El camión de bomberos se paró en un descampado, de el bajaron Edel, Laura y Emilio, los
tres siguieron andando hasta donde les guió la morena. En el descampado había un coche
viejo, se veía que estaba roto.
- Bien Emilio, hoy vas a apagar las primeras llamas.
- Bien!!! - dijo el niño.
- Es peligroso? - preguntó algo preocupada la rubia.
- No, tranquila, es un fuego controlado - dijo con una sonrisa la morena.
Edel se acercó al coche, echó gasolina y le prendió fuego. Inmediatamente el coche fue
envuelto en llamas. Eso intimidó un poco al pequeño. La morena se giró y se acercó hasta
donde estaban los dos.
- Ponte la máscara.
- Si! - el niño hizo caso.
- Ten, a mi no me hace falta - la morena le extendió la suya a la rubia para que no
tragase humo.
- Gracias - la rubia se la puso.
- Emilio, atento a lo que te voy a decir - el pequeño asintió.
La morena marcó una raya con un palo a cierta distancia del coche.
- Emilio, cuando te enfrentas a un caso como este o a otro parecido, recuerda que
siempre tienes que mantener una distancia de ti y el fuego - explicó la morena - bien
ahora te enseñaré como coger la manguera.
La morena fue a por ella, estiró de ella lo que creo necesario y se puso al lado del
pequeño.
- Bien, cógela de aquí.
- Así?
- Si, muy bien, ahora tienes que agarrarla con el brazo también, ponla en tu costado y
presiona con tu brazo.
- Ya esta.
- Perfecto, una vez la tengas bien cogida, tuerces hacia abajo esta llave de aquí, una
vez la tuerzas saldrá el agua, con esta rueda de aquí podrás controlar a la presión que
quieres que salga.
- Bien!
- Listo?
- Si!
- Pues vamos allá.
Despacio Emilio fue moviendo la llave, el agua comenzó a salir.
- Emilio nunca apuntes al agua directamente, eleva la manguera para que el agua caiga
desde arriba, como si estuviera lloviendo.
- Si Capitán!
El niño hizo caso a lo que la morena le indicaba, el agua comenzó a caer desde arriba,
parecía que el fuego no se apagaba nunca, pero en verdad lo que la morena le mandó
hacer fue controlar el fuego.
- Muy bien, ahora aumenta la presión del agua.
- Si!
El pequeño hizo lo que la morena le mandó, aumentó la presión y el agua comenzó a salir
con mas fuerza, a Emilio le costaba mucho mas controlar la manguera, parecía que estaba
perdiendo el control, pero antes de que eso pasara la morena se puso detrás y agarró la
manguera ayudando al pequeño. No tardaron mas de cinco minutos en apagar el fuego. Del
coche ya solo salía el humo, ya no había llamas.
- Muy bien, una vez se apague el fuero, para tener la seguridad de que no volverá a
prenderse lo que haremos ahora será rociarlo con espuma - dijo la morena.
- Espuma? - preguntó sorprendido.
- Si, nunca la has visto?
- No!, quiero verla!!!!!
- Jajaja, muy bien, vamos ahí.
La morena sacó una manguera mucho mas ancha que la anterior, esta había que sujetarla
como mínimo con dos personas. Emilio y Edel ya tenían sujeta la manguera.
- A mi señal bombero.
- Si Capitán!
- Ahora!
Emilio abrió la llave y la espuma comenzó a salir como si fueran nubes, Emilio estaba
fascinado al ver tanta espuma junta.
- Es fantástico!!!!!, has visto tía!
- Jajaja, si cariño - dijo la rubia muy sonriente.
Una vez pringaron bien el coche con la espuma la apagaron.
- Muy bien bombero, acaba usted de apagar su primer incendio - dijo guiñándole un ojo
al pequeño.
- Tía!,tía!, lo has visto????!!!!!, mi primer incendio, soy un bombero!!!!
- Ven aquí campeón - dijo la rubia extendiendo sus brazos - has estado sensacional!
Emilio corrió hasta ella y se dieron un fuerte abrazo. Edel los miraba muy sonrientes.
Se les veía tan unidos, tan felices... por un momento la morena pensó en lo feliz que
sería si tuviera una familia así. Emilio salió corriendo para donde estaba la morena
que lo recibió con los brazos abiertos.
- Qué tal tu primer incendio bombero?
- Muy bien!!!!, muchas gracias Edel - el niño la dió un beso en la mejilla - Edel
verdad que siempre te quedarás con nosotros?
