Amanecía cuando Esther y Noelia decidieron salir a hurtadillas de casa de Irene, seguro
que les echaría la bronca pero en ese momento nada les importaba, salieron riéndose en
silencio mirándose a los ojos llenos de amor, borrachas de placer y subieron al coche
de Noelia dirigiéndose a casa de Esther. No dijeron palabra en el coche pues sus
sonrisas se lo impedían pero al llegar al piso ambas estaban de acuerdo que había mucho
que hablar, fue Esther la que empezó:
- Creo que deberíamos empezar con una pregunta que me ha atormentado estos días...
¿Por qué?
- ¿Por qué? - suspiró - se enteraron en el laboratorio de que era gay, me amenazaron
con echarme si eso era cierto y con contárselo a mi familia, tenía que dejarte, no
podía permitir que le dijeran nada a mi familia, ya lo hemos hablado muchas veces, mis
padres son lo único que tengo y si me dejan de lado no se que haría, además mi padre
escogió a Julio para mi, no puedo desilusionarles, mi madre ya está empezando a
organizar la boda, pero no me casaré ¿Lo entiendes?
- Noelia, llevamos viviendo juntas 5 años, siempre hemos ocultado nuestra relación y
yo lo acepto, a nadie le interesa lo que hagamos o lo que dejemos de hacer, me has hecho
mucho daño, pero te quiero tanto que estoy dispuesta a olvidarlo.
- Solo hay 3 problemas.
- ¿Cuáles?
- Julio - hizo una pausa y bajó la cabeza - tu novio y su bebé. - no se atrevía a
mirar a Esther.
- Noe, mírame - alzó la vista y le costó fijar la vista en los ojos azules que tenía
delante - no hay nadie. Espera - salió corriendo hacia el dormitorio dejando a Noelia
con la palabra en la boca y alegría del corazón. - aquí estoy - llevaba consigo unos
papeles, los que le iba a dar el día del aniversario donde acreditaba que las dos eran
las madres legales del bebé.
- ¿Qué es esto?
- Léelo.
- No puede ser - miró los papeles y luego sin cerrar la boca miró a Esther - ¿¿¡¡El
bebé es mío!!?? ¡Oh, cielos! - se empezó a sentir culpable al ver la fecha de la
concepción del bebé - no debí dejarte nunca, no me imagino como ha tenido que ser para
ti estar sola y embarazada de nuestro bebé.
- Eso está en el pasado, además Irene me echaba una mano. Tenemos que hablar de Julio,
¿Cuándo le vas a dejar?
- Dame tiempo, aún no puedo dejarle, tiene que pasar un poco de tiempo pero tampoco te
voy a dejar a ti - un brillo malicioso apareció en sus ojos - creo que me va a gustar
tener una aventura contigo, ¿estás de acuerdo?
- No se, Noe, sabes que soy celosa.
- Siempre que me acuesto con él es a ti a quien veo - dijo con los ojos oscurecidos de
deseo.
- No me mires así, estoy débil y tenemos que ir a trabajar, no hay tiempo. Además
tienes que volver con... Julio - dijo desanimada - ¿Qué excusa le darás?
- Ummmmmm, pues, que me quedé a dormir a casa de Irene.
- ¿Ya está? ¿Y te va a creer?
- Cariño, lo tengo a mi merced, hago lo que quiero con él. - se acercó y le dio un
beso lento casi doloroso a Esther que no se mantenía en pie - y por lo que veo - beso -
no es el único a mi merced.
- Yo estoy a tus pies, cielo. ¿Cuándo vas a volver? - beso.
- Después de trabajar, aunque ¿hoy no tienes que ir a firmar el contrato?
- Si.
- Pues me pasaré por allí para comer con Julio y de paso te veo a ti, ¿Qué te parece?
- Me encantaría, aunque me gustaría más que comieras y te quedaras conmigo.
- Estheeeer.
- Lo se, lo se, venga cielo, te veo más tarde.
- Si, aún hay cosas de las que hablar.
- Si, hasta luego mi vida.
- Adiós preciosa - se agachó y besó su vientre - adiós renacuajo - sonrió y se marchó.
Esther no cabía en si, su niña había vuelto con ella pero no la tenía para ella sola,
la tenía que compartir con ese... se despejó, pensó que era mejor tenerla así que no
tenerla, todo era cuestión de tiempo.
