Otro nuevo día había amanecido, otro día sola... sin ella. Cada mañana se dedicaba a
observarla sin que la viera, había dejado su trabajo, sus amigos y de tener familia
también la habría dejado solo para poder observarla, se conformaba con eso a estas
alturas. Como bien le dijo antes de marcharse: "Olvídame como yo te he olvidado a ti.
Ya no te quiero, búscate una vida", pero no podía, la amaba con todo su alma, ella era
su vida. Ahora estaba allí, mirándola, viendo como rehacía su vida sin ella.
Precisamente ahora que esperaba todo por lo que un día soñaron, un bebé, crecía dentro
de ella, era su sorpresa para su aniversario, para ella, hasta le había escrito una
carta con el certificado de inseminación del médico y la primera ecografía pero ahora
se quedó sola, con su bebé; no entendía que pudo haber pasado hasta que el primer día
que se decidió a observarla y allí descubrió la razón: Julio. Tal fue el impacto que
estuvo casi 3 horas inconsciente y la llevaron al hospital, allí estuvo casi 1 semana,
a punto de perder al bebé. Su amiga Irene cuidó de ella hasta que se recuperó, le debía
tanto a Irene. Todas las noches se acostaba llorando y preguntando ¿por qué?, ella la
quería con toda su alma y sentía que le correspondía de igual forma. Ese día se propuso
que sería el último, tenía que seguir adelante con su vida por su hijo. Se dio media
vuelta y se fue.
*****
- Julio, cielo, me voy a trabajar. - dijo Noelia.
- Está bien niña, te espero a la misma hora de siempre aquí en casa.
- De acuerdo.
- Ciao, preciosa.
- Adiós corazón.
Noelia salió de su nuevo piso, despidiéndose de su nuevo novio en su nueva vida, lejos
de ella, cuanto la echaba de menos, pero no podía ser, se intentaba auto convencer pero
sin éxito, sabía que se mentía ella misma pero era mejor así. Cerró la puerta del
portal y al girarse su corazón dio un vuelco al ver la espalda alejándose deprisa de
allí ¡era ella! la reconocería en el mismo Tártaro, ese pelo negro azabache, esas
anchas espaldas y ese andar tan regio, no había duda ¡era Esther! Su Esther...
*****
Fue a ver a Irene, estaba casada con Rico y tenían 2 hijos; fue su mejor amiga en el
colegio y más tarde se volvieron a reunir en la universidad; fue quién le presentó a
Noelia, eran compañeras de trabajo.
- Esther, ¡hola! Pasa, pasa.
- Hola Irene.
- Bueno, ¿Qué tal estás? Te veo bastante pálida.
- Si, es que todo lo que como lo vomito, mi cuerpo aún no se acostumbra.
- Eso me pasó a mí con Soraya, los primeros meses lo pasé fatal, sin embargo con Juan
ni me enteré. Eso depende de cada persona.
- Si, del estado de ánimo en que se encuentren...
- Venga, Esther, anímate y olvídala de una vez.
- ¿Cómo está?
- Esther...
- No, dímelo, por favor, solo quiero saber como está, nada más, no quiero saber nada de
su nueva vida.
- Está bien.
- Gracias... ¿la has visto?
- Si, ayer y mañana por la tarde he quedado con ella para ver unas cosas del trabajo.
- ¿Y... y... te preguntó por mí?
- No, no hablamos de ti... Esther...
- No, no, tranquila es lógico, lo entiendo. Bueno, ¿dónde están tus monstruos?
- Eh, eh, tú si que eres fea - apareció Rico y fue a abrazarla - ¿Cómo estás preciosa?
- Jajajajaja, no tienes remedio y tampoco soy tan fea. Estoy bien, gracias.
- Soraya, mira es Esther - los niños aparecieron y se lanzaron a sus brazos.
- Ey, chicos, ¿Qué tal el cole?
- Guay, empezamos ayer y mola un montón. - dijo Soraya.
