VOLVER A ENCONTRARTE

Eugenia

Primera parte

Sora era una niña de ocho años, tenía el pelo corto del color del sol. Si no fuera por esos ojos verdes que la caracterizaban tanto la mayoría de la gente la confundiría con un niño. Siempre estaba feliz y sonriente. La gente que la conocía la quería mucho, siempre hablaba sin parar a pesar de su corta edad. La encantaba tumbarse en la hierba y mirar las nubes encontrando alguna que otra forma en ellas.
Uno de esos días, Sora estaba tumbada en la hierba jugando con su peluche, siempre iba con ella, era un osito con un corazón dibujado en la palma de su mano. Su espléndida sonrisa se borró de su bello rostro cuando dos niños le arrebataron su querido peluche. Sora les gritaba que se lo devolvieran.

- Dame mi osito!
- Y si no qué?, llamarás a tu mamá?
- He dicho que me lo des!
- Te lo daré si vas a comprarnos chocolatinas.
- Si te las compro... me lo darás?
- Claro!, tu ve, y no se te ocurra tardar o me llevare a tu estúpido peluche.

Sora tenía lágrimas en los ojos, quería recuperar a su osito y para ello haría lo que fuera. Entró en la tienda más próxima que encontró. Había bastante gente y Sora no podía esperar. Una chica mas alta que ella, de cabello negro iba a ser atendida cuando la pequeña rubia se puso a su lado y tiró de su manga.

- Perdona, podrías dejarme comprar una chocolatina a mi primero?, por favor, es muy urgente - le dijo la pequeña Sora con los ojos llenos de lágrimas.

Aquella niña se la quedó mirando fijamente, notó que la pequeña estaba asustada y tenía prisas, así que le cedió su puesto.

- Esta bien, pasa.
- Muchas gracias de verdad.

Sora pidió la chocolatinas y salió corriendo de la tienda. La chica morena se la quedó mirando hasta que la perdió de vista.
Sora llegó hasta donde estaban los niños con su peluche.

- Aquí tienes - le dijo ofreciéndoles las chocolatinas.
- Muy bien, aquí tienes a tu estúpido muñeco.

El niño tiró al osito al suelo, Sora lo miró y vió que le faltaba la cabeza. Sus ojos se llenaron de lágrimas, se tiró al suelo a coger el cuerpo del osito.

- Dónde esta la cabeza? - preguntó la pequeña llorando.
- Mmm, no lo se, te lo diré cuando me traigas mas chocolatinas.
- No!, dame su cabeza.
- Haz lo que te digo y te daré la cabeza.

Sora lloraba muy fuerte, estaba abrazada al osito, ya no tenía dinero asi que no podía comprar mas chocolatinas. Sora se levantó he intentó quitarle la cabeza al niño que la tenía, pero el se la pasó a su compañero. Se la pasaban de uno al otro mientras Sora corría de su lado para otro intentando recuperar la cabeza del osito. En uno de esos pases, la cabeza del oso quedó suspendida en el aire. Todos miraron y vieron a una niña alta de pelo negro.

- Oye!, devuélvenos eso.
- No es vuestro - respondió fríamente.
- Si no quieres que te hagamos daño dánoslo.

Sora pudo reconocer a la niña, era la que la había dejado pasar en la tienda. Sin pensarlo se acercó hasta ella.

- Por favor, la cabecita del oso es mía - sus ojos verdes llorosos sorprendieron a la morena.

La niña de cabello oscuro no dudó en entregarle la cabeza del osito. Sora no dudó en sonreírle cuando recuperó la cabeza.

- Ya que por tu culpa hemos perdido ahora nos servirás tu - dijo uno de los niños.
- Iros antes de que me enfade.
- Y si no qué?

La morena se acercó a ellos con mirada desafiantes, cuando estuvo lo suficientemente cerca de ellos les gritó.

- MARCHAOS!

