Ya casi eran las ocho. Laura y Emilio ya lo tenían todo preparado. Ambos se habían
puesto muy guapos. Laura se había puesto unos pantalones vaqueros oscuros con una
camisa blanca abierta, debajo de ella llevaba un camisa de tirantes de color verde,
como sus ojos. Estaba echando una mirada a la comida cuando Emilio apareció en la
cocina.
- Woooo - dijo el pequeño - Tía estas que rompes!
- Jajaja, anda enano, tú si que estas que rompes - le guiñó un ojo - como es que te
has puesto tan guapo?
Emilio se había vestido todo trajeado, con corbata incluída. El pequeño agachó la
cabeza y se puso colorado.
- Aaahhh, ya entiendo - dijo la rubia aguantándose la risa.
- Es que...
- Haber, haber, que escondes ahí detrás? - preguntó la rubia.
Emilio sacó una rosa roja con un bonito envoltorio.
- Vaya!, que rosa mas bonita!
- De verdad? - preguntó el niño entusiasmado.
- Claro que si!
- Se la voy a regalar a Edel.
- Seguro que le encanta - dijo la rubia sonriente.
- Tía... - el niño se puso serio.
- Dime - la rubia le prestó toda su atención.
- Me he enamorado.
- Qué?! - preguntó muy sorprendida.
- Que me he enamorado de Edel.
- Jajajaja!!!! - la rubia fue incapaz de contener la risa.
- Ríete, ríete, pero esta noche le pediré que se case conmigo.
Emilio se fue con su rosa en la mano dejando a una rubia muerta de la risa, tuvo que
apoyarse en la pared para no caerse al suelo. Emilio era encantador y por lo visto un
Don Juan.
El timbre de la puerta hizo que la rubia se pusiera seria, se retocó un poco antes de
llegar a la puerta y después fue a abrir.
Todo su ser fue castigado brutalmente al abrir la puerta y encontrarse con una
impresionante morena. Siempre la había visto con el mono de bomberos, mono que escondía
un tremendo cuerpo. Edel estaba en la puerta con una gran sonrisa, llevaba una camisa
negra junto con un pantalón vaquero claro que parecía haber sido hecho especialmente
para ella. Laura se quedó tan... tan... alucinada?, no esa no era la palabra, lo cierto
es que no se podía describir como se quedó la rubia.
Edel se dio cuenta de la reacción de Laura y no pudo evitar reír. Tenía su mano
escondida detrás de la espalda, poniendo cara de perrito abandonado y ofreciéndole una
rosa a la rubia la preguntó.
- Puedo pasar?
Laura sintió y deseo besar a aquella morena, su respiración se hacia mas dura, tenía
ganas de tirarse encima de la morena y abrazarla muy fuerte. Una sonrisa en sus labios
y el sonido de su risa le hizo saber a la morena que le había gustado la rosa. Laura la
cogió muy sonriente.
- Claro que si!, pasa, perdona.
- Gracias.
- EDEL!
La voz de Emilio llamó la atención a la morena que estaba mirando a la rubia
atentamente de lo hermosa que estaba.
- Oh!, me has robado el corazón, quien es la afortunada que tendrá la suerte de ir de
tu brazo? - preguntó la morena fingiendo sorpresa.
- La afortunada eres tu! - Emilio sacó una rosa y se la ofreció a la morena.
- Vaya!, parece que no soy la única que regala rosas... - miró a la rubia y le guiñó
un ojo.
- Jajajaja - rió Laura - Emilio, no tenías algo que decirle a Edel?
- A sí? - preguntó la morena.
- Esto... pues yo... quería decirte que...
Emilio comenzó a ponerse rojo y a mirar para el suelo. Edel que lo vio muy tímido se
arrodilló hasta quedar a su altura.
- Haber, que me tienes que decir?
- Pues que... Tía díselo tu!!!!
- Jajaja, de eso nada, eso lo tienes que hacer tu amiguito.
