No he podido soportarlo por más tiempo y espero que me perdones, es imposible para
mi seguir tan lejos de ti, sé que la primera cita era para dentro de dos semanas así
lo acordamos pero el amor que siento es más fuerte que yo misma y que cualquiera de
mis decisiones. No sé cual será tu reacción, si te enfadarás o te alegrarás, si me
abrazarás tan fuerte como yo deseo hacerlo o simplemente me dejarás pasar sin saber
que hacer, si tu corazón se pondrá a cien por hora o se parará de golpe durante un
segundo, si sabrás quién soy o si podré ver en tus ojos lo que tu podrás ver en los
míos, no sé siquiera si querrás verlo.
Nunca me han gustado los aviones y, sin embargo, aquí estoy por propia voluntad y
no estoy aferrada al asiento como siempre viajo sino a las manecillas de mi reloj
que se mueven más lentamente que nunca y a tu imagen, soy incapaz de concentrarme
en nada que no seas tú, no me importa la gente que me rodea, no sé si el avión va
lleno o si hay muchos asientos vacíos, nada de eso me importa.
Todo mi mundo eres tú y tu sonrisa que es capaz de abrirme el alma de par en par
para que tu verde mirada penetre en ella y darte todo de mi, todo lo que tengo y
todo lo que me haces sentir, cómo quisiera que supieras exactamente lo que sufre mi
corazón cuando oigo tu dulce voz pronunciar mi nombre, la revolución que provocas en
todos y cada uno de mis sentidos.
Deseo verte ante mi, contemplar tu rostro, admirar tu cuerpo, acariciar tu piel,
abrazarte con todas mis fuerzas, besarte hasta quedarme sin labios, conocerte como
nadie lo ha hecho antes, amarte y entregarme a ti sin explicaciones, unirnos en un
solo corazón que no se separará jamás.
Por fin hemos aterrizado y una vez más la impaciencia se apodera de mi, recojo el
coche que he alquilado y por fin estoy en la carretera, el camino que me conduce
hacia ti. El corazón me anima a apretar el acelerador pero la cabeza me pide calma,
mis nervios podrían traicionarme, enciendo la radio y busco alguna emisora, logro
escuchar una balada, es en inglés y jamás la había oído pero para mi es música
celestial. Desde que te conozco sólo escucho baladas, música lenta, algo que jamás
hacía, provocas en mi reacciones que nunca había tenido.
Me queda una hora hasta llegar a tu casa y pienso en cómo presentarme, tocaré al
timbre, abrirás la puerta y diré... y diré..., sonrío pues a mi mente vuelven los
recuerdos, la manera en que te conocí no pudo ser simple casualidad, de alguna
forma estábamos predestinadas y algo o alguien precipitó ese encuentro que por
nosotras mismas nunca parecía llegar.
Esa noche estaba enfadada, había quedado con Elisa y como de costumbre llegaba
tarde, la conozco desde hace diez años y jamás ha sido puntual, no lo fue ni en su
nacimiento, no obstante, tardó diez meses en nacer y no nueve como todo el mundo,
sin embargo, esa noche llevaba una hora esperándola sola delante del restaurante,
sin pensarlo más busqué una cabina y marqué su número.
- ¿Diga? -.
- ¿Eli? -.
- Sí -.
- ¡¿Cómo que sí?!, ¿se puede saber qué haces ahí todavía?, ¡llevo una hora
esperándote! -.
- ¿Perdón? -.
- ¡¿Quieres salir ya!?, ¡seguro que hemos perdido la reserva! -.
- Si lleva una hora esperando seguro que la ha perdido, todo depende del sitio que
hallan reservado -.
- ¡¡¡¿Quieres dejarte de tonterías y mover el culo hasta aquí?!!! -.
- Lo haría pero es que este culo además de estar cansado no la conoce -.
Me río sólo de pensar en mi cara en ese momento, una mezcla de sorpresa, extrañeza
y vergüenza, me quedé pálida, no sólo tu voz era muy parecida a la de Elisa sino
que además te llamabas igual, no sabía que pensar, si te estabas burlando de mi o
si de verdad no eras la Elisa que yo conocía, me disculpé como pude y volví a
marcar el número.
- ¿Elisa? -.
- Yo misma -.
- ¿Eres la Eli que conozco o me he equivocado otra vez? -.
- Me temo que soy la misma dueña del culo de antes -.
