que volver a clase.
Justo en ese momento Omar el mejor amigo de Dana se puso a su lado.
- Hola chicas!, de qué habláis?
- De nada en especial - dijo Dana - venga vámonos.
Los tres se pusieron de camino a clase.
El día pasó rápido para la desgracia de Dana.
Dana y su madre Natalia ya estaban en el restaurante. Dana se había puesto muy guapa.
Llevaba una camisa de botones blanca de media manga y una falda corta. Sus ojos verdes
resaltaban mas con su corte de pelo.
- Hija estás nerviosa?
- No mamá, por qué iba a estarlo? - lo cierto es que estaba como un flan.
- Pareces nerviosa, estáte tranquila hija, Germán no vendrá solo.
- Quién mas va a venir?
- Vaya, no te lo había dicho?, tiene una hija, es mas o menos de tu edad.
- Ah, no me lo habías dicho... - bien!, una hija que estará pasando por lo mismo
que yo, al menos tendré una aliada pensó Dana.
- Mira, hay esta Germán.
El hombre se acercó hasta la mesa. Era una hombre muy guapo, tenía un buen físico. Era
moreno con los ojos negros.
- Buenas noches a las dos, espero no haberos echo esperar mucho - se disculpaba el
hombre a la vez que las saludaba con una beso en la mejilla a cada una.
- Buenas noches cariño.
- Hola... - dijo Dana.
- Oye Germán y Sabrina?
- Enseguida vendrá, es que hoy salía algo mas tarde de la escuela.
- Ah!, estupendo - dijo Natalia.
- Asi que tu eres Dana, tu madre me dijo que eras muy guapa, no se a equivocado nada -
le dijo con una sonrisa.
- Gra... gracias... - le respondió Dana sonrojada.
- Mira hay viene Sabrina.
Dana alzó la vista para ver a la tal Sabrina. Dana se puso como un tomate cuando vió a
Sabrina. Era una chica muy alta, morena y con unos ojos azules que quitaban el sentido.
Sabrina se acercó hasta la mesa.
- Perdón por el retraso - dijo con una sonrisa.
- No pasa nada Sabrina, mira ésta es mi hija Dana.
Sabrina miró a la pequeña rubia que cuando escuchó su nombre levantó su cabeza para
perderse en ese azul frío. Sabrina borró la sonrisa de su cara al ver la belleza de
Dana. Se había quedado atontada con esos ojos. Tras mirarse unos instantes la morena
pudo reaccionar. Volvió a sonreír y miró directamente a Dana.
- Muy buenas noches Dana, encantada de conocerte.
- Bu... bu... buenas noches...
Enseguida Dana apartó la vista y se tapó la cara con las manos al darse cuenta de que
cada vez estaba mas roja, sus pensamientos empezaron a invadirla.
"Qué guapa!, dios y qué sonrisa!, tengo que hacer algo para que se me bajen estos
colores, se me va a notar mucho... pero... una cosa, desde cuando me fijo yo en las
mujeres?, nunca antes me había pasado... pero es que sabrina es tan guapa..."
Sus pensamientos se vieron interrumpidos con la voz de Germán.
- Bien, ahora que estamos todos Natalia y yo tenemos algo que deciros...
Sabrina y Dana prestaron atención a sus padres, aunque no toda, ambas tenían a alguien
al lado que les robaba la atención por completo. Germán siguió hablando.
- Natalia y yo hemos decidido casarnos...
- QUÉ?????????????????? - preguntó Dana.
- Hija qué te pasa?, no hemos dicho nada raro.
- Pero mamá!, cómo que vais a casaros? - dijo poniéndose de pie - y qué pasa con
nosotras que sufrimos con vuestra decisión egoísta?
- A mi me da igual - dijo Sabrina.
Dana la miró muy sorprendida, vió que la morena estaba comiendo un trozo de pan, ella
parecía estar de lo mas tranquila.
- Te da igual que tu padre se case?
- Pues si, si es lo que el quiere...
- Hija no tienes que preocuparte por nada, Germán y yo ya lo hemos pensado todo. Vamos
a comprar una casa para los cuatro - dijo muy contenta Natalia.
Dana se quedó paralizada al oír eso, tenía que compartir casa con dos completos
extraños. Dana tenía muy claro que no quería cambios en su vida y esto era un cambio
demasiado grande y no estaba dispuesta a permitirlo.
- Pues yo no estoy de acuerdo! - dijo la rubia golpeando la mesa.
- Hija...
Dana pudo ver la cara de desilusión de su madre. Germán la abrazaba para consolarla.
Dana no quería hacer daño a su madre y sabía que con su actitud lo estaba haciendo. Se
lo pensó durante unos instantes, antes de tomar una decisión volvió a mirar a Sabrina
que estaba comiendo tranquilamente. La morena sintió su mirada y sin mirarla le dijo.
- Será mejor que lo dejes...