La morena no entendía nada, volvió a mirar al niño y le tocó el hombro animándolo a que
se lo contara. Emilio al ver que no era capaz le dió la rosa a la morena, la dió un
beso en la mejilla y salió corriendo. Edel se quedó sorprendida pero muy divertida,
miró a la rubia que se estaba riendo a carcajada limpia. La morena se quedó allí
mirándola, el sonido de la carcajada de la rubia era como música para sus oídos. Laura
se sintió observada, al ver que la morena la miraba atentamente dejó de reírse y hablar
para que no se quedara en una situación incómoda.
- Es muy tímido - dijo la rubia.
- Si, parece que viene de familia - dijo con una risita.
- Eso me temo, poco antes de que vinieras tu el estaba muy decidido.
- Decidido a qué?
- Pues... eso es algo que te tiene que decir el - la rubia le guiñó un ojo.
- Jajaja, esta bien.
Las dos rieron y después quedaron en silencio mirándose la una a la otra, pero en sus
labios se quedó dibujada la sonrisa. Tras mirarse unos instantes la morena la habló.
- Estas preciosa.
Ese comentario le pilló por sorpresa a la rubia, enseguida un rubor subió por sus
mejillas, y con voz tímida la dijo.
- Gracias... tu también estas preciosa - ambas sonrieron ampliamente.
- Gracias.
- Bueno... si te parece pasamos ya a cenar.
- Estupendo, me muero de hambre - dijo la morena.
Laura, Edel y Emilio cenaron muy animádamente, hablando de todo un poco. Una vez
acabaron de cenar siguieron hablando.
- En serio, Emilio tenía toda la razón, eres la mejor cocinera del mundo - dijo la
morena.
- Muchas gracias, me alegro de que te haya gustado - dijo la rubia.
- Me ha encantado, tienes que decirme cual es tu restaurante, sabiendo que tu cocinas
iré a comer muy a menudo.
- Jajaja, trato hecho, allí te esperaré - dijo riendo.
- Pues allí estaré - respondió del mismo modo - tu que suerte tienes he enano!, todos
los días comiendo esta deliciosa comida.
- Siiiiiii!!!!, jajaja - rió Emilio - mi tía es la mejor!
- Siiii!!!!!!!! - gritaron los dos juntos.
- Jajajaja - los tres echaron a reír - bueno niños, si no os portáis bien no os daré
de comer - dijo la rubia con aires de superioridad.
- Si mamá! - dijeron Emilio y Edel a la vez.
- Jajaja, venga enano, tu tienes que ir ya a la cama que mañana tienes escuela.
- Jooooooo!!!, yo quiero quedarme con la Dama de Hielo!, solo un ratitoooooo!!! - rogó
el niño.
- Vale!, vale, pero solo un ratito eh!
- Bien!!!!
- Si quieres vamos a los sofás y tomamos un café.
- Claro.
La rubia comenzó a quitar la mesa, Emilio se fue al salón. Edel cogió cosas de la mesa
para ayudar a la rubia.
- No hace falta de verdad, tu eres la invitada.
- No te preocupes, me gusta ayudar.
Ambas fueron a coger el mismo plato, sus manos se tocaron en una suave caricia. Sus
ojos se encontraron nuevamente, en ellos se podían ver muchas cosas, pasión, afecto,
deseo, lujuria... amor?, eso aun no se veía con claridad, pero el deseo rompía sus
cuerpos. Al darse cuenta del tiempo que estuvieron así apartaron la mano muy deprisa.
Las dos siguieron recogiendo la mesa en silencio.
Edel estaba en el sofá esperando a Laura con el café, mientras tanto estaba jugando con
Emilio.
- Jajaja, me haces cosquillas! - decía Emilio.
- De verdad?, vaya no me había dado cuenta - la morena comenzó a mover sus dedos mas
deprisa.
- JAJAJA!!, tía!, ayúdameeee.
Laura estaba en la cocina oyéndoles jugar, se reía para si misma al pensar en lo feliz
que estaba Emilio después de todo, y lo feliz que era ella cuando Edel estaba a su lado...
este pensamiento la hizo reflexionar, sabía que estaba sintiendo muchas cosas por la
morena, cuando no la veía la echaba de menos, la encantaba el sonido de su voz, de su
risa y el día que la abrazó... el día que la abrazó la hizo sentir cosas que jamás
antes había sentido.