- Dios mío, lo siento, no sé que me pasa...de verdad, perdona -.
- Estás enfadada con mi tocaya, lo entiendo, no es para menos llevas una hora
esperándola -.
- Es que no sé como lo hace pero siempre llega tarde y después pone excusas de lo
más tontas, preferiría que me dijera que se le ha hecho tarde y ya está y no
insultar a mi inteligencia con tantas tonterías -.
- ¿Por qué no entras y cenas tu sola? -.
- Qué va, detesto comer sola en un restaurante, es algo deprimente... ay, perdón,
lo siento... no sólo te molesto otra vez sino que encima te cuento mi vida -.
- No importa mujer, al menos puedes desahogarte con alguien, ¿llamas desde una
cabina? -.
- Sí -.
- ¿Te queda dinero? -.
- Me temo que sí, nunca controlo estos chismes siempre acabo poniendo de más,
conmigo la telefónica se hace rica -.
- Contigo y con todos, nos engañan como a tontos, y encima después nunca te
devuelven -.
Y así transcurrió nuestra primera conversación, a penas recuerdo que más nos
contamos sólo la sensación de que acababa de suceder algo en mi vida, sentía que
podía hablar contigo de lo que fuera y lo que nunca te he dicho es que seguí
poniendo dinero hasta que me quedé sin monedas justo en el momento en que mi amiga
Elisa apareció, la culpable a la que, pase lo que pase, siempre agradeceré su
tardanza.
Me despedí con la idea amarga de no volver a escuchar tu voz, ¿cómo llamarte de
nuevo?, ¿qué excusa podría poner que no te asustara?, ahora me río de mi misma me
estaba volviendo loca para encontrar algún motivo que poder utilizar, y tu sin
embargo ni siquiera lo dudaste, tu sinceridad y espontaneidad salió a la luz por
primera vez y me pediste mi número de teléfono, querías devolverme la llamada, así
sin más explicación. A partir de ahí comenzamos a llamarnos cada día, nos fuimos
conociendo un poco más con cada conversación.
No sabía como eras y sé perfectamente que la voz puede engañar muchísimo, te
enamoras de un tono, de una forma de hablar y cuando vez a su dueña todo lo que
sentías se convierte en una absurda ilusión. No quería que pasara eso contigo, una
y otra vez me repetía a mi misma que no sabía nada de ti, conocía cada detalle de
tu vida de tus propios labios y sin embargo no conocía absolutamente nada sobre tu
persona.
El día en que me dijiste que tenías que irte a otro país por tu trabajo, se me vino
el mundo al suelo, estaba completamente decidida a invitarte a cenar y así
conocernos en persona, pero te ibas esa misma tarde y no te quedaba un minuto libre.
El vuelo salía en una hora y tampoco lo supiste nunca pero en cuanto colgué el
teléfono cogí el coche y salí disparada rumbo al aeropuerto, te habías descrito
tantas veces que estaba segura de reconocerte pero el destino decidió que ese no
era el momento de vernos y tuve un leve accidente que me robó el tiempo justo para
llegar tarde, tu avión ya había despegado.
Siento un hormigueo en el estómago cuando pienso que te voy a ver, sólo falta
media hora para que nuestras miradas se crucen por primera vez y mis nervios no
dejan de recordármelo, aprieto el volante y contemplo la brillante luna que me
acompaña, quizás se me ha hecho demasiado tarde, calculé mal el tiempo, estaré en
tu casa sobre las 10 de la noche, además hoy es viernes y posiblemente ni siquiera
estés... seguro que mirarás y al verme al otro lado de la puerta no te atreverás a
abrirme... y dirás, ¡dios mío, está aquí!, ¿es qué está loca?, ¡¡si son las diez de
la noche!!
- ¿Sí? -.
- Hola, soy yo -.
- ¿Eli?... ¿ha pasado algo?, ¿estás bien? -.
- Sí -.
- Oye, sé que te dije que podrías llamarme cuando quisieras pero son... ¡las tres
de la mañana!, ¿seguro que estás bien? -.
- ¿Las tres ya?, lo siento no creí que fuera tan tarde -.
- Venga, desembucha -.
- ¿Cómo? -.
- Es obvio que algo te pasa, venga, cuéntalo -.
- Es que... -.
- ¿Qué?, sabes de sobra que puedes contarme lo que sea, yo te lo cuento todo... ¿es
el trabajo, tu familia? -.