El tiempo pasaba y cada vez se les hacía más difícil verse a escondidas, Julio mantenía
a Noelia bastante ocupada y Esther se desesperaba, quería tenerla para ella
completamente, no compartirla con nadie y para colmo desde que empezó a trabajar con
Julio éste no le quitaba ojo de encima, menos mal que se cogió la baja maternal y hasta
unos cuatro meses después no tendría por qué verlo de nuevo. Al menos Noelia la
acompañaba al médico a ver a su hijo, al de las dos; quedaban menos de 2 semanas para
que Esther saliera de cuentas.
- Noe, tienes que quedarte conmigo.
- No puedo venirme aquí, ¿Qué le digo a Julio? Cariño, entiéndelo por favor, creí que
todo estaba aclarado ya. Aguanta un poco más. - la besó.
- No, Noe, por favor, no me dejes sola otra vez, estoy muy asustada no me dejes por
favor, otra vez no.
- Cariño, no, no te pongas así trata de entender. No puedo...
- Sabes que te quiero con toda mi alma, lo sabes ¿verdad?
- Claro que si, tanto como yo te quiero a ti.
- Nunca creí que te diría esto, pero me estoy muriendo por dentro, te necesito cada
vez más y vas a tener que elegir, o nuestro hijo y yo o Julio, pero no nos vas a poder
tener a los tres.
- Tienes razón, nunca creí que me dijeras eso. No puedes pedirme que elija, no puedes.
Esther, mira, descansa y mañana hablamos.
- No te molestes Noe, si sales por esa puerta olvídate de nosotros. - se moría
diciendo esas palabras, pero ya no lo resistía más, sabía que sin Noelia no conseguiría
sobrevivir y mucho menos mantener al bebé.
- Esther... - la miraba sorprendida, sin creerse lo que escuchaba - no puedo creer que
hayas dicho eso... no puedes obligarme a eso, también es mi hijo - miró a Esther
esperando una respuesta y justo sonó el móvil - ¿Si? - miró a Esther y se dio la vuelta
para hablar consciente que Esther la escuchaba - dime cariño... no lo se Julio... no...
Vale, a las 21.30 nos vemos - al oír esto, Esther se levantó y se metió en el
dormitorio cerrando con un portazo, Noelia había seguido sus pasos con la mirada y
sintió como si ese portazo hubiese sido a su corazón - no, no ha sido nada, en la calle
supongo que un tubo de escape... Yo también, adiós.
No sabía que hacer, sabía que si se iba con Julio tendría que despedirse de su hijo y
de la persona que más amaba en el mundo pero no podía dejar a Julio, no era lo correcto;
se resignó y se fue.
Al oír cerrarse la puerta de fuera, Esther salió de la habitación sin ninguna expresión
en su rostro, sin ningún sentimiento en su cuerpo, salió y se dirigió al teléfono.
- "Urgencias, ¿dígame?"
- Si, hola, soy Esther Velasco y acabo de romper aguas, ¿podrían mandar una ambulancia
a la C/ Montes, 3, 1º Y? Gracias - colgó, su propia serenidad le sorprendió, se dobló
de dolor cuando empezaron las contracciones y ese fue el detonante de sus lágrimas.
No quiso que avisaran a nadie, no quería nada de nadie y después la pasaron al
paritorio; 36 horas de parto, Esther estaba agotada y se pasó durmiendo casi un día y
medio, tuvo una preciosa niña a la que llamaría Tatiana, aún no sabía con certeza a
quién se parecía, tendría que esperar unos meses para ver si su experimento había
resultado. Despertó bastante cansada aún, no dijo ni una palabra, las enfermeras le
trajeron a la niña y se la pusieron en el regazo; Esther la miraba y lloraba, le daba
el pecho y la observaba, solo dejaba que las enfermeras se la llevaran para bañarla y
asearla, no paraba de llorar cada vez que veía a la niña, le recordaba tanto a ella,
estaba sola de nuevo, esta vez ni siquiera contó con Irene, pensó que estaría cansada
de ella y no merecía la pena molestar, cuando saliera de allí le llevaría a la niña
para conocerla. Tres días después le dieron el alta y se fue a casa, pagó al taxista
que la ayudó a bajar sus cosas y subió con su bebé. Lo primero que hizo fue dar de
mamar a Tatiana y acostarla, ella se duchó con cuidado pues los puntos aún le dolían y
estaban recientes. Al echarse el champú se volvió a acordar de ella, de su olor y sus
lágrimas salieron sin control de sus preciosos ojos tristes, estaba muy cansada, salió
del baño se vistió con su pijama favorito, le echó un vistazo a la niña y al comprobar
que estaba bien se acostó rendida y así se durmió.