Laura llegó al salón con los cafés, le dio uno a la morena y el otro para ella. Laura
quería sentirse a su lado, pero Emilio se sentó en el medio de las dos.
- Bueno Emilio, ya estas decidido a pedirle eso a Edel? - dijo la rubia divertida.
- Si!
Emilio se puso de pie y se arrodilló delante de la morena que lo miraba muy atentamente.
- Dama de Hielo... quieres casarte conmigo? - dijo Emilio muy serio.
Edel no cabía en su asombro, miró hacia la rubia que se estaba tapando la boca con la
mano para no soltar una tremenda carcajada. La morena sabía que si se reía podría herir
los sentimientos del pequeño y no quería.
- Así que quieres que me case contigo - dijo la morena sonriente.
- Si!
- Vaya... créeme que me encantaría pero... ya estoy comprometida.
Eso desilusionó tanto al pequeño como a la rubia. La morena vió la desilusión en la
cara del pequeño, pero no quería dejarlo así.
- Sabes?, si no estuviera comprometida tu serías el hombre de mi vida, aunque... lo
cierto es que eres el hombrecito de mi vida - la morena le dió un beso en la mejilla.
- Biieeennnnn!!!! - el niño se tiró a abrazarla.
- Jajajaja - rió la morena y la rubia.
De repente el móvil de la morena comenzó a sonar.
- Dime Carlos.
- Edel has visto cómo esta la noche?
- No, por qué?
- Asómate por una ventana.
- Voy - la morena se levantó hasta la ventana y vió que hacía una tormenta
impresionante - vaya, lo voy a tener complicado para volver a casa.
- Dónde estas?
- Con una amiga.
- Bueno, pues ten cuidado, han recomendado que lo mejor es no salir de casa.
- Ya veré lo que hago, todo por allí esta bien?
- Si, no te preocupes.
- Si pasa algo me avisas.
- Claro, hasta luego.
- Hasta luego Carlos.
La morena colgó el teléfono y vio las caras preocupadas de Laura y Emilio.
- Pasa algo? - preguntó la rubia.
- No, tranquila, es que hay mucha tormenta y están recomendando no salir de casa.
La rubia se asomó a la ventana y vió que tenía razón, llovía tanto y hacía tanto aire
que parecía que los árboles iban a ser arrancados de la tierra.
- No puedes volver a casa con este tiempo - dijo la rubia - será mejor que te quedes
aquí esta noche.
- No quiero molestar, pero gracias de todas maneras.
- Edel!, no te vayas, te puede pasar algo! - dijo Emilio agarrándola de la pierna.
- Lo ves?, hoy te quedas aquí - dijo la rubia - solo tengo una cama, espero que no te
importe compartirla.
- Para nada, pero puedo dormir en el sofá.
- Creeme, el sofá no es nada cómodo, te lo digo por experiencia.
- Jajaja, esta bien - ambas se miraron y sonrieron ampliamente.
- Bueno enano, ya es hora de que tu te vayas a la cama.
- Jooo.
- Jaja, nada de jo, venga.
La rubia llevó al pequeño a la habitación lo acostó.
- Tía dile a la Dama de Hielo me tiene que dar las buenas noches.
- Ahora mismo se lo digo.
La rubia salió de la habitación y se asomo por el salón.
- Edel.
- Si?
- Emilio dice que la Dama de Hielo tiene que darle las buenas noches.
- Jajaja, claro.
La morena se levantó y fue a la habitación de Emilio que ya estaba en la cama, se sentó
en el borde de la cama y le dió un tierno beso al pequeño en la frente.
- Buenas noches pequeño.
- Buenas noches Dama de Hielo!
La morena le sonrió y se levantó de la cama con la intención de irse, pero el pequeño
la volvió a llamar.
- Edel!
- Dime.
- Cuida a mi tía... le da miedo la noche.
La morena le pareció extraño, pero asintió con la cabeza y se fue de la habitación.
Laura estaba en su habitación preparando la cama cuando unos golpes a la puerta llamaron
su atención.
- Se puede?