- No consigo dormir, no hago más que dar vueltas en la cama -.
- ¿Por qué? -.
- No lo sé -.
- Claro que lo sabes -.
- Estoy nerviosa -.
- ¿Qué te pone tan nerviosa?, ¿a qué le estas dando tantas vueltas? -.
- Es difícil... -.
- Eli -.
- No sé cómo decirlo -.
- Eli... ¿has conocido a alguien? -.
- Supongo que se puede decir así -.
- ¡Ajá!, acabáramos... te has enamorado -.
- Eso creo pero... -.
- ¿Pero qué? -.
- No se me va de la cabeza y no sé... -.
- ¿Has hablado con él? -.
- ¿Él?, Leila sabes bien que soy gay -.
- Ya lo sé, era para ver si me escuchabas, ¿y bien? -.
- No sé como decírselo, quizás no quiera volver a dirigirme la palabra -.
- ¿Quién en su sano juicio podría retirarte la palabra?, si lo hace es que está
loca -.
- ¿De veras piensas eso? -.
- Claro que sí, me has despertado en el mejor de los sueños que he tenido
últimamente, a las tres de la mañana y aquí sigo hablando contigo, ¿no?, y además
estoy viendo tu foto en la cabaña del lago -.
- ¿La tienes ahí? -.
- ¿No te lo he dicho?, es mi foto de cabecera... Eli ¿sigues ahí? -.
- Sí, sigo aquí -.
- Ah... te has quedado callada -.
- ¿Te gusta esa foto? -.
- Claro, estás muy guapa y me encanta esa sonrisa, ya te lo he dicho -.
- Sé que sólo te has enamorado de una mujer en tu vida pero... -.
- ¿Sí? -.
- ¿Crees que podrías volver a enamorarte? -.
- ¿De una mujer? -.
- Sí -.
- Supongo... no lo sé... pero no te vayas por las ramas que te conozco, venga
cuenta -.
- Ya te he contado lo que me pasa -.
- Eso sí, te has enamorado y no puedes dormir pensando en ella pero no me has
dicho quien es y por qué tienes tanto miedo -.
- Es amiga mía y aprecio mucho su amistad... no soportaría perderla -.
- ¿Eso es lo que tanto te preocupa?, ¿la posibilidad de perderla es lo que te
quita el sueño? -.
- Eso y las ganas de tenerla -.
- Vaya, te ha dado fuerte -.
- Sí -.
- ¿Y cómo es? -.
- A penas la he visto, no conozco... sus gestos -.
- No lo entiendo, ¿es amiga tuya y no conoces sus gestos? -.
- Así es -.
- ... ¿por qué querías saber si podría volver a enamorarme de una mujer? -.
- Por... por nada... sólo... es... es por curiosidad -.
- ¿Sabes cuál es la cualidad que más me gusta de ti? -.
- ¿Cuál? -.
- Tu sinceridad, siempre has sido sincera y me has dicho lo que pensabas, desde
nuestra primera conversación -.
- ¿Por qué me dices eso? -.
- ¿Qué me estás ocultando? -.
- Yo... yo... no me gusta mentirte, no quiero hacerlo -.
- Pues no lo hagas, dime la verdad -.
- Tengo miedo de hacerlo -.
- Vale, te ayudaré, yo tampoco he sido sincera... la respuesta es sí -.
- ¿Cómo? -.
- Sería perfectamente capaz de enamorarme de una mujer, es más, estoy completamente
segura -.
- ¿Te has enamorado de alguien? -.
- ¿Y tú? -.
- Sí, ya te lo he dicho -.
- ¿De quién? -.
- De... una amiga -.
- ¿Cómo se llama? -.
- Se llama... -.
- Dilo, Eli, no tengas miedo, no tienes por qué -.
- No me odies por esto, Lei -.
- Nunca podría odiarte, dímelo -.
- Creo que me he enamorado... que estoy...enamorada.de ti -.
- ¿Lo crees?, yo sin embargo estoy completamente segura -.
- ¿Cómo? -.
- Estoy enamorada de ti, Eli, y no tiene remedio -.
- ¿Por qué no me lo habías dicho? -.
- Por la misma razón que tú no me lo habías dicho a mí -.
- No sé... no sé que hacer -.
- Eli, tenemos que vernos, me muero por verte -.