Dana se la quedó mirando fijamente, la morena ni siquiera la miró, siguió comiendo
tranquilamente. Dana volvió a mirar a su madre, luego a la morena y por fin cedió.
- Esta bien, tenéis mi apoyo.
- Muchas gracias hija, no sabes lo feliz que me haces.
Natalia se acercó y abrazo a su hija.
Dana no sabía por qu´´e había aceptado, si por hacer feliz a su madre o por que la idea
de compartir casa con Sabrina la encantaba.
Los días pasaron, Dana, Sabrina, Natalia y Germán ya estaba viviendo juntos. Aun tenían
que organizar los muebles. Dana estaba subiendo sus cajas a la que era su nueva
habitación, estaba al lado de la de Sabrina. Cuando iba distraída en sus pensamientos
no se fijó en que había una caja en el suelo y se tropezó con ella.
- Maldita caja!, de quién demonios será.
- Es mía.
La voz de Sabrina la sobresaltó. Acababa de salir de su habitación. Sabrina se acercó
hasta ella, se arrodilló a su lado y se quedó a pocos centímetros de su cara. La morena
la estaba mirando fijamente, pudo ver la cara de confusión de la rubia. Tras unos
instantes Sabrina comenzó a reírse, cogió su caja y se iba para su cuarto.
- Se puede saber de qué te ríes? - preguntó enfadada y sonrojada.
- De nada que te importe - dijo son mirar atrás.
- Sabes?, tu aspecto exterior no pega con lo borde que eres!
Sabrina se paró al oír lo que acababa de decir la rubia, se giró y volvió a
arrodillarse y a acercarse hasta quedar a pocos centímetros de ella.
- Sin embargo tu no tienes ese problema, eres borde por dentro y por fuera.
Sabrina se levantó y se fue a su habitación, antes de que cerrara la puerta Dana la
gritó.
- Eres odiosa!
El sonido de la puerta entró por sus oídos, se levantó con su caja y pisando fuerte se
metió en su cuarto. Se arrodilló en el suelo para sacar las cosas de su caja. Se fijó
en su interior y en ella pudo ver un álbun de fotos que no conocía.
- Vaya, esto debe ser de Sabrina, seguramente se le haya caído en mi caja.
Dana lo cogió y se puso de pie. Justo en ese instante una foto que estaba suelta caía
de él. Dana se agachó y la cogió. Sus cara de sorpresa daba paso a la imagen de la foto.
Una chica muy guapa estaba abrazando a Sabrina, el abrazo indicaba que no solo eran
amigas, al menos eso pensó la rubia. Dana sonrío al mirar a Sabrina, estaba preciosa.
No sabía por qué pero le disgustaba ver como aquella chica la abrazaba de aquella
manera. Se guardó la foto en el cajón y fue a darle el albun a la morena.
Entró sin llamar a la puerta, Sabrina se vió sorprendida cuando la rubia ingresaba en su
habitación y ella estaba en sujetador.
- Ups!, perdona - dijo muy sonrojada Dana a la vez que cerraba la puerta.
Sabrina acabó de cambiarse y salió haber que quería Dana.
- Si no te importa, llama antes de entrar en mi habitación.
- Lo siento, no me di cuenta.
- Qué querías?
- Darte esto, se te ha debido de caer en mi caja - le extendió el álbun.
Sabrina lo cogió y cerró la puerta. Dana cada vez estaba mas furiosa. Vivir con Sabrina
la alteraba demasiado, era insoportable. Antes de irse dijo en voz baja.
- Será borde la tía... es una...
En ese momento la puerta se abrió y una cabeza morena se asomó por ella. Dana miró
sobresaltada a Sabrina que la miraba.
- Gracias.
Sabrina volvió a cerrar la puerta dejando a una Dana totalmente desconcertada, tenía
algo asi como esta cara... ( ._.U ), no entendía a la morena. Se metió en su cuarto y
siguió ordenando su habitación.
Dana y Ibón iban caminando para entrar a clase.
- Bueno y qué tal con tu nueva familia?
- No tengo palabras para mostrarte la frustración que siento.
- Jajaja, oye y el nuevo novio de tu madre no tiene ningún hijo?
- No, tiene una hija.
- Qué edad tiene?
- La misma que nosotras y es la tía mas borde que te puedes echar a la cara.
Dana sintió un golpe en su cabeza, se giró para ver quién se lo había dado.
- Pero que...
- Hablabas de mi? - preguntó Sabrina que se había unido a ellas.
- Sabrina!, se puede saber que haces tu aquí?
- Ahora tendrás que aguantarme también en clase, tu madre me dijo que este instituto
era bueno y además esta mas cerca de casa - dijo la morena con una sonrisa.
- Por qué no me habías dicho que ibas a venir aquí? - preguntó alzando la voz.
- Porque eres una histérica.
- Te voy a...
- Sabrina!, hola yo soy Ibón, Dana me ha hablado mucho de ti - dijo con una sonrisa.