- Claro, pasa, estaba preparando las cosas para dormir.
- Ah, bien.
- Iré a buscarte un pijama, seguramente no sea de tu talla pero bueno...
- No te preocupes - dijo con una sonrisa la morena.
Tras una par de minutos la rubia apareció en la habitación con el pijama.
- Creo que esto es lo único que te puede valer - dijo con una mueca
Le enseñó un pantalón blanco de algodón junto con una camisa del mismo color de
tirantes.
- Es perfecto, gracias.
- Ahí esta el baño por si quieres cambiarte.
- Si, gracias.
La morena entró en el baño a cambiarse. Laura ya se había cambiado, estaba dentro de la
cama. Estaba algo nerviosa, siempre había dormido sola, con la única persona que dormía
alguna vez era con Emilio. Se sentía muy atraída por la morena y tener que dormir con
ella ahora era algo que hacía que su deseo aumentara.
La puerta del baño se abrió dejando ver a una impresionante morena, sus brazos fuertes
y sus largas piernas estaban al descubierto. La rubia empezó a sentir mucho calor, pero
a su vez tenía sudores fríos.
Edel fue hasta la cama y se metió en ella. Laura estaba en el otro lado sin moverse,
miraba hacia el techo. Una vez se acomodó la morena pudo sentir los temblores de la
rubia, giró su cabeza para mirar detenidamente su perfil. Era realmente preciosa, Edel
sentía ganas de abrazarla, de protegerla...
- Estas cómoda? - preguntó la rubia.
- Si, estoy muy bien, tienes una cama muy cómoda - dijo con un sonrisa.
- Lo se, por eso me cuesta tanto levantarme por las mañanas.
- Jajaja, asi que eres perezosa eh.
- Jajaja, mucho, Emilio tiene que despertarme todas las mañanas - dijo algo tímida.
- Emilio es un gran chico.
- Si que lo es.
- Se ve que te quiere mucho y se preocupa por ti.
- Si... Emilio es lo único que me queda.
- No tienes mas familia?
- Tengo a mis padres pero... hace tiempo que no los veo.
- Por qué?
- No aceptaban mi forma de ser y discutimos.
- Vaya...
- Tu estas comprometida no? - la rubia sabía que eso no era asunto suyo pero quería
saberlo.
- No, no estoy comprometida.
- Entonces...
- Jajaja, le dije eso a Emilio por que no quería herirlo.
- Jajaja - la rubia ya estaba mucho mas feliz.
- Vivo sola... desde siempre - eso lo dijo con algo mas de tristeza.
- Y tu familia?
- No... no tengo.
- Tu trabajo tiene algo que ver? - preguntó la rubia.
- Si... mis padres murieron cuando quedaron atrapados en un incendio, yo estaba con
ellos pero... logré escapar de las llamas - hizo una pausa y sintió como Laura le cogía
de la mano por debajo de las mantas - desde aquel día me juré a mi misma que dedicaría
el resto de mi vida a luchar contra el fuego...
- Edel...
- Cuando ascendía a capitán... mi brigada siempre dijo que tenía el corazón de hielo.
- Por qué el corazón de hielo?
- Porque después de lo de mis padre no lloré nunca mas, mi corazón se endureció hasta
quedar en hielo y no hubo fuego que lo derritiera.
- Seguro que has tenido que pasarlo muy mal - ambas miradas se encontraron.
- Si... pero el tiempo lo cura todo... no?
- Eso dicen... nunca has pensado en abandonar ese trabajo y dedicarte a algo que no
sea tan peligroso?
- Lo he pensado muchas veces... pero nunca he encontrado una razón para no arriesgar
mi vida por la de otros, yo no tengo a nadie, si me voy nadie lo sentirá, pero la gente
que puedo salvar seguro que tienen a alguien que los espere.
- Te equivocas al decir que tu no tienes a nadie y que nadie lo sentirá si te vas...
Emilio lo sentiría mucho... y yo también...
Edel apretó la mano de la rubia que ahora la miraba, la morena estuvo a punto de
acercarse a ella y abrazarla, pero se contuvo.
- Gracias Laura - las dos se sonrieron.