Una semana más tarde fue al médico para que le quitaran los puntos, ya se había echo
con todo lo del bebé aunque a veces parecía que le faltaban manos y se agobiaba,
Tatiana era una chiquitina muy buena y apenas daba ruido si no era para comer aún así
no podía dejar de pensar en por qué se sentía así tan triste cuando debería estar dando
saltos de alegría, que quizás no valía para ser madre; no quería pensar en Noelia y
cuando lo hacía su cabeza hacía todo lo posible por rechazarla a veces con éxito y
otras sin él pero hacía todo lo posible para que la chiquitina no lo notara, si su mami
estaba triste ella lo notaba y se ponía tan triste como ella, y al igual que su madre
dejaba de comer. Se sentía agotada de todo, no tenía ganas de nada. Irene la llamaba
continuamente pero nunca contestaba y cuando iban a visitarla no abría la puerta, no
quería saber nada de nadie.
- Buenos días Esther - dijo el doctor pasando a la consulta.
- Buenos días doctor.
- ¡Oh! Mira que preciosidad de bebé, has hecho un muy buen trabajo, ¿y su papá?
- Soy madre soltera doctor.
- Lo siento, no quería inmiscuirme donde no me llaman, lo siento de veras.
- No pasa nada, pero por favor, quíteme ya estos puntos no los aguanto más.
- Claro, llamaré a la enfermera que se quede con ella y vamos a lo nuestro.
- De acuerdo - dicho y hecho, la enfermera se quedó encantada con Tatiana mientras el
doctor se encargaba de la madre - ¿Cómo se encuentra?
- Bien, bien.
- Físicamente la veo mucho más delgada, ¿no come bien?
- Si, solo que a veces no tengo hambre.
- Tiene que hacer todas las comidas, tenga en cuenta que todo lo que come sirve para
fabricar la leche que alimenta a la pequeña, si usted no come bien ella tampoco.
- Si pero esque hay veces que... - tragó un nudo que se estableció en su garganta que
amenazaban con convertirse en lágrimas y giró la cabeza para no mirar al doctor que ya
terminaba su labor.
- Esther, ya puede vestirse, me gustaría hablar ahora con usted.
- ¿Hay algo mal doctor?
- No, no, tranquila, solo quiero hablar con usted.
- Dígame - dijo sentándose y ya vestida.
- Me gustaría hacerle algunas preguntas.
- Claro.
- Bien, ¿se siente usted triste frecuentemente? - Esther asintió sin mirar al doctor
a la cara - ¿se cansa fácilmente? - volvió a asentir - y sin equivocarme piensa usted
que es una mala madre, ¿verdad?
- ¿Qué me pasa doctor? ¿no debería estar contenta? La niña es una auténtica ricura y
la quiero, de verdad que la quiero pero hay días que solo me gustaría dejar de existir,
se que suena egoísta pero no puedo evitarlo.
- Esther, tranquila, tiene depresión post-parto, ¿cuál cree que es la causa? ¿Ha
pasado algo últimamente que la haya agitado, por decirlo de alguna manera,
sentimentalmente?
- Si, bueno, soy homosexual y mi pareja me dejó el mismo día en el que di a luz, desde
entonces no levanto cabeza y lo pago con mi hija... con nuestra hija.
- Es su hija no la suya, tiene que entender eso.
- No doctor, verá, trabajo en un laboratorio de genética y manipulé sus genes con los
míos, con lo cual la niña es de las dos, las dos queríamos tenerla... en realidad, es
un experimento que llevé a cabo en el más absoluto secreto, no se lo dije a ella
tampoco.
- Ah, eso es más complicado, pero tiene que superarlo, piense en su hija de todas
formas le voy a mandar un tratamiento, debo advertirle que tardará en hacer efecto y
también aconsejarle que hable con alguien de su ámbito familiar, pida ayuda.