Como deseaba decirle que si por ella fuera se quedaría esta vida y las mil siguientes,
no había nada que deseara tanto como estar con ellos. Por una vez se planteo muy enserio
dejar de ser bombero, ahora había encontrado a dos personas a las que quería con toda
su alma y no quería separarse de ellas, no quería arriesgar su vida, pero tampoco podía
romper la promesa que un día hizo.
Abrazó al pequeño fuerte y le susurró...
- Si Emilio... siempre.
Pasó una semana desde aquel día. Edel estaba en su casa preparando la cena, ya que
Laura y Emilio vendrían a cenar y quien sabe... tal vez se queden a dormir. Edel
preparaba la comida tranquilamente cuando sonó su móvil.
- Si?
- Edel soy Carlos.
- Dime Carlos, qué pasa?
- Tenemos un aviso.
- Lo siento Carlos, pero hoy es mi día libre.
- Antes no faltabas a ningún aviso, aun que fuera en tu día libre.
- Lo se, pero ahora suelo quedar con alguien.
- Vaya... y quién es el afortunado?
- Afortunado ninguno.
- Entonces?
- Te acuerdas de el niño que salvé en aquel incendio?
- Si.
- Pues la tía del niño y yo nos hemos hecho muy buenas amigas.
- Esa rubita tan guapa?
- Esa misma.
- Vaya, me alegro mucho, ya era hora de que alguien te derritiera ese corazón de hielo.
- Muy gracioso, bueno te dejo, ten mucho cuidado me oyes?, después de mi recuerda que
tu estas al mando.
- Lo se Capitán! - dijo riendo - que pase usted una excelente noche.
- Lo haré, hasta luego - dijo contenta la morena.
- Hasta luego.
La morena colgó y siguió haciendo la cena.
El timbre sonó cuando la morena acababa de colocar todas las cosas. Fue a abrir la
puerta con una gran sonrisa sabiendo bien a quienes se encontraría al abrirla.
- Buenas noches - dijo la una rubia increíblemente preciosa.
- Bu... bu... buenas noches.
La morena no cabía en su asombro, Laura había venido totalmente con la intención de
volverla loca. La rubia venía con una minifalda negra y una camisa corta de tirantes
que dejaba ver su ombligo.
Según los pensamientos de la rubia lo de Edel tenía mas crimen. Llevaba puestos unos
pantalones negros de cuero, con unas botas haciendo juego, un top negro con una camisa
blanca desabrochada.
- Dios... - susurró la rubia.
- Decías algo? - preguntó la morena sorprendida.
- No, no, que va yo...
- A dicho Dios - dijo Emilio muy sonriente.
- Esto...
Edel vió lo mal que lo estaba pasando la rubia y decidió quitarle hierro al asunto.
- Anda pasad, no os quedéis ahí - dijo la morena.
Emilio pasó por su lado y puso la cara para que la morena le diera un beso.
- Jajaja, eres un cara dura - dijo muy divertida a la vez que le daba el beso.
- Jajaja, mi tía quiere otro - el niño pasó de largo dejando a su tía con la boca
abierta.
Edel se la quedó mirando muy divertida, sus miradas se mezclaron, casi ya se habia
convertido en una costumbre, ninguna de las dos la apartó, se siguieron mirando hasta
que sus labios dibujaron sonrisas de felicidad.
- Este niño me las va a pagar - dijo la rubia bajando la cabeza.
- Jajaja, no te preocupes - la morena besó la suave piel de la rubia que dio un bote -
ups, perdona.
- No, no pasa nada, si me gusta.
- Te.. gusta? - preguntó con una sonrisa pícara.
- Pu... pues claro - por qué había dicho eso?, no lo sabía, pero tampoco le importaba,
era la verdad - ya que soy la invitada supongo que esta vez me toca a mi.
- El qué? - pregunto algo extrañada.
- Pues que estas preciosa.
- Aaahh....
Por primera vez la rubia vió a Edel sonrojarse, era mas encantadora aun cuando parecía
mas tímida.
- Muchas gracias, tu también lo estas.
- Gracias.
Los tres se encontraban en el salón, ya habían comido y ahora estaba en unos cómodos
sofás.
- Tienes una casa muy bonita - dijo la rubia.
- Gracias.
- Emilio ten cuidado con lo que toques, no rompas nada.
- Claro que no tía.
- Jajaja - rió la morena - bueno supongo que esta noche os quedaréis a dormir verdad?