- Será mejor que durmamos.
- Si.
La rubia apagó la luz dejando la habitación completamente a oscuras.
- Buenas noches.
- Buenas noches.
El silencio reinó en la habitación, ambas seguían mirando hacia el techo, ninguna podía
dormir. El silencio fue roto por relámpagos y truenos, eso asustó a la rubia y sin
pensarlo se agarró al brazo de la morena, su cuerpo comenzó a temblar y Edel lo notó.
Sin pensarlo atrajo hacia si a la rubia y la rodeó con sus brazos haciendo que la rubia
apoyara su cabeza en el pecho de le morena y la abrazara por la cintura, Laura escondió
su cara en su cuello y aspiró para llenarse del aroma de Edel.
- Perdona... es que no me gustan mucho las tormentas - se disculpó la rubia algo
tímida.
- No te preocupes - la morena la apretó mas contra ella - estas mejor así?
- Mucho mejor... gracias.
- Emilio... me ha dicho que te da miedo la noche.
- Si...
- Por qué?
- Siempre me han dado miedo, una vez de pequeña me quede sola bajo una gran tormenta y
desde aquel día le cogí mucho miedo.
- Ahora estoy contigo, yo te cuidaré, no debes tenerle miedo a nada.
- Lo se... cuando estoy contigo me siento... segura, protegida.
Edel le dió un tierno beso a la rubia en la frente, esta se acurrucó mas en ella y
sonrió feliz. Ambas estaban medio dormidas cuando notaron que algo había saltado encima
de la cama, abrieron los ojos sobresaltadas y vieron al pequeño Emilio asustado. La
morena sonrió feliz.
- Anda ven aquí.
Le dijo al pequeño señalándole el otro lado libre de su cuerpo. Emilio se metió en la
cama y se acurrucó en el otro lado, Edel lo rodeo con su brazo y notó el peso de la
cabeza del niño en su hombro. Laura sonrió y le acarició la cabecita con su mano.
- Edel has cumplido tu promesa - dijo el pequeño susurrando.
- Qué promesa? - preguntó la rubia.
- Edel me dijo que te cuidaría esta noche y lo esta haciendo.
- Si... lo esta haciendo y muy bien - dijo la rubia sonriente - gracias por todo Edel.
- No me lo tenéis que agradecer, me gusta proteger a las personas que quiero...
Los tres muy abrazados se fueron quedando dormidos, ya no había ni tormenta ni ruidos
que les perturbara sus sueños. Ambos estaban felices y muy a gusto. Edel estaba
encantada, pero tenía miedo de que su corazón de hielo fuera derritido por el amor que
estaba sintiendo por ellos dos.
Eran las ocho de la mañana cuando sonó el despertador. Tres cuerpos se movieron
inquietos por el ruido. Laura se acomodó mas sobre el cuerpo de la morena y la abrazó
con fuerza. Edel ya estaba despierta, para ella había sido el amanecer mas bonito que
había vivido. Abrazó con fuerza a la rubia y la dió pequeños besos en la frente y en la
mejilla. A su otro lado estaba Emilio abrazada a ella también, se quedó mirando como la
morena le daba besos a su tía y ella sonreía, el sonrió para si y se las quedó mirando.
Edel se acercó hasta su oído y le susurró muy suave.
- Buenos días dormilona, es hora de levantarse.
- Mmm, solo un ratito mas.
- Jajaja - rió la morena.
- Mi tía es una dormilona - dijo Emilio.
- Ey!, buenos días campeón - la morena le dió un beso al pequeño.
- Buenos días Dama de Hielo! - el pequeño la abrazó.
Edel volvió a susurrarle al oído a la rubia.
- Es hora de levantarse.
Despacio la rubia fue abriendo los ojos, una vez se aclaró la vista vio como la morena
y el pequeño la miraban sonrientes. Tras ver esa imagen quiso despertar así cada mañana,
entre los brazos de la morena junto con su sobrino. Con una gran sonrisa les dio los
buenos días.
- Buenos días.
- Buenos días - dijeron los dos juntos.