- Lo intentaré doctor. Gracias.
- De nada Esther, cuídese y cuide a su pequeña - llamó a la enfermera para que le
trajera a su hija - perdone un momento, ¿pero su experimento funcionó?
- Sí - Esther miró a Tatiana, la niña con el pelo rubio rojizo al igual que Noelia
pero con sus ojos azules - demasiado bien.
- Debería escribir un tratado sobre ello, es muy interesante y a muchas parejas
homosexuales les gustaría la idea, piense sobre ello, igual le ayuda a seguir adelante
haciendo algo bueno por la sociedad.
- Seguiré su consejo doctor pero de momento me preocuparé solo de mí y de mi pequeña.
- Bien dicho, hasta pronto Esther.
- Hasta pronto y gracias de nuevo.
Cogió a la pequeña y en vez de ir a casa se fueron al parque a pasear, eran casi las
18.00 de la tarde y pensó en ir a casa de Irene, claro que no sabía si sería bien
recibida en casa de Irene, sin darse cuenta sus pies y las ruedas del carrito se
dirigieron a casa de Irene. Llamó y esperó, nadie le abrió, se dio la vuelta y allí
estaba toda la familia de Irene al completo, mirándola pero sin ningún atisbo de
ilusión o alegría, totalmente neutros menos Juan y Soraya que se pusieron como locos y
fueron a saludarla a ella y al bebé; Irene pasó de largo sin decirle nada y llevándose
a los niños y las protestas de estos, Rico solo esperó a que todos estuvieran dentro.
- ¿Qué tal estás? - preguntó y en su voz también notó el resentimiento.
- No importa, solo venía a que... - empezó a llorar pero no quería y al intentar
tragarse sus lágrimas otras traicioneras salían sin permiso de sus ojos - es igual, me
alegra haberos visto, no te preocupes no os molestaré más. Adiós Rico, gracias por todo.
- empezó a alejarse, al torcer la esquina y cuando pensaba que nadie la veía sus
piernas flaquearon y se clavaron en el suelo, agarrada al carrito sin soltarlo y
dejando sus manos blancas de la fuerza con que lo apretaba.
- Zeñoda, zeñoda, ¿pod qué lloda? Zu bebé también eztá llodando - miró al niño
regordete de ojos negros y pelo de punta que la miraba intrigado.
- ¡¡Carlos!! - llamó su madre acercándose a él y a ver por qué se había alejado de su
lado - Oh, señora, ¿se encuentra usted bien?
- La verdad es que n... - apenas dijo nada se desmayó.
La madre del niño regordete llamó a una ambulancia, todo el barrio miró a ver que
pasaba e Irene no iba a ser diferente, al oír la sirena de la ambulancia salió a ver
que pasaba dejando a sus hijos y a Rico en casa esperando noticias. Vio como metían a
una mujer en la camilla seguida de un bebé, vio a una vecina suya y le preguntó.
- Valeria, hola ¿Qué ha pasado?
- Pues una mujer se ha desmayado en plena calle, la ha encontrado la madre de Carlitos,
Mercedes, pregúntale a ella.
- Mercedes, hola, me ha dicho Valeria que tú has encontrado a la mujer.
- Si, pobre, se estaba deshaciendo en lágrimas, tanto ella como el bebé, Carlitos se
acercó a ver que le pasaba y al llegar yo le pregunté si estaba bien y cuando me
respondió se desmayó. Espera, ¡eh! Oigan - dijo a los de la ambulancia - se dejan el
carrito.
- Señora no cabe en la ambulancia, guárdelo usted y cuando vuelva en sí yo le digo que
se pase a su casa a por él.
- Si hombre, yo no me lo llevo.
- Me lo llevo yo, vivo al otro lado de la esquina - dijo Irene.
- Gracias señora, ¡¡Javi!! Tira, que ya estamos.
- Bueno, como te decía, la mujer estaba destrozada yo no se que le puede pasar a
alguien para que llore de esa manera, te juro que se me rompió el corazón.
- Mil cosas Mercedes, buenas noches.
- Adiós Irene.
