"Así que, ¿Qué harán, chicas?"
Kerry miró hacia arriba desde su computadora deteniéndose en medio-click mientras
parpadeaba unas cuantas veces." ¿Que haremos qué?" Preguntó con un pequeño gesto.
Mark miró rápidamente alrededor de la oficina, después volvió a ella, un leve rubor de
vergüenza coloreando su rostro. "Tú sabes, como... para la gran V."
"¿Gran V?" Kerry se sentó hacia atrás y cruzó sus brazos. "Mark, ¿De qué demonios estás
hablando?" Preguntó. "¿Qué es la gran V?"
"Uh." El gerente de MIS empezó a retroceder fuera del despacho. "No importa. Sólo
estaba preguntando. Uh. Debo irme. Mi busca está timbrando." Escapó de la oficina de
Kerry, y cerró la puerta, dejando a su jefa ver desconcertadamente al ahora vacío
espacio.
Después de un momento, Kerry rió entre dientes y regresó a su tecleo. Después de un
rato, su teléfono timbró. Apoyó un codo sobre su escritorio y lo contestó. "¿Sí?"
"¡Hey, Ker!"
"¡Hey, Col!" Contestó amablemente. "¿Qué pasa?"
"Eso es lo que estoy preguntándote... ¿Qué harán tú y la oscura y peligrosa ésta noche?
"Trabajar." Replicó Kerry. "Ir a casa. ¿Por qué?"
Hubo una larga pausa. "¿En día de San Valentín?"
"Nosotras no celebramos el día de San Valentín, Col." Kerry respondió.
"¿En serio?"
"En serio."
Collen se aclaró la garganta. "Oh. Bueno. Muy bien. Sólo estaba preguntando hey, tal
vez podamos ir a cenar esta semana... ¿después?"
Kerry sonrió al teléfono. "Seguro. Dame una llamada." Contestó. "¿Harás algo ésta noche?"
"Nah, ¿yo? Yo no soy la que está locamente enamorada." Dijo Collen. "Rentaré una
película y tengo un barril de palomitas de maíz esperándome." Continuó. "Bueno, te
hablo después."
"Adiós."
Kerry meneó sus dedos al teléfono, después lo colgó.
*****
"¿Jefe? María se detuvo, en la mitad de la toma del dictado. "¿Le has enviado
flores a Kerrisita?"
Dar garabateó en una hoja de papel con su pluma morada. "No le gustan las flores."
Contestó ausentemente. "¿Por qué debería mandárselas? La oficina huele mal o algo?"
"No... Jefe... pero es un día especial, ¿no?"
Dar miró hacia arriba. "¿Lo es?" Dar pareció notificar por primera vez el pequeño
ramillete sujeto al hombro de su secretaria. "Oh. ¿Te refieres al día de San Valentín?"
"Sí." María asintió.
"Nosotras no celebramos el día de San Valentín." Dar regresó a su garabateo. "Dile a
José que le estoy enviando su presupuesto entero, así que tendrá que planear mejor en
quedarse tarde para enmendarlo." Agregó. "No estoy acordando ningún nuevo gasto para
eso en su departamento hasta que él justifique por que su cortauñas del dedo del pie
necesita portátiles nuevos." Empujó el papel en el que había estado escribiendo a
través de la mesa hacia María. "¿Siguiente?"
María tomó el papel y lo agregó a su montón. "Haré eso, Jefe, pero estoy pensando
que el Señor José ya se ha ido."
"¿Qué?" Dar frunció el entrecejo.
"Sí" María delicadamente arregló sus papeles. "Iba a llevar a su señora a
cenar ésta noche."
Dar giró sus ojos. "Genial." Se recargó en su asiento. "Localízalo."
"¿Jefe?"
"Localiza su trasero." Dar replicó empedernidamente. "Esto es una mierda. Ése
presupuesto debía mandarse a Alastair hace dos semanas."
"Jefe." María le dio una mirada expresiva. "Es muy tarde."
"Me importa un bledo." Disparó Dar. "No es mi culpa que él estropease esto."
María suspiró. Dar la miró fieramente por un momento, después se volvió a sentar. "Ah.
Él probablemente no contestará la maldita cosa de todas formas. Colócalo en su
escritorio con una gran etiqueta roja y dile que si no me lo devuelve para mañana a la
hora del almuerzo, se irá en cero."
"Sí, Dar. Haré eso." María le sonrió. "¿No es hora de que te tú también te
vayas?."
"No." María la miró con ceño. "Pero tú puedes si quieres." Cedió. "Tengo cosas que
debo tener hechas antes de irme."
María calladamente recogió sus cosas y se levantó. "Así lo haré. Mi Thomas también está
haciendo planes para que salgamos ésta noche." Miró a Dar. "¿También tú y Kerrisita se
irán pronto?"
Dar encogió los hombros. "Depende cuándo terminemos."