- Vaya... - la rubia se fijó en que estaba encima de la morena - seguro que no te
hemos dejado pegar ojo - dijo ruborizada.
- Jajaja, tranquila, yo he dormido estupendamente.
- No tengo ganas de ir a clase - se quejó el pequeño.
- Y yo no tengo ganas de ir a trabajar - se quejó la rubia también.
- Pero esto qué es?, vosotros dos ya podéis levantaros - la morena se incorporó y se
puso hacer cosquillas a los dos perezosos.
- Jajajaja!
- Jajajaja!
- No pararé hasta que me digáis que estáis deseando ir a una a trabajar y el otro a la
escuela.
- Jajaja, vale!, vale!, estoy deseando ir a trabajar.
- Jajaja y yo a la escuela!
- Eso esta mejor - dijo la morena dejándoles de hacer cosquillas.
Laura y Emilio estaban agotados de tanto reír, pero con una mirada cómplice ambos
sabían lo que tenían que hacer.
- Y tu... tienes ganas de ir a trabajar? - preguntó la rubia a la vez que se iba
acercando a la morena.
- Pues claro que si - dijo orgullosa.
- Seguro? - dijo Emilio.
Edel veía como se acercaban mas a ella, sonrisas pícaras asomaban en los labios de los
dos.
- Ey!, no iréis hacer lo que creo que queréis hacer verdad?
- Tu que dices Emilio?
- Yo digo que... a por ella!
Ambos saltaron encima de la morena, empezaron a hacerla cosquillas sin parar, la morena
se retorcía de risa debajo de los dos. Siguieron jugando durante un rato. Después los
desayunaron los tres juntos entre risas. Parecían una familia de verdad. Los tres ya
estaban en la calle, era hora de despedirse.
- Bueno... pues supongo que ya nos veremos.
- Si - dijo la rubia con una sonrisa.
- Gracias por la cena, por el desayuno y bueno... por todo, de verdad nunca había
disfrutado tanto.
- Nosotros tampoco, nos ha encantado que te quedaras a dormir, te hemos cogido como
almohada personal - dijo riendo.
- Jajajaja, a mi también me ha encantado dormir con vosotros.
- Edel vendrás a dormir otro día?! - preguntó el pequeño entusiasmado.
- Mmm... no, el próximo día vendréis vosotros a dormir a mi casa - dijo guiñándole un
ojo.
- Biieenn!!
Edel se acercó y le dió un abrazo y un beso.
- Que tengas un buen día enano.
- Si! Y tu!
La morena se quedó mirando a Laura, estaba dudosa, no sabía si darle un beso en la
mejilla o simplemente marcharse así. Laura no quería irse sin darle un beso, así que
esta vez tomó la iniciativa ella. Se acercó hasta la morena y poniéndose de puntillas
le dio un beso en la mejilla, la morena se lo devolvió. Las dos se miraron llenas de
amor, amor que trataban de ocultar con todas sus fuerzas, pero que cada vez se hacia
mas difícil.
- Que tengáis un buen día los dos - dijo la morena con una sonrisa.
- Gracias, tu también... y ten cuidado - dijo la rubia.
- Claro, adiós.
- Adiós...
Los tres se despidieron con una sonrisa. Laura se fue a llevar a Emilio al colegio y
después a trabajar.
Edel acababa de entrar en el cuartel, allí se encontró con Carlos.
- Buenos días Carlos.
- Buenos días Edele, por tu cara diría que has pasado buena noche.
- Sip!, he pasado una noche estupenda.
- Te quedaste en casa de tu amiga?
- Si, con el temporal que hacía no me dejó salir.
- Normal, tu serías capaz.
- Jajaja, bueno, no hay ningún aviso?
- No, de momento no hemos recibido nada.
- Pensé que con el tiempo que hizo ayer algo abría pasado.
- Bueno, se han caído algunos árboles, pero no a pasado nada.
- Me alegro, bueno voy a ir a entrenarme un poco.
- Muy bien capi - dijo con una sonrisa.