- Y yo pero ¿cómo hacemos?, estamos muy lejos -.
- A una hora de avión y otra de carretera... es que lo tengo calculado -.
- Necesito tiempo, Lei -.
- ¿Más tiempo?, ¿para qué? -.
- Para hacerme a la idea, no sé, me parece precipitado -.
- Quizás lo sea un poco, sólo hace dos meses que nos conocemos -.
- ¿Qué tal si nos vemos en dos semanas?, yo puedo ir para allá -.
- Yo también sé dónde encontrarte -.
Jamás podré olvidar nuestra última conversación cuando me declaraste tu amor o más
bien lo hice yo, las dos lo hicimos, nos contamos la verdad que nuestros corazones
ya no podían ocultar, esa noche la telefónica si que ganó con nosotras dos, no sé
cuanto tiempo estuvimos hablando contando nuestras intimidades, todo aquello que
habitaba desde hacía algún tiempo en nuestras almas y que nos aprisionaba, esa
noche me enamoré más de ti y cuando colgué el teléfono fue cuando lo decidí. Ni
siquiera lo pensé, a primera hora de la mañana ya estaba en la agencia de viaje y
el primer avión donde pude conseguir billete salía a las ocho de la noche,
demasiado tiempo para pensar en ti, he creído volverme loca.
El día entero lo pasé soñando despierta, con tu piel, tu cara, tus labios, en
como hacerte mía, sentir tu cuerpo pegado al mío, estrecharte entre mis brazos y
perderme en ti hasta que nadie pudiera encontrarme nunca.
Todo es diferente ahora, la valentía que me ha acompañado durante todo el camino
se ha esfumado de repente, sin avisar me ha dejado sola frente a tu casa y a tu
puerta. Estoy completamente paralizada, sé que debería seguir adelante sin pensar
y sin embargo no dejo de hacerlo, pienso en tu reacción, si te enfadarás o
decepcionarás. Respiro profundamente y suelto el aire despacio intentando
tranquilizarme, no queda otra, no he llegado hasta aquí para irme sin más. Me
sitúo junto a tu puerta y un dedo tembloroso lucha por apretar el botón de tu
timbre.
El sonido se pierde en el interior, sé que estas ahí pues hay una luz encendida en
tu ventana y una vez más cojo aire al escuchar unos pasos que se dirigen hacia mí,
el corazón me late a cien por hora, la puerta se abre y dejo de respirar al saber
quién la está abriendo.
- Hola, ¿qué deseaba? -.
Un hombre alto y moreno me mira con la misma sorpresa con que yo le miro a él,
casi no me salen las palabras.
- Buenas noches, es... ejem... ¿vive aquí Elisa Mello? -.
- Sí, ha salido un momento pero vuelve en seguida... ¿quién eres?, no te conozco -.
- Soy... me llamo Leila... soy una amiga de ella -.
- ¿Leila? -.
- Sí, Leila Menescal -.
- ¿Tú eres Leila Menescal?, eso no puede ser, no puedes ser la misma persona,
deberías estar en... -.
- Sí, lo sé... quizás debería volver más tarde -.
- Son las diez y media de la noche -.
- Bueno, quizás mañana -.
- ¿Dónde vas a ir?, puedes esperarla dentro, debe estar a punto de llegar -.
- No quiero molestar -.
- ¿Molestarla?, ay señor, por mi no te preocupes, es más yo me voy a ir, espérala
dentro -.
- ¿Sola? -.
- Sí, ¿tienes miedo de quedarte sola?, anda pasa, aunque le vas a dar un susto de
muerte -.
- Por eso, no quiero asustarla -.
- Pasa y no se hable más... este es el salón, le puedes esperar aquí, yo me voy
ya... por cierto, me llamo Eduardo aunque puedes llamarme Eddy, todos lo hacen -.
- Yo soy... -.
- Ya lo sé, tranquila, todo saldrá bien, chao... por cierto, has sido muy valiente
al venir -.
- Gracias -.
- Suerte -.
Aquí estoy sentada en tu salón incapaz de creérmelo, miro todo lo que me rodea
y pienso en ti caminando por allí, moviéndote entre aquellos muebles o sentándote
a mi lado en el sofá... dios mío, como me voy a presentar... entrarás por esta
puerta esperando ver a Eduardo o a Eddy, o como se llame, y de repente de golpe y
sin avisar me ves a mí... no, la impresión puede ser muy fuerte, será mejor que
salga y te espere en el coche y en cuanto te vea entrar, salgo y vuelvo a tocar
el timbre... sí, definitivamente será mucho mejor así...