Despertó en mitad de la noche, sabía donde estaba pues no era la primera vez que se
encontraba en la misma situación, tenía puesto el suero y un tremendo dolor de cabeza,
miró a su lado y ahí estaba la pequeña Tatiana, tranquila durmiendo al lado de su mamá,
como por rutina sus ojos empezaron a soltar agua salada de nuevo sin permiso. Se negó a
comer y a hablar con nadie, tan solo miraba a su hija, nadie sabía que pasaba por su
mente no reaccionaba a ningún estímulo. Pasó una semana e Irene se preguntaba por qué
la señora del carrito no había ido a por él, su curiosidad la pudo y registró el
carrito.
- ¡¡Oh, cielo santo!! - pegó tal grito que su marido Rico llegó asustado a ver que le
pasaba.
- ¡¡¡¿¿¿ Qué, qué pasa???!!!
- Mira esta cartera, mira el documento nacional de identidad (D.N.I.).
- Esther Velasco Alcalde ¡¡Oh, dios!! - exclamó cuando al mirar la foto y el nombre
encajó la información.
- Si, la mujer que se desmayó era Esther. Ha pasado una semana, probablemente le
dirían quién tenía el carrito por eso no pasó a buscarlo allá ella - fingió un
desinterés que no sentía, en realidad, la preocupación se le puso en forma de nudo en
la garganta.
- ¿Y si sigue en el hospital? - dijo Rico dándose cuenta del estado de su esposa. -
Ve a verla. - sonrió a su mujer cómplice de sus sentimientos, ella le respondió a la
sonrisa y le dio un beso.
En el hospital no sabía por donde empezar, subió a planta y preguntó en recepción.
- Por favor, ¿Esther Velasco?
- Si, la 320.
- Gracias - se dirigió casi corriendo a la habitación, había un bulto en la cama que
le indicaba que Esther estaba ahí, posó su mirada en la cunita que había al lado de la
cama y se acercó a ella mirando a la pequeñaja que dormía plácidamente, le acarició la
carita y sonrió con tristeza - hola preciosa, ¿cómo está tu mamá? - levantó la mirada y
vio a Esther con los ojos abiertos mirando al bebé, parecía que no se había percatado
de su presencia, en ese momento una enfermera apareció.
- Vaya, hola, no esperaba encontrarme a nadie aquí, creo que es usted la primera
visita que tiene.
- ¿No ha venido nadie más a verla? - preguntó extrañada, no sabía nada de su ruptura
con Noelia puesto que a ella tampoco la había visto.
- No y le aseguro que está acabando con los nervios del hospital, se niega a hablar,
se niega a comer, solo llora y mira a su hija, no hemos encontrado ningún familiar y ya
no podemos hacernos más cargo del bebé, ¿usted quien es?
- Soy amiga suya, no tiene familia.
- ¿Y el padre del bebé?
- Ah, no, no tiene padre, se inseminó.
- ¡Ah! Bueno, tendrá que ocuparse usted de la pequeña Tatiana, lo siento si no tiene
tiempo pero...
- Tranquila la entiendo, yo cuidaré de ella... ¿Tatiana, ha dicho verdad?
- Sí, nació hace poco en este hospital, también vino ella sola por eso le digo que es
usted la primera persona que veo que viene a ver a Esther.
- Gracias enfermera - cogió el móvil y llamó a Noelia inmediatamente - ¿Noelia?
- "¿Si? ¿Irene?"
- Si, soy yo. ¿Dónde estás?
- "Julio y yo estamos de vacaciones en el Caribe, esto es genial."
- ¿Julio y tu? ¿Qué ha pasado con Esther?
- "¿No te lo dijo?"
- No, hace tiempo que no la veo.
- "Tuvimos una discusión muy fuerte hace unas semanas. Irene, ¿ha dado ya a luz? Me
tiene preocupada, creí que cuando diera a luz me llamaría o algo, la llamé yo pero no
me lo coge."
- No lo se - decidió mentirle para que se divirtiera en sus vacaciones, si no estaba
con Esther no tenía por qué enterarse de su estado - bueno, te dejo que lo paséis bien,
Adiós Noelia.
- "Gracias Irene, volvemos mañana por la mañana, de todas formas, me paso por tu casa
y hablamos... esto se corta, Adiós."