Edel se entrenaba duramente como cada días, tenía un gran físico y una gran fuerza. No
pudo dejar de pensar en lo bien que estuvo la noche que se quedó a dormir en casa de
Laura. Nunca se había sentido tan querida y tan a gusto. Se acordó del pequeño Emilio,
dijo que quería ser bombero, la morena tuvo una idea, dejó los ejercicios y salió
corriendo.
Laura estaba en la cocina de su restaurante, hoy estaba muy contenta y ayudaba en todo
momento a sus cocineros, les corregía si veía algo que no era correcto. Su cuerpo aun
sentía el cálido cuerpo de la morena, si por ella fuera se habría quedado en los brazos
de Edel toda la vida.
Era medio día cuando Laura fue a buscar a Emilio al colegio. El niño salió como siempre
con su gran sonrisa, tras un beso se pusieron en marcha.
- Que tal el día hoy? - preguntó la rubia.
- Muy bien!, hoy nos has dicho la profesora que mañana haremos una fiesta de disfraces.
- De verdad?
- Si!, lo que pasa es que yo no tengo disfraz - dijo triste el niño.
- Eso se puede arreglar - la rubia le guiñó un ojo.
De repente un camión de bomberos les llamó la atención, se acercaba a gran velocidad y
llenaba la sirena puesta.
- Tía crees que Edel irá en ese camión?
- No tengo ni idea - ambos siguieron mirando.
El camión se paró justo delante de ellos, un bombero bajó de él y comenzó a correr en
dirección a ellos que lo miraron muy sorprendidos. El bombero llegó hasta ellos y se
agachó delante de Emilio.
- Tu eres el pequeño Emilio? - preguntó el hombre.
- Si, soy yo.
- Ten - el hombre le ofreció una caja abultaba casi mas grande que él.
- Qué es esto? - preguntó muy sorprendido.
- Es para ti, de parte de la Dama de Hielo.
- Es de Edel!!!! - gritó el niño.
- Ahora con su permiso tengo que irme.
- Gracias! - dijo el niño, el hombre le guiñó un ojo y se fue - tía! Que puede ser.
- Vamos a casa y lo abriremos - dijo muy contenta por ver tan feliz a su sobrino.
Una vez llegaron a casa, el pequeño corrió hasta llegar al sofá, hay comenzó a abrir el
paquete con ansias. Laura lo miraba desde atrás y no podía evitar reírse. Cuando por
fin arrancó los envoltorios abrió la caja. Sus ojos llenos de emoción vieron un traje
de bombero, incluía botas y casco, Emilio se puso muy nervioso, lo sacó de la caja y lo
estiró, pudo ver que todo era de su tamaño.
- Tía!!!!!!!!, mira que chulo!, un traje de bomberos!
- Wooooo!!!!, vaya!, es una pasada - dijo la rubia.
- Siiiii!!!, mira hay una nota.
- Y qué dice?
- Dice...
"Ahora eres un bombero de mi brigada, prepárate el sábado para apagar las llamas"
La Dama de Hielo
- SOY UN BOMBEROOOOOOOOO!!!! - gritó el pequeño lleno de entusiasmo.
- Ya lo creo que si! - dijo riendo.
- Voy a ponerme el traje.
- Jajaja, muy bien, te espero aquí.
- Vale!
- Oye Emilio - dijo la rubia.
- Qué?
- Sabes por qué Edel te lo ha regalado?
- Si.
- Por qué? - preguntó curiosa.
- Porque yo le dije que quería ser bombero, y ella me dijo que me ayudaría.
- De verdad quieres serlo?
- Si!, y seré el mejor!, como Edel - el niño salió corriendo para cambiarse.
Laura se quedo muy pensativa, le parecía bien que Emilio tuviera claro lo que quería
ser, pero le preocupaba también, ya que ser bombero traía muchas consecuencias, la
primera arriesgar tu propia vida. Para ella Emilio era lo único que le quedaba y si
algo le llegara a pasar no sabía que haría.
Por fin llego el Sábado. Emilio había estado impacientísimo porque llegara este día.
Laura fue con el hasta el cuartel. Cuando llegaron allí vieron que no había nadie.
- Dónde estarán todos? - preguntó el pequeño.
- No lo se...
De repente un montón de pisadas provenientes del piso de arriba les llamó la atención,
aparte de eso oían voces.