- Si en mi clase hay muchos nuevos - se acercó a su oído - mañana vamos a hacerles
novatadas, jijijiji.
- Eres idéntico a tu padre, enano.
- ¿Por qué? - dijo Rico - ¿Qué te ha dicho?
- Nada, nada, en fin, gentecilla, tengo que irme... mañana tengo una entrevista de
trabajo y quiero dormir por lo menos 10 horas.
- ¿En serio? ¿Una entrevista de trabajo? ¡Eso es genial Esther!
- Me alegro por ti, preciosa.
- Gracias, ya me voy.
- Adiós Esther - dijeron a coro los niños.
- Llámame mañana en cuanto sepas algo - dijo Irene.
- Si, que no se te olvide - amenazó Rico.
- Que si, que si, venga, ¡ciao!
De vuelta a casa, cenó algo ligero ya que su cuerpo no admitía nada consistente y se
acostó, volvió a soñar con ella y volvió a llorar por ella, rendida se durmió.
*****
"Dioses, hoy la he visto, no lo puedo creer, después de casi 2 meses, no creo que
soporte mucho tiempo más sin verla o sin saber nada de ella... mañana, mañana le
pregunto a Irene, seguro que ella sabe algo. ¿Cómo puedo ser tan estúpida? Lo mejor que
he tenido en mi vida y lo echo a perder... pero es necesario... dejemos que el tiempo
pase aunque sin ella..."
- ¿En qué piensas? - la voz de Julio la sacó de sus pensamientos.
- Oh, no en nada, mañana he quedado con Irene para contrastar unos datos y estaba
repasando mentalmente.
- Yo mañana tengo que hacer una entrevista de trabajo, por lo que me ha dicho mi jefe
es un buen partido para el laboratorio.
- ¿Le contratarás?
- Es una mujer, no lo se, depende de mañana.
- Ah - suspiró - buenas noches, cielo.
- Hasta mañana, cariño.
*****
Estaba sentada fuera, en la sala de espera, no sabía si hacía mucho calor o era ella,
estaba muy nerviosa y tampoco sabía si tenía que decir lo de su embarazo, decidió que
mejor que no de todas maneras ya se enterarían. Una secretaria se acercó a ella.
- ¿Esther Velasco?
- Si, soy yo.
- Pase por favor, el Sr. Benítez le espera.
- Gracias.
Al entrar al despacho una punzada le atravesó el alma, era él, quien se acostaba con el
amor de su vida era ese cabrón engominado sentado detrás de aquella mesa hortera, se
calmó y decidió no pensar en ello, necesitaba el trabajo y allí iba recomendada, puso
su mejor sonrisa hipócrita y le estrechó la mano:
- Sra. Velasco, supongo.
- Srta. Y sí, soy yo. El Sr. Benítez ¿verdad?
- Si, efectivamente. Por favor llámeme Julio.
- Solo si me llama Esther.
- De acuerdo, empecemos.
La entrevista concluyó con éxito, Esther se olvidó de quién era él y hacer la
entrevista profesionalmente, esto le sirvió para conseguir el trabajo, con suerte no
tendría que volver a verlo.
- En fin, Esther, ha sido un placer, mañana empieza a trabajar aquí, le prepararé su
contrato y se pasa por aquí a firmarlo; tiene horario libre, solo tiene que
cumplimentar unas horas y... - su teléfono móvil sonó - perdone un segundo, ¿si? Hola
cariño, ah, vale, sube estoy terminando la entrevista, hasta ahora - Esther oyó su alma
caer en picado y romperse en mil pedacitos, a punto estuvo de arrancarle el móvil para
escuchar su dulce voz, luego cayó en la cuenta, estaba subiendo en ese preciso momento
para ver a su nuevo amor, tenía que irse. - disculpe, era mi novia. ¿Por dónde íbamos?
- Yo me voy ya y mañana vengo a firmar el contrato, encantada de conocerle - le estrechó
rápidamente la mano pero unos toques en la puerta comenzaron a sonar "mierda" pensó.