Los dos niños salieron corriendo sin pensarlo. La morena se les quedó mirando con media sonrisa en sus labios. Cuando se dió la vuelta para mirar a la pequeña rubia la vió de rodillas llorando, se acercó a ella y se arrodilló a su lado.

- Por qué lloras?
- Porque me han roto mi osito - dijo llorando.
- Si quieres... puedo arreglártelo.
- De verdad? - preguntó entusiasmada aun con los ojitos húmedos.
- Si, déjamelo y esta tarde te lo traigo.
- No me lo vas a quitar?
- Si quisiera quitártelo, ya lo abría hecho.
- Vale, confió en ti.

"Confió en ti" aquellas palabras resonaron en la cabeza de la niña morena. Nunca antes nadie había confiado en ella.

- Cómo te llamas pequeña? - le preguntó la morena.
- Me llamo Sora - le contestó cerrando los ojos y sonriéndole ampliamente - y tu?
- Me llamo Summer.
- Muchas gracias por todo Summer - la pequeña rubia se acercó a ella y la abrazó por el cuello.

La morena no sabía como reaccionar, ella no era nada cariñosa y no estaba acostumbrada a ese tipo de gestos. La pequeña Sora se separó de ella y la miró a los ojos.

- Tienes unos ojos muy bonitos - dijo con voz alegre.
- Gracias, los tuyos también lo son.
- Gracias.
- Bueno, tengo que irme, ven esta tarde aquí, te tendré listo el peluche.
- Vale! - dijo entusiasmada - aquí estaré.

Summer se levantó y se fue para su casa. No sabía muy bien como arreglar el peluche, sabía que tenía que coserlo, pero nunca lo había hecho, así que le pidió a su madre que le explicara como se hacia.
La morena ya tenía listo el peluche. Estaba contenta por haberlo conseguido, pero le dolían mucho los dedos. Se había pinchado varias veces con la aguja.

Una pequeña rubia yacía tendida en la hierba, donde había quedado con Summer. La morena no tardó en llegar. Vió que Sora estaba tumbada en la hierba, despacio se acercó hasta ella, se agachó y puso delante de los ojos de la rubia al osito moviéndose, la morena cambio su voz por una mas dulce.

- Ya estoy aquí! - dijo como moviendo al osito como si lo dijera el.
- Tadeo! - gritó la niña rubia mientras lo cogía y lo abrazaba.

Sora se puso de pie y empezó a saltar y a reirse mientras lo movían de un lado para otro. Summer miraba cada movimiento de la pequeña rubia. No sabía por qué, pero esa niña despertaba algo en ella. Sora se acercó corriendo donde estaba la morena y se tiró a abrazarla. Rodeó con sus pequeños brazos su cintura y apoyó su cabecita en su pecho.

- Muchas gracias por todo Summer, eres mi mejor amiga.
- Tu... mejor amiga? - dijo en un susurro.

Summer tenía diez años, en esos años nunca tuvo una amiga, siempre se cerraba en ella misma y se alejaba de todo el mundo. Summer pensó en lo que le había dicho la pequeña. Algo la decía que podía confiar en ella. La morena ya estaba cansada de estar sola, quería tener a alguien, a alguien como... esa pequeña niña. Summer rodeó con sus brazos el pequeño cuerpo y con una leve sonrisa la dijo.

- Tu eres mi única amiga.

Desde ese día se hicieron inseparables. Cada tarde iban juntas a tumbarse en la hierba a mirar las nubes. Summer la protegía contra todo y contra todos. En tan solo dos meses había llegado a abrirse las puertas de su corazón de en par en par. Sora se había vuelto la persona más importante de su vida. Lo mismo le pasaba a Sora, le encantaba estar con Summer, el rato que no estaba con ella la echaba mucho de menos. La pequeña Sora estaba muy confundida, No veía a Summer como una hermana mayor ni tampoco como su mejor amiga, era algo distinto, era mucho mas que eso.