María suspiró de nuevo. "Ten una buena noche, jefe." Se giró y dejó su oficina.
Dar observó la puerta cerrarse, después recogió su lápiz y lo golpeteó sobre su
escritorio. Pegó tres golpeteos, después lo soltó al escritorio y se levantó, retirando
su saco del respaldo de la silla y deslizándolo sobre sus hombros. Con una sacudida,
tiró de la lisa tela y la abotonó, después vio su reflejo en su monitor, poniéndolo
rápidamente en orden con un pase de sus dedos a través de él.
Después recogió su portátil y lo colgó sobre su hombro. Esperó a que la puerta exterior
de su oficina se cerrase, después caminó hacia la interior y pasó a través de ella.
*****
Kerry gentilmente sopló la mecha que estaba sosteniendo, después retrocedió para
examinar los resultados. La vela que había encendido ondeaba gentilmente en la cálida
brisa, y atrapó su dulce tibio aroma mientras rompía sobre ella.
El sonido del agua cercana se apresuró en una tediosa pauta, y miró sobre ella justo
mientras la luna aparecía detrás de las nubes y pintaba un camino plateado justo a su
umbral.
Puso una mano en el balcón y respiró en la perfección de la noche, girando entonces
mientras un conocimiento anónimo la pinchaba para encontrar la forma de Dar en el
portal, la luz del condo delineando su alta figura mientras se reclinaba contra la
jamba con sus brazos casualmente cruzados.
Kerry extendió una mano, y observó mientras Dar se desdoblaba de la puerta y cruzaba al
balcón, tomando su mano y besándola con sencilla gracia. Sus dedos entonces se
estrecharon juntos y Kerry la acercó negociando un beso en la mano por uno en los
labios que duró hasta que la luna se zambulló tras las nubes y proyectó sobras sobre
ellas.
"Hola." Dar frotó su nariz con ella juguetonamente. "La asesina del día de San Valentín
está en casa."
Kerry rió entre dientes. "Ogro, tú." Regañó. "Sólo por eso, tienes que soportarme
dándote esto."
Dar miró hacia abajo, para encontrar los dedos de Kerry abrochar ágilmente algo a su
solapa. Hundió su cabeza para una mejor ojeada, e inhaló maravillada, el enjoyado, pez
que centelleaba en ella. "Wow."
"Lo he hecho para ti." Kerry reconoció con una pacífica sonrisa. "Está tan cercano a lo
que realmente es como eso que podía sugerir."
"Mmhm." Dar sacó la otra mano de su bolsillo y colocó una pequeña caja en el barandal.
Con su dedo índice, lo impulsó hacia Kerry. "G'wan."
Kerry levantó la caja y tocó su superficie de terciopelo con un dedo, antes de abrirlo.
La luz de vela reflejaba en una brillante, superficie moteada y se inclinó más cerca de
la mesa para ver mejor. "Oo... Dar, ¡eso es muy bonito!"
"Mm." Dar apoyó su barbilla en el hombro de Kerry y lo vio. "No tengo el hábito de
obsequiarte cosas feas para que las uses alrededor de tu cuello, Ker. Sólo una rareza
mía."
Era una pieza de jade, tallada en un intrincado diseño de pliegues. Kerry lo levantó de
la caja y lo extendió hacia la luz, admirándolo. "¿Me lo pones?"
Dar, atentamente abrió el collar y lo deslizó alrededor del cuello de Kerry, abrochando
la cadena hacia atrás. Giró a su compañera y estudió el resultado, después sonrió.
"Agradable."
"Exacto." Los ojos de Kerry centellearon hacia ella. Tomó las manos de Dar y la inclinó
hacia ella mientras Dar acomodaba su cabeza y se besaban otra vez.
"Me encanta el pez." Dar suspiró. "No puedo esperar a usarlo."
Una suave risita. "¿Y dar a todos miradas sin expresión cuando pregunten si es un
regalo del día de San Valentín?"
"Heh."
"Yo también." Kerry vio hacia abajo a la pieza de jade sus pautas arremolinándose
recordándole sólo un poco a sus propios ojos. "Me encanta." Lo estudió atentamente,
después miró arriba, dentro de los ojos de Dar. "Significa algo, ¿o no?"
Dar asintió. "Eternidad." Sonrió ante el visible deleite de Kerry. "Feliz aniversario."
La risa apacible de Kerry fue respondida por ecos del mar, un murmullo de muchísimos
años que desapareció en el renovado perfil plateado de la luna. Recogió las ya servidas
copas de vino y entregó a Dar la suya, tocando sus bordes con un ligero tintineo. "Y
aquí esta a mil más justo como ella."
Sus brazos se entrelazaron, y bebieron de sus copas una de la otra, celebrando la
unión de dos almas mientras el nunca cambiante mar veía, riendo entre dientes
plácidamente.
*****
Fin
Escrito en Rotorua, Nueva Zelanda, Febrero 15 del 2003.