- Vaya prisa le ha entrado de repente - dijo abriendo la puerta, Esther no se dio la
vuelta permanecía sentada mirando al frente - Hola preciosa - la besó - estaba
despidiendo a la Srta. Velasco. - al oír su nombre se levantó y se dio la vuelta
despacio, ahí estaba ella tan hermosa como siempre, con el pelo un poco más largo pero
con el mismo aroma, Esther había empalidecido de repente y ellos lo notaron - ¿Esther?
¿se encuentra bien? - miró a Noelia que estaba petrificada - vaya, Noe, ¿Qué te pasa a
ti?
- Nada, nada mi vida - se extrañó de decírselo a Julio en vez de a Esther que la tenía
delante, lo miró pero inmediatamente pasó la vista hacia Esther.
- Os presento, Noelia Casas ella es Esther Velasco, la nueva adquisición de la empresa.
- Encantada - dijo Noelia y le estrechó la mano esperando que la aceptara.
- Igualmente - dijo Esther reaccionando pero aún pálida como la pared, no le estrechó
la mano, no podía tocarla, aún no - Les dejo, yo tengo que irme, mañana nos vemos Julio.
- Hasta mañana, Esther - dijo Julio - aquí la espero a las 9 de la mañana.
- Adiós... Srta. Velasco - dijo Noelia, pero Esther no le contestó y salió del despacho.
Nada más salir, respiró hondo, parecía que llevaba siglos sin respirar pero empezó a
marearse, intentó andar pero le era imposible de repente todo se volvió negro, lo
último que oyó fue la voz de la secretaria de Julio llamándola.
*****
Julio se acercó a Noelia y la abrazó para besarla, cuando se separaban oyeron la voz de
Maika, su secretaria, llamándolo por el interfono nerviosa.
- ¡¡Sr. Benítez, por favor, salga rápido, es... por favor, oh dios mío, salga!!
- Maika, cálmate ¿qué pasa?
- ¡Salga es la Srta Velasco, se ha caído redonda al suelo, no responde, dios, por favor
salga!
Fue Noelia la que primero salió como alma que lleva al diablo, se encontró a Esther
allí tirada con los ojos fuertemente cerrados, no lo pudo resistir y se lanzó a ella.
- ¡¡Esther!! ¡¡Esther, cariño, vamos despierta!! - estaba desesperada, el llanto no la
dejaba ver, la abrazaba y la besaba repitiéndole lo mucho que lo sentía.
- Mire, no se que pasó de repente cuando salió de su despacho la vi muy pálida se paró
y al intentar dar paso se cayó. No se si respira o que - le decía Maika a Julio que se
quedó de piedra al ver a Noelia llamar "cariño" a esa mujer. - ¿Señor?
- Eh, si, si, por favor, llama a una ambulancia. ¿Noelia? - se acercó y separó a Noelia
de Esther, Noelia lo miró, bajó la cabeza y se acercó para que la abrazara.
- Ya vienen de camino - dijo Maika.
- Gracias, yo me quedo hasta que vengan - Maika asintió y se sentó en su puesto de
trabajo.
Al llegar los de la ambulancia, le hicieron reconocimiento y la reanimaron con una
mascarilla de oxígeno, Esther recuperaba la conciencia, al ver a los enfermeros se
quitó la mascarilla y susurró:
- Mi bebé...
- Oh, dios, esta mujer está embarazada, hay que llevarla rápido al hospital. - dio el
enfermero, miró a Julio y a Noelia - llamen a algún familiar suyo, la llevamos al
hospital General Aguilera.
- No tiene familia - dijo Noelia - pero yo me puedo quedar con ella... si a ti no te
importa, claro. - le dijo a Julio intentando no mirarle.
- No, ve con ella, total para lo que pinto yo aquí... - dijo Julio indignado.
- Está bien, voy a llamar a Irene para que se encargue de ella.
- Eso me gusta más - dicho esto se marchó a su despacho.