- Siiiiiiiiiiii!!!!!!! - gritó el pequeño.
- No queremos molestar, de verdad te lo agradezco.
- Ya sabes que no sois ninguna molestia, por mi encantada - dijo con una gran sonrisa.
- Muy bien, pues entonces nos quedaremos.
- Perfecto - Emilio quieres ver alguna película, las tengo de dibujos.
- Si!!
- Muy bien, ven conmigo.
La morena lo llevó a una habitación, en ella había una cama, un sofá, una tele, un
video y una gran estantería con montones de películas. La morena le puso una el pequeño
se quedó viéndola tranquilamente.
Laura estaba sola en el salón esperando a que volviera la morena, se levantó y se puso
a mirar los marcos de las fotos. Casi todas eran suyas con Carlos, parecían ser muy
buenos amigos. En ese instante la morena apareció en el salón. La rubia se giró y le
sonrió, la morena se acercó hasta quedar enfrente de ella.
- Tu y tu amigo parecéis muy unidos.
- Si... Carlos era todo lo que tenía.
- Era?
- Si, por que ahora aparte de él os tengo a ti y a Emilio - dijo con brillo en los
ojos.
- Es verdad, nos tienes a nosotros y nosotros te tenemos a ti.
- Siempre...
Quien iba a decir que una simple mirada dijera tanto?, las dos miradas luchaban por
adentrarse en la otra. Los ojos azules fueron bajando por todo el rostro de Laura hasta
posarse en esos carnosos labios rosados. Laura tenía los labios entre abiertos. Edel ya
no podía contenerse mas, había deseado besar esos labios desde el primer momento en que
los vio. Despacio la morena se fue acercando a ella. Laura veía a la morena cada vez
mas cerca, los nervios se estaban apoderando de ella. De repente vió como Edel se
paraba, parecía algo dudosa, así que decidió ayudarla un poco, ahora quien se acercaba
era ella, la morena no lo dudo más, ambas se acercaron despacio, tal vez demasiado
despacio, tanta lentitud las estaba matando, pero ninguna de ellas quería ser brusca en
ese primer beso. Sus labios casi se rozaban cuando de repente sonó el móvil de la morena
haciendo que se apartara bruscamente. Laura hizo lo mismo, estaba algo aturdida, parte
de ella estaba furiosa por haber roto ese mágico momento, pero también estaba feliz por
que tenía la esperanza de que Edel la quisiera como ella la quiere.
- Si? - respondió algo malhumorada.
- Edel!
- Qué pasa David?
- Es Carlos!, se ha quedado atrapado en una casa!
- Qué?!, maldita sea entrad y buscarle!
- Ya lo hemos hecho, pero no le hemos conseguido encontrar!, Edel tienes que venir, tu
eres la única que puede salvarlo.
- Vale, vale!, tenéis el fuego controlado?
- Por poco, se nos esta descontrolando Edel.
- Enseguida voy!
La morena colgó muy agitada y miró a la rubia que la miraba con cara de preocupación.
- Edel pasa algo?
- Carlos se ha quedado atrapado en una casa y no lo encuentran.
- Dios...
- Laura tengo que ir inmediatamente allí, por favor quedaos aquí, yo vendré en cuanto
pueda vale?
- Claro.
La morena se disponía a irse cuando Laura la agarró del brazo, se acercó a ella y la dió
un beso en la mejilla.
- Por favor, ten cuidado...
- Lo tendre... - la morena acarició dulcemente la mejilla de la rubia y después salió
corriendo.
Laura vió como se iba, sus ojos tornaron a tristeza, estaba preocupada, tenía miedo y
un presentimiento, como si algo malo fuera a pasar...
Edel ya había llegado allí, David le había explicado todo, la morena se preparó para
entrar, una vez estuvo lista entró. La casa ardía como si de la cabeza de una cerilla
tratara. La casa era bastante grande y eso le llevaría mas tiempo de lo normal para
buscar a su amigo, un tiempo que no tenía. Buscó por cada rincón de la casa, solo le
quedaba una habitación de arriba, justo la que estaba bloqueada, no conseguía abrirla.
Entre patadas y embestidas lo consiguió, pero su hombro lo pagó. Esa habitación estaba
a punto de derrumbarse entera, una gran estantería estaba caída e impedía el paso, a
pesar del humo que había logro ver a Carlos al final de la habitación, parecía que se
había desmayado. La morena solo podía lograr llegar hasta el saltando y así lo hizo.