Como cualquier día, Sora estaba sentada en la hierba esperando a Summer, ya llevaba largo rato esperándola. Algo la decía que esperara, que ella vendría, y se quedó esperándola con lágrimas en sus ojos mientras abrazaba a su osito Tadeo.

Ya eran las diez de la noche. Summer estaba tumbada en su cama, había estado llorando por que su madre la castigó y no la dejó reunirse con Sora. Alguien llamó a su casa, la morena bajo ilusionada pensando que sería ella, pero no fue así. Era la madre de Sora, estaba muy nerviosa y empapada. Estaba lloviendo y tronando muy fuerte. Le dijo a la madre de Summer que necesitaba hablar con su hija.

- Summer cariño, sabes algo de Sora?, no ha vuelto a casa desde las tres de la tarde - dijo muy fatigada.
- No, no se nada.
- La he estado buscando por todos sitios pero no la encuentro - la madre de Sora se puso a llorar, la madre de Summer fue a su lado y trató de calmarla.

Summer estaba muy preocupada por la pequeña rubia, necesitaba saber que estaba bien, y sin pensarlo salió corriendo de casa con la intención de encontrarla a pesar de que la lluvia que estaba cayendo, no le importó, solo quería encontrarla.

Sora estaba debajo de un árbol, estaba completamente empapada, y muy asustada. Abrazaba a Tadeo con fuerza. Lloraba no por que hiciese frío, ni por los truenos, lloraba porque Summer no había ido, no había ido a buscarla. Se sentía tan sola y tan desprotegida...
Sus ojitos verdes se abrieron en la oscuridad, a pesar de la tormenta pudo distinguir una figura bajo la lluvia, venía corriendo hacia ella y gritaba su nombre. Sora forzó su vista para intentar ver quién la llamaba, pero no le hizo falta, reconoció su voz.

- Sora!, Sora dónde estas?!
- Summer!!!

La morena se paró en seco bajo la lluvia, pudo ver que una pequeña figura salía corriendo de debajo de un árbol. Summer salió corriendo en cuanto reconoció a la pequeña. Tras una corta carrera Summer y Sora se abrazaron muy fuerte. La morena quería proteger a Sora de la lluvia, miró a su alrededor y vió un tejadillo, enseguida la cogió en brazos y corrió hasta el protegiéndose de la lluvia.

- Sora, dónde has estado?, te estaban buscando por todas partes.
- Y tu?, dónde has estado tu?, te he estado esperando todo este tiempo - dijo llorando - pensé que yo te importaba.

Summer no se contuvo mas y la abrazó, la abrazó con todas sus fuerzas.

- Claro que me importa, perdóname, mi madre me castigó y no pude salir de casa. Siento no haber venido antes, podrás perdonarme?
- Prométeme que no volverás a dejarme - dijo la pequeña llorando en su pecho.
- Te lo prometo.

Se quedaron abrazadas por unos instantes. Summer sabía que si no se ponían algo seco y caliente cogerían frío. Summer cogió a la pequeña Sora en brazos y cargó con ella hasta casa.


Habían pasado tres meses. Después de aquello la relación de Sora y Summer se hizo mas fuerte. Las dos estaban muy felices por tenerse. Se querían muchísimo. Las dos se acostumbraron a darse la mano cada vez que se tumbaban en la hierba a mirar las nubes. Siempre estaban jugando. Summer siempre llevaba a casa a la pequeña Sora a caballito. Una de esas veces Sora se quedó dormida en la espalda de Summer, abrazada a su cuello. A la morena la encantaba verla dormir. Se sorprendió cuando la pequeña hablaba en sueños, la llamó a ella y la pidió que no la dejara nunca, a pesar de saber que estaba dormida Summer la dijo.

- Nunca te dejaré... te lo prometo.