- ¿Irene? Soy Noelia, es Esther, ha tenido un desmayo - volvió a derramar lágrimas de
dolor - ¿Por qué no me dijiste que estaba embarazada?
- No era asunto mío, Noe, lo sabes - dijo Irene desde el teléfono - ¿vas a ir con ella
al hospital?
- No, no puedo, ve tú, está en el General Aguilera.
- Está bien, enseguida voy. Adiós Noe.
- Adiós...
Al colgar pasó al despacho, Julio estaba sentado mirándose las manos, empezó a hablar
sin mirarla:
- ¿Quién es?
- Era - dio Noelia, se notaba la congoja en su voz.
- Vale, ¿Quién era?
- ¿Recuerdas que te dije que dejé a mi anterior pareja para estar contigo?
- Si... ¡¡¿¿era ELLA??!! - Noelia asintió - ¿Eres bisexual? - volvió a asentir - ¿ella
me conoce? ¿sabe quién soy?
- Creo que no. Lo está pasando muy mal por mi culpa.
- Hombre, está embarazada, no creo que lo esté pasando muy mal - sonrió pero al ver la
cara de Noelia borró rápido la sonrisa de su cara - Perdón. Pero bueno, ¿a ti que más
te da ya? Que se ocupe su novio de ella, tú ocúpate de mí que me tienes abandonado. -
se acercó a ella de forma sugerente y la llevó hasta el sofá de la oficina pulsó el
interfono - Maika, no estoy para nadie.
*****
Esther se había despertado en la ambulancia y ya se había recuperado, solo fue un
desmayo por falta de aire, nada grave, al llegar al hospital se encontró con Irene.
- Ei, guapa, ¿cómo estás?
- Bien, ya pasó, voy a que me hagan una ecografía y ya me puedo ir a casa.
- Ok, te espero y ahora te vienes a la mía.
- No hace falta Irene, de verdad.
- No te oigo, perdona, ¿Qué?
- Que vale, de acuerdo.
- Eso está mejor, aquí te espero.
*****
Noelia salió del edificio donde trabajaba Julio y se fue a casa, se moría de ganas por
saber como estaba Esther pero sobre todo por saber quién era el padre de su hijo;
recordó que había quedado con Irene esa tarde, le preguntaría a ella. Se duchó, comió y
salió a casa de Irene.
*****
La casa de Irene era un caos, los chicos estaban encantados con tener allí a Esther,
pero Irene les ordenó que la dejaran tranquila, necesitaba descansar y les prohibió
subir al piso de arriba pues estaba durmiendo en la habitación de invitados. Llamaron
al timbre y Rico salió a abrir.
- ¡Noelia! ¿Qué haces aquí? - dijo sorprendido.
- Pues... había quedado con Irene para terminar un trabajo, ¿puedo pasar?
- Estoooo, si, claro, pasa, está en el salón.
- Gracias - pasó mirando buscando a Esther, aunque también podía no estar allí, llegó
al salón - ¿Irene?
- Noelia... se me había olvidado que habíamos quedado. Espera y traigo los papeles,
siéntate donde quieras.
- Vale, te espero. - se sentó en la silla que presidía la mesa y sacó su portafolio, se
puso sus gafas y empezó a leer la información.
- ¿Noelia? - dijo Irene desde la cocina.
- Dime.
- ¿Quieres café?
- Sí, gracias.
- Pues ya está, empecemos. ¿Azúcar?
- ¿Cómo está? - dijo Noelia.
- Noe, no pue...
- Estoy mejor, gracias. - su voz la sobresaltó y la miró.
- Esther... ¿ya te has levantado? - dijo Irene incómoda.
- Si, he oído el timbre y me he despertado. - tenía los ojos rojos de no dormir y se
haber sustituido el sueño por el llanto.
- Oh, lo siento he sido yo - dijo Noelia avergonzada y a la vez feliz porque tenía
ganas de verla.
- Irene, ya me voy - dijo ignorando a Noelia.