Saltó consiguiendo llegar hasta el, pero la caía no fue buena y se torció el tobillo,
un pequeño grito salió de su boca. Aguantando el dolor se acercó para ver como estaba
Carlos, parecía que había tragado mucho humo, no llevaba la mascara puesta y por eso se
había desmayado. Edel miró a su alrededor buscando una salida, sabía que no podía
volver por donde había entrado. Su mirada se tornó en la única ventana de la habitación,
estaba rodeada de fuego pero era la única salida. Un último esfuerzo, un valor
inalcanzable, un lo siento, una única esperanza y invadida por la oscuridad.
Ya era mas de medianoche cuando Laura daba vueltas por la casa de la morena. No había
noticias de ella. Emilio se había quedado dormido en la habitación que Edel le dejo.
Laura no aguantó mas la espera y decidió llamar al cuartel de los bomberos.
- Buenas noches, verá es que quería saber si podían decirme algo de la capitana Edel.
- Quién lo pregunta?
- Me llamo Laura, había quedado con ella cuando recibió un aviso y desde entonces no
se nada de ella.
- La capitana esta ingresada en el hospital, si quiere puede ir a visitarla.
- Dios... pero... pero esta bien?
- Lo siento señorita, yo no lo se, no estuve con ellos.
- Muy bien, muchas gracias!
Laura colgó rápidamente el teléfono y fue a despertar a Emilio. Una vez le explicó lo
ocurrido los dos salieron a toda prisa al hospital.
Laura y Emilio acababan de entrar en el hospital. Fueron a recepción y preguntaron por
Edel, cuando le dijeron la habitación ambos fueron hacia ella. Justo cuando llegaron a
la puerta una enfermera salía de la habitación.
- Perdone, vengo a ver a Edel - dijo la rubia.
- Mmm, no se si será buena idea señorita, la señorita Edel necesita descanso.
- Por favor... - rogó la joven angustiada - no molestaré, solo quiero verla.
- Bueno... pero el pequeño se quedará conmigo.
- Esta bien.
- Jo! - protestó el niño.
- Emilio ahora vengo.
- Tia dile a Edel que la quiero mucho!! Y que se ponga bien pronto.
- Claro... - la rubia le sonrió.
Despacio Laura abrió la puerta. Una vele luz iluminaba la habitación. Los aparatos
conectados al cuerpo de Edel me hicieron oír el latido de su corazón, era lento y
pausado. Se acercó hasta la cama para ver a la mujer que la había robado el corazón y
que ahora hacia que su alma gritara al verla en ese estado.
Edel tenía la cara llena de cortes, un brazo vendado. Un tubo entraba por su boca, lo
cierto es que parecía muy incómodo. Los ojos húmedos de Laura se posaron en el rostro
dañado de Edel. Con su mano acarició la de la morena, despacio la levantó y pegó sus
labios en ella. Sin dejar de besar su mano unas lágrimas rodaron por sus mejillas.
- Por favor Edel... no me dejes ahora que he encontrado algo por lo que vale la pena
vivir, no soportaría estar sin ti...
Laura no pudo seguir hablando, el dolor y la angustia pudo con ella. Limpiando sus
lágrimas se acercó hasta el dañado rostro de la morena y depositó un suave beso muy
cerca de los labios y salió de la habitación.
Habían pasado dos días desde entonces. Laura había ido todos los días al hospital para
ver a Edel, pero la morena no había despertado aun. Hoy estaba Laura sentada al lado de
la cama, tenía agarrada la mamo de la morena y su cabeza apoyada en el colchón, se había
quedado dormida.
Unos ojos azules se fueron abriendo muy despacio, al notar la luz los cerró de golpe,
le dolían mucho. Poco a pocos los fue abriendo hasta que se acostumbraron a la luz.
Tenía el cuerpo bastante dolorido, apenas podía moverse. Notó que algo agarraba su mano,
miró hacia un lado y vió a un rubia profundamente dormida, con una sonrisa apretó con
sus pocas fuerzas la mano de la rubia.
Laura se despertó al notar un leve apretón en su mano, levantó despacio la cabeza y sus
ojos se encontraron con los ojos mas preciosos de su vida. Por fin pudo adentrarse en
los ojos azules que tanto había extrañado. Los ojos azules la miraron llenos de
agradecimientos, Laura no pudo evitar llorar, las lágrimas caían por sus mejillas. Edel
estiró su mano y la apoyó en la mejilla de la rubia.