- No, no pases mañana por... - se cortó la comunicación - ¡Mierda! - se acercó a
Esther y la miró, apartó un poco al bebé y se sentó al lado de la cama - Esther, cielo,
reacciona. ¿Qué te pasa? Tatiana te necesita, está tan triste como tú, ¿Qué te ha
pasado? - le acarició la cara y Esther al notarlo dejó caer otra riada de agua salada.
- Perdone, ¿quién es usted? - preguntó el médico.
- Oh, lo siento, soy Irene.
- ¿Es usted la pareja de Esther?
- No, no, soy amiga suya solamente, no tiene pareja en este momento. ¿Usted es su
médico?
- Si, vino a verme una semana después de dar a luz, le diagnostiqué depresión
post-parto, me dijo que buscaría ayuda, supongo que acudiría a usted, por entonces
tampoco tenía pareja, habló conmigo un rato por si se pregunta como se tanto del tema.
- Dios... - ahora le tocó a Irene llorar y mirar a Esther.
- Debo suponer por su actitud que la rechazó, ¿verdad?
- Esther, cariño, lo siento tanto, madre mía, se desmayó después de venir a mi casa,
justo a la vuelta de la esquina, yo tengo el carrito de la pequeña, no supe quien era
hasta hace unas horas.
- Bueno, no se culpe, en realidad está así porque ella lo quiere, necesita mucha ayuda,
muchísima, imagino que sabrá en que trabaja - Irene asintió - ¿conoce usted a la
antigua pareja de Esther?
- Si, es compañera mía del trabajo.
- Avísela, ella nos puede ayudar.
- De acuerdo, viene mañana, acabo de hablar con ella.
- ¿Le ha dicho del estado de Esther?
- No, desde que empezaron a salir no quise meterme en su relación, si ellas no me
dicen nada yo no les digo nada.
- Entiendo.
- Doctor, ¿por qué no viene mañana por la tarde a mi casa? Noelia, la ex de Esther va
a venir a contarme sus vacaciones y de paso podremos hablar con ella.
- Por supuesto, dígame la dirección ahora y me paso ¿sobre las 20.00?
- Perfecto.
- Ah, sería un buen tema que encontrara la información del trabajo de Esther y me la
pasara, ¿podría traérmela hoy? Me contó algo en consulta y quiero estar bien seguro
antes de hablar.
- Si, tengo llave de su piso me pasaré dentro de un rato y se lo traeré.
- Gracias, hasta luego entonces.
- Adiós doctor. - vio como se marchaba y luego volcó su atención en Esther - cielo,
oye, por favor, reacciona, ¿no lo entiendes? Te he echado de menos, me arrepiento
muchísimo de haberte tratado así, como volviste con Noelia te olvidaste de mi y sabes
que todo lo que he hecho por ti lo he hecho porque he querido porque te quiero pero al
olvidarte de mi pensé que me habías utilizado, lo siento de veras - lloraba mirando a
Esther, se dio la vuelta y cogió a la niña en brazos - eh, hola preciosa... Esther, es
guapísima, no se quién sería el donante pero lo escogiste muy bien, tiene el mismo
color de pelo que Noe, el color de sus ojos son como los tuyos, es preciosa de verdad,
mírala, ¿no te gustaría cogerla y achucharla? Me la comería a besos.
- Perdone, le traigo la comida a Esther, normalmente no se la dejamos pero al estar
usted aquí igual come algo, ¿lo podría intentar? También le he traído el biberón del
bebé, por si le gustaría dárselo usted.
- Claro, déjelo ahí - lo primero fue darle de comer a Tatiana, se lo tomó todo y la
acostó, la miró dormir un momento, suspiró y se dio la vuelta - Ahora contigo, más te
vale por lo menos intentar comer, que sepas que te estás quedando en los huesos y con
lo alta que eres darías miedo, parecerías un esqueleto andante... - sonrió esperando
que su broma hiciera un pequeño efecto en ella, pero no - Esther, come. ¡¡Abre la boca,
joder!! Dios, si no lo haces por ti hazlo por tu hija, ¡sigue adelante! No te dejes
vencer, dale en las narices a Noelia, ¿sabes donde está ella ahora? ¡¡De vacaciones en
el puto Caribe con su queridísimo novio!! ¿Qué quieres que se la queden ellos? Si tú no
reaccionas recuerda que ella también es la madre legal, se la puede llevar y Julio
adoptarla, ¿admitirías eso? ¡di! ¡di! - dejó la comida por imposible y se dio la vuelta
calmando su propia rabia - bien, haz lo que quieras yo me voy, mañana me volveré a
pasar por aquí. Adiós Esther, adiós chiquitina, cuida de mamá, ella no se quiere cuidar.