- A si?, vaya, pues encantada Ibón.
- Dana! - una voz masculina la llamó desde atrás.
- Ah!, hola Omar.
- Qué tal estas Dana?
- Pues estaba bien hasta hace un momento.
- Un momento? - preguntó el chico extrañado.
- Si, estaba bien hasta el momento que apareciste tu - dijo Sabrina sin mirarlo y con
tono juguetón.
Omar no la había visto hasta ahora, la miró y vió que era una chica muy guapa, pero no
le caía muy bien. Dana miró a la morena y vió la sonrisa victoriosa de ésta.
- Oye Dana quieres que vayamos a...
- Lo siento mucho Omar, Dana va a enseñarme el instituto, nos vemos en clase.
Sabrina guiñó un ojo a Omar y rodeó con su brazo a la rubia por encima de los hombros
llevándosela con ella. Dana iba jurando en arameo, no le hacía ninguna gracia tener que
enseñarle el instituto a Sabrina.
Ibón se estaba riendo, Omar se la quedó mirando con cara de fastidio.
- Y esa quién es?
- Se llama Sabrina, es nueva, al parecer Ella y Dana viven juntas, son algo asi como
hermanas... eso creo - dijo no muy segura.
- Hermanas? - dijo muy extrañado Omar.
- Si, no, no se, pregúntale a Dana.
Dana y Sabrina ahora estaban en la biblioteca del Instituto.
- Este sitio esta muy bien - dijo la morena mirándola.
- Es mi lugar favorito, me encanta venir aquí.
- Por qué?
- Porque me encantan los libros, me dan... seguridad.
- Mmm...
- Qué?
- Tienes cara de empollona, jajajaja.
- Intento ser amable contigo, pero tu no dejas de fastidiarme!, tienes algo contra mi? -
preguntó enfadada.
- No, no tengo nada contra ti.
- Entonces?
- Anda!, que tarde es, nos vemos en clase!
Sabrina le guiñó un ojo y salió corriendo. Dana no sabía si correr detrás de ella o
directamente tirarle un libro. Dana sabia que lo único que hacía era picarla, siempre
trataba de molestarla y no sabia por qué, a pesar de que la fastidiaba en el fondo le
gustaba.
Al entrar en clase vio que toda la clase estaba alborotada, estaban alrededor de una
mesa. La rubia se acercó para ver que pasaba, alrededor de toda esa gente estaba su
nueva "hermana", con cara de fastidio se sentó en su pupitre que estaba justo al lado,
desde hay podía oír los comentarios.
- Has visto que chica mas guapa?
- Desde luego!, tiene unos ojazos que enamoran a cualquiera.
- Yo por ella me haría lesbiana, como esta...
Dana se sorprendió mucho al oír esos comentarios, pero en especial el que hizo su
última compañera. Siguió escuchando lo que le estaban preguntando a la morena.
- Oye guapa, si quieres te dejo los cuadernos para que te pongas al días - dijo uno
de los chicos.
- Te lo agradezco pero no hace falta - contestó sonriente la morena.
- Sabrina te gustaría que te acompañara a casa?
- Lo siento pero ya tengo compañía.
- Y dónde vives preciosa?
- Vivo con ella - dijo señalando a la rubia.
- QUÉ???????????? - preguntó toda la clase.
Dana se puso roja como un tomate cuando toda la clase se giró para mirarla, enseguida
la rodearon a ella y empezaron a hacerle un montón de preguntas, como, qué tal se
vivía con la morena?, si vivían solas, si compartían habitación y cosas asi. Dana se
esta volviendo loca, entre toda la gente encontró un hueco para mirar a Sabrina que le
sonreía a la vez que la saludaba con la mano. Dana se levantó y pasó olímpicamente de
todos sus compañeros, apoyó sus manos en la mesa de la morena y acercó su rostro a
escasos centímetros de la morena.
- Tu no me conoces, no quieras verme enfadada, asi que deja de fastidiarme o te
arrepentirás entendido?
Sabrina no perdió su sonrisa ni un instante, al contrarío, sonrío todo lo que pudo.
- Sabes que cuando te enfadas estas preciosa? - dijo sensualmente la morena.
- Qué?!
Enseguida Dana se echo para atrás toda sonrojada, la morena se reía entre dientes.
- Se puede saber de qué te ríes? - preguntó la rubia tapándose la cara con las manos.
- Sabes?, no me había dado cuenta hasta ahora, pero eres de lo mas graciosa.
- Graciosa?, verás lo graciosa que soy!
Sabrina vio su cara girada de una bofetada que le dio la rubia. Dana se marchó corriendo
de allí entre lágrimas, la morena pensaba que no había sido para tanto, pero aun asi
tendría que disculparse. Le dolió ver a la rubia llorar. Frotó su mejilla con una de
sus manos.
- Pegas fuerte... eso me gusta - dijo con sonrisa de medio lado.
Continuará...