- Sshh, no... no llo... res - dijo con dificultad la morena.
- Edel... me tenias muy preocupada - Laura se apoyó en la mano de la morena y la
acarició con la suya.
- Lo... siento, no era mi... intención.
- Lo se, lo se, no tienes que disculparte. Qué tal te encuentras?
- Mejor... al saber que estas conmigo - Laura sonrió y le dio un suave beso en la
frente a la morena - gracias.
- Por qué?
- Por estar conmigo.
- No me lo tienes que agradecer... es un placer - las dos sonrieron.
- Qué tal esta Emilio?
- Deseando verte.
- Yo a el también, siento mucho haberos dejado el otro día yo...
- Sshh, era tu obligación.
- Si pero...
- Nada de peros - la rubia le selló los labios con un dedo - ahora tienes que
recuperarte, mas adelante volveremos a quedar los tres.
- Claro...
- Es tarde, tengo que irme ya - dijo algo triste la rubia.
- Volverás? - preguntó casi suplicante.
- Siempre... - Laura sonrió y se agachó para darle otro beso en la frente.
Había pasado una semana, Laura y Emilio habían ido todos los días a ver a Edel. La
morena se iba recuperando poco a poco. Emilio y Laura se estaban preparando para ir a
ver a Edel.
- Emilio estas listo?
- Si tía!
- Muy bien, pues vamos.
- Tía - el niño agarró del brazo a Laura.
- Qué pasa?
- Cuando le den el alta a Edel podría venir aquí y así la cuidamos.
- Es una buena idea, pero no se si Edel querrá.
- Yo la convenceré.
- Jajaja, muy bien, andando.
Nada mas llegar al hospital Laura habló con la enfermera y dejó a Emilio con ella
mientras ella iba a ver a Edel. Sus ojos se abrieron con sorpresa al encontrarse a la
morena de pie, apoyada en una mesa intentando mantener el equilibrio. Sus piernas
estaban temblando, por los gestos de su cara parecía estar haciendo un gran esfuerzo.
Laura se dió cuenta de que no iba a ser capaz de mantenerse de pie mucho más, justo
cuando vió que la morena iba a perder la batalla corrió hasta ella y puso su cuerpo
para amortiguar a la morena. Laura la tenía abrazada por la cintura y su barbilla
estaba apoyada en el hombro de Edel.
- Edel qué hacías de pie? - preguntó preocupada la rubia.
- Me canso de estar en la cama... quería andar un poco.
- Será mejor que vuelvas a la cama.
Laura ayudó a Edel a volver a la cama, una vez la tumbó, la arropó bien.
- Te encuentras mejor?
- Si, solo estoy algo cansada - la morena vió en la cara de Laura la falta de sueño -
tu pareces cansada.
- Es que... no duermo muy bien últimamente.
Edel apoyó su mano en la de Laura y la acarició suavemente. Sorprendida Laura miró la
mano de la morena y después levantó la cabeza para chocar con sus ojos. Esos ojos
azules intensos la estaba sonriendo, Laura le sonrió y giró su mano para agarrar la de
la morena.
- Emilio y yo habíamos pensado que... cuando te den el alta podrías venir a casa, así
habría alguien que cuidará de ti.
- Oh, yo... os lo agradezco de verdad pero... no quisiera crearos mas molestias.
- De eso nada, Emilio quiere que vengas, y... yo también.
Ambas se quedaron mirándose muy fijamente, era como si con aquella mirada quisieran
decírselo todo. Sus manos aun seguían unidas, ninguna parecía tener intención de
soltarla. El mágico momento se rompió en el instante que la puerta de la habitación se
abrió dando paso al pequeño Emilio. Ambas soltaron su agarre sin ganas.
- Ey! - dijo sonriente la morena.
- Edel!!!! - el pequeño se tiró a abrazarla - Edel qué tal estas? - preguntó una vez
se separó de la morena
- Estoy bien, aparte de que tengo buena compañía - miró a Laura y le guiñó un ojo.
- Gracias - le agradeció la rubia con una sonrisa.
- Edel vendrás a casa con nosotros? - preguntó entusiasmado el niño.
- Bueno yo...
- Di que siiiii!!!
- No tengo nada que hacer verdad? - preguntó la morena.
- Creo que no - dijo una sonriente rubia.
- Esta bien, estoy en vuestras manos.
Los tres sonrieron emocionados por lo que les esperaba. Cada uno tenía sus ideas en la
cabeza, cada uno tenía su ilusión.
Continuará...