- VAMOS, VAMOS, VAMOS!, DAOS PRISA, LO QUIERO TODO LISTO EN UN MINUTO.
Emilio y Laura reconocieron esa voz, era la voz de Edel. De repente un montón de
bomberos comenzaron a bajar por una barra, descendiendo uno tras otro y echando a
correr hacia uno de los camiones. La última en bajar fue Edel, era la única que no
llevaba el equipo al completo. La morena no se dio cuenta de que Laura y Emilio estaban
allí.
- TODO LISTO! - gritó uno de los hombres.
- MUY BIEN!, MARCHAOS YA, Y RECORDAD LO QUE OS HE DICHO, NO QUIERO QUE MI BRIGADA
QUEDE EN EL ÚLTIMO PUESTO, QUIERO EL PRIMERO!!!!!!, ENTENDIDO?!
- SI CAPITÁN!!!!!!!!!!! - gritaron todos juntos.
Emilio y Laura estaban alucinando al ver a esa imponente Edel. Era algo que hasta hoy
no habían visto. Emilio estaba muy orgullosa de ella, ahora más que nunca quería ser
como ella, quería formar parte de su brigada y convertirse en el mejor.
El camión de bomberos arrancó y salió disparado con la sirena puesta. Sin el camión
ahora había mucho más espacio. Edel se iba a ir cuando escuchó unos pasos, se giró y
vió a un pequeño bombero acercarse a ella con una gran sonrisa, la morena pensó en
jugar un poco con él, el pequeño se paró delante de ella, aun había algo de distancia
entre ellos.
- Y usted bombero!, a que brigada pertenece?! - preguntó la morena firme y tajante.
- A la suya capitán! - respondió el pequeño con total seriedad.
- Te crees capaz de pertenecer a mi brigada bombero?! - siguió con su tono de voz.
- Si! Capitán!
- Muy bien!, pues tendrás que demostrármelo, quiero que subas a esos barrotes y bajes
por el otro lado en 30 segundos, el tiempo empieza... YA!
Emilio salió corriendo a toda velocidad, subió por los barrotes hasta arriba del todo,
debajo había colchonetas por si se caía pero aun así la morena se colocó debajo.
- TE QUEDAN 20 SEGUNDOS! - le gritó la morena.
Emilio se esforzaba al máximo, quería dar lo mejor de si, pero una vez estuvo arriba
miró hacia abajo y el vértigo que sintió fue superior a él, eso hizo que se soltara de
los barrotes dejándose caer. Laura que lo estaba contemplando todo se asustó mucho al
ver al pequeño caer, pero vió como la morena de un rápido movimiento lo agarró entre
sus brazos antes de que tocara el suelo. Emilio estaba en los brazos de la morena con
cara de... "no me mates por favor", la cara de la morena tenía un aspecto duro y de
enfado, pero enseguida se le cambio por una gran sonrisa al ver la cara del pequeño.
- Primera regla, nunca mires abajo.
- Edel!
El pequeño la abrazó por el cuello y los dos comenzaron a echar risotadas, la morena lo
tumbó en la colchoneta y comenzó a hacerle cosquillas. Laura se acercó sonriente hasta
donde estaban los dos jugando.
- A este bombero le falta entrenamiento, no lo cree usted así Capitán?
La morena levantó la cabeza para ver a la dueña de esa voz que ya conocía perfectamente.
Con una gran sonrisa volvió a perderse en los ojos esmeraldas de la rubia.
- Así es señorita Laura, tiene toda la razón - dijo la morena con mirada cómplice.
- Bueno... y dónde están esas llamas que hay que apagar? - preguntó la rubia
guiñándole un ojo a su sobrino.
- Jajaja, muy bien, quieres apagar unas llamas pequeño bombero?
- Si capitán!
- Pues vamos! - la morena extendió una mano ofreciéndosela a la rubia.
- Le gustaría venir con nosotros? - preguntó con algo de seducción en su voz.
- No me lo perdería por nada en el mundo - gustosamente agarró su mano y los tres se
dirigieron a uno de los camiones de bomberos.
Continuará...