- le dio un besito y se fue.
A la mañana siguiente Irene fue de nuevo a ver a Esther y a la pequeña y lo primero
pasó a dejarle al doctor los papeles de Esther, al llegar a la habitación se limitó a
observarlas, volvió a intentar dar de comer a Esther pero fue nulo; la enfermera pasó:
- Vengo a cambiarle la vía, ya la tiene más de una semana y se le está atrofiando la
vena. Como siga alimentándose de suero... no creo que su cuerpo resista.
- Lo se, la pequeña come bien, pero también está triste, mire como se miran las dos,
parece una lucha de ojos azules, es como si la niña quisiera decirle que se levante y a
la vez Esther le responde que no puede. No se, ¿no le da esa sensación?
- Bueno, no se, supongo que hay que conocer a las persona para más o menos saber lo
que pueden pensar.
- Tiene razón
- En fin, esto ya está. Intente despertarla de donde quiera que esté, es una pena. Por
cierto, se que no la han avisado pero se tiene que llevar a la niña hoy, le prepararé
sus cosas, no puede permanecer más tiempo aquí, siento avisarle con tan poco tiempo.
- Gracias. - esperó a que la enfermera se fuera y miró a Esther - ¿lo has oído? Por
favor te lo pido Esther, levántate, hazlo por ella, solo por ella.
Fue inútil, la enfermera le trajo las cosas de la niña y se la llevó a su casa, antes
pasó por casa de Esther para recoger las demás cosas que se supone que tendría
preparada para ella.
- A ver, organización, ¿pañales? listo, ¿biberones? listo, ¿ropita? también, bueno,
bueno, bueno, ya le diré a Rico que venga a por la cuna... que más, que más... ya
estamos enana, vámonos a casita.
- ¿Hola?
- ¿Quién...? - preguntó dándose la vuelta y viendo a Noelia justo detrás - ¿Qué haces
aquí? - dijo secamente.
- Yo también me alegro de verte, yo te podría preguntar lo mismo ¿dónde está Esther? -
miró al bebé que tenía Irene en brazos - ¡¡Oh, dios!! ¿es... es...? - no se atrevía a
decirlo, miró a Irene asentir - Madre mía, déjamelo por favor - le pasó al bebé, no
podía negarle eso al fin y al cabo era su bebé también - Es una niña, Irene... es mi
hija... nuestra hija... ¿dónde está Esther? - dijo emocionada pero al ver la cara que
puso Irene empezó a preocuparse - ¿está bien? ¿salió algo mal en el parto? Dime donde
está.
- En el hospital, la niña nació hace unas tres semanas, el 7 de septiembre por si te
interesa saberlo, todo fue bien. Yo me enteré ayer.
- ¿Entonces? ¿Qué hace Esther en el hospital y tú con nuestra hija?
- Ven, vamos a mi casa allí hablamos. Además tengo que hacerme cargo yo de la niña.
- De eso nada, se viene conmigo Irene, es mi hija.
- ¿Si? ¿Y que le vas a decir a Julio? ¿Qué te la encontraste en la calle?
- Dios, Julio, es verdad, ya buscaré alguna solución. ¿Por qué no la va a poder cuidar
Esther? Por lo que veo te llevas todas las cosas de la niña.
- Si, vamos a mi casa pronto saldrás de dudas.
- No Irene, vamos ahora a ver a Esther, tengo que hablar con ella tanto si quiere como
si no, me va a tener que dar una explicación de por qué no me dijo que ya había nacido
y de por qué no la cuida ella.
- Noelia, no creo que sea una buena idea...
- Me da igual, ¿dónde es?
- Está bien, vale, vamos en mi coche.