- ¿Ya? Ah, no, tú no te vas a ningún sitio.
- Irene...
- No, no y no; no estás bien Esther, esta es la segunda vez que te pasa - Esther abrió
mucho los ojos para decirle a Irene que se callara pues Noelia estaba allí escuchándolo
todo - estoooo, discúlpanos un momento Noe. Tú - dijo señalando a Esther - a la cocina -
una vez que se fueron a la cocina sin que la vieran Noelia las siguió y se quedó
escuchando a través de la puerta - A ver, ¿has dormido algo?
- No... no he podido.
- ¿Has estado llorando otra vez? - Esther asintió - Tienes que seguir adelante, lo sabes,
piensa en el bebé.
- Lo intento, sabes que lo intento, pero siempre aparece ella y no lo soporto más. ¿Por
qué no puedo seguir con mi vida como lo hace ella? - empezó a llorar de nuevo y Noelia
la siguió con sus lágrimas en silencio.
- Ya, ya, venga, sube arriba he intenta dormir yo voy a decirle a Noe que se vaya y
ahora subo contigo, ¿vale? - Esther asintió, al salir de la cocina creyó ver la pierna
de Noelia saliendo corriendo hacia el salón, pero no le dio más importancia. Irene se
dirigió al salón - Noe, lo sient... - estaba llorando y recogiendo sus cosas, suspiró -
¿Y a ti qué te pasa?
- Nada, tranquila ya me voy.
- ¿Por qué?
- Os he oído, ya la dejo vivir su vida. Solo déjame preguntarle una cosa.
- No se si es buena idea...
- Déjame subir, solo será un momento, prometo ser delicada.
- Vale, vale, yo también creo que deberíais hablar. Sube, segunda puerta a la izquierda.
- Gracias Irene - subió rápidamente y entró en la habitación, Esther estaba sin camiseta
mirándose la tripa ligeramente abultada en un espejo, estaba tan absorta que no se dio
cuenta de que la observaban hasta que Noelia habló - ¿Esther? - giró la cabeza y la
miró sorprendida - Estás preciosa...
- ¿Qué haces aquí? - dijo secamente y enfadada pero no sabía con quién, quizás con ella
misma porque lo deseaba con todo su ser.
- Solo he venido a hablar contigo, tenía ganas de verte.
- Ya si, claro; pues ya me has visto y ya has hablado conmigo ahora largo.
- Esther por favor, quiero hacerte una pregunta.
- No te prometo que responderé.
- ¿De quién es el bebé que esperas?
- Creo que eso no es de tu incumbencia - se llenó de falsedad - pero no le conoces.
- Así que tiene padre. - tenía la mínima esperanza que fuera el bebé que ellas querían
conseguir.
- Claro, no pretenderías que criara a un niño yo sola - remarcó la última palabra.
- No, claro que no... ¿hace cuánto?
- Pues, creo que una semana después de que me dejaras, más o menos - no se lo creía ni
ella misma.
- Ya, bueno, espero que todo te vaya bien. Adiós.
- Lo mismo digo. Adiós
Noelia la miró con el alma descompuesta, sin decir más se dio media vuelta pero antes
de irse se acercó a Esther y la besó, la besó como nunca, entregándole todo su amor,
toda su vida en ese beso, llenando todo ese vacío y aclarando todas esas dudas que un
día Esther pudo sentir sobre su amor por ella, se separó y esta vez dispuesta a irse,
pero notó un brazo que la sujetaba y con el simple tacto sus lágrimas, ardientes,
nacían de sus ojos y morían en sus labios, alzó la vista y vio a la misma Esther que un
día amó, la misma que la enamoró, con ojos azules como la tristeza, devolviéndole el
beso más despacio pero con la misma intensidad. Sin saber cómo acabaron en la cama,
amándose como un día antes lo hicieron, olvidándose del mundo exterior, solo ellas,
solo sus caricias, solo sus respiraciones.
Continuará...