No, creo que no, mejor me quedo aquí sentadita, he oído unas llaves y unos pasos
se acercan por el pasillo... creo que me voy a desmayar, ¡aquí estás!, ¡eres tú!...
como no se me pare el corazón ahora mismo me va a dar algo, ni siquiera te has
percatado de mi presencia, estás hablando pero no oigo ni una palabra, me he
quedado completamente sorda en un solo segundo, únicamente dos cosas puedo hacer:
mirarte y temblar.
- Ya está, Eddy, ya se lo devolví, qué pesada se pone Sandra con sus cosas, menos
mal que vive cerca... mira, esto es lo que me trajo mi hermana de Italia... es
bonita, ¿verdad?, aunque no sé dón... -.
El sonido de la porcelana rompiéndose en mil pedazos al chocar con el suelo inundó
la habitación, estaba ocurriendo, nuestras miradas se cruzaban por primera vez,
sólo que la de ella transmitía miedo en un principio y una gran sorpresa después,
durante un momento que duró una eternidad ninguna de las dos pronunció palabra
demasiado ocupadas como estábamos en poder reaccionar.
- ¿Cómo has entr...?... no... no puede ser -.
- Hola Eli... soy... yo -.
- ¿Leila? -.
- La misma -.
- Leila... ¡Lei!... ¿cómo... -.
- Tranquila no he forzado la puerta ni soy una aparición, toqué el timbre y me
salió tu amigo... después de decirle quien era su cara fue casi igual a la tuya...
y me dijo que te esperara aquí, que no pasaba nada -.
- ¿Y él dón...? -.
- Se fue -.
El silencio volvió a reinar, ninguna sabía qué decir ni qué hacer.
- Perdona... es que... no te esperaba -.
- Lo supongo, yo tendría tu misma expresión si de repente te encontrase en el
salón de mi casa -.
- ¿Quieres algo... de beber?... creo que me está haciendo falta -.
- ¿De beber?... un... digo una... un vaso de agua estaría bien -.
- Vale, tú no bebes alcohol -.
- Ni tu tampoco -.
- Ahora mismo... no sé ni quién soy -.
Aquí estoy sin poder esperar un segundo más, no aguanto las ganas de abrazarte y
ahora más que nunca, ya sé como eres y tu belleza es mucho mayor que la que
reflejaban las fotos, tu mirada es mucho más profunda aunque te imaginaba un poco
más alta, eres preciosa... un sueño... un ángel... y me muero por decirte lo que
mucho que te amo, ahora que por fin te he visto frente a mi, en carne y hueso,
te quiero mucho más y te deseo tanto que me duele el cuerpo.
- Perdona que haya tardado tanto es que... comprenderás que necesitaba un momento
de respiro... ha sido un impacto verte aquí -.
- Lo sé y lo siento... siento presentarme así sin avisar es que no podía... dos
semanas... necesitaba... verte -.
Estás sentada a mi lado incapaz de mirarme, sé que intentas decir algo pero las
palabras se te atragantan tanto como a mi aunque no sé si será por la misma causa,
quizás esperabas algo más que yo, quizás las fotos que te envié mostraban más de lo
que soy realmente, quizás te hayas desencantado. Me miras y al encontrar mis ojos
rápidamente vuelves a bajar la vista, estás nerviosa tanto o más que yo, no dejas
de apretarte las manos... y bueno sería un comienzo... levanto las mías y me acercó
a ti pero de repente te levantas.
- Voy... voy al balcón... creo que necesito aire -.
Ahora soy yo la que tarda en reaccionar, te veo caminar y salir a coger aire y
decido que no he cogido un horrible avión y he estado una hora conduciendo para
quedarme aquí en tu salón completamente inmóvil, no señor.
Me levanto y salgo al balcón contigo, te veo con los brazos apoyados en el muro
mirando hacia el frente, admiro tu pelo rubio iluminado por la luna y mecido por
la ligera brisa, mis ojos recorren tu espalda, tu cintura y las ganas me quitan la
capacidad de pensar, me sitúo detrás de ti y pongo mis manos sobre tus hombros,
noto que coges aire pero no te apartas ni dices nada. Bajo las manos despacio, con
calma acaricio tu espalda hasta descansar en tu cintura que poco a poco voy
rodeando hasta abrazarte y pegar mi cuerpo al tuyo, noto como tu también te
aprietas contra mi.