De camino al hospital Noelia fue haciendo carantoñas al bebé todo el camino, Irene la
miraba por el retrovisor viendo cuanto quería Noelia a la niña y pensando en la
sorpresa que se daría al ver en que estado había dejado a Esther, "se lo tiene bien
merecido, nunca voy a entender a estas dos, con lo fáciles que son las cosas" pensó.
Aparcó en el parking del hospital y entraron, Noelia iba con la bebé en brazos y antes
de ir a la habitación le dijo a Noelia que esperara un momento ahí. Al cabo de 5 minutos
escasos, Irene apareció con el médico:
- Hola soy el doctor de Esther, ¿es usted su pareja?
- Si, bueno, no, su ex pareja, Noelia Bastante. ¿Qué pasa? - miró a Irene pero ésta
solo bajó la cabeza.
- Srta. Bastante, antes de que pase a ver a Esther tengo que ponerla al corriente de
todo lo que pasa por aquí. Como bien sabe Esther ya dio a luz y una semana después al
venir a consulta rutinaria le diagnostiqué depresión post-parto - Noelia se sorprendió
y lo miró atónita - si, bueno, pues le aconsejé que pidiera ayuda ya que cuando dió a
luz vino sola y no quiso darnos datos de nadie que la pudiera ayudar; creo que fue a
ver a su amiga Irene pero por circunstancias ajenas a mi conocimiento no pudo ayudarla
y entró en una especie de shock.
- Dígalo doctor, no quise ayudarla. - miró a Noelia que aún estaba sin poder decir
palabra pero en sus ojos se notaba la tristeza, la rabia y mil cosas más que sentía en
su interior - si, Noe, no me mires así, tu también la dejaste sola, tú tienes más
delito que yo.
- Bueno, señoritas, no es cuestión de culpas, simplemente hay que tratar de ayudar a
Esther. Y hay otra cosa más... Esther estuvo trabajando en un proyecto y experimentó
con ella misma. - Noelia lo miraba intrigada - No, no es lo que piensa, no es nada
grave, es más el experimento salió genial y lo tiene usted en brazos.
- ¿Qué? Perdone doctor, pero no entiendo nada. - dijo Noelia por primera vez.
- Si, Esther mezcló sus genes con los suyos, dando a luz a la preciosa Tatiana, la
primera bebé hija enteramente de dos mujeres homosexuales.
- ¡Dios! - exclamó Noelia llorando y mirando a Tatiana, no dijo palabra, la observó
más detenidamente y se dio cuenta de que si, que tenía su mismo color de pelo y los
ojos de Esther además en la pierna derecha tenía un lunar rojo igual que ella misma -
le ha puesto el nombre de mi abuela... tengo que ver a Esther.
- Claro, pase.
- Dame a mí a la niña, Noe.
Al entrar, cerró los ojos al ver a Esther tumbada con el bote de suero puesto y mirando
al techo, pálida, delgada y sin un atisbo de emoción en su cuerpo, Irene pasó detrás de
ella y le puso la mano en el hombro:
- Lleva casi 3 semanas así, no come, no habla, no reacciona a ningún estímulo. Los
médicos están muy preocupados, es posible que su cuerpo no aguante. Se está dejando ir,
Noelia, tienes que hacer algo. Ni siquiera se inmutó cuando me llevé a la niña, desde
que ingresó la segunda vez solo la observaba y lloraba pero no hacía ningún ruido, nada.
- Esther... - dijo acercándose a ella - Esther, cielo, ¿dónde estás? Ven conmigo y con
Tatiana, te necesitamos. - le acarició la cara y apartó las lágrimas que salían de los
ojos de Esther - Mi niña... Esther te prometo que dejaré a Julio, me da igual lo que
piense mi familia, ahora tengo la mía propia contigo, es lo único que quiero, a ti, te
amo con todo mi corazón, quiero a la niña. Ven con nosotras, por favor, te lo suplico -
bajó la cara y besó a Esther en los labios, justo cuando se separaba el pitido del
cardiograma empezó a latir como loco para luego calmarse en un pitido continuo - ¿Qué...?
- Noelia no entendía que pasaba, de repente un tropel de médicos y enfermeras las
sacaban fuera para atender a Esther.
- No, noooooooo, Esther, ¡¡¡Esther!!! - chillaba Noelia, destrozada viendo como los
médicos llenaban el cuerpo de Esther con cables, tubos y electricidad.
Continuará...