Como un día normal, Summer fue hasta la casa de Sora para ir a buscarla. Antes de llegar pudo ver que enfrente de su casa había un gran camión. Los padres de Sora estaban metiendo muebles. La morena se acercó y pregunto por ella. Su madre la dijo que estaba donde quedaban siempre, y sin pensarlo ´Summer se fue a buscarla.

Cuando llegó allí, vio a su pequeña amiga sentada en la hierba. Tenía las piernas encogidas, los brazos se apoyaban en ellas y su cabeza escondida entre sus brazos. Summer se acercó y se sentó a su lado.

- Hey Sora, qué haces aquí?, quedamos en que iría a buscarte a tu casa recuerdas?
- ... - no hubo respuesta de la rubia.
- Sora...

Summer le tocó el hombro, en ese momento Sora se tiró a los brazos de Summer y comenzó a llorar con fuerza. La morena estaba preocupada, pero se limitó a abrazarla con fuerza y esperar a que la pequeña se calmara.

Cuando por fin se calmó, Sora miró esos ojos azules que tanto la gustaban y sonrió al ver la cara de preocupación de su querida amiga.

- Sora qué te pasa?
- Es que... me voy... - dijo agachando la cabeza.
- Cómo que te vas?
- Mis padres se han comprado una casa y tengo que ir a vivir allí.
- Vaya, tendrás que darme la calle para ir a buscarte.
- No...
- No me la quieres dar? - preguntó angustiada.
- No es eso, es que la casa no esta en esta ciudad, esta muy lejos de aquí...

El corazón de la morena se paró. Un tremendo dolor la hizo apoyarse la mano en el pecho. No podía soportar la idea de que Sora se marchara, la quería demasiado. Lágrimas caían por sus mejillas, Summer no se molestó en limpiárselas, las dejó rodar libremente. Era la primera vez que lloraba delante de Sora, pero le daba igual, lloraba porque no quería que Sora se fuera, porque quería estar con ella, necesitaba estar con ella!. Sora la miró con los ojos humedecidos. Le dolió mucho ver a Summer llorar, Sora se levantó y se puso de rodillas enfrente de Summer, entre sus piernas. En una de sus manos tenía a Tadeo, con la mano libre acarició el rostro de Summer y le levantó la cara para que la mirara. La morena se apoyó en la caricia y cerró los ojos con fuerza, mientras las lágrimas salían con mas fuerza. La morena la miró directamente a los ojos y le suplicó.

- No me dejes por favor... no te vayas de mi lado...

La pequeña Sora se abalanzó sobre ella y la abrazó con todas sus fuerzas mientras lloraba desconsoladamente. Las dos lloraban abrazadas, era un llanto lleno de dolor, de tristeza, de angustia. Aun abrazadas Sora le dijo.

- Por favor... no llores Summer, tu nunca lloras.
- Quiero llorar, necesito llorar para expresar este dolor que siento y este vacío que me esta llenando!
- Siempre seremos amigas, pase el tiempo que pase, jamás te olvidaré! - dijo apretando más el abrazo.
- Yo a ti tampoco!

Sora se separó un poco de Summer y la miró directamente a los ojos, la morena hizo lo mismo. Ambas los tenían rojos de tanto llorar. La pequeña rubia extendió la mano que estaba agarrando a Tadeo y se lo ofreció. Summer lo miró muy sorprendida, después miró a la rubia, que se lo ofrecía con una gran sonrisa.

- Sora... no puedo aceptarlo, Tadeo es muy importante para ti, es tu peluche favorito.
- Por eso quiero que lo tengas tu, porque es muy importante para mi... al igual que tu.
- Sora...
- Por favor, cuídalo bien, y acuérdate de mi siempre que lo veas, un día volveré por él, espérame por favor - Sora empezó a llorar otra vez.

Summer agarró la mano que sostenía a Tadeo y tiró de ella para volverla a abrazar. Se quedaron así mas de diez minutos, en completo silencio, solo sintiéndose. Despacio y sin ninguna ganas ambas se fueron separando.