- Quiero que formes parte de mi vida, Eli, estoy aquí para quedarme contigo... si
me aceptas -.
Extrañada veo como te apartas y me coges de la mano, me llevas dentro, me diriges
por la casa hasta entrar en el cuarto que sin duda es tu dormitorio, no sé cómo es
pues yo sólo veo la cama y a ti, por fin puedo ver lo que hay en tu mirada que
clavas en mi, amor, deseo, me miras con la misma intensidad con que yo lo hago.
Ya no hay marcha atrás, ya no puedo esperar ni un segundo más, me acercó más a ti
y con las dos manos cojo suavemente tu cara acariciándola, te veo cerrar los ojos
esperando el ansiado y tantas veces soñado primer beso, nuestros labios se rozan
suavemente, tanteándose, con cada contacto se aprietan más y más hasta terminar en
un apasionado y profundo beso, en el que te entrego mi corazón.
- Lei... -.
Tu dulce voz me llama y mil mariposas recorren mi cuerpo una vez más.
- Te amo -.
- Yo también te amo -.
- No... no puedo creer que estés aquí... eres preciosa Leila -.
- Y tu... Eli... -
- No puedo aguantar más -.
Mi mente no asimila la realidad, una realidad que me había imaginado mil veces,
en mis sueños era yo quien llevaba la voz cantante, quien marcaba el ritmo pero
nunca imaginé la pasión que ocultabas, me acaricias y besas como si no existiera
un mañana, como si el mundo se terminara ahora, me posees con ansia devorándome
el alma y haciéndome más y más tuya, mi corazón late a tu ritmo y mi cuerpo ya no
me pertenece, es completamente tuyo.
- Dios mío... como te amo, Eli -.
- Y yo a ti -.
Descansamos recuperando el aliento y con tu rubia cabeza reposando en mi pecho.
- No te parece increíble todo esto -.
- Ha sido un sueño -.
- Me refiero a todo -.
- ¿A todo? -.
- La forma en que nos hemos conocido... es demasiada casualidad -.
- Y que lo digas... ¿sabes?, jamás me he vuelto a equivocar marcando el número de
Elisa, de hecho sólo me ocurrió aquella vez -.
- Y por dos veces,... es como si alguien nos hubiera ayudado... apareciste en un
momento en que había perdido toda esperanza de encontrar a alguien con quien
compartir mi vida -.
- Yo, sin embargo, nunca tuve esa inquietud... las tengo a patadas, ¿sabes? -.
- ¿Ah sí?... -.
- ¡Aaaay!... ¡no me hagas eso!... por favor... ¡paaaaraaa!... -.
- Eso para que aprendas... dime una cosa... ¿sabes cambiar la rueda de un coche? -.
- ¿A qué viene eso? -.
- Contesta -.
- Sí... ¿por qué? -.
- ¿Cuándo aprendiste? -.
- Una vez pinché y un hombre se paró a ayudarme -.
- ¿Y dónde ibas? -.
- No me acuerdo -.
- Mentiroooosa... escúchame bien, no quiero que vuelvas a hacer algo así, ¿me oyes? -.
- ¿Algo así?, ¿cómo? -.
- No quiero que conduzcas como una loca sólo por verme -.
- ¿Se puede saber cómo sabes tu eso? -.
- Yo sé muchas cosas, ibas a verme al aeropuerto, ¿verdad? -.
- Sí, pero... espera un momento... ya sabía yo que conocía de algo a tu amigo -.
- ¿A mi amigo? -.
- Sí, a Eddy, Eduardo o como se lla... oye, ¿sólo es un amigo verdad? -.
- Por supuesto, tipos como él... los tengo a patadas -.
- ¡Anda, cállate! -.
- Hazme callar -.
Una vez más el sueño se hizo realidad y nos amamos sin prisas conociéndonos con
cada nueva caricia, memorizando cada rincón y comprobando cada reacción como haría
la amante perfecta, saboreando cada nueva sensación que nos envolvía, me entregué a
ti sin complejos sin pedir nada a cambio, enamorándome profundamente, te regalé el
amor en su más puro significado, un amor que ya no podía esperar ni un minuto más.
FIN