- Yo... yo no tengo nada para darte - dijo la morena tristemente.
- Podrías... - Sora agachó la cabeza y se puso roja.
- El qué?
- Podrías darme... un beso?

A Summer le pilló de sorpresa, no se lo esperaba, pero la idea le encantaba. A pesar de su corta edad se dió cuenta de que amaba profundamente a Sora. La rubia se fijó en la cara de duda de la morena.

- Lo siento yo... ha sido una tontería.
- No, no... Sora... claro que te lo doy, quiero dártelo.
- De... verdad?
- Si.

Las dos se miraron fijamente a los ojos, sonrisas tímidas se dibujaban en sus labios. Summer se acercaba muy despacio a ella. Sora tenía los ojos abiertos, veía como la morena cada vez estaba mas cerca. Cuando solo estaba a unos centímetros de sus labios, Summer cerró los ojos para disfrutarlo. Sora no cerró los ojos en ningún momento, y le extrañó que Summer si lo hiciera. Antes de que la diera el beso Sora llamó su atención.

- Espera...
- Qué pasa?
- Por qué cierras los ojos?, es que no quieres verlo?

Summer la miraba con gran asombro. Tras oír las palabras de Sora no pudo evitar reírse. Miró tiernamente a la pequeña rubia que miraba hacia abajo con tristeza. Con su mano levantó la cara de la pequeña y se acercó casi hasta rozar sus labios.

- Sora... esto no hay que verlo, hay que sentirlo, y cerrando los ojos es la mejor manera de hacerlo.

Sora cerró sus ojos cuando sintió unos labios suaves sobre los suyos. Ninguna abrió la boca, simplemente juntaron sus labios en un tierno beso de amor. Despacio se separaron y se miraron directamente a los ojos. Los de la pequeña rubia se estaban humedeciendo.

- Gracias Summer, gracias por haber cuidado de mi, por ser mi mejor amiga y por... por ser la persona a la que...

Una voz les llamó la atención. Era el padre de Sora.

- Sora cariño, tenemos que irnos, despídete ya.

Summer miró totalmente angustiada a la rubia que estaba llorando.

- Ya voy papá! - la rubia se giró para mirarla a los ojos - tengo... tengo que irme ya.
- No... por favor... Sora...

Sora rodeó con sus brazos el cuello de la morena abrazándola.

- Volveremos a vernos, hasta entonces piensa en mi.

La pequeña le dió un beso en la mejilla y salió corriendo. Summer quería seguirla, quería detenerla, pero se quedo inmóvil.

Sora ya estaba subida al coche. Miraba por la ventanilla esperando ver a Summer, deseaba verla una vez mas. El coche comenzó a moverse cuando vió por la ventana que Summer corría detrás del coche con Tadeo en su mano.

- Sora!, Sora!!!

Sora se asomó por la ventanilla. El coche aun iba lento, pero Summer no corría tanto como para llegar a su lado. Con gran esfuerzo estiró su brazo ofreciéndole algo a Sora.

- Póntela!, y no te la quites nunca, yo también te buscaré para recuperarla!, recuerda... es una promesa!

Sora estiró su brazo y consiguió alcanzar la pulsera que Summer le estaba dando. Sus dedos se rozaron por última vez.

El coche comenzó a acelerar. Summer cada vez estaba mas lejos, antes de alejarse mas la morena quiso decírselo antes de que se fuera.

- SORA TE QUIERO!

En ese momento la morena cayó al suelo, pero no dejó de mirar a la pequeña Sora. Antes de que el coche desapareciera por completo consiguió oír la voz de Sora.

- Yo también te quiero!

Summer se quedó tirada en el suelo llena de lágrimas, abrazando a Tadeo. Era lo único que quedaba de su pequeña.

Por otro lado Sora se puso la pulsera que Summer le había dado. Sus ojos verdes derramaban lágrimas sin parar. Besó la pulsera y susurró en ella.

- Volveremos a estar juntas...

Continuará...


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